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Doctrina Islámica-Shiismo

By admin , 26 November 2024

La Autoridad del Waliy Faqīh en el Extranjero

La Autoridad del Waliy Faqīh en el Extranjero

Autor: Ayatolá Muhammad Taqi Misbah Yazdi

Traducción: Mustafa Al-Salvadori Rodríguez

Introducción

Cualquier discusión sobre «la autoridad del Waliy Faqīh fuera de las fronteras del país que gobierna» debe, lógicamente, abordarse después de haber discutido ampliamente temas relacionados con el gobierno islámico y la wilāyat al-faqih.[1] La respuesta a esta cuestión depende en gran medida de la resolución de las cuestiones previas, así como de los fundamentos y teorías establecidos en etapas anteriores. Por consiguiente, resulta esencial examinar la temática que ya se ha tratado.

Para comprender las cuestiones previas y relevantes en esta discusión, es fundamental, en primer lugar, prestar atención al título de este escrito. Dicho título implica que, antes de plantear esta cuestión, se da por supuesta la existencia de una sociedad o país islámico con fronteras geográficas delimitadas, el cual está gobernado por un sistema específico denominado «wilāyat al-faqih», y que los mandatos y decretos gubernamentales emitidos por un «Waliy Faqīh» se consideran, al menos, válidos y vinculantes para aquellos que residen dentro de dichas fronteras y le han rendido lealtad. En otras palabras, el principio de la wilāyat al-faqih y la legitimidad del sistema que este conlleva, así como la aplicabilidad de los mandatos y decretos emitidos por el Waliy Faqīh que ha asumido el poder bajo condiciones concretas, se dan por sentados para aquellos que dentro de las fronteras le han jurado lealtad. Estos individuos han aceptado tales premisas sobre la base de uno o varios argumentos sólidos. Ahora bien, a partir de esta premisa establecida, surgen las siguientes interrogantes que también requieren ser resueltas y explicadas:

1. Si un musulmán o un grupo de musulmanes reside en un país no islámico, es decir, fuera de las fronteras del país islámico que se rige por el sistema de la wilāyat al-faqīh, ¿es obligatorio que se sometan a los mandatos y decretos del gobierno del Walī al-Faqīh?

Como se puede observar, esta pregunta implica dos presuposiciones:

I) Que los musulmanes que residen fuera de las fronteras del país islámico han rendido lealtad al Waliy Faqīh.

II) Que los musulmanes que residen fuera de las fronteras del país islámico no han rendido tal lealtad.

2. Si existen dos países islámicos, y en uno de ellos la población ha aceptado el sistema de la wilāyat al-faqih y ha rendido lealtad al Waliy Faqīh, mientras que el otro país está regido por un sistema de gobierno diferente, ¿es obligatorio para la gente del segundo país obedecer los mandatos y decretos de dicho Waliy Faqīh?

En este contexto, también es pertinente examinar las dos presuposiciones previas: el que un musulmán o un grupo de musulmanes que reside en el segundo país rinda o no su lealtad.

          3. Si dos países islámicos aceptan el sistema de la wilāyat al-faqih y la población de cada uno designa a un alfaquí específico para gobernar, o en el caso de que los expertos de cada país elijan a un alfaquí diferente al del otro país, surge la siguiente cuestión: ¿son las decisiones de cada uno de estos alfaquíes válidas y aplicables exclusivamente en su respectivo territorio, o extienden su alcance a la población del otro país, o existe una tercera opción que merezca consideración en este contexto?

En relación con este tema, aunque se presume que los habitantes de cada país han rendido lealtad a un alfaquí específico, también se puede presuponer que algunos individuos en un país hayan rendido lealtad al alfaquí que ejerce su gobierno en otro país. Por lo tanto, en este caso también se pueden considerar dos hipótesis distintas.

Es fundamental destacar que, en las dos últimas cuestiones, se asume la existencia de dos estados islámicos independientes. Por otro lado, en la última cuestión, se presupone la legitimidad de la pluralidad de los Waliy Faqīh en dos regiones, ya sea contiguas o distantes.

4. Si algunas personas que residen en un país regido por el sistema de la wilāyat al-faqih no rinden lealtad al Waliy Faqīh por diversas razones, ¿son las órdenes gubernamentales que ha emitido consideradas válidas y vinculantes para estas personas?

Para responder a esta pregunta de manera exhaustiva, es necesario examinar, por un lado, cómo se establecen las fronteras entre países islámicos o entre un país islámico y un país no islámico, así como considerar la pluralidad de gobiernos islámicos o países islámicos. Por otro lado, es necesario analizar los fundamentos que validan la wilāyat al-faqih, evaluando de qué manera se aplican a los casos previamente mencionados. Asimismo, es crucial determinar el papel de la lealtad en la validación de la wilāyat al-faqih, con el fin de clarificar la influencia que tiene el hecho de que las personas rindan o no su lealtad respecto a su obligación de obedecer al Waliy Faqīh.

Unidad y pluralidad de países

Existen diversas teorías sobre el origen de las naciones y los países, así como sobre los factores que los separan o unen. Asimismo, se presentan distintos puntos de vista en torno al concepto de nacionalidad, que incluye varios tipos (por nacimiento, adquirida, etc.) y las modalidades de renuncia a esta (ya sea de manera obligatoria o voluntaria).[1] Es pertinente señalar que ninguno de los elementos tales como la unidad territorial, la homogeneidad lingüística o la cohesión étnica desempeña un papel determinante en la formación de una única nación o país. Igualmente, la presencia de fronteras naturales, como montañas y mares, o las diferencias en lengua, etnicidad o características físicas no constituyen causas definitivas que expliquen las diferencias entre naciones y la multiplicidad de países. Incluso es posible que pueblos que comparten un mismo territorio, lengua y raza conformen dos países diferentes, al tiempo que pueblos con diferentes territorios, lenguas y razas conformen un solo país. En el mundo actual existen numerosos ejemplos que ilustran estas dinámicas.

Sin duda, cada uno de los factores mencionados requiere algún tipo de relación y vínculo entre las personas, lo que crea un sustrato para la unidad de la nación y el país. Sin embargo, lo más relevante radica en la convergencia de visiones y tendencias, que a su vez conduce a la unidad del gobierno. En este sentido, los otros factores son considerados causas incompletas, auxiliares o sustituibles en relación con este último factor.

Desde la perspectiva islámica, el elemento fundamental que sustenta la unidad de la umma y de la sociedad islámica es la unidad de creencias. No obstante, es crucial subrayar que la unidad territorial y la existencia de fronteras geográficas, ya sean naturales o convencionales, no carecen de relevancia. En la jurisprudencia islámica, el concepto de «Dār al-Islam», que se define mediante fronteras específicas, conlleva un conjunto propio de normas. Por ejemplo, en determinados casos, es imperativo emigrar al Dār al-Islam, y un dhimmī que incumpla las disposiciones de su estatus podría ser objeto de expulsión. Por otro lado, la diversidad de creencias no constituye el factor determinante de la alienación o separación absoluta, ya que es factible que personas no musulmanas, dentro de las fronteras de un país islámico, se beneficien de la protección del Estado y adquieran una forma de ciudadanía.

En resumen, una sociedad islámica se compone, en su esencia, de individuos que han abrazado voluntariamente el Islam y que aceptan sus normas sociales, judiciales y políticas. El territorio habitado por dicha sociedad recibe la denominación de «país islámico» o «Dār al-Islam». No obstante, es importante señalar que, posteriormente, personas no musulmanas pueden adquirir la ciudadanía del país islámico mediante un contrato específico, y vivir en paz y armonía junto a los musulmanes. De este modo, se establece la frontera entre un país islámico y aquellos que no lo son; es decir, «el territorio en el que residen los ciudadanos del gobierno islámico se denomina Dār al-Islam. Las fronteras que enmarcan las propiedades de estos ciudadanos —incluyendo anexos y dependencias— constituyen, a su vez, las fronteras del Dār al-Islam, independientemente de que estén definidas por elementos naturales, como el mar, ríos y montañas, o por fronteras convencionales».

A partir de lo expuesto, es posible concluir que el criterio determinante de unidad y pluralidad de los países es la unidad y pluralidad de sus gobiernos. Es decir, cualquier grupo de individuos que se rige por un sistema político específico se considera como parte de un único país. Por el contrario, la pluralidad de sistemas de gobierno independientes paralelos indica la pluralidad de países. Es cierto que cada ciudad o estado puede poseer un cierto grado de autonomía; sin embargo, en el caso de que múltiples estados, regidos por una sola constitución, sean administrados por un único gobierno central y reconozcan su autoridad en cuestiones de política exterior, defensa y otros asuntos relevantes (como sucede en los países federales), se les considera un solo país. En este contexto, la pluralidad de sus gobiernos semiautónomos no afecta su unidad nacional.

Sin embargo, lo que ha desempeñado un papel determinante en la delimitación de las fronteras de los países y en la identificación de la unidad y pluralidad de los gobiernos, así como en su conexión y cohesión o en su separación y fragmentación, ha sido, en muchas ocasiones, el «poder militar». Lamentablemente, este factor ha influido también en el mundo islámico. Las guerras internas entre musulmanes, así como el surgimiento y la desaparición de diversas dinastías califales y reales en las tierras islámicas, son evidencia palpable de esta dura realidad histórica. Por lo tanto, resulta esencial evaluar esta cuestión desde un enfoque jurisprudencial. En consecuencia, es necesario realizar un breve examen de las opiniones de los ulemas al respecto.

La pluralidad de países desde la perspectiva jurisprudencial

Como mencioné anteriormente, el término «Dār al-Islam» designa aquellos territorios en los que reside la umma y donde los no musulmanes, bajo ciertas condiciones, pueden disfrutar de una vida segura y pacífica bajo la autoridad de un gobierno islámico; y las fronteras, ya sean naturales o convencionales, que delimitan estas tierras se conocen como «fronteras del Dār al-Islam».

Los primeros ulemas no abordaron de manera explícita la cuestión de si el «Dār al-Islam puede dividirse en múltiples países independientes». Sin embargo, el contexto de sus escritos sugiere que concebían la existencia de un «país islámico único» bajo la autoridad suprema de un «Imam único». En situaciones donde coexistían múltiples gobiernos, cada gobernante se consideraba a sí mismo como el «verdadero califa» y rechazaba a los demás, considerándolos «rebeldes». Es posible afirmar que las declaraciones de varios ulemas estaban referidas a contextos específicos. En términos generales, no cuestionaban la legitimidad de la existencia de gobiernos paralelos. De hecho, se puede interpretar que, a partir de algunas de sus consideraciones explícitas e implícitas para determinar las condiciones de un Imam, no se rechazaba la idea de que dos gobiernos independientes pudieran coexistir en regiones distintas, siempre que sus líderes cumpliesen con los criterios establecidos.[2] Esto es especialmente relevante dado que muchos prominentes eruditos sunníes, entre ellos Ahmad ibn Hanbal, sostenían que el gobierno corrupto de un bebedor, que hubiese accedido al poder de manera violenta, también era considerado legítimo y, por lo tanto, merecía obediencia.[3]

Los alfaquíes chiíes coinciden unánimemente en que, tras el fallecimiento del Mensajero de Dios (PB), la autoridad del gobierno islámico recae esencialmente en el Imam impecable (P). Rechazan, por ende, la posibilidad de que existan simultáneamente dos Imames impecables que ostenten la máxima autoridad,[4] incluso si se hallan a gran distancia uno del otro, uno en el Este y el otro en el Oeste. Según la creencia chií, todo el Dār al-Islam debe ser regido por un único Imam impecable, y los gobernantes de cada región deben ser nombrados de acuerdo con su mandato. Es importante señalar que estos gobernantes deben implementar las leyes islámicas y los mandatos del Imam impecable. No obstante, es posible que cuenten con ciertos poderes delegados por el Imam en el ámbito de sus respectivas jurisdicciones y que implementen ciertas leyes dentro del marco general del Islam, así como en función de los intereses de los musulmanes y las demandas del tiempo y el lugar. Por lo tanto, se reconoce un grado de autonomía en las diversas regiones del Dār al-Islam, siempre que el Imam impecable cuente con las plenas facultades y un poder manifiesto para gobernar; es decir, que su gobierno legítimo sea también aceptado por el pueblo. Sin embargo, es crucial recordar que tales condiciones solo se manifestaron durante un breve período, en el imamato del Emir de los Creyentes, ‘Ali ibn Abi Talib (P), y del Imam Hasan (P). Los demás Imames infalibles no solo no tuvieron la oportunidad de asumir el gobierno del país islámico, sino que tampoco se les permitió expresar opiniones al respecto. A menudo, se encontraban bajo vigilancia, en el exilio o en prisión, limitándose a discutir estos asuntos con sus seguidores más cercanos, a quienes recomendaban mantener dichas conversaciones en la más estricta confidencialidad.

Los chiíes, por un lado, estaban privados de las bendiciones del gobierno de los Imames de Ahl ul-Bait (P), mientras que, por otro lado, consideraban ilegítimos a los gobiernos que estaban en el poder, así pues, se encontraban en una situación sumamente complicada. Fue en tales circunstancias que se vieron en la necesidad, fundamentados en ciertos hadices como la Maqbūla ʿUmar ibn Hanzala y la Mashhura de Abu Jadiya, de recurrir a alfaquíes calificados para atender sus demandas gubernamentales y, especialmente, judiciales. En varios de estos hadices se subraya que oponerse a la autoridad de tales alfaquíes es, de hecho, oponerse al Imam impecable y equivale a atribuir a Dios Todopoderoso semejantes y socios.[5]

Además, durante el período de ocultación, la minoría chií recurría de manera encubierta a la consulta con alfaquíes calificados para abordar sus problemáticas en relación con el gobierno. Esta dinámica se mantuvo hasta que los chiíes comenzaron a consolidar su poder en diversas regiones del mundo islámico. Un ejemplo notable es el de los fatimíes, quienes establecieron un gobierno independiente en Egipto. Asimismo, los dailamíes y los buyíes lograron imponer su autoridad en varias ciudades iraníes. La influencia de estos grupos llegó a afectar incluso al califato abasí, que se encontraba en una fase de declive. Finalmente, surgió el poderoso gobierno de los safávidas en Irán, que fue capaz de competir con los otomanos en el escenario político de la época.

Bajo el dominio safávida, los alfaquíes chiíes encontraron la oportunidad propicia para fomentar discusiones jurisprudenciales sobre el gobierno islámico. En este contexto, criticaron abiertamente las posturas de los ulemas sunníes y expusieron de manera detallada la perspectiva chií, fundamentada en el concepto de la wilāyat al-faqih.

En este texto, no buscamos llevar a cabo un análisis exhaustivo de la teoría de la wilāyat al-faqih, ni explorar sus fundamentos, ramas e implicaciones en profundidad. Sin embargo, como se señaló anteriormente, para responder adecuadamente a las preguntas planteadas, es imperativo considerar las opiniones y argumentos de los alfaquíes sobre esta cuestión. En efecto, este tema representa la parte más crucial de la presente reflexión.

Fundamentos de la wilāyat al-faqih 

Como se mencionó anteriormente, durante el periodo en que los chiíes carecían de la esperanza de formar un gobierno, solucionaban sus problemas cotidianos recurriendo implícitamente a los alfaquíes y fundamentándose en hadices como los de ʿUmar ibn Hanzala y Abu Jadiya, así como en cartas y escritos de los Imames Impecables (P). Consideraban a los alfaquíes calificados como «representantes generales del Imam de la Época (que Dios apresure su aparición)», en contraste con los «representantes especiales» de la época de la ocultación menor. Sin embargo, con la llegada al poder de ciertos gobernantes chiíes, la cuestión de la wilāyat al-faqih durante la ocultación mayor comenzó a ser abordada con mayor seriedad.

A medida que esta discusión se difundía entre las masas, los gobernantes y sultanes buscaban legitimar sus gobiernos a través de la aprobación de los alfaquíes destacados de su tiempo, llegando incluso a solicitar formalmente su consentimiento. A su vez, los alfaquíes supieron aprovechar estas oportunidades valiosas para promover las enseñanzas religiosas y difundir el Islam chií. A pesar de ello, es importante señalar que durante ninguna época hubo un sultán dispuesto a ceder el poder a un alfaquí calificado, ni tampoco hubo un alfaquí que aspirase a tal autoridad. Fue, en efecto, con el triunfo de la Revolución Islámica de Irán que la wilāyat al-faqih se materializó en su forma más auténtica, evidenciando la necesidad de realizar un análisis exhaustivo de sus fundamentos y ramas.

La cuestión fundamental que se plantea es: ¿cuál es el criterio de legitimidad de la wilāyat al-faqih? y ¿cuál es la estructura argumentativa que sostiene este concepto?

Al ofrecer respuestas claras y precisas a estas preguntas, se facilitará también la resolución de preguntas secundarias, incluidas aquellas formuladas al inicio. Con respecto a este asunto, pueden mencionarse dos fundamentos esenciales:

Fundamento I

La legitimidad de la wilāyat y del gobierno del alfaquí se fundamenta en la wilāyat legislativa divina. En este contexto, es importante señalar que ninguna wilāyat puede considerarse legítima sin la designación y autorización divina. Interpretar la legitimidad de un gobierno de manera diferente equivaldría a atribuirle socios a Dios en el ámbito de Su señorío legislativo divino. En otras palabras, Dios Todopoderoso ha conferido el gobierno y la wilāyat sobre la gente al Imam impecable (P). Es este Imam quien, ya sea durante su presencia y poder o durante su ausencia y ocultación, designa al alfaquí cualificado. La obediencia al alfaquí se traduce, en última instancia, en obediencia al Imam impecable (P). Por el contrario, la desobediencia o la oposición al alfaquí equivalen a oponerse al Imam, lo cual implica un rechazo a la wilāyat legislativa divina:

و الرّادّ علینا الرّادّ على الله و هو على حدّ الشرك بالله

«Y quien nos rechaza, rechaza a Dios, y eso es equivalente a atribuirle semejantes y socios a Dios».[6]

Fundamento II

Dios —el Legislador Sagrado— ha conferido el derecho de la wilāyat exclusivamente al Imam impecable, y su ejercicio, por ende, está limitado al periodo de su presencia entre la comunidad. Sin embargo, durante la época de su ocultación, la gente debe elegir a una persona digna de ocupar el cargo de gobernante, fundamentándose en principios generales tales como «el cumplimiento de los contratos» o «los musulmanes están sujetos a las condiciones de sus pactos»; o pueden optar por designar a una persona cualificada para el gobierno —siempre que exista una evidencia o razón que lo justifique— y rendirle lealtad, similar a lo que los sunníes sostienen respecto al gobierno tras el fallecimiento del Profeta Muhammad (PB). Es imperativo que el Legislador Sagrado defina las características del gobernante justo, y los musulmanes deben condicionar su lealtad a dicho gobernante a su cumplimiento de las normas islámicas. El compromiso de una obediencia absoluta se considera «una condición contraria a la ley en el contrato» y, por ende, carece de validez. Basándose en tal fundamento, el criterio de legitimidad de la wilāyat al-faqih es el contrato que se establece con la gente. La lealtad, por lo tanto, constituye un elemento fundamental en la legitimación de la wilāyat al-faqih.

Parece que lo que prevalece arraigadamente entre los chiíes —y se infiere de las palabras de los alfaquíes— es precisamente ese primer fundamento. Además, los hadices de la tradición profética ofrecen una confirmación sustancial de esto. De hecho, lo que ha llevado a la formulación de la segunda teoría es o bien una tendencia hacia la democracia al estilo occidental —que lamentablemente, se ha difundido en los países islámicos— o bien la presentación de un argumento dialéctico diseñado para persuadir a los adversarios. Esto queda reflejado en las palabras del Emir de los Creyentes (P) dirigidas a Mu'awiya, sobre la validez de la lealtad de los emigrantes (muhāŷirin) y los auxiliares (ansār).[7]

En cualquier caso, abordaremos los temas en cuestión desde el enfoque de ambos fundamentos. Sin embargo, antes de proceder, es imprescindible clarificar el principio de la teoría de la wilāyat al-faqih y analizar el contenido de sus argumentos.

