En el debate contemporáneo, el ateísmo científico utiliza el neodarwinismo para afirmar que la complejidad biológica es producto del azar y la necesidad ciega, invalidando el argumento teleológico. Este artículo examina esta falsa dicotomía desde la racionalidad chiita. Al distinguir entre el mecanismo evolutivo y el materialismo ideológico, se demuestra que la evolución refleja el orden providencial, la efusión ontológica y el movimiento transustancial de la materia hacia la perfección, ofreciendo un marco inmune al «Dios de los huecos».