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Oración-Súplica

By admin , 19 February 2026

Ramadán en Palestina; el mes más sagrado en el infierno más cruel

Ramadán en Palestina; el mes más sagrado en el infierno más cruel

Masuma Chambi Saavedra

Poeta y escritora boliviana

Hoy, en Palestina, miles de niños, mujeres embarazadas, ancianos y hombres inocentes mueren de hambre, y aún así, ellos deciden ayunar. No hay nada más doloroso que saber que nuestros hermanos sufren injusticias en un mes tan bello. Mientras el mundo se sienta a cenar, en Gaza se rompe el ayuno con agua contaminada y dátiles rescatados entre ruinas. Mientras nosotros nos quejamos del calor, ellos ayunan bajo los escombros, sin techo, sin agua, sin electricidad, y aún así, su boca pronuncia "Alhamdulillah". Que Alá bendiga al pueblo de Palestina y sane sus corazones de todo dolor.

Siempre se dijo que Dios no odia a los pecadores como tal, sino a los hipócritas: esos que dicen ser algo y no lo son; los que se proclaman musulmanes, pero no rezan, no ayunan, no dan zakat; los que juzgan con la mirada sin verse primero a sí mismos. Esos son los verdaderos kuffar, que caminan sin poder ver siquiera la planta de sus pies.

Mientras tanto, en Gaza, no hay hipocresía posible. Allí la fe se demuestra con sangre. Ayunan, aunque sus estómagos ya estén vacíos por la fuerza, no por elección. Ayunan, aunque hayan enterrado a sus hijos esa misma mañana. Ayunan, aunque el hospital donde trabajaban ya no exista. Esa es la diferencia entre quien dice creer y quien cree, aunque el mundo se derrumbe.

Que no seamos hipócritas, que seamos honestos, más aún con el Creador. Porque el Ramadán no es solo abstinencia: es conciencia. Es mirar hacia dentro y reconocerse. Es tender la mano aunque duela. Es llorar en la noche, pero despertar con la certeza de que Alá escucha.

En Gaza, tienden la mano aunque solo queden huesos. Lloran en la noche mientras las bombas iluminan el cielo, y despiertan con la certeza de que Alá escucha entre el estruendo. Su fe no depende de mezquitas en pie —porque muchas ya son polvo— sino de un vínculo con el Creador que ni los tanques pueden destruir.

Que este mes no pase como uno más, sino que deje una huella imborrable en el corazón. Que la fe no sea solo un refugio, sino también un motor para ser mejores, para ser más humanos, para ser más luz en medio de tanta oscuridad. Alá es Grande, y su misericordia abarca a todo aquel que busca la paz con el alma limpia.

Los gazatíes buscan la paz con el alma tan limpia que duele. Limpia de odio, porque a pesar de todo, rezan por sus verdugos. Limpia de rencor, porque ayunan mientras los bombardeos no cesan. ¿Hay alma más limpia que la de quien ayuna sin saber si llegará al iftar?

Es sorprendente pensar cómo el Ramadán llega justo cuando más se necesita. Sin importar todo lo vivido, los errores cometidos, las veces que se ha llorado en silencio. El Ramadán se acerca y pone fin —o al menos una pausa verdadera— a toda esa tormenta de miedos infinitos que se avecina.

Para Gaza, este Ramadán no pausa las bombas, pero pausa el alma. En medio del genocidio, encuentran un respiro espiritual que ni la pólvora puede manchar. Por ello, ayunar en Palestina es desafiar la muerte con cada sorbo de agua que no se toma. Es decirle al mundo: "pueden matar nuestro cuerpo, pero no nuestra fe".

Es más que un mes, más que una festividad, más que una fecha. El Ramadán es la llamada sagrada de un Ser más grande e inmenso que el universo. Es la llamada a la paz, al amor. Es cuando el Más Misericordioso invita a Su propia casa a tomar el té.

Y los palestinos aceptan la invitación aunque su casa ya no exista. Toman té imaginario sobre los escombros, porque saben que Alá no necesita paredes para sentarse con ellos. Su mezquita es el cielo abierto, su alfombra de oración la tierra que aún guarda la sangre de sus mártires.

Todo musulmán retorna a Alá en este mes sagrado. Incluso cuando siente que lo ha perdido todo. Incluso cuando siente que su fe se ha desvanecido. Es imposible rechazar Su invitación; nadie tiene el corazón tan duro como para no acudir a Su encuentro.

En los hospitales de Gaza, donde duermen los heridos en los pasillos por falta de espacio, los enfermos ayunan aunque los médicos les digan que no es obligatorio. "Quiero que Alá me vea esforzándome", dice un niño con las piernas amputadas. Eso es retornar a Alá. Eso es no tener el corazón duro.

El Ramadán es esa paz que necesitábamos desde hace tanto. Es como la brisa fresca en un día caluroso de verano. Cuando llega, se siente alivio.

Es un tiempo de reflexión, un tiempo que es solo de uno. Pues mientras más se ayuna, mejor se siente uno. Porque se hace con amor, con devoción. Cuando se hace algo por amor, por más difícil que sea, se entrega el alma entera. Se quitan las máscaras, los velos, y uno se muestra tal cual es: transparente.

Los gazatíes no tienen máscaras que quitar. Llevan meses mostrando al mundo su transparencia, su desnudez, su vulnerabilidad. Y aún así, ayunan. No para impresionar a nadie, sino porque su amor a Alá es más grande que el hambre, más ancho que el dolor, más profundo que las fosas comunes que cavan cada día.

Retornar a Alá en Ramadán es recordarse a uno mismo cuál es el verdadero propósito de existir. Es comprender que el simple hecho de que aún respiramos —y por más dura que sea la vida, seguimos adelante— es un regalo. Es recordar que sin amor no se puede sobrevivir, que sin Alá la vida no valdría ni diez segundos.

Los palestinos lo saben mejor que nadie. Sobreviven sin lo mínimo, pero no sin Alá. Resisten sin electricidad, sin agua, sin medicinas, pero no sin fe. Su existencia misma es un milagro, un testimonio de que cuando solo te queda Alá, descubres que Alá es suficiente.

«Diles: ¡Oh, siervos Míos! Vosotros que os habéis excedido en detrimento propio, no desesperéis de la misericordia de Alá; por cierto que Alá puede perdonar todos los pecados, porque Él es Absolvedor, Misericordioso.»

— Corán, Surah Az-Zumar (39:53)

No importa cuántas veces se haya pecado ni cuántas veces se haya tropezado en el camino. Porque cuando llega el Ramadán, se tiene la oportunidad de recuperarlo todo.

Pero, ¿qué pecado han cometido los niños de Gaza para merecer esto? Ninguno. Y sin embargo, ayunan. Ayunan mientras el mundo mira. Ayunan mientras la ayuda humanitaria se bloquea en las fronteras. Ayunan mientras sus madres lloran. Su pecado, si acaso, es haber nacido en la tierra más amada y más castigada del mundo. Y aún así, Alá no los abandona. Su misericordia llega en forma de paciencia, de resistencia, de fe inquebrantable.

De demostrarse a uno mismo quién se es en realidad, quién se fue en el mejor momento y en quién uno puede convertirse. El Ramadán es como lavarse la mente y la conciencia con agua y jabón hasta purificarlas por completo. Es empezar desde cero, aunque se hayan dado mil pasos hacia el abismo. Es levantarse de nuevo, reiniciar, continuar sin mirar atrás, a pesar del miedo a lo que se avecina. Es aceptar que no se es perfecto, que nunca se lo será, pero que se puede mejorar e incluso alcanzar lo increíble.

Gaza nos enseña lo increíble: se puede perder todo y no perder la fe. Se puede enterrar a toda una familia y aún así rezar Fajr. Se puede ayunar sin comida para romper el ayuno. Eso no es humano, eso es divino. Eso es Alá sosteniendo a los que ya no tienen fuerzas para sostenerse solos.

«En verdad Allah ama a los que se arrepienten y se purifican.»

— Corán, Surah Al-Baqarah (2:222)

La única forma de distinguir a un musulmán de un kāfir es el sentimiento de su arrepentimiento honesto: ese suspiro profundo que da en la madrugada, el rechazo constante hacia aquello en lo que se ha convertido por la ceguera, el ablandamiento del corazón endurecido por el pecado. Pero sobre todo, por sus acciones y su intención de volver al camino correcto.

En Gaza, no hay suspiros fingidos. Cada lamento es real, cada lágrima es sincera. Se arrepienten de lo que no han hecho, porque el verdadero creyente siempre encuentra algo de qué arrepentirse, aunque sea de no haber amado lo suficiente. Y mientras tanto, el mundo endurece su corazón, ellos ablandan el suyo a base de dolor y fe.

Esa es la muestra de amor más grande que pueda existir. El amor puro del mu'min a su Creador. Un amor que no puede demostrarse sino derramando lágrimas de arrepentimiento. Un amor tan grande como el océano que se expande por el mundo. Un amor incomparable con cualquier otro, tan único y puro que duele.

Duele como duele Gaza. Duele como duele ver a un padre ayunar mientras su hijo busca comida entre la basura. Duele como duele saber que hay madres que no prueban bocado para que sus hijos tengan algo que comer al iftar. Ese amor duele, pero también salva. Salva el alma cuando el cuerpo ya no tiene salvación.

En esta época tan difícil, donde la hambruna y la guerra se apoderan de muchas tierras, quien tiene la posibilidad de ayunar no debe olvidarse de su fe.

Palestina no es una noticia más, es el recordatorio viviente de lo que significa ayunar de verdad. Cuando te levantas para el suhoor en tu casa cómoda, piensa en ellos. Cuando bebes agua fresca al atardecer, acuérdate de que en Gaza el agua es veneno. Tu ayuno es elección, el de ellos es supervivencia y fe. Que tu elección te acerque a ellos, que tu hambre voluntaria te una a su hambre forzada.

En este mes mucha gente muere, muere en el camino divino. Y es verdad: nunca se sabe si será el último Ramadán o no. Por eso debemos intentarlo una y otra vez. Rezar por quienes no pueden ayunar, por quienes se sacrifican en el camino divino y mueren en este mes.

Reza por los niños de Gaza que ayunaron y nunca volvieron a despertar. Reza por las madres que ayunaron mientras amamantaban con cuerpos desnutridos. Reza por los médicos que ayunaron mientras operaban sin anestesia. Reza por los periodistas que ayunaron mientras filmaban su propia muerte. Ellos son los mártires del Ramadán, los que se fueron con el estómago vacío pero el corazón lleno de Alá.

Es más que una muestra: es mostrar el verdadero rostro al Creador. Y qué mejor manera de hacerlo que en un mes tan puro que hasta el mismísimo diablo le teme.

El diablo tiembla ante Gaza. Tiembla porque ve cómo la fe vence a la muerte. Tiembla porque mil bombas no apagan una oración. Tiembla porque un niño palestino ayuna con más devoción que muchos adultos en sus casas con nevera llena. Si el diablo tiembla ante eso, nosotros deberíamos arrodillarnos ante semejante lección de fe.

Es hora de prepararse para su llegada, de empezar a poner verdadera conciencia en lo que está por venir. Estemos donde estemos, no podemos rechazar esta invitación tan bella que nos hace el Creador de la vida misma. Sin importar el estado en que nos encontremos, sin importar por lo que estemos pasando. Esta es una oportunidad de volver a empezar.

Y si puedes volver a empezar, hazlo pensando en ellos. Que tu Ramadán no sea solo hambre, sino conciencia. Que tu abstinencia no sea solo de comida, sino de indiferencia. Que tu oración no sea solo por ti, sino por los que ayunan bajo las bombas. Porque si ellos pueden, ¿cómo no vamos a poder nosotros?

«¡Oh, creyentes! Arrepentíos ante Al-lah en forma sincera, y vuestro Señor borrará vuestras faltas y os introducirá en los jardines del Paraíso por donde corren los ríos...»

— Corán, Surah At-Tahrim (66:8)

Alá es grande y siempre esperará con los brazos abiertos para que retornemos a Él, a donde pertenecemos.

Hoy, en Palestina, hay brazos abiertos pero no hay brazos. Hay cuerpos bajo tierra que ayunaron hasta el último aliento. Hay almas que volvieron a su Creador con la boca seca y el corazón húmedo de fe. Que Alá los reciba como merecen. Que Alá detenga la mano del opresor. Que Alá nos haga dignos de compartir el mismo cielo con aquellos que ayunaron en el infierno.

Que este Ramadán sea el despertar del mundo.

Que Gaza sea nuestra qibla en la intención, aunque La Meca lo sea en la oración.

Alá es Grande.

Y su misericordia, infinitamente más grande que el dolor de Palestina.

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Palabras claves
Ramadán en Palestina,mes más sagrado,Israel,Gaza,Iftar,Ramadan Mubarak
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Autor
S. Saavedra Alfaro
Tema
Oración-Súplica
Política-Economía
Publicado
Thu, 19 Feb 2026 - 06:29
By admin , 8 July 2023

Salutación al Imam Husain (a.s.), una mediación hacia su eminencia Imam Mahdi (a.s.)

La Vida del Imam al-Mahdi (a.s.)

El doceavo Imam inmaculado de Ahlul Bait (a.s.)

Salutación al Imam Husain (a.s.), una mediación hacia su eminencia Imam Mahdi (a.s.)

Al-lamah Baqir Sharif Qurashi

La tragedia de Karbalá fue una calamidad tan terrible que en todo el curso de la historia ningún reformador social tuvo que enfrentar un desastre tal como el que enfrentó el nieto y bien amado del Profeta (a.s.), el Imam Husain (a.s.). Ciertamente este hecho ha afectado el corazón de todos los musulmanes, enfurecido y llenado de pesar para siempre. El Imam Purificado (a.s.) considera que las calamidades que cayeron sobre Su Eminencia jefe de los Mártires es la mayor de las calamidades, y la tragedia de Karbalá ha rodeado la completa existencia de Su Eminencia, el Imam Mahdi (a.s.). Es por ello que Su Eminencia llora y recita la Ziyarat (salutación) con absoluta sinceridad y desde lo más profundo de su corazón. Es la salutación conocida como Ziyarat an- Nahiya. Está llena del dolor y la angustia de Su Eminencia. En ella Su Eminencia describe las variadas dificultades y penosas calamidades que cayeron sobre el Imam Husain (a.s.) y los penosos incidentes que las hijas (descendientes) del Mensajero de Dios (P) tuvieron que soportar. Debemos prestar atención a algunas de las oraciones de esta zirayat que ha llegado a nosotros a través de los honorables representantes del Santo Imam. Su Eminencia saluda a algunos de los profetas de Dios en esta Zirayat y entonces saluda a su antecesor, el Imam Husain (a.s.) como sigue:

La paz sea sobre Husain (a.s.) quien sacrificó hasta su último respiro por Dios a pesar de estar gravemente herido. La paz sea sobre quien obedeció a Dios secreta y abiertamente. La paz sea sobre aquel, por quien Dios ha conferido poderes curativos a la tierra donde se encuentra su sepultura.

Esta parte de la zirayat nos informa acerca de la absoluta certeza del Imam Husain (a.s.) acerca del Todopoderoso y Su obediencia a Sus mandamientos tanto de modo evidente como de modo secreto. La mayor obediencia y sinceridad de Su Eminencia el Señor de los Mártires (a.s.) hacia el Señor Majestuoso, es que él entregó su propia vida con la pura intención de revivir la religión y la Palabra de Dios. Si no hubiese ofrecido tal sacrificio, los estándares del Islam se hubieran replegado y el período de ignorancia hubiera retomado su predominio. Porque los Bani Umayyah habían intentado con todas sus fuerzas destruir la religión y fue el Imam Husain (a.s.) quien hizo evidente e inefectivo el fraude y el engaño sacrificando su vida, lo que conmocionó al mundo del Islam, causó la ira de los musulmanes sirviendo de motivación a los levantamientos contra los gobernantes Umayyas, y lo que finalmente destruyó la corona y el trono de los Bani Umayyah.

