En cuanto al desenvolvimiento animal hacia la perfección podemos, más o menos, encontrar algo de voluntad y elección, pero es una voluntad motivada por ciegos instintos, con un alcance limitado por las necesidades naturales. Es una conciencia e inteligencia limitada por el poder de los órganos sensibles del animal. El hombre, en cambio, además de las particularidades que comparte con el reino vegetal y animal, posee dos distinciones espirituales. Por una parte, las aspiraciones innatas del hombre no se limitan al ámbito de las necesidades naturales, y por otra, posee razón e intelecto, por medio del cual puede ampliar sus conocimientos indefinidamente. Gracias a estas distinciones la voluntad del hombre trasciende las limitadas fronteras naturales hacia lo infinito.