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Historia-Biografía

By admin , 15 January 2024

“Palestina, entre piedras y misiles” - Una reseña al texto de los investigadores bolivianos Sdenka Saavedra Alfaro y Roberto Chambi Calle

“Palestina, entre piedras y misiles”

Una reseña al texto de los investigadores bolivianos Sdenka Saavedra Alfaro y Roberto Chambi Calle

Por: Morteza Tafreshi Ph.D.

Ex Embajador de la R.I. de Irán en Bolivia

La formación de un estado sionista se colocó en la agenda de la política exterior británica a fines del siglo XIX, tomando como causas el colapso del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial y el establecimiento de los británicos en Palestina, que sirvieron de base para su implementación. En el año de 1917, Inglaterra anunció su apoyo al establecimiento del estado sionista en Palestina.

Con el apoyo de los británicos, una delegación sionista ingresó a Palestina quienes comenzaron a construir asentamientos mediante la compra de tierras, llegando a desplazar a decenas de miles de palestinos.

El 29 de noviembre de 1947, Naciones Unidas aprobó el plan de partición de Palestina en dos estados, uno árabe y el otro judío. En ese momento, los judíos constituían un tercio de la población y dominaban tan solo el 6% de la tierra palestina; sin embargo, el plan de la ONU les otorgaba el 55% del área de Palestina. Por ende, los palestinos y sus aliados árabes rechazaron el plan mencionado, pero el movimiento sionista estuvo de acuerdo con él desde un principio, porque este legitimaba la creación de un gobierno sionista en las tierras palestinas. Por supuesto, los sionistas no se detuvieron allí y ocuparon decenas de pueblos y aldeas palestinas en 1948 expulsando a los residentes originales.

El 14 de mayo de 1948, "Ben-Gurion", el jefe del Comité Ejecutivo de la Agencia Judía bajo los auspicios británicos, anunció oficialmente el establecimiento del estado sionista. En pocos minutos, las dos super potencias del mundo, Estados Unidos y la ex Unión Soviética, reconocieron el régimen de ocupación de Israel. El 14 de mayo de 1948 se llamó como el día del "Nakba".

El Nakba conmemora la deportación forzada y masiva de más de 750 mil palestinos de sus hogares y tierras. Este día también conmemora la masacre de al menos 10.000 palestinos en matanzas masivas por parte del régimen israelí.

Los proyectos del régimen sionista para la expulsión total de los palestinos de sus tierras continúan hasta el día de hoy con infanticidios, asesinatos diarios a la población civil, asedio, embargo de zonas, expulsión de sus hogares y viviendas, construcción de asentamientos ilegales; etc. Estos proyectos tienen el objetivo de destruir todos los símbolos y el patrimonio de Palestina, llevando al empeoramiento de las condiciones y al desplazamiento de más de 6 millones de palestinos.

Cabe decir que desde 1948 hasta 2016, la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobaron un total de 225 resoluciones válidas sobre la agresión sionista, la matanza del pueblo palestino y la construcción de asentamientos ilegales (en tierras palestinas sujetas a la Resolución 242 de noviembre de 1967, después de la guerra de los 6 días en junio de ese mismo año); resoluciones que el régimen sionista de Israel no ha obedecido ni una sola hasta el día de hoy. Lo que ha provocado la continua ocupación del régimen israelí, el aumento de las matanzas y el desplazamiento constante del pueblo palestino oprimido, con el apoyo de algunos países, especialmente de Estados Unidos, que fomenta los crímenes de guerra de este régimen, sumándose a ello el entendimiento de algunos países árabes con Israel y su traición a la Causa Palestina, con el silencio de la Comunidad Internacional.

Una de las manifestaciones más nefastas de la naturaleza de los países que apoyan a Israel es su actitud hipócrita y su doble moral hacia este régimen y el genocidio de la oprimida nación palestina. Es interesante saber que el motivo del ataque de Estados Unidos y sus socios a Irak en el asunto de la liberación de Kuwait fue precisamente por la desobediencia del gobierno de ese país a la resolución del Consejo de Seguridad, mientras que Israel ha sido el más desobediente a las resoluciones del Consejo de Seguridad.

El vergonzoso silencio de los defensores de los derechos humanos con respecto a la continua matanza de palestinos por parte de los sionistas es muy curioso.

Estados Unidos y sus aliados, sin tener en cuenta los derechos de los palestinos y en clara violación de las leyes y reglamentos internacionales y descuidando sus obligaciones, han presentado planes que están completamente en línea con la continuación de la ocupación israelí. El acuerdo del siglo y el Plan de Ibrahim fueron de este tipo. Estados Unidos incluso fue más allá y trasladó su embajada a Jerusalén y obligó a algunos países árabes a comprometerse y establecer relaciones con el régimen israelí.

Con la luz verde permanente de EE.UU. el régimen israelí, además de tener el arsenal nuclear más grande de Medio Oriente, que amenaza la paz y la estabilidad mundial, bombardea y sabotea instalaciones nucleares pacíficas de otros países en la región y el asesinato de sus científicos nucleares tienen una larga historia. Todas estas acciones van en contra de las leyes y regulaciones internacionales y pueden conducir a desastres humanos y ambientales generalizados.

Considerando todos los hechos relacionados con la cuestión palestina, lo necesario en un ambiente tan opresivo es la unidad y solidaridad del pueblo palestino y el apoyo de los pueblos libres del mundo a su causa hasta la liberación de esta tierra. Mantener vivo el Día Mundial de Al-Quds (que es el último viernes del mes sagrado de Ramadán de todos los años) como eje de la unidad del mundo islámico y mostrar la unidad e integridad de la comunidad islámica en el tema de Palestina y apoyar su causa debe ser la primera prioridad del mundo islámico y de los pueblos libres del mundo hasta que se levante la ocupación de las tierras palestinas.

Parece que la única forma de resolver el problema palestino es adoptar el camino más democrático, celebrando un referéndum en esta tierra después de la liberación de todos los prisioneros palestinos de las mazmorras del régimen del apartheid israelí y el regreso de todos los refugiados a su patria.

El pueblo palestino tiene identidad, originalidad y derecho a la soberanía sobre su tierra, y al igual que otras naciones del mundo, tiene derecho a la libre determinación. Por lo tanto, es necesario que las organizaciones e instituciones internacionales, las organizaciones no gubernamentales y las personas libres del mundo den pasos en esta dirección. Definitivamente se respetará el voto de la gente.

El presente libro de los escritores e investigadores bolivianos; Sdenka Saavedra Alfaro y Roberto Chambi Calle que estudia la problemática de Palestina a base de los principios del Derecho Internacional representa dentro de su género, una novedosa e inédita obra en la literatura del derecho internacional aplicado no sólo en Bolivia sino a nivel mundial, por lo que damos la bienvenida a la publicación del mismo.

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com ; Fundación Cultural Oriente

Palabras claves
Libro sobre Palestina,entre piedras y misiles,reseña al texto,investigadores bolivianos,Sdenka Saavedra Alfaro,Roberto Chambi Calle
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Palestina, entre piedras y misiles - Una reseña al texto de los investigadores bolivianos Sdenka Saavedra Alfaro y Roberto Chambi Calle.pdf (151.8 KB)
Autor
Anónimo
Tema
Política-Economía
Historia-Biografía
Publicado
Mon, 15 Jan 2024 - 08:40
By admin , 10 January 2024

Y entonces fui guiado - Una invitación a los amigos para investigar acerca del Islam

“...Y entonces fui guiado”

Una invitación a los amigos para investigar

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

El cambio fue para mí, el comienzo de una felicidad espiritual, y sentí una paz interior y un gran regocijo por la madhhab de la verdad que descubrí, de la que sin lugar a dudas, se puede decir que es el Islam verdadero. Me sentí rebozar de una gran alegría, y orgulloso de mí mismo, por la guía y dirección que Allah me había otorgado.

No podía guardar silencio y ocultar lo que estaba sucediendo dentro de mí, y me dije: “Debo divulgar esta verdad a la gente”. «Habla sobre las gracias de tu Señor» (Sagrado Corán; 93:11). Esa es una de las gracias más grandes, si no la más grande de este mundo y de la otra vida. “El que calla la verdad es un demonio silencioso”, y “después de la verdad no hay nada sino extravío”.

Lo que me hizo convencerme de que yo debía difundir esta verdad fue la inocencia de la gente Sunni que ama al Mensajero de Allah y a Ahl-ul Bait. Todo lo que se necesitaba hacer era apartar ese velo que fue colocado por la historia sobre sus corazones, para que pudieran seguir la verdad, pues fue lo que me sucedió a mí personalmente.


Allah, el Altísimo, dice:

«Así fuisteis también vosotros en otro tiempo y Allah os agració...» (Sagrado Corán; 4:94)

Invité a cuatro de mis amigos de entre los profesores que enseñaban conmigo en el Instituto; dos de ellos enseñaban Educación Religiosa, el tercero enseñaba Árabe y el cuarto era profesor de Filosofía Islámica. Ninguno de los hombres era de Qafsa, sino de Túnez, de Yammal y de Susah.

Los invité a investigar conmigo este delicado tema, y les di a entender que yo no podía comprender el significado de ciertas cosas, y expresé alguna inquietud y duda sobre algunos asuntos. Aceptaron mi invitación y decidieron venir a mi casa después del trabajo.

Cuando llegaron, les hice leer Al-Muraya‘at, y les dije que su autor afirma muchas cosas extrañas y sorprendentes sobre la religión. El libro despertó el interés de tres de ellos; en cuanto al cuarto, el que enseñaba Árabe, nos abandonó después de cuatro o cinco encuentros diciendo: “¡Occidente ahora está conquistando la Luna y ustedes todavía están investigando el califato islámico!”.

Tan pronto como terminamos el libro, tras un mes, los tres fueron iluminados. Me esforcé mucho para que pudieran llegar a la verdad por los caminos más cortos que se me habían ideado a través de la amplia experiencia y conocimiento que adquirí durante mis años de investigación.

Comencé a saborear la dulzura de la guía y a tener un buen presagio sobre el futuro, y así frecuentemente invitaba a amigos de Qafsa y a quienes se relacionaban conmigo a través de las lecciones en la mezquita o mediante la afinidad que tenía con (la gente de) las órdenes sufis, además de algunos de mis alumnos que me frecuentaban.

Ni siquiera pasó un año, que, Alabado sea Allah, llegamos a formar un gran número, todos amigos de Ahl-ul Bait; quienes somos amigos de sus amigos y enemigos de sus enemigos, que nos alegramos en sus festividades y nos entristecemos y lamentamos durante ‘Ashura.

Mis primeras cartas que llevaban las noticias de mi esclarecimiento fueron enviadas al Saiid Al-Jo’i y al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, durante la festividad de Al-Gadir, que fue celebrada por primera vez en Qafsa. Todos llegaron a saber sobre mi conversión al Shi‘ismo y que yo estaba llamando a la gente a seguir a la Familia de la Casa del Profeta (BP), y toda clase de acusaciones y rumores comenzaron a circular por el país. Fui acusado de ser un espía israelí trabajando para hacer dudar a la gente de su religión, de maldecir a los Compañeros, de estar planeando causar disturbios entre la gente... y de otras cosas.

En la capital de Túnez visité a dos amigos, Rashid Al-Ghannushi y ‘Abudl Fattah Muru, quienes expresaron una dura oposición a mis ideas, y en una conversación que tuvo lugar en la casa de ‘Abdul Fattah, dije que, como musulmanes, debemos referirnos a nuestros libros y a nuestra historia, y les puse como ejemplo Sahih Al-Bujari, pues contiene cosas que ningún intelecto ni religión pueden aceptar.

Estallaron en cólera conmigo y dijeron: “¿Quién eres tú para criticar a Al-Bujari?”. Hice todo lo posible por persuadirlos para que adentraran en la investigación, pero se rehusaron diciendo: “Si tú te has vuelto un Shi‘a, no trates de convertirnos a nosotros, pues tenemos cosas más importantes que hacer, como enfrentar al gobierno que no trabaja de acuerdo al Islam”.

Yo les respondí: “¿Qué sentido tiene? Si ustedes llegan al poder, harán cosas peores que las que ellos están haciendo ahora, pues no conocen la realidad del Islam”. De ese modo, nuestro encuentro terminó en un estado de aversión mutuo.

Algunas personas de la Hermandad Musulmana dirigieron una campaña en nuestra contra, pues no estaban enteradas, en esa época, del Movimiento de Orientación Islámica, y comenzaron a difundir rumores entre sus filas sobre que yo era un agente del gobierno y que estaba estimulando a los musulmanes a dudar de su religión a fin de mantenerlos alejados del tema principal; es decir, sublevarse contra el gobierno.

Gradualmente la gente comenzó a hacerme sentir aislado, especialmente los miembros mas jóvenes de la Hermandad Musulmana y los Shaij que siguen las órdenes sufis. Experimentamos tiempos difíciles, viviendo como extraños en nuestras propias casas y entre nuestros hermanos y grupos familiares. Pero Allah -Glorificado sea- nos agració con quienes eran mejores que ellos, pues muchos jóvenes de varias ciudades vinieron a vernos para investigar la verdad, y yo traté de hacer todo lo posible por persuadirlos.

Como resultado, muchos jóvenes pudieron ver la luz; ellos eran de Túnez, de Kairawan, de Susah y de Saiidi Bu Zaid. Durante mi visita de verano a Irak, pasé por Europa y encontré amigos en Francia y Holanda y discutí el tema con ellos, y Alabado sea Allah, ellos también vieron la luz.

¡Qué inmensa fue mi alegría cuando encontré al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr en la Sagrada Nayaf! En su casa se encontraba una selección de gente sabia. Él me presentó a ellos como la semilla de la conversión al shi‘ismo de la Familia de la Casa del Profeta (BP) en Túnez. Además les contó que él había llorado cuando recibió mi primera tarjeta de felicitaciones (por ‘Id Al-Gadir), la cual llevaba las buenas noticias sobre que habíamos celebrado la festividad de Al-Gadir, y donde yo le contaba las dificultades que estábamos enfrentando, incluyendo los rumores maliciosos y el aislamiento.

El Saiid dijo: “Es inevitable atravesar por esas penurias, pues la senda de Ahl-ul Bait es dura y difícil. Un hombre fue una vez a ver al Profeta (BP) y le dijo: “Oh Mensajero de Allah ¡Yo te quiero ¡yo te quiero!”. Él (BP) respondió: “Entonces aguarda muchas aflicciones”. El hombre añadió: “¡Yo quiero a tu primo Ali!”. Él respondió: “Entonces aguarda muchos enemigos”. Después el hombre dijo: “¡Yo quiero a Al-Hasan y a Al-Husain!”. Él (BP) respondió: “Entonces prepárate para la pobreza y mucha desgracia”.

¿Qué hemos ofrecido nosotros por la causa de la justicia, por la que Abu ‘Abdullah Al-Husain (P) pagó con su vida y las vidas de los miembros de su familia, hijos y compañeros; y por la cual los Shi‘as a lo largo de la historia, han pagado y siguen pagando hasta el presente, como precio por su fidelidad a Ahl-ul Bait?

¡Oh hermano!, es inevitable que atravesemos dificultades y nos sacrifiquemos por la causa de la verdad. Si Allah guía a través tuyo a un sólo hombre hacia el sendero recto, será mejor para ti que el mundo entero y lo que hay en él”.

El Saiid As-Sadr además me aconsejó contra el aislamiento y me ordenó aproximarme aún más a mis hermanos Sunnis cada vez que ellos intenten alejarse de mí, y que rezara junto a ellos a fin de que no hubiera ruptura de relaciones, y que los considerara víctimas inocentes de la historia distorsionada y de la mala propaganda, pues la gente es enemiga de lo que ignora.

El Saiid Al-Jo’i también me aconsejó más o menos lo mismo. El Saiid Muhammad Ali At-Tabatabai Al-Hakim siempre nos enviaba cartas llenas de consejos que ejercieron una gran influencia sobre los hermanos que fueron iluminados con la guía.

Mis visitas a la Sagrada Ciudad de Nayaf y a su gente sabia se hicieron cada vez mas frecuentes, y me prometí pasar todas las vacaciones de verano cerca del Imam Ali (P) y atender las lecciones del Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, de las que me beneficié muchísimo. También me prometí visitar los Santuarios de los Imames de Ahl-ul Bait. Allah me concedió mi deseo, pues incluso pude visitar la tumba del Imam Ar-Rida (P), situada en Mashhad, Irán, cerca de los límites con la URSS. Allí encontré a algunos de los sabios más prominentes, de quienes saqué mucho provecho.

El Saiid Al-Jo’i, a quien seguíamos en nuestros asuntos religiosos, me dio permiso para utilizar el Jums y el Zaqat para ayudar a nuestro grupo, y para lo que pudiera necesitar en lo referente a libros, donaciones y muchas otras cosas. Además, pude establecer una biblioteca que contiene las más importantes referencias conectadas con la investigación y una recopilación de libros de ambas partes (Sunnis y Shi‘as). La llamé: “Biblioteca Ahl-ul Bait -con ellos sea la paz-” y benefició a muchas personas, Alabado sea Allah.

Quince años atrás, Allah duplicó mi alegría y regocijo cuando el Secretario General de la Municipalidad de Qafsa estuvo de acuerdo en nombrar a la calle donde yo vivo: “Calle Imam Ali ibn Abi Talib (P)”.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecerle por aquel honorable gesto, pues él es uno de los musulmanes activos y siente un gran respeto y cariño por la persona del Imam Ali (P). Yo le regalé el libro Al-Muraya‘at, del Saiid Sharaf-ud Din. Él frecuenta nuestro grupo y sentimos una gran simpatía, estima y respeto mutuo. Que Allah lo recompense de la mejor manera y que le conceda todo lo que desee.

Algunas personas malvadas trataron de quitar el letrero de la calle, pero todos sus intentos fueron en vano y Allah quiso que permaneciera donde está, y recibimos cartas desde todo el mundo en cuyos membretes se lee: “Calle Imam Ali ibn Abi Talib (P)”, cuyo honorable nombre bendijo nuestra noble ciudad.

Actuando según los consejos de los Imames de Ahl-ul Bait (P) y de los ‘Ulama de la Sagrada ciudad de Nayaf, nos acercamos a nuestros hermanos de las otras madhahib manteniendo nuestra relación por medio de las oraciones colectivas (Salat-ul Yama‘ah), las que rezamos juntos. De este modo, pudimos abrir los ojos de muchos jóvenes a través de sus preguntas sobre nuestras oraciones, ablución y creencias.

Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

Palabras claves
Y entonces fui guiado,investigar acerca del Islam,Islam chia,Islam sunna,Tijani
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Y entonces fui guiado - Una invitación a los amigos para investigar.pdf (222.34 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Historia-Biografía
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Wed, 10 Jan 2024 - 11:24
By admin , 10 January 2024

La Paz Sea Con Ibrahim (15) - Su manera de enseñar

La Paz Sea Con Ibrahim (15)

(Anecdotario de la Vida del Mártir Ibrahim Hadí)

Herido

Narrado por Morteza Parsayán y Alí Moqaddam

Todos los batallones avanzaron, nosotros debíamos atravesar los obstáculos y trincheras que encontrábamos, pero a medida que aclaraba nuestro trabajo se volvía más difícil.

Una parte era sobre todo muy complicada, era la zona cercana al puente Refayeh en la que había una trinchera desde donde un iraquí disparaba con una ametralladora muy potente, impidiéndonos avanzar. Nuestros intentos por neutralizarlo, resultaban inútiles.

Llamé a Ibrahim y le mostré el punto donde estaba instalado el tirador. Observó detenidamente y me dijo que la solución era acercarse y arrojar una granada a la trinchera. Después, me pidió dos granadas, se lanzó al suelo y empezó a avanzar arrastrándose hacia la trinchera.

Yo me fui detrás de él, me refugié en una de las trincheras; Ibrahim siguió avanzando. Lo observaba con nerviosismo, llegó a una trinchera desde donde podía ver muy bien al tirador, pero sucedió algo inesperado. En esa trinchera había un combatiente bastante joven de los basīŷ, muy afectado por el estrés de la guerra. Apuntó su rifle Kalashnikov contra el pecho de Ibrahim y le gritaba: ¡Te voy a matar iraquí!

Ibrahim levantó sus manos, no decía nada. A todos los que mirábamos la escena desde lejos se nos cortó la respiración. ¡No sabíamos qué hacer! Mientras tanto, el iraquí no dejaba de disparar.

Llegué arrastrándome —muy despacio— hasta la trinchera. Le rogaba a Dios que nos ayudase; le decía que en la noche no habíamos tenido mayores problemas pero que ahora no sabíamos qué hacer.

De repente Ibrahim le dio una bofetada al jovencito, le quitó el arma y lo abrazó. El joven reaccionó y se dio cuenta que Ibrahim no era un iraquí. Empezó a llorar. Ibrahim me llamó y me entregó al joven combatiente, diciéndome: «Es la primera vez que abofeteo a alguien; era necesario».

Después avanzó hacia su objetivo, y cuando estuvo en una buena posición arrojó la primera granada, pero no consiguió neutralizar al tirador. Entonces, salió de la trinchera y empezó a correr hacia donde estaba el iraquí y sin detenerse lanzó la segunda, y logró su cometido. Todos nuestros combatientes que seguían contemplando la escena gritaron «¡Al.lahu Akbar!». Se levantaron y vinieron hacia donde estábamos. ¡Yo estaba feliz y me les quedé viendo a todos!

De repente uno de los combatientes me hizo una señal, me di la vuelta y miré… ¡Me puse muy pálido y mi felicidad se esfumó!

Vi a Ibrahim en el suelo ensangrentado, dejé caer mi arma y corrí hacia él.

En el mismo momento de la explosión de la segunda granada, recibió un disparo en la mejilla que le atravesó la boca y otro en la parte trasera de su pie. Ya casi perdía el conocimiento, grité: ¡Ibrahim!

Con la colaboración de uno de los combatientes llevé a Ibrahim y a otros heridos a la unidad de atención médica militar en Dezful.

Ibrahim había participado en la última etapa de la operación, y en el momento de apoderarnos de las últimas trincheras del enemigo, había sido herido.

En el trayecto, yo no podía contener el llanto, no me sentía bien. Le pedía a Dios que no le fuese a pasar nada a Ibrahim. Estaba preocupado porque en la primera noche de la operación ya había perdido mucha sangre, y no sabía si resistiría a esta herida.

El médico de Dezful dijo que la bala que impactó el rostro de Ibrahim había atravesado de forma milagrosa su cuello sin causarle un daño grave, sin embargo la que hirió su pie «trituró» su talón, lo que le impedirá moverse como antes. Además tenía otra herida que le había abierto un costado del cuerpo —a la altura de las costillas— y sangraba mucho. Debido a eso Ibrahim debía ser trasladado cuanto antes a Teherán.

Ibrahim estuvo durante un mes completo en el Hospital Naymieh de Teherán, le realizaron varias cirugías, y le extrajeron algunas esquirlas de bala.

En una entrevista que le hicieron en el hospital, Ibrahim le dijo al periodista: «Aunque los combatientes padecieron durante varios meses en la preparación de la Operación Fath al-Mobín realizando diversas actividades como investigaciones, reconocimientos, etc., realmente debido a la ayuda de Dios no llegamos a hacer propiamente una operación sino apenas una marcha o manifestación en la cual nuestra consigna fue ''¡Oh Fátima az-Zahra!''. Entonces todo lo que obtuvimos fue por medio de ella.

Mientras íbamos de un lado al otro en el desierto todos estaban fatigados, yo me prosterné en el suelo y pedí la intercesión del Imam Mahdi, el Imam de la Época (que Dios apresure su aparición). Le imploré que nos mostrase el camino, cuando me levanté los chicos tenían una tranquilidad asombrosa. La mayoría había dormido, disfrutado de la brisa fresca.

Caminé sintiendo esa brisa, no había avanzado tanto cuando llegué a las trincheras que estaban alrededor de la base de la artillería».

 Al final cuando el periodista le preguntó si quería enviarle un mensaje a la gente, Ibrahim manifestó: «Nosotros estamos avergonzados ante este pueblo que se priva de parte de sus alimentos para enviarlos al frente de guerra, para nosotros los combatientes. Mi cuerpo debe ser despedazado hasta saldar esa deuda que tengo con la gente!».

Debido a que la bala le había deshecho el hueso del pie, Ibrahim no podía moverse como antes, al salir del hospital fue trasladado a su casa y estuvo alrededor de 6 meses lejos del frente de guerra. Pero durante ese tiempo no desatendió las actividades sociales ni religiosas con los jóvenes de la mezquita y de su barrio.

Entonando himnos sobre Ahl ul-Bayt (P)

Narrado por Amir Monyer y Yavad Shirazí

Durante la secundaria, Ibrahim y sus compañeros fundaron la Hey'at de Jóvenes de la Unidad Islámica, esto propició una más estrecha amistad y buenas obras entre ellos.

Muchas veces aconsejaba a sus amigos que para cuidar el espíritu religioso era necesario organizar hey'at que llevasen las enseñanzas islámicas a la práctica, y no sirviesen solo para pasar el rato.

Uno de sus amigos contaba: «Años después del martirio de Ibrahim yo estaba a cargo del área cultural de una mezquita de Teherán; un día me puse a reflexionar de qué forma poder llevar a cabo mi trabajo de la mejor manera.

Esa noche vi en sueños a Ibrahim, me dijo que reuniese a todos los chicos de la mezquita y que organizase una hey'at para involucrar a los chicos de las mezquitas en las actividades culturales y religiosas. Posteriormente, Ibrahim me explicó incluso la manera de llevar a cabo todo eso.

Hice lo que me aconsejó. Al principio no estaba seguro si tendría éxito, pero con el paso de los años aún continuo el trabajo de las reuniones semanales de las hey'at con los chicos».

Ibrahim primero atraía a los jóvenes a las instalaciones deportivas, después los llevaba a las mezquitas y hey'at. ¡Ese era el método que utilizaba! Él solía decir: «Cuando dejas a los chicos en manos del Imam Husein (P), ya no hay que preocuparse por nada, pues el mismo Imam (P) les ayudará y nos ayudará».

Ibrahim empezó a entonar himnos sobre Ahl ul-Bayt (P) en la época de secundaria. Cada semana lo hacía en la Hey'at de Jóvenes de la Unidad Islámica, acompañando al mártir Abdallah Mesgar.

Fue algo más que una simple hey'at porque tuvo una gran influencia doctrinal e incluso política en aquellos jóvenes.

Las actividades de esta hey'at incluían la invitación a grandes sabios religiosos como al.lamah Muhammad Taqí Ya'farí, el clérigo hach Nayafí y personalidades de la política, para que hablasen sobre diversos tópicos.

Es por ello que los agentes de la SAVAK tenían en la mira a esta hey'at, impidiendo algunas veces sus reuniones.

En esta misma hey'at fue que Ibrahim comenzó a entonar himnos sobre Ahl ul-Bayt (P).

En la época en que practicaba el deporte antiguo —antes y después de la Revolución— ya había desarrollado este talento. Él siempre decía: «Yo no entono himnos sobre Ahl ul-Bayt (P) para mostrarme ante los demás. ¡Lo hago solo por Dios!».

***

Un día, Ibrahim estaba sentado en la motocicleta cuando empezó —de manera muy hermosa y fervorosa— a entonar himnos sobre hazrat Fátima az-Zahra (P).

Le dije que me gustaría que entonase de la misma manera esos himnos en la hey'at, pero no aceptó, y me respondió: «Hay otros que pueden hacerlo, además mi voz no es mejor que la de ellos».

Yo aprendí de él que cualquier cosa que se haga por otro motivo que no sea el de agradar a Dios, no dura mucho. Ibrahim no necesitaba micrófono, altavoces ni efectos de sonido para entonar himnos sobre Ahl ul-Bayt (P), solo su voz.

Cuando participaba en las reuniones de golpes de pecho ceremoniales, lo hacía muy fervientemente, y solía decir: «Los miembros de Ahl ul-Bayt (P) dieron sus vidas por el Islam, nosotros debemos realizar muy bien esta ceremonia».

Siempre entonaba himnos sobre Ahl ul-Bayt (P), no importando si estaba en una boda o en una ceremonia de luto, es decir, en cualquier lugar donde sentía que era su obligación. Sin embargo, cuando veía que había otras personas que podían hacerlo, les pedía que ellas mismas lo hiciesen. Siempre intentaba aprender de los demás.

Ibrahim era la manifestación de estas palabras del Imam Rida (P):

«Quienquiera que llore por nuestros infortunios y haga que otros lloren, aunque sea una sola persona, obtendrá la recompensa de Dios; y si los ojos de una persona se llenan de lágrimas llorando por nuestros infortunios, Dios la levantará con nosotros».[1]

En las ceremonias del Imam Husein (P) alcanzaba un estado espiritual asombroso, que contagiaba a los demás que lo veían.

¡Para Ibrahim todo lugar en el que estaba era Kerbala y lo hacía sentir así! Su llanto y lamentaciones emocionaban mucho a los demás. Por ejemplo, una vez en el arbaín de 1361, Ibrahim estaba entonando himnos sobre hazrat Zainab (P) en la Hey'at de Amadores del Imam Husein (P), cuando de repente entró un estado asombroso y terminó desmayándose.