Dios Todopoderoso ha agradecido también a su amigo y bien amado, Su Eminencia el Imam Husain (a.s.) por su magnífico sacrificio y en consecuencia preparó una gran recompensa en el otro mundo y aún en este mundo le concedió milagros y distinciones. Uno de estos milagros es el haberle otorgado poderes curativos a la tierra de su tumba y también hizo que su tumba y la de sus descendientes, los Imames Purificados (a.s.) fuera un lugar de aceptación de las súplicas. Algunas de las oraciones de esta zirayat continúan de este modo:

La paz sea sobre el hijo del Sello de los Profetas. La paz sea sobre el hijo del Señor de los Herederos. La paz sea sobre el hijo de Fátima az Zahrá (a.s.). La paz sea sobre el hijo de Jadijat-ul-Kubra.

Las anteriores palabras demuestran el grandioso y honorable linaje de Su Eminencia, Aba Abdillah al Husain (a.s.). El gran abuelo de Su Eminencia es el Sello y el Jefe de los Profetas. El respetado padre de Su Eminencia es el Señor de los Herederos y la puerta de la ciudad del conocimiento del Mensajero de Dios (a.s.) y el Principe de los creyentes. La madre de Su Eminencia es una parte del cuerpo del Mensajero de Dios y la Señora de las mujeres de los mundos, de la cual Dios se complace a través de su complacencia y cuya Ira se manifiesta a través de su ira y la gran abuela de Su Eminencia es Khadijatul Kubra por cuyo sacrificio y asistencia financiera fue establecida la religión del Islam. Entonces las salutaciones y bendiciones de Dios sean sobre esta gran familia y sus purificadas ramas que han iluminado el mundo a través de sus virtudes. Algunas oraciones de la zirayat a continuación.

La paz sea sobre aquel que está empapado de sangre. La paz sea sobre aquel cuyas tiendas fueron arrasadas. La paz sea sobre la quinta de las personas bajo el manto (Kisa’). La paz sea sobre el más extraordinario.

Esta parte de la ziyarat menciona algunas de las cualidades del padre de los nobles Imames (a.s.), el Imam Husain (a.s.). Su Eminencia fue empapada con su propia sangre en el camino de Dios y sufrió calamidades por el establecimiento de los signos de la religión. También fue una de las cinco santas almas del Manto (Kisa’) a quien Dios Todopoderoso purificó sobremanera. Finalmente fue oprimido y tiranizado, y fue martirizado de la manera más increíble en las arenas de Karbalá. Los ángeles del Señor lamentaron la enormidad de las aflicciones que cayeron sobre él. También Su Eminencia, el Imam Esperado dice en su zirayat:

La paz sea sobre aquellos mártires cuyos cuerpos fueron despedazados. La paz sea sobre las almas de aquellos cuyas pertenencias fueron saqueadas poco después de su asesinato. La paz sea sobre los cuerpos sin sepulcro. La paz sea sobre los cadáveres de quienes enflaquecieron a causa del hambre y la sed.

Estas oraciones demuestran los diferentes tipos de injusticias y torturas que los soldados Umayyas consideraron permisibles hacia él y hacia sus hijos y compañeros. Los Umayyas les cortaron el suministro de agua hasta que sus labios se secaran y cuartearan debido a la sed; su cuerpo purificado fue cortado en pedazos por la espada. Sus cabezas fueron alzadas en las puntas de las lanzas mientras a pesar que él demostró y hacía evidente a la gente el camino de la nobleza. Debido a esto fue martirizado y las mujeres de su casa fueron tomadas cautivas y llevadas de pueblo en pueblo. Su Eminencia, el Imam Esperado, continúa esta zirayat del modo siguiente:

La paz sea sobre la prueba del Señor de los mundos. La paz sea sobre ti y sobre tus purificados ancestros. La paz sea sobre ti y sobre tus martirizados descendientes.

Su Eminencia, el Imam Mahdi (a.s.) presenta su tributo y sus respetos de esa manera a su respetado ancestro y a sus hijos, que fueron masacrados ante sus propios ojos y, los ángeles, que fueron designados para custodiar la tumba del Imam Husain (a.s.).

La paz sea sobre los cuerpos que fueron colgados después de muertos. La paz sea sobre el más cercano de la progenie de Muhammad. La paz sea sobre los cuerpos que fueron abandonados en el desierto. La paz sea sobre los viajeros que fueron conducidos lejos de sus casas. La paz sea sobre aquellos que fueron enterrados sin mortaja.

En estas oraciones, Su Eminencia el Imam Esperado (a.s.) envía su salutación a los cuerpos que los enemigos Umayyas dejaron insepultos en las arenas del desierto. Hasta aquel momento Dios Todopoderoso no había creado una comunidad que hubiese sido desgraciada a tal punto de pelear contra los hijos del Profeta y enterrar a los mártires con las mismas ropas desgarradas por los propios Omeyas. Las siguientes oraciones pertenecen también a la zirayat:

La paz sea sobre aquel que ha sido purificado por Dios Todopoderoso. La paz sea sobre aquel que ha sido elogiado por el Angel Gabriel. La paz sea sobre aquel que fue colocado en la cuna por el Angel Miguel. La paz sea sobre aquel cuyos juramentos fueron rotos. La paz sea sobre aquel cuya dignidad fue rebajada. La paz sea sobre aquel cuya sangre fue derramada injustamente.

Estas oraciones demuestran que Su Eminencia está profundamente devastado y triste debido a la calamidad que aconteció a su tatarabuelo, el Imam Husain (a.s.). El también desea haber estado presente en el campo de batalla para sacrificarse y salvar a su ancestro de las tristes tribulaciones y proteger su vida.

Puesto que he sido empujado hacia atrás por el paso del tiempo, he sido impedido de ayudarte y no pude combatir con aquellos que te combatieron. Y puesto que no me fue posible enfrentar a tus enemigos, continuaré llorando día y noche y lloraré por ti lágrimas de sangre.

Su Eminencia, el Imam Esperado, está apesadumbrado e intranquilo debido a su oprimido y tiranizado antepasado. Mucho más, él se lamenta y se queja de lo acontecido a Su Eminencia día y noche, a tal punto que en vez de lágrimas, la sangre brota de sus ojos. Esta condición durará hasta los últimos momentos.

Doy testimonio que ciertamente tú estableciste la oración y pagaste el zakat, aconsejaste el bien y prohibiste el mal. Tú obedeciste a Dios y nunca Lo desobedeciste. Permaneciste en contacto con El, Lo satisficiste, Le temiste, estuviste atento a Él y estuviste satisfecho con Sus deseos y voluntad.

Estas palabras demuestran que las más grandes virtudes y méritos se habían juntado en el nieto y favorito del Mensajero de Dios Todopoderoso, Quien no creó virtud alguna que no fuera poseída por Su Eminencia. El Imam Esperado (a.s.) continúa diciendo:

Tú protegiste la guía y la proveíste. Propagaste la justicia y la equidad y ayudaste a la religión y la hiciste manifiesta, impediste y obstruiste a aquellos que la consideraban pobremente. Extrajiste de los fuertes el derecho para los débiles. Y con respecto a las órdenes, ambos (los débiles y los fuertes) fueron iguales a tus ojos.

Esta parte demuestra la revolución del padre de los nobles Husain ibn Ali (a.s.) en apoyo a la verdad y la justicia, la defensa del Islam, y el establecimiento de las altas cualidades morales y nobles virtudes que ha traído el Islam. Su Eminencia, el Imam Husain (a.s.), ciertamente, anduvo el mismo camino que su abuelo, El Mensajero de Allah, y su respetado padre, Amir al Muminin (a.s.) para buscar la complacencia de Allah, y en tal sentido su camino y su método no fueron diferentes.

Hasta el momento en que los corruptos se atrevieron, fueron descubiertas las máscaras de sus rostros de la injusticia, y convocaron a sus cohortes en ayuda. En ese momento estabas en el santuario de tu abuelo en Medina absolutamente apartado de la gente injusta. Sentado en el nicho del rezo, ocupado en tus oraciones.

Estas palabras contienen la lucha sagrada de Su Eminencia, el Jefe de los mártires, contra los gobernantes Umayyas, quienes habían pisoteado los derechos humanos y difundido la destrucción y el daño sobre la tierra. Su Eminencia no consideraba permisible el silencio, y se levantó para la lucha sagrada y la guerra. Denunció a quienes le negaban con todo su ser, a través de su corazón, su lengua y sus acciones, y continuamente invitó a la gente a acercarse al Señor de los mundos con sabiduría y buena exhortación. Consideremos otra parte de esta zirayat:

Y cuando tus enemigos te vieron resuelto y sin temor, comenzaron a complotar y a tenderte trampas y comenzaron a pelear contigo de modo malicioso. El maldito Umar ibn Sa’ad ordenó a su ejército cortarle el suministro de agua.

El significado de estas palabras es que los mercenarios Umayyas vieron a Su Eminencia, Aba Abdillah al Husain (a.s.) levantar su cabeza al cielo en contra de la política y los métodos de los Umayyas que se oponían a las prácticas del Profeta y se disociaban del Libro de Allah. Cuando el Imam les denunció y enfrentó con todo su poder sin atemorizarse ante su dominio, entonces se le enfrentaron con todo su poderío. Hasta el punto en que cortaron el suministro de agua de Karbalá hasta que las mujeres y los hijos del Santo Imam casi mueren. Combatieron al Imam (a.s.) y lo hicieron blanco de sus flechas. No tomaron en consideración la santidad del Mensajero de Allah respecto al Imam Husain (a.s.). Sin embargo, Su Eminencia, al enfrentar tales aflicciones y dificultades mantuvo tal paciencia y contención que hasta los ángeles del cielo se asombraron. Esta es otra parte de la zirayat:

Entonces los enemigos te rodearon por todas partes y comenzaron a provocarte una herida tras otra y te fatigaron. No quedaba nadie que te ayudase a ti, a tus mujeres y a tus hijos. Y tú continuabas aun rechazando a la multitud de atacantes con paciencia y persistencia para que se alejaran de tus mujeres e hijos.

Estas palabras senalan que en sus últimos momentos, los tipos de calamidades y aflicciones que soportó el nieto del Mensajero fueron tales que ningún otro ser vivo podría soportar. Ciertamente, todos los problemas del mundo, uno tras otro se juntaron contra el amado hijo del Profeta y el heredero de los méritos del Mensajero de Dios.

Por una parte, la terrible calamidad de que los seguidores de Ahlul Bait y sus hijos fueron lacerados como carne de animales sacrificados, y por otra parte, los tristes lamentos de los niños debido a la intensidad de su sed. Los quejidos y el llanto de las mujeres y las niñas de la familia de la revelación debido a la severidad del desastre de ser testigos de cómo sus amados yacían muertos sobre la tierra, empapados en sangre, muchos de ellos en la flor de la juventud. Especialmente fueron ellas quienes contemplaron al oprimido Imam, jefe de los jóvenes del Paraíso. El estaba a punto de enfrentar las pruebas mientras los criminales Omeyas competían entre sí para asesinar al Imam Husain (a.s.) y lo atacaban con todas las armas disponibles, hasta que su cuerpo completo fue cubierto de lanzas y flechas.

¡Sí! Las hijas del Mensajero fueron testigos de esta terrible escena y sus corazones estallaron de pena, estaban horrorizadas y no sabían las calamidades que enfrentarían después de la muerte del Imam (a.s.). Su condición fue tan severa y dura como todas las aflicciones del Imam Husain (a.s.). Ciertamente, todas las calamidades habían rodeado al ser del jefe de los Mártires. Cuando Su Eminencia fue martirizado en el campo de batalla y su cabeza izada en la punta de una lanza para ser presentada a Ibn Maryana, los lamentos de las hijas del Mensajero deAllah se elevaron en protesta y los opresores azotaron las cabezas y los rostros de mujeres y niños. Del mismo modo, Ibn Maryana y sus mercenarios incendiaron sus tiendas y les golpearon con látigos. Entonces sus manos y cuellos fueron encadenados con pesadas cadenas de hierro y los hicieron montar sobre camellos. Para finalmente ser llevadas y presentadas a sus jefes Ibn Maryana y Yazid ibn Muawiyah. Ante tales calamidades solo nos queda decir: “Ciertamente somos de Allah y ciertamente hacia El es el retorno”.

La maldición caiga sobre aquellos transgresores desobedientes que al asesinarte fue como matar al Islam e invalidasen las oraciones y el ayuno. Y rompiesen la práctica (Profética) y las leyes (Islámicas). Y demoliesen las reglas de la fe. Y quemasen los versos del Corán y se sumiesen en la rebelión y la transgresión.

Y Aquí concluímos con este breve análisis de algunas partes de la Ziyarat Nahiyya, aunque el Allamah Maylisi también menciona una oración y una súplica que deben ser recitadas después de esta zirayat junto a la tumba del Santo Imam (a.s.).

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Palabras claves
Salutación al Imam Husain,Imam Mahdi (a.s.),Karbala,Kerbala,Ashura
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Salutación al imam Husain (a.s.), una mediación hacia su eminencia Imam Mahdi (a.s.).pdf (199.17 KB)
Autor
Allama B. Sharif Qurashi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Oración-Súplica
Publicado
Mon, 10 Jul 2023 - 09:32
By admin , 14 June 2020

Condiciones que garantizan la aceptación de una oración - Preguntas de Teología Islámica

Preguntas de Teología Islámica

Condiciones que garantizan la aceptación de una oración

Por: Ayatolá Mahdi Hadavi Tehrani

Traducción: AbdulKarim Orobio

Pregunta: ¿Cuáles son las condiciones que garantizan la aceptación de una oración por parte de Dios?

Respuesta Concisa

La palabra Du’a (suplica) significa literalmente “invocar, llamar”, “pedir un favor”, “buscar ayuda” y en algunos casos se usa para denotar el significado general de invocación; pero en su sentido técnico común, se refiere al acto de pedirle a Al-lah (s.w.t). La palabra Du’a y sus derivados en el Corán aparecen aproximadamente con 13 significados diferentes.

Como suplica es una forma de adoración, al igual que las otras formas de adoración tienen algunos requisitos, que si se cumple con ellos hacen que la súplica sea efectiva y que Al-lah conceda lo que se pide, elevando al suplicante a niveles de proximidad más cercanos a Él.

Es importante resaltar que la aceptación de la súplica no significa que la petición sea concedida inmediatamente, y que sus consecuencias se manifiesten de inmediato. De ahí que en algunos casos, el resultado de la aceptación pueda aparecer después de 40 años o en otros casos Al-lah (s.w.t) concede la súplica en la otra vida, en donde le dará al suplicante bendiciones mucho mejores e inimaginables, y esta experiencia le sorprenderá tanto que desearía que ninguna suplica le hubiese sido respondida en esta vida sino en el otro mundo.

Los eruditos de las ciencias Islámicas extrajeron del Corán y de los hadices de los infalibles (a.s.) algunas condiciones que si se tienen en cuenta, asegurarán la aceptación de la súplica. Mul-la Muhsin Fayd Kashani enumera diez de estos requisitos; otros diez están escritos en ‘Uddatul Da’i; en tanto que 17 condiciones fueron presentadas en Du’aha wa Tahlilat-i-Qur’an.