Argumentos de la wilāyat al-faqih

Los argumentos que sustentan la wilāyat de un alfaquí cualificado pueden clasificarse en dos categorías principales: racionales y tradicionales.

  • Argumentos racionales

Dado que la existencia de un gobierno es necesaria para satisfacer las necesidades sociales y prevenir el caos, la corrupción y la disfunción del sistema; y teniendo en cuenta que la aplicación de las normas islámicas es indispensable y no se limita a la época de la presencia del noble Profeta (PB) y los Imames (P), la wilāyat al-faqih se puede demostrar de dos maneras:

La primera premisa es que, en caso de que una conveniencia necesaria no pueda alcanzarse de la manera ideal deseada, se debe optar por la alternativa que se aproxime más a ese ideal. En este contexto, cuando las personas se ven privadas de los beneficios que ofrece el gobierno del Imam impecable, deben buscar una forma de gobierno que se acerque a su esencia. Esto implica aceptar la autoridad de un líder que sea la persona más próxima al Imam impecable. Esta proximidad se manifiesta en tres ámbitos principales: en primer lugar, en el conocimiento de las normas generales del Islam, es decir, en la jurisprudencia; en segundo lugar, en la idoneidad psicoespiritual y moral, de tal modo que el líder no se vea influenciado por deseos personales ni por amenazas y tentaciones (piedad); y en tercer lugar, en la eficacia en la gestión de la sociedad. Esta eficacia, a su vez, puede ser evaluada a través de cualidades secundarias, tales como la comprensión política y social, el conocimiento de los asuntos internacionales, la capacidad para enfrentar a enemigos y criminales, así como la habilidad para realizar juicios acertados al identificar prioridades.

Por consiguiente, la persona más cualificada en comparación con las demás debe asumir el liderazgo para guiar a la sociedad, coordinando los pilares del gobierno y conduciéndolos hacia sus ideales. La identificación de tal individuo, naturalmente, será responsabilidad de los expertos, al igual que sucede en otros aspectos cotidianos de la vida.

La segunda premisa establece que la wilāyat, entendida como un aspecto del señorío divino sobre los bienes, propiedades y reputaciones de las personas, solo es legítima mediante la designación y el consentimiento de Dios Todopoderoso. Este poder legal, como es bien conocido, fue otorgado al Profeta Muhammad (PB) y a los Imames impecables (P). Sin embargo, en un tiempo en el que la humanidad se encuentra prácticamente desprovista de un líder impecable, Dios Todopoderoso debe, ya sea, pasar por alto la implementación de las normas sociales del Islam, o permitir que personas más cualificadas que otras asuman dicha responsabilidad para evitar la preferencia de lo menos adecuado y alcanzar los propósitos divinos. Dado que el primer supuesto es inválido e insostenible, el segundo se mantiene firme. Es decir, a través de la razón, podemos inferir que tal permiso ha sido concedido por Dios Todopoderoso y los impecables. Aun en ausencia de una narración clara que respalde esta afirmación, un alfaquí cualificado se erige como la figura más idónea para guiar a la sociedad. Esto se debe a que conoce las normas islámicas mejor que los demás, su sólida garantía moral para aplicarlas y su capacidad para satisfacer las necesidades e intereses de la comunidad, así como gestionar los asuntos públicos de manera efectiva. Por lo tanto, deducimos la legitimidad de su wilāyat a partir de la razón, tal como se derivan muchas otras normas de la jurisprudencia, especialmente en cuestiones sociales, como las obligaciones militares, las cuales se razonan o descubren de manera similar; es decir, a través del uso del intelecto.

  • Argumentos tradicionales

Existen hadices de la tradición profética que aconsejan a las personas recurrir a los alfaquíes para resolver problemas relacionados con el gobierno, en especial en cuestiones y disputas judiciales. Estos hadices presentan a los alfaquíes como «administradores» o «sucesores» y «herederos» de los Profetas, dotándolos de la autoridad necesaria para resolver problemas públicos. Se ha debatido extensamente sobre la cadena de transmisión, las evidencias y el significado de estos hadices; no obstante, este no es el lugar adecuado para ahondar en esas discusiones. Para estudiar a fondo estas cuestiones, es recomendable consultar libros y tratados especializados. Entre las tradiciones más referenciales se encuentran el hadiz de Amr ibn Hanzala, el de Mashhura de Abu Jadiya, así como las cartas y escritos de los Imames impecables (P). No se puede cuestionar la validez de estas tradiciones, ya que gozan de amplio reconocimiento, tanto en cuanto a su transmisión como en su uso como referencia por parte de los alfaquíes al emitir fetuas. Estas tradiciones indican de manera clara la designación de los alfaquíes como representantes de un Imam que no ejerce el poder, siendo necesaria tal designación durante el periodo de ocultación, tanto como lo es en el tiempo de presencia del Imam. Por consiguiente, la autoridad de un alfaquí se justifica durante el periodo de ocultación a través de lo que se denomina «al-mafhum al-muwafiq».[2] La opinión de que la designación del gobernante en este periodo sea delegada a la gente no es compatible con la unicidad del señorío legislativo, ya que carece de la más mínima evidencia que la respalde. A excepción de posturas recientes, ningún alfaquí chií ha planteado siquiera esta posibilidad. En cualquier caso, los hadices de la tradición profética mencionados constituyen un sólido respaldo para los argumentos racionales.

A medida que avanzamos en este análisis, se vuelve evidente que la lealtad no es un factor determinante en la validación y legitimidad de la autoridad de la wilāyat al-faqih, al igual que no lo es en la legitimidad del gobierno del Imam impecable. Más bien, el hecho de que la gente le rinda lealtad constituye la base necesaria para el ejercicio de la wilāyat. En consecuencia, se puede afirmar que el gobernante legítimo se ve obligado a aceptar la responsabilidad de la administración de la sociedad.

لَولا حُضُورُ الحاضِرِ، و قِيامُ الحُجَّةِ بِوُجودِ الناصِر...

«Si la gente no hubiera venido a mí y los partidarios no hubieran agotado los argumentos….»[8]

Surge una interrogante fundamental: ¿cómo se realiza la designación del alfaquí por parte de Dios Todopoderoso y del Imam infalible? ¿Acaso cada individuo que cumple con los requisitos establecidos posee realmente la dignidad de la wilāyat, o se trata de una persona específica, o incluso de la totalidad de los alfaquíes en cada época?

En respuesta a esta cuestión, es necesario señalar que, si la justificación principal radica en el argumento racional, su implicación se torna evidente. La designación de un alfaquí que sobresalga tanto en conocimiento jurisprudencial como en piedad, y que sea, además, el más capacitado en términos de gestión, y le sea posible asumir la gestión de los asuntos de los musulmanes de todo el mundo mediante la designación de gobernantes y funcionarios locales, se alinea estrechamente con el proyecto original del gobierno del Imam impecable y con el objetivo divino de la unidad de la umma. Esto allana mejor el camino para un gobierno justo y universal. Sin embargo, en caso de que no existan las condiciones propicias para establecer un país único con tales características, será preciso recurrir a alternativas, siempre respetando el principio jurisprudencial de «al-aqrab fal‘aqrab» (realizar lo que más se acerque a la solución ideal). Si los hadices de la tradición profética constituyen la justificación fundamental para la wilāyat al-faqih, se puede argumentar que, aunque su lenguaje sugiere que cualquier alfaquí plenamente cualificado puede ejercer dicha autoridad, en realidad, no transmiten más que lo que ya se ha deducido a partir del argumento racional. Además, existen hadices, como los de Nabawi Mashhor[9] y Sahiha Ais ibn Qasim, que subrayan la prioridad del más sabio y más poderoso en comparación con los demás.

Una cuestión que podría plantearse en este contexto es la siguiente:

¿Qué se debe hacer cuando no se encuentra a una persona que destaque por su superioridad en todos los aspectos?

La respuesta general sugiere que una persona que sea, en términos globales, «relativamente superior» debe asumir esta responsabilidad, y que, a su vez, la gente debe reconocer y aceptar su wilāyat. Es importante señalar que los diversos matices que surgen de esta temática dan lugar a un debate amplio que requiere un análisis más extenso.

Conclusión

A continuación, procederé a responder las preguntas formuladas al inicio de nuestra discusión.

La primera pregunta es la siguiente: si un país islámico se rige por el sistema de wilāyat al-faqih, ¿es obligatorio que los musulmanes que residen en países no islámicos obedezcan las disposiciones de su gobierno, en caso de que dichas disposiciones les incluyan?

Según el primer fundamento, que establece la prueba de la wilāyat a través de la designación o permiso del Imam impecable, la respuesta a esta interrogante es clara. Si asumimos que se ha demostrado que un determinado alfaquí es superior a los demás en la asunción de la wilāyat, y en conformidad con los argumentos tanto racionales como tradicionales, esa persona efectivamente posee el derecho de gobernar sobre la gente. Por consiguiente, sus disposiciones serán válidas y obligatorias para todos los musulmanes, y aquellos que residen en países no islámicos también están llamados a seguir sus disposiciones.

En lo que respecta al segundo fundamento, que establece la dependencia de la wilāyat del alfaquí de la elección y el acto de rendirle lealtad, se puede decir que la elección por parte de la mayoría de la umma —o de la mayoría de los miembros del consejo y aquellos con capacidad de decisión— constituye un argumento válido. Esta idea se alinea con la opinión y práctica de los sabios. Además, algunas afirmaciones contenidas en el Nahŷ ul-Balāghah, referentes a la validez del juramento de lealtad de los muhāŷirin (emigrantes) y los ansār (auxiliares),[10] podrían interpretarse como una evidencia adicional que respalda este enfoque. En virtud de este fundamento, se sostiene que la obediencia al Waliy Faqīh es igualmente obligatoria para los musulmanes que residen en países no islámicos, independientemente de que le hayan rendido lealtad o no.

No obstante, podría decirse que esta elección y el rendirle lealtad no es más que una delegación de los propios poderes hacia otra persona mediante un contrato. Por consiguiente, la obediencia al Waliy Faqīh es obligatoria únicamente para aquellos que le han rendido lealtad. Tanto los musulmanes en el extranjero como aquellos dentro del país que no le hayan rendido lealtad no están legalmente obligados a obedecerle. Además, el fundamento permanente e innegable de la opinión y práctica de los sabios, no está necesariamente establecido ni se presenta como un principio evidente; así como las declaraciones dialécticas, parecen tener el único objetivo de convencer y coaccionar al oponente.

La segunda pregunta formulada fue la siguiente: si existen dos países islámicos y solo uno de ellos se rige por el sistema de la wilāyat al-faqih, ¿es entonces obligatorio para los musulmanes que residen en el otro país obedecerle?

La respuesta a esta pregunta es análoga a la anterior, aunque introduce una hipótesis menos convencional: es posible que los musulmanes que residen en otro país —ya sea por iŷtihād o taqlid— reconozcan la legitimidad de su gobierno, a pesar de que este se rija por un sistema distinto al de la wilāyat al-faqih. En tal situación, su obligación primigenia radicaría en la obediencia a su propio gobierno, en lugar de obdedecer al Waliy Faqīh que gobierna el otro país.

No obstante, la tercera pregunta que se plantea es la siguiente: si cada uno de los dos o más países islámicos acepta la wilāyat de un alfaquí en particular, ¿deben los habitantes de otros países seguir los mandatos emitidos por sus respectivos alfaquíes gobernantes?

La cuestión planteada demanda una consideración más profunda. En primer lugar, es necesario suponer que la wilāyat de ambos alfaquíes (o de varios alfaquíes) es legítima, así como que sus mandatos o decretos son, indudablemente, acatados en sus respectivos países. Como se mencionó anteriormente, la existencia de dos países islámicos completamente independientes, cada uno con su propio gobierno legítimo, es aceptable en un contexto en el que resulte absolutamente inviable establecer un único gobierno islámico. Con respecto a la suposición de que únicamente la wilāyat de uno de los alfaquíes sea legítima e incuestionable, cabe señalar que este asunto remite a la pregunta anterior.

En segundo lugar, es preciso suponer que, al menos, los decretos o mandatos emitidos por uno de los alfaquíes gobernantes se extienden a los musulmanes que residen en otros países; de lo contrario, cualquier discusión sobre la influencia de dichos mandatos sobre ellos sería irrelevante.

Teniendo en cuenta las dos condiciones anteriores, si uno de los alfaquíes gobernantes emite un decreto general que incluye a los musulmanes residentes en otro país que están bajo la autoridad de otro alfaquí, habrá al menos tres casos. Esto se debe a que el otro gobernante puede aprobar, anular o contravenir, o ignorar dicho decreto.

Considerando las condiciones previamente mencionadas, si uno de los alfaquíes en el poder emite un decreto general que incluye a los musulmanes residentes en un país extranjero que está bajo la autoridad de otro alfaquí, se presentan al menos tres escenarios posibles. Esto se debe a que el gobernante en cuestión puede optar por aprobar, anular o contravenir, o simplemente ignorar dicho decreto.

En caso de que el otro gobernante apruebe o ratifique el decreto mencionado, no habrá lugar a discusión, ya que ello equivaldrá a la emisión de un decreto similar de su parte y, por lo tanto, deberá ser obedecido. En el caso de que decida anular o contravenir dicho decreto, la validez de dicha anulación o contravención se sustentará, por supuesto, en su conocimiento acerca de la invalidez del criterio o base del decreto, ya sea en términos generales o en relación con los habitantes de su país. En este último supuesto, el decreto anulado no tendrá validez para los habitantes de su país, salvo que alguien tenga certeza de que dicha anulación fue injustificada.

Si opta por el silencio ignorando el decreto, en consonancia con el primer fundamento de la validez de la wilāyat al-faqih —que establece la designación por parte del Imam impecable— su obediencia resulta obligatoria, incluso para otros alfaquíes, tal como la sentencia dictada por uno de dos jueces es válida y vinculante para el otro en el ámbito donde ejerce su función judicial.

En cuanto al segundo enfoque, se debe decir que el decreto de cada alfaquí es válido solo para la gente de su propio país (más bien, para aquellos que le han rendido lealtad) y no es válido para los demás, y aquí no se puede recurrir a la opinión y práctica de los sabios, como se alegó en la cuestión anterior.

Respecto al segundo enfoque, es pertinente señalar que el decreto emitido por cada alfaquí tiene validez únicamente para los habitantes de su país, es decir, para aquellos que le han rendido lealtad. Por lo tanto, dicho decreto no es aplicable ni válido para personas de otros territorios. En este contexto, no se puede recurrir a la opinión y la práctica de los sabios, tal como se argumentó en la cuestión anterior.

En relación con la hipótesis que sugiere que los musulmanes residentes en un país rindan lealtad a un alfaquí que gobierna en otro país, se debe mencionar que tal cosa equivale, de hecho, a abandonar la ciudadanía del país de residencia y aceptar la ciudadanía del país a cuyo alfaquí se le ha rendido lealtad. Cabe destacar que este aspecto no es el foco de nuestra discusión en este momento.[3]

Referencias bibliográficas

[1] Al respecto, consultar los libros de derecho constitucional y derecho internacional.

[2] Imam al-Haramayn al-Ŷuwaini, Al-Irshād, citado en Nizām al-Hukm fī al Sharī’ah wa al-Tārīj al Islāmī, págs. 322 y 326.

[3] al-Qāḏi Abu Ya’la, Al-Ahkām al-Sulṯaniya, págs. 20 y 23; Ibn Qudāmah al-Hanbali, Al-Mughni, t. 10, pág. 52; Al-Nawawī, Al-Minhaŷ, pág. 518; Dr. Wahba al-Zuhaili, Al-Fiqh al-Islāmī wa Adilataha, t. 6, pág. 682.

[4] Al-Kulainī, Al-Kāfī, t. 1, pág. 178; Al-Maŷlisī, Bihār al-Anwār, t. 25, págs. 106-107; Al-Ṣadūq, ʿUyūn ajbār al-Riḍā, t. 2, pág. 101; Al-‘Ilal al-Shara’i, t.. 1, pág. 254.

[5] Al-Kulainī, Al-Kāfī, t. 1, pás. 67; y t. 7, pág. 412.

[6] Wasāʾil al-Shi'ah, t. 18, pág. 98; Usūl al-Kāfī, pág. 67; Tahdhīb, t. 2, págs. 218 y 301.

[7] Nahŷ ul-Balāghah, discurso 173, y carta 6; Sharh Nahŷ ul-Balāgha - Ibn Abi l-Hadīd, t. 4, pág. 17.

[8] Nahŷ ul-Balāghah, discurso 3 (Shiqshiqiyyah).

[9] El Mensajero de Dios (PB) dijo: (من ام قوما و فيهم اعلم منه او افقه منه لم يزل امرهم فی سفال الی يوم القيامه) «Quien dirija a un pueblo y haya entre esta gente alguien más sabio o más entendido que él, sus asuntos permanecerán en mal estado hasta el Día de la Resurrección». (Al-Mahāsin al-Barqi); sobre este mismo tema, consultar también Nahŷ ul-Balāghah, discurso 173; Wasāʾil al-Shi'ah, t. 1, pág. 35; Tuhaf al-'uqūl, pág. 375; Kitāb Sulaym ibn Qays, pág.148.

[10] Nahŷ ul-Balāghah, discurso 173, y carta 6; Sharh Nahŷ ul-Balāgha - Ibn Abi l-Hadīd, t. 4, pág. 17.

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com,  Fundación Cultural Oriente

 

[1] El vocablo árabe «wilāyat» puede traducirse como «autoridad [divina]» y la expresión «wilāyat al-faqih» como «la autoridad del alfaquí» o «el gobierno del alfaquí». La wilāyat al-faqih es un concepto de la jurisprudencia islámica chií duodecimana sobre el establecimiento de un gobierno islámico en ausencia del Imam Mahdi (P), que sostiene que el encargado del gobierno debe ser un experto virtuoso y justo que conozca los mandatos de Dios y tenga la capacidad necesaria para solucionar los problemas de la umma. Esta persona es denominada «Waliy Faqīh», es decir, «el alfaquí encargado del gobierno». (Nota del traductor)

[2] De acuerdo a la ciencia de los principios de la jurisprudencia islámica, hay dos tipos de entendimiento: al-mafhum al-muwafiq (el concepto de congruidad) y al-mafhum almujalif (el concepto de contrariedad). Si no se respeta a ‘Ali cuando su nombre no está en una oración condicional como «respeta a Ali si viene», se procede según el mafhoom mujalif. Por otro lado, si se deja de golpear a los padres actuando de acuerdo con la aleya que prohíbe fruncir el ceño a los padres (Corán 17:23), se procede según el mafhoom mawafiq. (Nota del traductor)

[3] Publicado originalmente en Maŷal.le-ye Hokūmat-e Eslāmī (Revista Gobierno Islámico), Año I Nº 1, otoño de 1996, págs.81-86.

Palabras claves
La Autoridad Islamica,Waliy Faqīh en el Extranjero,Islam y Politica,Gobierno islamico
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La Autoridad del Waliy Faqīh en el Extranjero - Mustafa Al Salvadori.pdf (478.53 KB)
Autor
Ayatola M. T. Misbah Iazdi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Tue, 26 Nov 2024 - 10:53
By admin , 10 January 2024

Y entonces fui guiado - Una invitación a los amigos para investigar acerca del Islam

“...Y entonces fui guiado”

Una invitación a los amigos para investigar

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

El cambio fue para mí, el comienzo de una felicidad espiritual, y sentí una paz interior y un gran regocijo por la madhhab de la verdad que descubrí, de la que sin lugar a dudas, se puede decir que es el Islam verdadero. Me sentí rebozar de una gran alegría, y orgulloso de mí mismo, por la guía y dirección que Allah me había otorgado.