Sus amigos y compañeros no olvidamos ese día. Nunca hemos vuelto a ver algo así. Esa reunión sufrió una transformación gracias a Ibrahim. Él, también tenía opiniones interesantes sobre los himnos, decía: «La persona que se dedica a entonar himnos religiosos debe tener mucho cuidado de mantenerse dentro de los cánones porque no se puede decir cualquier cosa, pues hay que conservar el respeto a Ahl ul-Bayt (P). Así que quien no está preparado, es mejor que se abstenga de ello».

Ibrahim nunca se consideró a sí mismo como un «profesional de los himnos religiosos», pero cuando se dedicaba a ello, lograba tener un efecto extraño en su audiencia.

Otra de sus características era que siempre recordaba a los mártires y les dedicaba algunos de los himnos religiosos que preparaba especialmente para ellos, entre estos se destacaban dos en honor a los mártires Asghar Vesalí y Alí Qorbaní.

***

Era la noche de Tasu'a, en la mezquita se realizó una ceremonia esplendorosa de luto. Al inicio, Ibrahim se daba golpes fuertes en el pecho, después de un rato lo perdí de vista. Cuando lo volví a ver, estaba parado en un rincón muy oscuro dándose golpes suaves en el pecho.

La ceremonia se prolongó hasta la medianoche. En el momento de cenar todos querían sentarse cerca de Ibrahim. Le expresé mi complacencia por todos los detalles de la ceremonia. Ibrahim me miró atentamente, y después se les quedó viendo a los chicos, y dijo: «¡Conservad vuestro amor…, por vosotros mismos!».

Cuando vio nuestros gestos de sorpresa, continuó: «La gente ha venido a esta ceremonia en honor a hazrat Abul-Fazl Abbás para ahuyentar las desgracias por un año. Cuando las ceremonias se prolongan, la gente se cansa. Debéis hacerlas más breves, entregar la cena y después que hayáis comido si queréis continuar podéis quedaros todo el tiempo que queráis mostrando vuestro amor. No dejéis que la gente se canse en las ceremonias de Ahl ul-Bayt».

Reuniones para hazrat az-Zahra (P)

Narrado por algunos amigos del mártir

Había ido a una reunión del Grupo Maŷma’ al-Zakerín en la Mezquita Hach Abolfath, donde se había reunido una gran cantidad de personas que se dedicaban a entonar himnos sobre Ahl ul-Bayt (P). En el transcurso de la reunión, estos hicieron gala de su talento y sus composiciones ensalzaban las virtudes de hazrat az-Zahra (P).

Ibrahim escuchaba encantado y trataba de copiar en un cuaderno aquellas hermosas palabras sobre la hija del Profeta (PB). Ya casi al final, hach Alí Ensaní comenzó a pronunciar un sermón.

Al escucharlo, Ibrahim se ensimismó, casi involuntariamente cerró su cuaderno y comenzó a llorar en voz alta. Al verlo, me sorprendí.

Cuando terminó la ceremonia, salimos y en el camino me dijo: «Cuando se asiste a una ceremonia en honor a hazrat az-Zahra (P), hay que sentir su presencia, pues la reunión es de ella».

***

Una noche fuimos por insistencia mía a una conmemoración del natalicio de Fátima az-Zahra (P), pensé que Ibrahim se alegraría mucho porque es muy devoto de ella.

La persona que entonaba himnos sobre hazrat az-Zahra (P) decía frases inadecuadas, a la mitad de la reunión Ibrahim me hizo una señal y los dos salimos de la reunión. En el trayecto le dije: «Creo que estás molesto, ¿verdad?

Ibrahim se me quedó viendo y gesticulando nerviosamente me dijo: «En ceremonias como esa no encuentras a Dios. Siempre debes ir a lugares donde se hable adecuadamente de Dios y de Ahl ul-Bayt (P)».

¡Me lo repitió varias veces! Después cuando leí la opinión de los sabios religiosos sobre estas reuniones y la necesidad de la unidad de los musulmanes, comprobé que tan acertado estaba Ibrahim al respecto.

Cuando Ibrahim fue herido en la Operación Fath al-Mobín, lo llevamos rápidamente a la unidad de atención médica militar en Dezful, nos dijeron a qué sala debíamos llevarlo.

Cuando llegamos el lugar estaba lleno, había muchísimos heridos que se quejaban fuertemente por los dolores, nadie podía estar tranquilo, finalmente encontramos un rincón y lo acostamos en el suelo.

Los enfermeros le vendaron el cuello y el pie a Ibrahim, todos estábamos muy nerviosos pues los gritos de los heridos eran muchos y tan fuertes.

De repente, Ibrahim comenzó a entonar himnos sobre hazrat az-Zahra (P), cuyo nombre era también el código sagrado de la operación. Por algunos minutos un silencio asombroso envolvió aquella sala. ¡Ningún herido se lamentaba, parece que todo estaba finalmente en orden!

Adondequiera que dirigiese mi mirada solo encontraba paz y calma, los ojos de los heridos y de los enfermeros estaban llenos de lágrimas, todos estaban tranquilos.

Cuando Ibrahim se calló, la más vieja de las médicas —que no usaba la indumentaria islámica de forma adecuada— se acercó, se había emocionado mucho por los himnos religiosos. Le dijo en voz baja a Ibrahim: «Tú eres como un hijo para mí, yo doy mi vida por vosotros los jóvenes combatientes».

Después se sentó y besó la cabeza de Ibrahim. La expresión del rostro de Ibrahim fue tan graciosa, incluso las orejas se le pusieron rojas. Luego, de lo avergonzado que se sentía se cubrió el rostro con una sábana.

Ibrahim después de encomendarse a Dios, siempre decía: «La intercesión de los infalibles, especialmente la de Fátima az-Zahra (P) resuelve cualquier problema».

***

Habíamos ido a visitar a Ibrahim en el Hospital Naymieh. Estábamos todos sentados. Ibrahim pidió permiso para entonar himnos sobre hazrat az-Zahra (P), cuando empezó a hacerlo, dos médicos lo observaban a cierta distancia. Me preocupé y les pregunté si sucedía algo, me respondieron: «No es nada… Nosotros veníamos en el avión con él… continuamente se desmayaba y luego recuperaba el conocimiento y con una voz hermosa entonaba himnos sobre hazrat az-Zahra (P)».

Verano del '61

Narrado por Morteza Parsayán

En el verano de 1361 Ibrahim estaba en Teherán debido a sus heridas, y por ello se ocupaba de asuntos educativos.

Además, participó en diversos cursos complementarios del Ejército y realizó varias actividades culturales en ese corto periodo.

***

Caminaba usando una muleta; subía y bajaba los escalones del Departamento de Educación. Se acercó a mí, lo saludé cordialmente. Le dije:

— ¿Qué sucede Ibrahim? Si necesitas algo solo dime que yo te ayudo, primero Dios.

— Necesito algo, pero yo mismo debo hacerlo. — Me respondió, luego entró a otra oficina, y cuándo salió, le pregunté:

— ¿Qué formulario es este? ¿Por qué estás molesto?

— Hay una persona que se ha desempeñado dos años como maestro, pero todavía no ha sido formalmente contratada, entonces he venido a ver si puedo hacerle los trámites.

— ¿Es alguno de los combatientes?

— ¡No! Pero me pidió que le ayudase, y he venido para ver qué puedo hacer por él. — Hizo una pausa y luego continuó: — Uno siempre debe ayudar en lo que pueda a la gente, especialmente a estas buenas personas que son verdaderos siervos de Dios. Cualquier cosa que uno pueda hacer por ellos, hay que hacerla. ¿Acaso no has escuchado que el imam Jomeini dijo: «La gente es protectora de nuestras mercedes»?

***

Toda la gente del barrio sabía quién era Ibrahim Hadí. Todos quedaban encantados con él cuando lo conocían.

Su casa siempre estaba llena de amigos. Cuando los combatientes venían desde el frente de guerra a Teherán, antes de ir a sus propias casas visitaban a Ibrahim.

Una mañana, el guía de la oración colectiva de la Mezquita Mohammadiyeh (Shohadá) no pudo llegar. La gente le insistió a Ibrahim que dirigiese la oración. Él aceptó.

Cuando el guía de la oración colectiva de la mezquita supo lo acontecido se puso muy contento, y dijo: «Si yo hubiese estado ahí en ese momento, habría también rezado orgulloso detrás del Sr. Hadí»

***

Vi a Ibrahim en la calle, caminaba usando una muleta. Vi que un par de veces levantó su vista hacia el cielo, y luego bajó la cabeza. Me pareció extraño, así que me acerqué y le pregunté:

— ¿Sucede algo?

No me respondió, entonces insistí, y me dijo:

— Todos los días hasta esta hora por lo menos una persona ha venido a verme y pedido que le ayude a resolver algún problema, pero hoy nadie me ha buscado, tengo miedo que haya cometido algún error y que Dios me quite la bendición de servirle a los demás.

Su manera de enseñar

Narrado por Yavad Maylesirad y Mahdi Hasan Qomí

Nuestra casa estaba cerca de la de don Ibrahim, en esa época yo tenía 16 años. Los chicos del vecindario jugábamos voleibol todos los días en la calle. Al terminar subía a la terraza y me entretenía con las palomas.

En esa época tenía 170 palomas, cuando llegaba el momento de la oración y se escuchaba el adhan, mi hermano iba a la mezquita pero yo no tenía ese hábito.

Era de tarde y estábamos jugando voleibol, don Ibrahim estaba parado afuera de su casa, usaba muletas, nos miraba. En una de esas, el balón cayó cerca de él. Yo fui a traerlo, él lo tomó y lo hizo girar sobre un dedo y me dijo: «Aquí lo tienes, Yavad».

Me sorprendí de que supiese mi nombre, durante el resto del juego estuve pendiente de los movimientos de don Ibrahim. Me preguntaba cómo es que sabía mi nombre.

Unos días después estábamos jugando y nos preguntó:

—Compañeros, ¿me dejan jugar?

— Si usted así lo desea, adelante. — Le dijimos, y luego le preguntamos: ¿Conoce las reglas del juego?

— Si no las conozco bien, las aprenderé de vosotros.

Hizo la muleta a un lado, cojeaba, pero no le importó y empezó a jugar.

¡No tenía la menor idea de que jugase tan bien!

Aún estaba herido y se movía con mucha dificultad pero golpeaba con destreza el balón y sus saques eran muy buenos.

En la noche le dije a mi hermano:

— ¿Conoces a don Ibrahim? …oye, ¡juega voleibol muy bien!

Mi hermano empezó a reír y me dijo:

— Aún no lo conoces… Ibrahim fue campeón de voleibol en la secundaria, y también fue campeón de lucha.

— ¿Lo dices en serio? Entonces, ¿por qué no nos dijo nada?

— No tengo idea, pero quiero que sepas que es una gran persona.

Un par de días después estábamos jugando cuando don Ibrahim apareció, los dos equipos se lo disputaban. ¡Empezamos a jugar y fue impresionante!

Estábamos casi terminando el partido cuando se escuchó la llamada a la oración del mediodía. Don Ibrahim se detuvo, y nos dijo: «¡Vamos todos a la mezquita!».

Lo acompañamos e hicimos la oración en forma colectiva.

Pasaron algunos días y yo le había cogido un gran cariño a don Ibrahim, y empecé a ir asiduamente a la mezquita. Una vez nos invitó a almorzar y conversamos mucho con él. Desde ese día siempre lo buscaba.

Si lo dejaba de ver un día, me parecía mucho tiempo, me sentía intranquilo. Una vez fuimos con él a un zurjaneh para ver un espectáculo de deporte antiguo. Me encantó su forma de ser, su educación, atención hacia los demás. Posteriormente, nos llevó a la mezquita e hicimos la oración.

En los últimos días de su «reposo» para la cicatrización de sus heridas, no se aguantaba las ganas de volver al frente. Una noche, estábamos sentados afuera de la casa y me contó sobre la Operación Fath al-Mobín, me dijo que algunos de los combatientes eran chicos de trece y catorce años.

Así continuó hasta que llegó al quid de la cuestión, me dijo: «Estos chicos aunque eran menores y menos fuertes que tú, encomendándose a Dios han protagonizado grandes hazañas… Tú estás sentado aquí pero tus ojos están en otra parte, estás más pendiente de lo que hacen tus palomas...».

A la mañana siguiente, dejé todas las palomas y decidí ir al frente.

Han pasado tantos años. Ahora que tengo una especialización en ciencias de la educación, entiendo la manera —precisa y correcta— en qué don Ibrahim se autoeducaba y educaba a los demás.

Don Ibrahim ordenaba el bien y rechazaba el mal de forma hermosa, era un modelo para todos aquellos que querían ser especialistas en asuntos educacionales. Especialmente en aquel tiempo en que nadie teorizaba al respecto.

***

Era la tarde del 15 de sha'bán, venía con Ibrahim cuando llegamos al callejón de mi casa; estaba muy adornado por la fiesta. Los chicos de la zona se habían reunido, cuando nos acercamos vimos que estaban jugando a las cartas con dinero.

Al ver esto, Ibrahim se puso muy nervioso pero no dijo nada; por mi parte, les presenté a Ibrahim, y les dije: «Este es uno de mis amigos, es campeón de voleibol y lucha».

Los chicos lo saludaron y comenzaron a conversar con él, después de unos minutos se dio la vuelta y me entregó un poco de dinero sin que los demás lo notasen y me mandó a comprar diez helados.

Esa noche entre charlas, helados y bromas, Ibrahim se hizo amigo de los chicos de mi barrio.

Al final de la reunión les dijo que jugar a las cartas era ilícito. Cuando salíamos del callejón, los chicos habían cambiado tanto que hasta rompieron las cartas y las arrojaron a la basura.

La actitud correcta

Narrado por algunos amigos del mártir

Pasábamos en motocicleta por el bulevar 17 de Shahrivar, Ibrahim conducía, yo iba atrás. De repente, otra motocicleta entró a gran velocidad y se nos atravesó, Ibrahim alcanzó a frenar, casi chocamos.

El joven motociclista que no tenía un aspecto muy ordenado dijo a gritos: «¿Qué os sucede?»

Se detuvo y se nos quedó viendo con furia. Todos los testigos sabían que él había sido el culpable. Yo quería que Ibrahim se bajase de la motocicleta y le diese su merecido, después de todo con la constitución física que tenía no le sería nada difícil.

Pero Ibrahim, hizo todo lo contrario, le sonrió y le dijo: «¡As-salamu 'alaykum!, ¿cómo está?».

El motociclista se quedó mudo por unos segundos, parece que no se esperaba una reacción como esa. Respondió: «¡As-salamu 'alaykum!», y agregó: «Le pido disculpas, ¡qué vergüenza!».

Se marchó y nosotros también continuamos nuestro camino. En el trayecto Ibrahim respondió a todo lo que se me ocurrió preguntarle.

Me dijo: «¿Viste lo que sucedió? Un saludo fue suficiente para detener la cólera de este señor, además se disculpó. Ahora si yo hubiese gritado, discutido o peleado, lo único que hubiese conseguido era enojarme, perder el juicio y dañar mi moral.

La forma en que Ibrahim ordenaba el bien y prohibía el mal era muy interesante. Si quería decirle a alguien que no hiciese algo, trataba de hacerlo de manera indirecta.

Por ejemplo, cuando quería que alguien no realizase algo considerado inmoral o pecado por la religión, Ibrahim señalaba los motivos sociales, económicos, etc. por los que no era bueno llevar a cabo dicha acción, después de que le exponía detalladamente sus argumentos, la misma persona entendía las consecuencias de llevar a cabo la acción, y se abstenía…

Uno de mis amigos tenía el problema de que se les quedaba viendo a las mujeres, y solía incurrir en actos inmorales. Algunos de sus amigos ya habían discutido con él al respecto, pero ninguno había logrado cambiar su comportamiento.

Debido a eso, la mayoría de sus conocidos no le guardaban respeto, pero Ibrahim era muy cordial con él e incluso lo llevaba al zurjaneh, y lo trataba con mucho respeto frente a los demás.

Un tiempo después, Ibrahim habló con él. Al principio lo hizo sentirse «protector», diciéndole:

— Si alguien anduviese detrás de tu madre y tu hermana y las incomodase, ¿qué harías?

— ¡Le sacaría los ojos! — Manifestó el joven con un tono de enojo. Entonces Ibrahim con mucha tranquilidad, expresó su conformidad con aquellas palabras:

— ¡Muy bien! ¡Muy bien! — Y luego con un tono más serio, dijo: — Si tú tienes tanto celo y respeto por tu madre y hermana, ¿por qué andas detrás de las mujeres y las incomodas?

Ibrahim hizo una pausa, y manifestó de forma contundente:

— ¡Oye!, cualquiera que le falta el respeto a otra persona, está atentando contra toda la sociedad, y esta sociedad podría desmoronarse. — Después señaló que quedársele viendo a las mujeres que no forman parte de nuestro círculo familiar íntimo, era ilícito y citó este hadiz del Profeta del Islam (P):

«Cerrad los ojos ante las mujeres que no forman parte de vuestro círculo familiar íntimo y veréis maravillas».[2]

Ibrahim continuó exponiendo más argumentos ante el joven, que seguía escuchándolo, y finalmente le dijo:

— ¡Decide!, pues si quieres ser nuestro amigo, debes dejar de hacer esa clase de cosas.

El tratar de forma adecuada y exponerle argumentos correctos a aquel joven, hizo que cambiase totalmente su conducta y se transformase en una de las grandes personas de su barrio. Dejó de hacer todo aquello que es considerado ilícito e inmoral. Se convirtió en un ejemplo del efecto que tiene tratar bien a los demás y hablar oportunamente con ellos cuando se quiere aconsejar el bien y prohibir el mal.

Una de las calles de Teherán hoy lleva el nombre de ese joven.

***

Era el otoño de 1361, estábamos yendo en motocicleta hacia la plaza Azadí. Iba a dejar a Ibrahim a la Terminal de Occidente, desde donde partiría hacia el frente de guerra.

Un auto de lujo pasó a nuestro lado, junto al conductor iba una señora que no llevaba bien puesto su hiyab, se le quedó viendo a Ibrahim y dijo una grosería.

Ibrahim me dijo que me apresurase y siguiese el automóvil. Así que aceleré, le hicimos una señal para que se detuviese. Estaba seguro que Ibrahim pelearía con esa gente.

El conductor paró el auto, y nosotros nos detuvimos a su lado.

Estaba esperando el encuentro de Ibrahim con esta gente. Sin bajarse de la motocicleta, Ibrahim los saludó y se dirigió a ellos cordialmente.

El conductor nos miró de pies a cabeza, y se le quedó viendo a su esposa, no esperaba ese trato.

Después de que respondió su saludo, Ibrahim le dijo:

— Le pido muchas disculpas pero su esposa me ha insultado, me ha dicho una grosería dirigida no solo a mí sino a todo el que usa barba. Quería saber por qué… — El conductor interrumpió a Ibrahim, diciendo:

— Mi esposa ha cometido un error.

— ¡No señor! Yo solo quería saber si ella tiene algún derecho sobre mí para hablarme así, pues yo no he hecho ni dicho nada para que me trate de esa forma.

El conductor que no se imaginaba que Ibrahim fuese a reaccionar así, bajó del automóvil, besó la mejilla de Ibrahim, y le dijo:

— No querido amigo, usted no ha hecho nada. El error ha sido nuestro, estamos muy avergonzados. Después de pedir muchas disculpas se despidió y se marcharon.

Estas reacciones de Ibrahim, siempre nos sorprendían. Era así como él nos enseñaba la forma correcta de tratar a la gente. Siempre nos decía: «Quien es paciente cuando se enfrenta a la ira de otras personas tiene más éxito en la vida».

Una persona no debe hacer nada que no esté basado en la lógica; y, esta fue su clave para el éxito cuando trataba con los demás.

La forma en que Ibrahim trataba a la gente me hizo recordar la aleya que dice:

«Y los siervos del Clementísimo son quienes van por la Tierra con humildad y si los ignorantes se dirigen a ellos, les dicen: ¡Paz!».[3]

Extraído del libro La Paz Sea Con Ibrahim; Editorial Elhame Shargh

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com  Fundación Cultural Oriente

 

[1] Mustadrak al-Wasā'il, t. 1, pág. 386.

[2] Mizan al-Hikmah, t. 10, pág. 72.

[3] Corán 25:63.

Palabras claves
La Paz Sea Con Ibrahim,Martir Ebrahim Hadi,Defensa Sagrada,Martir irani,Irak
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Anónimo
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Wed, 10 Jan 2024 - 09:17
By admin , 9 January 2024

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La batalla de Taif

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La batalla de Taif

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

EL VIII AÑO DE LA HEGIRA

LA BATALLA DE TAIF

Taif es una de las ciudades más fértiles del Hiyaz y se encuentra situada al sudeste de la Meca, a unos doce farsaj (66,86 km.) Se halla a mil metros sobre el nivel del mar y por su buen clima y sus jardines y numerosos palmares era y sigue siendo considerada un centro de placer y veraneo. En esa ciudad residía la tribu de Zaqif, una de las más grandes y poderosas tribus árabes. Integrantes de la misma habían participado en la batalla de Hunain librada contra el Islam, y tras su derrota se atrincheraron en ésta su ciudad, dotada de una elevada fortaleza.

Para obtener una victoria definitiva el Profeta ordenó que los fugitivos de la batalla de Hunain fueran perseguidos. Para ello designó a Abu Amr Al-Ash'arí ya Abu Musa AI-Ash'arí al frente de un grupo de soldados. Ellos debían perseguir a un grupo de enemigos que se había refugiado en Autas. El primer comandante mencionado halló el martirio tratando de cumplir la misión, pero el segundo obtuvo una victoria total. Por su parte el Enviado de Dios (B.P.), acompañado por el resto del ejército, se dirigió a Taif. En su trayecto destruyó la fortaleza de Malik, que había incitado a la guerra de Hunain. Naturalmente que su destrucción no obedecía a un deseo de venganza, sino a la estrategia de no dejar en pie ningún lugar que pudiera servir de refugio al enemigo a retaguardia del ejército islámico.

Las ramas del ejército musulmán partieron una tras otra y acamparon alrededor de la ciudad. La fortaleza de Taif era muy alta, sus paredes sólidas y sus torres de vigilancia dominaban completamente el exterior. Las fuerzas del Islam emprendieron el sitio. Aún no habían terminado de concretarlo cuando sorpresivamente una lluvia de flechas del enemigo impidió el avance causando el martirio de un grupo de creyentes. El Profeta (B.P.) entonces ordenó el retroceso del ejército, ubicándolo a una distancia que lo pusiera a salvo del alcance de las flechas. Salmán Al-Farsí (el persa), quien ya antes había propuesto a los musulmanes valiosas tácticas militares en la batalla del Jandaq (el foso), sugirió en esta oportunidad al Profeta la instalación de una catapulta con el fin de apedrear desde lejos la ciudadela enemiga. En aquellos tiempos esta antigua arma cumplía la función que hoy cumple la artillería. Los comandantes instalaron la catapulta orientados por Salman y durante aproximadamente 20 días apedrearon las torres y la fortaleza. Por su parte el enemigo desde su ciudadela resistía disparando sus flechas y causando algunos daños al ejército islámico.

Podría inquirirse cómo fue que los musulmanes obtuvieron la catapulta en aquel momento tan crucial. Según una versión Salmán fue quien la construyó y enseñó su funcionamiento a los soldados. Según otro relato los musulmanes la consiguieron en la batalla de Jaibar y la llevaron consigo a Taif. No es aventurado pensar que Salmán (por sus conocimientos de las técnicas e instrumentos de combate persas) haya refaccionado e instalado la catapulta ganada como trofeo de guerra y les haya enseñado a usarla. Una observación más atenta a la historia nos revela que los musulmanes habían capturado también otras catapultas, pues el Enviado de Dios, simultáneamente a la batalla de Hunain y Taif, envió a Tufail Ibn Amr Al-Dusí con la misión de destruirlos templos idólatras de su propia tribu, la de Dus. Este regresó victorioso junto a 400 soldados de la misma tribu. Los trofeos que obtuvo fueron una catapulta y un carro bélico, que se aprovecharon en la batalla de Taif.

Intento de abrir una brecha en la fortaleza refugiándose en carros bélicos.

Para obtener la rendición del enemigo que se había hecho fuerte en la fortaleza, se requería de un ataque masivo en su mismo interior. Una medida que se intentó fue tratar de abrir una brecha en la pared de la fortaleza utilizando carros bélicos para protegerse, al tiempo que se continuaba arrojando piedras con la catapulta. Una vez conseguido abrir una brecha se haría posible el ingreso por allí del ejército islámico en la fortaleza. Este intento debía enfrentar un grave escollo consistente en la lluvia de flechas que caían sobre los soldados islámicos impidiendo todo acercamiento. El mejor medio era entonces utilizar un carro bélico, constuido en madera y cubierto con grueso cuero que hacía de blindaje. Los soldados musulmanes lo usaron valientemente y bajo su protección se acercaron a la pared y comenzaron a abrir la brecha. Pero pronto el enemigo destruyó el techo del carro arrojando sobre él hierros ardientes.

En definitiva esta táctica no dio resultado y tras brindar algunos mártires y heridos los musulmanes desistieron del intento.

Golpes económicos y psicológicos.

La victoria no se consigue siempre a través de una eficaz técnica militar, sino que un hábil comandante puede también disminuir el poder del enemigo mediante el uso de presiones psicológicas y económicas. Muchas veces estas presiones son más efectivas aún que los ataques militares directos. La tierra de Taif era rica en palmares y viñedos y famosa por su fertilidad. Su gente se había esforzado mucho en el cultivo y el desarrollo de sus campos y, lógicamente, mostraba un gran interés resguardarlos. El Enviado de Dios, con la finalidad de amenazar a los sitiados, les notificó que si seguían resistiendo sus campos serían arrasados. La noticia no perturbó a los inicuos, pues conociendo la bondad: indulgencia del Profeta no pensaban que llevaría a cabo su amenaza.

Pero cuando vieron al ejército cortando sus árboles comenzaron a gritar e implorar al Profeta que al menos por el parentezco que los unía dejara sin efecto la orden dada. Pese a que quienes se hallaban guarecidos en la fortaleza eran los que habían encendido la chispa de la guerra en Hunain y ahora en Taif, con un gran costo para el Profeta, éste accedió a su ruego y una vez más dio muestras de su bondad y generosidad ordenando a su ejército que suspendiera la destrucción de los palmares.

Meditando un poco en el proceder del Profeta con sus enemigos podemos afirmar que la orden de talar los árboles fue dada como un último intento para forzar su rendición, pero que seguramente el Enviado de Dios (B.P.), de no haber surtido efecto, hubiera ordenado el cese de la misma.

Un último intento de tomar la fortaleza.

La tribu de Zaqif poseía abundantes riquezas y bienes y tenía a su disposición numerosós esclavos. Para conseguir información sobre la situación de los sitiados en la fortaleza, su poder y fuerza militar, y también para suscitar el conflicto entre ellos, el Enviado de Dios les comunicó que cualquier esclavo que saliera de la fortaleza y se refugiara en el ejército islámico quedaría libre. La medida tuvo un efecto parcial. Unos 20 esclavos lograron huír con habilidád sumándose a los musulmanes. Tras interrogarlos los partidarios de Muhammad supieron con certeza que el enemigo estaba dispuesto a resistir a cualquier precio, no pensando en rendirse bajo ninguna circunstancia, informándose además que, aunque el sitio se extendiera por un año, tenían suficientes provisiones para continuar resistiendo.

EL REGRESO DEL EJERCITO A MEDINA

En esta batalla el Enviado de Dios (B.P.) adoptó diversas medidas militares, directas o indirectas. Pero la experiencia demostró que la toma de la fortaleza necesitaba de más empeño y paciencia, y además las condiciones climáticas y los escasos recursos del ejército islámico no permitían prolongar el sitio.

En primer lugar digamos que durante el sitio habían sido martirizados trece musulmanes. Previamente, en Hunain, por un ataque sorpresivo y astuto del enemigo otro grupo musulmán había recibido el martirio. Por todo esto el cansancio y el agotamiento se reflejaban en el espíritu del ejército islámico. En segundo lugar, estaba acabando el mes de Shauual y se acercaba Dhul Qa‘adah, mes sagrado en el cual la guerra entre árabes estaba prohibida. Posteriormente el Islam reafirmaría esta benevolente tradición. Para respetarla era imprescindible terminar con el bloqueo de Taif, de lo contrario el Profeta sería acusado de incumplimiento de la costumbre. Además, y especialmente, se acercaba el mes de la peregrinación, y por primera vez los musulmanes serían supervisores de los rituales del Hayy, puesto que en los años anteriores los inicuos eran los que lo asumían. El período del Hayy (peregrinación) daría lugar a una multitudinaria y extraordinaria reunión de los habitantes de toda Arabia, y ésa sería la mejor oportunidad para difundir el Islam y poner a la luz la realidad de la doctrina monoteísta. El Enviado de Dios (B.P.) debía aprovechar al máximo aquella oportunidad que se le presentaba por primera vez y se imponía que se ocupara de asuntos más importantes que la conquista de una lejana fortaleza. Teniendo en cuenta todas estas razones el Profeta (B.P.) levantó el sitio y partió hacia Ya'rane junto a su ejército, donde se guardaban los trofeos y los prisioneros.