Al estudiar las diversas frases registradas en los hadices concernientes a este tema, es posible formular las condiciones que garantizan la aceptación de la súplica que uno realiza, tales como: No pedir algo que contradiga al “mejor orden universal” que rige al mundo; la inmutable Voluntad Divina (en cuyo caso la súplica será descartada); comenzar y finalizar pidiendo bendiciones para el Profeta Muhammad (PB) y su familia (a.s.); poseer un conocimiento general acerca de Al-lah (sw.t.), que permita confiar únicamente en Él; ser sincero y necesitar desesperadamente a Al-lah (s.w.t); armonía del corazón con lo que se dice al suplicar; estar dispuesta a cumplir con nuestros deberes y abstenernos de lo que Al-lah (s.w.t) ha prohibido; pedir perdón por los pecados; persistir al buscar a Al-lah (s.w.t) sin perder la esperanza; saber que Al-lah escucha a Sus siervos y presta atención a sus peticiones; pedirle a Al-lah (s.w.t) que cuide de nuestras necesidades de la forma que Él considere que sea apropiado y conforme a lo que sea lo mejor para uno. Si se reúnen todas estas condiciones, no hay duda que la súplica será concedida, aunque demore un tiempo.

Respuesta Detallada

Antes de intentar dar respuesta a la pregunta, examinaremos el significado del Du’a, y el motivo por el cual es necesario desde la perspectiva del Sagrado Corán.

La necesidad de suplicar no es un tema confinado al Islam; también ha estado presente en las religiones de profetas anteriores y por eso les informaron a sus pueblos acerca de su importancia. Además, hay muchos ejemplos de suplicas de Profetas que han quedado registradas, una de ellas es la súplica de Abraham (a.s.) y su aceptación, lo que se narra en la Surat que lleva su nombre (Ibrahim: 37). Otro ejemplo es la súplica de Moisés, narrada en la Surah Taha, aleyas 25-28. En muchas aleyas Al-lah exhorta a los creyentes a suplicarle (ver, entre otros 2:186 y 40:60).

El significado literal de Du’a (suplica) es “invocación”, “hacer una petición” e “implorar ayuda”. Aunque en algunos contextos denota simplemente “hacer un llamado o invocación”

En su uso religioso, sin embargo, se refiere a la petición de un Favor a Al-lah, el Exaltado. La palabra Du’a y sus derivados que aparecen en el sagrado Corán portan aproximadamente 13 significados diferentes, algunos de los cuales son: “llamado”, “suplica”, “pedir a Al-lah”, “gritar por alguien”, “invitar a una causa o a alguien”, “implorar ayuda”, “adoración”, etc.

Se puede deducir de algunas aleyas y hadices que la súplica es una forma de adoración a Dios. También, en algunas narraciones encontramos frases como “La suplica es el eje de la adoración”. Con esta perspectiva, se hace evidente que la súplica, al igual que otras formas de adoración tiene condiciones positivas y negativas. En otras palabras, para que una súplica sea válida, perfecta y que lleve a la proximidad Divina, el suplicante debe contar con algunos requisitos, armonizar con algunas normas, y prestar atención a algunos obstáculos. Es después de percibir estas condiciones que entiende porqué algunas suplicas no son respondidas; puesto que Dios es el Más Sabio y Conocedor, como tal, todas Sus acciones se fundamentan en la sabiduría, y así La respuesta de una súplica es contingente, respecto a si lleva o no al bienestar de aquel que suplica.

Para entender esto mejor, imaginemos a una persona generosa y benevolente que le dice a la gente que le concederá lo que le pida. Ahora, si alguien llega donde él y le pide algo que afecta su bienestar o algo que lo llevará a la destrucción —pensando erróneamente que esto le beneficia— en dicha situación, es obvio que la respuesta apropiada de parte del ser generoso y benevolente será el rechazo de la petición. Por el contrario, conceder dicha petición sería un acto de opresión en su contra. Y debe tenerse en cuenta que la mayoría de las peticiones que se hacen a Dios son perjudiciales.

Esto se ha expresado en un hadiz Qudsi; dice: “Hay entre mis siervos creyentes aquel que únicamente la riqueza le hace bien y si le dispusiera otra cosa, ciertamente perecería. Y en verdad que hay entre mis siervos aquel que únicamente le beneficia la pobreza, y si le concediera otra cosa, en verdad perecería”.[1]

En este punto, puede surgir una pregunta en la mente del lector: Considerando el hecho de que Al-lah (s.w.t) sabe lo que nos beneficia más que cualquier otro y que Él Hace lo que quiere, entonces ¿Qué necesidad hay de suplicar, de pedir algo a Al-lah? Para responder, nos basta con decir que algunos de los decretos existenciales Divinos (muqaddarāt) son contingentes en la súplica del siervo. Es decir, si el siervo suplica, eso será la base sobre la cual la voluntad Divina permitirá la concesión de la petición y si el siervo no suplica, dicha base será defectuosa y de ahí que la súplica no será concedida. Por ejemplo, si alguien busca a Al-lah (s.w.t) para que le conceda vida eterna, Al-lah (s.w.t) no concederá esa petición, porque contradice la voluntad Divina como lo dice el Corán (3:185); o si alguien le pide a Al-lah (s.w.t) que no deje que alguna vez necesite de alguien, esta petición también será denegada. Se narra que un día el Imam ‘Ali (a.s.) escuchó que alguien le decía a su amigo, “Que Dios nunca te aflija con una tribulación o percance”. Al escuchar esto, el Imam ‘Ali ibn Abi Talib (a.s.) se dirigió a la persona y le dijo: “Le acabas de pedir a Al-lah la muerte de tu amigo”. Es decir, en tanto que tenga alguien vida, será afligido con tribulaciones y dificultades.

En una explicación de Al-lamah Maylesi sobre un hadiz, presenta algunas razones por las cuales no son aceptadas las suplicas:

1. La promesa de Dios de conceder las peticiones que se Le hacen está condicionada por si son congruentes con Su voluntad, porque Él dice: “(…) Y Él, si quisiera os concedería aquello que Le hubieseis pedido y olvidaría la idolatría que cometéis”. (6:41)

2. Lo que se quiere decir por “respuesta” en el hadiz, es el significado concomitante: Es decir, escuchar la súplica del siervo. Al-lah (s.w.t) acepta la súplica inmediatamente, pero pospone conceder lo pedido para que el suplicante continúe invocando a Dios, porque el creyente es el amado de Al-lah (s.w.t) y a Él le gusta escuchar a Su amado.

3. Al-lah (s.w.t) concede únicamente aquellas peticiones que benefician al suplicante, porque Al-lah (s.w.t) es Sabio y como tal no pone en riesgo lo que le beneficia a Su siervo y lo que le conduce a su felicidad, en tanto que este intenta satisfacer sus deseos fantasiosos, los cuales en realidad van en detrimento propio. Entonces, queda claro que cuando un ser sabio hace una promesa de este tipo, debe entenderse que se relaciona únicamente con aquellas peticiones que benefician al suplicante.[2]

En Usūl al-Kāfi se han narrado cuatro posibilidades con respecto al significado de “respuesta o contestación de la súplica”[3]:

  1. Al-lah (s.w.t) concede lo pedido inmediatamente.
  2. Al-lah (s.w.t) acepta la petición del suplicante, pero pospone la entrega de lo pedido durante un tiempo, porque le gusta escuchar la voz del suplicante.
  3. Al-lah (s.w.t) acepta la súplica pero reemplaza lo pedido por el perdón de los pecados del suplicante, como compensación por estos.
  4. Al-lah (s.w.t) acepta la súplica pero no da lo pedido, sino que lo reserva como provisión de suplicante para la Otra Vida.

En algunos casos la aceptación de la súplica se manifiesta dándole al suplicante mucho más de lo que ha pedido pero en la Otra Vida, porque éste no sabía lo que en realidad le beneficiaba. Cuando lo sepa en la Otra Vida, deseará que ninguna de sus peticiones le hubiesen sido concedidas sino que le fuesen sido reservadas para su nueva morada. Es ahí cuando entenderá que sus peticiones si le fueron aceptadas.[4]

Hasta aquí, hemos ilustrado el significado de Du’a. También analizamos las condiciones para que la súplica sea aceptada y porqué algunas no lo son. Ahora, corresponde ponderar sobre lo siguiente: ¿Bajo qué circunstancias son aceptadas las suplicas? Los eruditos de islam y exegetas del Corán, basados en su entendimiento de este Libro Sagrado y de los hadices, enumeraron algunas condiciones para que una súplica sea respondida, las que sí son puestas en práctica darán como resultado la efectividad de la súplica, y por lo tanto la concesión de lo pedido.

En Du’aha Wa Tahlilat-i Qur’an, el autor menciona 17 condiciones para suplicar y también las normas conforme deben realizarse, algunas son: conocer a Dios, armonía entre la lengua y el corazón; cumplir con los deberes religiosos y abstenerse de los pecados; el arrepentimiento; Enviar salutaciones a profeta Muhammad y a su familia purificada, etc.

Mul-la Muhsin Fayd Kashani también menciona diez condiciones en Mahhayya al-Bayda, además de las diez que cita de Ahmad ibn Fahd al-Hilli en su libro ‘Uddatul Da’i. Estas son algunas: Decisión de suplicar, pedir en grupo; pedir con verdadera devoción en el corazón (no superficialmente); confiar únicamente en Al-lah (s.w.t) en todo lo que se necesita, etc.

En los hadices relacionados con aceptación segura de las suplicas, hay algunas frases que mencionarlas no dejará de beneficiarnos.

El Imam Ya’far ibn Muhammad al-Sādiq (a.s.) dijo: “Las suplicas están siempre detrás de velos que no dejan que lleguen al Trono Divino a menos que sean acompañadas por salutaciones al Profeta Muhammad y su familia (a.s.)”[5]

Se narra en otro hadiz que el Imam al-Sādiq (a.s.) dijo: “Cada vez que uno de ustedes decida suplicarle a su Señor, debe comenzar bendiciendo al Profeta, porque esa bendición es aceptada por Al-lah y ciertamente que Al-lah no aceptaría parte de una súplica en tanto que rechace el resto”[6]Y en otra narración, se recomienda que el suplicante bendiga al Profeta al cierre de la súplica así como al inicio.

El Imam Hasan ibn ‘Ali al-Muytaba (a.s.) dijo: “Si una persona es vigilante para evitar que entren en su corazón tentaciones y pensamientos que detesta Al-lah (s.w.t), le garantizo que será mustayab al-da’wah (Al-lah le concederá todo lo que pida absolutamente).[7]

El Imam Ya’far ibn Muhammad al-Sādiq (a.s.) dijo: “Desaten todo lazo de esperanza en otro que no sea Al-lah hasta que sus esperanzas se apoyen únicamente en el Poder de Al-lah, luego supliquen, porque ciertamente se les concederá lo que pidan”.[8]

También, se nos ha narrado que la súplica del oprimido, que no tiene más refugio que Al-lah (s.w.t) será respondida con toda seguridad.

Entonces, si la súplica se realiza con un tono de búsqueda de ayuda, no será rechazado el suplicante y su petición le será concedida. Porque el Agente Aquel que supervisa los asuntos de las criaturas y Aquel que concede las peticiones es perfecto y más que perfecto, y Sus bendiciones son también perfectas y más que perfectas, y si la bendición no se manifiesta y no tiene un efecto en las criaturas, se debe a la capacidad defectuosa del receptáculo. Por lo tanto, si el recipiente es capaz de obtener las bendiciones que brotan de un reservorio inagotable, que nunca muestras señal alguna de carencia, abundante infinitamente y mina rica de Gracia Divina, estas serán derramadas sobre él.

De ahí, se dice que los asuntos del ser humano son de tres tipos: Primero, aquellos decretados por Al-lah sin necesidad de suplicar, caso en el cual suplique o no el receptor, recibirá lo que está destinado para él; el otro tipo son aquellos que no serán decretados por Al-lah (s.w.t) sin importan si la persona suplica o no, caso en el cual, si lo hace, su suplica no será respondida; el tercer grupo son aquellos que Al-lah dictaminó, dado que el beneficiario suplica y por lo tanto, Al-lah (s.w.t) no lo dictaminará sin la súplica del beneficiario. En este último caso la concesión de la petición de parte de Al-lah (s.w.t) es contingente sobre la súplica del beneficiario y puesto que el ser humano ignora la ventaja y la desventaja de lo que desea, no debe faltar a la súplica para ello. Aunque, él no debe desanimarse si no le es concedida, porque sabe que no le convenía.

Además, como dijimos anteriormente, la súplica es una forma de adoración, es la mejor forma de adoración, y como tal es muy efectiva para lograr la cercanía a Al-lah (s.w.t.), lo cual es el logro más valioso que puede buscarse a través de ésta (y entonces el suplicante no debería preocuparse tanto por si se le concede o no):

Después de elevar las manos en la súplica, se recomienda, según los hadices de los infalibles (a.s.) que uno frote las manos sobre el rostro, porque la Gracia de Al-lah (s.w.t) le ha respondido a esas manos (aunque pareciera lo contrario). Las manos que han sido extendidas hacia Al-lah (s.w.t) durante la súplica serán bendecidas sin duda y así el suplicante no se retirará de esta con las manos vacías, éstas que han sido bendecidas por Al-lah (s.w.t) son sagradas, por lo tanto, se recomienda que el suplicante las frote sobre su rostro.

Fuente: Fe y Razón; Preguntas de Teología Islámica

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Fundación Cultural Oriente


[1] Al-Kāfi, vol. 2, pág. 352

[2] Mir’at al-‘Uqūl, vol. 12, pág. 19-20

[3] Al-Kāfi, vol. 1, pág. 330

[4] Mir’at al-‘uqūl, vol. 12, pág. 1-5

[5] Al-Kāfi, vol. 2, pág. 491

[6] Amālī, Shaykh Sadūq, vol. 1, pág. 157

[7] Al-Kāfi, vol. 2, pág. 67

[8] Bihar al-Anwar, vol. 72, pág. 107

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Condiciones que garantizan la aceptación de una oración - Preguntas de Teología Islámica.pdf (205.49 KB)
Autor
Ayatolá M. Hadavi Tehrani
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Oración-Súplica
Publicado
Sun, 14 Jun 2020 - 14:04
By admin , 9 March 2020

El tratamiento de las enfermedades y la súplica - Preguntas de Teología Islámica

Preguntas de Teología Islámica

El tratamiento de las enfermedades y la súplica

Por: Ayatolá Mahdi Hadavi Tehrani

Pregunta: ¿Si alguien se cae, deberá buscar un tratamiento a) con un doctor, o b) ingiriendo algo de polvo de la tierra de los alrededores de la tumba del Imam al-Husein (a.s.), o c) utilizar la súplica?

Respuesta concisa

Cada una de las acciones mencionadas puede curar potencialmente la enfermedad independientemente o combinándolas. Sin embargo, la mejor forma es acompañarla con nuestras acciones —entre las cuales están la medicina y los tratamientos supranaturales— con la súplica (la cual exige establecer una relación con Dios y pedirle directamente a Él). La razón para esto es que la eficacia del tratamiento médico o de un a medicina en particular, o la intercesión del Imam al-Husein (a.s.) y el polvo de los alrededores de su tumba, se une intrínsecamente a la voluntad de Al-lah (s.w.t)

También es importante tener en mente que la intercesión del Profeta y su familia (a.s.), así como las suplicas, no son soluciones limitadas a circunstancias en donde se pierde la esperanza propia en los medios naturales. A su vez, utilizar la intercesión y las suplicas no implica que uno deba rechazar estos medios, pues el plan divino para este mundo es que las cosas sucedan por sus causas naturales. Por lo tanto, uno puede utilizar los tres tipos de tratamientos mencionados, es decir, junto a la súplica y buscando la intercesión del Imam al-Husain (a.s.), uno debe dirigirse a un doctor en medicina y buscar un tratamiento médico para que Dios acepte la intercesión del Imam (a.s.), y permita que el tratamiento médico tenga efecto.

En pocas palabras, bajo ninguna circunstancia puede uno perder esperanzas en el favor de Al-lah (s.w.t) y en la intercesión de la familia del Profeta. De igual manera, por ningún motivo uno debe dejar de aprovechar los medios que se tienen a disposición.

Respuesta Detallada

El tratamiento médico, la intercesión de los cercanos a Dios (santos, particularmente el polvo de los alrededores de la tumba del Imam al-Husein (a.s.)) y suplicarle a Al-lah son todos los medios con los que cuenta un enfermo para su curación, en tanto no haya llegado el momento decretado de su muerte.