No podía guardar silencio y ocultar lo que estaba sucediendo dentro de mí, y me dije: “Debo divulgar esta verdad a la gente”. «Habla sobre las gracias de tu Señor» (Sagrado Corán; 93:11). Esa es una de las gracias más grandes, si no la más grande de este mundo y de la otra vida. “El que calla la verdad es un demonio silencioso”, y “después de la verdad no hay nada sino extravío”.

Lo que me hizo convencerme de que yo debía difundir esta verdad fue la inocencia de la gente Sunni que ama al Mensajero de Allah y a Ahl-ul Bait. Todo lo que se necesitaba hacer era apartar ese velo que fue colocado por la historia sobre sus corazones, para que pudieran seguir la verdad, pues fue lo que me sucedió a mí personalmente.


Allah, el Altísimo, dice:

«Así fuisteis también vosotros en otro tiempo y Allah os agració...» (Sagrado Corán; 4:94)

Invité a cuatro de mis amigos de entre los profesores que enseñaban conmigo en el Instituto; dos de ellos enseñaban Educación Religiosa, el tercero enseñaba Árabe y el cuarto era profesor de Filosofía Islámica. Ninguno de los hombres era de Qafsa, sino de Túnez, de Yammal y de Susah.

Los invité a investigar conmigo este delicado tema, y les di a entender que yo no podía comprender el significado de ciertas cosas, y expresé alguna inquietud y duda sobre algunos asuntos. Aceptaron mi invitación y decidieron venir a mi casa después del trabajo.

Cuando llegaron, les hice leer Al-Muraya‘at, y les dije que su autor afirma muchas cosas extrañas y sorprendentes sobre la religión. El libro despertó el interés de tres de ellos; en cuanto al cuarto, el que enseñaba Árabe, nos abandonó después de cuatro o cinco encuentros diciendo: “¡Occidente ahora está conquistando la Luna y ustedes todavía están investigando el califato islámico!”.

Tan pronto como terminamos el libro, tras un mes, los tres fueron iluminados. Me esforcé mucho para que pudieran llegar a la verdad por los caminos más cortos que se me habían ideado a través de la amplia experiencia y conocimiento que adquirí durante mis años de investigación.

Comencé a saborear la dulzura de la guía y a tener un buen presagio sobre el futuro, y así frecuentemente invitaba a amigos de Qafsa y a quienes se relacionaban conmigo a través de las lecciones en la mezquita o mediante la afinidad que tenía con (la gente de) las órdenes sufis, además de algunos de mis alumnos que me frecuentaban.

Ni siquiera pasó un año, que, Alabado sea Allah, llegamos a formar un gran número, todos amigos de Ahl-ul Bait; quienes somos amigos de sus amigos y enemigos de sus enemigos, que nos alegramos en sus festividades y nos entristecemos y lamentamos durante ‘Ashura.

Mis primeras cartas que llevaban las noticias de mi esclarecimiento fueron enviadas al Saiid Al-Jo’i y al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, durante la festividad de Al-Gadir, que fue celebrada por primera vez en Qafsa. Todos llegaron a saber sobre mi conversión al Shi‘ismo y que yo estaba llamando a la gente a seguir a la Familia de la Casa del Profeta (BP), y toda clase de acusaciones y rumores comenzaron a circular por el país. Fui acusado de ser un espía israelí trabajando para hacer dudar a la gente de su religión, de maldecir a los Compañeros, de estar planeando causar disturbios entre la gente... y de otras cosas.

En la capital de Túnez visité a dos amigos, Rashid Al-Ghannushi y ‘Abudl Fattah Muru, quienes expresaron una dura oposición a mis ideas, y en una conversación que tuvo lugar en la casa de ‘Abdul Fattah, dije que, como musulmanes, debemos referirnos a nuestros libros y a nuestra historia, y les puse como ejemplo Sahih Al-Bujari, pues contiene cosas que ningún intelecto ni religión pueden aceptar.

Estallaron en cólera conmigo y dijeron: “¿Quién eres tú para criticar a Al-Bujari?”. Hice todo lo posible por persuadirlos para que adentraran en la investigación, pero se rehusaron diciendo: “Si tú te has vuelto un Shi‘a, no trates de convertirnos a nosotros, pues tenemos cosas más importantes que hacer, como enfrentar al gobierno que no trabaja de acuerdo al Islam”.

Yo les respondí: “¿Qué sentido tiene? Si ustedes llegan al poder, harán cosas peores que las que ellos están haciendo ahora, pues no conocen la realidad del Islam”. De ese modo, nuestro encuentro terminó en un estado de aversión mutuo.

Algunas personas de la Hermandad Musulmana dirigieron una campaña en nuestra contra, pues no estaban enteradas, en esa época, del Movimiento de Orientación Islámica, y comenzaron a difundir rumores entre sus filas sobre que yo era un agente del gobierno y que estaba estimulando a los musulmanes a dudar de su religión a fin de mantenerlos alejados del tema principal; es decir, sublevarse contra el gobierno.

Gradualmente la gente comenzó a hacerme sentir aislado, especialmente los miembros mas jóvenes de la Hermandad Musulmana y los Shaij que siguen las órdenes sufis. Experimentamos tiempos difíciles, viviendo como extraños en nuestras propias casas y entre nuestros hermanos y grupos familiares. Pero Allah -Glorificado sea- nos agració con quienes eran mejores que ellos, pues muchos jóvenes de varias ciudades vinieron a vernos para investigar la verdad, y yo traté de hacer todo lo posible por persuadirlos.

Como resultado, muchos jóvenes pudieron ver la luz; ellos eran de Túnez, de Kairawan, de Susah y de Saiidi Bu Zaid. Durante mi visita de verano a Irak, pasé por Europa y encontré amigos en Francia y Holanda y discutí el tema con ellos, y Alabado sea Allah, ellos también vieron la luz.

¡Qué inmensa fue mi alegría cuando encontré al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr en la Sagrada Nayaf! En su casa se encontraba una selección de gente sabia. Él me presentó a ellos como la semilla de la conversión al shi‘ismo de la Familia de la Casa del Profeta (BP) en Túnez. Además les contó que él había llorado cuando recibió mi primera tarjeta de felicitaciones (por ‘Id Al-Gadir), la cual llevaba las buenas noticias sobre que habíamos celebrado la festividad de Al-Gadir, y donde yo le contaba las dificultades que estábamos enfrentando, incluyendo los rumores maliciosos y el aislamiento.

El Saiid dijo: “Es inevitable atravesar por esas penurias, pues la senda de Ahl-ul Bait es dura y difícil. Un hombre fue una vez a ver al Profeta (BP) y le dijo: “Oh Mensajero de Allah ¡Yo te quiero ¡yo te quiero!”. Él (BP) respondió: “Entonces aguarda muchas aflicciones”. El hombre añadió: “¡Yo quiero a tu primo Ali!”. Él respondió: “Entonces aguarda muchos enemigos”. Después el hombre dijo: “¡Yo quiero a Al-Hasan y a Al-Husain!”. Él (BP) respondió: “Entonces prepárate para la pobreza y mucha desgracia”.

¿Qué hemos ofrecido nosotros por la causa de la justicia, por la que Abu ‘Abdullah Al-Husain (P) pagó con su vida y las vidas de los miembros de su familia, hijos y compañeros; y por la cual los Shi‘as a lo largo de la historia, han pagado y siguen pagando hasta el presente, como precio por su fidelidad a Ahl-ul Bait?

¡Oh hermano!, es inevitable que atravesemos dificultades y nos sacrifiquemos por la causa de la verdad. Si Allah guía a través tuyo a un sólo hombre hacia el sendero recto, será mejor para ti que el mundo entero y lo que hay en él”.

El Saiid As-Sadr además me aconsejó contra el aislamiento y me ordenó aproximarme aún más a mis hermanos Sunnis cada vez que ellos intenten alejarse de mí, y que rezara junto a ellos a fin de que no hubiera ruptura de relaciones, y que los considerara víctimas inocentes de la historia distorsionada y de la mala propaganda, pues la gente es enemiga de lo que ignora.

El Saiid Al-Jo’i también me aconsejó más o menos lo mismo. El Saiid Muhammad Ali At-Tabatabai Al-Hakim siempre nos enviaba cartas llenas de consejos que ejercieron una gran influencia sobre los hermanos que fueron iluminados con la guía.

Mis visitas a la Sagrada Ciudad de Nayaf y a su gente sabia se hicieron cada vez mas frecuentes, y me prometí pasar todas las vacaciones de verano cerca del Imam Ali (P) y atender las lecciones del Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, de las que me beneficié muchísimo. También me prometí visitar los Santuarios de los Imames de Ahl-ul Bait. Allah me concedió mi deseo, pues incluso pude visitar la tumba del Imam Ar-Rida (P), situada en Mashhad, Irán, cerca de los límites con la URSS. Allí encontré a algunos de los sabios más prominentes, de quienes saqué mucho provecho.

El Saiid Al-Jo’i, a quien seguíamos en nuestros asuntos religiosos, me dio permiso para utilizar el Jums y el Zaqat para ayudar a nuestro grupo, y para lo que pudiera necesitar en lo referente a libros, donaciones y muchas otras cosas. Además, pude establecer una biblioteca que contiene las más importantes referencias conectadas con la investigación y una recopilación de libros de ambas partes (Sunnis y Shi‘as). La llamé: “Biblioteca Ahl-ul Bait -con ellos sea la paz-” y benefició a muchas personas, Alabado sea Allah.

Quince años atrás, Allah duplicó mi alegría y regocijo cuando el Secretario General de la Municipalidad de Qafsa estuvo de acuerdo en nombrar a la calle donde yo vivo: “Calle Imam Ali ibn Abi Talib (P)”.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecerle por aquel honorable gesto, pues él es uno de los musulmanes activos y siente un gran respeto y cariño por la persona del Imam Ali (P). Yo le regalé el libro Al-Muraya‘at, del Saiid Sharaf-ud Din. Él frecuenta nuestro grupo y sentimos una gran simpatía, estima y respeto mutuo. Que Allah lo recompense de la mejor manera y que le conceda todo lo que desee.

Algunas personas malvadas trataron de quitar el letrero de la calle, pero todos sus intentos fueron en vano y Allah quiso que permaneciera donde está, y recibimos cartas desde todo el mundo en cuyos membretes se lee: “Calle Imam Ali ibn Abi Talib (P)”, cuyo honorable nombre bendijo nuestra noble ciudad.

Actuando según los consejos de los Imames de Ahl-ul Bait (P) y de los ‘Ulama de la Sagrada ciudad de Nayaf, nos acercamos a nuestros hermanos de las otras madhahib manteniendo nuestra relación por medio de las oraciones colectivas (Salat-ul Yama‘ah), las que rezamos juntos. De este modo, pudimos abrir los ojos de muchos jóvenes a través de sus preguntas sobre nuestras oraciones, ablución y creencias.

Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

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Y entonces fui guiado,investigar acerca del Islam,Islam chia,Islam sunna,Tijani
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Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Historia-Biografía
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Wed, 10 Jan 2024 - 11:24
By admin , 28 November 2023

Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr - “...Y entonces fui guiado"

“...Y entonces fui guiado”

Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

Nos dirigimos con Abu Shubbar a la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, y en el camino me trató de manera agradable y me habló sobre los famosos ‘Ulama, sobre Taqlid (imitación a un Muytahid, es decir, a un sabio) y sobre otros temas... hasta que llegamos a la casa del Saiid As-Sadr. Ésta estaba repleta de jóvenes alumnos, la mayoría con turbantes.

El Saiid se puso de pie y nos saludó; luego le fui presentado. Me dio una calurosa bienvenida y me hizo sentar a su lado. Después comenzó a preguntarme sobre Túnez y Argelia y sobre famosos ‘Ulama como Al-Jidr Husain, At-Tahir ibn ‘Ashur y otros.

Disfruté de su plática, y a pesar de su alta posición y del gran respeto que recibía de los que lo rodeaban, me encontré a mí mismo desinhibido con él, como si lo hubiera conocido desde antes.

Me resultó muy provechoso aquel encuentro porque escuchábamos preguntas hechas por los alumnos y las respuestas del Saiid. A través de ellas supe de la importancia de adoptar las decisiones de los ‘Ulama que están vivos, quienes pueden responder a toda clase de preguntas directa y claramente. También me convencí de que los Shi‘as son musulmanes que adoran a Allah solamente y que creen en el mensaje de nuestro Profeta Muhammad (BP).

Al principio tenía algunas dudas, pues Satán me susurraba que lo que yo veía era sólo simulación, que quizás era lo que ellos llaman Taqiiah, es decir, que demostraban algo diferente a lo que creían; pero estas dudas desaparecieron rápidamente y los susurros cesaron, pues era imposible que el centenar de personas que yo había visto u oído se pusieran de acuerdo para ello.

Por otra parte, ¿por qué debía haber simulación? ¿Quién era yo, y por qué les podría interesar hasta el punto de utilizar Taqiiah conmigo? Y sobre todo, sus libros antiguos, que habían sido escritos siglos atrás, o las publicaciones nuevas de tan sólo hacía unos meses atrás, todos en su presentación profesan la Unidad de Allah y engrandecen a Su Mensajero Muhammad (BP).

Ahí estaba yo, en la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, la famosa autoridad religiosa dentro y fuera de Irak; y cada vez que el nombre del Profeta Muhammad (BP) era mencionado, la audiencia entera exclamaba en una sola voz: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Cuando llegó el momento de la oración, dejamos la casa y fuimos a la mezquita que estaba junto a ella, y el Saiid Muhammad As-Sadr dirigió las oraciones del mediodía y de la tarde. Llegué a sentir como si estuviera viviendo entre los distinguidos Compañeros (del Profeta), pues había mediado entre las dos oraciones una súplica melodiosa proferida por uno de los orantes que tenía una voz emotiva y encantadora. Cuando terminó la súplica, la audiencia entera exclamó: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Después de la oración, el Saiid se sentó en el mihrab y la gente vino a saludarlo; algunos le hacían preguntas, ya sea en forma privada o pública, y él contestaba algunas de ellas en secreto, si es que le requerían discreción. Entendí que era así porque implicaban asuntos privados. Cuando la persona obtenía una respuesta a su pregunta, besaba la mano del Saiid y se marchaba. Qué gente afortunada al tener a este notable sabio que resuelve sus problemas y vive sus preocupaciones.

El Saiid me tuvo bajo su cuidado, se preocupó por mí y me brindó la mejor hospitalidad, a tal punto que me hizo olvidar de mi familia y amigos y sentí que si hubiera permanecido con él solamente un mes, me hubiera vuelto un Shi‘a debido a sus costumbres, modestia y generosidad. Cada vez que yo lo miraba, sonreía o comenzaba a hablarme y me preguntaba si necesitaba algo; y no abandoné su compañía durante cuatro días sino para dormir.

Él tenía muchas visitas entre las que había sabios enviados a él desde todas partes. Había sauditas (nunca hubiera imaginado que en el Hiyaz hubiera Shi‘as), y asimismo sabios de Bahrein, Katar, de los Emiratos Arabes Unidos, Líbano, Siria, Irán, Afganistán, Turquía y África Negra; y el Saiid hablaba con cada uno de ellos y resolvía sus problemas. Nadie se retiraba sin sentirse alegre y confortado.

Aquí me gustaría mencionar un caso que le fue expuesto al Saiid cuando me encontraba con él y por el cual quedé muy impresionado por la manera en que lo resolvió. Lo menciono debido a su importancia, a fin de que los musulmanes sepan lo que ellos han perdido al abandonar las normas de Allah.

Cuatro hombres, que probablemente eran iraquíes, a juzgar por sus acentos, fueron a ver al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr. Uno de ellos había heredado una casa de su abuelo, quien había muerto años atrás, y había vendido esa casa a una segunda persona (la cual estaba presente).
Un año después de la consumación de la venta, dos hermanos fueron y probaron que ellos también eran herederos legales del hombre muerto.

Los cuatro se sentaron ante el Saiid y cada uno de ellos exhibió los papeles y documentos que tenía. Después de que el Saiid leyó los papeles y habló unos cuantos minutos con los hombres, juzgó con justicia.

Dio al comprador el completo derecho a su casa, y le pidió al vendedor que pagara a los dos hermanos su parte del precio de la venta, y después de eso se pusieron de pie y besaron la mano del Saiid y se abrazaron mutuamente.

Yo estaba asombrado y no podía creer lo que había sucedido. Le pregunté a Abu Shubbar: “¿El caso ha terminado?”. Él dijo: “Sí, cada uno recibió su derecho”. “¡Alabado sea Allah! ¡Con qué facilidad y en tan corto tiempo! ¿Con tan sólo unos minutos el problema fue resuelto? Un caso similar en nuestro país habría llevado por lo menos diez años para resolverlo y alguno de los demandantes habría muerto y sus hijos continuarían el caso abonando los costos legales que excederían el precio de la casa misma.

El caso se trasladaría desde el Juzgado de Primera Instancia hacia la Corte de Apelación; luego a la revisión del caso, y al final ninguno quedaría satisfecho, después de haber agotado sus esfuerzos y dinero en los costes judiciales y sobornos, sin contar la enemistad que queda entre las personas y familias”.

Abu Shubbar comentó: “Nosotros también tenemos todo eso, si no peor”. Yo pregunté: “¿Cómo?”. Él dijo: “Si las gentes llevan sus problemas a las cortes del estado, entonces les sucede lo mismo que tú has mencionado, pero si siguen a la autoridad religiosa y se aferran a las leyes islámicas, entonces llevan sus casos a dicha autoridad y el problema se resuelve en pocos minutos, como tú viste; y para la gente que razona, ¿quién mejor que Allah para juzgar? El Saiid As-Sadr no cobra ni un centavo, pero si fueran a las cortes del estado, entonces ¡se arrancarían la cabeza!”.

Me causó gracia esa expresión que también es muy corriente entre nosotros, y dije: “¡Alabado sea Allah! Todavía no puedo creer lo que he visto, y si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo hubiera creído de ninguna manera”.

Abu Shubbar dijo: “Pues tienes que creerlo hermano. Este es un simple caso en comparación con otros más complicados en los cuales hay derramamiento de sangre, y aún así, las autoridades religiosas los resuelven en unos momentos”. Dije con asombro: “Entonces ustedes tienen dos gobiernos en Irak, un gobierno del estado y un gobierno de los religiosos”.

Él contestó: “No es así. Nosotros tenemos un gobierno de estado solamente, pero los musulmanes de la madhhab Shi‘a que siguen a las autoridades religiosas, no se subordinan al gobierno porque no es un gobierno islámico, sino un gobierno del partido Ba‘z. Ellos obedecen a ese gobierno simplemente en lo que se refiere a las normas gubernamentales, los impuestos, las leyes y los estatutos civiles; por lo tanto, si un musulmán que se aferra a la ley islámica tiene una disputa con un musulmán no aferrado a ella, entonces el caso debe ser llevado a las cortes del estado porque el segundo no acepta el juicio de las autoridades religiosas.

En cambio, si dos musulmanes que disputan, se aferran a la ley islámica, entonces no hay problema; todo lo que las autoridades religiosas deciden, es aceptable para ambas partes. De este modo, todos los casos atendidos por las autoridades religiosas son resueltos en el día, mientras que las otras autoridades los prolongan por meses y años”.