LO OCURRIDO TRAS LA BATALLA

Finalizadas las batallas de Hunain y Taif el Envido de Dios (B.P.) se dirigió a Ya'rane para repartir los trofeos sin haber logrado un resultado definitivo. El botín obtenido en Hunain era el más espectacular que se había logrado en todas las batallas anteriores: seis mil prisioneros, veinticuatro mil camellos, más de cuarenta mil ovejas y ochocientos cincuenta kilogramos de plata, lo cual permitiría cubrir los gastos del ejército islámico parcialmente. El Profeta (B.P.) permaneció en Ya'rane trece días. Durante ese tiempo dividió el botín y liberó a una parte, de los prisioneros. También ideó un plan para atraer al Islam a Malik Ibn Auf, quien había desatado los conflictos de Hunain y Taif.

Con su correcto proceder el Profeta demostró su gratitud hacia algunas personas. Con medidas inteligentes atrajó los corazones de los enemigos hacia el Islam, y con un elocuente sermón dio fin a una pequeña discrepancia entre el mismo y los ansár de Medina. Veamos el detalle de lo ocurrido:

l..-Una de las más destacadas virtudes del Profeta del Islam fue que jamás dejaba sin recompensa los servicios de las personas, aunque fueran ínfimos e insignificantes. Cuando alguien le hacía un fávor él lo recompensaba de múltiples formas.

El Enviado de Dios (B.P.) había pasado su niñez con el clan de Bani Sa‘d, una rama de la tribu de Hawazan. Una mujer de esa tribu, llamada Halima, fue quien lo amamantó y asumió su crianza durante cinco años. La tribu de Bani Sa‘d estaba muy arrepentida por su participación en la batalla contra el Islam, en la cual habían sido tomados prisioneros un grupo de sus mujeres y niños. Recordaban que Muhammad se había criado entre ellos.y conocían de sus buenos sentimientos, su hombría y gratitud, por lo que estaban seguros de que no les negaría la liberación de sus prisioneros. Una delegación de la tribu de Bani Sa‘d compuesta por catorce de sus jefes que habían adherido al Islam visitó al Profeta (B.P.) precedida por Zuhair Ibn Sard y el tío de leche del Profeta. Le dijeron: “Entre tus prisioneros se encuentran tus tías, tus hermanas (de leche) y los servidores de tu infancia, tus buenos sentimientos y tu hidalguía requieren que los liberes”. El Enviado de Dios les respondió: “¿Qué aman más, a sus mujeres y niños o a sus riquezas?” Todos respondieron: “Amamos más a nuestras familias, y no las cambiaríamos por nada”. Entonces el Profeta les dijo: “Estoy dispuesto a devolverles la parte de los prisioneros que me corresponde y la que corresponde a los hijos de Abdul Muttalib, el resto atañe a los demás musulmanes. Son ellos mismos los que deben decidir al respecto"; Y agregó: “Cuando yo realice la oración del mediodía pónganse de pie y dirigiéndose a los presentes digan lo siguiente: ‘Nosotros pedimos que el Profeta interceda entre nosotros y los musulmanes y que los musulmanes intercedan ante el Profeta por la libertad de nuestros prisioneros’. En ese momento me levantaré y liberaré a.mi parte y la parte de los hijos de Abdul Muttalib. Además sugeriré al resto de los musulmanes hacer lo mismo”.

Al terminar la oración los representantes de Bani Sa‘d hicieron lo que el Enviado de Dios les había propuesto. El Profeta cedió la libertad a su parte y los emigrados y los ansar lo imitaron. Sólo algunas personas como por ejemplo Aqrá Ibn Habes y Uiaina Ibn Hesn se abstuvieron. El Enviado de Dios les aseguró que si liberaban la cantidad de prisioneros que les correspondía les daría seis prisioneros de la próxima batalla por cada uno de los liberados. Por esto todos los musulmanes a excepción de una anciana, los liberaron. Vemos aquí como el buen acto de Halima, cuya semilla había sido sembrada durante la infancia del Profeta dio sus frutos 60 años más tarde.

Posteriormente el Enviado de Dios pidió ver a Shima, su hermana de leche. Cuando ella se presentó ante él el Profeta se quitó el manto y lo puso en el suelo para que la mujer se sentara. Afectuosamente le preguntó por su estado y el de su familia. La liberación de sus prisioneros duplicó el interés de esta tribu por el Islam. Todos finalmente adhirieron a él y de esta forma Taif perdió su último aliado.

La islamización de Malik Ibn Auf

El Enviado de Dios (B.P.) pensó en resolver la cuestión de Malik, el empecinado enemigo del Islam de la tribu de Nasr, mediante la intercesión de los representantes de la tribu de Bani Saad. Por tal motivo y en primer lugar preguntó a los integrantes de la delegación sobre la situación de Malik. Estos le comentaron que se había refugiado en Taif y que se encontraba colaborando con la tribu de Zaqif. El Enviado de Dios (B.P.) les pidió que le comunicaran que si se islamizaba todos sus parientes serían liberados y que además le obsequiaría 100 camellos. El mensaje llegó a destino. Malik venía observando el gradual debilitamiento que experimentaba la tribu de Zaqif así como el creciente progreso del Islam. Decidió entonces salir de la fortaleza y sumarse a los musulmanes. Temía sin embargo que los de Zaqif descubrieran su intención y lo aprehendieran antes de concretar su propósito. Planeó entonces su huída sigilosa haciendo que le tuvieran listo un camello en un punto lejano a Taif. Partió de inmediato y a toda velocidad se dirigió a Ya'rane y se islamizó. El Profeta cumplió su promesa y además lo nombró jefe de los musulmanes de las tribus de Nasr, Zumale y Salama. A raíz del valor y el honor que logró obtener tras su islamización le hizo la vida imposible a la tribu de Zaqif.

Vivió siempre agradecido de la actitud del Profeta (B.P.) para con él y compuso algunas poesías en las que lo elogiaba. El comienzo de una de ellas decía: “Jamás he visto ni he oído, entre la gente, a nadie como Muhammad”.

El reparto del botin.

2.-Los compañeros del Profeta (B.P.) insistían en el reparto del botín de Hunain lo más pronto posible. Para demostrarles su desinterés en ello el Enviado de Dios se ubicó al lado de un camello, tomó un poco de sus pelos entre sus dedos y se dirigió a la comunidad diciendo: “De todos los trofeos incluso de los pelos de este camello, no tengo derecho alguno más que el jums (el quinto), y que dividiré entre vosotros. Luego, que quien posea algo del botín lo entregue para que sea repartido justamente”. El Profeta entonces lo repartió entre los musulmanes y el quinto, que le pertenecía, lo repartió entre los jefes de Quraish recientemente islamizados. Entre ellos estaban Abu Sufián, su hijo Mu‘auiah, Hakim Ibn Hazam, Hariz Ibn Hisham, Suhail Ibn Amr, Huuaitab Ibn Abdul Uzza y Alla' Ibn Yariah, quienes hasta hacía muy poco tiempo atrás habían sido los jefes de la iniquidad y los más empedernidos enemigos del Islam. Cada uno recibió 100 camellos además de la parte que les correspondía. El Profeta también entregó 50 camellos a cada miembro de otro grupo. Todos estaban asombrados e impresionados por las concesiones y amabilidades del Enviado de Dios (B.P.) para con éllos y se sintieron así atraidos por el Islam. Este grupo es denominado por la jurisprudencia islámica “muallafatul qulub” (los pusilánimes, de corazones que pueden ser atraídos a la fe). “Las limosnas son tan solo para los pobres, los menesterosos, los recaudadores, los pusilánimes; para la redención de esclavos, los insolventes; para la causa de Dios y para el viandante; ello es un precepto dimanado de Dios; porque Dios es Sapientísimo, Prudente”. (9:60)

Escribe Ibn Saad: “La concesión fue hecha con la parte perteneciente al Profeta. Este procedimiento no agradó mucho a algunos de los fieles, especialmente a un grupo de los ansár”. Estos no conocían los grandes objetivos del Enviado de Dios, e imaginaron que actuaba movido pór los vínculos familiares. Incluso un hombre de la tribu de Banu Tamim, llamado, Dhul Huuaisara, se atrevió a decirle a Muhammad lo siguiente: “Hoy precisamente he observado tu proceder y noté que no has transitado por el sendero de la justicia.” Irritado por sus palabras el Profeta, dejando traslucir en su rostro los efectos de la cólera, le dijo: “¡Pobre de tí! Si no estuvieran en mi ser la justicia y la rectitud, ¿dónde estarían entonces?” El que luego sería el segundo califa (Urnar Ibn Al-Jattab), se levantó de inmediato y pidió permiso para matarlo. El Profeta le dijo: “¡Déjale! Será jefe de un grupo que se extraviará Y abandonará el Islam tal como una flecha abandona el arco”. (Sira de Ibn Hisham tomo 11, pág. 496). Con el pasar de los años la predicción del Profeta se reveló veraz. Aquel hombre terminó convirtiéndose en el jefe de la peligrosa secta de los Jauariy durante el gobierno del Imam Alí (P.). El mismo Comandante de los creyentes fue martirizado por un miembro de este grupo. Pero como es sabido no es posible juzgar con la ley del talión un crimen que aún no se cometido.

Por su parte Saad Ibn Ibadat, en representación de los ansár, comunicó al Profeta (B.P.) su objeción respecto del reparto del botín. Entonces Muhammad le pidió que organizara una reunión (de los ansar) que en ella aclararía el asunto. El Profeta se presentó en la reunión con una especial dignidad y les dijo: “Vosotros conformábais un grupo desviado que fue orientado por mí. Erais pobres y os enriquecísteis, fuísteis enemigos y os amigasteis”. Todos respondieron: “Lo que has dicho es cierto, ¡oh Enviado de Dios!” Muhammad acotó: “Pueden responderme”. Entonces dijeron: “¡Enviado de Dios! El día que Quraish te desmintió nosotros te apoyamos; el día que no te socorrió fuimos nosotros tus socorredores. Cuando te dejó sin protección Y sin refugio, y cuando estuviste necesitado, te ayudamos”. Preguntó entonces el Profeta (B.P.): “¡Grupo de los ansár! ¿Por qué os molestáis de esos pocos bienes que concedí a Quraish con el propósito de que se afirmaran en la fe? ¿Acaso no estáis satisfechos de que los demás se lleven camellos y corderos mientras vosotros me tenéis a mí? ¡Por Dios que si toda la gente fuera por un camino y los ansár por otro, yo eligiría el de los ansar”. Y a continuación el Profeta suplicó a Dios que su misericordia se derramara sobre ellos. Estas emocionadas palabras impresionaron tanto a los ansar que, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos, decían: “¡Enviado de Dios!, nosotros estamos satisfechos con la parte que nos tocó y no haremos ya ninguna objeción”.

La peregrinación de ‘Umra (*) del Enviado de Dios.

Tras terminar el reparto del botín el Profeta (B.P.) partió hacia la Meca para realizar la 'umrra. Una vez concretada ésta regresó a Medina Según una versión su arribo allí tuvo lugar a fines del mes de Dhul Qa‘adah, y según otra a principios del mes de Dhul Hiyyah.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com , Fundación Cultural Oriente

 

* Cuando los rituales de la peregrinación se realizan en el mes de Dhul Hiyyah se denominan Hayyatut-Tamattu', y cuando se realizan en cualquier otro mes, Umratul-MUfrada.

Palabras claves
Historia del Islam,La batalla de Taif,Profeta del Islam,Islam en VIII de la hégira
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Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Tue, 9 Jan 2024 - 13:27
By admin , 21 December 2023

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La batalla de Hunain

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La batalla de Hunain

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

EL VIII AÑO DE LA HEGlRA

LA BATALLA DE HUNAIN

El Enviado de Dios (B.P.) acostumbraba, cuando tomaba algún distrito, asumir la responsabilidad de las cuestiones políticas y religiosas de la zona mientras se encontrara allí. Al momento de abandonar el lugar confería su autoridad a diferentes personalidades. Eso se hacía necesario pues los habitantes de esos lugares sólo conocían el antiguo sistema en que habían vivido, basado en la idolatría, y desconocían las características del Islam. Como sabemos, el Islam conforma un sistema político, social, moral y religioso a la vez, cuyas leyes emanan todas de la fuente cristalina del mensaje. Por eso, para enseñar a esos pueblos (recién ingresados en el ámbito del Islam) los principios islámicos y cómo llevarlos a la práctica, se hacía necesario designar como autoridades a personas hábiles e instruidas, que pudieran presentar las ideas islámicas con inteligencia ásí como implementar con habilidad su política. Cuando el Profeta (B.P.) decidió abandonar la Meca para dirigirse a los territorios habitados por los clanes de Hawazan y Zaqif nombró a Ma‘ad Ibn Yabal, maestro de religión, para enseñar y orientar a los que allí quedaban. El gobierno, la administración de la ciudad y la dirección de la oración los encomendó a Uttab Ibn Usaid, un musulmán competente. A su regresó y tras permanecer durante quince días en la ciudad de la Meca, el Profeta (B.P.) debió prepararse para emprender una nueva misión.

Un ejército inigualable.

En aquellos días el enviado de Dios contaba con 12.000 combatientes. 10000 de ellos vinieron con él desde Medina y participaron en la conquista de la Meca. Los 2.000 restantes eran los jóvenes quraishitas recientemente islamizados bajo el liderazgo de Abu Sufián. El ejército era tan grande que no tenía precedente entre los árabes; realmente inigualable. Pero precisamente su gran número constituyó el factor de su fracaso en la primera etapa de la batalla de Hunain ya que, contrariamente a los combates librados anteriormente, los musulmanes se habían enorgullecido de su número, olvidando las tácticas militares.

En cierto momento Abu Bakr hechó una mirada hacia las filas y dijo: “No fracasaremos, nuestros soldados superan varias veces el número de nuestros rivales”. No obstante él no tuvo en cuenta que el principal factor del triunfo en el combate no es tener un elevado número de hombres, y que incluso ese detalle es insignificante si lo colocamos frente a la causal verdadera. Esto nos lo señala el Sagrado Corán cuando dice: “Por cierto que Dios os habria secundado en muchos campos de batalla, lo mismo que el día de Hunain, cuando os ufanabais de vuestra mayoria, que de nada os sirvió, y que la tierra con toda su amplitud os pareció estrecha para emprender la fuga”. (9:25)

La obtención de información de inteligencia.

Tras la conquista de la Meca tuvieron lugar una serie de movimientos y comunicaciones particulares entre las tribus de Hazan y Zaqif. El eslabón que unía a ambas tribus era un joven combatiente llamado Malik Ibn Auf Nasrí. Como resultado de su accionar se conformó una específica táctica bélica para dar un fuerte golpe antes de que el ejército del Islam los alcanzara y atacara. Malik, que tenía 30 años de edad, era el comandante. Ambas tribus se habían unido en esta lucha. El comandante ordenó a sus soldados llevar consigo a sus mujeres, sus niños y sus pertenencias. Cuando le preguntaron el por qué de tal proceder respondió: “Estos hombres lucharán con firmeza y resistiran sin pensar en fugarse o desertar para salvar la vida de los suyos y proteger sus pertenencias”. Al oír el llanto de los niños y los exclamaciones de las mujeres un experto anciano llamado Duraid Ibn Sammah discutió con Malik y le hizo ver que desde el punto de vista militar su proceder estaba errado. Le advirtió así: “Sabes que si fracasas habrás obsequiado las mujeres y los bienes al ejército del Islam”. Pero Malik no lo escuchó y le refutó: “Tú ya has envejecido y has perdido el sentido de la razón y los conocimientos militares”. No obstante el curso de los acontecimientos confirmó las palabras de aquel anciano pues el llevar a las mujeres y los niños a la batalla no les provocó más que dificultades.

El Enviado de Dios envió a Abdullah Aslamí como agente con el fin de obtener informaciones acerca del armamento, número, rumbo y objetivos del enemigo. Este cumplió cabalmente con su misión. Por su parte Malik envió tres agentes hacia los musulmanes y los tres regresaron atemorizados (por el número y poder de los musulmanes). El comandante de los inicuos entonces decidió compensar la escasez de sus tropas y su baja moral con un ejército disperso que atacara al enemigo repentinamente. Para concretar sus propósitos acampó al final de un valle estrecho que permitía el paso hacia el distrito de Hunain ordenando a sus soldados ocultarse detrás de las rocas, en las cuevas de las montañas y en los sitios más elevados del valle. Cuando los musulmanes arribaran allí ellos debían salir de sus escondites y convertirlos en el blanco de una lluvia de flechas y piedras. Posteriormente deberían bajar de la montaña y concretar una masacre protegidos por los arqueros.

EL ARMAMENTO DE LOS MUSULMANES

El Enviado de Dios (B.P.) era conciente del poder y la osadía del enemigo y por ello antes de salir de la Meca envió por Safuan Ibn Umaiiah y le pidió prestadas 100 armaduras. Partió entonces con su ejército bien provisto de armas. Durante la noche el ejército descansó a la entráda del valle. Antes del amanecer la rama del ejército perteneciente a la tribu de Banu Salim ingresó al estrecho de Hunain comandada por Jalid Ibn Ualid La mayor parte del ejército islámico se encontraba en el valle cuando de pronto se oyó el ruido de las flechas y el grito de los combatientes que acechaban tras las rocas, infundiendo temor en los pechos de los musulmanes. Lo mismo que una tormenta las flechas caían sobre sus cabezas y rostros. Un grupo protegido por los arqueros se adelantó atacando a los soldados del Islam. El imprevisto ataque enemigo asustó y desconcertó a los creyentes. Sin advertirlo muchos se dieron a la fuga. Esta fuga creó aún más indisciplina que el ataque enemigo. Los hipócritas que formaban parte de las filas del ejército islámico se contentaron por lo que ocurría. Burlándose Abu Sufián decía: “Los musulmanes correrán hasta las.orillas del mar.” Otro hipócrita dijo: “La hechicería (refiriéndose al Profeta) quedó anulada”. Un tercero decidió terminar con el Islam intentando asesinar al Profeta en medio de ese caos, apagando así la luz del monoteísmo y la antorcha de la profecía.

LA RESISTENCIA DEL PROFETA (B.P.) Y DE UN SACRIFICADO GRUPO

La fuga de los musulmanes, cuyo motivo principal fue el temor y el caos, entristeció al Profeta profundamente. Sintió en ese momento que si demoraba un sólo instante en controlar la situación el eje de la historia daría un giro, cambiando el curso de la sociedad humana, pues el ejército incrédulo lograría derrotar al islámico. Así, al tiempo que montaba su animal” exclamaba: “¡Secundadores de Dios y secundadores de Su Enviado! ¡Yo soy el siervo de Dios y Su Profeta!”. Luego se dirigió al sitio en que los soldados de Malik atacaban y mataban a los musulmanes en forma contínua. Sólo algunos sacrificados y valientes soldados, como por ejemplo el comandante de los creyentes Alí, Abbás, Fadl Ibn Abbás, Usamat y Abu Sufián Ibn Haris, fueron los que no abandonaron al Profeta ni siquiera un instante desde el comienzo de la lucha, y los que lo siguieron cuando lanzó la exhortación arriba transcripta. En esa circunstancia el Enviado de Dios (B.P.), con claridad y decisión, le ordenó a su tío Abbás: “Llama a los musulmanes del siguiente modo: ¡Oh grupo de ansar que secundara al Profeta! ¡Oh los que juraron fidelidad bajo el árbol de Riduán! ¿Hacia dónde se dirigen? ¡Su Profeta está aquí!”

Cuando las exclamaciones de Abbás alcanzaron sus oídos la voluntad y el fervor religioso de aquellos hombres se vieron estimulados, y todos decían “Labbaik” (heme aquí), regresando valientemente junto al Profeta. Las contínuas exclamaciones de Abbás anunciando que el Profeta se encontraba a salvo y combatiendo hizo que los grupos fugitivos regresaran, muy arrepentidos, ordenando y uniendo mejor sus filas. Ubicados por Muhammad y para borrar la mancha de su vergonzosa fuga los combatientes realizaron un ataque y muy pronto obligaron al enemigo a darse a la fuga. Para estimular a los creyentes el Profeta reiteraba: “¡Soy el Enviado de Dios! ¡Jamás miento y Dios me ha prometido la victoria!”. La retirada obligó a los jóvenes de las tribus de Hawazan y Zaqif a abandonar las mujeres y los bienes. Luego de sufrir ciertas bajas los sobrevivientes se refugiaron en las tierras de Autas y Najle y en las fortalezas de Taif.

LOS TROFEOS DE LA LUCHA

Las bajas musulmanas en esta batalla fueron ocho. Por su parte el enemigo huyó dejando 6.000 hombres que se convirtieron en prisioneros, 24.000 camellos, 40.000 ovejas y 4000 uaqiie (monedas de plata de 213 grs. cada una). El santo Profeta (B.P.) ordenó trasladar los trofeos y los prisioneros a Ya'rané enviando con ellos algunos guardias. En ese lugar había casas en las cuales podían vivir. El Profeta ordenó también no tocar los trofeos hasta tanto él pudiera hallar al resto de los enemigos que habían fugado.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

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Historia del Islam,La batalla de Hunain,Profeta del Islam,Abu Sufyan
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Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Thu, 21 Dec 2023 - 11:30
By admin , 2 December 2023

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La Conquista de la Meca

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La Conquista de la Meca

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

EL VIII AÑO DE LA HEGIRA

LA CONQUISTA DE LA MECA

El episodio de la conquista de la Meca es uno de lo tramos más felices y dulces de la historia del Islam, puesto que clarifica a un tiempo los elevados objetivos del Profeta y su noble carácter. En este capítulo quedará en claro la sinceridad y pulcritud con que el Profeta y sus seguidores cumplieron el pacto de Hudhaibiiah, y quedará también a la vista la hipocresía y la traición con que procedieron los inicuos quraishitas. Un análisis de todo este episodio mostrará también la habilidad, la inteligencia política y la buena administración e indulgencia que manifestó el Profeta (B.P.) al abrir la última y más encarnizada fortaleza enemiga. Pareciera como si él hubiera pasado toda una parte de su vida estudiando en las mejores escuelas militares pues dibujó el plano de la victoria como si fuese un poderoso comandante. Los musulmanes consiguieron su mayor triunfo sin dolor ni dificultades. Y se mostró también aquí, una vez más, la indulgencia y misericordia del Profeta para con sus más encarnizados opositores, a quienes respetó las vidas y los bienes, e incluso jerarquías. Veamos los detalles de lo ocurrido.

Como ya mencionamos en capítulos anteriores, en el sexto año de la Hégira se concluyó el pacto de Hudhaibiiah entre el Profeta y Quraish, cuyo tercer decreto decía: “Los musulmanes y los quraishitas gozan de libertad para establecer acuerdos con cualquier tribu”. En virtud de esta posibilidad que otorgaba el acuerdo los musulmanes establecieron un pacto con la tribu de Jaza'at. Por tal convenio el Enviado de Dios asumió la defensa de sus vidas y sus bienes y también su integridad territorial. A todo esto los quraishitas establecieron a su vez otro pacto con la tribu de Banu Kanana, antigua vecina y enemiga de Jaza'at. El pacto de Hudhaibiiah que debía otorgar a Arabia diez años de paz y seguridad, establecía que ninguna de las partes debía sublevarse ni instigar a sus aliados a hacerlo contra la parte oponente. Pasaron dos años de su firma y todo transcurría en paz, e incluso durante el segundo año los musulmanes pudieron satisfacer el derecho que les concedía una de las partes del acuerdo visitando la Casa de Dios en paz, y realizar los rituales de la peregrinación frente a los ojos de miles de enemigos idólatras.

En el mes de Yumada 1 del VIII año de la Hégira, como ya vimos, el Profeta despachó una fuerza expedicionaria de 3000 hombres al mando de tres comandantes con el objeto de reprender a los agentes del poder romano en Sham, que habían asesinado a un emisario y a un grupo dedicado a la difusión islámica. Tal fuerza expedicionaria, tras perder a sus tres comandantes y a algunos hombres retornó a salvo aunque sin obtener el triunfo que se esperaba. La divulgación de esta noticia entre los quraishitas aumentó su contumacia y osadía contra el Islam, pues vieron en ese hecho un signo del ocaso del poder militar musulmán y de su espíritu de lucha. Decididos a alterar el equilibrio y el ambiente pacífico que reinaba repartieron armas a la tribu de Banu Bakr y los instigaron a atacar durante la noche a la tribu de Jaza'at, aliada de los musulmanes. Los Banu Bakr mataron a algunos de su tribu rival y tomaron a cautivos a otros. También los quraishitas participaron del ataque, y de este modo violaron el pacto de Hudhaibiiah y dieron fin con su acto hostil y el derramamiento de sangre a los dos años de paz que se habían vivido. El ataque sorpresivo por la noche dejó como saldo varios muertos entre los Bani Jaza'at, quienes fueron asesinados algunos mientras dormían y otros mientras se encontraban orando. Algunos que lograron escapar al cautiverio y a la muerte se refugiaron en la Meca, considerada tierra segura para todos. Allí se dirigieron a la casa de Budail Ibn Uarqá', un personaje importante de la tribu que residía en la Meca y tenía 97 años de edad, a quien relataron el alevoso ataque que había sufrido su tribu. Para comunicar lo ocurrido al Profeta (B.P.) los perseguidos sobrevivientes fugitivos de Banu Bakr enviaron a su jefe, Amru Ibn Salim a Medina. Al llegar se dirigió a la Mezquita, se paró ante la multitud, y recitando tristes poesías convocó a los musulmanes a secundarIo y vengarse de la alevosía de los inicuos. Sus poesías terminaban con las siguientes frases: “¡Enviado de Dios! Los inicuos de Quraish, los firmantes de una década de paz, nos atacaron durante la noche mientras un grupo dormía y otro adoraba a Dios. Emprendieron la masacre con gente indefensa y desarmada”. Y para estimular los sentimientos y el espíritu combativo de los musulmanes repetía: “¡Los asesinaron cuando ya habían adherido al Islam!”

Sus sentidas poesías impresionaron tanto a todos, que el Enviado de Dios (B.P.) le dijo: “¡Te secundaremos, Amru!”. Esta promesa lo tranquilizó y le dio la certeza de que muy pronto el Profeta (B.P.) castigaría a Quraish por su agresión. Pero lo que jamás se le hubiese ocurrido que la venganza sería tal que llegaría a la conquista de la Meca y la definitiva destitución de su gobierno opresor. Tiempo después Budail Ibn Uarqá' y un grupo de los Jaza'at visitaron al Profeta (B.P.) para pedirle auxilio y le pusieron al tanto de la colaboración de Quraish con Banu Bakr en la matanza de la gente de su tribu.

QURAISH PREOCUPADO POR LA DECISION DEL PROFETA

Arrepentidos de su proceder y habiendo descubierto el grave error cometido al violar el pacto de Hudhaibiiah los quraishitas enviaron a Abu Sufián a Medina. Su propósito era atemperar la cólera del Profeta (B.P.) por lo ocurrido y reafirmar el pacto. En el camino, precisamente en Asfán, se encontró con Budail y le preguntó: “¿Acaso estuviste en Medina y le informaste a Muhammad de los últimos acontecimientos?”. “Fui a consolar a mi tribu, no fui a Medina”, fue la respuesta de éste. Pero Abu Sufián, por las heces del camello de Budail, se dio cuenta que había estado allí. Entró luego en Medina y se dirigió a la casa de su hija Umm Habiba, esposa del Profeta. Al entrar quiso sentarse sobre un almohadón pero su hija de inmediato se lo quitó. Su padre la interrogó: “¿Era el almohadón que no me merecía o era tu padre el que no merecía el almohadón?”. Ella respondió: “Sobre él suele sentarse el Profeta y tú eres un incrédulo. No quiero que un incrédulo se siente donde lo hace el inmaculado Profeta.” Esta respuesta muestra la firme fe y actitud de la hija del hombre que más se empeñó en contra del Islam, combatiéndolo durante 20 largos años. Liderando multitud de intrigas y guerras, culpable de muchas masacres. Esta señora del Islam, con su actitud, demostró que la fe y la educación islámica establecen vínculos más profundos y duraderos que los del afecto filial de una hija por su padre.