Así cómo es posible que cada uno de estos tres tratamientos actúe de manera independiente por la Voluntad de Al-lah (s.w.t), sin necesitar de los otros dos, es también posible que las tres curas se combinen para sanar al enfermo. En particular, la súplica puede causar que sea aceptada la intercesión del Imam (a.s.) para que el polvo de los alrededores de la tumba tenga efecto curativo. Esto a su vez podría hacer que el tratamiento médico tenga efectos óptimos para que la persona progreses rápidamente hacia su bienestar.

Sin embargo, debemos resaltar que la eficacia del tratamiento médico e inclusive la intercesión del Imam (a.s.) y el polvo de su tumba, intrínsecamente está unido a la voluntad de Al-lah (s.w.t). Por lo tanto, como precondición a estos otros tratamientos, la súplica a Al-lah (s.w.t) porta un lugar especial; ésta establece una conexión directa con Él y reafirma nuestra creencia en que no hay nadie aparta de su Ser que pueda actuar independientemente (esto es lo que se conoce como la Unicidad en la Acción de Al-lah o al-tauhid fil af’al). Es por esto que se nos ha aconsejado insistentemente comenzar cualquier acción —incluyendo la búsqueda de la intercesión de los santos— suplicándole a Al-lah (s.w.t). Es un consejo muy apropiado teniendo en cuenta las dificultades implícitas en la búsqueda de un doctor con experticia que logre diagnosticar acertadamente la enfermedad, prescriba las medicinas correctas, seguido de una recuperación extenuante —todo lo que hace de la ayuda de Al-lah (s.w.t) una necesidad vital.

Además de lo difícil de buscar una cura milagrosa en el polvo del Imam Husein ibn ‘Alí (a.s.), es que la eficacia de esta cura requiere de los siguientes prerrequisitos, cuya ejecución son difíciles en esta época:

  1. El polvo deber ser del interior del santuario[1] del Imam Husein (a.s.) y debe ser rojizo.
  2. Una vez retirado del Santuario, debe envolverse en tela para que no sea tocada por aquellos yines enemigos de los Shi’ahs, neutralizando sus efectos milagrosos.
  3. Solamente debe usarse una mínima cantidad del polvo
  4. Debe utilizarse con una intención sincera, sin nada de duda en su poder curativo.
  5. Debe acompañarse de suplicas a Al-lah (s.w.t) para que acepte la intercesión del Imam Husein (a.s.)[2]

Para que las oraciones sean respondidas y para que sea aceptada la intercesión de los santos de Al-lah (s.w.t) debe cumplirse con las siguientes condiciones:

  1. El suplicante debe ser sincero y entregado en la oración, así como acompañar su suplica con salutaciones y oraciones al Profeta Muhammad (PB) y a su familia (a.s.) junto con un arrepentimiento sincero por los pecados cometidos.
  2. Debe realizar todos los actos obligatorios y pagar todos los impuestos islámicos (ĵums y zakāt).
  3. No debe guardar beligerancia alguna hacia la Sunnah del Profeta y su familia (a.s.)
  4. Debe actuar conforme a las enseñanzas del Corán.
  5. Debe agradecerla a Al-lah (s.w.t) bajo cualquier circunstancia.
  6. Debe cumplir con su deber de encomendar el bien y prohibir el mal.
  7. Debe acompañar sus oraciones de los medios naturales y supernaturales apropiados que tenga a su disposición (las oraciones no deben hacerse con pereza y falsas esperanzas).
  8. Debe responder por sus obligaciones para con los demás.
  9. Debe cumplir sus promesas y votos de confianza.

Por lo general sucede que aún sin cumplir con las condiciones mencionadas, sea respondida una oración o aceptada la intercesión del Imam. La filosofía detrás de esto puede ser que:

  1. Dios quiera ablandar el corazón de una persona, mostrándole su gracia divina.
  2. Quizás es para completar el llamado divino (itmām al-huyyah) en una persona. En momentos de dificultad, como en una enfermedad, cuando todos los medios naturales parecen desvanecerse, aumenta el Favor de Dios y a su vez el de la familia del Profeta (a.s.), y de ese modo se cierran las puertas de la duda inclusive hasta de los más grandes sofistas. Si esta persona, después de experimentar la gracia divina, regresa a su descarrío pasado, no tendrá excusa alguna el Día de Juicio Final.
  3. Es posible que la aceptación de parte de Al-lah de la súplica de esta persona sea la recompensa por alguna buena acción en el pasado o un acto de devoción con respecto a uno de los santos de Al-lah (s.w.t), para tomar el lugar de la recompensa de la persona en la otra vida.

En conclusión, es importante tener en mente que uno no debe mirar a la oración y la intercesión como el último recurso, cuando se desvanecen las esperanzas en las causas naturales, particularmente el tratamiento médico. Este tipo de mal comportamiento es tratado severamente en el Corán y los hadices.[3] Si uno hace un uso oportunista de la súplica, pueda que las oraciones sean respondidas y puede recuperarse la salud total; sin embargo, en la otra vida, sería castigado, puesto que a pesar de experimentar la gracia divina, se alejó de Al-lah después de ser curado.

Por otra parte, uno no debe perder la esperanza. Como lo dijo el Imam Ya’far al-Sādiq (a.s.): “Al-lah se rehúsa a hacer que las cosas sucedan, excepto por medio de sus causas”.[4]

Al-lah es la Causa de las causas, sin embargo, Él puede destruir todas las causas como fue el caso del cuchillo que no cortó el cuello de Ismael hijo de Abraham, o el fuego que no quemó a Abraham (a.s.). En otras ocasiones, sin causa material alguna, Al-lah (s.w.t) actúa independientemente por medio de causas invisibles, como el caso de la historia del camello de Sālih (a.s.) y el bastón de Moisés (a.s.). En pocas palabras, en tanto utilizamos todas las causas naturales a nuestro alcance, es aconsejable mantener una relación activa con Al-lah (s.w.t) por medio de las suplicas, y con los amigos de Al-lah (s.w.t).

Fuente: Fe y Razón; Preguntas de Teología Islámica

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com , Fundación Cultural Oriente


[1] O el ‘Ha’ir’, un radio aprox. De 357 metros alrededor de la tumba del Sagrado Imam.

[2] Bihar al-Anwar, vol. 98, pág. 132.

[3] (31:32)

[4] Al-Kāfi, vol. 1, pág. 183

Palabras claves
Teología Islámica,doctrina del Islam,El tratamiento de las enfermedades y la súplica
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El tratamiento de las enfermedades y la suplica - Preguntas de Teología Islámica.pdf (177.08 KB)
Autor
Ayatolá M. Hadavi Tehrani
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Oración-Súplica
Publicado
Mon, 9 Mar 2020 - 13:05
By admin , 31 October 2019

La Visita (Zyarat) a las tumbas de los creyentes desde la óptica del Sagrado Corán y la Sunnah

La Visita (Zyarat) a las tumbas de los Creyentes desde la óptica del Sagrado Corán y la Sunnah.

Extraído del Libro ‘Wahabismo’ de Ayatolá Ya’far Subhani

Trad. Abu Bilal Muhammadi

            Los eruditos del Islam, apoyados en las aleyas del Sagrado Corán y los hadices (narraciones) han permitido las visita a las tumbas, particularmente las visitas a las tumbas de los Santos Profetas y hombres piadosos, también consideraron que esta es una virtud y honor. Sin embargo, los Wahabís en lo aparente, aunque no consideran el principio de la zyarat(visita) al as tumbas como algo haram, declaran que viajar o desplazarse para realizar una zyarat (visita) a la tumba de los virtuosos de Dios es algo ilícito y haram (prohibido).  Después de culminar con el principio de la zyarat, expondremos el tema de "viajar con el objetivo de hacer una zyarat (visita) a las tumbas de los virtuosos de Dios".

            Es evidente que la visita a las tumbas tiene demasiados efectos morales y educativos, los cuales mencionaremos de una manera resumida.

            Cuando se observa este valle calmado(el cementerio), donde se apaga la luz de la vida de todos los seres humanos, sean ricos o pobres, poderosos o débiles, siendo enterrados solamente con tres pedazos de tela, ésto purifica la mente y el corazón, y también reduce la codicia y avaricia de una persona en una gran medida. Un ser humano que posea una visión que le permita aprender de las lecciones de la vida puede pensar para sí mismo lo siguiente: Una vida pasajera que puede ser de 60 a 70 años, termina ocultándose bajo el polvo de la tierra y luego descomponiéndose y destruyéndose, entonces, ésta vida no es tan valiosa como para que alguien se desgaste por conseguir y amasar solamente riquezas materiales, posiciones y cometer injusticias contra sí mismo y los demás.

            Observar este valle silencioso, el cual ablanda los corazones más duros y hace que los oídos más sordos escuchen, y le da luz a los ojos de más corta visión, hace que una persona revise su plan de vida y medite sobre las grandes responsabilidades que tiene frente a Al-lah y los demás, controlando sus pasiones mundanales.

            El Santo Profeta del Islam (P) refiriéndose a este tema dijo en una narración:

"Visiten las tumbas, puesto que ciertamente les hacen recordar la Otra Vida"[1]

            Siendo que la validez y la solidez de la zyarat a las tumbas son tan obvias que no hace falte dar pruebas y razonamientos muy elaborados, reflexionaremos acerca de algunas de las pruebas para aquellos que dudan.

El Corán y la Zyarat a las tumbas:

            Claramente el Sagrado Corán nos enseña que el Santo Profeta (P) que de ninguna manera debe realizar la oración para los muertos de los hipócritas y no debe pararse cerca de las tumbas de estos.

"…Y nunca hagas la oración para ninguno de ellos que haya muerto y no te pares en su tumba, ciertamente ellos negaron a Al-lah y a Su Mensajero y murieron siendo corruptores". (Taubah: 84)"

            En este versículo, para destruir la personalidad del hipócrita y reprender a los miembros de este grupo, Dios le ordena al Profeta:

1. No hacer la oración para ninguno de sus muertos.

2. No pararse sobre sus tumbas, y esta realidad se evidencia en esta oración:

            Cuando el Sagrado Corán ordena que se debe evitar estos dos actos con respecto a los hipócritas, significa que: para aquellos que no son hipócritas estas mismas acciones no aplican, es decir si se puede hacerles la oración y estar cerca de sus tumbas.

            Ahora veamos qué significa ¿Acaso se refiere solo a pararse en el momento del entierro, lo cual no es permitido cuando el muerto es uno de los hipócritas, y acerca del creyente es necesario y loable?, ¿O acaso el sentido general es desde el momento del entierro y otra ocasión?

            Algunos exegetas dicen que la aleya se refiere al momento del entierro, pero otro grupo como Baydawi y otros tienen una opinión más amplia e interpretan la aleya de la siguiente forma:

"…Y no se paren sobre sus tumbas para el entierro o para visitarlos en peregrinación"[2]

            Si le prestamos atención al contenido de este versículo veremos que tiene un significado más amplio, es decir, se refiere a pararse en el momento del entierro así como a detenerse después del entierro. Esto es así porque dos oraciones conforman el eje del tema en cuestión de esta aleya y estas son:

            1.  (…Y nunca recen por ninguno de ellos que ha muerto…) (Taubah: 84)

            La palabra "Ahad" colocada en el curso de la prohibición es válida para todas las personas.

            La palabra "Abadan" es válida para todos los tiempos y el significado de la oración será así:

"No realicen la oración para ningún hipócrita en ningún momento".

            Prestando atención a estas dos palabras fácilmente podemos entender que el significado de esta oración particular no se refiere a la recitación de la oración sobre el cadáver, porque recitar la oración sobre el cadáver tiene lugar únicamente una vez y es antes del entierro,  y no puede repetirse. Si específicamente se refería a la recitación de la oración sobre el cadáver, entonces no había necesidad de utilizar la palabra "Abadan". Imaginar que esta palabra sirve para expresar que abarca a todos las personas es totalmente irrelevante porque la oración "La tusal-li 'ala ahadin" es suficiente para tal inclusión y generalidad y no hay necesidad de mencionarlo de nuevo.

            Aparte de esto, la palabra "abadan" en árabe se refiere a tiempo y no a individuos como por ejemplo:

 

No os caséis jamás con sus esposas después de él.

(33:53)

(ver la continuación en archivo pdf)

Todos derechos reservados.

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[1] Sunan Ibn Maya, vol. 1, pág. 113, capítulo: Acerca de la Visita a las Tumbas.

[2] Tafsir al-Baydawi, vol. 3 pág. 77

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La Visita (Zyarat) a las tumbas de los Creyentes desde la óptica del Corán y sunna.pdf (3.59 MB)
Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Historia-Biografía
Oración-Súplica
Corán-Hadiz-Dichos
Publicado
Thu, 31 Oct 2019 - 06:30
By admin , 11 September 2019

La devoción y la oración (2)

La devoción y la oración (2)

Prof. Ayatola Murtada Mutahhari

 “Por cierto que la oración preserva de la indecencia y la iniquidad, pero el recuerdo de Dios es aún más grande” (29:44)

En el Islam los actos de devoción, además de su preeminencia, son parte de su programa educativo. La autenticidad y pureza son el objetivo de lo creado, con independencia de la cuestión de la vida humana a todo respecto. Dice el Sagrado Corán: “No he creado a los genios y a los hombres sino para que Me adoren” (51:59).

La adoración o devoción es un medio para que el ser humano se aproxime, se acerque a Dios, así como para obtener la verdadera perfección. La perfección del ser humano es entonces un fin en sí mismo. El Islam busca educar a los individuos tanto moral como socialmente, y por eso ha adoptado un medio que es el más efectivo sobre la ética y el alma humana. Ese medio (los actos de devoción) nos permite olvidar al ego y los intereses egoístas.

En los asuntos sociales, el principio básico es la justicia que es el respeto por los derechos de la gente. Esta es la principal dificultad de la humanidad, tanto en lo moral como en lo social. No hay nadie que sea totalmente ignorante de la moral y su necesidad, pero el problema reside en practicarla. Cuando un ser humano quiere poner estos principios éticos y sociales en práctica, ve que se enfrentan en él los intereses por un lado y la moral por el otro, o la veracidad con la ganancia, pues se da el caso de que uno debe recurrir a la falsedad y la traición para obtener ese beneficio, o sino decir la verdad y renunciar a él. Y en este último caso tendríamos a un hombre que habla de justicia y de ética, pero que en la práctica miente y traiciona.

La única cosa que actúa como un soporte para la moral del ser humano es la fe. ¿Fe en qué? En la justicia y en la moral en sí mismas. ¿Cuándo una persona cree en la justicia y la moral como algo sagrado? Cuando tiene fe en aquello que sustenta lo sagrado, o sea Dios. Así, una persona está ligada a la justicia y la moral como está ligada a Dios, y tiene fe en El.

Este es el problema de nuestro tiempo: que se supone que la ciencia, el conocimiento, son suficientes para el hombre. Es decir, que si reconocemos la justicia y la moral (es decir: el bien que entrañan) y estamos de acuerdo con ellas, podemos ser tan justos como éticos. Pero se ve actualmente que cuando el conocimiento se ha separado de la fe, no solamente no es útil para sustentar a la moral y la justicia, sino que llega a volverse perjudicial. Como dijo el poeta Sa‘di:

“Cuando un ladrón lleva una luz,

puede robar más objetos”.

Pero con fe tanto la moral como la justicia perdurarán. En el Islam la adoración a Dios, la devoción, no están establecidas como algo separado de la moral y la justicia.