Fue un incidente que me hizo sentir contento con las normas de Allah, Alabado y Glorificado sea, y que me ayudó a comprender las palabras de Allah, en su Libro Glorioso:

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los incrédulos» (Sagrado Corán 5:44)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los opresores» (Sagrado Corán 5:45)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los corruptos» (Sagrado Corán 5:47)

El incidente también me infundió sentimientos de resentimiento y sublevación contra aquellos que cambian las justas reglas divinas por aquellas humanas y subjetivas. Aun así, eso no les basta y critican con todo descaro y sarcasmo las reglas divinas y las acusan de ser bárbaras y salvajes, porque aplican las sanciones establecidas por el Corán de cortar la mano de los ladrones, apedrear a los adúlteros y matar a los asesinos. Por lo tanto, ¿de dónde vinieron todas esas teorías extrañas para nosotros y para nuestra cultura? No hay duda de que vinieron de Occidente y de los enemigos del Islam que saben que la aplicación de las reglas de Allah significa su inevitable destrucción, ya que son ladrones, traidores, adúlteros, criminales y asesinos. Si aplicáramos las reglas de Allah nos libraríamos de todos ellos.

Conversé bastante con el Saiid As-Sadr durante aquellos días, y le pregunté sobre cada cosa que yo había aprendido por medio de amigos que me hablaban sobre sus creencias, sobre lo que ellos pensaban, sobre los Compañeros del Profeta (BP) y sobre Ali y sus hijos... además de muchos otros temas sobre los que no concordamos con ellos.

Le pregunté al Saiid As-Sadr sobre Imam Ali, por qué ellos ¡testimonian por él en el Adhan (el llamado a la oración), diciendo que él es Waliiullah (el Amigo de Allah)! Me respondió de la siguiente manera:

“El Comandante de los Creyentes, Ali -que las bendiciones de Allah sean sobre él- fue uno de los siervos que eligió y honró Allah, dándoles la responsabilidad del Mensaje después de Su Profeta. Estos siervos son los sucesores del Profeta (BP), pues cada profeta tiene un sucesor y Ali Abi Talib es el sucesor de Muhammad (BP). Nosotros lo anteponemos sobre todos los Compañeros del Profeta (BP) porque Allah y el Profeta lo prefirieron.

Tenemos acerca de ello pruebas lógicas transmitidas a través del Corán y de la Sunnah (la Tradición del Profeta), y estas pruebas son mutawatir (o sea con numerosas cadenas de transmisión, no relacionadas entre sí) y correctas, tanto para nosotros como para los Sunnis. Nuestros sabios han recopilado esto en muchos libros.

El régimen Omeya trabajó muy duro para borrar esta verdad y luchar contra el Imam Ali y sus hijos, a los cuales asesinaron. Además ordenaron maldecirlos e insultarlos en los púlpitos de los musulmanes y la gente hizo aquello coaccionada. Es por eso que sus seguidores -que Allah esté complacido con ellos- comenzaron a testimoniar que él es el Amigo de Allah y ningún musulmán puede insultar al Amigo de Allah.

Eso fue un desafío de su parte contra las autoridades opresoras, para que la grandeza sea para Allah, para Su Mensajero y para todos los creyentes; y para que sea un incentivo a lo largo de la historia para la totalidad de los musulmanes a través de las generaciones, a fin de que conozcan la verdad de Ali y la falsedad de sus enemigos.

De este modo, nuestros ‘Ulama se esforzaron en testimoniar que “Ali es el Wali de Allah” en sus llamados a la oración, lo cual realizan como algo recomendable. Al pronunciar la frase hay que tener la intención de estar diciendo algo preferible y no obligatorio, pues si el que hace el Adhan o la Iqamah (segunda llamada a la oración) tiene la intención de que la frase forme parte de alguno de los dos, éstos se vuelven nulos.

Hay muchas cosas recomendables en los actos devocionales, así como también en las relaciones mundanales ordinarias y en las transacciones; los musulmanes serán recompensados por realizarlas, pero no serán castigados por dejarlas de lado.

Por ejemplo es recomendable para los musulmanes decir después de la Shahadah (testimonio en el rezo de que no hay divinidad sino Allah, y que Muhammad (BP) es Su Mensajero): “Y testifico que el Paraíso es verdad, que el Infierno es verdad, y que Allah resucitará a quienes estén en las tumbas”.

Yo dije: “Nuestros sabios nos enseñaron que la prioridad de la sucesión era para nuestro maestro Abu Bakr As-Siddiq, luego para nuestro maestro ‘Umar Al-Faruq, luego para nuestro maestro ‘Uzman, y luego para nuestro maestro Ali -que Allah los bendiga a todos-”. El Saiid permaneció en silencio por un momento y luego me respondió:

“Pueden decir lo que quieran, pero les es imposible corroborar eso sobre pruebas unánimemente aceptadas en la Shari‘ah, e inclusive, eso contradice lo que transmiten de sus propios libros de cabecera. Dice en ellos: “La mejor de las personas es Abu Bakr y luego ‘Uzman”, y no hay mención de Ali porque lo consideran una persona cualquiera y solamente comenzaron a mencionarlo tardíamente, al citar a los Califas Correctamente Guiados”.

Después le pregunté sobre la pieza de tierra sobre la que posan sus frentes durante las oraciones y que ellos llaman At-Turbah Al-Husainiiah. Él respondió:

“Antes todo debemos hacer notar que nosotros nos prosternamos sobre la tierra, pero no para la tierra, como suponen algunas personas que calumnian a los Shi‘as, pues la prosternación es sólo para Allah, Alabado y Glorificado sea. Está bien establecido entre nuestra gente, así como también entre los Sunnis, que la mejor prosternación es sobre tierra o sobre lo que ella produce sin ser comestible, y que es incorrecto prosternarse sobre algo fuera de esto.

El Mensajero de Allah (BP) solía descansar sobre la tierra y tenía una masa de tierra y paja sobre la cual se prosternaba. Además, enseñó a sus Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- que se prosternaban sobre la tierra o las piedras y les prohibió que lo hicieran sobre el borde de sus ropas. Nosotros consideramos que estos conocimientos son necesarios.

El Imam Zain-ul ‘Abidin Ali, hijo de Al-Husain (la paz sea con ambos), tomó una Turbah (una pieza de tierra reseca) de la tumba de su padre Abu ‘Abdullah por ser ésta una Turbah pura e inmaculada, pues la sangre del Señor de los Mártires fue derramada en ella. De este modo, sus seguidores continuaron con aquella práctica hasta el día de hoy.

Nosotros no decimos que la prosternación no está permitida si no es sobre la Turbah, sino que decimos que la prosternación es correcta si se la realiza sobre cualquier Turbah o tierra limpia, como así también es correcta si se la realiza sobre una esterilla o alfombra de plegaria que esté hecha de hojas de palmera o de un material similar”.

Pregunté en relación a nuestro maestro Al-Husain -que Allah está complacido con él-: “¿Por qué los Shi‘as lloran, se golpean y se abofetean a sí mismos hasta que les brota sangre, a pesar de que esto está prohibido en el Islam, ya que el Profeta (BP) dijo: “El que abofetea sus mejillas, desgarra sus ropas e invoca con el llamado de la Yahiliiah (la época de ignorancia anterior al Islam), no es uno de nosotros”?”.

El Saiid contestó: “La narración es correcta y no hay duda sobre ella, pero no es aplicable a las ceremonias de duelo por Abu ‘Abdullah, ya que el que clama por la sangre de Al-Husain y sigue su senda, su llamado no es de Yahilliah. Además, los Shi‘as son sólo seres humanos; entre ellos hay sabios y hay iletrados, y ellos tienen sentimientos y emociones. Si se desbordan a causa de sus emociones durante el aniversario del martirio de Abu ‘Abdullah, y recuerdan lo que le sucedió junto a su familia y a sus compañeros, quienes fueron asesinados, calumniados y encarcelados, entonces serán recompensados por sus buenas intenciones, porque están en el sendero de Allah. Allah, Alabado y Glorificado sea, agracia a Sus siervos de acuerdo a sus intenciones.

La semana pasada leí las informaciones oficiales del gobierno egipcio sobre los incidentes de suicidio que siguieron a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir. Esos informes oficiales dicen haber registrado ocho formas de suicidio entre los cometidos por la gente al escuchar la noticia; algunos saltaron de los edificios, otros se arrojaron bajo los trenes, etc. Además, hubo muchos heridos y lesionados.

Estos son solamente ejemplos en los que las emociones han desbordado a las personas más racionales. A pesar de que esas personas, que eran musulmanas, se suicidaron debido a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir -que murió por causas naturales-, nosotros no tenemos derecho, sólo por noticias como éstas, a juzgar a todos los Sunnis y a acusarlos de estar equivocados.

Por otra parte, no es correcto para los Sunnis acusar a sus hermanos Shi‘as de estar equivocados sólo porque lloran por el Señor de los Mártires. Estas personas han vivido y todavía están viviendo hasta este día, la tragedia de Al-Husain. Incluso el Mensajero de Allah (BP) lloró por lo que le sucedería a su hijo Al-Husain, como así también Gabriel al ver llorar al Profeta”.

Pregunté: “¿Por qué los Shi‘as decoran las tumbas de sus santos con oro y plata, a pesar del hecho de que eso está prohibido en el Islam?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Esto no es exclusivo sólo de los Shi‘as, ni está prohibido. Verás las mezquitas de nuestros hermanos Sunnis ya sea en Irak, Egipto, Turquía o en cualquier otro lugar del mundo islámico, decoradas con oro y plata. Asimismo la Mezquita del Mensajero de Allah (BP) en Madinatul Munawarah y la Ka‘bah, la Casa de Allah, en la distinguida Meca, que es cubierta cada año con un nuevo manto decorado con oro que cuesta millones. Por lo tanto, tal cosa no es exclusiva de los Shi‘as”.

Pregunté: “Los ‘Ulama sauditas dicen que tocar las tumbas e invocar a los santos por sus bendiciones es idolatría, así que, ¿cuál es la opinión de ustedes?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Si tocar las tumbas e invocar a sus ocupantes es con la intención de que ellos perjudiquen o beneficien, entonces eso es idolatría, sin lugar a dudas. Pero los musulmanes creen en la Unicidad (de Allah) y saben que solamente Allah es el que perjudica o agracia. Solamente se invoca a las personas santas y a los Imames -la paz sea con ellos- con la intención de que sean un medio para llegar a Él, Alabado sea, y eso no es idolatría.

Todos los musulmanes, Sunnis o Shi‘as, concuerdan en este punto desde la época del Mensajero hasta el presente, excepto los Wahabi, que son los ‘Ulama sauditas que mencionaste, los cuales contradicen a la totalidad de los musulmanes con su nueva tendencia que surgió recién en este siglo. Ellos causaron mucha discordia entre los musulmanes con esa creencia, acusaron a los demás de incredulidad y determinaron lícito el derramar su sangre. Golpearon a los ancianos peregrinos en su camino a la Casa de Allah, en La Meca, sólo por decir: “La Paz sea sobre ti, ¡oh Mensajero de Allah!” y nunca permiten que nadie toque su tumba pura y bendita. Sostuvieron muchos debates con nuestra gente sabia, pero persistieron en su tozudez y arrogancia.

Cuando el Saiid Sharaf-ud Din, un famoso sabio Shi‘a, realizó la Peregrinación a la Casa de Allah durante la época de ‘Abdul Aziz ibn Saud, formó parte de aquellos ‘Ulama que fueron invitados al palacio del rey para celebrar con éste el ‘Id-ul Ad-ha, como es costumbre allá.

Cuando llegó y fue a estrechar la mano del rey, el Saiid Sharaf-ud Din le ofreció como regalo un Corán con una cubierta de cuero. El rey tomó el Corán; luego lo besó y lo puso en su frente. El Saiid Sharaf-ud Din dijo: “¡Oh rey!, ¿por qué besas y glorificas a la cubierta que está hecha sólo de cuero de cabra?”. El rey respondió: “Mi intención fue glorificar al Sagrado Corán y no engrandecer al cuero”.

El Saiid Sharaf-ud Din dijo entonces: “¡Bien dicho, rey! Nosotros hacemos lo mismo cuando besamos la ventana o la puerta de donde está la tumba del Profeta (BP); nosotros sabemos que el hierro del que están hechas no puede perjudicar ni beneficiar, pero nos dirigimos a lo que hay detrás del hierro o de la madera; nos dirigimos a glorificar al Mensajero de Allah de la misma manera en que tú glorificaste al Corán cuando besaste su cubierta de cuero de cabra”.

La audiencia estaba impresionada con el Saiid y dijo: “Tú tienes razón”. El rey en ese momento se vio obligado a permitir a los peregrinos a procurar bendiciones a través de las reliquias del Profeta, hasta que la orden fue revertida por el sucesor de aquel rey.

La cuestión no es que ellos teman que la gente asocie a otros con Allah; en realidad, es una cuestión política cuyo objetivo es contradecir y matar a los musulmanes a fin de consolidar su poder y autoridad sobre ellos. La historia es testigo de lo que han perpetrado en contra de la comunidad de Muhammad (BP)”.
Le pregunté sobre las órdenes sufis, y me respondió brevemente:

“Hay aspectos positivos y negativos en ellas. Los aspectos positivos incluyen la autodisciplina, la vida austera, el desapego de los placeres mundanales, elevándose así al inmaculado mundo espiritual.

Los aspectos negativos incluyen el retraimiento, el huir de la realidad de la vida y el limitarse sólo a mencionar a Allah en sus numerosas expresiones y otras prácticas.

El Islam -como es sabido- acepta los aspectos positivos pero rechaza los negativos, y nosotros podemos decir que todos los principios y enseñanzas del Islam son positivos”.

Duda y Confusión

Las respuestas del Saiid As-Sadr eran claras y convincentes, pero era muy difícil para una persona como yo comprenderlas. Había vivido veinticinco años de mi vida en base a la idea de glorificar y respetar a los Compañeros del Profeta, especialmente a los Califas Correctamente Guiados, a quienes el Mensajero de Allah nos ordenó aferrarnos y seguir sus enseñanzas, en particular a Abu Bakr As-Siddiq y a ‘Umar Al-Faruq; pero, desde que había llegado a Irak, no había oído mencionar sus nombres.

Solamente había escuchado extraños nombres completamente desconocidos para mí; que había doce Imames, y una afirmación de que el Mensajero de Allah (BP) había declarado antes de su muerte que el Imam Ali debía ser su sucesor.

¿Cómo podía creer todo eso (que todos los musulmanes y los Compañeros del Profeta, quienes eran las mejores personas después del Profeta, se pusieran de acuerdo para levantarse en contra de Ali -que Allah ennoblezca su rostro-), cuando a nosotros se nos enseñó desde niños que los Compañeros del Profeta -que Allah esté satisfecho con ellos- respetaban a Ali y conocían muy bien sus derechos? Sabían que él era el esposo de Fátima Az-Zahrá, el padre de Al-Hasan y Al-Husain, y la puerta de la ciudad del conocimiento.

Asimismo, nuestro maestro Ali conocía los derechos de Abu Bakr As-Siddiq, quien se hizo musulmán antes que nadie más, y que acompañó al Profeta a la cueva (cuando huía de los incrédulos que querían asesinarlo), como mencionó Allah, el Altísimo, en el Corán; a quien el Mensajero de Allah encomendó dirigir las oraciones durante su enfermedad y de quien dijo: “Si yo tuviera que elegir a un amigo muy íntimo, elegiría a Abu Bark”.

A causa de todo eso, los musulmanes lo eligieron como su Califa. El Imam Ali también conocía la posición de nuestro maestro ‘Umar, con quien Allah fortaleció el Islam y a quien el Mensajero de Allah llamó Al-Faruq (el que distingue lo verdadero de lo falso); como así también el Imam Ali conocía la posición de nuestro maestro ‘Uzman, en cuya presencia los ángeles del Misericordioso se sintieron avergonzados, quien organizó el ejército de Al-Usrah, y que fue llamado por el Mensajero de Allah: Dhun Nurain (el Poseedor de las Dos Luces).

¿Cómo podrían nuestros hermanos los Shi‘as ignorar o pretender ignorar todo eso, y hacer de estas personalidades sólo personas ordinarias que fueron desviadas del sendero recto por las pasiones y codicias mundanales y que desobedecieron las órdenes del Mensajero después de su muerte?

Esto es inconcebible ya que nosotros sabemos que estas personas solían apresurarse para ejecutar las órdenes del Mensajero. Ellos mataron a sus hijos y padres y a los miembros de sus propias tribus para glorificar el Islam y su triunfo. Aquel que mataría a su padre y a su hijo por la causa de Allah y Su Mensajero, no puede estar sujeto a ambiciones mundanales y transitorias tales como la posición de Califa, e ignorar las órdenes del Mensajero dándole la espalda.

A causa de todo eso, yo no podía creer todo lo que los Shi‘as decían, a pesar del hecho de que estaba complacido con ellos en muchos aspectos.

Permanecí en un estado de duda y confusión: duda que introdujeron en mi mente los ‘Ulama Shi‘as, pues sus palabras eran sabias y lógicas; y confusión porque yo no podía creer que los Compañeros del Profeta -que Allah, el Altísimo, esté complacido con ellos- rebajaran su moral a ese estado y pudieran ser personas comunes como nosotros, o que no les adornaran las luces del Mensaje, ni estuvieran formados por la guía de Muhammad (BP).

¡Oh mi Dios! ¿Cómo podría ser así? ¿Acaso podían los Compañeros del Profeta estar al nivel descripto por la Shi‘a? Lo importante es que esta duda y esta confusión fueron el origen para debilitar las creencias pasadas y reconocer que había muchos temas ocultos que necesariamente debían ser dilucidados para poder llegar a la verdad.

Mi amigo Mun’im llegó y luego viajamos a Karbala, y allí reviví la tragedia de nuestro maestro Al-Husain, así como la viven sus seguidores; entonces supe que en realidad él no había muerto.

La gente tiende a agolparse alrededor de su tumba como mariposas, y llora con un dolor y pesar que yo nunca había visto antes, como si Al-Husain hubiera sido recién martirizado. Escuché a los disertantes que despertaban los sentimientos de la gente describiendo el incidente de Karbala con llantos y lamentos. Cualquiera que los escucha no puede contenerse y se deja llevar.

Lloré y lloré como dejando salir un sentimiento reprimido, y sentí un sosiego tal en mi alma, que nunca había experimentado antes de ese día. Sentí como si hubiera estado en las filas de los enemigos de Al-Husain y me hubiera transformado rápidamente en uno de sus compañeros que se sacrificaron por su causa.

El disertante estaba recitando la historia de Hurr, que fue uno de los comandantes encargados de luchar contra Al-Husain y que se detuvo en el campo de batalla temblando como una hoja al viento, y cuando uno de sus amigos le preguntó: “¿Acaso tienes miedo de la muerte?”, respondió: “¡No, por Allah!, pero estoy eligiendo entre el Cielo y el Infierno”. Luego espoleó su caballo y se dirigió hacia Al-Husain y le preguntó: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah?”.1

Cuando oí eso, no pude controlarme y caí al suelo llorando y sentí como si estuviera en el lugar de Hurr, preguntándole a Al-Husain: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah? Perdóname, oh hijo del Mensajero de Allah”.

La voz del disertante era tan conmovedora que la gente comenzó a llorar y a lamentarse, y cuando mi amigo oyó mis llantos, me abrazó como una madre abraza a su hijo, y comenzó a llorar y a repetir: “¡Oh Husain!... ¡Oh Husain!...”

Esos fueron momentos durante los cuales aprendí el significado real del llanto y sentí que mis lágrimas lavaban mi corazón y mi cuerpo desde adentro, y sólo entonces comprendí el significado del dicho del Mensajero de Allah: “Si supierais lo que yo sé, sonreiríais poco y lloraríais mucho”.

Estuve deprimido todo el día. Mi amigo trató de distraerme y confortarme ofreciéndome algunos refrescos, pero yo había perdido mi apetito por completo. Le pedía que me repitiera la historia del martirio de Al-Husain, ya que no sabía mucho sobre ella, sino tan sólo lo que nuestros líderes religiosos nos narraban acerca de que fueron los hipócritas enemigos del Islam quienes asesinaron a nuestros maestro ‘Umar, ‘Uzman y Ali, y que los mismos enemigos asesinaron a nuestro maestro Al-Husain.