El proceder de su hija irritó a Abu Sufián, pues ella constituía el único refugio con que contaba en Medina. Abandonó entonces la casa y se dirigió a ver al Profeta (B.P.). Le habló de su deseo de que el acuerdo siguiera vigente. No obstante debió enfrentarse a un despreciativo silencio de parte del Enviado de Dios. Posteriormente quiso encontrar algún eco en alguno de sus compañeros pero tampoco le contestaron nada. Finalmente se dirigió a la casa de Alí y le dijo: “Tú eres el más cercano a mí en esta ciudad, nos une el parentezco. Te ruego que intercedas ante el Profeta”. Alí le respondió: “Jamás intervendré en la decisión del Enviado de Dios”. Cuando ya había perdido la esperanza divisó a Fátima Al-Zahra y sus dos hijos que jugaban a su lado y, con el fin de conmoverla le dijo: “¡Hija del Profeta! ¿Sería posible que le ordenaras a tus hijos ofrecerle la inmunidad a los mequinenses para que sean por siempre los señores de los árabes?” Al-Zahra, conciente de las malas intenciones de Abu Sufián, le respondió: “Esto le concierne al Profeta, y mis hijos, por el momento no tienen autoridad alguna”. Una vez más Abu Sufián fue en busca de Alí y le suplicó: “¡Querido Alí!, ¡oriéntame!” Le respondió: “No se me ocurre ninguna solución excepto que te dirijas a la mezquita y otorgues inmunidad a los musulmanes”. Abu Sufián preguntó entonces: “¿Obtendré algún resultado si lo hago?” “No mucho, pero es lo único que se me ocurre”, contestó Alí.

Conociendo la sinceridad del Comandante de los creyentes el líder de los quraishitas cumplió con su consejo. Salió luego de la mezquita y regresó a la Meca. Informando a los quraishitas sobre su viaje les dijo: “Ingresé a la mezquita y otorgué la inmunidad a los musulmanes, aconsejado por Alí”. Los oyentes le preguntaron: “¿Muhammad aceptó tu otorgamiento?” “No”, respondió. “Entonces la propuesta de Alí no fue más que una broma, visto que el Profeta no dio importancia a tus palabras y un pacto acordado por una sola de las partes no tiene valor”, le dijeron. Más tarde se reunieron con el objeto de encontrar una solución.

Un espía es arrestado.

La historia de la vida del Profeta muestra claramente que él siempre intentó que el enemigo se sometiera a la verdad, no teniendo jamás por meta la venganza ni la mera eliminación del adversario. Su objetivo tanto en las batallas en las que participaba como en las que no lo hacía era desbaratar las maquinaciones de los enemigos de la verdad, dispersándalos y desuniéndolos. Consideró siempre que si se eliminaban los obstáculos para la difusión libre del Islam, éste se expandería sólo por la verdad que encerraba, y que incluso sus enemigos, una vez desarmada su animosidad, llegarían con el tiempo a ser cautivados por su enseñanza y modo de vida. Y esto fue así, como ya hemos visto en numerosos casos de comunidades que pasaron de la enemistad al Islam, cautivadas por la verdad y el ejemplo mismo de los musulmanes. También en la conquista de la Meca se siguió este proceder, y allí podría decirse que se cristalizó de la mejor manera. El Enviado de Dios (B.P.) sabía que si tomaba la Meca y desarmaba a sus enemigos, estableciendo la tranquilidad y la seguridad, sin revanchismos ni rencores, no pasaría mucho tiempo que sus más encarnizados enemigos serían del número de los más fieles musulmanes. En este campo y por esta causa se impone el triunfo sobre el enemigo y no su aniquilación, y hasta debe procurarse lo imposible para evitar el derramamiento de sangre. El modo de lograr esto último es sorprender al enemigo, atacado y desarmarlo antes de que pueda organizar y preparar sus fuerzas para la defensa. Y esta táctica, como ya dijimos, sólo es posible si se guardan celosamente los secretos militares. De acuerdo con esto, Quraish no debía conocer si el Profeta tenía o no intenciones de atacar y en caso de saberlo no debía conocer ni el momento de su partida ni el rumbo que tomaría su ejército.

Con el fin de conquistar la Meca el Profeta del Islam convocó a una multitudinaria concentración. Quería tomar la más poderosa fortaleza de la idolatría y derrocar al despótico y opresor gobierno quraishita, que era la mayor barrera que contenía el avance de la doctrina de la Unidad divina. Suplicó para ello a Dios que los espías de Quraish no se enteraran de la partida de los musulmanes. A principios del mes de Ramadán se congregaron en Medina numerosos efectivos pertenecientes a los alrededores de la ciudad y de diversas comarcas a las que había llegado el Islam. Los historiadores nos proporcionan los siguientes detalles:

“Eran 700 emigrados con 300 caballos y tres banderas; 4000 ansar (medinenses) con 700 caballos y algunas banderas; 100 de la tribu de Muzaiiana con 100 caballos, 100 armaduras y tres banderas; 400 de la tribu de Aslam, con 30 caballos y dos banderas; 800 de la tribu de Yuhaina, con 50 caballos y 4 banderas, y 500 de la tribu de Banu Ka‘b con tres banderas. El resto del ejército lo constituían los integrantes de las tribus de Gaffar, Ashya‘ y Banu Salim”. (Maqazi Uaqidí, tomo 11, pág. 779/80).

Dice Ibn Hisham: “El número de soldados islámicos alcanzaba los 10.000”. Y agrega: “700 pertenecían a Banu Salim (algunos aseguran que eran 1000); 400 a Banu Gaffar, 400 a Aslam, 1300 a Muzaiianah y el resto a los emigrados (muhayirún), los ansár y sus aliados. Además había grupos de las tribus de Tamim, Geis y Asas”.

Para hacer posible la conquista debían ser vigilados todos los caminos y senderos de acceso a la Meca. Los encargados de la vigilancia serían los soldados del gobierno islámico. El tránsito por esos lugares sería controlado muy estrictamente. Cuando aún los soldados no habían partido, el ángel Gabriel informó al Profeta de que un musulmán había escrito una carta a Quraish y había establecido un pacto con una mujer llamada Sara, por el cual, a cambio dé dinero, revelaría los detalles del inminente ataque musulmán. Sara era una cantante que había trabajado en las reuniones de luto de Quraish. Tras la batalla de Badr perdió auge su profesión pues por la muerte de grandes líderes de la tribu y la tristeza y el dolor que se habían apoderado de la ciudad de la Meca, se dejaron de realizar festines. Recordemos también que, para que no amainara la cólera de los quraishitas encausándose en las reuniones de luto, las mismas habían sido prohibidas, intentando mantener viva la sed de venganza. Pasados dos años de aquel suceso de Badr, Sara viajó a Medina. Cuando el Profeta le preguntó si se había islamizado ella le dijo que no lo había hecho y cuando la interrogó sobre el motivo de su presencia respondió: “Soy de la tribu de Quraish. Un grupo de ella ha muerto, otro emigró a Medina, y tras la batalla de Badr no he podido conseguir trabajo. Vine entonces aquí por necesidad”. Inmediatamente el Profeta (B.P.) ordenó que se pusiera a su disposicón lo que necesitara de vestidos y alimentos. A pesar de haber recibido este trato bondadoso de parte del Enviado de Dios (B.P.) no dudó en ejercer el espionaje contra el Islam, entregando la carta a Quraish a cambio de diez dinares que le diera Hatib Ibn Abi Balta'a. Muhammad solicitó de inmediato la presencia de tres valientes hombres, a quienes ordenó dirigirse a la Meca de inmediato y arrestar a Sara en cualquier lugar que se encontrara para quitarle aquella carta. Los encargados de la misión fueron Alí, Zubair y Al-Miqdad, quienes encontraron a Sara en Rouzatojaj. Revisaron su equipaje pero no hallaron nada. La espía desmentía la tenencia de la carta categóricamente. Entonces le dijo el Imam Alí (P.): “¡Por Dios, que jamás el Profeta dice nada en vano! ¡Debes entregarla o te la arrebataremos!” En ese instante Sara se dio cuenta de que Alí no se iría sin ncumplir su misión. Pidió entonces a los hombres que se distanciaran, sacó una pequeña carta de entre sus cabellos y se las entregó.

Al Profeta (B.P.) le molestó mucho que un antiguo musulmán, que había secundado al Islam en sus momentos más difíciles, hubiera cometido semejante traición. De inmediato solicitó su presencia y le pidió explicaciones. Hatib juró por Dios y Su Enviado: “No he cambiado mi fe en lo más mínimo, pero como tú sabes, vivo sólo aquí en Medina mientras mis hijos y familiares están en la Meca siendo torturados por los quraishitas. Mi propósito al hacerles saber de tu partida era que disminuyeran la presión que estaban ejerciendo sobre ellos”. Como vemos por la disculpa de Hatib, los jefes quraishitas perseguían a los familiares de los emigrados que permanecían en la Meca como una manera de obtener información de los movimientos de los musulmanes. Aunque la disculpa no alcanzaba a justificar tamaño hecho, el Profeta (B.P.) en su gran generosidad la aceptó y lo dejó ir basándose en los beneficios que Hatib había otorgado a la causa del Islam y a su trayectoria como creyente. Umar le pidió al Profeta (B.P.) permiso para matarlo, pero él le respondió: “Hatib ha participado en la batalla de Badr, y un día estuvo bajo la merced divina, es por eso que lo dejo en libertad”. Y para que el suceso no se reiterara se revelaron las siguientes aleyas: “¡Creyentes! ¡No toméis por confidentes a mis adversarios y a los vuestros, demostrándoles afecto, desde que reniegan de cuanto os llegó de la verdad!” (60: 1)

LA PARTIDA DEL PROFETA

Por fidelidad al principio de sorprender al enemigo, ni la hora de partida ni el destino de la expedición habían sido notificados. El día diez del mes de Ramadán del octavo año de la Hégira se libró la orden de partida. El Profeta nombró a Aburham como su sucesor en Medina durante su ausencia. El ejército desfiló frente al Enviado de Dios. Al llegar a Kadid pidió agua y cortó su ayuno y ordenó a todos desayunar, pues el viajero no tiene por obligación ayunar, dado lo penoso en sí del viaje, debiendo recuperar luego los días que no hubiera ayunado. La mayoría acató la orden del Profeta (B.P.), pero hubo un pequeño grupo que pensó que si proseguía ayunando y luchaba en ese estado obtendría una mayor recompensa. No meditaron en su ingenuidad que el propio Profeta, que había dado la orden de ayunar durante el mes de Ramadán, era quien ahora establecía su anulación ante esta excepción. Y que si él era el Guía que conducía a la felicidad, y quien orientaba hacia la verdad, en ambas órdenes estaba procurando la felicidad de su comunidad sin contradicción alguna. A Muhammad (B.P.) le desagradó la insistencia en la abstención por parte de algunos de sus compañeros y dijo: “Ellos conforman el grupo rebelde y pecador, y su desobediencia para con el Profeta es una manera de desviarse de la verdad, y exhibe la falta de una fe completa en el Enviado y su mensaje”. El Sagrado Corán dice al respecto: “¡Creyentes! No os anticipéis a los juicios de Dios y Su Enviado, y temed a Dios; porque Dios es Omnioyente, Sapientísimo”. (49: 1)

Abbas Ibn Abdul Muttalib era uno de los musulmanes que todavía residía en la Meca, con la finalidad principal de mantener informado al Profeta de las decisiones de Quraish. Tras la batalla de Jaibar Abbás comenzó a manifestar su fe en la Meca, pero igualmente sus relaciones con los líderes de Quraish continuaban en vigencia. En la misma época decidió abandonar la Meca y dirigirse a Medina, iniciando su viaje por los mismos días en que el Profeta (B.P.) partía con su ejército hacia la Meca, y posiblemente lo hizo en virtud de una orden de éste. En medio del camino, en un sitio llamado Yuhfa, ambos se encontraron. La participación de Abbás en la conquista de la Meca fue muy provechosa para ambas partes, pues si no hubiera sido por su intervención no se hubiera producido la toma de la ciudad tan fácilmente y sin resistencia alguna.

Indulgencia y misericordia proféticas.

Los antecedentes éticos, de nobleza de espíritu, rectitud, honestidad, veracidad y fidelidad presentes en el Profeta eran algo evidente para todos. Sus parientes mejor que nadie sabían que a lo largo de toda su honorable vida, incluso antes de la profecía, jamás había ido en busca de un pecado, ni había tenido ni la más mínima intención de violar los derechos ajenos. Por eso mismo fue que, desde el primer día de su convocatoria a la Verdad divina la inmensa mayoría de su familia, los Banu Hashim, se convirtió en su protectora. Un justo orientalista considera esta adhesión de su familia un signo de su pureza cuando dice: “Ninguna persona, por más conservadora y precavida que sea, puede ocultar los detalles mínimos de su vida a sus parientes. Si Muhammad hubiese tenido mal carácter, si se hubiera comportado mal, jamás sus parientes lo habrían ocultado, y jamás le habrían creído”. Sólo unos pocos de Banu Hashim se rehusaron a aceptar su convocatoria. Además de Abu Lahab, podemos citar a Abu Sufián Ibn Haris Ibn Abdul Muttalib, y a Abdullah Ibn Abi Umaiiah, quienes tomaron el camino del capricho y la contumacia, y no solamente no creyeron en él sino que traspasaron todos los límites en sus intentos por molestarlo. Abu Sufián era primo y hermano de leche del Profeta (B.P.). Previo a la misión profética era íntimo amigo suyo, pero luego de ella se apartó de él. En cuanto a Abdullah, era hermano de Umm Salama, e hijo de Atika, tía del Profeta (hija de Abdul Muttalib).

Finalmente, la expansión del Islam en toda Arabia y su inminente triunfo los decidió a abandonar la Meca y adherir a los musulmanes. A mitad de camino se encontraron con el ejército islámico que se dirigía a tomar la Meca, en un lugar llamado Nabaqul Iqab, o Saniiatul Iqab. Insistieron en entrevistarse con el Enviado de Dios pero él no aceptó. Inclusive Umm Salama intercedió en el asunto. Pero el Profeta rechazó su intercesión diciendo: “Es verdad que Abu Sufián es mi primo, pero ya me ha molestado demasiado. En lo que se refiere a Abdullah, me ha hecho tontos pedidos para poder creer en mí, e incluso impidió a muchos que lo hicieran”. (*)

El Comandante de los creyentes, que conocía mejor que nadie el caracter del Profeta y el modo de conmoverlo, les dijo a ambos: “Vayan y deténganse frente a él y exprésense con la misma frase que pronunciaran los hermanos de José a fin de disculparse con él: “Le dijeron: ‘¡Por Dios! Sin duda Dios te ha preferido a nosotros, porque fuimos culpables’.” (12:91) Y agregó Alí: “Si se expresan con la primera frase el Profeta les responderá con la que le sigue, pues es de los que utilizan las más bellas expresiones”.

Ambos actuaron de acuerdo con lo aconsejado y, lo mismo que José, el Enviado de Dios los perdonó. En ese momento se colocaron la vestimenta de combate y permanecieron monoteístas hasta el fin de sus días. Para compensar sus errores del pasado Abu Sufián compuso una poesía que comienza así: “Te juro por tu vida, que el día que tomé la bandera y luché para que triunfara el ejército de Lat sobre tu ejército, me asemejaba a un viandante nocturno extraviado y desconcertado. Hoy en cambio me orienté y ya me cuento entre los guiados”.

Escribe Ibn Hisham: “Abu Sufián Ibn Haris, el primo del Profeta, le había comunicado a éste que si no aceptaba su fe, tomaría de la mano a su pequeño hijo y se iría al desierto”. A fin de conmoverlo Umm Salama dijo: “Reiteradas veces te hemos oído decir que el Islam borra todo lo pasado”. Entonces el Enviado de Dios (B.P.) concedió una audiencia a ambos”.

LA INTERESANTE TACTICA DEL EJERCITO ISLAMICO

Con su peculiar habilidad el Enviado de Dios dividió a sus diez mil hombres hasta llegar a las cercanías de la Meca, a Marru Zahrán, lugar situado a algunos kilómetros de la ciudad, sin que Quraish y sus espías se enteraran. Para infundir temor a los mequinenses y obtener su rendición sin resistencia y poder tomar la ciudad y su santo templo sin derramamiento de sangre, el Profeta ordenó hacer fogatas en las colinas del lugar en gran cantidad. Y ordenó además que cada uno de sus hombres se encargara de encender una franja que abarcara un distrito. Quraish y los mequinenses despertaron de su sueño iluminados por el fuego encendido en los alrededores, que por su número, les dio la pauta de la presencia de un enorme ejército sitiador, lo cual los atemorizó. En ese momento diversos jefes quraishitas, como Abu Sufian, Ibn Harb y Hakim Ibn Hazm salieron para investigar.

Abbás Ibn Abdul Muttalib, que acompañaba al Profeta y a sus huestes desde Yuhfa, pensó que si el ejército islámico se enfrentaba a la resistencia de Quraish morirían un gran grupo de estos últimos, y que lo más beneficioso era tratar de obligar a los quraishitas a rendirse, con lo que el asunto culminaría bien para ambas partes. Abbás montó en la mula blanca del Profeta (B.P.) y por la noche se dirigió a la Meca. A fin de informar a los jefes quraishitas del sitio de la ciudad por parte de los musulmanes y a anunciarles lo numeroso de su ejército, ante el cual no existía otro camino que la rendición. Al ir llegando oyó de lejos una conversación entre Abu Sufián y Budail Ibn Uarqá':

Abu Sufián:-Jamás he visto tantas fogatas, ni un ejército tan grande.

Budail:-Son de la tribu de Jaza'at, que se han preparado para el combate.

Abu Sufián:-No, los de Jaza'at no son tantos como para encender tantas fogatas y establecer semejante campamento.

En aquel instante Abbás los interrumpió y dijo: “¡Abu Hanzala! (apodo éste de Abu Sufián)” y éste al reconocer su voz le dijo: “¿Qué dices, Abu Fadl? (apodo de Abbás)”. Abbás entonces dijo: “¡Por Dios!, que estas fogatas son de los soldados de Muhammad. Vino ante Quraish con el más poderoso ejército al que no podrán resistir”. Esta noticia lo impresionó tanto que estremeciéndose dijo: “Be abi anta ua ummí (*) ¿Cuál es la solución?” Abbás le aconsejó entonces: “El único camino es que me acompañes, te entrevistes con el Profeta y le pidas la inmunidad. Si no lo haces la vida de Quraish corre peligro”. Luego, juntos, montaron la mula y se dirigieron al campamento. Los acompañantes de Abu Sufián regresaron a la Meca.

Como puede observarse la maniobra de Abbás Ibn Abdul Muttalib terminó favoreciendo la causa del Islam, pues atemorizó tanto al reflexivo líder quraishita, es decir a Abu Sufián, que éste no vio otra alternativa más que rendirse. Lo más importante es que Abbás con esto le impidió regresar en ese momento a la Meca. Si hubiera regresado, probablemente los más extremistas, fanáticos y recalcitrantes de Quraish lo habrían inclinado a ofrecer resistencia.

Abbás lleva a Abu Suftán por el campamento musulmán.

Montados en la mula del Profeta, Abbás y Abu Sufián transitaban entre un montó de fogatas y de soldados. Estos, que conocían a Abbás y al animal del Enviado de Dios, les abrían paso. Sin embargo, a mitad de camino, Umar divisó a Abu Sufián reconociéndolo, y de inmediato trató de matarlo. Pero debió desistir de su cometido cuando supo que Abbás le había brindado su protección. Finalmente ambos se detuvieron en las cercanías de la tienda del Enviado de Dios (B.P.). Tras pedir permiso Abbás entró en la misma y se produjo, en presencia del Profeta (B.P.) una intensa discusión entre aquél y Umar. Este último insistía en que Abu Sufián era enemigo de Dios y que debía ser muerto allí mismo. Contrariamente, Abbás reiteraba que debía ser respetado a raíz de la inmunidad que le había brindado. Por último el Profeta ordenó a su tío que lo protegiera hasta la mañana siguiente, y luego lo llevase ante él.

Abu Suftán en presencia del Profeta.

Cuando los primeros rayos del sol iluminaron el desierto Abbás llevó a Abu Sufián ante el Profeta, quien se encontraba rodeado de los emigrados y los ansár. Cuando vio a Abu Sufián dijo: “¿Acaso no ha llegado ya la hora de que aceptes de que hay un sólo Dios?” Este respondió: “¡Be abi anta ua ummí! ¡Cuán paciente, generoso y cariñoso eres con tus familiares! Ahora mismo acabo de darme cuenta de que si hubiera existido otro dios habría hecho algo por nosotros”. Entonces agregó el Enviado de Dios (B.P.): “¿No ha llegado por ventura la hora de que aceptes mi profecía?” Abu Sufián reiteró la frase antes mencionada y agregó: “Estoy meditando en tu profecía”. A Abbás le molestó su vacilación por lo que le dijo: “Si no te islamizas, tu vida correrá peligro. Atestigua la unicidad de Dios y la profecía de Su Enviado”. Entonces Abu Sufián lo hizo así, dio el testimonio de fe y se contó en el número de los musulmanes. A pesar de que Abu Sufián testimonió su fe movido por el temor, y ese no es el objetivo del Profeta ni de su doctrina, diversos factores exigían que se islamizara, cualquiera fuera el modo en que lo hiciera, pues de esa forma se eliminaba el mayor obstáculo para la islamización del resto de los mequinenses, pues tanto Abu Sufián como Abu Yahl ibn Akrama, desde hacía muchos años, habían creado entre los habitantes de la ciudad un medio ambiente de miedo y horror en lo que respecta al Islam. Si la aparente islamización de Abu Sufián no le era provechosa a él mismo, sí lo era para el Profeta, para quienes estaban bajo su dominio y para sus parientes. Una vez islamizado el Profeta no le dejó marcharse, pues no estaba seguro que podría hacer éste previamente a la toma de la Meca. Ordenó en consecuencia a Abbás que lo mantuviera cerca suyo. Abbás dijo: “Ya que Abu Sufián ama la jefatura y la grandeza y que su vida ha llegado a este extremo, concédele alguna autoridad, ¡oh Profeta de Dios!”. Aunque a lo largo de veinte años este hombre había atacado a los musulmanes con los más duros golpes, el Profeta le hizo una concesión histórica en ese momento, como nueva muestra de la grandeza de su alma. Dijo: “Abu Sufián tiene la autoridad para brindar la inmunidad a los que se refugien en la mezquita sagrada, a los que dejen sus armas en el suelo y notifiquen su neutralidad, a los que se queden en sus casas y a los que se refugien en casa de Abu Sufián (y según otra versión, en la casa de Hakim Ibn Hazam). Toda persona que se encuentre en cualquiera de estas situaciones estará a salvo de cualquier violación”.

 LA MECA SE RINDE SIN DERRAMAMIENTO DE SANGRE

El poderoso ejército islámico se aproximó a unos kilómetros de la Meca. El mayor deseo del Profeta (B.P.) para tomar la ciudad sin que se le opusiera resistencia, evitando así derramar sangre en la santa metrópoli. Uno de los factores que ayudó a la obtención de este propósito fue la acción acertada de Abbás, su tío, al llevar a Abu Sufián al campamento musulmán. Al permanecer allí Abu Sufián, era evidente que los jefes de Quraish no podrían emitir ninguna orden categóri_a por la ausencia de su líder. Cuando Abu Sufián, rendido por las circunstancias y la indulgencia del Profeta, expresó su fe, el Enviado de Dios (B.P.) quiso aprovechar al máximo la situación a fin de atemorizar a los inicuos. Ordenó entonces a Abbás que se ubicara en un sitio estrecho del valle (en compañía de Abu Sufián), e hizo que los batallones del gran ejército islámico se desplazaran como desfilando ante Abu Sufián, con todo su armamento y pertrechos, para que éste tomara conciencia del gran poder militar con que contaban los musulmanes. De esta forma, al regresar a la Meca, Abu Sufián haría desistir a su gente de todo tipo de resistencia.

A continuación veremos algunos detalles sobre la constitución de las distintas unidades de batalla del ejército islámico en esa oportunidad:

a) Un batallón estaba formado por mil soldados de la rama de Banu Salim, y era liderado por Jalid Ibn Ualid. Llevaba dos banderas, una de las cuales era portada por Abbás y la otra por Miqdad.

b) Dos comandos, constituidos por unos 500 hombres cada uno, que estaba al mando de Zubiar Ibn 'Auam. Llevaban una bandera negra y la mayoría de sus integrantes eran de los muhayirún (emigrados de la Meca).

c) Un batallón de 300 hombres de la tribu de Banu Giffár, liderado por Abu Dharr Al-Giffari, quien también portaba su estandarte.

d) Otro batallón de 400 hombres de la tribu de Bani Salim, que era liderado por lazid Ibn AI-Jusaib, quien portaba la bandera.

e) Otros dos batallones formados por quinientos combatientes de la tribu de Banu Ka'ab, bajo el mando de Bush Ibn Sufián, quien portaba la bandera.

f) El batallón de la tribu de Muzaiinah, que estaba constituido por mil hombres y llevaba tres banderas. Los abanderados eran Nu'man Ibn Maqran, Bilal Ibn Haris y Abdullah Ibn Amr.

g) El batallón de la tribu de Yuhaina, conformado por 800 hombres y con cuatro banderas.

h) Otros dos comandos de doscientos hombres, pertenecientes a las tribus de Banu Kanana, Banu Laiz y Zamarah, comandados por Abu Uaqid Al-Laizí, quien además era el abanderado.

i) El batallón de la tribu de Banu Ashya‘, integrado por trescientos hombres, cuyos abanderados eran Ma'qal Ibn Sanan y Nu'im Ibn Mas'ud.

Mientras las unidades desfilaban frente a Abu Sufián, éste interrogaba a Abbás acerca de la cantidad y el nombre de cada una de ellas. Lo que más impresionaba, era la extraordinaria disciplina, y las triples exclamaciones de “¡Alláhu Akbar!” que profería cada grupo de combatientes, todo lo cual no tenía precedente entre los árabes. Estas exclamaciones retumbaban en el corazón de los valles y montañas de la Meca, cautivando a los fieles y atemorizando al enemigo. Con impaciencia Abu Sufián aguardaba el momento de ver pasar al batallón del cual formaba parte el Profeta (B.P.). Tal era su impaciencia que a cada rato preguntaba si el Profeta (B.P.) se encontraba en cada grupo que pasaba. Abbás le respondía que no hasta que un gran cuerpo de ejército de 5000 hombres se acercó. Dos mil de ellos vestían armaduras y numerosas banderas eran portadas por sus diversos batallones, separados a distancias iguales. La atención de ambos quedó fija en el mismo. El nombre de la unidad era “Kutaibatu-l-Jadrá'a” (el ejército verde). Todos estaban muy bien armados, con armaduras calzadas que sólo dejaban ver los brillantes ojos. Llevaban numerosos caballos, veloces, y camellos rojizos.

Los principales y más destacados de los emigrados y los ansár de Medina rodeaban al Profeta y le hablaban. El porte majestuoso de este cuerpo de ejército atemorizó tanto a Abu Sufián que sin advertido dijo a Abbás: “Ningún poder podría resistir estas fuerzas. ¡Abbás!, la monarquía y la jefatura de tu sobrino han alcanzado su auge”. Y en tono de crítica Abbás le respondió: “La fuente del poder de mi sobrino es la profecía y la misión con que Dios le agració, la cual no se asemeja a los poderes materiales y superficiales”.

Abu Sufián se dirige a la Meca.

Hasta aquí Abbás jugó su papel maravillosamente. En ese momento el Enviado de Dios notó la conveniencia de liberar a Abu Sufián a fin de que se dirigiera a la Meca antes del arribo de las fuerzas islámicas para informar a los mequinenses sobre su extraordinario poderío y para indicarles la vía de su salvación. El Profeta deseaba que, al tiempo que los atemorizaba impidiendo una resistencia que sería muy costosa para ellos, que les indicara como hacer para ponerse a salvo del peligro y evitar de este modo incidentes inesperados; éste era su real objetivo.

Abu Sufián ingresó a la ciudad y los que habían pasado la noche sin saber qué decisión adoptar lo rodearon inmediatamente. Pálido, tembloroso, decía Abu Sufián mientras señalaba hacia Medina con su mano: “Las huestes del Islam han sitiado la Meca y nadie podrá resistir ante ellas. En minutos más harán su ingreso a la ciudad. Sin embargo Muhammad me ha prometido que quienes se refugien en la mezquita, alrededor de la Ka‘aba, quienes estén desarmados, quienes permanezcan en sus casas o permanezcan en la mía y en la de Hakim ibn Hazam, estarán a salvo”.

El Profeta (B.P.) no consideró suficiente con mandar a Abu Sufián para anunciar estas normas de seguridad e inmunidad, sino que tras entrar a la Meca entregó una bandera a Abdullah AI-Jazamí y le indicó proclamar que todo aquel que se reuniera bajo la misma también estaría a salvo. Con este mensaje Abu Sufián debilitó de tal modo el espíritu de los mequinenses que si en algunos todavía existía la idea de resistir, fue completamente aventada. Las medidas tomadas por Abbás dieron sus frutos y el anhelo de una conquista pacífica de la Meca iba camino de convertirse en realidad. La gente, atemorizada, se refugiaba en los lugares designados para mantenerse a salvo.

Con este inteligente plan el Profeta consiguió que Abu Sufián, el enemigo número uno del Islam, hiciera a éste un gran servicio. Su esposa Hind, por su parte, vociferaba clamando por resistencia y lo insultaba, pero ¿qué podía ya hacer? En ese momento sus incitaciones eran como clavar un puñal en la piedra.