Para ilustrar este punto he aquí un ejemplo. ¿Dónde habéis visto en el mundo que una persona culpable de algún delito se dirija voluntariamente a buscar el castigo? Una persona culpable por lo general escapa de la justicia. La única fuerza que puede hacer que un ser humano voluntariamente se someta al castigo es la fe. Hay muchos ejemplos de esto en las historias de los orígenes del Islam. El Islam ha dispuesto castigos para diversas faltas (de trascendencia social) como beber embriagantes, el adulterio, el robo, etc., pero al mismo tiempo dice: “Los castigos dejan de aplicarse ante la menor duda (sobre la culpabilidad del acusado)”. La ley islámica no obliga al juez o al gobernante que la aplica a buscar un culpable, sino que más bien coloca una urgencia en el interior de la persona culpable para que vaya en busca del castigo (para expiar su falta); y este tipo de cosas ocurrían a menudo, tanto en la época del Profeta, como de ‘Alí, con ambos sea la Paz.

Un hombre fue cierta vez a ver al Profeta (BPD) confesando haber cometido adulterio[1]. En tales cuestiones (por la magnitud de la pena) la confesión debe ser repetida cuatro veces para ser creída y aceptada. El Profeta (BPD) le preguntó al hombre: “¿Quieres decir que la has besado?”. Pero el hombre respondió: “No, fue adulterio”. El Profeta preguntó nuevamente: “Quizás tu sólo le diste un pellizco”, esperando que el hombre dijera que sí y se liberara del castigo, pero esta persona volvió a contestar que no, que había sido adulterio. Este diálogo siguió hasta que quedó completamente claro que se había cometido adulterio, y que el hombre estaba suplicando el castigo a fin de liberarse de él en el otro mundo.

Existe otro caso, el de una mujer que fue a verlo a ‘Alí (siendo este califa del Islam), y le dijo: “Príncipe de los creyentes, estoy casada y en ausencia de mi esposo he cometido adulterio, y ahora estoy embarazada. Deseo ser purificada de ese pecado”. ‘Alí (P) dijo: “Una confesión no es suficiente, debe ser repetida cuatro veces”. Y a continuación agregó: “El castigo por adulterio para una mujer casada es ser apedreada hasta morir. Si se aplica este castigo, ¿qué ocurrirá con el niño que llevas en tu seno? El niño no ha hecho nada malo y no debe morir. Vete hasta que tu hijo haya nacido”.

Luego de unos pocos meses la mujer volvió. Esta vez con un bebé en sus brazos y pidió ser purificada puesto que el niño ya había nacido. Esta fue su segunda confesión. Nuevamente ‘Alí (P) le dijo: “Debieras ser apedreada, pero este bebé no es culpable. Necesita de la leche y de una madre que lo cuide, luego vete ahora mientras el bebé te necesite.

La mujer volvió a su hogar muy molesta, y al cabo de dos años reapareció ante el Imam y le dijo: “Purifícame ahora, ya que el bebé ha sido destetado y está creciendo sano”. ‘Alí (P) le dijo: “Vete, este niño todavía necesita de una madre”. La mujer entonces lloró y dijo: “Dios mío, he confesado tres veces pero el Imam me hecho retirarme tres veces y rechazó apedrearme, no puedo soportar estar manchada con el pecado”. Cuando esto ocurría, un hipócrita llamado Amr Ibn Hariz vio a la mujer y le preguntó qué pasaba. Ella le explicó lo que había ocurrido y el hombre le dijo: “Yo solucionaré esto. Del niño permíteme ser su tutor”. Ella no comprendía que ‘Alí no quería que hiciera la cuarta confesión.

Fueron donde ‘Alí (P) y la mujer le pidió que la purificara dado que el hombre había acordado en cuidar al niño, he insistió en recibir el castigo. ‘Alí, la paz sea con él, se sintió incómodo ya que el asunto había llegado a un punto donde no le quedaba más alternativa que ordenar su castigo.

Estos son ejemplos de cómo la verdadera fe en la religión captura a la propia conciencia y la hace someterse a la justicia. El propósito de la adoración es revivificar la propia vida religiosa y darle frescura y fortaleza. Cuando mayor es la fe, más se vuelve uno hacia Dios y menos peca. El pecar o no pecar no tienen que ver con el conocimiento, pertenecen al ámbito de la fe y la negligencia en la fe es lo que conduce al pecado.

Permítanme explicar un asunto respecto de la impecabilidad[2] de los Profetas e Imames, con ellos sea la paz. ¿Qué significa exactamente esto? Ustedes pueden decir simplemente que ellos no pecan. Eso es verdad, pero existen dos respuestas a esto. Una es que Dios directa e intencionalmente los resguarda del pecado. Si este es el caso, entonces la ausencia de faltas en ellos no constituye ningún logro de su parte. Podría suponerse entonces que los Profetas e Imames no tienen superioridad sobre el resto de la gente (en cuanto a pureza), excepto por el trato especial que reciben de parte de Dios. La cuestión entonces no es sobre su deseo de pecar, sino sobre si son impedidos por Dios de hacerlo[3].

La pureza es un grado elevado de la fe en Dios y lleva a recordarlo constantemente. Una persona sin fe raramente o nunca piensa en Dios. Es un ser desatento y negligente. Hay otras personas que son ocasionalmente desatentas y cometen pecados en ese estado de descuido, pero cuando se vuelven a Dios naturalmente evitan el pecado. Pero si la fe alcanza el estado perfecto del recuerdo permanente de Dios, tal persona jamás estará desatenta y cada acto suyo estará basado en la fe.

El Sagrado Corán se refiere, por ejemplo, a aquellos que están ocupados en el comercio pero que jamás olvidan a Dios[4]. No habla de evitar las transacciones ni el comercio. El Islam no prohibe esto. Por el contrario, incita a trabajar y a comerciar, y al mismo tiempo espera que uno recuerde a Dios y que así jamás se peque.

Demos otro ejemplo: ¿Les ha ocurrido alguna vez que pusieran las manos sobre el fuego a sabiendas? Esto es difícil que ocurra a menos que ustedes deseen quemarse. ¿Por qué evitamos el fuego? Porque nuestro conocimiento y experiencia nos dicen que es peligroso, y estamos seguros, tenemos certeza de ese conocimiento. De esta manera permanecemos a salvo en relación con el fuego, y nuestra certeza y creencia acerca de él (e.d.: de su poder para quemar y dañar), nos sirve como restricción.

También los amigos de Dios (e.d.: los Profetas y los Imames) son inocentes puesto que tienen la certeza del castigo abrasador de los pecados y así, recordando a Dios y permaneciendo firmemente adheridos a la moral, la justicia y los derechos, recapacitan para evitar el pecado.

En el Islam la vida de ambos mundos está interrelacionada. En el cristianismo, por el contrario, se separan el reconocimiento de cada mundo. Por ejemplo, el aspecto que se refiere al más allá de la oración es el recuerdo constante de Dios y el temerLe, de lo contrario ¿para qué son necesarios tantos ritos? Estar limpio o tener el cuerpo limpio no hacen diferencia en la proximidad a Dios, porque El dice: “Creyentes cuando os dispongáis a hacer la oración, laváos el rostro y los brazos hasta el codo” (5:6)[5].

La limpieza ha sido combinada con los actos de devoción. De acuerdo con la disposición: “Cuando tu cuerpo esté impuro deberás lavarlo completamente”. Incluso el lugar en que se realizan las devociones y oraciones debe estar limpio y puro y ser lícito, no usurpado. Lo mismo ocurre con la alfombra que se utiliza en la oración, y con los vestidos que se usan mientras se la realiza. Si aquello con que nos cubrimos fue obtenido ilícitamente, nuestra oración es nula y carece de valor. La devoción también debe estar combinada con el respeto del derecho ajeno. Si una casa es ocupada por la fuerza, la oración es inválida para aquél que habiendo violado los derechos del propietario la realiza allí. En tal caso primero debería comprar esa casa, y satisfacer cumplidamente a su propietario, y recién entonces serán válidas sus devociones. Lo mismo se aplicaría a los vestidos y la alfombra utilizados en la oración (si fueron arrebatados, o robados). Y más aún, el impuesto que establece la religión como una obligación[6] debe estar pago para que se acepten las devociones.

Se nos dice que debemos orientarnos hacia la Ka‘bah (en La Meca) para realizar la oración. ¿Qué es la Ka‘bah? Es el primer templo erigido para la oración al Dios Uno[7]. Todos debemos realizar la oración parados mirando en dirección a esa primera mezquita, la que fue construída por Abraham e Ismael. ¿Por qué debemos orientarnos hacia ella? ¿Está Dios allí? Dice el Sagrado Corán: “Hacia cualquier lugar que te tornes, he ahí el Rostro de Dios” (2:115). ¿Por qué debemos entonces orientarnos hacia la Ka‘bah? Porque actúa como una suerte de educación social y comunitaria el que todos se orienten en una única dirección, ya que si cada uno se orientara donde quisiera eso provocaría la distracción, la confusión y la dispersión. Orientarse hacia ese primer templo es un acto de unidad y unificación y es verdadera devoción.

Se nos dice además que existe un momento definido para hacer cada oración, incluso determinado al minuto. El momento de la oración obligatoria de la mañana es entre el alba y la salida del sol, y realizarla un minuto antes del alba o un minuto después de la salida del sol la vuelve inválida. No podemos ofrecer la excusa de estar dormidos a esa hora, porque esto no tiene sentido para Dios, para Quien todas las horas son lo mismo. El sentido de tomar en cuenta especialmente el tiempo es para educar a los seres humanos. La misma puntualidad se aplica también a las oraciones del mediodía, media tarde, ocaso y noche.

Oración, adoración y devoción son inseparables. Durante la oración ustedes no son libres de hacer lo que quieran, como llorar por el recuerdo de algo desagradable, o reírse por el recuerdo de un incidente gracioso. La oración es el control de los sentimientos. Uno no puede volverse hacia los lados sino mirar al frente, ni tampoco andar mirando cualquier cosa que atraiga nuestra atención. No nos está permitido comer ni beber durante la plegaria. Todas estas distracciones son contrarias al espíritu de la devoción que requiere total autocontrol, atención y conciencia de lo que se hace.

Otro punto es el control del cuerpo. Movimientos innecesarios de los miembros en la posición de parado, o durante la inclinación o la prosternación, no están permitidos. Todo el cuerpo debe estar calmo y estable antes de que se pronuncie la frase Alláhu Akbar (que da comienzo formal a la oración). Si ustedes sienten dolor en alguna parte del cuerpo, descansen por un rato antes de comenzar la oración.

Luego nos dirigimos a otras partes de la oración que implican estar atentos sólo a Dios, hasta que pronunciamos la frase: “La paz sea con vosotros y con los justos siervos de Dios” (con lo cual se clausura la plegaria). Esta es una declaración de paz y de buena voluntad dirigida a todos los seres virtuosos.

Todo esto es ver la devoción a Dios como algo educativo y formador. En los asuntos del espíritu cuanto más uno se olvida de su ego, mejor es, pero desde un punto de vista social uno jamás debe olvidar a los demás.

En el primer capítulo del Sagrado Corán (la surah Al-Fatihah), que pronunciamos obligatoriamente en cada oración, leemos: “Sólo a Tí (Dios) adoramos, y sólo a Tí imploramos ayuda” (1:4). Nótese que no usamos aquí el pronombre “yo” sino “nosotros”, para indicar que todos los musulmanes están interrelacionados en una comunidad islámica. En el Islam “yo” es siempre reemplazado por “nosotros”. Todas estas son lecciones para aprender. Cuando decimos Alláhu Akbar (Dios es el Más Grande, para iniciar la oración), ¿estamos expresando nuestro temor a Dios? Es natural para el ser humano sentir temor de algo que es grande, sea una montaña, o el mar, o una persona poderosa. Pero cuando decimos “Dios es el Más Grande”, ya nada ni nadie puede atemorizarnos con su grandeza, porque Dios es Más Grande que cualquier cosa que podamos imaginar, todo es insignificante comparado con El.

Dijo el Imam ‘Alí (P) (comentando el significado de esta expresión en la oración): “Se ha magnificado el Creador en sus almas, y se ha empequeñecido todo otro que El ante sus ojos”.

La pequeñez y la grandeza son, desde luego, relativas. Si ustedes estaban en un lugar pequeño antes de venir aquí, este salón les parecerá muy amplio y grande, y lo contrario también es cierto. De la misma forma, aquellos que están bien al tanto de la Grandeza incomparable de Dios, ven insignificantes todas las cosas. Sa‘di dice que para los místicos nada existe salvo Dios, y que sólo aquellos que comprenden la verdad realizan el significado de sus palabras, mientras que los demás los critican por ellas. El entonces pregunta: “Si nada existe excepto Dios, entonces ¿qué son los cielos y la tierra, los hombres y los animales?” Y él mismo responde a esta pregunta diciendo que todas estas cosas son demasiado pequeñas para decir que existen cuando se las compara con la Existencia divina, y compara entonces la situación de todas las cosas como la de una gota frente al océano, o de una mota polvo en aire con el sol que la ilumina.

Cuando ustedes pronuncian la frase “Dios es el Más Grande” con toda sinceridad, Su Grandeza se personifica delante vuestro y entonces ninguna cosa adquiere ya significancia como para ser temida o elogiada. De esta forma es que la devoción a Dios nos conduce a la libertad; nos convertimos en siervos de Dios, y al hacerlo nos liberamos de cualquier otra servidumbre y esclavitud. Cada una de estas frases: “Glorificado sea Dios. La alabanza sea con Dios. Glorificado sea Dios y en Su alabanza. Dios es el Más Grande”, que se pronuncian durante la oración poseen un significado que ilustra sobre la Grandeza divina. Y lo mismo con otras muchas frases utilizadas en la plegaria.

Alguien le preguntó cierta vez a ‘Alí (P): “¿Por qué en cada ciclo de la oración obligatoria hay dos prosternaciones y solamente una inclinación?” Y como ustedes desde luego saben, la prosternación indica mejor la humildad que la inclinación, pues en ella la cabeza, que es la parte más noble del cuerpo, queda colocada en el lugar más bajo, apoyada en el suelo, como signo claro de humildad y devoción.

Como respuesta ‘Alí (P) le dijo: “En la primera prosternación os estáis recordando a vosotros mismos que estáis hechos de tierra y polvo, y en la segunda que vais a morir y retornar al polvo, y levantando vuestra cabeza una vez más pensaréis en el Día (de la Resurrección) en que seréis resucitados para la vida futura”.

Déjenme decir también en conexión con la importancia de las oraciones diarias obligatorias, que cada uno de vosotros es responsable no sólo por la realización de sus propios actos de devoción, sino también por los de otros miembros de su familia. Esta recomendación fue dirigida al Profeta (BPD): “Ordena a tu familia a orar y sé perseverante en ello” (20:132). Esta orden no es solamente para el Profeta, todos nosotros estamos obligados por ella.

¿Qué hay acerca de los niños? Se los debe instruir para realizar la oración ritual desde la niñez? El mandato (de la ley islámica) es que a los niños se les debe enseñar a ejecutar la oración desde la edad de siete años. Ellos no pueden, desde luego, pronunciar todas las frases todavía con corrección, pero pueden ser educados a observar las formas de la plegaria como un hábito cuando se inicia su educación elemental. Y es preciso recordar, sin embargo, que no se debe usar la fuerza en este asunto, sino que se les debe alentar a ello y darles la oportunidad de realizarla voluntariamente. Hay muchas formas de estimulación, tales como el elogio, la recompensa, mostrarles mayor afecto y proveerles además de un ambiente que los dirija a tal comportamiento.