No sabíamos más que esa pequeña reseña; incluso solíamos conmemorar ‘Ashura -los diez días previos al martirio de Al-Husain (P)-, como uno de los días festivos del Islam. Se distribuían limosnas, se cocinaban diferentes tipos de comidas y los niños iban a que los mayores les dieran dinero para comprar dulces y juguetes.

En realidad, hay tradiciones y costumbres en algunas aldeas, en las que, durante ‘Ashura, la gente enciende fuegos y no realiza ninguna clase de trabajo, no contrae matrimonio, ni celebra ninguna ocasión feliz. Generalmente nosotros las aceptamos como costumbres y tradiciones, sin más explicación. Nuestros ‘Ulama nos relatan narraciones que hablan sobre las virtudes de ‘Ashura y las bendiciones y misericordias que tiene, y que es ¡algo maravilloso!

Luego fuimos a visitar la tumba de Al-‘Abbas, el hermano de Al-Husain. Yo no sabía quien era él, pero mi amigo me contó su historia de heroísmo y valentía. Además, encontramos muchos ‘Ulama piadosos cuyos nombres no recuerdo con detalle, sino tan solo sus apellidos, como por ejemplo: Bahr-ul ‘Ulum, Saiid Al-Hakim, Kashif-ul Guita’, Al-Iasin, At-Tabatabai, Al Fairuz Abadi, Asad Haidar y otros que me honraron con su compañía.

Se puede decir que ellos eran verdaderos sabios piadosos, que poseían todos los signos de dignidad y respeto. La comunidad Shi‘a los respeta y les da un quinto (Jums) de sus ganancias, a través del cual ellos gestionan los asuntos de las escuelas religiosas, abren nuevas escuelas, establecen imprentas y asisten a los estudiantes que vienen a ellos desde todo el mundo Islámico.

Son independientes y no están conectados de ninguna manera con los gobernantes, como lo están nuestros ‘Ulama que no pueden hacer ni decir nada sin la aprobación de las autoridades, quienes pagan sus salarios y los asignan y trasladan a donde sea que ellos dispongan.

Era un nuevo mundo que yo había descubierto, o más bien, que Allah había expuesto para mí. Comencé a relacionarme con él, a pesar del hecho de que previamente lo aborrecía, y armonicé con él después de que me le había opuesto. Este mundo me había enseñado nuevas ideas y me inspiró un deseo de averiguar, buscar conocimiento y estudiar hasta conocer la verdad anhelada que siempre busqué desde que leí el dicho del Profeta (BP):

“Los hijos de Israel se dividieron en setenta y un grupos, los cristianos se dividieron en setenta y dos grupos y mi comunidad se dividirá en setenta y tres grupos, todos los cuales, excepto uno, estarán en el Infierno”.

Este no es el lugar para hablar sobre las diferentes religiones que afirman ser las correctas y que el resto está equivocado, pero yo quedo sorprendido y turbado cada vez que leo este dicho. Mi sorpresa y turbación no son por el dicho en sí, sino por aquellos musulmanes que lo leen, lo repiten en sus disertaciones y lo pasan por alto sin analizarlo ni buscar algún indicio, para distinguir entre el grupo que será salvado y el que estará en el Infierno.

Lo extraño es que cada grupo afirma ser el que está en la salvación, y al final del dicho viene lo siguiente: “¿Quiénes son ellos, oh Mensajero de Allah?”. Él respondió: “Aquellos que siguen mi senda y la de mis Compañeros”.

¿Acaso hay algún grupo que no se aferre al Libro (Corán) y a la Sunnah (la Tradición Profética), y acaso hay algún grupo islámico que invoque algo diferente? Si el Imam Malik o Abu Hanifah, o Ash-Shafii, o Ahmad ibn Hanbal fuesen consultados, ¿no afirmarían cada uno de ellos que hay que aferrarse a las enseñanzas del Corán y de la correcta Sunnah?

Estas son las madhahib Sunnis; y si tenemos en cuenta a los diferentes grupos Shi‘as, a los que yo consideraba desviados y corruptos, todos ellos también invocan a aferrarse al Corán y a la correcta Sunnah que ha sido transmitida a través de los virtuosos de Ahl-ul Bait (la Familia del Profeta); y tengo entendido que la Familia del Profeta (BP) era tan virtuosa como ellos dicen, y que era más conocedora de la tradición del Profeta que los ajenos a su casa.

¿Es posible que todos esos grupos tengan razón? No, eso es imposible, porque el dicho del Profeta declara lo contrario. ¡Dios mío!, a menos que el hadiz (narración, dicho) sea inventado o falso! Pero eso no es posible, ya que el hadiz es considerado mutawatir tanto por los Shi‘as como por los Sunnis.
¿Es posible que el dicho no tuviera sentido o significado? Lejos está el Mensajero de Allah (BP) de haber dicho una cosa que no tuviera sentido o significado, pues él no habló por capricho o vanamente y todos sus hadices contienen normas y enseñanzas.

Entonces, sólo nos queda una posible conclusión: que hay un sólo grupo que tiene la razón y que el resto está errado. De este modo, el dicho provoca consternación, como así también induce a buscar y a estudiar a aquel que desee ser salvado.

Debido a eso, entró en mí la duda y la confusión después de mi encuentro con los Shi‘as, pues ¿quién puede saber si ellos dicen la verdad y hablan sinceramente? Por lo tanto, ¿no debo yo estudiar e investigar?

El Islam, a través del Corán y de la Sunnah, me ordena estudiar, investigar y comparar.
Allah, el Altísimo dice:

«Y a quienes se esfuerzan por nuestra causa, les encaminaremos por nuestras sendas...»
(Sagrado Corán; 29:69)

Él también dice:

«...Quienes escuchan las palabras y siguen la mejor de ellas. Éstos son a quienes Dios encamina, y éstos son los sensatos» (Sagrado Corán; 39:18)

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Estudia tu religión aunque digan de ti que eres un loco”. De este modo, la búsqueda y la comparación son obligaciones religiosas para toda persona responsable.

Habiendo tomado esta decisión (de estudiar e investigar) y con un sincero compromiso; y habiéndome hecho la promesa a mí mismo y a mis amigos Shi‘as de Irak, los abracé y me despedí de ellos lleno de tristeza, pues llegaron a estimarme, como yo también a ellos.

Sentí que había dejado queridos y sinceros amigos que habían perdido su tiempo a causa mía. Lo hicieron por su propia elección y no me pidieron nada excepto la complacencia de Allah, Alabado sea, pues el Profeta (BP) dijo: “Si Allah guía a una persona a través tuyo (hacia el sendero recto), entonces eso es mejor para ti que todas aquellas cosas para las cuales brilla el sol”.

Dejé Irak tras haber pasado veinte días entre los Imames y sus seguidores, y el tiempo había transcurrido como un placentero sueño del cual uno desea no despertar. Dejé Irak sintiéndome triste por la brevedad de ese período y por tener que separarme de esos corazones que palpitan por amor a Ahl-ul Bait, y me dirigí hacia el Hiyaz (en la península arábiga) procurando la Sagrada Casa de Allah y la tumba del Señor de los Primeros y los Últimos, con él sea la paz, y con su purificada descendencia.

  • 1. Hurr se pasó a las filas de Al-Husain (P) aun sabiendo lo que le esperaba, contándose así entre los mártires de Karbala.

Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

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Saied Muhammad Baqir Sadr,sabio musulman,Y entonces fui guiado,Tijani samavi,Shiismo,Chiismo,Islam
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Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Historia-Biografía
Publicado
Tue, 28 Nov 2023 - 10:27
By admin , 6 November 2023

Nuestra desgracia en relación al Iytihad de los Compañeros del Profeta que contradice los claros textos - “...Y entonces fui guiado"

“...Y entonces fui guiado”

Nuestra desgracia en relación al Iytihad de los Compañeros del Profeta que contradice los claros textos

 

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

A través de mi investigación deduje que la desgracia que sobrevino a la comunidad islámica se debió al Iytihad de los Compañeros, el cual contradecía los claros textos. De este modo fueron violadas las ordenanzas de Allah y destruida la Tradición del Profeta.

Los sabios y líderes religiosos llegan a hacer analogía del Iytihad que realizaron esos Compañeros y así contradicen a veces los textos proféticos cuando no están de acuerdo con lo que algunos de los Compañeros hicieron. Incluso contradicen los textos coránicos; y no estoy exagerando, pues ya mencioné anteriormente que, a pesar de la existencia del texto del “Taiammum” en el Libro de Allah, como así también en la Tradición confirmada del Mensajero, hicieron su propio Iytihad, y afirmaron que se debía dejar de hacer las oraciones si no había agua. ‘Abdullah ibn ‘Umar justificó esta interpretación de la manera en que ya indicamos en otra parte de esta investigación.

Uno de los primeros Compañeros en abrir la puerta del Iytihad fue el segundo Califa, quien utilizó sus propios puntos de vista contradiciendo los textos coránicos después de la muerte del Mensajero de Allah (BP) para despojar (del Zaqat) a los llamados Al-Mu’alifah Qulubuhum (aquéllos cuyos corazones fueron ganados al Islam por dádivas), para quienes Allah dispuso una parte del Zaqat. Él les dijo: “No tenemos necesidad de vosotros”.

En cuanto a sus interpretaciones de los textos proféticos, son numerosas, e hizo Iytihad muchas veces, aun en vida del Profeta mismo. Ya hemos indicado anteriormente su oposición durante el Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah, y cómo se opuso firmemente a la escritura de la última recomendación del Mensajero y dijo: “Nos es suficiente el Libro de Allah”.

Ocurrió otro incidente entre él y el Mensajero de Allah (BP) que nos muestra claramente la mentalidad de ‘Umar, quien se permitió a sí mismo discutir y oponerse al Poseedor del Mensaje (BP); el incidente fue en relación a las albricias del Paraíso.

El Mensajero de Allah envió a Abu Hurairah con la instrucción de que donde fuera que encontrase a un hombre cuyo corazón estuviera absolutamente convencido de “LA ILAHA ILLA ALLAH” (No hay divinidad sino Allah), le albriciara el Paraíso. Abu Hurairah salió a dar las buenas nuevas hasta que encontró a ‘Umar, quien le impidió continuar su misión y lo golpeó hasta el punto que cayó sentado en el suelo.

Abu Hurairah regresó llorando hacia el Mensajero de Allah y le narró su encuentro con ‘Umar; por lo cual el Mensajero le preguntó a ‘Umar: “¿Qué es lo que te hizo actuar así?”. ‘Umar respondió con otra pregunta: “¿Acaso lo enviaste tú para que albriciara el Paraíso a todo aquél que dijera: “LA ILAHA ILLA ALLAH” con absoluta certeza en su corazón?”. El Mensajero de Allah respondió: “Sí”. ‘Umar dijo entonces: “No hagas eso, pues temo que toda la gente se atenga sólo a (decir): “LA ILAHA ILLA ALLAH” (No hay divinidad sino Allah)”.

También tenemos a su hijo ‘Abdullah ibn ‘Umar, quien temió que la gente dependiera del Taiammum, por lo que ordenó, en ese caso (si no hay agua), no realizar las oraciones.

Desearía que hubieran dejado los textos tal como son y que no los hubieran cambiado con sus interpretaciones fútiles que solo tienden a erradicar las leyes islámicas, a mancillar las obligaciones sagradas dispuestas por Allah, a dividir a la comunidad en diferentes madhahib, y llevan al surgimiento de opiniones diversas y facciones enfrentadas.

Observando las diferentes actitudes que adoptó ‘Umar en relación al Mensajero de Allah y a su Tradición, podemos deducir que él nunca creyó en la infalibilidad del Mensajero y que lo consideraba como cualquier otro hombre que podía tanto equivocarse como acertar.

Es en base a esto que se formó la opinión adoptada por los sabios de la Sunnah y Al-Yama‘ah sobre que el Mensajero de Allah (BP) fue solo infalible con respecto a transmitir el Sagrado Corán, pero que aparte de eso, se equivocaba como cualquier otro ser humano, y como prueba de ello, dicen que ‘Umar corrigió en muchas oportunidades la opinión del Profeta (BP).

Algunas personas ignorantes afirman que el Mensajero de Allah (BP) aceptó las tentaciones del demonio en su casa. Dicen que una vez él estaba tendido de espaldas, rodeado por mujeres que tocaban sus tambores, y que el demonio jugaba alegremente junto a él, hasta que llegó ‘Umar ibn Al-Jattab; entonces el demonio huyó y rápidamente las mujeres escondieron sus tambores bajo sus asientos. El Profeta dijo a ‘Umar: “Tan pronto como el demonio te vio, escapó por un camino diferente al que tú venías”.

Por lo tanto, no es sorprendente que consideren que ‘Umar ibn Al-Jattab podía tener sus propias opiniones sobre la religión y permitirse a sí mismo oponerse al Mensajero de Allah (BP) en temas políticos, e igualmente en los religiosos, como explicamos anteriormente con respecto a las albricias del Paraíso para los creyentes.

A partir de la idea del Iytihad y la utilización de la opinión personal que contrariaba los textos, surgió, o más bien se formó, un grupo de Compañeros guiados por ‘Umar ibn Al-Jattab, a quienes vemos cómo en Iawm-ur Raziiah (El Día de la Desgracia) apoyaron el punto de vista de ‘Umar, contrariando así los claros textos.

También podemos deducir que fueron éstos mismos quienes no aceptaron las estipulaciones de “Al-Gadir” en las cuales el Profeta (BP) confirmó que Ali debía ser su Califa (sucesor) sobre todos los musulmanes, y que esperaron la oportunidad justa para rechazarlas cuando el Profeta murió. La reunión que tuvo lugar en As-Saqifah y la consiguiente elección de Abu Bakr, fueron el resultado de aquel Iytihad.

Cuando consolidaron su control sobre los asuntos, y la gente empezó a olvidar los textos del Profeta relacionados a la sucesión al Califato, comenzaron a interpretar todo. Incluso impugnaron el Libro de Allah, violaron las disposiciones y cambiaron los preceptos.

La tragedia de Fátima Az-Zahra (P) tuvo lugar después de la tragedia de su esposo en relación a la usurpación de su dignidad de Califa. Luego tuvo lugar la tragedia del asesinato de quienes se abstenían del pago del Zaqat. Todo eso a causa del Iytihad que contradecía los textos.

Luego vino el Califato de ‘Umar Ibn Al-Jattab que fue la inevitable consecuencia de ese (tipo de) Iytihad, pues Abu Bakr implementó su propia interpretación y lo designó como su sucesor, suprimiendo así el sistema de Shura (consulta) al cual él mismo se aferraba como argumento para justificar su califato. ‘Umar llegó e hizo que la situación empeorara, pues el mismo “protector de los asuntos de los musulmanes” permitía cosas que habían sido prohibidas por Allah y su Mensajero1 y prohibía lo que Allah y Su Mensajero habían permitido2.

Cuando ‘Uzman llegó al poder después de ‘Umar, dio un gran salto en lo que a Iytihad se refiere. Hizo más de lo que cualquiera de sus predecesores había hecho hasta entonces; tanto es así, que sus interpretaciones comenzaron a afectar la vida política y religiosa en general, dando como resultado la revolución. Pagó con su vida el precio de su Iytihad.

Cuando el Imam Ali (P) se hizo cargo de los asuntos de los musulmanes, se encontró con grandes dificultades para hacer retornar a la gente a la noble tradición profética y al Sagrado Corán, y trató esforzadamente de eliminar todas las innovaciones introducidas en la religión, pero algunas personas se empeñaban en gritar: “...¡Ah! ¡La Tradición de ‘Umar!”.

Estoy convencido de que aquéllos que combatieron y contradijeron al Imam Ali (P) hicieron eso porque él -que la paz de Allah sea sobre él- los forzaba a mantenerse en el camino y a referirse a las correctas estipulaciones. De este modo, erradicó todas las innovaciones e interpretaciones que habían sido añadidas a la religión a lo largo de un cuarto de siglo y a las que la gente se había acostumbrado, especialmente aquellos que estaban sujetos a sus caprichos y codicias mundanales, quienes tomaron de la riqueza de Allah y de la gente para sus propios fines, acumulando oro y plata, y privando a los oprimidos de los derechos básicos que prescribe el Islam.

Siempre encontramos que los arrogantes de todas las épocas tienden hacia el Iytihad y lo ponderan porque les brinda una amplia posibilidad para alcanzar sus fines de alguna manera. En cuanto a los textos, aparecen como barreras en sus caminos que les impiden lograr sus propósitos.

Es digno de mencionar aquí que el Iytihad puede tener sus seguidores en cualquier época y en cualquier lugar, incluso entre los mismos oprimidos, simplemente porque es fácil de implementar y no tiene firmes compromisos.

Debido a que el texto exige obligaciones y carece de libertad, los políticos tienden a llamarlo “norma teocrática”, o sea, norma de Allah; y debido a su libertad y falta de obligaciones, el Iytihad es a veces llamado “norma democrática”, o sea, la norma del pueblo.

Aquéllos que se reunieron en As-Saqifah después de la muerte del Profeta (BP) decidieron abolir el gobierno teocrático que fue establecido por el Mensajero de Allah sobre las bases de los textos coránicos, y lo transformaron en un gobierno democrático donde el pueblo eligió a quien le pareció adecuado para que lo dirigiera. Si bien esos Compañeros no conocían la palabra “democracia”, pues no es una palabra árabe, en cambio conocían el sistema de “Shura”3.

Aquéllos que en el presente no aceptan el texto relacionado a la sucesión al Califato, son los defensores de la “democracia”, quienes se enorgullecen de ello, afirmando que el Islam fue el primero en adoptar tal sistema. Ellos son los defensores del Iytihad y de las reformas, y hoy en día son los más próximos al sistema político occidental, razón por la cual los gobiernos del oeste los glorifican y los llaman musulmanes progresistas y tolerantes.

En cuanto a los Shi‘as, los defensores de la “teocracia” o el gobierno de Allah, rechazan el Iytihad que contradiga los textos, y diferencian entre la norma de Allah y el sistema de Shura. Ellos no encuentran ninguna relación entre Shura y los textos, sino que el Iytihad y el Shura sólo son posibles en aquello donde no hay textos.

Vemos que Allah -Alabado sea- eligió a Su Mensajero Muhammad y aun así Él dijo:

«...Y consúltales sobre el asunto...» (Sagrado Corán; 3:159)

En cuanto a la elección de líderes de la humanidad, Allah dice:

«Tu Señor crea y elige lo que quiere. El elegir no les incumbe» (Sagrado Corán; 28:68)

Cuando los Shi‘as defienden la sucesión del Imam Ali (P) al Califato después del Mensajero de Allah, ellos están, en realidad, aferrándose al texto (Nass); y cuando desacreditan a algunos de los Compañeros, sólo lo están haciendo con quienes reemplazaron el Nass con el Iytihad, de forma que descuidaron las normas de Allah y de Su Mensajero, abriendo una herida en el Islam, que todavía no ha cicatrizado.

Como consecuencia encontramos asimismo que los gobiernos occidentales y sus pensadores, desprecian a los Shi‘as y los llaman religiosos fanáticos y reaccionarios porque quieren regresar al Corán, el cual establece que se debe cortar las manos al ladrón, que el adúltero debe ser lapidado, y exhorta a la gente a luchar en el sendero de Allah. Para ellos todo eso es brutalidad y barbarismo.