Un grupo de extremistas contumaces y fanáticos, tales como Safuán Ibn Umaiiah, Akramat Ibn Abi Yahl y Suhail Ibn Amr (este último el principal representante de Quraish en el acuerdo de Hudhaibiiah) juraron impedir la entrada de las fuerzas islámicas a la ciudad. Un pequeno grupo se dejó engañar por ellos y cerró un camino con sus espadas al descubierto.

EL EJERCITO ISLAMICO ENTRA EN LA CIUDAD

Antes de iniciar el ingreso en la ciudad el Enviado de Dios solicitó la presencia de todos sus comandantes y les comunicó: “Mi único anhelo es apoderarnos de la Meca sin que haya derramamiento de sangre. Por lo tanto, no den muerte a los neutrales. Deben sí arrestar y ejecutar a los diez hombres y las cuatro mujeres que durante toda su vida se han ocupado de instigar contra nosotros a la guerra y los crímenes”. Los hombres eran: Akramat Ibn Abi Yahl, Habban Ibn Al-Asuad, Abdullah Ibn Sad, Abi Sarah Hubabe Al-Leizí, Huuairaz Ibn Nuqaid, Abdullah Ibn Jatal, Safuán Ibn Umaiiah, Uahshi Ibn Harb (el asesino de Hamza), Abdullah Ibn Zubarri y Hariz Ibn Talatele.

Los comandantes se encargaron de comunicar todo esto a sus hombres. A pesar del evidente estado anímico de los mequinenses el Profeta no dejó de tomar precauciones para evitar problemas. Todas las unidades debían dirigirse en columna a Dhi Tua (altura desde la cual se podían divisar las casas de la Meca y su templo). Cuando el Enviado de Dios (B.P.) vio la Meca lloró de felicidad y se prosternó en agradecimiento a Dios. Allí dividió su ejército. Una parte debía ingresar desde el norte y la otra desde el sur. Otros batallones debían ingresar por el resto de las vías que llevaban a la Meca. Casi todas las unidades ingresaron a la ciudad sin tener que experimentar enfrentamientos. La única excepción fue la unidad Comandada por Jalid Ibn Ualid que sufrió el ataque del pequeño grupo resistente que antes mencionamos. Tras sufrir doce o trece bajas los instigadores a la resistencia huyeron y quienes los combatieron los persiguieron. Con este ataque y sin advertirlo Abu Sufián volvió a actuar beneficiando al Islam. Lleno de miedo, sabiendo que la resistencia no daría resultado y a fin de evitar más derramamiento de sangre, exclamó: “¡Pueblo de Quraish! No pongan en peligro sus vidas. Luchar contra el disciplinado ejército de Muhammad no tiene sentido. Arrojen sus armas, diríjanse a sus casas y aseguren sus puertas o bien refúgiense en la Mezquita por su salvación.” Sus palabras surtieron efecto y de inmediato un grupo se dirigió a sus casas y otro grupo se encaminó a resguardarse en la mezquita. El Enviado de Dios (B.P.) había visto la luz que reflejaban las espadas de los soldados de Jalid en su enfrentamiento desde un sitio llamado Azajer. Cuando supo el motivo del enfrentamiento dijo: “Qada 'u-llá jairun” (Lo que Dios ha decretado es lo mejor). Con grandeza pero sin ostentación el Profeta entró en la ciudad y se dirigió a Hayun, lugar donde se encontraba sepultado su generoso tío Abu Talib. Una tienda fue levantada para que él descansara. A pesar de la insistencia de la gente no se hospedó en la casa de nadie.

LA DESTRUCCION DE LOS IDOLOS Y LA LIMPIEZA DE LA KA‘ABA

La ciudad de la Meca, que constituyera durante largos años la base del politeísmo y la idolatría en Arabia, se rindió ante la extraordinaria fuerza del Islam. Tras descansar unos minutos el Enviado de Dios se dispuso a visitar la casa de Dios. La vestimenta militar y el acompañamiento de los emigrados y los ansar (auxiliares) medinenses aumentaba aún más la grandeza de sus actos. Las riendas de su camello estaban en manos de Muhammad Ibn Maslamah. A los lados del Profeta transitaba gran número de musulmanes e inicuos. Algunos de éstos últimos estaban azorados, tenían miedo y sentían ira. Otro grupo, en cambio, hacía manifestaciones de alegría. El Profeta entró al recinto donde se encuentra el templo de la Ka‘aba y se ubicó frente a Hayarul-Asuad (la piedra negra). La señaló y exclamó: “¡Allahu Akbar!” (Dios es el Más Grande). Sus fieles repitieron la frase. El sonido del takbir llegó a oídos de los inicuos refugiados. Un especial alboroto y una gran euforia reinaban en la mezquita e impedían al Profeta realizar la circunvalación con el espíritu y la mente tranquilos. De inmediato pidió que se acallaran las voces y se hizo un absoluto silencio. Muhammad, convertido en el centro de todas las miradas, inició su circunvalación. En la primera vuelta divisó a los ídolos más grandes: Hubal, Usaf y Na'elat, que se encontraban a la puerta de la Ka‘aba. El Profeta los derribó con su lanza dándoles un fuerte golpe. Recitó entonces la siguiente aleya: “Llegó la verdad y la falsedad se ha desvanecido, porque la falsedad es deleznable”. (17:81) Por una orden suya Hubal fue hecho trizas ante los ojos de los inicuos. El “gran” ídolo que imperaba sólo en sus ideas se desvaneció frente a ellos. Burlándose Zubair le dijo a Abu Sufián:

“¡Hubal, el gran ídolo, ha sido destruido!” Muy triste Abu Sufián le replicó: “¡Déjanos en paz! Si Hubal hubiese tenido algún poder éste no hubiese sido nuestro fin”. Abu Sufián había finalmente descubierto la total incapacidad de ese pedazo de piedra.

El Profeta terminó su circunvalación y se sentó en un rincón de la mezquita. En aquellos días Uzman  ibn Talha era el encargado de la Ka‘aba y como era costumbre, las llaves de la misma pasaban de generacion en generación en su familia. El Enviado de Dios (B.P.) ordenó a Bilál ir a la casa de Uzman y pedirle las llaves. Bilal le comunicó el mensaje del Profeta pero su madre le impedía la entrega diciéndole: “Esas llaves constituyen el honor de nuestra familia”. De inmediato Uzman llevó a su madre a otra habitación y le dijo: “Si no las entregamos por las buenas nos las arrebatarán”. Uzmán abrió la puerta de la Ka‘aba y el Enviado de Dios (B.P.) entró. Detrás de él lo hicieron Usamat ibn Zaid, Bilal y el propio Uzmán. El Profeta indicó que cerraran la puerta. Jalid ibn Ualid se quedó frente a la misma para impedir un amontonamiento. Las paredes de la Ka‘aba estaban adornadas con imágenes y cuadros de los Profetas. A fin de borrarlas el Profeta Muhammad ordenó lavar esas paredes con agua del pozo de Zamzam.

Alí sobre los hombros del Profeta (B.P.).

Relatan los narradores de tradiciones proféticas y los historiadores del Islam que parte de los ídolos instalados tanto en el exterior como en el interior de la Ka‘aba fueron derribados por Alí. El Profeta le había dicho: “¡Alí! Permíteme subirme sobre tus hombros para poder derribarlos”. Alí lo hizo pero se sintió débil, y por eso el Profeta (B.P.) bajó y dijo a Alí que esta vez fuera él quien se subiera sobre sus hombros.

Alí lo hizo y arrojó al suelo un gran ídolo de cobre. Luego derribó el resto. Dice en una poesía respecto de semejante privilegio el elocuente poeta de Helleh, llamado Ibnul Arandas (del siglo IX de la Hégira): “El hecho de que Alí se subiera sobre los hombros de Ahmad es un privilegio específico suyo y no se debe al parentezco ni a su compañía con el Profeta”.

Muhammad salió de la Ka‘aba, colocó sus manos sobre sus puertas y dijo: “Alabado sea Dios quien cumplió su promesa, auxilió a su siervo y derrotó a los coaligados en su contra”. En una aleya coránica Dios había prometido al Profeta reintegrarlo a la ciudad en la que había nacido: “Por cierto que quien te prescribió el Corán te repatriará”. (28:85) Con esta súplica pública el Profeta anunciaba el cumplimiento de la promesa.

El silencio cubría la mezquita, y en la mente de los presentes se cruzaban encontrados pensamientos. Los mequinenses recordaban las injusticias y opresiones que habían ejercido contra Muhammad y los musulmanes. El grupo de los que habían emprendido encarnizadas batallas en su contra, el mismo que había pintado con sangre a sus jóvenes seguidores y se había confabulado para asesinarlo en su propia casa una noche, se encontraba ahora en poder del Profeta, y sabían que éste podría hacer con ellos lo que deseara. Esta gente se decía: “Seguramente hará una masacre con nosotros, o ejecutará a un grupo y tomará cautivo a otro. Convertirá en prisioneros a nuestras mujeres y nuestros hijos”. Estaban inmersos en estas conjeturas cuando el Profeta (B.P.) rompió el silencio preguntando: ‘“¿Qué decís y que pensáis?” Con voz entrecortada, y a sabiendas de los profundos sentimientos del Profeta, dijeron: “No pensamos de tí más que eres generoso y bondadoso.

Te consideramos un generoso y grande hermano nuestro, hijo de otro generoso hermano nuestro”. Ante estas conmovedoras palabras se avino al perdón la naturaleza amable, compasiva y afectuosa de Muhammad quien dijo: “Les diré lo mismo que dijo mi hermano José frente a sus hermanos opresores: “Hoy no seréis recriminados, Dios os perdonará; porque El es el más Misericordioso de los Misericordiosísimos. (12:92)”

Previo a este pronunciamiento suyo ocurrió algo que había dado esperanzas a los mequinenses, y fue la intensa reacción del Profeta ante uno de sus comandantes que en el momento de ingresar a la ciudad de la Meca clamaba: “Hoy es el día de la batalla, y hoy vuestras vidas y bienes nos son lícitos”. Ante esto el Profeta allí mismo lo depuso y lo reemplazó por Alí. Otra versión asegura que el reemplazante fue su propio hijo. El comandante a que nos referimos era Sa‘d Ibn Ibadat, jefe de los jazrayíes. Este justiciero proceder del Profeta frente a los mequinenses había dado esperanzas a los derrotados de la posibilidad de una amnistía general.

El Profeta anuncia la amnistía general.

Dijo el Enviado de Dios: “Habéis sido patriotas ingratos, desmentisteis mi profecía, me expulsásteis de mi hogar y os levantasteis en mi contra hasta en el sitio mas lejano en el que me había refugiado, pero a pesar de todo los perdono y les anuncio que son libres”.

Bilál recita el adhán.

Llegó el mediodía y los musulmanes se dispusieron a realizar la oración de ese momento del día. Bilal, el muezzín del Islam subió entonces al techo de la Ka‘aba y con melodiosa y sonora voz hizo llegar a todos los congregados el llamado a la oración que contiene los principios de la unidad divina y la profecía de Muhammad (B.P.).

Por su parte, cada uno de los contumaces inicuos presentes murmuraba algo diferente. Uno decía: “¡Qué suerte la de fulano, que murió antes de tener que escuchar este llamado!” Y Abu Sufián decía: “Yo mejor no pronuncio palabra, porque la organización encargada de informar al Profeta es tan poderosa que temo que la arena del templo le haga llegar nuestras murmuraciones”. Este viejo contumaz en su rebeldía, en quien la luz del Islam no pudo penetrar hasta el día de su muerte, ponía en un pie de igualdad el conocimiento de lo oculto y lo invisible que poseen los Profetas con anuencia de su Señor, con el manejo de la información y el espionaje que realizan los déspotas de la tierra, sin tener en cuenta que el conocimiento de los Profetas, que proviene de lo invisible, está mucho más allá de los límites naturales de la información que manejan los políticos.

El Profeta (B.P.) realizó la oración del mediodía y solicitó la presencia de Uzman Ibn Talha. Una vez allí le entregó las llaves de la Ka‘aba y le dijo: “Este honor les pertenece a ustedes y seguirá en sus manos”. ¿Qué otra cosa se podía esperar del Profeta de la misericordia? El, que siempre ordenaba a la gente restituir lo debido a sus dueños, debe ser el primero en aplicar esa regla. Dice el Sagrado Corán al respecto:

“Por cierto que Dios os ordena restitutir lo confiado a su dueño y cuando Juzguéis a vuestros semejantes, que sea con equidad”. (4:58)

A pesar de su gran poder militar jamás violó el Profeta los derechos de la gente. Ya había anunciado: “La tenencia de las llaves corresponde a Ibn Talha”. Abolió además todos los títulos y oficios de la Ka‘aba excepto los que eran provechosos para la comunidad, como ser la tenenciIa de la llave, la cubierta de la Ka‘aba y la función de proporcionar agua a los peregrinos a la Casa de Dios.

EL ENVIADO DE DIOS HABLA CON SUS PARIENTES

Para hacer comprender a sus parientes que el lazo que mantenían con él no los eximía de sus obligaciones, sino que por el contrario redoblaba sus responsabilidades, el Enviado de Dios (B.P.) les dirigió un especial sermón. Les hizo saber entonces que bajo ningún pretexto podrían violar las leyes del gobierno islámico ni abusar de sus lazos parentales con él. Además condenó todo tipo de discriminación e indicó lo imprescindible de la justicia e igualdad de todas las clases sociales. Dijo: “¡Hijos de Hashim y Abdul Muttalib! También soy para vosotros el Enviado de Dios. Las cadenas del amor y el cariño que nos unen son irrompibles, pero no crean que el hecho de ser mis parientes los rescatará del Día del Juicio Final. Sepan que mi amigo es el más devoto y quien más teme a Dios de entre vosotros. Les anuncio que mi relación con quienes ese día se enfrenten a Dios soportando una gran carga de pecados, está cortada. Ese día ya nada podré hacer por ustedes. Sepan, por último, que tanto ustedes como yo seremos rehenes de nuestros propios actos”.

HISTORICAS PALABRAS DEL PROFETA (B.P.) EN LA SAGRADA MEZQUITA

Se realizó una gran reunión en la santa mezquita, alrededor de la Casa de Dios. El musulmán y el inicuo, el amigo y el enemigo, se encontraban uno junto al otro. Tranquilidad y silencio réinaban en el lugar. Había llegado el momento de que el Profeta mostrara a todos el verdadero rostro de su amonestación y continuara con la convocatoria que había comenzado a anunciar aproximadamente veinte años antes, y que no había podido continuar debido a la maldad de los inicuos.

El Profeta era hijo de aquel ambiente y tenía pleno conocimiento del dolor y el remedio que requería la sociedad árabe. Conocía los factores que habían provocado la decadencia de los mequinenses, y por lo tanto decidió poner su mano sobre los males de esta sociedad, y curar esas dolencias que amenazaban el bienestar social. En lo que sigue transcribiremos algunos párrafos de su pronunciamiento ya que en cada uno de ellos se refiere a la curación de un mal en especial.

1.-La jactancia por pertenecer a un árbol genealógico determinado.

El tema de la competencia por la familia, los ancestros y las tribus eran uno de los males arraigados en la sociedad árabe. El mayor honor para alguien era pertenecer a una tribu famosa, como por ejemplo la de Quraish. Para erradicar este vano principio discriminador dijo el Enviado de Dios (B.P.): “¡Gentes! A través del Islam Dios eliminó los honores de la época de la gentilidad y la jactancia por pertenecer a tal o cual árbol genealógico. Todos provenimos de Adán y él fue creado de barro. El mejor de entre vosotros es el que más se aleja del pecado y de la desobediencia a Dios”.

A fin de destacar con total claridad de que el criterio para determinar la superioridad y el privilegio sólo tiene en cuenta la piedad, en una parte de su sermón divide a los hombres en dos bloques, anulando así los criterios imaginarios de la superioridad. Dijo: “¡Gentes!, ciertamente entre los hombres existen dos clases: una es la de los creyentes, la de los devotos amados por Dios, y la otra es la de los corruptos desafortunados y humillados por Dios”.

2.-EI nacionalismo árabe.

El Profeta (B.P.) sabía que su pueblo consideraba uno de sus mayores honores el de ser árabe y pertenecer a esa raza. Ese orgullo se había albergado en sus venas y en lo más profundo de sus corazones. Les dijo para erradicar ese mal: “Ciertamente la lengua árabe no es parte de vuestra esencia, sólo es una lengua expresiva y elocuente, y los honores de los padres no harán llegar a nada ni compensarán las faltas de aquel que no cumpla con su deber”.

3.-La igualdad de los seres humanos.

El vocero de la verdadera libertad dijo para consolidar la igualdad de los seres humanos y las comunidades: “Ciertamente desde la época de Adán hasta nuestros días los seres humanos son iguales como los dientes del peine del tejedor, no hay privilegio del árabe sobre el no árabe ni del rojo sobre el negro, excepto en lo que respecta al temor a Dios"Y así eliminó todo tipo de indebidos privilegios de entre las comunidades del universo, una obra que las organizaciones de los derechos humanos y sus iguales no han concretado a pesar de sus extensas propagandas y su gran publicidad, y que el Profeta consiguió hace ya muchos años en el Islam.

4.-Las guerras centenarias y los antiguos rencores.

A causa de guerras internas y contínuos derramamientos de sangre el pueblo árabe se había convertido en un pueblo rencoroso y por diversos motivos contínuamente se encendían entre ellos infinidad de conflictos. Tras haber conquistado la península arábiga el Enviado de Dios se vio enfrentado a este problema. Para poder resguardar la paz en los territorios islámicos era preciso sanar el mallo más pronto posible. La unica solución posible era que la gente se abstuviera de vengar la sangre derramada en la época de la gentilidad y diera por terminados todos los juicios. Les dijo: “Sepan que pongo bajo mis pies todas las querellas referentes a las vidas, los bienes y los privilegios vanos de la época de la ignorancia y les anuncio su abrogación”.

5.-La fraternidad islámica.

En una parte de su sermón se refirió a la unión de los musulmanes y a los derechos de cada musulmán sobre su hennano en la fe. Su propósito al expresar tales privilegios era atraer los corazones de los no musulmanes cuando vieran semejante lazo de cariño y unión entre ellos. Había dicho: “El musulmán es hermano de otro musulmán y todos los musulmanes son hermanos entre sí. Ellos son como una sola mano que va contra los inicuos. La sangre de uno es idéntica a la del otro y la palabra de uno vale lo mismo que la de otro.”

Los principales criminales son arrestados.

Evidentemente el Enviado de Dios (B.P.) dio un maravilloso ejemplo de sentimiento, cariño, perdón e indulgencia cuando a pesar de los sentimientos de un grupo extremista de sus seguidores anunció la amnistía general. Sin embargo entre los inicuos existían personas sobre las que pesaban grandes cargos y no era de ninguna manera correcto dejarlos caminar tranquilos entre los musulmanes luego de haber cometido tantas vejaciones. Además era muy probable que en el futuro abusaran de esta amnistía y retornaran a instigar contra el Islam. Algunos de ellos fueron ejecutados. Dos se habían refugiado en la casa de Umm Haní, la hermana del Imam Alí. Este se acercó armado a su casa. Umm Haní abrió la puerta y vio a alguien armado y cubierto por la armadura que no podía distinguir. De inmediato le dijo: «He dado protección a dos hombres y el refugio brindado por una mujer musulmana es igual al otorgado por el hombre”. Alí descubrió su rostro y los ojos de la mujer reconocieron a su hermano, al cual los acontecimientos habían apartado de su lado durante largos años. Sus ojos se llenaron de lágrimas y enseguida lo abrazó. Juntos se dirigieron a casa del Profeta quien respetó la inmunidad concedida por ella.

Abdullah Ibn Abi Sarh, quien fue un hombre que tras adherir al Islam renegó de él, se contaba también en el grupo citado, y fue salvado por la protección que le brindara Uzmán.

Los casos de Akrama y Safuán.

Akramah Ibn Abi Yahl, gran instigador de las batallas contra el Islam que siguieron al combate de Badr, intentó huír al Yemen pero obtuvo la inmunidad a través de la intercesión de su esposa. En cuanto a Safuán Ibn Umaiiah, además de contar con pesados cargos, como ya relatamos había crucificado a un musulmán en la Meca en pleno día y los ojos de los transeúntes para vengar a su padre que había sido muerto en la batalla de Badr. Por esta causa el Profeta lo contó entre las diez personas a ejecutar. Cuando Safuán lo supo decidió huír del Hiyaz por vía marítima. Por su parte Umair Ibn Uahab rogó al Enviado de Dios que lo indultara. El Profeta accedió y en señal de inmunidad le entregó el turbante con el cual había hecho su ingreso en la Meca. Umair se dirigió a Yedda y llevó consigo a Safuán. Cuando los ojos del Profeta (B.P.) vieron al criminal le dijo con total generosidad: “Tu vida y tus bienes serán respetados, pero mejor sería que adhirieras al Islam”. Entonces el hombre pidió dos meses para pensarlo. El Profeta le dijo: “En lugar de dos te daré cuatro meses de plazo para que aceptes esta doctrina llena de conocimientos”. Cuando aún no habían transcurrido los cuatro meses Safuán se islamizó.

Un análisis de estas circunstancias y del tratamiento que recibieron los más acérrimos enemigos del Profeta no deja lugar a dudas sobre el verdadero rostro del Islam, que algunos orientalistas critican y contrarían con gran empeño. La realidad, como vimos, es que los jefes de la incredulidad tenían plena libertad para elegir la religión islámica y no existía ninguna presión ni amenaza en ese sentido, por el contrario, se procuraba que admitieran el mensaje divino a través de la meditación y la reflexión, y no mediante amenazas o miedo.

Hasta aquí hemos transmitido los acontecimientos más destacados y ejemplares de la conquista de la Meca. Sólo nos resta referir dos sucesos interesantes que reflejaremos en breve.

LAS MEQUINENSES REALIZAN LA BA'IAT

Tras el ba'iat (juramento de lealtad y fidelidad) de ‘Aqaba, realizado antes de la Hégira y en el cual aproximadamente 70 hombres y tres mujeres juraron fidelidad y obediencia al Profeta, por primera vez y formalmente el Enviado de Dios (B.P.) concretó el ba'iat con las mujeres. Por este juramento ellas se comprometían a observar los siguientes puntos: 1) No atribuir copartícipes a Dios; 2) no traicionar a sus esposos; 3) no ir en busca de la corrupción; 4) no matar a sus hijos; 5) no atribuir a sus esposos los hijos del adulterio; y 6) no contrariar al Profeta en las obras de beneficencia. La ceremonia fue realizada del siguiente modo: El Profeta (B.P.) pidió que le alcanzaran un recipiente con agua y le agregó perfume, luego introdujo su mano dentro del mismo y recitó la aleya coránica que disponía las reglas antes mencionadas:

“iOh Profeta!, cuando las creyentes se presenten ante tí jurándote fidelidad de que no atribuirán nada a Dios, ni robarán ni fornicarán ni serán filicidas ni se presentarán con calumnia que fraguaren intencionalmente (un expósito haciéndole pasar por hijo propio), ni te desobedecerán en causas justas, entonces acepta su compromiso e implora, para ellas, el perdón de Dios; porque Dios es Indulgentísimo, Misericordiosísimo”. (60: 12)

A continuación se puso de pie y les dijo: “Quienes estén dispuestas a hacer la proclamación conforme a lo estipulado antes que introduzcan sus manos en el recipiente y anuncien su fidelidad al pacto”.

El motivo principal que llevó al Profeta (B.P.) a adoptar este proceder fue la cantidad de mujeres corruptas que existía en la Meca. Si él no acordaba con ellas mediante algún firme pacto probablemente seguirían con sus actos vergonzosos en forma clandestina. Una de esas mujeres era Hind, esposa de Abu Sufián y madre de Mu‘auiah , que contaba con una oscura trayectoria. Dotada de un carácter fuerte e impulsivo solía imponerle sus pareceres a su esposo. Cuando Abu Sufián demostraba alguna tendencia pacifista ella lo contrariaba convocando a la gente a la guerra y la venganza. Sus instigaciones fueron, por ejemplo, las que desataron la batalla de Uhud en la cual el Profeta (B.P.) perdió a 70 de sus compañeros, entre los cuales se encontraba su tío Hamza. Con increíble crueldad aquella mujer abrió el vientre de Hamza y le extrajo el hígado partiéndolo por la mitad. Por todo esto al Profeta (B.P.) no le quedaba otra salida más que comprometerla a ella y a sus iguales con un juramento.

Cuando Muhammad (B.P.) recitó la aleya antes mencionada y llegó a la frase que decía “ni robarán”, Hind, que tenía su rostro cubierto, se puso de pie y acotó: “¡Profeta! ¿Ordenas a las mujeres no robar? ¿Qué hago yo entonces si mi marido es muy avaro? Por ello me he visto simpre forzada a hurtar sus bienes”. Abu Sufián le dijo: “Yo te perdono lo pasado, pero ahora prométeme que ya no lo harás”. La interrupción de Abu Sufián hizo saber al Profeta que aquella mujer era Hind y entonces le preguntó para cerciorarse: “¿Eres la hija de Utba?”. “Si”, fue su respuesta, y enseguida agregó: “¡Profeta! ¡Perdónanos para que Dios te agracie con Su misericordia! “

Cuando el Profeta (B.P.) llegó a pronunciar la frase de la aleya que dice “ni fornicarán” nuevamente ella se levantó y a modo de defensa pronunció una frase que, sin que lo advirtiera, revelaba su culpabilidad: “¿Por ventura es capaz la mujer libre de cometer adulterio?” Psicológicamente esta reacción suya era un claro indicio de su culpabilidad. Interrumpió con su pregunta pues presentía que al culminar la recitación de la aleya todos los rostros se volverían hacia ella. De todos modos, al llegar ese momento uno de los hombres que había mantenido relaciones ilícitas con ella durante la época de la gentilidad se asombró y se hechó a reír cuando la escuchó. La carcajada de éste y la defensa de Hind empeoraron más aún su reputación.

LA DESTRUCCION DE LOS TEMPLOS IDOLATRAS

DE LOS ALREDEDORES

En los alrededores de la Meca existían numerosos templos dedicados a la idolatría que eran respetados por las tribus del lugar. A fin de erradicar definitivamente la idolatría el Profeta envió comandos a todos los rincones de la Meca. A través de un comunicado se informó a los rnequinenses que todos los ídolos que hubiere en las casas debían ser destruidos.

A Amru Ibn Al-As se le encomendó la misión de destruir el templo que albergaba al ídolo Saua' y a Sa‘d  ibn Zaid, al que albergaba a Manat.

A la cabeza de otro grupo a Jalid Ibn Ualid le tocó la misión de convocar a la tribu de Yuzaimat Ibn Amer y derribar a Uzza. El Enviado de Dios le había ordenado no derramar ni una sola gota de sangre. Abdu Rahmán Ibn Auf lo acompañaba. En la época de la gentilidad la tribu de Yuzaima había asesinado al tío de Jalid y al padre de Abdu Rahmán justo cuando regresaban del Yemen, despojándolos además de sus bienes. Por esto Jalid les guardaba un gran rencor. Cuando el grupo comando llegó donde la tribu ésta estaba preparada para resistir. De inmediato Jalid exclamó: “¡Arrojen sus armas! La era de la idolatría quedó atrás. Ummu-l-Qura (la madre de las ciudades: la Meca) se sometió al Islam”. Un hombre sagaz descubrió que el comandante tenía malas intenciones y dijo a los jefes de su tribu: “El resultado de la rendición será el cautiverio seguido de la muerte”.

Finalmente la mayoría de los jefes decidieron rendirse y entregaron las armas. En ese preciso instante, de manera muy vil y contrariando las órdenes explícitás del Profeta (B.P.), Jalid ordenó encadenarlos y tomarlos prisioneros. En la madrugada de ese mismo día un grupo fue ejecutado y otro liberado. La noticia del brutal crimen de Jalid irritó sobremanera al Profeta (B.P.) quien de inmediato ordenó a Alí dirigirse al lugar y pagar los daños ocasionados y la indemnización por los crímenes. Llevó a cabo tan escrupulosamente esa tarea que llegó a abonar el precio de un recipiente que había sido destruido en el cual solían beber agua los perros. Luego solicitó la presencia de los desafortunados jefes de la tribu y les preguntó: “¿Consideran cumplido el pago de todos los daños y la sangre de todos los inocentes?” “Si”, le respondieron. Por las dudas Alí les entregó una suma más de dinero y regresó a la Meca. Cuando llegó visitó al Profeta (B.P.) y le informó sobre el cumplimiento de su misión. El Enviado de Dios (B.P.) admiró y elogió su proceder, y luego orientándose hacia la Ka‘aba, con voz triste, dijo: “¡Dios mío! No soy responsable de los crímenes de Jalid, jamás le ordené seguir semejante proceder”.

Además de satisfacer los daños concretos, el Comandante de los creyentes tuvo en cuenta la indemnización por los daños psicológicos, y entregó determinada suma de dinero a los que se habían asustado por el ataque de Jalid, y también los consoló. Cuando el Profeta supo de esta justa manera de proceder dijo: “¡Alí! Esta, tu obra, no la cambiaría ni por infinidad de camellos rojizos. Tú has conseguido mi satisfacción. ¡Alí!, tú eres el guía de los musulmanes. Feliz es quien te ama y te sigue y desafortunado quien se te opone y se desvía de tu camino. Tú eres para mí lo que Aarón fue para Moisés, a diferencia que después de mí no aparecerán más Profetas.”