Llevar a un niño a la oración colectiva en la mezquita es una forma de estímulo y educación religiosa. Incluso los adultos se ven grandemente influenciados por el espíritu de la adoración en grupo. La negligencia en realizar visitas habituales a los lugares de devoción provocan una frecuente falta de inclinación hacia la oración. Y esto es especialmente cierto en el caso de los niños que no han sido educados para considerarlo un deber religioso, y que cuando alcanzan la madurez permanecen en una total indiferencia hacia ello. Si la objeción que se plantea a esto es que las mezquitas no están a menudo lo suficientemente limpias como para atraer a la gente, o que los sermones son a veces aburridos, estos son asuntos que pueden ser remediados y no son una razón válida para ignorar el deber religioso. Dice el Sagrado Corán: “¿Qué es lo que os ha conducido al Infierno? Responderán: ‘No éramos de los que orábamos, no dábamos de comer a los pobres, y parloteábamos vanidades con los charlatanes’” (74:43-46)

Ahora ustedes pueden comprender por qué en el Islam la oración ha sido llamada “pilar de la religión” por el Profeta: porque todo será aceptado del creyente sólo cuando la oración sea correctamente realizada. En el último momento de su vida, ‘Alí (P) invitó a la gente a tomar muy en serio esta recomendación del Profeta (BPD). Ustedes habrán escuchado que el día de Ashura (10 del mes de Muharram), el martirio del Imam Husain (P) tuvo lugar por la tarde, por lo que al mediodía la mayoría de los parientes del Imam y sus compañeros estaban todavía vivos, y sólo unos treinta de ellos habían muerto antes del mediodía de esa jornada. Uno de los compañeros del Imam notó de repente que era el mediodía y que había llegado el momento de realizar la oración de ese momento. Rogó entonces al Imam la realización de una oración colectiva por última vez. El Imam estuvo de acuerdo y dijo: “Tú has recordado tu oración obligatoria, quiera Dios hacerte por ello un hombre devoto en la plegaria”.

Convenía a la situación que el Imam le hablara a este guerrero de este modo. Rápidamente ellos realizaron la oración obligatoria en conjunto en el campo de batalla, una oración que se llama en la jurisprudencia islámica “la oración del temor” (por el acecho del enemigo) y que se compone de sólo dos ciclos en lugar de los cuatro habituales, puesto que debe abreviarse para mantener la defensa contra el enemigo. La mitad del ejército ora y la otra mitad permanece alerta ante la posibilidad de un ataque del enemigo. Luego ambos grupos intercambian sus lugares cumpliendo así el deber militar y el religioso.

El Imam Husain (P) realizó la oración obligatoria de esta manera, no demasiado lejos de la línea del enemigo. El desvergonzado contrincante no los dejó tranquilos ni en ese momento, y continuaron su asedio con flechas y lanzas, y hasta con improperios, escarneciendo a estos devotos combatientes. Dos de los hombres que flanqueaban al Imam fueron abatidos por las flechas enemigas. Uno de ellos fue Sa‘íd ibn Abdullah Al-Hanafi que agonizaba cuando el Imam terminó la oración. El Imam se acercó a él y Sa‘íd le dijo: “Abu Abdallah, ¿he cumplido con mi deber?”, significando que no deseaba nada más de este mundo.

Esta fue la oración del Imam Husain (P) en Karbalá. Luego en el campo de batalla, él estaba inclinado hacia adelante cuando recibió una flecha en el pecho que le atravesó hasta salir por la espalda. En su abatimiento, con el costado derecho de su cara sobre la tierra, porque no podía apoyar su frente sobre el piso por como había caído de su caballo, en ese momento dijo: “En el Nombre de Dios y por Dios, y en la religión del Mensajero de Dios. No hay poder ni fuerza sino en Dios, el Altísimo, el Infinito. Bendiga Dios a Muhammad y a su descendencia purificada y ennoblecida.

Para terminar, ruego a Dios que nos conceda un final feliz, y la gracia de adorarlo y servirle, que nos haga verdaderos cumplidores de la oración prescripta, que purifique nuestras intenciones, que nos proteja de los genios y los hombres, y dé la salvación a nuestros muertos.

Fuente: DISCURSOS ESPIRITUALES; Conferencias sobre la dimensión espiritual del Islam; Editorial Elhame Shargh

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www.islamoriente.com  , Fundación Cultural Oriente


         [1] La palabra adulterio, en árabe zina, se refiere en la ley islámica a la cohabitación del hombre con la mujer sin estar casados. La misma palabra designa al adulterio, que es el caso en que una o ambas de las partes están a su vez casados con otra persona, como a la fornicación, que es cuando no lo están. Esta última tiene una pena más leve, pero el adulterio se castiga con la muerte tanto del hombre como de la mujer. (Nota del traductor al español)

         [2] Es doctrina en el Islam que los Profetas y sus sucesores los Imames, como ejemplos vivos para el género humano de una conducta pura y del beneficio de la fe y de seguir el Mensaje divino, no cometen ninguna falta o pecado, ni grande ni pequeño. Si lo hicieran ello ensombrecería su misión. (Nota del traductor al español)

         [3] Aquí no se menciona la otra respuesta, aunque se la va desarrollando en lo que sigue, y ésta es la importante para el caso. Los Profetas e Imames están exentos de cometer faltas porque ellos poseen el más elevado grado de conciencia y de fe, y si bien son hombres con impulsos y deseos como los demás, su perfecta visión de la realidad les permite ver las consecuencias de la falta y los apartan de ella. Ellos deciden así libremente, por su fe, pureza y conciencia, apartarse de toda falta. (Nota del traductor al español)

[4] “Hombres a quienes el comercio y la venta no lo distraen del recuerdo de Dios” (25:37).

[5] Lo que quiere decir aquí es que la purificación de la ablución es una preparación para la oración, que es el vínculo con Dios; pero que el recuerdo constante de Dios y el temerLe (taqua), constituyen el grado más perfecto de la oración, y la mayor proximidad a Dios. (Nota del traductor al español)

[6] El zakat o el jumus son los impuestos sobre la riqueza de las personas que se utilizan para la caridad, el beneficio de la comunidad o la expansión de la verdad, según está prescripto por la ley islámica. Todos los actos de devoción forman una unidad, si se falta a uno de ellos, la unidad es incompleta y no sirve. Si no se cumple con la caridad obligatoria (zakat) según las posibilidades, las oraciones pierden su valor. (Nota del traductor al español)

[7] “Por cierto que el primer templo erigido para la humanidad es el del valle de Bakkah, lugar de bendición y guía para la humanidad” (3:96).

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Autor
Prof. M. Mutahhari
Tema
Oración-Súplica
Publicado
Wed, 11 Sep 2019 - 07:30
By admin , 28 July 2019

La devoción y la oración (1)

La devoción y la oración (1)

Prof. Ayatola Murtada Mutahhari

Encontramos a veces puntos en las enseñanzas islámicas que destacan muchas cuestiones que se conectan con los actos de devoción. Por ejemplo, respecto de la oración, se cita que tanto el Profeta como los Imames han expresado: “La oración es el la base de la religión”, y si pensamos la religión como una tienda, se ha dicho también: “La oración es el pilar que la mantiene parada”. Y se narra también esta tradición, atribuida al Profeta (BPD): “El requisito para que se acepten los otros actos humanos, es que primero se acepte la plegaria”. En otras palabras, las acciones del hombre (incluso sus buenas acciones), son nulas y vacías si la plegaria que realiza es incorrecta y entonces no es aceptada.

Otra tradición dice: “La oración es un medio para aproximarse a Dios”. Y otra tradición incluso afirma que Satanás está siempre molesto y rehuye a un creyente que se entrega devotamente a la oración. También el Sagrado Corán destaca la importancia de la oración en muchos de sus versículos.

Pero algunos han sostenido que todas estas tradiciones acerca de la plegaria pueden ser inventadas y que son poco confiables, y que no fueron proferidas por el Profeta o los Imames, sino por alguna gente devota[1] deseosa de tener más seguidores, particularmente en los siglos II y III de la Héjira, cuando la cuestión de la devoción se había manifestado con tal exceso que había más o menos desembocado en el monasticismo y el sufismo.

Vemos que algunas personas concentran todos sus esfuerzos en los actos de devoción, al punto que llegan a olvidar e ignorar otros deberes religiosos. Por ejemplo había entre los compañeros de ‘Alí (P) un hombre llamado Rabi' Ibn Husain, que fue más tarde conocido como Juayah Husain y cuya tumba está en Mashhad. Es famoso como uno de los ocho mayores ascetas del mundo islámico, y fue tan lejos en su despojamiento del mundo y su devoción, que había cavado su propia tumba mucho antes de su muerte. Y se dice también que durante veinte años jamás pronunció ni una sola palabra sobre asuntos mundanos. A veces iba y se recostaba en la tumba que había cavado para sí, a fin de recordarse que ella sería su hogar postrero. Las únicas palabras que se le escucharon proferir, aparte de las necesarias para los actos de devoción (como la oración, o la lectura del Corán), fue cuando se enteró del martirio del Imam Husain en Karbalá a manos de los tiranos opresores. Dijo en esa ocasión: “La vergüenza caiga sobre aquellos que asesinaron al amado nieto del Profeta”. Y se narra también que posteriormente se arrepintió de haber pronunciado siquiera estas palabras no dedicadas al recuerdo de Dios.

El había sido un gran guerrero en épocas de ‘Alí, y se cuenta que un día fue a verlo y le dijo: “Tengo dudas sobre estas guerras”[2], pues le parecían ilícitas ya que se luchaba contra hombres que realizaban sus oraciones de cara a La Meca y pronunciaban también las fórmulas de la fe islámica.

‘Alí (P) estuvo de acuerdo, y lo envió a una de las fronteras, también como soldado, pero para enfrentarse allí con los no musulmanes o los idólatras. Este hombre fue un gran asceta, ¿pero qué valor tenía su ascetismo? Es inútil ser seguidor de un hombre como ‘Alí y, al mismo tiempo tener dudas acerca del camino que él señaló como una lucha sagrada. En sentido análogo, hay gente que a veces argumenta: “¿Por qué debe uno observar el ayuno en la duda, y sin tener certeza (de la verdad de la religión)? ¡Es inútil y carece de valor!”. Pero el Islam requiere de discernimiento y visión combinados con la acción y la práctica, pero Juayah Rabi‘ no tenía ese discernimiento o visión. Vivió en la época de Mu‘auiah y su hijo Yazid (dos grandes tiranos opresores). No le interesaban en absoluto los problemas de los musulmanes y de la comunidad islámica, y solía retirarse a un rincón a orar día y noche, no pronunciando más que el Nombre de Dios, y arrepintiéndose de lo que había dicho condenando la muerte del Imam Husain (P).

Esto no corresponde en absoluto a las verdaderas enseñanzas islámicas, y como reza sabiamente el dicho: “Una persona ignorante es la que va demasiado rápido o demasiado lento”.

Algunos suelen decir que la tradición: “La oración es el pilar de la religión” no está en armonía con las enseñanzas islámicas dado que el Islam presta más atención a las cuestiones sociales que a ninguna otra. Pues dice el Corán: “Dios os ordena la justicia y la benevolencia” (16:92); y dice también: “Ya hemos enviado a Nuestros mensajeros con las evidencias y hemos revelado con ellos la Escritura y la Balanza para establecer la equidad entre los hombres” (57:25). El Corán además sienta un precepto religioso de gran importancia social cuando ordena a la gente que convoque al bien y prohiba el mal. (Cfr. 3:110). Y los que así piensan agregan que como el Islam es una gran religión, la suya es una doctrina de actividad y trabajo, y que los hábitos de la devoción y la oración no son significativos. Según tales personas uno debería abandonar los actos de devoción y seguir solamente las enseñanzas sociales, dejando esas devociones para gente ociosa que no tiene otra cosa que hacer.

Pero tales opiniones y pensamientos son erróneos y muy peligrosos. El Islam debe ser reconocido tal cual es. Recalco este punto dado que siento que nuestra sociedad está sufriendo en esto una seria enfermedad. Desafortunadamente, aquellos que tienen vocación religiosa están divididos en dos grupos: un grupo, que sigue el camino de Rabi‘, piensa que el Islam es solamente una doctrina que impone la oración, los himnos y la peregrinación, y se guían recurriendo a ciertos libros standard sobre teología. Son gente que piensa que ellos no tienen nada que ver con el mundo, o las leyes sociales, o los principios islámicos y la educación.

Y como reacción a la “lentitud” de este grupo, aparece un segundo que se mueve demasiado rápido y cae en consecuencia en el exceso. Estos son los que prestan más atención a las cuestiones sociales, lo cual es algo valioso, pero ignoran por completo los actos de devoción. Me he encontrado con gente que puede perfectamente cumplir con la obligación religiosa de la peregrinación, pero no lo hace[3]. E incluso desatienden las oraciones obligatorias, y no les importa el tema de la imitación de muytahid sabio en las cuestiones de la fe y la religión. Opinan que los problemas vinculados con los actos de devoción deben ser resueltos por uno mismo, sin la necesidad de la guía de otros. Así, cada uno asume ser un experto en cuestiones religiosas o en jurisprudencia islámica. Cada uno es como si se convirtiera así en su propio médico y ya no tiene necesidad de consultar a un doctor o un especialista. Hay algunos que son negligentes en la realización del ayuno, y en observar sus condiciones cuando se está de viaje o de residencia, y que no creen en la necesidad de realizar compensaciones por los actos de devoción no cumplidos en tiempo y forma[4].

Ambos grupos se consideran a sí mismos musulmanes, pero no lo son totalmente. El Islam condena claramente aquello de tomar una parte y dejar otra, cuando anatemiza el Sagrado Corán la afirmación de algunos hipócritas: “Creemos en una parte y rechazamos otra” (4:150). No se puede aceptar la devoción unida al rechazo de ciertas obligaciones morales o sociales, o viceversa. Ustedes pueden ver, por ejemplo, que casi en todo lugar donde el Sagrado Corán ordena “haced la oración” añade inmediatamente a continuación “y pagad la zakat (caridad o impuesto para purificar la riqueza)”. La primera disposición (es decir la oración) concierne a la relación de la criatura con Dios, y la segunda muestra la relación entre una criatura y los demás (la zakat o caridad). Así un musulmán tiene permanentemente una responsabilidad doble: Hacia Dios por una parte, y hacia los seres humanos y su sociedad por otra. Ninguna sociedad islámica puede construirse sin devoción, oración, ayuno y recuerdo de Dios. Y de la misma forma, ninguna sociedad piadosa puede existir verdaderamente sin ordenar el bien y vedar el mal y sin relaciones amables entre los individuos, aunque cada persona sea piadosa.

Vemos en ‘Alí al más piadoso de los hombres, al punto que sus actos de devoción son proverbiales. Una devoción que él iba acompañada de temor de Dios, amor y lágrimas. Después de su muerte un hombre llamado Zirar, compañero y discípulo suyo, se encontró con Mu‘auiah quien le pidió que le describiera a ‘Alí (P). Dijo entonces Zirar: “Cierta noche lo ví en su retiro especial entregado a la devoción y la oración. Temblaba por el temor de Dios como un hombre picado por una serpiente, y sollozaba con profunda tristeza diciendo: ‘¡Oh, el fuego del Infierno!’”. Se dice que Mu‘auiah lloró al escuchar esto.

Después de la muerte de ‘Alí (P), Mu‘auiah se encontró con Adas ibn Hatam y trató de provocarlo en contra del Imam, y lo hizo preguntándole por sus tres hijos que habían muerto luchando contra ‘Alí. Deseaba escuchar de Adas una maldición contra el Imam, y por ello le preguntó: “¿Fue digno de él privarte de tus tres hijos, mientras ponía a salvo a los suyos del rigor de la batalla?” A lo que Adas respondió: “Yo fui el infiel con él. No debería estar vivo mientras él se encuentra en su tumba bajo tierra”. Viendo frustrada su intención, Mu‘auiah le solicitó entonces Adas que le describiera a ‘Alí. Este lo hizo y cuando finalizó la narración, notó que las lágrimas fluían entre la barba de Mu‘auiah, quien mientras se secaba con la manga decía: “¡Qué va! El tiempo es demasiado estéril para producir otro hombre como ‘Alí”. Ya ven ustedes como la verdad sale a la luz por sí misma.