A través de este estudio comprendí la razón por la que algunos de los líderes religiosos de la Sunnah wal Yama‘ah cerraron la puerta del Iytihad a partir del siglo II de la Hégira. Quizás fue así debido a lo que había acarreado ese Iytihad sobre la comunidad islámica, desde calamidades y desgracias, hasta guerras sangrientas y devastadoras. Es así como el Iytihad ha transformado a la mejor comunidad que ha surgido de entre la gente, en una comunidad de facciones enfrentadas que combaten entre sí, donde reina la anarquía, y que se aparta del Islam volviendo a la Yahiliiah (período pre-islámico).

La puerta del Iytihad permaneció abierta entre los Shi‘as, mientras que los textos perduran intactos y nadie pudo cambiarlos. Lo que los ayudó fue la presencia de los Doce Imames (P), quienes heredaron el conocimiento de su abuelo. Ellos solían decir que no hay cuestión sobre la cual Allah no se haya pronunciado, y que el Mensajero de Allah (BP) no haya aclarado.

También comprendemos que cuando la gente de la Sunnah wal Yama‘ah siguió a los Compañeros que hicieron Iytihad e impidieron que se materializara aquel escrito en la tradición profética, se vio obligada, debido a la ausencia de los textos, a hacer Iytihad en base a opiniones personales, Qiias (analogía) e Istis-hab (consideración del estado anterior de una disposición ante la duda de su cambio), así como también a cerrar la puerta de otros medios que no fueran éstos.

También comprendemos que los Shi‘as se reunieron alrededor del Imam Ali (P) quien es la Puerta de la Ciudad del Conocimiento, y quien solía decirles: “Preguntadme sobre cualquier cosa, pues el Mensajero de Allah me abrió mil puertas de conocimiento, cada una de las cuales abre mil puertas más”4.

Pero los que no eran Shi‘as se agolparon alrededor de Mu‘awiah ibn Abi Sufian, quien no conocía de la tradición profética sino muy poco.

Después de la muerte del Imam Ali, el líder de la facción opresora (Mu‘awiah) se transformó en “el Comandante de los Creyentes” y actuó sobre la religión de Allah implementando mucho más sus propias opiniones personales que aquéllos que le precedieron. Pero la gente de la Sunnah wal Yama‘ah dice que él fue “El Escriba de la Revelación”, y uno de los ‘Ulama destacados en la interpretación del Islam.

¿Cómo pueden considerar que hizo (un correcto) Iytihad, cuando fue el que envenenó y mató a Al-Hasan ibn Ali (P), el Señor de los Jóvenes del Paraíso? ¡Quizás dicen: “Eso también formó parte de su Iytihad, pero se equivocó”!

¿Cómo pueden considerar que hizo (un correcto) Iytihad, cuando tomó la Bai‘ah de la comunidad para sí mismo mediante la fuerza y la coerción, y luego para su hijo Iazid, cambiando así el sistema de Shura por uno monárquico y hereditario?

¿Cómo pueden considerar correcto su Iytihad y hacerlo merecedor de una recompensa, cuando forzó a la gente a maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait, la descendencia de Al-Mustafa (BP), desde los púlpitos de cada Mezquita, de tal modo que se transformó en una tradición mantenida durante sesenta años?

Y ¿cómo pueden llamarlo “El Escriba de la Revelación”, desde que ella descendió sobre el Mensajero de Allah (BP) a lo largo de veintitrés años, de los cuales los primeros once Mu‘awiah era politeísta y no se islamizó sino hasta después de Al-Fath (la conquista de La Meca por los musulmanes) y no hallamos ninguna referencia histórica que indique que él haya vivido en Medina, mientras que el Mensajero de Allah (BP) no vivió en La Meca después de Al-Fath? Por lo tanto, ¡¿cómo se las arregló Mu‘awiah para escribir la Revelación?!

fa la haula ua la quwata illa billahil ‘aliil ‘azim

(No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo, Majestuoso).

La pregunta retorna constantemente: ¿Qué grupo estaba en lo cierto y cuál estaba errado? O Ali y sus seguidores estaban equivocados, o bien Mu‘awiah y los suyos lo estaban.

El Mensajero de Allah dejó todo en claro, pero algunos de aquéllos que afirman seguir la Sunnah (tradición), la demandan sin derecho, pues se me hizo patente, a través de mi investigación y de la posición asumida en defensa de Mu‘awiah, que éstos -sus defensores- son seguidores suyos y de los Omeyas, y no de la Sunnah profética como afirman. Si observamos sus posiciones, encontramos que odian a los seguidores de Ali, celebran el Día de ‘Ashura como festivo, defienden a los Compañeros que hicieron sufrir al Mensajero de Allah durante su vida y después de su muerte, y consideran correctos sus errores y justifican sus acciones siempre.

¿Cómo pueden amar a Ali y Ahl-ul Bait (P), y al mismo tiempo estar complacidos con sus enemigos y asesinos?

¿Cómo pueden amar a Allah y a su Mensajero y al mismo tiempo defender a quien cambió las reglas de Allah y de Su Mensajero, hizo Iytihad e interpretó estas reglas según su propia opinión?

¿Cómo pueden respetar a quien no respetó al Mensajero de Allah y lo acusó de Hayr (delirar) y enfrentó su autoridad?

¿Cómo pueden seguir a líderes religiosos que fueron designados por los Omeyas o por los Abbasidas por razones políticas, y abandonar a los Imames, sobre quienes el Mensajero de Allah dejó estipulado su número5 y nombres6?

¿Cómo pueden seguir a alguien que no conocía realmente al Profeta y que dejó de lado a quien es “la Puerta de la Ciudad del Conocimiento”, cuya relación respecto al Mensajero era la misma que la de Harun en relación a Musa?

¿Quién fue el primero en usar el término “Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah” (La Gente de la Tradición y el Consenso)?

He buscado a través de los libros de historia y solamente encontré que concordaron en llamar al año en el cual Mu‘awiah tomó el poder, “el año de Al-Yama‘ah”. Fue llamado así debido a que la comunidad se había dividido en dos facciones después de la muerte de ‘Uzman: La Shi‘a de Ali, y los seguidores de Mu‘awiah. Cuando el Imam Ali (P) fue martirizado y Mu‘awiah tomó el poder, después del pacto (de paz) que firmó con el Imam Al-Hasan (P), se convirtió en el “Comandante de los Creyentes” y el año fue llamado entonces “Al-Yama‘ah”.

De ahí que el nombre de Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah indica el seguir la Sunnah de Mu‘awiah y el consenso para su autoridad, y no se refiere a los seguidores de la Sunnah del Mensajero de Allah.

Los Imames de la descendencia del Profeta, y Ahl-ul Bait en general, conocían y entendían más sobre la Sunnah de su abuelo, que los Tulaqa (árabes de La Meca que abrazaron el Islam a última hora, por conveniencia). La Gente de la Casa (Ahl-ul Bait) sabía más respecto a lo que había dentro de ella. La gente de La Meca conocía mejor que nadie su estirpe, pero nosotros nos separamos de los Doce Imames señalados (en sus dichos) por el Mensajero de Allah (BP) y seguimos a sus enemigos.

A pesar de que reconocemos el hadiz en el cual el Mensajero de Allah mencionó a los Doce Califas, siendo todos ellos de Quraish, siempre nos limitamos a los cuatro Califas. Quizás fue Mu‘awiah quien nos llamó Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah, refiriéndose al consenso para su Sunnah (tradición) en la cual hizo obligatorio maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait.

Esto continuó durante sesenta años, hasta que ‘Umar ibn ‘Abdul ‘Aziz -que Allah esté complacido con él- acabó con esto. Algunos historiadores nos narran que los Omeyas mismos conspiraron para asesinar a ‘Umar ibn ‘Abdul ‘Aziz, a pesar de que él era uno de ellos, pues acabó con su Sunnah, que era maldecir a Ali ibn Talib (P).

¡Oh mi familia y mi gente! Orientémonos -guiados por Allah, el Altísimo-, busquemos la verdad, y dejemos el fanatismo de lado, pues somos las víctimas de los Abbasidas, de la historia oscura y del estancamiento intelectual que impusieron nuestros predecesores. Indudablemente, somos las víctimas de las astucias y los ardides de personas como Mu‘awiah, Amr ibn Al-Aas, Al-Mughirah ibn Shu‘bah y otros similares. Indaguemos dentro de la historia del Islam a fin de alcanzar la verdad absoluta y así Allah “nos recompensará dos veces”.

Tal vez Allah unifique esta comunidad por vuestro medio, la cual fue afligida por la muerte de su Profeta y luego se dividió en setenta y tres facciones. Unamos esta comunidad bajo la bandera de La Ilaha Illa Allah, Muhammadar Rasulul-Lah (“No hay divinidad sino Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah”), y aferrémonos a Ahl-ul Bait An-Nabawi, la Gente de la Casa del Profeta, a quien el Mensajero de Allah (BP) nos ordenó seguir. Él dijo:

“No tratéis de adelantaros a ellos, ya que seríais aniquilados, ni seáis negligentes a su respecto, puesto que causaríais destrucción. No tratéis de enseñarles, pues son más sabios que vosotros”.7

Si lo hiciésemos, Allah disiparía Su ira de nosotros, transformaría nuestro temor en paz y tranquilidad, nos capacitaría para gobernar en la Tierra, y haría que Su Wali (amigo), el Imam Mahdi -que la paz sea con él- aparezca entre nosotros, ya que el Mensajero de Allah prometió su reaparición para llenar la Tierra de equidad y justicia, así como antes habrá sido llenada de injusticia y opresión...

De este modo, Allah extenderá Su Luz por su intermedio (P), en el mundo entero.

1. Como en el caso de “los tres divorcios consecutivos”. Sahih Muslim, Capítulo sobre “los tres divorcios consecutivos”. Sunan Abi Dawud. Vol. 1, p. 344.

2. Como en el caso de la prohibición de Mut‘at-ul Hayy y Mut‘at-un Nisa. Sahih Muslim, Capítulo sobre “Al-Hayy”. Sahih Al-Bujari, Sección sobre “Al-Hayy”. Capítulo sobre “At-Tamattu’”.

3. A pesar de que tal cosa no se consigue ni aun en este tipo de elección, pues aquéllos que son elegidos no llegan de ninguna manera (en la práctica) a representar a toda la comunidad.

4. Ta’rij Dimashq, por Ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 484. Maqtal-ul Husain, por Al-Joarizmi, Vol. 1, p. 38. Al-Gadir, por Al-Amini, Vol. 3, p. 120.

5. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 164. Sahih Muslim, P. 119.

6. Ianabi‘ Al-Mawaddah, por Al-Qunduzi Al-Hanafi.

7. Ad-Durr-ul Manzur, por As-Suiuti, Vol. 2, p. 60. Usud-ul Ghabah, Vol. 3, p. 137. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar, Pp. 148 y 226. Ianabi‘ Al-Mawaddah, Pp. 41 y 355. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 1, p. 168. Mayma‘-uz Zawa’id, Vol. 9, p. 163.

Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

Palabras claves
Iytihad de los Compañeros del Profeta,Y entonces fui guiado,Tijani,Tiyani,Islam chia,Chiismo,Shia y Sunna
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Nuestra desgracia en relación al Iytihad de los Compañeros del Profeta que contradice los claros textos.pdf (366.16 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Historia-Biografía
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Mon, 6 Nov 2023 - 10:35
By admin , 30 October 2023

Carta de un sabio musulmán a Fidel Castro

En el nombre de Dios el Compasivo, el Misericordioso

A su excelencia, el Señor Fidel Castro, el honorable presidente de Cuba

Luego de los saludos y respetos;

Deseo para su excelencia, salud, una larga vida acompañada de ánimo y firmeza en pro de del apoyo a los oprimidos del mundo y el resguardo del honor humano y la perseverante resistencia frente a los colonialistas y arrogantes mundiales.

Saludo, a través suyo, a los hombres del gobierno y al noble y resistente pueblo de Cuba, aspirando para ellos los mejores deseos. Asimismo recuerdo con respeto y grandeza a nuestro valiente y combatiente compañero, el señor Che Guevara.

Desde hace años, conocí su destacada personalidad, y desde entonces, sentí por él, cariño y respeto, debido a nuestros sentimientos en común de apoyo a los oprimidos e inocentes y de resistencia frente a los opresores y usurpadores de los derechos del prójimo.

En estos momentos que surgió la oportunidad de comunicarme con usted, considero oportuno mencionarle una anécdota:

Hace unos cuantos años, durante un discurso universitario, hablé sobre las trascendentes y humanas enseñanzas del Islam Shia, sobre la extensa, ferviente y profunda defensa del generoso Corán, el noble Profeta y los Inmaculados Imames (Guías), en pro del resguardo de la dignidad humana y de los derechos de las clases oprimidas y la resistencia a los opresores, arrogantes e incendiaros de la humanidad, hasta el punto de obtener el martirio. Pronunciaba mis palabras con una emoción especial, que penetraba en mi espíritu desde la esencia de estas mismas enseñanzas. Hablaba sobre el sol que brinda luz y calor a la tierra y los seres que en ella viven para fortalecer la justicia mundial y proteger la dignidad humana y no para el fortalecimiento de los opresores y calentar el ambiente de vida de los tiranos y quienes ignoran la humanidad… y si actualmente no es así, tendrá que suceder algún día.

Luchar y esforzarse en el camino de la salvación del hombre e implantar la justicia debería ser considerado una gran e irremplazable tarea.

Decía estas frases categóricamente y me documentaba en las órdenes del Corán y dichos del líder del Islam. Sentía que los espíritus de los oyentes quedan impresionados por estas exaltadas verdades y enseñanzas.

En uno de esos días, un profesor universitario, -que guardaba gran respeto por usted- se acercó a mí luego de una de mis charlas y me dijo: ojalá, hoy hubiera estado presente aquí, en esta reunión, el señor Fidel Castro y hubiera oído y observado la cantidad de mensajes que estas enseñanzas religiosas contienen para la humanidad! Y cuántos puntos en común existen entre nosotros, su persona y sus luchas en contra de los devoradores del mundo.

Nuestras justicieras y humanas enseñanzas religiosas, se arraigan catorce siglos antes, es decir en el momento del surgimiento del Islam y en los años de la recopilación de los sermones del Imam Ali (P) en un libro llamado Nahyul Balagah (el máximo estatuto en defensa del hombre y el aniquilamiento de la opresión), y se respalda en una experiencia práctica, durante la cual el Imam Ali (P) exclama: (en el corto y problemático tiempo de su gobierno): “El enemigo sólo ha dejado bajo mi alcance la ciudad de Kufa. En esta ciudad, en la que gobierno sobre la base de la religión de Dios, no se puede encontrar ni un solo hambriento, un pobre, un desempleado, una familia sin techo, ningún oprimido ni un privado.

¿Acaso se ha visto hasta ahora que el sol brille sobre las ciudades y las ruinas y un jefe de gobierno puede hablar sinceramente de ésta forma?

Nuestro vínculo humano, ideal y espiritual ya lleva 40 años. Entonces me puedo permitir tomar una parte de vuestro valioso y apreciable tiempo a través de la escritura de ésta carta. He leído vuestra entrevista con el respetado sacerdote, Fraibeto, que ha sido traducido dos veces al persa. El sacerdote le hace varias preguntas y escucha sus respuestas. Usted le pregunta: “¿qué enseñanzas existen dentro del cristianismo con respecto a los oprimidos, la defensa de sus derechos y la resistencia frente a la opresión?”.El señor Fraibeto menciona algunas contadas frases. En el momento de leer este libro meditaba en cuántas enseñanzas existen en el Islam incluidas en el Sagrado Corán, en las legadas por nuestro noble Profeta (PBD) y los inmaculados Imames de iv descendencia. Enseñanzas tan categóricas y emotivas, que constituyen la parte principal de nuestra religión islámica. Son tan cuantiosas que llegan a formar varios tomos de libros y por otro lado, sus contenidos se ubican en los mas elevados horizontes de la formación individual y social, y la difusión de la justicia y libertad.

Antes de señalar algunos ejemplos, quiero destacar que durante su viaje a nuestro territorio- un tiempo atrás- tenía un gran deseo de visitarlo. pero no pude concretarlo por mis ocupaciones en estudios e investigaciones, a parte de mi enfermedad y también su corta estancia en Irán. Aunque no me privé de observar sus actividades a través de la T.V.

Después de vuestro regreso a su país me comentaron varios amigos que usted había demostrado su interés por saber mas sobre el Islam y enseñanzas coránicas. (e incluso antes de ello, en uno o dos casos).me alegré por su espíritu dinámico, y aproveche la oportunidad y quise cumplir con mi responsabilidad y asumir la respuesta a pedido de aquel ser humano, sincero y veraz en su trato con la gente y resistente frente a los enemigos de la justicia, de las virtudes, del ser humano y de la humanidad, (en especial el sangriento, terrorista y devorador del mundo, el gobierno de Estados Unidos, que es el sostén de las mas bajas y sucias corrientes terroristas...).

Decidí regalarle dos tomos del libro “Alhaiat”, (la vida), traducido al español (De mi parte y la de mis hermanas colaboradores en esta obra) y para demostrar mi respeto, escribirle una breve carta, no obstante, mis amigos me propusieron una carta mas extensa. “Alhaiat” son dos series de libros. La primera serie consiste en seis tomos, originalmente publicados en idioma arabe, luego traducidos al persa,( por el estimado profesor el Sr. Ahmad Aram). Dos tomos fueron traducidos al español, (por el respetado religioso el Sr. Moallemi Zade) y al idioma urdu, (por el estimado religioso, el señor Abed Asgari).

Aunque en estos dos tomos en español, (cuya impresión ocupó 4 tomos) hay numerosas enseñanzas sobre el ser humano, el conocimiento, la libertad, la justicia, el pensamiento y la elevada civilización, todos documentados en los dos fuentes genuinas del conocimiento del Islam: el Libro y la tradición (El Corán y las narraciones proféticas). En especial en los dos últimos capítulos del tomo cuatro (en la edición español) existen importantes tópicos y cuestiones, aunque breves, referente al gobierno y su trato con las masas, su deber frente a ellos, el retribuir el derecho de todos aquellos poseedores de derechos- en forma respetuosa- el resguardo minucioso y perfecto de la “nobleza y el honor del ser humano. Pero ojalá hubiese sido traducido al español el sexto tomo que contiene unos temas especiales y sin antecedentes, en cuanto al ser humano, la personalidad humana, y la imprescindibilidad de la aplicación de la justicia, hasta el punto de desarraigar la pobreza por completo de la sociedad humana. Con su permiso, expondré una breve exhibición de temas, basándome en tres importantes fuentes islámicas que son: El Generoso Coran, los dichos del noble profeta del Islam(P.B.)y las palabras del Imam Ali (P.).

Si quisiéramos sintetizar las enseñanzas del Coran en dos términos, serian:

1) EL MONOTEÍSMO (at tauhid) o sea conocimiento de Dios a través del intelecto.

2) LA JUSTICIA, (retribuir el derecho de todos).

El monoteísmo significa corregir la relación del hombre con Dios y la justicia significa corregir la relación del hombre con el hombre. Si usted echa un vistazo ya mismo en cualquier conocimiento islámico o mandato islámico (es decir hacia el Islam en sus aspectos teóricos y prácticos) no puede hallar nada fuera de los dos tópicos arriba mencionados.

 Sabemos bien que para obtener una perfecta felicidad (es decir la felicidad mundanal y la perteneciente a la otra vida o en otros términos la dicha efímera y la dicha eterna), son suficientes estos dos mismos principios y su acatamiento exacto tanto teórico como práctico -que debe ser aplicado en el marco de diferentes programas educativos-. El ser humano luego de su creencia en Dios y de cumplir con su deber en cuanto a su creador, obtiene la dicha eterna, y luego de creer en la importancia de la justicia y su aplicación, (que en su seno también existe la verdadera y correcta libertad), no necesita nada mas en pro de llegar a una dicha social y la obtención de un perfecto bienestar en este mundo.