Otros crímenes de Jalid.

El que referimos anteriormente no fue el único crimen que Jalid cometió durante su aparente vida islámica, puesto que durante la época del califato de Abu Bakr protagonizó actos de mayor criminalidad aún, como el que pasamos a referir. Tras el fallecimiento del Profeta algunas tribus se negaron a reconocer el califato de Abu Bakr, y se abstuvieron del pago del zakat (diezmo). Entonces el califa envió a un grupo que los reprendiera. Con esa excusa Jalid Ibn Ualid atacó a la tribu de Malik Ibn Nuuaira. Malik y sus hombres se prepararon para defenderse. Gritaban que eran musulmanes, que nadie tenía derecho a atacarlos ni tenían por qué ser blanco de los soldados del Islam. Jalid los desarmó engañosamente y asesinó a su jefe. ¿Por ventura una persona que ostenta tan oscuros antecedentes puede ser llamada “saifu-l-láh” (la espada de Dios), como lo hacen algunos historiadores, considerándolo un gran comandante del Islam?

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com , Fundación Cultural Oriente

 

* Estos pedidos quedaron registrados en las siguientes aleyas del Sagrado Co­rán; “O a menos que poseas un jardín de palmeras y vides en medio del cual hagas brotar ríos caudalosos. O a menos que hagas caer el cielo a pedazos sobre nosotros, como pretendiste. O a menos que nos presentes a Dios y a los ángeles en persona. O a menos que poseas una casa de oro o que escales el cielo, jamás creeremos en tu ascensión hasta que no nos envies un Libro que podamos leer. Diles; ¡Glorificado sea mi Señor! ¿Soy por ventura algo más que un (hombre) mortal Enviado (a vo­sotros por Dios)?” (17:90/93)

* Frase de respeto entre los árabes que significa “tú eres para mí como mi padre y mi madre”.

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Historia del Islam,Conquista de la Meca,Islam,Meca,Medina,Abu Sufian,Quraish,victoria de musulmanes
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Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La Conquista de la Meca.pdf (365.25 KB)
Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Sat, 2 Dec 2023 - 09:33
By admin , 28 November 2023

Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr - “...Y entonces fui guiado"

“...Y entonces fui guiado”

Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

Nos dirigimos con Abu Shubbar a la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, y en el camino me trató de manera agradable y me habló sobre los famosos ‘Ulama, sobre Taqlid (imitación a un Muytahid, es decir, a un sabio) y sobre otros temas... hasta que llegamos a la casa del Saiid As-Sadr. Ésta estaba repleta de jóvenes alumnos, la mayoría con turbantes.

El Saiid se puso de pie y nos saludó; luego le fui presentado. Me dio una calurosa bienvenida y me hizo sentar a su lado. Después comenzó a preguntarme sobre Túnez y Argelia y sobre famosos ‘Ulama como Al-Jidr Husain, At-Tahir ibn ‘Ashur y otros.

Disfruté de su plática, y a pesar de su alta posición y del gran respeto que recibía de los que lo rodeaban, me encontré a mí mismo desinhibido con él, como si lo hubiera conocido desde antes.

Me resultó muy provechoso aquel encuentro porque escuchábamos preguntas hechas por los alumnos y las respuestas del Saiid. A través de ellas supe de la importancia de adoptar las decisiones de los ‘Ulama que están vivos, quienes pueden responder a toda clase de preguntas directa y claramente. También me convencí de que los Shi‘as son musulmanes que adoran a Allah solamente y que creen en el mensaje de nuestro Profeta Muhammad (BP).

Al principio tenía algunas dudas, pues Satán me susurraba que lo que yo veía era sólo simulación, que quizás era lo que ellos llaman Taqiiah, es decir, que demostraban algo diferente a lo que creían; pero estas dudas desaparecieron rápidamente y los susurros cesaron, pues era imposible que el centenar de personas que yo había visto u oído se pusieran de acuerdo para ello.

Por otra parte, ¿por qué debía haber simulación? ¿Quién era yo, y por qué les podría interesar hasta el punto de utilizar Taqiiah conmigo? Y sobre todo, sus libros antiguos, que habían sido escritos siglos atrás, o las publicaciones nuevas de tan sólo hacía unos meses atrás, todos en su presentación profesan la Unidad de Allah y engrandecen a Su Mensajero Muhammad (BP).

Ahí estaba yo, en la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, la famosa autoridad religiosa dentro y fuera de Irak; y cada vez que el nombre del Profeta Muhammad (BP) era mencionado, la audiencia entera exclamaba en una sola voz: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Cuando llegó el momento de la oración, dejamos la casa y fuimos a la mezquita que estaba junto a ella, y el Saiid Muhammad As-Sadr dirigió las oraciones del mediodía y de la tarde. Llegué a sentir como si estuviera viviendo entre los distinguidos Compañeros (del Profeta), pues había mediado entre las dos oraciones una súplica melodiosa proferida por uno de los orantes que tenía una voz emotiva y encantadora. Cuando terminó la súplica, la audiencia entera exclamó: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Después de la oración, el Saiid se sentó en el mihrab y la gente vino a saludarlo; algunos le hacían preguntas, ya sea en forma privada o pública, y él contestaba algunas de ellas en secreto, si es que le requerían discreción. Entendí que era así porque implicaban asuntos privados. Cuando la persona obtenía una respuesta a su pregunta, besaba la mano del Saiid y se marchaba. Qué gente afortunada al tener a este notable sabio que resuelve sus problemas y vive sus preocupaciones.

El Saiid me tuvo bajo su cuidado, se preocupó por mí y me brindó la mejor hospitalidad, a tal punto que me hizo olvidar de mi familia y amigos y sentí que si hubiera permanecido con él solamente un mes, me hubiera vuelto un Shi‘a debido a sus costumbres, modestia y generosidad. Cada vez que yo lo miraba, sonreía o comenzaba a hablarme y me preguntaba si necesitaba algo; y no abandoné su compañía durante cuatro días sino para dormir.

Él tenía muchas visitas entre las que había sabios enviados a él desde todas partes. Había sauditas (nunca hubiera imaginado que en el Hiyaz hubiera Shi‘as), y asimismo sabios de Bahrein, Katar, de los Emiratos Arabes Unidos, Líbano, Siria, Irán, Afganistán, Turquía y África Negra; y el Saiid hablaba con cada uno de ellos y resolvía sus problemas. Nadie se retiraba sin sentirse alegre y confortado.

Aquí me gustaría mencionar un caso que le fue expuesto al Saiid cuando me encontraba con él y por el cual quedé muy impresionado por la manera en que lo resolvió. Lo menciono debido a su importancia, a fin de que los musulmanes sepan lo que ellos han perdido al abandonar las normas de Allah.

Cuatro hombres, que probablemente eran iraquíes, a juzgar por sus acentos, fueron a ver al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr. Uno de ellos había heredado una casa de su abuelo, quien había muerto años atrás, y había vendido esa casa a una segunda persona (la cual estaba presente).
Un año después de la consumación de la venta, dos hermanos fueron y probaron que ellos también eran herederos legales del hombre muerto.

Los cuatro se sentaron ante el Saiid y cada uno de ellos exhibió los papeles y documentos que tenía. Después de que el Saiid leyó los papeles y habló unos cuantos minutos con los hombres, juzgó con justicia.

Dio al comprador el completo derecho a su casa, y le pidió al vendedor que pagara a los dos hermanos su parte del precio de la venta, y después de eso se pusieron de pie y besaron la mano del Saiid y se abrazaron mutuamente.

Yo estaba asombrado y no podía creer lo que había sucedido. Le pregunté a Abu Shubbar: “¿El caso ha terminado?”. Él dijo: “Sí, cada uno recibió su derecho”. “¡Alabado sea Allah! ¡Con qué facilidad y en tan corto tiempo! ¿Con tan sólo unos minutos el problema fue resuelto? Un caso similar en nuestro país habría llevado por lo menos diez años para resolverlo y alguno de los demandantes habría muerto y sus hijos continuarían el caso abonando los costos legales que excederían el precio de la casa misma.

El caso se trasladaría desde el Juzgado de Primera Instancia hacia la Corte de Apelación; luego a la revisión del caso, y al final ninguno quedaría satisfecho, después de haber agotado sus esfuerzos y dinero en los costes judiciales y sobornos, sin contar la enemistad que queda entre las personas y familias”.

Abu Shubbar comentó: “Nosotros también tenemos todo eso, si no peor”. Yo pregunté: “¿Cómo?”. Él dijo: “Si las gentes llevan sus problemas a las cortes del estado, entonces les sucede lo mismo que tú has mencionado, pero si siguen a la autoridad religiosa y se aferran a las leyes islámicas, entonces llevan sus casos a dicha autoridad y el problema se resuelve en pocos minutos, como tú viste; y para la gente que razona, ¿quién mejor que Allah para juzgar? El Saiid As-Sadr no cobra ni un centavo, pero si fueran a las cortes del estado, entonces ¡se arrancarían la cabeza!”.

Me causó gracia esa expresión que también es muy corriente entre nosotros, y dije: “¡Alabado sea Allah! Todavía no puedo creer lo que he visto, y si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo hubiera creído de ninguna manera”.

Abu Shubbar dijo: “Pues tienes que creerlo hermano. Este es un simple caso en comparación con otros más complicados en los cuales hay derramamiento de sangre, y aún así, las autoridades religiosas los resuelven en unos momentos”. Dije con asombro: “Entonces ustedes tienen dos gobiernos en Irak, un gobierno del estado y un gobierno de los religiosos”.

Él contestó: “No es así. Nosotros tenemos un gobierno de estado solamente, pero los musulmanes de la madhhab Shi‘a que siguen a las autoridades religiosas, no se subordinan al gobierno porque no es un gobierno islámico, sino un gobierno del partido Ba‘z. Ellos obedecen a ese gobierno simplemente en lo que se refiere a las normas gubernamentales, los impuestos, las leyes y los estatutos civiles; por lo tanto, si un musulmán que se aferra a la ley islámica tiene una disputa con un musulmán no aferrado a ella, entonces el caso debe ser llevado a las cortes del estado porque el segundo no acepta el juicio de las autoridades religiosas.

En cambio, si dos musulmanes que disputan, se aferran a la ley islámica, entonces no hay problema; todo lo que las autoridades religiosas deciden, es aceptable para ambas partes. De este modo, todos los casos atendidos por las autoridades religiosas son resueltos en el día, mientras que las otras autoridades los prolongan por meses y años”.

Fue un incidente que me hizo sentir contento con las normas de Allah, Alabado y Glorificado sea, y que me ayudó a comprender las palabras de Allah, en su Libro Glorioso:

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los incrédulos» (Sagrado Corán 5:44)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los opresores» (Sagrado Corán 5:45)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los corruptos» (Sagrado Corán 5:47)

El incidente también me infundió sentimientos de resentimiento y sublevación contra aquellos que cambian las justas reglas divinas por aquellas humanas y subjetivas. Aun así, eso no les basta y critican con todo descaro y sarcasmo las reglas divinas y las acusan de ser bárbaras y salvajes, porque aplican las sanciones establecidas por el Corán de cortar la mano de los ladrones, apedrear a los adúlteros y matar a los asesinos. Por lo tanto, ¿de dónde vinieron todas esas teorías extrañas para nosotros y para nuestra cultura? No hay duda de que vinieron de Occidente y de los enemigos del Islam que saben que la aplicación de las reglas de Allah significa su inevitable destrucción, ya que son ladrones, traidores, adúlteros, criminales y asesinos. Si aplicáramos las reglas de Allah nos libraríamos de todos ellos.

Conversé bastante con el Saiid As-Sadr durante aquellos días, y le pregunté sobre cada cosa que yo había aprendido por medio de amigos que me hablaban sobre sus creencias, sobre lo que ellos pensaban, sobre los Compañeros del Profeta (BP) y sobre Ali y sus hijos... además de muchos otros temas sobre los que no concordamos con ellos.

Le pregunté al Saiid As-Sadr sobre Imam Ali, por qué ellos ¡testimonian por él en el Adhan (el llamado a la oración), diciendo que él es Waliiullah (el Amigo de Allah)! Me respondió de la siguiente manera:

“El Comandante de los Creyentes, Ali -que las bendiciones de Allah sean sobre él- fue uno de los siervos que eligió y honró Allah, dándoles la responsabilidad del Mensaje después de Su Profeta. Estos siervos son los sucesores del Profeta (BP), pues cada profeta tiene un sucesor y Ali Abi Talib es el sucesor de Muhammad (BP). Nosotros lo anteponemos sobre todos los Compañeros del Profeta (BP) porque Allah y el Profeta lo prefirieron.

Tenemos acerca de ello pruebas lógicas transmitidas a través del Corán y de la Sunnah (la Tradición del Profeta), y estas pruebas son mutawatir (o sea con numerosas cadenas de transmisión, no relacionadas entre sí) y correctas, tanto para nosotros como para los Sunnis. Nuestros sabios han recopilado esto en muchos libros.

El régimen Omeya trabajó muy duro para borrar esta verdad y luchar contra el Imam Ali y sus hijos, a los cuales asesinaron. Además ordenaron maldecirlos e insultarlos en los púlpitos de los musulmanes y la gente hizo aquello coaccionada. Es por eso que sus seguidores -que Allah esté complacido con ellos- comenzaron a testimoniar que él es el Amigo de Allah y ningún musulmán puede insultar al Amigo de Allah.

Eso fue un desafío de su parte contra las autoridades opresoras, para que la grandeza sea para Allah, para Su Mensajero y para todos los creyentes; y para que sea un incentivo a lo largo de la historia para la totalidad de los musulmanes a través de las generaciones, a fin de que conozcan la verdad de Ali y la falsedad de sus enemigos.

De este modo, nuestros ‘Ulama se esforzaron en testimoniar que “Ali es el Wali de Allah” en sus llamados a la oración, lo cual realizan como algo recomendable. Al pronunciar la frase hay que tener la intención de estar diciendo algo preferible y no obligatorio, pues si el que hace el Adhan o la Iqamah (segunda llamada a la oración) tiene la intención de que la frase forme parte de alguno de los dos, éstos se vuelven nulos.

Hay muchas cosas recomendables en los actos devocionales, así como también en las relaciones mundanales ordinarias y en las transacciones; los musulmanes serán recompensados por realizarlas, pero no serán castigados por dejarlas de lado.

Por ejemplo es recomendable para los musulmanes decir después de la Shahadah (testimonio en el rezo de que no hay divinidad sino Allah, y que Muhammad (BP) es Su Mensajero): “Y testifico que el Paraíso es verdad, que el Infierno es verdad, y que Allah resucitará a quienes estén en las tumbas”.

Yo dije: “Nuestros sabios nos enseñaron que la prioridad de la sucesión era para nuestro maestro Abu Bakr As-Siddiq, luego para nuestro maestro ‘Umar Al-Faruq, luego para nuestro maestro ‘Uzman, y luego para nuestro maestro Ali -que Allah los bendiga a todos-”. El Saiid permaneció en silencio por un momento y luego me respondió:

“Pueden decir lo que quieran, pero les es imposible corroborar eso sobre pruebas unánimemente aceptadas en la Shari‘ah, e inclusive, eso contradice lo que transmiten de sus propios libros de cabecera. Dice en ellos: “La mejor de las personas es Abu Bakr y luego ‘Uzman”, y no hay mención de Ali porque lo consideran una persona cualquiera y solamente comenzaron a mencionarlo tardíamente, al citar a los Califas Correctamente Guiados”.

Después le pregunté sobre la pieza de tierra sobre la que posan sus frentes durante las oraciones y que ellos llaman At-Turbah Al-Husainiiah. Él respondió:

“Antes todo debemos hacer notar que nosotros nos prosternamos sobre la tierra, pero no para la tierra, como suponen algunas personas que calumnian a los Shi‘as, pues la prosternación es sólo para Allah, Alabado y Glorificado sea. Está bien establecido entre nuestra gente, así como también entre los Sunnis, que la mejor prosternación es sobre tierra o sobre lo que ella produce sin ser comestible, y que es incorrecto prosternarse sobre algo fuera de esto.

El Mensajero de Allah (BP) solía descansar sobre la tierra y tenía una masa de tierra y paja sobre la cual se prosternaba. Además, enseñó a sus Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- que se prosternaban sobre la tierra o las piedras y les prohibió que lo hicieran sobre el borde de sus ropas. Nosotros consideramos que estos conocimientos son necesarios.

El Imam Zain-ul ‘Abidin Ali, hijo de Al-Husain (la paz sea con ambos), tomó una Turbah (una pieza de tierra reseca) de la tumba de su padre Abu ‘Abdullah por ser ésta una Turbah pura e inmaculada, pues la sangre del Señor de los Mártires fue derramada en ella. De este modo, sus seguidores continuaron con aquella práctica hasta el día de hoy.

Nosotros no decimos que la prosternación no está permitida si no es sobre la Turbah, sino que decimos que la prosternación es correcta si se la realiza sobre cualquier Turbah o tierra limpia, como así también es correcta si se la realiza sobre una esterilla o alfombra de plegaria que esté hecha de hojas de palmera o de un material similar”.

Pregunté en relación a nuestro maestro Al-Husain -que Allah está complacido con él-: “¿Por qué los Shi‘as lloran, se golpean y se abofetean a sí mismos hasta que les brota sangre, a pesar de que esto está prohibido en el Islam, ya que el Profeta (BP) dijo: “El que abofetea sus mejillas, desgarra sus ropas e invoca con el llamado de la Yahiliiah (la época de ignorancia anterior al Islam), no es uno de nosotros”?”.

El Saiid contestó: “La narración es correcta y no hay duda sobre ella, pero no es aplicable a las ceremonias de duelo por Abu ‘Abdullah, ya que el que clama por la sangre de Al-Husain y sigue su senda, su llamado no es de Yahilliah. Además, los Shi‘as son sólo seres humanos; entre ellos hay sabios y hay iletrados, y ellos tienen sentimientos y emociones. Si se desbordan a causa de sus emociones durante el aniversario del martirio de Abu ‘Abdullah, y recuerdan lo que le sucedió junto a su familia y a sus compañeros, quienes fueron asesinados, calumniados y encarcelados, entonces serán recompensados por sus buenas intenciones, porque están en el sendero de Allah. Allah, Alabado y Glorificado sea, agracia a Sus siervos de acuerdo a sus intenciones.

La semana pasada leí las informaciones oficiales del gobierno egipcio sobre los incidentes de suicidio que siguieron a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir. Esos informes oficiales dicen haber registrado ocho formas de suicidio entre los cometidos por la gente al escuchar la noticia; algunos saltaron de los edificios, otros se arrojaron bajo los trenes, etc. Además, hubo muchos heridos y lesionados.

Estos son solamente ejemplos en los que las emociones han desbordado a las personas más racionales. A pesar de que esas personas, que eran musulmanas, se suicidaron debido a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir -que murió por causas naturales-, nosotros no tenemos derecho, sólo por noticias como éstas, a juzgar a todos los Sunnis y a acusarlos de estar equivocados.

Por otra parte, no es correcto para los Sunnis acusar a sus hermanos Shi‘as de estar equivocados sólo porque lloran por el Señor de los Mártires. Estas personas han vivido y todavía están viviendo hasta este día, la tragedia de Al-Husain. Incluso el Mensajero de Allah (BP) lloró por lo que le sucedería a su hijo Al-Husain, como así también Gabriel al ver llorar al Profeta”.

Pregunté: “¿Por qué los Shi‘as decoran las tumbas de sus santos con oro y plata, a pesar del hecho de que eso está prohibido en el Islam?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Esto no es exclusivo sólo de los Shi‘as, ni está prohibido. Verás las mezquitas de nuestros hermanos Sunnis ya sea en Irak, Egipto, Turquía o en cualquier otro lugar del mundo islámico, decoradas con oro y plata. Asimismo la Mezquita del Mensajero de Allah (BP) en Madinatul Munawarah y la Ka‘bah, la Casa de Allah, en la distinguida Meca, que es cubierta cada año con un nuevo manto decorado con oro que cuesta millones. Por lo tanto, tal cosa no es exclusiva de los Shi‘as”.

Pregunté: “Los ‘Ulama sauditas dicen que tocar las tumbas e invocar a los santos por sus bendiciones es idolatría, así que, ¿cuál es la opinión de ustedes?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Si tocar las tumbas e invocar a sus ocupantes es con la intención de que ellos perjudiquen o beneficien, entonces eso es idolatría, sin lugar a dudas. Pero los musulmanes creen en la Unicidad (de Allah) y saben que solamente Allah es el que perjudica o agracia. Solamente se invoca a las personas santas y a los Imames -la paz sea con ellos- con la intención de que sean un medio para llegar a Él, Alabado sea, y eso no es idolatría.

Todos los musulmanes, Sunnis o Shi‘as, concuerdan en este punto desde la época del Mensajero hasta el presente, excepto los Wahabi, que son los ‘Ulama sauditas que mencionaste, los cuales contradicen a la totalidad de los musulmanes con su nueva tendencia que surgió recién en este siglo. Ellos causaron mucha discordia entre los musulmanes con esa creencia, acusaron a los demás de incredulidad y determinaron lícito el derramar su sangre. Golpearon a los ancianos peregrinos en su camino a la Casa de Allah, en La Meca, sólo por decir: “La Paz sea sobre ti, ¡oh Mensajero de Allah!” y nunca permiten que nadie toque su tumba pura y bendita. Sostuvieron muchos debates con nuestra gente sabia, pero persistieron en su tozudez y arrogancia.

Cuando el Saiid Sharaf-ud Din, un famoso sabio Shi‘a, realizó la Peregrinación a la Casa de Allah durante la época de ‘Abdul Aziz ibn Saud, formó parte de aquellos ‘Ulama que fueron invitados al palacio del rey para celebrar con éste el ‘Id-ul Ad-ha, como es costumbre allá.

Cuando llegó y fue a estrechar la mano del rey, el Saiid Sharaf-ud Din le ofreció como regalo un Corán con una cubierta de cuero. El rey tomó el Corán; luego lo besó y lo puso en su frente. El Saiid Sharaf-ud Din dijo: “¡Oh rey!, ¿por qué besas y glorificas a la cubierta que está hecha sólo de cuero de cabra?”. El rey respondió: “Mi intención fue glorificar al Sagrado Corán y no engrandecer al cuero”.

El Saiid Sharaf-ud Din dijo entonces: “¡Bien dicho, rey! Nosotros hacemos lo mismo cuando besamos la ventana o la puerta de donde está la tumba del Profeta (BP); nosotros sabemos que el hierro del que están hechas no puede perjudicar ni beneficiar, pero nos dirigimos a lo que hay detrás del hierro o de la madera; nos dirigimos a glorificar al Mensajero de Allah de la misma manera en que tú glorificaste al Corán cuando besaste su cubierta de cuero de cabra”.

La audiencia estaba impresionada con el Saiid y dijo: “Tú tienes razón”. El rey en ese momento se vio obligado a permitir a los peregrinos a procurar bendiciones a través de las reliquias del Profeta, hasta que la orden fue revertida por el sucesor de aquel rey.

La cuestión no es que ellos teman que la gente asocie a otros con Allah; en realidad, es una cuestión política cuyo objetivo es contradecir y matar a los musulmanes a fin de consolidar su poder y autoridad sobre ellos. La historia es testigo de lo que han perpetrado en contra de la comunidad de Muhammad (BP)”.
Le pregunté sobre las órdenes sufis, y me respondió brevemente:

“Hay aspectos positivos y negativos en ellas. Los aspectos positivos incluyen la autodisciplina, la vida austera, el desapego de los placeres mundanales, elevándose así al inmaculado mundo espiritual.

Los aspectos negativos incluyen el retraimiento, el huir de la realidad de la vida y el limitarse sólo a mencionar a Allah en sus numerosas expresiones y otras prácticas.

El Islam -como es sabido- acepta los aspectos positivos pero rechaza los negativos, y nosotros podemos decir que todos los principios y enseñanzas del Islam son positivos”.

Duda y Confusión

Las respuestas del Saiid As-Sadr eran claras y convincentes, pero era muy difícil para una persona como yo comprenderlas. Había vivido veinticinco años de mi vida en base a la idea de glorificar y respetar a los Compañeros del Profeta, especialmente a los Califas Correctamente Guiados, a quienes el Mensajero de Allah nos ordenó aferrarnos y seguir sus enseñanzas, en particular a Abu Bakr As-Siddiq y a ‘Umar Al-Faruq; pero, desde que había llegado a Irak, no había oído mencionar sus nombres.

Solamente había escuchado extraños nombres completamente desconocidos para mí; que había doce Imames, y una afirmación de que el Mensajero de Allah (BP) había declarado antes de su muerte que el Imam Ali debía ser su sucesor.

¿Cómo podía creer todo eso (que todos los musulmanes y los Compañeros del Profeta, quienes eran las mejores personas después del Profeta, se pusieran de acuerdo para levantarse en contra de Ali -que Allah ennoblezca su rostro-), cuando a nosotros se nos enseñó desde niños que los Compañeros del Profeta -que Allah esté satisfecho con ellos- respetaban a Ali y conocían muy bien sus derechos? Sabían que él era el esposo de Fátima Az-Zahrá, el padre de Al-Hasan y Al-Husain, y la puerta de la ciudad del conocimiento.

Asimismo, nuestro maestro Ali conocía los derechos de Abu Bakr As-Siddiq, quien se hizo musulmán antes que nadie más, y que acompañó al Profeta a la cueva (cuando huía de los incrédulos que querían asesinarlo), como mencionó Allah, el Altísimo, en el Corán; a quien el Mensajero de Allah encomendó dirigir las oraciones durante su enfermedad y de quien dijo: “Si yo tuviera que elegir a un amigo muy íntimo, elegiría a Abu Bark”.

A causa de todo eso, los musulmanes lo eligieron como su Califa. El Imam Ali también conocía la posición de nuestro maestro ‘Umar, con quien Allah fortaleció el Islam y a quien el Mensajero de Allah llamó Al-Faruq (el que distingue lo verdadero de lo falso); como así también el Imam Ali conocía la posición de nuestro maestro ‘Uzman, en cuya presencia los ángeles del Misericordioso se sintieron avergonzados, quien organizó el ejército de Al-Usrah, y que fue llamado por el Mensajero de Allah: Dhun Nurain (el Poseedor de las Dos Luces).

¿Cómo podrían nuestros hermanos los Shi‘as ignorar o pretender ignorar todo eso, y hacer de estas personalidades sólo personas ordinarias que fueron desviadas del sendero recto por las pasiones y codicias mundanales y que desobedecieron las órdenes del Mensajero después de su muerte?

Esto es inconcebible ya que nosotros sabemos que estas personas solían apresurarse para ejecutar las órdenes del Mensajero. Ellos mataron a sus hijos y padres y a los miembros de sus propias tribus para glorificar el Islam y su triunfo. Aquel que mataría a su padre y a su hijo por la causa de Allah y Su Mensajero, no puede estar sujeto a ambiciones mundanales y transitorias tales como la posición de Califa, e ignorar las órdenes del Mensajero dándole la espalda.

A causa de todo eso, yo no podía creer todo lo que los Shi‘as decían, a pesar del hecho de que estaba complacido con ellos en muchos aspectos.

Permanecí en un estado de duda y confusión: duda que introdujeron en mi mente los ‘Ulama Shi‘as, pues sus palabras eran sabias y lógicas; y confusión porque yo no podía creer que los Compañeros del Profeta -que Allah, el Altísimo, esté complacido con ellos- rebajaran su moral a ese estado y pudieran ser personas comunes como nosotros, o que no les adornaran las luces del Mensaje, ni estuvieran formados por la guía de Muhammad (BP).

¡Oh mi Dios! ¿Cómo podría ser así? ¿Acaso podían los Compañeros del Profeta estar al nivel descripto por la Shi‘a? Lo importante es que esta duda y esta confusión fueron el origen para debilitar las creencias pasadas y reconocer que había muchos temas ocultos que necesariamente debían ser dilucidados para poder llegar a la verdad.

Mi amigo Mun’im llegó y luego viajamos a Karbala, y allí reviví la tragedia de nuestro maestro Al-Husain, así como la viven sus seguidores; entonces supe que en realidad él no había muerto.

La gente tiende a agolparse alrededor de su tumba como mariposas, y llora con un dolor y pesar que yo nunca había visto antes, como si Al-Husain hubiera sido recién martirizado. Escuché a los disertantes que despertaban los sentimientos de la gente describiendo el incidente de Karbala con llantos y lamentos. Cualquiera que los escucha no puede contenerse y se deja llevar.

Lloré y lloré como dejando salir un sentimiento reprimido, y sentí un sosiego tal en mi alma, que nunca había experimentado antes de ese día. Sentí como si hubiera estado en las filas de los enemigos de Al-Husain y me hubiera transformado rápidamente en uno de sus compañeros que se sacrificaron por su causa.