Pero, ¿fue ‘Alí solamente un hombre piadoso, siempre en la mezquita? No. Lo vemos además como el hombre más preocupado por los asuntos sociales, como una persona siempre bien al tanto de la situación de los pobres y los desamparados, así como de todos aquellos que le hacían llegar su queja. Aunque era el califa, caminaba entre la gente, recorría los mercados, se interiorizaba de los asuntos de todos. Cierta vez se encontró con unos mercaderes y les gritó: “Id primero, y aprended las disposiciones islámicas sobre el comercio”. En otras palabras, que antes de ocuparse del comercio ellos debían conocer las disposiciones divinas que lo regulan, y que establecen lo que es lícito e ilícito en esta actividad. Se narra también que acostumbraba decir algo a quien le pedía una limosna, cuando veía que esa persona era capaz de trabajar y en cambio había elegido mendigar como actividad. Le decía: “Sigue tu honor y dignidad”. Porque el trabajo es honor y dignidad.

‘Alí es entonces el ejemplo de un verdadero musulmán: piadoso en la devoción, un juez justo en la corte, un bravo y valiente soldado y comandante en el campo de batalla, un profundo, sabio y elocuente orador en el púlpito de la mezquita, notable maestro dando cátedra, y un ejemplo maravilloso en toda actividad y momento.

El Islam jamás ha aprobado una aceptación a medias de sus disposiciones y leyes, tomando unas y dejando otras. Este es un camino erróneo que han tomado algunos ascetas que consideran que el Islam se compone únicamente de plegarias; y también es el error de aquellos que desatienden totalmente y niegan la devoción y su importancia.

Dice el Sagrado Corán: “Muhammad es el Mensajero de Dios y quienes están con él son tenaces contra los impíos y compasivos entre sí.” (48:29). En este versículo se retratan fielmente las características de una comunidad islámica. En la primera parte se destaca la importancia de la fe y de seguir al Profeta (BPD), y en la segunda la cuestión de permanecer firmes contra los impíos. En suma, esos aparentes devotos que hacen de la mezquita su hogar y que no dicen ninguna palabra cuando son empujados por un soldado, no son musulmanes. La cualidad más importante de un musulmán según el Sagrado Corán es mostrar firmeza y fortaleza contra el enemigo.

Dice el Sagrado Corán: “No os desaniméis ni os aflijáis, ya que seréis vosotros los que prevaleceréis si sois creyentes” (3:13). El Islam no permite la debilidad en la religión. Will Durant dice en su Historia de la Civilización que ninguna religión excepto el Islam solicita de sus seguidores que sean tan fuertes y firmes.

Inclinar el cuello con impotencia, vestirse pobremente y de una manera sucia, caminar con lasitud y pretendiendo ser indiferente y estar lejos de todo lo que lo rodea y suspirar y gemir, todo eso es contrario al Islam. Dice el Sagrado Corán: “Y en cuanto a las mercedes (que has recibido) de tu Señor, ¡anúncialas!” (93:11). Dios nos ha dado bendiciones como salud y fuerza. ¿Por qué entonces debemos mostrarnos desvalidos? Eso es ingratitud. ‘Alí (P), con él sea la paz, jamás fue un hombre así. El se plantó firme y hábilmente contra los enemigos.

¿Y qué hay acerca de ser amable y compasivo con los demás? Encontramos a veces a algunos de esos devotos que jamás son amables y que por lo general son insociables y hoscos. Jamás ríen y rara vez sonríen, como si toda la humanidad estuviera en deuda con ellos, quienes encima suponen estar firmemente de acuerdo con el Islam. ¿Es suficiente con ser firmes contra los enemigos y amables y compasivos con los musulmanes? La respuesta es no. Pues el pasaje antes citado sigue diciendo: “Los verás inclinados y prosternados, procurando el Favor de Dios y Su Complacencia. Tienen la marca sobre sus rostros como señal de la prosternación” (48:29). Y esto habla a las claras de que quienes tienen esa tenacidad contra la impiedad y compasividad con los creyentes, también son gente de oración, a la que se entregan tan profundamente y con tanto ahínco que puede apreciarse en sus rostros el signo de su virtud y devoción.

Narró el Profeta (BPD) que los discípulos (apóstoles) de Jesús le preguntaron a quién debían frecuentar, y él respondió: “Sentáos con aquellos que, al mirarlos, os recuerden a Dios, y que al escuchar sus palabras se incremente vuestro conocimiento, y cuya conducta os persuada de hacer el bien”. El versículo anterior continúa: “Tal es su ejemplo en la Torá y en el Evangelio, como el de una semilla que (germinando) se yergue firme sobre tallo para maravilla del sembrador y para envidia de los impíos” (48:29).

Una nación, una comunidad que posea todos los atributos aquí mencionados, será sin duda notable. Ahora, díganme, ¿por qué se han vuelto los musulmanes tan decadentes, dóciles y miserables? ¿Cuáles de las cualidades mencionadas en estos versículos poseemos realmente? ¿Qué debemos esperar? Aunque admitamos que el Islam es una doctrina social, ¿por qué debemos menospreciar la adoración, la oración y la comunión con Dios? Y les aseguro que tomar la oración a la ligera es una falta tan grave como ignorarla.

Cuando murió el Imam Ya‘far As-Sadiq (P), la paz sea con él, Abu Bassir fue a ofrecerles sus condolencias a Umm Al-Hanida. Esta última lloró y así lo hizo también el visitante. Umm Al-Hanida entonces le narró lo que había ocurrido en los últimos momentos de la vida del Imam. Le dijo que él había entrado en un trance y que entonces abrió los ojos y pidió que todos sus parientes estuvieran presentes. Cuando todos se hubieron reunido allí, el Imam les dirigió la siguiente recomendación y luego murió: “Aquellos que tomen la oración a la ligera, jamás tendrán nuestra intercesión”. Observen que él no habló de aquellos que ignoran en absoluto las oraciones, pues la consecuencia de ello es obvio. ¿Qué significa tomar las plegarias a la ligera? significa que a pesar de tener tiempo y oportunidad, uno las pospone hasta el tiempo justo que resta para hacerlas, por lo cual las realiza apresuradamente y sin atención. Sin tener la mente con la suficiente tranquilidad y concentración antes de realizar la oración.

La experiencia muestra que en una casa donde las oraciones prescriptas se realizan a la ligera, sus moradores no muestran interés por orar, o por hacerlo debidamente. Uno debiera reservar un sitio en la casa dedicado a los actos de devoción como la oración, o si es posible una habitación especial separada para tal fin; y entrar a allí con la ablución, sin apuro, y extender una alfombra limpia, y acompañar todos los actos preliminares con el recuerdo de Dios. ‘Alí, con él sea la Paz, comenzaba diciendo: “En el Nombre de Dios y con Dios. ¡Dios mío, hazme de los arrepentidos y hazme de los purificados”.

(ver la continuacón en archivo pdf)

 

 

 

Fuente: DISCURSOS ESPIRITUALES

Conferencias sobre la dimensión espiritual del Islam

Editorial Elhame Shargh

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[1] Las tradiciones del Profeta del Islam y de los Imames se han sometido en todas las épocas a un examen crítico exhaustivo. Es sabido que se introdujeron algunas tradiciones falsas, y entre ellas algunas fabricadas con lo que podría llamarse buena intención, para inducir a la gente la devoción, o a la lectura del Corán o a alguna de las virtudes éticas. Esto es un hecho comprobado. Pero hay tradiciones que son muy firmes y seguras, como el caso del famoso dicho “La oración es el pilar de la religión”. (Nota del Traductor al español)

[2] Alí (P) debió librar durante su califato distintas batallas contra grupos de musulmanes que, sea por ambición y codicia del mundo, o por fanatismo religioso, o por simple afán de poder, se le opusieron y sembraron el desorden en la comunidad islámica. Tal el caso de Mu‘auiah que se apoderó de Siria y no lo reconoció como califa y lo acusó falsamente, o de Talhah y Zubair que se alzaron con pretensiones al califato, o de los jariyitas, un grupo extremista que creía poseer toda la verdad sobre la religión. (Nota del Traductor al español)

[3] La peregrinación a La Meca es una obligación religiosa al menos una vez en la vida, si la persona tiene los medios económicos y de salud para emprenderla. Estando en condiciones de hacerla, es conveniente realizarla cuanto antes. (Nota del Traductor al español)

[4] Este párrafo se refiere a varias cuestiones de índole práctica en el Islam. Todo musulmán debe elegir a un especialista a quien consultar y seguir en lo atinente a sus obligaciones religiosas, a menos que el mismo sea un especialista en el tema. Tiene obligación además de seguir al especialista o faqíh más sabio. El ayuno del mes de Ramadán es obligatorio, pero debe interrumpirse estando de viaje bajo ciertas condiciones. En cuanto a los actos de devoción no realizados (oraciones, ayunos u otros), deben compensarse según una manera estipulada. (Nota del Traductor al español)

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devoción,oración,islam,profeta,salat,doctrina islámica,Dios,Islam,creencia islámica
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Autor
Prof. M. Mutahhari
Tema
Oración-Súplica
Publicado
Sun, 28 Jul 2019 - 07:30
By admin , 11 July 2019

Recomendaciones del Imam Sadiq (P) para el viaje místico hacia Dios (narraciones de Inwan Basri)

Recomendaciones del Imam Sadiq(a.s.) para ti (narraciones de Inwan Basri)

Tomado de Ar-Rashad

Traducción: Abu Hasan Ali / Fundación Islámica Kauzar

El difunto Ayatolá Qazi (ra) solía recomendar esta narración a sus estudiantes quienes buscaban el viaje místico hacia Dios Todopoderoso. También les pedía que la escribieran y la mantuvieran en sus bolsillos y la leyeran dos veces a la semana. Consideraba esta tradición como el mejor tratamiento para los deseos momentáneos, la lujuria y la ira, el rencor, la envidia y la gratificación en los placeres sensuales.

Después de haber explicado detalladamente las ideas fundamentales del aprendizaje y la educación, el Imam Yafar Sadiq(as) le hace unas recomendaciones a aquellos que están en la búsqueda del Camino Recto.

¿Cuáles crees que son? ¿Has escuchado alguna vez acerca de “La Narración de Inwan al-Basri? Sin embargo, el maestro de Alamah Tabatabai (El Autor de la majestuosa obra de Tafsir Coránico al-Mizan), el Ayatolá Seyyid Ali Qazi Tabatabai (que sus almas sean bendecidas), se rehusó a enseñar la Moral Islámica Practica a algunos de sus nuevos estudiantes a menos que manifestaran el comprometerse con este hadiz. La siguiente es una traducción al Español de “La Narración de Inwan al-Basri”.

Inwan al Basri dijo: “A mis 94 años de edad visité a Malik ibn Anas con frecuencia durante varios años. Cuando el Imam Yafar Sadiq(as) se trasladó a Medina, comencé a visitarlo con frecuencia y deseaba aprender de él de la misma manera en que había aprendido de Malik. Un día me dijo que tenía que hacer algunas cosas y realizar muchas oraciones y letanías durante el día y la noche, fue así como me pidió que lo dejara solo y me pidió que  siguiera aprendiendo de Malik como lo había hecho hasta ese momento. Me dije a mi mismo, si el Imam Sadiq(as) hubiera notado algún bien en mí, no me habría hecho a un lado. Luego  fui a la Mezquita del Profeta lleno de preocupación. Regresé al día siguiente a la Mezquita donde realicé una oración de dos ciclos y le pedí a Dios (Allah): “O Dios, O Dios, te pido que ablandes el corazón del Imam Sadiq hacia mi y me otorgue de su conocimiento, el cual puede guiarme a Tu Camino Recto”. Con tristeza regresé a casa y decidí no visitar a Malik puesto que mi corazón estaba lleno de amor por el Imam Sadiq(as). No salí de mi casa sino para realizar mis oraciones hasta que mi paciencia llegó a su fin. Cuando ya no aguanté más, me coloqué mis sandalias y salí de la casa rumbo hacia el Imam Sadiq(as). Cuando llegué a su casa toqué a su puerta. Unos minutos después su sirviente abrió la puerta y dijo: ¿En qué puedo ayudarte?

Le pedí que le informara al Imam Sadiq (as) de mi visita.

“El Imam (as) se encuentra realizando sus oraciones”, dijo su sirviente.

Me senté en la puerta y luego de algunos minutos el sirviente regresó y me dijo que entrara con la bendición de Dios. Entré y salude al Imam Sadiq (as). Por un instante miró hacia el piso y luego levantando su mirada me preguntó: ¿Cuál es tu nombre?, “Abu Abdullah”, respondí.

“Que Allah te de una descendencia firme y Te conceda el éxito”, dijo el Imam(as).  “¿Cuál es tu pregunta, Abu Abdullah?”. Me dije a mi mismo si no obtengo nada mas en esta visita que esta suplica y saludo, bastara con eso. Levantando su mirada de nuevo preguntó, “¿Cuál es tu pregunta?”.

“Le pedí a Dios que tú te compadecieras de mí y me dieras de tu conocimiento. Ahora espero que  haya respondido mi suplica”, le dije. El Imam dijo: “El conocimiento no puede, como tú piensas alcanzarse por medio del aprendizaje, en otras palabras, es una luz que se deposita en el corazón de aquel a quien Dios quiere guiar. Si vas detrás del conocimiento, entonces busca la verdadera devoción hacia Dios dentro de ti mismo, busca el conocimiento en la paciencia y pídele a Dios que te conceda la capacidad de entendimiento, de tal forma que seas capaz de comprender”.

Dije: “O noble”, él dijo: “O Abu Abdullah”, le pregunté; “¿Cuál es la verdadera piedad?”.

El Imam respondió: “Consiste de tres cosas: el siervo no debe considerarse a si mismo como el poseedor genuino de lo que Dios le ha concedido. Porque los siervos no poseen nada, y saben que la riqueza pertenece a Dios solamente, por lo tanto debe gastarse en lo que Dios ha ordenado. Los siervos no deben confiar sus asuntos a si mismos y deben colocar toda su atención en obedecer las órdenes de Dios con respecto a lo que debe hacer y lo que no debe hacer. De aquí que cuando un siervo no se considera a si mismo como el verdadero dueño de lo que se le ha conferido, será fácil para ‘el gastarlo en lo que su Amo, Dios ha ordenado, y cuando el siervo confía sus asuntos al Todopoderoso, la divina providencia, le será fácil soportar las desgracias de este mundo y cuando el siervo coloca toda su atención en las ordenes de Dios con respecto a lo permitido y lo prohibido, no desperdiciará tiempo en la vanagloria y la competencia. Si Dios favorece al siervo con estas tres cosas, será fácil para el manejar este mundo, a Satanás y a toda la creación. No buscará bonanza en este mundo, y abandonará la jactancia No buscará el poder ni la superioridad por encima de los demás, y no dejará que sus días pasen vanamente. Este es el primer paso hacia la piedad. Dios Todopoderoso dice: “Esta será la morada eterna la cual Hemos reservado para aquellos que no son arrogantes o corruptores sobre la tierra, y el final feliz es solo para los piadosos”

“O Aba Abdullah, ¿me aconsejaras? El Imam(as) me dijo: “Preocúpate por nueve cosas, que son mi consejo para los viajeros espirituales en el camino hacia Dios, y le pido a Dios que te conceda el éxito poniéndolas en práctica. Tres se relacionan con la disciplina espiritual, tres con la paciencia, y tres con el conocimiento. Recuérdalas siempre y nunca las descuides”

Me serené  y lo escuché bien y con atención, dijo Inwan. El Imam Sadiq(as) dijo: “Las que conciernen a la disciplina espiritual son: Nunca comas si no tienes apetito, porque es la causa de la estupidez, y no comas a menos que tengas hambre y come lo que es halal, e invoca el nombre de Dios y recuerda la sunnah del Profeta, “La peor vasija llena en los seres humanos es el estómago. Si ves que tienes hambre, deja un tercio de tu  estomago para el alimento, un tercio para el agua y otro tercio para la respiración. Aquellas relacionadas con la paciencia son: si alguien te dice: si dices una palabra oirás diez, contesta: si tú dices diez de mi no oirás ninguna, cuando alguien te insulta, dile: Si dices lo correcto, le pido a Dios que me perdone, y si no es así, le pido entonces que te perdone y cuando alguien diga que te tratara mal, devuélvele un consejo y trátalo bien. Aquellas cosas relacionadas  con el conocimiento son: Pregúntale a quienes tienen el conocimiento por las cosas sobre las cuales tu posees poco o ningún conocimiento y nunca hagas una pregunta por fastidiar o por probar el conocimiento de los demás, nunca confíes en tu propia opinión, recurre a la precaución lo que más puedas y húyele a la opinión personal en los temas religiosos así como huyes de un león y no dejes que tu cuello sea el puente para otras personas. O Aba Abdullah, levántate y déjame solo. No hagas que se echen a perder mis letanías puesto que soy muy cuidadoso con el tiempo. Y la paz sea con aquellos que siguen el Camino  Recto.