¿Acaso se puede encontrar una sociedad en la cual se practique las exhortaciones del Coran en cuanto al monoteísmo y justicia y no se salve del abismo, y no obtenga el nivel deseado?

Si observamos cualquier país islámico o comunidad islámica que no tenga esta dicha y bienestar se debe a que meramente tiene el nombre del Islam y no practica el Islam como es debido. En tales sociedades no existe la fe monoteísta ni la práctica justiciera y hace falta quienes levanten el grito del monoteísmo y justicia y despiertan a sociedades dormidas y gobiernos desatentos.

 En el mensaje coránico dos cuestiones se consideran como dos pilares básicos:

1) Una educación sana, es decir educar e instruir a individuos. (Con el fin de construir la sociedad.)

2) Una Política justa, es decir instruir la sociedad (con el fin de educar al individuo).

En fin, una sociedad coránica es una sociedad que se levanta y lucha por la “equidad”.

 Una soberanía y el gobierno autorizado por el Corán, es aquel que domina con justicia. Y todo lo diferente a ello no tiene que ser llamado “Islámico” y “Coránico”.

Sr. Presidente:

 El objetivo principal del Corán -en sus enseñanzas y aleyas- es hacer llegar al hombre a una vida “Taiieba” (buena), es decir una vida en el rumbo del desarrollo material y espiritual del hombre o sea de perfección multidimensional del hombre. El objetivo final de esta religión es formar tal sociedad y tal vida y para llegar a este objetivo grandioso no se puede limitar a la formación de individuos sin ocuparse de la formación de la sociedad, (y purificarla de las diferentes clases de factores de la decadencia humana) y viceversa.

Existe una frase muy instructiva, legada de nuestro amado profeta (P.B.): TODOS SON RESPONSABLES (PASTORES) Y TODOS SEREIS PREGUNTADOS EN CUANTO A LO QUE TIENEN BAJO SU DISPOSICIÓN. Es decir todos los individuos de la sociedad islámica se asemejan a pastores. (Son responsables en cuanto a todos) y todos también son como rebaños, (están bajo disposición y responsabilidad de otros). Meditemos en esta responsabilidad múltiple y compuesta. En tal sociedad todos son responsables de todos. Todos son supervisores de todos. Todos son maestros de todos. Todos son alumnos de todos. Todos son afectivos con todos, incluso todos policías de todos. Acaso se puede imaginar una sociedad más humana y más homogéneo que ésta?

Entonces, la marcha del Islam en pro de la formación del ser humano y la sociedad se parece a una moneda con dos lados, que sin cada uno no se concreta el otro. En otros términos podemos decir: hasta que los individuos no se formen, la sociedad no será formada y viceversa. En una sociedad planteada por el Corán usted no puede hallar una responsabilidad unilateral. Es decir no es posible que el individuo tenga solamente una responsabilidad individual y sea indiferente con su deber para con la sociedad. Y asimismo sucede con la sociedad. Así es como se construye la estructura esplendorosa de la humanidad práctica. En tal sociedad los seres humanos gozan de justicia y dignidad. Y naturalmente la libertad, (la correcta, la apoyada por la razón), -como mencionamos con anterioridad- también se ubica dentro de la justicia y es algo imprescindible de ella. Es exactamente por la misma razón que para alcanzar las aspiraciones coránicas, el poder no es un objetivo sino un medio y es aprovechado a medida necesaria. Llegar a poder es solo un medio para obtener las metas coránicas y no satánicas, tales como triturar la dignidad humana y devorar los derechos de los seres humanos, tal como vemos cristalizado hoy día en el poder de EE.UU.-siendo un estado ejemplo de ella- es decir salir del marco del ser humano y entrar en el marco del salvajismo. Los Estados Unidos, no solo impiden la formación de la humanidad exaltada, desarrollada y angelical en su propio país, sino que impide a los países como el nuestro solidificar las bases de una vida coránica. A través de sus elementos infiltrados impide la divulgación de una cultura coránica, para evitar que otros países levanten en búsqueda de libertad. Y a consecuencia lo saquen del trono del poder satánico y sus dominaciones usurpadas, lo obliguen a pedir disculpas frente a la humanidad, y lo humillen frente a los seres humanos.

De todos modos si quisiéramos describirle la sociedad coránica podemos decir: Una sociedad coránica es una sociedad en la que los factores del desarrollo humano del hombre estén presentes en ella. Y los obstáculos frente a su desarrollo fuesen ausentes, ya que el Corán es: La explosión de la intelectualidad y comprensión, en los horizontes de una dicha eterna.

El Corán es la base de la tienda de humanidad a lo largo de siglos y épocas.

El Corán es la corriente de firmeza y estabilidad a lo largo de historia.

 El Corán invita al hombre a meditar en la historia de las comunidades antiguas y las civilizaciones pasadas, para tomar lecciones de la vida de los tiranos y para que se alejen de la tiranía.

El Corán exclama la justicia, para que todos puedan vivir bajo su sombra extensa bendita y cada uno llegue a la perfección.

 El Corán quiere que la gente aniquile a los opresores valientemente y derroque a los triples Taguts, (Símbolo del despotismo y tiranía) que son el Faraón (Tagut político), Qarún (el Tagut económico) y a Haman (el Tagut u opresor cultural).en cualquier lugar y cualquier época.

El Corán incita a la gente a procurar y tratar entender las verdades de la creación, obtener el conocimiento de los diferentes fenómenos de la existencia, experimentar y aprovechar al máximo de su propio intelecto.

El Corán quiere que la gente con el fin de la salvar al ser humano oprimido, encienda la llama de las revoluciones alteradoras, que cambian la situación del hombre, luche en contra de las cabezas del despotismo y maldades y se levante -con el fin de reformar a las sociedades corruptas y gobiernos tiranos- ,en cualquier momento que fuese necesario.

El Coran quiere que los seres humanos sean unos valientes, creadores de epopeyas y no se cansen de sacrificarse en pro de los valores exaltados.

El Coran quiere que los musulmanes sean los mensajeros de paz y seguridad para todo el mundo, refuercen las bases de gobiernos sanos, no traspasen los limites establecidos por Dios y no opriman a nadie-ya sean musulmanes o no-.

El Corán quiere que la gente -con sus esfuerzos- aumente las mercedes divinas, conozca la naturaleza, y aproveche de ella, habite las ciudades y las embellezca, y se deleite al ver los jardines, los campos, los ríos que corren, el mar, el cielo, las estrellas y la luna, y así aprenda.

Pide a los hombres que traten de embellecer y hacer agradable la vida para otros y eviten cualquier tipo de egoísmo y monopolio, olvidándose de los derechos del otro. Así alcanzarán el grado de la devoción y piedad (Taqua) individual, social, política, de derecho y civil. Dice el Corán que los bienes, no tienen que quedarse en manos de un grupo en especial, sino que deben correr en manos de toda la gente; y circular en la sociedad al igual que la sangre en el cuerpo.

El Corán pide a la gente no mentir, no mermar en la venta, no hacer la maledicencia, no desear mal para el prójimo y considerar la vida como un mercado en la que el ser humano tiene que preparar su provisión (para al más allá). Esta provisión es la “Taqua” (piedad). Taqua es la justicia y el servir a la humanidad.

El Corán desea que los musulmanes sen valientes, fuertes, luchadores y guardianes de los limites establecidos por el Corán y el Islam, (que son en beneficio y desarrollo del ser humano).

El Corán ha honrado al ser humano, la órbita de sus enseñanzas, luego del monoteísmo, se centra en el propio ser humano y también la justicia, la libertad y el desarrollo en las dos dimensiones tanto material como espiritual.

Afirma el sagrado Corán que los sabios no se comparan jamás con la gente indocta. Dice el Coran que quienes luchan en pro de los exaltados valores, para hacer llegar al hombre al desarrollo humano y divino recibirán una gran recompensa.

El Corán nos dice que cualquier persona que mate a un ser humano inocente es como si hubiera matado a toda la humanidad, El Coran...

El noble profeta (P.B.)

He aquí unas frases del Profeta, presentando el contenido del Islam:

* Una hora de justicia es más meritorio que setenta años de adoración a Dios. (Observe usted cómo es que en una religión que tiene su atención orientada hacia las adoraciones y rituales religiosos, cómo simultáneamente, defiende al ser humano, a la justicia en la sociedad, a la vida y al bienestar, hasta tal punto que una hora de justicia es considerada mejor que setenta años de adoración.

* Los derechos de los necesitados están en los bienes de los adinerados. Entonces cualquiera que permanezca hambriento, los responsables son los adinerados.

* Los habitantes de cada sociedad en el cual existe algún hambriento están alejados de la misericordia divina.

* El grado más elevado de la intelectualidad –luego de la fe en Dios- es atraer la amistad de la gente y ser bondadoso con todos, ya sean buenos o malos.

* Cualquier persona que reconquiste el derecho de un oprimido de la mano de un opresor estará en el Paraíso en mi mismo grado (siendo yo un profeta).

* Cualquier endeudado que no sea capaz de pagar su deuda si se presenta ante un gobernador islámico, es el deber de este gobernador que pague su deuda.

 *Oh musulmanes paguen los derechos de los pobres para que Dios acepte vuestras oraciones. (La oración en la escuela islámica se considera como el pilar de la religión y tanto la oración como cualquiera otra adoración es valiosa ante un musulmán siempre y cuando fuese aceptada por Dios. Prestemos atención a esta minuciosidad, delicadeza y firmeza en la educación espiritual de los individuos de una sociedad islámica que les dice: si paguen perfectamente el derecho de los desheredados, serán aceptadas vuestras adoraciones).

 * Cualquiera que luego de morir deje un bien, esto pertenece a sus herederos y cualquiera que deje una deuda o un campo pertenece al gobierno.

  • He sido ordenado tratar a la gente con justicia. (del Corán).
  • Cualquiera que se siente junto a un sabio se ha sentado junto a un amigo de Dios y Dios lo hará entrar en Paraíso.
  • Cualquiera que confiese algún delito luego de haber sido asustado, esta confesión carece de valor jurídico.
  • Las mujeres se asemejan a flores, no las tratéis con violencia.

El Imam Ali (P.)

*El Imam Ali (P.) es el fruto del Corán. El fue educado en los brazos del Profeta y ningún instante de su vida fue manchado con los vicios de la época de la ignorancia (pre islámica). El es un ejemplo perfecto del Corán, de la enseñanzas del Profeta y el Islam. El es el primer Imam de los musulmanes shias y el modelo de todos los musulmanes, los libres y los amantes de justicia en la humanidad.

He aquí algunas palabras, enseñanzas y conductas del Imam Ali (P.), frente a la humanidad, justicia e historia:

“Cualquiera que llegue al poder no debe juntar a su alrededor a sus seres queridos y a sus allegados, para que no puedan violar los derechos de la gente y no encuentren ninguna oportunidad para el abuso.”

“Dios ha obligado al gobernador islámico que su vida y la de su familia estén en el mismo nivel que el mas bajo individuo de la sociedad.”

“No deben pensar que la sociedad puede llegar a la dicha, sin ejecutar la justicia.”

“¡Oh encargados del gobierno islámico!, estos cargos y títulos son los fiados de Dios en vuestras manos y no es un negocio para saquear los bienes públicos.”

“Inspeccionar y controlar a los mercados y precios es algo necesario y todos aquellos vigilantes e inspectores que traicionen, deben recibir las más fuertes penas.”

“Si Hasan y Husain (los dos hijos del Imam Ali (P.) y nietos del Profeta (P.B.)), cometiesen alguna falta no tendría ninguna consideración con ellos.”

“Yo humillaré y debilitaré a los poderosos para extirpar de sus bocas el derecho de los pobres y fortaleceré a los pobres de la ciudad a tal punto que todos puedan recuperar sus derechos.”

“Los sabios y los seres conscientes de una ciudad, son responsables ante Dios, tanto por las penurias de los pobres como por el poder financiero y la influencia de los ricos (el despotismo financiero).”

“Id por las noches y ayudad a los necesitados –incluso si están dormidos-.”

“Si un gobierno fuese islámico no habrá ninguna injusticia ni siquiera con respecto a un ser humano no musulmán y nadie bajo un gobierno islámico deberá permanecer privado y sufrir carencias, aunque no fuese musulmán.”

El propio Imam Ali (P.) fue citado ante un juzgado por alguna discrepancia. El juez lo llamó más respetuosamente que el otro hombre. El Imam se enfadó y cuando el juez preguntó la causa, el Imam le dijo: No deberías nombrarnos en forma diferente. (todos tienen que ser iguales ante el juzgado).

Un día un grupo de las personalidades musulmanas vino ante el Imam Ali y mencionaron sus respectivos servicios al Islam y pidieron privilegios... El Imam Ali les dijo: estos bienes (que esta en el tesoro publico y en mano del gobierno) pertenecen a Dios y todos vosotros sois sus siervos. Yo miré detalladamente el libro de Dios (El Corán) y no vi ningún privilegio de uno sobre el otro.

Dijo el Imam Ali (P.) a algunos pecadores: no vengáis hacia mí para confesar vuestros pecados y para que les ejecute la pena. La aplicación de las penas es beneficiosa para resguardar la pureza de la sociedad y exaltar a la humanidad, no obstante si os arrepentís es mucho mejor.

Las personas negociadoras, los individuos aptos para ser corruptos (los débiles y amantes de este mundo) y todos aquellos que tienen la intención de favorecerse a sí mismos y a sus seres cercanos, no pueden establecer un gobierno religioso ni administrar la sociedad según los mandatos de Dios.

Este gran Imam era tan cuidadoso con los bienes públicos, que les escribía a sus gobernadores y representantes:

“Afilen bien la punta de sus cálamos; escriban los renglones cercanos uno al otro, no escriban los detalles. Escriban solo lo principal dentro de unas líneas cercanas, porque el tesoro publico no puede soportar ningún desperdicio.”

“Seleccionen a los mejores y más virtuosos jueces, los cuales no reciban jamás soborno alguno ni se les pueda imponer alguna idea.”

“La peor provisión que un ser humano puede enviar para su otra vida, es oprimir a los demás y violar el derecho prójimo.”

 El Imam había dividido la ciudad de Kufa en siete partes y dividía el tesoro publico entre la gente, todos por igual. Una vez, había llegado alguna mercancía al tesoro y sobró un solo pan. El Imam dijo: repartid este pan en siete partes y den cada uno a un local de la ciudad.

“Cuando llegué al gobierno tuve algunos dirhams y algunos ropajes usados, que me había tejido y preparado mi familia. Ahora si en el momento de despedirme tuviese algo más de ello, sepan que soy un traidor y he traicionado a la sociedad y a la gente.”

El Imam siempre trabajaba al igual que un obrero trabajador y había preparado unas palmares por su propio esfuerzo. Cuando traían el ingreso de tales palmares, -que a veces eran de gran suma- repartía todo a los necesitados y pobres. Una vez, luego la repartición de todo el ingreso entre los pobres, se levantó y se dirigió al mercado y ofreció su espada para vender y dijo: Si hubiéramos tenido algo para comer esta noche, no vendía esta espada.

Al final regalo a los pobres todos los palmares que había plantado. Y éstas siempre fueron famosas con el nombre de "Uaqf Ali".

El Imam Ali, nombró a una destacada y famosa personalidad de la ciudad de Basora, llamada Abul Asuad Dueli, para ser Juez de esta ciudad. Luego de poco tiempo lo depuso.-aunque no tenia a su alcance, fuerza humana suficiente, para ocupar los importantes puestos- El juez le pregunto: ¿Cuál fue la razón por la que me depusiste, ya que no cometí ningún delito ni traición? Dijo: dices la verdad, pero es que te vi un día levantar tu voz al momento de hablar, frente a quien recurrió a ti.

Y acaso la humanidad aun ha visto un guardián así para sus valores que no permita a un juez anciano y destacado, levantar su voz en el momento de hablar con un delincuente? Jamás, nunca. Acaso las civilizaciones de Roma y Grecia han tenido una ética semejante o se ha visto alguna vez algo parecido en el Europa, luego del renacimiento? De EE.UU. mejor no hablar.

Aquel gran Imam en una orden que le escribe a Malik Al Ashtar, en el momento de asumir el gobierno de Egipto, 30 veces habla de los derechos y el honor del hombre y le recomienda.

Esencialmente podemos afirmar que el libro de “Nahyul balagah” es el libro sobre la humanidad perfecta del ser humano.

Una de las sapientísimas personalidades islámicas es decir, Allame Yafari -que era mi amigo también y falleció hace cuatro años atrás- en uno de sus libros escribe en cuanto a los privilegios del Islam. Le expondré algunos de los puntos.

Esta parte se ocupa en hablar de los derechos de los animales:

  1. Cualquier persona que tenga a su alcance a un animal, debe prepararle todo lo necesario para su bienestar.
  2. Si el dueño de un animal es negligente en cuanto a sus responsabilidades con su animal, el gobernador islámico debe obligarle a realizar su deber, de lo contrario, el mismo gobernador debe asumir la protección del animal.
  3. Si el animal tuviera una cría recién nacida, se debe dejar suficiente leche para la nutrición de su cría, en el pecho de la madre. Por lo tanto si una hembra tiene solo la cantidad de leche suficiente para amamantar a su cría, es prohibido ordeñarla.
  4. Quien está a cargo de ordeñar algún animal debe cortar sus uñas, para no dañar al animal.
  5. Ofender a los animales, pegarles o maldecirlos, está prohibido.
  6. Cazar a los animales, solo con el objetivo de divertirse y sin necesidad está prohibido.
  7. Está prohibido la caza de los polluelos de las aves en sus nidos.
  8. Quienquiera que esté a cargo de los animales, no debe ser una persona violenta, para que el animal no fuese oprimido ni maltratado.
  9. No hay que montar tanto tiempo a un animal que se canse.
  10. Si un animal tiene algún defecto y no puede caminar bien, debe ser tratada suavemente.

Su excelencia, aunque la carta se alargó un poco, pero fue con el fin de aprovechar esta oportunidad de conversar con usted, y todo eso fue una gota de un gran mar de orientación y educación islámica y coránica. Espero que surjan para usted oportunidades, para el mayor estudio del Islam, aunque fuese con la lectura de unas hojas de los libros regalados, de vez en cuando y ojalá hubieran sido traducidos otros tomos también.

Lo que le he mencionado –del Corán, las palabras del Profeta (P.B.) y el Imam Ali (P.) sirve para tener una panorama breve, no obstante hasta este momento no se ha reconocido el gran patrimonio, que el Islam ha legado a la humanidad. ¿Qué es Ashura y qué día fue ese día? Ashura es el día de la verdadera salida del sol. Ese día es el día de la humanidad, el día de todos los seres humanos, el día de todos los valores exaltados. Entonces, cuál es la razón de que por lo menos en ese día, por una sola hora, todo el mundo no recuerde esta epopeya, por el respeto a la humanidad? No obstante llegará el día, en el que serán esclarecidas todas las verdades y como ha dicho usted mismo:

Llegara el día en el cual la historia será escrita en forma real, la historia será reconstruida, las masas de la gente la construirán...[1]

 

El día en que sea construida la historia, y todas las cosas sean miradas con el ojo humano, será evidenciado que en el horizonte de la salida del sol, desde el comienzo de la civilización de la historia y la historia de la civilización, hasta la actualidad, existieron tales guías, educadores, apoyos de la humanidad y guardianes de su derecho y su dignidad.

Salió el tema de derechos humanos, Señor Fidel Castro! ¿Acaso este organismo de "derechos humanos" que ya existe, es verdaderamente un organismo de derechos humanos o es solo un instrumento para los poderes satánicos con derecho al veto?

¿Acaso el ser humano actual, no oprime con todo el ancho y largo de la civilización contemporánea?

¿Acaso no se echa al basurero, los mejores alimentos –titulado el alimento sobrante- mientras el hijo del hombre, en tantos lugares de la tierra, muere por no tener alimento suficiente para vivir?

