Frente a los mitos orientalistas y los prejuicios contemporáneos, la misión del Profeta Muhammad (PB) supuso una auténtica revolución ética y jurídica en favor de la mujer en la Arabia del siglo VII. Mediante la abolición del infanticidio femenino (wa’d al-banat, el enterramiento de niñas vivas practicado en la época preislámica de ignorancia) y el reconocimiento de su plena personalidad jurídica, capacidad patrimonial y autonomía civil, el Profeta (PB) consagró la igualdad espiritual ante Dios. En la tradición islámica y la visión racional chiita, figuras ejemplares como su esposa Jadiya (P) y su hija Fátima (P) no fueron observadoras pasivas, sino pilares socioeconómicos, espirituales y morales indispensables, demostrando que la dignidad intrínseca de la mujer es inseparable del núcleo del mensaje islámico original.