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Autor
Anónimo
Tema
Oración-Súplica
Corán-Hadiz-Dichos
Publicado
Mon, 6 May 2024 - 06:30
By admin , 22 October 2018

El adab de la Oración (La actitud ante la oración)

El adab de la Oración

(La actitud ante la oración)

Ruh ul-lah al-Musawi al-Jomeini (r.a.)

Traducción del persa: Yafar González

Toma’nînah (Tranquilidad interior)

Uno de los aspectos importantes a observar en la adoración, especialmente en aquellas formas de adoración que tienen que ver con el recuerdo de Al.lah, es Toma’nînah,(tranquilidad). Pero esta tranquilidad no es la que los doctores de la ley (fuqahâ) (que Al.lah esté complacido con todos ellos) consideran necesaria al rezar.

Consiste en que el sálik (viajero espiritual) realice su adoración con un corazón en calma y certeza en su mente, ya que si la adoración se realiza con el corazón afectado por un estado de ansiedad e inquietud, este no se beneficiará de tal adoración y los efectos de tal tipo de adoración no dejarán huella en el corazón y la práctica de la adoración no generará una imagen interna en el corazón.

Uno de los efectos que produce la repetición de los actos de adoración y el incremento del recuerdo de Al.lah y de las súplicas es el de provocar en el corazón un estado de actividad espiritual que, poco a poco hace que el corazón del sálik se identifique con la verdad inherente en la adoración y el recuerdo, hasta hacerse uno con ellas. Mientras el corazón no adquiere certeza, reposo, tranquilidad interior (Toma’nînah) y gravedad, el recuerdo y la práctica espiritual no producen su efecto y no van más allá de una manifestación exterior y puramente física, sin afectar al mundo interior del espíritu y no consiguen provocar placer al corazón ni la satisfacción que reside en la verdad esencial de la adoración. Este es un asunto tan evidente que no necesita de mayor explicación y con un poco de reflexión se puede percibir claramente. Si la adoración fuera de tal clase que el corazón no llegara a percibir tales estados de ninguna manera y no tuviera efecto alguno en el interior de la persona, eso afectará otros aspectos del individuo y no le permitirá ascender del reino de lo material al reino de la espiritualidad y es posible que, en el difícil momento de la muerte y en los estados y dificultades posteriores a ella, todos los aspectos de su adoración desaparezcan y queden destruidos de las páginas de su corazón, Dios no lo quiera, y la persona se encuentre ante la Sagrada Presencia con las manos vacías. Por ejemplo, si alguien pronuncia las sagradas palabras «La ilaha il lal lah, muhammadar rasul lul lah» (No hay mas Dios que Al.lah, Muhammad es el Mensajero de Al.lah) la paz y las bendiciones de Al.lah sean con él y con su familia purificada, con un corazón atento y con certeza interior y enseña a su corazón este noble dikr (recuerdo), poco a poco la lengua de su corazón se desbloqueará y la lengua de su boca será el reflejo de lo que pronuncie su corazón y, de esa manera, primero será el corazón el que evoque el recuerdo y la lengua irá tras él. Dijo el Imam Yafar as-Sádiq (P), tal como podemos leer en la obra Misbah ush-Sharì’ah (La lámpara de la Ley): Fay’al qalbaka qiblatan li lisánika. Lá tuhar.rik hu il.la bi isháratil qalbi wa muwafáqatil ‘aqli wa ridail imán «Haz que tu corazón sea la referencia (qiblah) de tu lengua. No la muevas excepto por indicación del corazón, conformidad de la razón y el beneplácito de la fe.»

Mientras la lengua del corazón no aprenda a hablar, el sálik en camino a la otra vida, deberá dedicarse a educarle por medio de la tranquilidad y el reposo interior (Toma’nînah) que procura el dikr. Cuando la lengua del corazón se desbloquee, el corazón se convertirá en la referencia que oriente su lengua física y el resto de los órganos de su cuerpo. Cuando el corazón inicie el recuerdo de Al.lah, todo el ser de la persona se involucrará en el recuerdo. Pero, si este noble recuerdo se realiza sin tranquilidad y reposo del corazón (Toma’nînah), prisas, agitación interior y alteración de los sentidos, no ejerce efecto alguno sobre el corazón y no pasa de la lengua y del oído físicos y exteriores y no es capaz de llegar al interior del la persona y su verdad inherente no impregna el corazón y no consigue producir una imagen o reflejo de plenitud en él y, por tanto, no establece en el corazón una imagen perfecta y permanente. Así pues, cuando sobrevienen estados de dificultad, especialmente

las dificultades y agonía propias de la muerte, el corazón se olvida de aferrarse al noble recuerdo de Al.lah y éste desaparece de su registro interior y llegan a olvidarse incluso el nombre de la Verdad Altísima y del Sello de los Profetas (BP), el noble Din del Islam, el sagrado Libro divino y los Imames de la Guía (P) y el resto de las enseñanzas que no llegaron al corazón; de esa manera, cuando llega el momento de ser interrogado en la tumba, no se puede responder ya que no se encontrará en el interior rastro alguno de la verdad del Señorío Divino (Rubûbiiah), ni de la profecía, ni de las verdades espirituales y aquello que solía repetir con su lengua, pero que no dejó impresa su huella en el corazón, desaparecerá de su memoria. Leemos en un hadiz que un grupo de la comunidad del Más Noble Mensajero de los que entrarán en el fuego, olvidarán el nombre del Profeta (BP) al contemplar el impresionante aspecto del Ángel Guardián del Infierno, a pesar de que en el mismo hadiz se dice que son gente de fe y que sus corazones y su rostros resplandecen con la luz de su fe.(1) El noble narrador de hadices, el fallecido Maylisi, la misericordia de Al.lah sea con él, en su obra Mir’at ul-Uqûl, al comentar el noble hadiz: Kuntu sam’a hu wa basara hu... (Soy sus oidos y su vista..) Dice: «Quien no pone sus ojos y sus oídos y el resto de sus miembros a disposición de la Verdad Altísima, no posee ojos y oídos en su espíritu y sus ojos y oídos corporales no llegarán al otro mundo y en la tumba y en la Resurrección no poseerá ojos ni oídos y la balanza en la que se pesan las preguntas y respuestas de la tumba son precisamente estos miembros  espirituales.»(2)

En resumen, existen muchos nobles hadices de este tipo, acerca de la tranquilidad interior y sus efectos y el noble Corán nos ordena su recitación y lectura continua. En un noble hadiz leemos: «Quien olvida una surah del noble Corán vera aparecérsele esta surah en el Paraíso con un bellísimo aspecto. El le preguntará: -¿Quién eres? ¡Que hermosa eres! ¡Ojalá fueses mía! Y ella le responderá: - Soy tal surah. Si no me hubieses olvidado, te habría transportado a esta elevada posición ».(3) Y, otro hadiz dice: «Quien lee el Corán en su juventud, éste se hace uno con su sangre y su carne». (4)

Y esto es debido a que el corazón de un joven está menos saturado y oscurecido y por ello es más fácil llegar a él y rápido el efecto que la lectura del Corán tiene en él y sus efectos son mucho más permanentes. Y sobre este tema existen muchos hadices que recordaremos en el capítulo dedicado a «la recitación», si Dios quiere. En un noble hadiz leemos: «No hay nada que Al.lah ame más que los actos que se realizan con perseverancia, por muy pequeños e insignificantes que sean».(5) Y es posible que la grandeza de ello resida en el hecho de que estos actos conforman la imagen interior del corazón, tal como se ha mencionado.

NOTAS:

1) ‘Ilm ul Iaqín, t. II, pág. 1039

2) Mira’at ul-Uqûl, t.X, pág. 392

3) Usul ul-Kafi, t.IV,pág. 410, Libro de Los Beneficios del Corán, cap. «Quien memoriza el Corán y luego lo olvida»

4) Usul ul-Kafi, t.IV, pág 405, Libro de los beneficios del Corán. Cap. Los beneficios de memorizar el Corán, hadiz 4.

5) Usul ul-Kafi, t.III, pág137, Libro del Imam y el Kufr, Cap. Al Iqtisod fil ‘Ibâdah. Hadiz 2.

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Autor
Ayatola Imam Jomeini
Tema
Filosofía-Gnosis
Oración-Súplica
Publicado
Mon, 22 Oct 2018 - 11:14
By admin , 16 October 2018

Lavado de los pies durante la ablución, wudu- (diferencias en la práctica de Salat entre las escuelas shia y sunna)

Diferencias en la práctica de Salat entre las escuelas shia y sunna

Lavado de los pies durante la ablución (wudu)

Por Sayed Mustafá Qazwini

Los seguidores de Ahlul Bayt cumplen con lo que el sagrado Corán les enseña a hacer durante el Wudu (ablución) con respecto a frotarlos, en lugar de lavarlos. El sagrado Corán ordena:

يَآ أَيُّهَا الَّذِينَ ءَامَنُوا إِذَا قُمْتُمْ إِلَى الصَّلاَةِ فَاغْسِلُوا وُجُوهَكُمْ وَأَيْدِيَكُمْ إِلَى الْمَرَافِقِ وَامْسَحُوا بِرُؤُوسِكُمْ وَأَرْجُلَكُمْ إِلَى الْكَعْبَيْنِ

“¡Oh, los que creéis! Cuando os pongáis en pie para la oración, lavad vuestra cara y vuestras manos hasta los codos y pasad la mano húmeda por vuestras cabezas y por vuestros pies hasta los empeines.”[1]

Quienes lavan sus pies durante el Wudu argumentan que “vuestros pies” en el sagrado Corán está ligado al lavado de la cara, mientras que los seguidores de Ahlul Bayt argumentan que “vuestros pies” está relacionado al frote de la cabeza; por consiguiente, ésta debe ser frotada y no lavada.

En apoyo de esta última opinión, Ibn ´Abbas narra acerca del Profeta, que ellos frotaban sus pies durante la época del Profeta.[2] Indudablemente, todos los musulmanes de la época del Profeta realizaban el Wudu (ablución) de la misma forma. No había desacuerdo entre ellos pues el Profeta de Al.lah estaba con ellos y todos los musulmanes solían consultar al Profeta acerca de sus diferencias, refiriéndose al Corán:

فَإِن تَنَازَعْتُمْ فِي شَيْءٍ فَرُدُّوهُ إِلَى اللَّهِ وَالرَّسُولِ إِن كُنْتُمْ تُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ وَالْيَومِ الاَخِرِ

“Y si discutís sobre algo, remitidlo a Dios y al mensajero si creéis en Dios y en el último día. Eso es un bien y la mejor solucion.”[3]

La misma situación tuvo lugar en tiempos del primer califa Abu Bakr (11-13H) y no diferían sobre la forma de hacer el Wudu. Fue similar en el periodo del segundo califa ‘Úmar ibn al-Jattab (13-23H), excepto por el hecho que permitió frotarse sobre los calcetines en lugar de sobre los pies como lo ordena el sagrado Corán (5:6). Sin embargo, las diferencias en cuanto a la forma de hacer el Wudu comenzaron en el periodo del tercer califa, ´Uzman ibn ‘Affan (23-35H). Fue en esta época cuando empezaron a lavar sus pies en lugar de frotarlos.[4] Al-Muttaqi al-Hindi, en su libro Kanz al-´Ummal[5] menciona que el tercer califa, Uzman ibn ‘Affan (durante su califato) fue el primero en diferir en la realización del Wudu. En Ṣaḥīḥ al-Muslim[6] y Kanz al-’Ummal,[7] ‘Uzman ibn Affan dice que durante su califato algunos de los compañeros del Profeta quienes realizaban su Wudu de una forma diferente de cómo lo realizaba él, le atribuían ésta práctica al Profeta. Más de veinte narraciones- todas narradas por el tercer califa-son acerca de su nueva forma de realizar el Wudu. Estas narraciones indican la penetración de un nuevo método.

Algunos historiadores musulmanes muy prominentes, tal como Ibn Abi al-Hadid al-Mu´tazili[8] se refiere a esta tendencia como algo nada nuevo en la práctica del tercer califa ya que éste se hizo famoso por sus numerosas innovaciones (dentro de la fe islámica). Hay un consenso casi total entre los historiadores musulmanes en que el tercer califa ‘Uzman fue asesinado por musulmanes revolucionarios en el año 35 de la hégira debido a cuestiones políticas y financieras. Sin embargo otros historiadores musulmanes interpretan las modificaciones del tercer califa como una desviación de la tradición del primero y segundo califa. La mayoría de los musulmanes durante su califato vieron al tercer califa como un seguidor del primero y segundo califa y un ejecutor de sus prácticas. Ya que el tercer califa fue testigo de numerosas modificaciones hechas durante el periodo del segundo califa y se vio a sí mismo en términos religiosos e intelectuales no menos que sus predecesores[9], entonces decidió alejarse de la política anterior y tener una opinión independiente con respecto a los diversos temas políticos, financieros y jurídicos, tales como el tema del lavado de los pies en el wudu.

Aunque algunas personas consideran hoy en día el lavado de los pies como una forma de llevar una mejor limpieza e higiene que el mero hecho de frotarlos; no obstante Al.lah Todo poderoso quien legisló todos los actos de adoración, incluyendo el Wudu, es más consciente de las ventajas y desventajas de lavar o frotar los pies. Se ha narrado que el Imam Ali ibn Abi Talib dijo:

“Si la religión se legislara según las opiniones de los seres humanos, entonces sería mucho mejor lavar la planta de los pies que frotar la parte superior. Pero yo vi al Mensajero de Al.lah frotando la parte superior de sus pies.”[10]

Fuente: Cuestionamientos acerca del Islam Shi’a; Editorial Elhame Shargh

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[1] Sagrado Corán, 5:6

[2] Ash-Shahristani, Wudu´ an-Nabi

[3] Sagrado Corán, 4:59

[4] Ṣaḥīḥ al-Bukhari, Vol. 1, 52; Ṣaḥīḥ Muslim, Vol. 1, 204

[5] Al-Muttaqi al-Hindi, Kanz al-´Ummal, Hadith 26890, Vol. 9, 443

[6] Ṣaḥīḥ Muslim, Vol. 1, 207-208

[7] Al-Muttaqi al-Hindi, Kanz al-Ummal, Hadith 26797, Vol. 9, 423

[8] Ibn Abi al-Hadid, Sharh Nahy al-Balagha, Vol. 1, 199-200

[9] Al-Tarikh, Vol. 4, 339

[10] Abu Shaybah, al-Musannaf, Hadith 6, Vol. 1, 30; Sunan Abi Dawud, Hadith 164, Vol. 1, 42

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Lavado de los pies durante la ablución (wudu), diferencia en la práctica de Salat entre shia y sunna.pdf (112.83 KB)
Autor
S. Mustafá Qazwini
Tema
Derecho
Historia-Biografía
Oración-Súplica
Corán-Hadiz-Dichos
Folletos para imprimir
Publicado
Sun, 29 May 2022 - 12:14

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