El disertante estaba recitando la historia de Hurr, que fue uno de los comandantes encargados de luchar contra Al-Husain y que se detuvo en el campo de batalla temblando como una hoja al viento, y cuando uno de sus amigos le preguntó: “¿Acaso tienes miedo de la muerte?”, respondió: “¡No, por Allah!, pero estoy eligiendo entre el Cielo y el Infierno”. Luego espoleó su caballo y se dirigió hacia Al-Husain y le preguntó: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah?”.1

Cuando oí eso, no pude controlarme y caí al suelo llorando y sentí como si estuviera en el lugar de Hurr, preguntándole a Al-Husain: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah? Perdóname, oh hijo del Mensajero de Allah”.

La voz del disertante era tan conmovedora que la gente comenzó a llorar y a lamentarse, y cuando mi amigo oyó mis llantos, me abrazó como una madre abraza a su hijo, y comenzó a llorar y a repetir: “¡Oh Husain!... ¡Oh Husain!...”

Esos fueron momentos durante los cuales aprendí el significado real del llanto y sentí que mis lágrimas lavaban mi corazón y mi cuerpo desde adentro, y sólo entonces comprendí el significado del dicho del Mensajero de Allah: “Si supierais lo que yo sé, sonreiríais poco y lloraríais mucho”.

Estuve deprimido todo el día. Mi amigo trató de distraerme y confortarme ofreciéndome algunos refrescos, pero yo había perdido mi apetito por completo. Le pedía que me repitiera la historia del martirio de Al-Husain, ya que no sabía mucho sobre ella, sino tan sólo lo que nuestros líderes religiosos nos narraban acerca de que fueron los hipócritas enemigos del Islam quienes asesinaron a nuestros maestro ‘Umar, ‘Uzman y Ali, y que los mismos enemigos asesinaron a nuestro maestro Al-Husain.

No sabíamos más que esa pequeña reseña; incluso solíamos conmemorar ‘Ashura -los diez días previos al martirio de Al-Husain (P)-, como uno de los días festivos del Islam. Se distribuían limosnas, se cocinaban diferentes tipos de comidas y los niños iban a que los mayores les dieran dinero para comprar dulces y juguetes.

En realidad, hay tradiciones y costumbres en algunas aldeas, en las que, durante ‘Ashura, la gente enciende fuegos y no realiza ninguna clase de trabajo, no contrae matrimonio, ni celebra ninguna ocasión feliz. Generalmente nosotros las aceptamos como costumbres y tradiciones, sin más explicación. Nuestros ‘Ulama nos relatan narraciones que hablan sobre las virtudes de ‘Ashura y las bendiciones y misericordias que tiene, y que es ¡algo maravilloso!

Luego fuimos a visitar la tumba de Al-‘Abbas, el hermano de Al-Husain. Yo no sabía quien era él, pero mi amigo me contó su historia de heroísmo y valentía. Además, encontramos muchos ‘Ulama piadosos cuyos nombres no recuerdo con detalle, sino tan solo sus apellidos, como por ejemplo: Bahr-ul ‘Ulum, Saiid Al-Hakim, Kashif-ul Guita’, Al-Iasin, At-Tabatabai, Al Fairuz Abadi, Asad Haidar y otros que me honraron con su compañía.

Se puede decir que ellos eran verdaderos sabios piadosos, que poseían todos los signos de dignidad y respeto. La comunidad Shi‘a los respeta y les da un quinto (Jums) de sus ganancias, a través del cual ellos gestionan los asuntos de las escuelas religiosas, abren nuevas escuelas, establecen imprentas y asisten a los estudiantes que vienen a ellos desde todo el mundo Islámico.

Son independientes y no están conectados de ninguna manera con los gobernantes, como lo están nuestros ‘Ulama que no pueden hacer ni decir nada sin la aprobación de las autoridades, quienes pagan sus salarios y los asignan y trasladan a donde sea que ellos dispongan.

Era un nuevo mundo que yo había descubierto, o más bien, que Allah había expuesto para mí. Comencé a relacionarme con él, a pesar del hecho de que previamente lo aborrecía, y armonicé con él después de que me le había opuesto. Este mundo me había enseñado nuevas ideas y me inspiró un deseo de averiguar, buscar conocimiento y estudiar hasta conocer la verdad anhelada que siempre busqué desde que leí el dicho del Profeta (BP):

“Los hijos de Israel se dividieron en setenta y un grupos, los cristianos se dividieron en setenta y dos grupos y mi comunidad se dividirá en setenta y tres grupos, todos los cuales, excepto uno, estarán en el Infierno”.

Este no es el lugar para hablar sobre las diferentes religiones que afirman ser las correctas y que el resto está equivocado, pero yo quedo sorprendido y turbado cada vez que leo este dicho. Mi sorpresa y turbación no son por el dicho en sí, sino por aquellos musulmanes que lo leen, lo repiten en sus disertaciones y lo pasan por alto sin analizarlo ni buscar algún indicio, para distinguir entre el grupo que será salvado y el que estará en el Infierno.

Lo extraño es que cada grupo afirma ser el que está en la salvación, y al final del dicho viene lo siguiente: “¿Quiénes son ellos, oh Mensajero de Allah?”. Él respondió: “Aquellos que siguen mi senda y la de mis Compañeros”.

¿Acaso hay algún grupo que no se aferre al Libro (Corán) y a la Sunnah (la Tradición Profética), y acaso hay algún grupo islámico que invoque algo diferente? Si el Imam Malik o Abu Hanifah, o Ash-Shafii, o Ahmad ibn Hanbal fuesen consultados, ¿no afirmarían cada uno de ellos que hay que aferrarse a las enseñanzas del Corán y de la correcta Sunnah?

Estas son las madhahib Sunnis; y si tenemos en cuenta a los diferentes grupos Shi‘as, a los que yo consideraba desviados y corruptos, todos ellos también invocan a aferrarse al Corán y a la correcta Sunnah que ha sido transmitida a través de los virtuosos de Ahl-ul Bait (la Familia del Profeta); y tengo entendido que la Familia del Profeta (BP) era tan virtuosa como ellos dicen, y que era más conocedora de la tradición del Profeta que los ajenos a su casa.

¿Es posible que todos esos grupos tengan razón? No, eso es imposible, porque el dicho del Profeta declara lo contrario. ¡Dios mío!, a menos que el hadiz (narración, dicho) sea inventado o falso! Pero eso no es posible, ya que el hadiz es considerado mutawatir tanto por los Shi‘as como por los Sunnis.
¿Es posible que el dicho no tuviera sentido o significado? Lejos está el Mensajero de Allah (BP) de haber dicho una cosa que no tuviera sentido o significado, pues él no habló por capricho o vanamente y todos sus hadices contienen normas y enseñanzas.

Entonces, sólo nos queda una posible conclusión: que hay un sólo grupo que tiene la razón y que el resto está errado. De este modo, el dicho provoca consternación, como así también induce a buscar y a estudiar a aquel que desee ser salvado.

Debido a eso, entró en mí la duda y la confusión después de mi encuentro con los Shi‘as, pues ¿quién puede saber si ellos dicen la verdad y hablan sinceramente? Por lo tanto, ¿no debo yo estudiar e investigar?

El Islam, a través del Corán y de la Sunnah, me ordena estudiar, investigar y comparar.
Allah, el Altísimo dice:

«Y a quienes se esfuerzan por nuestra causa, les encaminaremos por nuestras sendas...»
(Sagrado Corán; 29:69)

Él también dice:

«...Quienes escuchan las palabras y siguen la mejor de ellas. Éstos son a quienes Dios encamina, y éstos son los sensatos» (Sagrado Corán; 39:18)

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Estudia tu religión aunque digan de ti que eres un loco”. De este modo, la búsqueda y la comparación son obligaciones religiosas para toda persona responsable.

Habiendo tomado esta decisión (de estudiar e investigar) y con un sincero compromiso; y habiéndome hecho la promesa a mí mismo y a mis amigos Shi‘as de Irak, los abracé y me despedí de ellos lleno de tristeza, pues llegaron a estimarme, como yo también a ellos.

Sentí que había dejado queridos y sinceros amigos que habían perdido su tiempo a causa mía. Lo hicieron por su propia elección y no me pidieron nada excepto la complacencia de Allah, Alabado sea, pues el Profeta (BP) dijo: “Si Allah guía a una persona a través tuyo (hacia el sendero recto), entonces eso es mejor para ti que todas aquellas cosas para las cuales brilla el sol”.

Dejé Irak tras haber pasado veinte días entre los Imames y sus seguidores, y el tiempo había transcurrido como un placentero sueño del cual uno desea no despertar. Dejé Irak sintiéndome triste por la brevedad de ese período y por tener que separarme de esos corazones que palpitan por amor a Ahl-ul Bait, y me dirigí hacia el Hiyaz (en la península arábiga) procurando la Sagrada Casa de Allah y la tumba del Señor de los Primeros y los Últimos, con él sea la paz, y con su purificada descendencia.

  • 1. Hurr se pasó a las filas de Al-Husain (P) aun sabiendo lo que le esperaba, contándose así entre los mártires de Karbala.

Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

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Saied Muhammad Baqir Sadr,sabio musulman,Y entonces fui guiado,Tijani samavi,Shiismo,Chiismo,Islam
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Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr.pdf (384.74 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Historia-Biografía
Publicado
Tue, 28 Nov 2023 - 10:27
By admin , 21 November 2023

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La guerra de Muta y la batalla de Zatu Salasel

Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La guerra de Muta y la batalla de Zatu Salasel

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

EL VIII AÑO DE LA HEGIRA

LA GUERRA DE MUTA

Terminó el VII año de la Hégira en el cual, gracias al pacto de Hudhaibiiah los musulmanes pudieron visitar la Casa de Dios en comunidad y lanzar las consignas de la Unidad divina en el corazón mismo de la idolatría. Sus consignas conmovieron por cierto a algunos de los jefes de Quraish, como Jalid Ibn Ualid, Amru Al-Ass y Uzmán Ibn Talha. Luego de un tiempo éstos se dirigieron a Medina y expresaron su decisión de sumarse al Islam, cortando relaciones con el gobierno de la Meca, que ya era como un cuerpo sin alma.

Algunos historiadores han afirmado que la islamización de Jalid y Amru Ass se produjo durante el quinto año de la Hégira, pero ello no puede ser cierto porque en la época del tratado de Hudhaibiiah, que tuvo lugar en el año VI de la Hégira, aún Jalid era de los comandantes mequinenses. Además es sabido que la islamización de ambos fue simultánea.

A principios del octavo año de la Hégira se había logrado ya una parcial seguridad en todo el territorio del Hiyaz. En ese momento en que el mensaje del Islam había logrado una considerable expansión, en que ya no se temía de los ataques o influencias judías por el norte, y se estaba a salvo de las agresiones de Quraish por el sur, el Enviado de Dios pensó en convocar al Islam a los habitantes de la frontera de Sham que permanecían bajo el dominio del imperio romano de oriente. Envió por ese motivo a Haris Ibn Umair con una carta destinada al gobernador de Sham, por entonces Haris Ibn Abi Shemr, quien gobernaba conforme a los mandatos del César.

Cuando el mensajero del Profeta (B.P.) ingresó a la frontera de Sham, Sharhabil, gobernador de esa parte de las tierras, enterado de su llegada, ordenó que lo aprehendieran. El emisario anunció que portaba una carta del Profeta del Islam a Haris, gobernador de todo Sham. Pero no obstante Sharhabil, contrariando todos los principios de la diplomacia y el buen trato y respeto de la vida de los mensajeros de paz, ordenó amarrar de pies y manos al emisario y posteriormente dictó la orden de su ejecución. Cuando el Enviado de Dios (B.P.) supo de este crimen se entristeció mucho e hizo saber a su comunidad sobre este vil proceder de Sharhabil, para inmediatamente convocar a los musulmanes al Yihad para vengar al mensajero Haris.

Otro criminal atentado.

Al mismo tiempo que ocurría lo mencionado anteriormente tuvo lugar otro suceso sangriento que confirmó la decisión del Profeta de vengarse de los gobernantes de Sham que no sólo asesinaron a un pacífico emisario, sino a toda una delegación enviada para la difusión del Islam. Veamos los detalles del suceso:

En el mes de Rabi‘ 1 del octavo año de la Hégira partió un grupo de 16 personas al mando de Ka‘b Ibn Amir Al-Gaffari armados sólo con las armas de la difusión (es decir: el conocimiento del Islam) hacia Dhatu Atlah, región situada detrás de Uadiu-l-Qura. El propósito del viaje de este grupo era la difusión del Islam a las gentes del lugar. La delegación acampó en el sitio señalado y dieron comienzo a su prédica. De repente se suscitó una fuerte oposición de parte de los habitantes del lugar, quienes en conjunto atacaron a los musulmanes. Estos se vieron entonces frente a una multitud que los asediaba y se defendieron con valentía, prefiriendo el martirio antes que el sometimiento. Casi todos ellos fueron martirizados. Sólo uno, que yacía herido en el suelo, pudo levantarse en medio de la noche y volver a Medina. Cuando llegó le comunicó al Profeta todo lo ocurrido. Esta masacre de musulmanes hizo que en el mes de Yumada se diera la orden de partida para el Yihad (guerra santa). Para reprender a los rebeldes y sortear los difíciles obstáculos que podían presentarse en el camino se reunió un ejército de tres mil soldados. Cuando estos se encontraban reunidos en el campamento de Yaraf, cerca de Medina, y a punto de partir, se presentó el Enviado de Dios y dijo a sus integrantes: “Parten hacia un lugar donde fue asesinado mi emisario. Inviten allí nuevamente a la gente hacia el Islam y la Unidad divina. Si aceptan, desistan de la venganza, en caso contrario rueguen a Dios el auxilio y combatan. ¡Soldados del Islam! Luchen en el nombre de Dios, reprendan a los enemigos de Dios y a sus enemigos de la tierra de Sham, pero no molesten a los monjes y monjas que viven en los monasterios y conventos alejados de las ciudades. Destruyan los nidos de Satanás que están en los cerebros de algunos de vuestros enemigos, y háganlo con sus espadas, pero dejen en paz a las mujeres, los niños y los ancianos. Tampoco deben cortar árboles ni destruir viviendas. ¡Combatientes!, vuestro comandante será mi primo Ÿa‘far Ibn Abi Talib. En caso de que sea herido lo sucederá Zaid Ibn Hariza, y si este fuese martirizado, los dirigirá Abdullah Ibn Rauaha. Si a éste último también le sucediera algo, serán ustedes mismos quienes elijan nuevo comandante”. Luego ordenó la partida. El mismo y un grupo los acompañaron hasta Zaniatul Uada. Allí se desp!dieron diciendo: “¡Dios los proteja de la maldad de los enemigos haciendo que regresen sanos y victoriosos!”

Discrepancias sobre quien fue el primer comandante.

Algunos historiadores escriben: “El primer comandante (de la expedición a Sham) fue Zaid, el prohijado del Profeta. Ÿa‘far y Abdullah eran sus reemplazantes”. Sin embargo los sabios de la escuela shi‘ita afirman que Ÿa‘far Ibn A bi Talib era el primero y Zaid y Abdullah sus sucesores. Nuestro propósito es investigar cual de las hipótesis concuerda con la realidad, y para ello existen dos argumentos:

1) Zaid no podía compararse con Ÿa‘far en cuanto a posición social, grado de devoción y sabiduría se refiere. Escribe Ibn Azir en su obra “Asadul Qaba": “Tanto por el carácter como por la espiritualidad y el físico Ÿa‘far se asemejaba mucho al Profeta. El fue quien creyó en su mensaje poco tiempo después de Alí. Cierto día Abu Talib vio a Alí orando a la derecha del Profeta y por eso indicó a Ÿa‘far que lo hiciera a la izquierda de Muhammad. Además Ÿa‘far fue el jefe del grupo que emigró a Abisinia abandonando su patria de la Meca, a fin de proteger la religión de los más débiles y perseguidos. Y fue él quien con su encendido y fervoroso discurso atrajo el corazón del Negus y su protección, y el que a través de la recitación del Corán dejó al descubierto la hipocresía y mentira de los emisarios de Quraish. El fue quien consiguió que el Negus protegiera a los creyentes y expulsara a los mequinenses”. Digamos por nuestra parte que otro antecedente a favor de Ÿa‘far es lo ocurrido a su arribo a Jaibar, durante el sitio de estas fortalezas judías. Cuando el Profeta supo de su llegada lo recibió, lo besó y le dijo: “No se por cual de los sucesos me alegro más, si por tu vuelta o por la toma de Jaibar llevada a cabo por tu hermano Alí”. Es Ÿa‘far el mismo gran hombre cuya valentía recordaba con añoranza su hermano el Comandante de los creyentes. Cierta vez cuando Alí supo que Amru Ass había establecido un pacto con Mu‘auiah  que disponía su elección como gobernador de Egipto si éste triunfaba, se entristeció mucho y dijo: “Si Hamza y mi hermano Ÿa‘far estuvieran con vida la estrella de mi victoria aparecería”. ¿Podemos entonces, a la luz de todos estos hechos históricos, suponer que el Profeta cedió la comandancia a Zaid y la sucesión a su primo Ÿa‘far?

2) Las poesías que importantes poetas compusieron en elogio del martirio de los comandantes evidencian que Ÿa‘far fue el primero en la posesión del mando. .Por ejemplo, tras recibir la triste noticia de los martirios, Hisan Ibn Sabit compuso una que dice en un párrafo: “Los comandantes martirizados en la batalla de Muta estarán colmados de la misericordia de Dios. Eran Ÿa‘far, Zaid y Abdullah, y encontraron el martirio uno tras otro”. Por su parte Ka'ab Ibn Malik compuso una poesía en memoria de los mártires de su familia, y en ella expresa claramente que Ÿa‘far fue el primer comandante: “...Recuerden cuando los soldados del Islam partieron a la batalla bajo la bandera de Ÿa‘far Ibn Abi Talib...” En resumen, estos versos son un testimonio histórico concluyente de la veracidad de la versión que hemos transmitido.

LOS EJERCITOS BIZANTINO E ISLAMICO FRENTE A FRENTE

El imperio romano oriental de la época, que había triunfado sobre Persia luego de experimentar un tremendo caos, vivía en un estado de embriaguez total. No obstante, habiéndoles llegado noticias de la valentía de los musulmanes y de sus numerosos triunfos, e informados de su partida y el número de sus huestes, decidieron preparar un fuerte ejército para combatirlos. Harqul (Heraclio), entonces el César, secundado por sus lacayos, puso en pie de guerra un fuerte y poderoso ejército para luchar contra el Islam. Prueba de ello es que sólo Sharhabil partió con un grupo de 100.000 hombres de las diferentes tribus de Sham para impedir el avance del Islam, y que Harqul aportó por su parte otros 100.000 hombres, quienes acamparon en Ma'ab, una de las ciudades de Bilqua, para secundar a Sharhabil.

La gran cantidad de efectivos que se reunió para enfrentar al pequeño ejército musulmán se debió a las noticias que daban cuenta de la valentía y el arrojo de estos hombres. Seguramente, si el contrincante hubiera sido cualquier otro grupo una décima parte de estas fuerzas hubiera bastado para aniquilados. Haciendo una comparación no cabe duda que de ambos ejércitos, el del Islam era el que manifiestamente, por todos los indicios, estaba en inferioridad de condiciones. En primer lugar desde el punto de vista del número, y en segundo lugar por el conocimiento de las tácticas militares. Por sus continuas guerras con Persia los romanos poseían tropas y comandantes experimentados que conocían bien las diversas tácticas militares que conducían al triunfo. Estos conocimientos en cambio eran sólo embrionarios en las filas islámicas. Tampoco podía compararse el armamento de ambos grupos. Y, lo mas importante, los musulmanes combatían en tierras extrañas, mientras que los romanos lo hacían en las suyas y podían por ello aprovechar de todo tipo de recursos. A esto el ejército islámico solo podía oponer su fuerza y su fe. Como enseguida veremos, los comandantes del ejército islámico percibían el martirio a los pocos metros, pero prefirieron resistir agregando de ese modo un nuevo honor a sus tantas glorias.

Luego de su arribo a tierras de Sham los musulmanes supieron de la preparación del enemigo y de su gran poder militar. De inmediato formaron un consejo de consulta a fin de discutir las medidas y estrategia a seguir. Un grupo propuso: “Comuniquemos la situación al Profeta y pidámosle que nos aconseje lo que debemos hacer”. Cuando esta idea estaba a punto de ser puesta en práctica Abdullah Ibn Rauaha, quien al salir de Medina había suplicado a Dios el martirio, se puso de pie y habló a los presentes: “¡Por Dios! Jamás hemos luchado fijándonos en el número de combatientes ni en la cantidad de armas. Siempre nos enfrentamos al enemigo llenos de fe, la misma fe con la que Dios nos agració. Levántense y sigan ese camino, emprendan la lucha y recuerden que en Badr sólo teníamos dos caballos y en Uhud sólo uno. En esta batalla sólo debemos esperar dos resultados: Triunfar, que es la promesa de Dios y Su Enviado, o caer mártires y reunimos con nuestros hermanos”. Este sermón fortaleció el espíritu combativo del ejército musulmán que se dispuso a dar batalla. Los ejércitos se encontraron en Sharef, pero por conveniencias tácticas los musulmanes retrocedieron y se ubicaron en Muta. Ÿa‘far Ibn Abi Talib, comandante en jefe, dividió su tropa en diferentes grupos y designó un comandante para cada uno de ellos. Allí dieron comienzo los duelos y los ataques. Además de portar la bandera y dirigir a sus hombres Ÿa‘far también luchaba como el que más. Mientras lo hacía recitaba este cántico: “Estoy feliz, porque está próximo el Paraíso prometido, con sus bebidas puras y por la próxima caída de Roma, un pueblo que se desvío de la Unidad divina”. Tras varios valientes ataques de pronto Ÿa‘far se vio rodeado por los enemigos e intuyó que su martirio sería inminente. Siguió defendiéndose. Un golpe de un enemigo le cercenó la mano derecha y entonces tomó el estandarte con la izquierda. Esta también le fue amputada, y entonces sostuvo la bandera bajo su axila. Finalmente cayó al suelo y halló el martirio.

La comandancia entonces pasó a manos de Zaid quien tomando la bandera luchó con espectacular valentía hasta caer también martirizado. El tercero en la sucesión del mando, Abdullah Ibn Rauaha, fue el encargado de dirigir la batalla. Tomó la bandera y recitó algunos cánticos de guerra. Mientras luchaba sintió un hambre intenso. Se le dio un bocado para saciar su hambre, y aún no lo había terminado cuando advirtió un ataque repentino del enemigo. Arrojó lo que tenía en su boca y salió a luchar hasta obtener el martirio. Ese mismo día un comandante romano fue muerto a manos de los musulmanes.

El desconcierto del ejército del Islam.

A partir de ese momento reinó el desconcierto en el ejército islámico. El comandante en jefe y sus dos sucesores habían sido martirizados. El Enviado de Dios (B.P.), que había previsto tal situación, había encargado que en tal caso los soldados eligieran a su comandante. Sabit Ibn Aqran tomó la bandera y exclamó: “¡Designen un comandante!” “Sé tu mismo”, le dijeron todos. Pero Sabit no aceptó. Luego él y el resto de los musulmanes designaron como tal a Jalid Ibn Ualid, quien hacía poco tiempo que se había islamizado. Era un momento delicado, pues el miedo se había apoderado de los musulmanes. En ese crucial momento el comandante elegido llevó a cabo una singular y exitosa táctica, sin precedentes hasta el momento.

En primer lugar ordenó realizar desplazamientos durante la noche, y también que las tropas del flanco derecho se desplazaran al flanco izquierdo y viceversa. Estos desplazamientos continuaron hasta el amanecer. Asimismo había ordenado a un grupo retirarse a una cierta distancia del grueso del ejército, y sumarse luego nuevamente al cuerpo principal del ejército islámico al amanecer al son de la consigna “La iláha illa Allah” (No hay dios sino Dios). Este plan tenía por objetivo hacer creer a los romanos que habían llegado nuevas fuerzas en auxilio de los musulmanes. Afortunadamente el plan surtió efecto pues al día siguiente el ejército romano decidió no atacar, pensando que los que el día anterior habían luchado con tanta fiereza, hoy, con tropas frescas llegadas en su auxilio, su ímpetu y firmeza serían arrolladores. El silencio y la tranquilidad en las filas de los romanos brindaron una excelente oportunidad para que los musulmanes emprendieran el regreso. Esta batalla puede interpretarse como un triunfo, pues un pequeño grupo resistió a un enorme ejército durante tres días (o un día según otra versión), pudiendo retirarse a salvo con sus fuerzas intactas. Las medidas del comandante electo, que salvaron a los musulmanes de la muerte devolviéndolos ilesos a Medina, pueden por eso considerarse como encomiables.

EL REGRESO A MEDINA

Ya antes del regreso de los soldados del Islam a Medina los musulmanes conocieron la noticia de la retirada de los creyentes. Se dirigieron al campamento de Yaraf para recibidos. A pesar de que la táctica del último comandante había sido muy astuta e inteligente no concordaba con los sentimientos de los musulmanes y su genuina valentía. Su actitud no fue considerada como una buena obra. La recepción se realizó con consignas reprobantes y arrojaban tierra sobre las cabezas de los soldados gritándoles: “¡Fugitivos! ¿Por qué escaparon de la guerra santa?” La actitud de estos grupos fue tan persistente en su ironía que algunos de los principales combatientes de la expedición a Sham debieron permanecer varios días encerrados en sus casas. Si salían la gente los señalaba y decía: “Ese huyó de la batalla”. Esta reacción ante la astuta retirada de los soldados del Islam demuestra el espíritu combativo y valiente de la mayoría de los musulmanes, fruto de su fe en Dios y en el Día del Juicio Final. Hubieran preferido morir por la Causa de Dios a cometer semejante deserción.

La tristeza del Profeta (B.P.) por el martirio de Ÿa‘far.

El Profeta (B.P.) lloró desconsoladamente por el martirio de su primo Ÿa‘far. A fin de dar cuenta de lo ocurrido a su esposa Asmá' Bint Umais y darle las condolencias se dirigió a casa de Ÿa‘far. Al llegar le preguntó: “¿Dónde están tus hijos?” La mujer los llamó. Se llamaban Abdullah, Aun y Muhammad. Por el intenso cariño que el Profeta les demostró a su llegada Asmá' descubrió el martirio de su esposa. Entonces dijo: “Tratas a mis hijos como si fueran huérfanos”. El Profeta se hechó a llorar; lloró hasta que sus lágrimas empaparon su barba. Más tarde pidió a su hija Fátima que hospedara a la familia de Ÿa‘far durante tres días. A partir de aquel momento el dolor por Ÿa‘far Ibn Abi Talib y Zaid Ibn Harisa perduró en el corazón del Profeta. Generalmente cada vez que entraba a sus casas los recordaba y lloraba por ello.

LA BATALLA DE ZATU SALASEL

Desde el día en que el Profeta (B.P.) se trasladó a Medina esta ciudad se convirtió en el corazón del Islam. Desde allí, en forma continua, el Profeta vigilaba la situación y movimientos de sus enemigos, y daba siempre la mayor importancia a la información que obtenía sobre sus planes y confabulaciones. Enviaba a agentes hábiles y experimentados a los alrededores de la Meca y a las diferentes tribus para informarse con la necesaria antelación de las decisiones de sus opositores. Gracias a estas informaciones que recababa le fue posible ahogar en sus mismos inicios muchos intentos agresivos, enviando contra ellos alguna pequeña expedición. De esta forma el Islam naciente iba sorteando los peligros con inmunidad y sin grandes derramamientos de sangre. Sólo hoy día, en que la información de inteligencia sobre el poder del enemigo se considera uno de los factores fundamentales del triunfo, y para lo cual los gobiernos de todo el mundo han dispuesto sofisticadísimos medios, se comprende la importancia de esta táctica que el Profeta introdujo por primera vez en esa región del mundo. Luego de su deceso los califas y en especial el Imam Alí, solían también ponerla en práctica. Cuando el comandante de los creyentes designaba un gobernador para un sitio en especial primero designaba a algunas personas para que investigaran sobre su vida y se lo transmitieran. Durante el segundo año de la Hégira el Enviado de Dios (B.P.) envió a 80 emigrados comandados por Abdullah Yahesh a las cercanías de la Meca con el fin de enterarse de los planes y los movimientos de Quraish. Si en la batalla de Uhud el Profeta (B.P.) no fue sorprendido por Quraish, y antes de su llegada pudo concentrar sus fuerzas en las afueras de Medina, y en la batalla de los confederados tuvo tiempo para cavar una gran zanja en tomo de la ciudad, fue siempre gracias a las informaciones que le proporcionaban sus agentes y emisarios. Esta sabia actitud de Muhammad (B.P.) es una gran lección para todos los musulmanes, y es un deber de todo líder islámico ponerse al tanto de las maquinaciones contra el Islam que se urden en el seno de los países musulmanes o en cualquier lugar del orbe, y tratar de sofocarlas en sus inicios.

En la batalla de Zatu-Salasel fue posible sofocar una gran sedición contra el Islam gracias precisamente a la labor de inteligencia que mencionamos. Veamos los detalles.

Los agentes del Profeta (B.P.) le informaron que en un territorio llamado Uadiul-Iabes (el valle seco) se habían concentrado miles de efectivos aliados con el propósito de atacar al Islam con todo su poder, y que se habían conjurado a morir o matar a Muhammad y a Alí, su victorioso comandante.

En su libro sobre interpretación del Corán, Alí Ibn Ibrahim AlQummí escribe: “El ángel de la revelación fue quien enteró al Profeta de este complot”. Sin embargo el gran sabio shi‘ita, Sheij Al-Mufid, dice: “Fue un musulmán quien le informó acerca de la coalición”. Y relata: “Estas tribus habían decidido atacar por la noche y acabar con el Islam”.

El Enviado de Dios (B.P.) notó imprescindible notificar a los musulmanes del gran peligro que los acechaba. En aquellos días se solía convocar a la oración colectiva o para escuchar noticias, vocear la frase “As-Salátu-l-yámi'at” (la oración comunitaria). Un musulmán subió entonces a la azotea de la Mezquita y convocó a la comunidad. En breve todos acudieron. Muhammad (B.P.) subió al púlpito y habló: “Los enemigos de Dios los están acechando y decidieron sorprenderlos en una embestida nocturna. Debemos desbaratar esta sedición”. De inmediato un grupo de hombres se preparó para partir bajo el comando de Abu Bakr. Se encaminaron hacia la tribu de Banu Salim. El trayecto por el que debían transitar era extraordinariamente rocoso. La tribu mencionada moraba en un amplio valle y cuando los soldados musulmanes quisieron ingresar allí se toparon con una fuerte resistencia de su parte. Al comandante no le quedó otra solución más que ordenar el regreso. Escribe en su libro Alí Ibn Ibrahim: “Cuando los jefes de la tribu interrogaron a Abu Bakr sobre el objetivo de su presencia en el lugar éste les respondió: “Soy un emisario del Profeta y tengo el encargo de convocarlos al Islam, y si se rehúsan deberé luchar contra ustedes. En ese momento los jefes le mencionaron su gran número (de hombres), atemorizándolo. A pesar del deseo de luchar de los musulmanes Abu Bakr ordenó la partida”. El regreso del grupo expedicionario entristeció al Profeta. Entonces confió la comandancia a Umar. Esta vez el enemigo estaba más alerta que antes y se habían atrincherado y parapetado en el terreno rocoso que había a la entrada del valle. Cuando las huestes musulmanas llegaron al lugar salieron de su escondite y los sorprendieron entablando una fuerte lucha. De inmediato el comandante ordenó el regreso. Amru Ibn Al-As, el astuto político árabe que recientemente había adherido al Islam visitó al Profeta (B.P.) y le dijo: “Al-harbu judatun”, es decir: el triunfo en la guerra no sólo se debe a la valentía y la fuerza material sino también a la inteligencia y la astucia. Agregó: “Si yo fuera el comandante con seguridad que obtendría la victoria. Basándose en algunas conveniencias del momento el Enviado de Dios aceptó su propuesta, pero no obstante corrió la misma suerte que sus antecesores.

Alí es designado el comandante.

Los consecutivos fracasos sumieron en la desazón a los musulmanes. Finalmente el Profeta (B.P.) designó una tropa y nombró a Alí su comandante, entregándole la bandera. Alí entró en su casa y le pidió a su esposa Fátima un pañuelo que él solía atar en su frente en los momentos de mayor dificultad. La hija del Profeta se echó a llorar. El Enviado de Dios (B.P.) la consoló y le secó las lágrimas. Luego acompañó a Alí hasta la mezquita de Ahzab. Alí, montando un caballo blanco y negro se puso en marcha en una dirección diferente, al punto que los soldados creyeron que se dirigirían a Irak. El Enviado de Dios (B. P.) pronunció entonces la siguiente frase: “Lo elegí porque es el que ataca con valor y jamás da la espalda al enemigo”.

CLAVES DEL TRIUNFO DEL COMANDANTE DE LOS CREYENTES EN ESA BATALLA

Podemos resumir en los tres puntos siguientes las causas que condujeron al triunfo al grupo conducido por Alí en esta batalla:

1) No permitió que el enemigo se enterara de su objetivo, pues al salir cambió de rumbo. De esta forma sabía que la noticia no llegaría a sus oídos ni por medio de los beduinos ni a través de las tribus vecinas.

2) Alí utilizó un importante principio militar para disimular sus intenciones y sus movimientos hasta el último momento. Viajaban por la noche y descansaban durante el día. En las cercanías del valle el comandante ordenó a los soldados amarrar los hocicos de los caballos para que sus relinchos no despertaran la atención del enemigo o sus guardias. Al amanecer él y sus seguidores oraron. Luego subieron a la montaña y se dirigieron al valle, y cual un relámpago el ejército del Islam se abatió sobre su rival mientras aún dormían. Algunos fueron tomados prisioneros, otros se dieron a la fuga.

3) La valentía incomparable en el combate del Comandante de los creyentes, que abatió él solo a siete enemigos que aún resistían.

Alí regresaba así victorioso a la ciudad de Medina, y el Enviado de Dios y sus fieles se dispusieron a recibir al triunfante ejército islámico. Cuando vio al Profeta, Alí bajó de su caballo. Muhammad (B.P.) lo palmeaba y le decía: “¡Monta tu caballo, Dios y Su Enviado están satisfechos de ti!” En ese instante los ojos de Alí se llenaron de lágrimas de alegría y el Profeta (B.P.) pronunció una célebre frase a su respecto que dice: “Si no fuera por temor a que una parte de mi comunidad diga de ti lo que los cristianos dijeron de Jesús, pronunciaría una frase a consecuencia de la cual las multitudes rescatarían como bendición la tierra en la cual tú transitas”. Este sacrificio tuvo tanto valor que fue revelada la sura Al-Adiiat: “¡Por los corceles corredores, jadeantes. Chisporroteantes, atacadores al amanecer, en que levantan polvareda, y que irrumpen en las columnas adversarias”. (100: 1/5)

Respuesta a una lógica pregunta.

¿Por qué el Corán jura por los jadeos de los caballos y las chispas que salen de sus herraduras al chocar contra las piedras? Tal juramento demuestra la importancia de la guerra santa contra los opresores, pero además en un ejército que combate, no solamente el Islam proporciona el valor a sus hombres, sino también los animales e instrumentos con que participan de la batalla. Estos también son considerados santos y poseen un mérito, el gran mérito que se deriva de destruir la opresión y la injusticia salvando a la humanidad del yugo de los malvados. El Sagrado Corán (al efectuar este juramento) destaca lo sagrado del esfuerzo de estos animales y sus jadeos, y con ello convoca a los creyentes a reunir fuerzas con el fin de romper las cadenas de hierros que humillan a los pueblos. En la actualidad aquellos caballos de antaño se han convertido en veloces vehículos, y aquellos jadeos son ahora los estruendos de sus motores y armas, pero igual, como al principio del Islam, los rodea un halo de santidad y nobleza cuando son utilizados contra la opresión y por la fe.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

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Historia del Islam,VIII año de la hégira,guerra de Muta,batalla de Zatu Salas
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Historia del Islam en el VIII año de la hégira – La guerra de Muta y la batalla de Zatu Salasel.pdf (264.39 KB)
Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Tue, 21 Nov 2023 - 10:29
By admin , 19 November 2023

Historia del Islam en el VII año de la hégira – Tras 7 años, los musulmanes regresaron a la Meca

Historia del Islam en el VII año de la hégira – Tras 7 años, los musulmanes regresaron a la Meca

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

Por el acuerdo de Hudhaibiiah los musulmanes tenían derecho a entrar al año siguiente en la Meca y realizar, durante tres días, Al-Umra, debiendo luego abandonar el lugar. El acuerdo establecía además que nadie debía llevar más que una espada. Transcurrido un año de la firma del pacto llegó el momento de aprovechar lo convenido. Los muhayirún (emigrados de la Meca), que ya hacía siete años que habían abandonado sus hogares para radicarse en una tierra extraña por la causa del Islam, podrían ahora visitar la Casa de Dios, ver a sus parientes e investigar lo ocurrido con sus propiedades. Cuando el Enviado de Dios notifico la preparación del viaje se produjo un inusual alboroto. Lágrimas de alegría brotaban de los ojos de los musulmanes. El año anterior 1300 personas habían partido con el Profeta, pero este año el número ascendía ya a 2000. Entre ellos se contaban grandes personalidades de los emigrados y los ansár de Medina. Los musulmanes llevaban 60 camellos con el fin de sacrificarlos en los ritos. El Enviado de Dios se colocó la vestimenta blanca de la peregrinación y todos lo imitaron. Al son de “Labbaik” (“Aquí estamos” -Oh Dios-) los dos mil peregrinos salieron de Medina. La caravana que conformaban era tan majestuosa y extraordinaria que hizo que muchos inicuos que la veían tomaran conciencia de la espiritualidad y veracidad del Islam. Si afirmásemos que el viaje tenía también el propósito de la difusión del Islam no hablaríamos en vano, pues aquellos musulmanes constituían un verdadero ejército pacífico para la propagación de la verdad islámica. Pronto se conocieron los grandes efectos espirituales de esta peregrinación. Enemigos encarnizados del Islam, como Jalid Ibn Ualid y Amru AI-Ass, el astuto político árabe, tras observar aquella extraordinaria manifestación de fe y obediencia, se volcaron con sus simpatías hacia el Islam, y pronto se islamizaron.

El Profeta (B.P.) no estaba seguro del comportamiento que adoptaría Quraish cuando llegaran a la Meca. Pensaba que tal vez tanto él como sus compañeros serían sorprendidos y masacrados por su falta de adecuado armamento. Para evitar todo tipo de contingencias y aventar estas preocupaciones, Muhammad (RP.) ordenó a Muhammad Ibn Maslama partir hacia la Meca con doscientos soldados bien armados y 100 veloces caballos. El grupo armado debía partir antes que la caravana de la peregrinación y acampar en el valle de Marru Zahran, sitio cercano a las tierras del Haram. Los espías de Quraish, informados de la intención del Profeta, lo comentaron a sus jefes. Mukreiz Ibn Hafs, como representante de Quraish, se comunicó con el Profeta y le avisó que Quraish objetaba el envío de ese grupo armado. Muhammad (B.P.) le aseguró: “Mis seguidores y yo jamás procederemos contrariando el pacto. Entraremos en la Meca con las armas que nos están permitidas, y el grupo que sí porta armas no permitidas en el convenio permanecerán aquí, no ingresando en el Haram (el territorio sagrado que rodea a la ciudad de la Meca).” El Profeta (B.P.) les hizo entender así que, si aprovechando que iban desarmados eran atacados, rápidamente recibirían el auxilio de esta fuerza de apoyo, que les suministraría las armas necesarias para defenderse. Quraish, enterado de la previsión del Profeta abrió las puertas de la Meca a los peregrinos musulmanes. Los jefes de la incredulidad y sus compañeros evacuaron la ciudad refugiándose en dunas y montañas con el propósito de no tener que enfrentar al Profeta y vigilar desde allí el curso de los acontecimientos.

LA ENTRADA DEL PROFETA EN LA MECA

Montado en su camella y rodeado de numerosos compañeros el Profeta Muhammad (B.P.) entró en la ciudad de la Meca. El grito de “Labbaik” resonaba en toda su extensión. Su hermoso ritmo era tan cautivante que impresionó a todos los mequinenses despertando en sus corazones un especial cariño y atracción por los musulmanes. Al mismo tiempo, la unidad y orden que observaban en los musulmanes les provocaba un cierto temor. Cuando terminó el canto de Labbaik Abdullah Rauahah, el camellero del Profeta, recitó con melodiosa voz la siguiente poesía: “¡Hijos de la incredulidad!, abran paso al Enviado de Dios y sepan que él es la fuente de toda bondad y benevolencia. ¡Oh Dios! Creí en su palabra y sé de Tu orden sobre la admisión de su profecía”.

El Enviado de Dios (B.P.) realizó la circunvalación y pidió al camellero que junto a los musulmanes recitara la súplica de la unión: “No hay dios sino Dios, un Dios Único ya El somos sumisos (estamos sometidos y entregados). No hay dios sino Dios, no adoramos nada sino a El sinceramente y para El es el Din aunque disguste a los idólatras. No hay dios sino Dios, nuestro Señor y Señor de nuestros primeros padres. No hay dios sino Dios, Único, Único, Único, que cumplió Su promesa, dio el triunfo a Su siervo, fortaleció a su ejército, y derrotó a los coaligados (en su contra) El solo, para El es el Reino y Suya es la alabanza. Da la vida y la muerte, y da la muerte y la vida, El es un Viviente que jamás muere. En Su mano está el bien y El tiene poder sobre todas las cosas”.

Aquel día la totalidad de los lugares santos estuvieron a disposición de los musulmanes. Las calurosas consignas sobre la Unidad divina fueron un fuerte golpe a la ideología de los jefes de la incredulidad y sus prosélitos. El triunfo final de Muhammad de esta forma quedó anunciado para toda Arabia. Llegó el mediodía y los musulmanes anhelaban orar en la sagrada mezquita de la Ka‘aba. Debía efectuarse el Adhán (llamado a la oración). Entonces Bilal de Abisinia, aquel esclavo negro que había sido durante mucho tiempo torturado por su fe en Dios, subió por orden del Profeta (B.P.) al techo de la Ka‘aba y alzando sus manos hasta los lóbulos de sus orejas recitó el llamado a la oración, pronunciando de este modo el testimonio de fe musulmana en un sitio en que, hasta hacía poco tiempo atrás, estaba prohibido hacerla. La bella cadencia del Adhán y la reafirmación a cada estrofa que hacían los musulmanes profiriendo” ¡Allahu Akbar!” (Dios es el Más Grande) llegaba a los oídos de los incrédulos y los irritaba.

Safuan Ibn Umaiiah dijo a Jalid Ibn Usaid: “Menos mal que nuestros padres ya han perecido y no escuchan la voz de este esclavo abisinio”. En cuanto a Suhail Ibn Amr, cuando escuchó el Adhán, verdadera síntesis del monoteísmo, enfurecido se cubrió el rostro. No los enojaba el ritmo de la voz de Bilal sino el significado del llamado a la oración, que contrariaba sus heredadas creencias falsas.

Muhammad realizó todos los rituales correspondientes y ordenó que 200 hombres se dirigieran a Marru-Zahran a reemplazar a la guardia de seguridad que todavía no había podido realizar los ritos de la peregrinación. Los emigrados fueron a sus casas y llevaron consigo a un grupo de los ansár de Medina como huéspedes, en respuesta a los sacrificios y atenciones que estos últimos tuvieron para con ellos cuando se alojaron en su ciudad. Además, visitaron a sus parientes de la Meca.

EL ABANDONO DE LA MECA

El impresionante espectáculo de miles de disciplinados y piadosos musulmanes surtió un profundo efecto en el ánimo y los corazones del pueblo de la Meca. Los jefes de la incredulidad presintieron que una estadía demasiado prolongada del Profeta (B.P.) y sus seguidores en la ciudad aumentaría aún más su prestigio e iría en desmedro de la autoridad de Quraish y su ideología idólatra. Temían que se tejieran lazos que unieran definitivamente a ambas partes. Por lo tanto, una vez culminado el plazo estipulado en el acuerdo, un representante de Quraish llamado Huuaitab se presentó ante el Profeta (B.P.) y le dijo: “El tiempo previsto para tu permanencia ha terminado. Abandonen nuestro territorio lo más pronto posible”. Algunos compañeros se irritaron por el accionar de aquel representante pero Muhammad no era de las personas que no cumplen los pactos al pie de la letra. Muy pronto la caravana de peregrinos abandonó el Haram.

Maimuna, hermana de Ummul-Fadl, esposa esta última de Abbás, quedó cautivada por los resultados del Islam y la conducta de los musulmanes, y le pidió a su cuñado que le transmitiera al Profeta que ella estaba dispuesta a casarse con él. El Profeta (B.P.) accedió.

El Profeta (B.P.) avisó que hasta el mediodía los musulmanes tendrían tiempo para abandonar la Meca. Sólo Abu Rafi' podía permanecer allí hasta el atardecer porque debía llevar a la esposa del Profeta. Tras la partida de los musulmanes los enemigos del Islam reprochaban el proceder de Maimuna, pero ella no prestó atención a sus palabras y de esta forma se cumplió la promesa que el Profeta (B.P.) había hecho a los musulmanes un año antes, por un sueño que había tenido. El Sagrado Corán se refiere a ello cuando dice: “En verdad, Dios confirmó la visión de Su Mensajero: Si Dios quiere entraréis tranquilos sin temor en la sagrada mezquita; unos con la cabeza rasurada y otros rapada. Mas El sabe lo que vosotros ignoráis, y os concedió fuera de esto una victoria inmediata”. (48:27)

Fin de los sucesos del VII año de la Hégira.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

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Historia del Islam,VII año de la hégira,Meca,Medina,Islam,Umra,Hayy,Peregerinacion
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Historia del Islam en el VII año de la hégira – Tras 7 años, los musulmanes regresaron a la Meca.pdf (237.54 KB)
Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Sun, 19 Nov 2023 - 09:07
By admin , 8 November 2023

Historia del Islam en el VII año de la hégira - La historia de Fadak

Historia del Islam en el VII año de la hégira - La historia de Fadak

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

LA HISTORIA DE FADAK

Fadak era una tierra fértil cercana a Jaibar, que distaba de Medina aproximadamente unos ciento cuarenta kilómetros. Luego de la victoria de los musulmanes en Jaibar el lugar fue considerado como un lugar de apoyo estratégico para los judíos residentes en el Hiyaz. Tras la derrota de los judíos de Jaibar, Uadiu-I-Qura y Timá, y al alcanzar el norte de Medina, el Profeta envió un mensajero de nombre Muhit a los jefes de Fadak a fin de terminar con las fuerzas judías de aquel territorio, que significaban para el Islam y los musulmanes un peligro latente y un punto desde donde se estimulaba a los enemigos de la verdad. Iusha Ibn Nun, jefe del lugar, prefirió la paz y la rendición a entablar la guerra, y se comprometió a poner a disposición del Profeta (B.P.) la mitad de la cosecha anual de la zona, a vivir bajo la bandera del Islam y a no instigar ni urdir maquinaciones contra los musulmanes. En retribución a la cosecha que ellos entregarían el gobierno islámico debía garantizar la seguridad de sus tierras. Las tierras que se obtienen a través de la lucha pertenecen a todos los musulmanes, y la administración la asume su líder, pero las que se obtienen sin luchar pertenecen a la persona del Profeta y a los Imames que le sucedieran. Ellos podían hacer con ellas lo que desearan: venderlas, alquilarlas, regalarlas, etc. También podían solventar las necesidades de sus parientes. Por lo tanto el Profeta obsequió Fadak a su amada hija Fátima.

Los objetivos del Profeta (B.P.) al proceder así fueron dos:

 1.- Que el gobierno islámico de los musulmanes, que tras su muerte estaría en manos del Imam Alí, pudiese solventar sus gastos. Fadak producía gran beneficio que podía ser aprovechado. Pero desafortunadamente y como si el proceso del califato hubiese previsto lo que iba a suceder, tras el fallecimiento del Profeta las tierras de Fadak fueron arrancadas de las manos de su familia.

 2.-Que la familia del Profeta (constituida por su hija y sus nietos Hasan y Husain), vivieran honorablemente luego de su muerte. Fueron estos dos motivos los que movieron al Enviado de Dios a obsequiar aquellas tierras a Fátima. Tanto los transmisores de dichos proféticos, como los exegetas coránicos de la Shi‘a y algunos sabios de la escuela sunnita, escriben: “Cuando la aleya que dice “y concede a tu pariente lo que le es debido”. (17:26) fue revelada, el Profeta llamó a su hija Fátima y le entregó en propiedad las tierras de Fadak”.

Este hecho fue relatado además por Abu Sa‘id Al-Judri, el gran compañero del Profeta (B.P.). Todos los intérpretes del Corán de ambas escuelas del Islam coinciden en que esta aleya fue revelada respecto de los parientes del Profeta, y es evidente que su hija era la más próxima a él. Inclusive tiempo después, en Sham, cuando un hombre le pidió al Imam Zainul ‘Abidín que se presentara, éste recitó la aleya a que nos referimos.’ Esta aleya eran tan conocida por los musulmanes (como que se refería a Fátima y su descendencia), que el hombre inmediatamente descubrió quién era el Imam, e inclinó su cabeza diciéndole: “Por la proximidad del parentesco que los une (a ustedes) al Enviado de Dios es que El ha ordenado pagar sus derechos”.

Como conclusión podemos afirmar que no existe ninguna discrepancia entre los sabios islámicos respecto de que la aleya se refiere a Fátima y a sus hijos y descendientes. Pero con respecto a lo que sucedió tras esta revelación, es decir si fue un obsequio del padre a su hija, existe una corroboración unánime de los sabios de la escuela shi‘ita y una parcial de la escuela sunnita.

Al-Ma'mun, uno de los califas abasidas, quiso devolver las tierras a los hijos de Fátima. Para ello escribió una carta al renombrado sabio Abdullah Ibn Musa pidiéndole que lo orientara en este asunto. Aquel sabio le respondió que en verdad pertenecían a los hijos de Fátima, porque el Profeta se las había obsequiado a su amada hija. Como corroboración le citó la aleya antes mencionada. Decidió por lo tanto devolver Fadak a sus verdaderos dueños, desconociéndose con exactitud la causa que lo movió a ello, y escribió a su gobernador en Medina anunciándole: “Fadak fue obsequiada por el Profeta a su hija y en esto no existe objeción alguna”.

Posiblemente el siguiente hecho haya sido el que motivó la devolución de AI-Ma'mun: Cierto día en que el califa se encontraba sentado en su trono resolviendo los problemas de su gente recibió una carta cuyo autor se decía defensor de Fátima. Cuando la leyó lloró. Luego dijo: “¿Quién es el defensor de Fátima Zahra?” Un anciano se puso de pie, se presentó y la reunión se convirtió en una gran discusión. Finalmente Al-Ma'mun se rindió ante los lógicos argumentos del anciano y ordenó escribir una carta que decidía la devolución de Fadak a los descendientes de Fátima. Un gran poeta que se encontraba en el recinto de nombre Da'bal compuso entonces una poesía respecto al asunto, cuyos primeros versos decían: “El rostro de la era volvió a sonreír, por la devolución de Fadak a los descendientes de Fátima”.

En lo que respecta a la veracidad de esta cuestión (de la legítima pertenencia de Fadak a la gente de la casa del Profeta y sus descendientes), la Shi‘a no necesita de ningún otro documento puesto que el mayor de los veraces (AI-Siddiq AI-Akbar), el Imam Alí Amir Al-Mu'minín, escribió en una de sus cartas al gobernador de Basora, llamado Uzmán Hanif: “Sí, de todo cuanto existe en los cielos y la tierra sólo Fadak nos pertenecía, y sin embargo un grupo de avaros nos la arrebató”. ¿Se puede dudar de la veracidad de este asunto luego de las claras palabras del Imam?

FADAK LUEGO DEL FALLECIMIENTO DEL PROFETA

Por cuestiones políticas tras la muerte del Profeta su amada hija fue privada de su derecho de propiedad sobre estas tierras. Los agentes del califa la expulsaron de sus tierras y entonces ella decidió recuperarlas a través de la ley. Fadak estaba en su poder, y ése era un indicio de que era su propietaria, pero contrariamente a las normas jurídicas del Islam, el califa no se conformó y le solicitó testigos, siendo que no es lo usual en ninguna legislación el testimonio para resolver asuntos de propiedad. No obstante Fátima presentó como tales a Alí y a Umm Aiman, mujer ésta a la cual el Enviado de Dios había pronosticado el Paraíso. Según lo que relata Belazarí, presentó también como testigo a un esclavo que había sido liberado por su padre, de nombre Rabah. El califato no aceptó los testimonios y la privación de su propiedad se volvió definitiva. Según una opinión de los sabios de la escuela shiita el califa finalmente se habría rendido ante los argumentos y testimonios presentados por la hija del Profeta (B.P.), redactando un documento por el cual reconocía a Fátima como propietaria de las tierras, el que luego le entregó. Mientras regresaba a su casa Fátima se cruzó con Ornar, antiguo amigo del califa, quien se enteró del contenido del documento. Se lo arrebató a Fátima y se dirigió al recinto en que se encontraba el califa Abu Bakr. Al llegar le dijo: “Puesto que esta resolución beneficia a Alí, su testimonio no puede ser válido. Umm Aiman es mujer, por lo que tampoco es válido el suyo”. Luego tomó el documento y lo rompió en presencia del califa.

La siguiente es la versión de lo ocurrido relatada por Halabi: A través de un documento el califa aprobó la propiedad de Fátima, pero de pronto se presentó su amigo Omar y preguntó: ‘¿Qué dice este documento?’ ‘Corrobora el derecho de propiedad de Fátima (sobre Fadak)’, contestó Abu Bakr. Entonces Omar acotó: ‘Tú necesitas los ingresos de Fadak. Si el día de mañana los inicuos árabes se rebelan contra el Islam, ¿con qué patrocinarás el gasto bélico?’. Luego lo tomó y lo rompió”. Y lo anterior permite comprender la veracidad del argumento que expone un sabio de la escuela shi‘ita que pasamos a referir. Relata Ibn Abil Hadid: “Durante una conversación que mantuve con un sabio de la Shi‘a llamado Ali Ibn Naqí le dije: ‘Los campos de Fadak no eran tan amplios ni tan valiosos como para que los opositores de Fátima se los arrebataran’. El me respondió: ‘¡Te equivocas! El número de palmares (datileros) que allí había no era menor al número de todos los palmares de Kufa. Seguramente la finalidad de la privación era impedir que el comandante de los creyentes (Alí) aprovechara sus ingresos para luchar contra el califato. Y no sólo privó a Fátima de su propiedad, sino que además privó a todo Banu Hashim y a los hijos de Abdul Muttalib de un derecho legal, es decir, del quinto de los trofeos obtenidos en las batallas’.” Escribe el mismo autor: “Pregunté a uno de los grandes profesores de la escuela occidental de Bagdad, Alí Ibn Farequi (perteneciente a la escuela sunnita): ‘¿Era veraz en su testimonio la hija del Profeta?’ ‘Sí’, me respondió. ‘¿El califa sabía que ella era una mujer veraz?’, volví a inquirir. ‘Sí’, fue su respuesta. Entonces le dije: ‘¿Por qué entonces el califa no le cedió la propiedad?’ En ese momento sonrió y me dijo: ‘Si él aceptaba su palabra y le devolvía las tierras sin solicitarle testigos era probable que en un futuro próximo ella aprovechara la situación y dijera: El califato pertenece a mi esposo Alí. Y en base a su anterior proceder el califa no hubiese tenido más remedio que entregárselo por el solo hecho de considerarla veraz. Por lo tanto, para cerrar el camino a sus exigencias, la privó de su derecho’.”

La privación de las tierras de Fadak a Fátima se originó durante el primer califato. Tras el martirio de Alí (P.) Mu‘auiah  se apoderó del gobierno y dividió Fadak en partes iguales destinadas a Maruan, Amr Ibn Uzman y su propio hijo Iazid. Cuando Maruan fue nombrado califa se apoderó de todo Fadak y lo regaló a su hijo Abdul Azíz, quien posteriormente lo entregó a su hijo Omar Ibn Abdul Azíz. Este último fue el más justo de los, califas de Banu Umaiiah (Omeyas), por lo que quiso devolver Fadak a los hijos de AI-Zahra. Tras su fallecimiento no obstante los califas que lo sucedieron arrebataron nuevamente Fadak de las manos de Banu Hashim, quedando en su poder hasta el día del desmoronamiento de la dinastía omeya.

Durante el califato de los abasidas la cuestión de Fadak experimento muchos cambios. Por ejemplo Safah la devolvió a Abdullah Ibn Hasan, y Al-Mansur la arrebató para sí nuevamente. Su hijo Mahdí la entregó a los descendientes de Fátima pero Musa y Harun AI-Rashid se apoderaron nuevamente de las tierras. Cuando le llegó el turno del califato a Al-Ma'mun éste realizó una ceremonia especial en la que devolvió Fadak a sus verdaderos propietarios. Luego de su fallecimiento las tierras volvieron a pasar de una mano a otra. En la época de los califas de Banu Umaiiah (omeyas) y Banu Abbas (abasidas) Fadak tomó más una importancia política que material. Los primeros califas del Islam necesitaban de los ingresos de estas tierras, pero los que le sucedieron tenían tantas riquezas que no necesitaban en absoluto de las ganancias que Fadak les pudiera brindar. Cuando Umar Ibn Abdul Azíz devolvió Fadak a los hijos de Fátima los Banu Umaiiah le reprocharon diciendo: “Con tu proceder has avergonzado a los dos sheij (refiriéndose a Abu Bakr y Umar)”, y lo obligaron a dividir los ingresos de las tierras entre los hijos de Fátima sin entregarles la propiedad.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

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Palabras claves
Historia del Islam,VII año de la hégira,historia de Fadak,Fatima Zahra,Medina,Judios
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Historia del Islam en el VII año de la hégira - La historia de Fadak.pdf (198.91 KB)
Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Wed, 8 Nov 2023 - 18:47

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