¿Acaso ha dejado ya prestigio alguno para la humanidad, la existencia de hospitales tan sofisticados en algunas partes del mundo y en otros, seres humanos y pequeños niños sufriendo sin medicamentos y tratamientos?

¿Acaso estos arrogantes moradores de palacios, tienen una vida humana o animal?

¿Acaso un ser humano que no piensa en otro ser humano y no sufre por su tristeza, hambre, dolor y enfermedad, se puede llamar ser humano?

¿Acaso los científicos expertos de las ciencias militares y armamentísticas, no han hecho crímenes contra la humanidad, que confeccionan estos modernos armamentos a servicio de estos devoradores del hombre, enmascarados de hombre?

¿Acaso qué fue lo que recibieron a cambio para que valga la pena cometer este horroroso crimen?

¡Señor Castro!, ¿Acaso esta organización de Naciones Unidas contiene verdaderamente a las “Naciones Unidas” o es la organización de muchos males, dueña de diversas apatías y descuidos de su deber respecto a la humanidad, y un organismo de humillación frente a las superpotencias?

¿Acaso el pueblo Palestino, el de Bosnia y Herzegovina, Yamu y Cachemira, Afganistán e Irak y... no son seres humanos, ¿tampoco tienen algún derecho? Y anteriormente la gente de Cuba, y Japón Y...

¿Acaso cada día que el sol brilla sobre el edificio de las Naciones Unidas no mira con una mirada de burla a este edificio, una mirada que naturalmente relata la mirada burlona de la humanidad?

¿Acaso los gobernadores de Estados Unidos tienen algún rastro de humanidad? ¿Acaso no es la consecuencia de tan infinitos opresiones, que obliga a reaccionar violentamente a algunos oprimidos (Que no debe haber), y estos lo toman como un pretexto para mas derramamiento de sangre en cualquier parte del mundo y tratarles peor que cualquier animal salvaje?

Su excelencia, ¡Señor Castro! Si no podemos exponer estas quejas con usted, con quién más lo podríamos hacer?

Nuestro pueblo, que en esta ultima época pudo derrocar a una dinastía poderosa y humillar ante sí a un ejercito sofisticado y echar a fuera de Irán a tantos consejeros corruptos y malvados y recuperar un nido de espionaje (bajo el seudo nombre de embajada), detener en medio de aire a dos cazas de Estados Unidos –que estaban viajando hacia Irán-(quienes no pudieron pisar la tierra de Irán y tuvieron que aterrizar en Turquía), y asimismo, soportar ocho años de guerra impuesta y atravesar a tantos embargos económicos, etc, etc. todo se debía a que nuevamente le fue soplado en su cuerpo el espíritu del Corán y fluyó nuevamente su sangre desde Ashura en sus venas. Y si durante años, nuestro pueblo se sentaba en las reuniones del mes de Muharraq, conmemorando los sucesos de Al Husain (P), sus sacrificados fieles y su familia prisionera -en manos de los malvados-, en el Ashura de la Revolución, nuestro pueblo se levantó en las calles y plazas y esparció la sangre del Husain a lo alto de la pared del tiempo y convirtió su vida de humillación frente al opresor en una vida de lucha contra él.

 Naturalmente todavía no hemos podido llevar a cabo perfectamente todos los mandatos políticos, económicos, judiciales, sociales y humanos del Corán y concretar la equidad y justicia coránica como esperábamos. Los diferentes factores, los espías internos, los diversos ataques enemigos, y la existencia de un puñado de gente débil y amantes del mundo, dentro del país-incluso en el interior del sistema-, se convirtieron en obstáculos frente a una perfecta islamizacion del país.

No obstante y según vuestro propio dicho: “se debe entrar en unas reformas dolorosas e inevitables”. Es nuestra esperanza que las altas jerarquías del país abran sus oídos para oír las verdades y sus ojos para ver las realidades, para luego esforzarse más en llevar a la práctica el Islam (todo el Islam) y rescatar al pueblo Y así cortar las manos del capitalismo, el reaccionarismo y la falta de intelectualidad del contexto de la revolución, y como dice usted:

“En las presentes circunstancias hablen extraordinariamente claro, práctico, despejado, con toda la veracidad y sin esconder nada...” Asimismo estas palabras suyas cuán cercanas que son a las enseñanzas revolucionarias del Islam:

“El pueblo de Cuba ha roto sus cadenas y ha terminado con los privilegios con la ruptura de cadenas que los mantenía en la esclavitud. Ha terminado con las injusticias.”[2](y esta es el espíritu de la revolución)

Yo he planteado mis palabras que son “las palabras del Islam” -en unos momentos históricos- a uno de los grandes hombres de la historia contemporánea. Todas sus documentaciones ya existen y gran parte de ellas han sido mencionadas en el libro “Alhaiat”(por lo tanto no repetí en esta carta, ni la documentación, ni el texto de las aleyas y dichos en árabe, para ser más breve.) Es mi esperanza que su excelencia dedique algún tiempo para la lectura de esta carta.

Pido a Dios altísimo que ayude a los seres humanos para extender la justicia por todo el mundo y preparar el terreno para el desarrollo del ser humano y la humanidad. Pido al creador del mundo que brinde bienestar, libertad, justicia, el desarrollo y la dicha a todos los pueblos del mundo en especial al noble y resistente pueblo cubano y proteja este hombre influyente, hombre de lucha, epopeya y acción para el bien su pueblo; fortalezca su brazo frente a Estados Unidos; mantenga fuerte su corazón en su resistencia; rescate a todos los oprimidos del mundo y elimine la penuria y las disputas humanas por tanta desigualdad y opresión a través del derrocamiento de los opresores y arrogantes.

Con saludos y gran respeto

Muhammad Reza Hakimi

5/5/1381

Revista Kauzar, Año XIII - N º 44,45 - 2006

Fundación Cultural oriente, www.islamoriente.com

 

[1] Habla Fidel Castro, tomo 1, Pág. 29

[2] ídem, tomo 1, Pág.13

Palabras claves
Carta de un sabio musulmán,Fidel Castro,Islam basico,Doctrina del Islam,Muhammad Reza Hakimi
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Carta de un sabio musulmán a Fidel Castro.pdf (136.97 KB)
Autor
Muhammad Rida Hakimi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Islam básico
Publicado
Mon, 30 Oct 2023 - 09:28
By admin , 23 October 2023

Los hadices correctos que indican el hecho de que es obligatorio seguir a Ahlul-Bait (P) - “...Y entonces fui guiado

“...Y entonces fui guiado”

Los hadices correctos que indican el hecho de que es obligatorio seguir a Ahlul-Bait (P)

 Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

1) El Hadiz de Az-zaqalain (Las dos joyas preciosas)

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

“¡Oh gente! Dejo entre vosotros algo a lo que si os aferráis, jamás os extraviaréis. Ello es: el Libro de Allah (el Corán) y la Descendencia de la Gente de mi Casa (Ahl-ul Bait)”.

También dijo (BP):

“Pronto vendrá hacia mí el Enviado de mi Señor (Isra’il, el Ángel de la Muerte), y yo aceptaré Su invitación. Ciertamente que dejo entre vosotros dos joyas preciosas: La primera de ellas es el Libro de Allah, en el cual encontraréis guía y luz, y la segunda es Ahl-ul Bait (la Gente de mi Casa). Os prevengo, por Allah, que no olvidéis a Ahl-ul Bait... Os prevengo, por Allah, que no olvidéis a Ahl-ul Bait”1.

Si examinamos con cuidado este noble hadiz, el cual ha sido referido en los Sihah de los Sunnis, encontraremos que solamente los Shi‘as siguieron las dos joyas preciosas: “Al Libro de Allah y a la Pura Descendencia del Profeta (BP)”, mientras que los Sunnis siguieron al dicho de ‘Umar: “Nos es suficiente el Libro de Allah”. Si por lo menos hubieran seguido el Libro de Allah sin interpretarlo según sus propios caprichos...

Pero si el mismo ‘Umar no comprendía el significado de Al-Kalalah y no conocía la aleya coránica respecto al Taiammum y otras tantas normas, entonces, ¿qué queda para aquellos que vinieron después de él y lo imitaron sin hacer Iytihad, o que lo hicieron, interpretando los textos coránicos según su parecer?

Naturalmente, me responderán con el hadiz citado por ellos, y que dice: “Dejo entre vosotros el Libro de Allah y mi Sunnah (Tradición)”2.

Este hadiz, si fuese verdadero, sería correcto en su significado general, pues la palabra “mi descendencia” en el hadiz Az-Zaqalain antes mencionado, determina por medio de quiénes podemos acceder a su Sunnah, puesto que con sus propias palabras, exhorta a referirse a su Familia (Ahl-ul Bait) para que, en primer lugar, les enseñen su propia tradición (Sunnah) y les transmitan los hadices correctos, pues ellos están alejados de la mentira, ya que Allah -Glorificado sea- los hizo infalibles en la aleya sobre la purificación.

En segundo lugar, para que les expliquen e interpreten los significados y propósitos de los hadices, pues el Libro de Allah solamente, no es suficiente para la guía. Existen tantas facciones que alegan seguir al Corán, pero que en realidad, se han extraviado, como dijo el Mensajero de Allah (BP): “¡Cuántos lectores de Corán hay, a quienes el mismo Corán maldice!”.

El Libro de Allah es general y brinda muchos aspectos. Contiene aleyas Muhkamah (normativas) y aleyas Mutashabihah (alegóricas), y para comprenderlas es necesario referirse a aquellos que son “los embuidos en la ciencia”, como lo manifiestan las aleyas coránicas, y a Ahl-ul Bait, como lo expresan las palabras del Profeta (BP).

Los Shi‘as se refieren en todo a los Imames Infalibles de Ahl-ul Bait, y tan solo realizan Iytihad de aquello sobre lo cual no existe estipulación.

En cambio, nosotros nos referimos en todo a los Compañeros, ya sea en lo concerniente a Tafsir (Exégesis) del Corán o a la confirmación de la Sunnah y su explicación... y ya conocemos la condición de los Compañeros, lo que hicieron, las cosas que inventaron e interpretaron en base a sus opiniones personales contrapuestas a los claros textos, y que suman cientos; por lo tanto, no podemos fiarnos de ellos después de los que han hecho.

Si preguntamos a nuestros ‘Ulama: “¿Cuál Sunnah siguen ustedes?”. Ellos responden categóricamente: “¡La Sunnah del Mensajero de Allah (BP)!”. Pero las realidades históricas son incompatibles con eso.

Ellos narraron que el Mensajero de Allah (BP) dijo: “Tomad mi Sunnah y la Sunnah de los Califas Correctamente Guiados después de mí. Sujetaos firmemente a ella”.

En ese caso, la Sunnah que ellos siguen sería, en su mayor parte, la de los Califas Correctamente Guiados. Incluso la Sunnah del Mensajero que ellos alegan seguir sería, en realidad, transmitida por estas personas.

Sin embargo, leemos en nuestros Sihah que se cita al Mensajero de Allah prohibiéndoles escribir su Sunnah, a fin de que no fuera confundida con el Corán. Eso es lo que hicieron Abu Bakr y ‘Umar durante su Califato.

Después de esto no queda prueba alguna para el dicho: “Os dejo mi Sunnah”3.

Los ejemplos que he citado en este estudio -además de muchos otros que no he mencionado-, son suficientes para refutar este dicho, pues, como es evidente, hay elementos en la Sunnah de Abu Bakr, ‘Umar y ‘Uzman, que contradicen y niegan la Sunnah del Profeta.

El primer incidente que tuvo lugar inmediatamente después de la muerte del Mensajero de Allah (BP), el cual los Sunnis y los historiadores en general mencionan, fue la discusión entre Fátima Az-Zahra (P) y Abu Bakr, quien basó su argumento en el pretendido hadiz: “Nosotros, la comunidad de los Profetas, no dejamos herencia, todo lo que dejamos atrás, es caridad”.

Este hadiz fue desmentido por Fátima (P), quien lo declaró falso basándose en el Sagrado Corán. Ella le replicó a Abu Bakr diciendo que su padre, el Mensajero de Allah, no pudo contradecir el Sagrado Corán que le fue revelado, pues Allah -Alabado sea el Altísimo- dice:

«Allah os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos mujeres» (Sagrado Corán; 4:11)

Esta aleya coránica es general, e incluye tanto a los profetas como a los que no lo son.
Ella asimismo se quejó con las siguientes dos aleyas del Altísimo. La primera es:

«Salomón heredó a David...» (Sagrado Corán; 27:16)

y ambos fueron profetas.

En la segunda, Allah -Glorificado sea- también dice:

«(Dice Zacarías:) Otórgame, pues, de Tu parte un descendiente que me herede a mí y herede a la familia de Jacob, y, haz, Señor, que él Te complazca» (Sagrado Corán; 19:5-6)

El segundo incidente en el que se vio envuelto Abu Bakr durante los primeros días de su Califato, y que los historiadores Sunnis recordaron, fue su desacuerdo con el más cercano a él de entre la gente: ‘Umar ibn Al-Jattab. El incidente tuvo lugar a causa de la decisión de Abu Bakr de combatir y asesinar a aquéllos que se rehusaran a pagar el Zaqat (diezmo o caridad obligatoria); pero ‘Umar discrepó y le dijo que no los combatiera, pues él había escuchado al Mensajero de Allah (BP) decir: “Yo he ordenado combatir a la gente hasta que diga: “No hay Dios sino Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah”. El que diga eso, verá su riqueza y su sangre a salvo de mí, y sólo le cabe rendir cuentas ante Allah”.

El siguiente es un texto citado por Muslim en su Sahih:

“El Mensajero de Allah (BP) entregó la bandera a Ali en el Día de (la batalla de) Jaibar, y Ali dijo: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿En base a qué los combatiré?”. El Mensajero de Allah respondió: “Combáteles hasta que testifiquen que no hay divinidad sino Allah y que Muhammad es el Mensajero de Allah, y si ellos lo hacen, entonces eso te impedirá matarles y tomar su riqueza, salvo lo que corresponda por derecho, y sólo les cabrá rendir cuentas ante Allah”4.

Pero Abu Bakr no se satisfizo con este hadiz y dijo: “Por Allah, yo combatiré a aquellos que se abstengan del Salat (oración) y del Zaqat, pues el Zaqat es una obligación impuesta sobre la riqueza (lo cual le permitiría combatirlos, pues según él “le correspondía por derecho”)”. Y también dijo: “Por Allah, si ellos me niegan un cordón de lo que solían darle al Mensajero de Allah (por corresponder al Zaqat), yo les combatiré por ello”.

Tras eso, ‘Umar ibn Al-Jattab se sintió satisfecho y dijo: “Luego que vi a Abu Bakr determinado, sentí que Allah confortaba mi corazón”.

¡Yo no sé como Allah pudo confortar los corazones de la gente por contradecir la Sunnah del Profeta! Esta interpretación fue usada para justificar su lucha contra los musulmanes, a los que Allah había prohibido matar. Allah dice en Su Libro Glorioso:

«¡Creyentes! Cuando acudáis a combatir por Allah, ¡Cuidado! No digáis al que os exprese “¡Paz!”: “¡Tú no eres creyente!” sólo por procurar los bienes de este mundo. Allah ofrece abundantes ocasiones de obtener botín. Vosotros también erais así antes y Allah os agració. ¡Cuidado, pues Allah está bien informado de lo que hacéis!» (Sagrado Corán; 4:94)

Sin embargo, aquéllos que se rehusaron a dar a Abu Bakr su Zaqat no negaron su obligación, sino que se demoraron en hacerlo para aclarar el asunto. Los Shi‘as dicen que estas personas estaban sorprendidas por el Califato de Abu Bakr, pues algunos de ellos habían estado presentes con el Mensajero de Allah (BP) en Huyyat-ul Wada’ (la Peregrinación de Despedida) y habían escuchado de él, la estipulación de Ali ibn Abi Talib (como su sucesor). Por consiguiente, decidieron esperar hasta conocer la realidad del asunto, pero Abu Bakr quería silenciarles respecto a esa realidad, razón por la que cometió una masacre.

Debido a que me he propuesto no argumentar en base a lo que dicen los Shi‘as, dejaré este tema para que lo investigue quien esté interesado en él.

No obstante, no debo olvidar de mencionar aquí que el Poseedor del Mensaje (BP) tuvo un encuentro con Za‘labah, quien le pidió repetidas veces que suplicara para que él se hiciera rico, y él prometió a Allah (que si se hacía rico) daría limosna. El Mensajero de Allah suplicó por Za‘labah, quien se hizo tan rico, que sus ovejas y camellos llenaban Medina; hasta que comenzó a apartarse y dejó de asistir a las Oraciones del Viernes. Cuando el Mensajero de Allah (BP) envió ante él a los encargados de recolectar el Zaqat, éste se rehusó a entregarles algo, alegando que eso sería una Yaziah (impuesto que se cobra a los no-musulmanes bajo el gobierno islámico) o algo similar a ello.

Aun así, el Mensajero de Allah no le combatió ni ordenó su muerte; y Allah reveló la siguiente aleya referente a él.

«Entre ellos hay algunos que juran por Allah: “Si Él nos agraciara de Su bondad, en verdad que daríamos limosna y ciertamente que nos contaríamos entre los virtuosos”. Mas cuando Él les hubo agraciado de Su bondad, se mostraron avaros de ello y volvieron la espalda rehusándose» (Sagrado Corán; 9:75-76)

Después de la revelación de la aleya coránica antes mencionada, Za‘labah se dirigió hacia el Mensajero de Allah (BP) llorando y le pidió que aceptara su Zaqat, pero el Mensajero de Allah se negó a aceptarlo, de acuerdo a las narraciones.

Si Abu Bakr y ‘Umar estaban siguiendo la tradición del Mensajero de Allah, ¿por qué permitieron el asesinato de todos esos inocentes musulmanes sólo porque se negaron a pagar el Zaqat?

Los apologistas tratan de justificar el error de Abu Bakr cuando él interpretó que tenía el derecho (a combatirlos) al ser el Zaqat una obligación impuesta sobre la riqueza, pero no queda ninguna excusa ni para ellos, ni para Abu Bakr después de considerar la historia de Za‘labah, quien se abstuvo del Zaqat y lo consideró “Yaziah”.

Quién sabe, quizás Abu Bakr persuadió a su amigo ‘Umar de la necesidad de asesinar a aquéllos que se negaban a pagar el Zaqat, porque de lo contrario su exhortación se habría difundido a través del mundo islámico para revivir aquella estipulación de Al-Gadir, donde Ali (P) fue confirmado para el Califato; y fue de este modo que ‘Umar ibn Al-Jattab sintió que Allah confortaba su corazón al combatirlos, teniendo en cuenta que fue él quien amenazó con matar y quemar a aquéllos que permanecían en casa de Fátima (P), a fin de forzarles a dar la Bai‘ah para su amigo.

En cuanto al tercer incidente que tuvo lugar durante los primeros días del Califato de Abu Bakr, y en el cual él se encontró a sí mismo en desacuerdo con ‘Umar al haber interpretado los textos del Corán y del Profeta, fue aquél de Jalid ibn Walid, quien asesinó a Malik ibn Nuwairah y tomó y violó a su esposa la misma noche. ‘Umar dijo a Jalid: “¡Oh enemigo de Allah!, asesinaste a un musulmán, luego violaste a su esposa... Por Allah que te lapidaré”5.

Pero Abu Bakr defendió a Jalid y dijo: “¡Oh ‘Umar!, perdónalo; él hizo interpretación (de las leyes) y cometió un error. No reprendas a Jalid”.

¡¡Este es otro escándalo que la historia ha registrado de un “prominente Compañero”!!, al que, cuando mencionamos, lo hacemos con todo respeto y reverencia. ¡Hasta le dimos el título de “la espada desenvainada de Allah”!

¿Qué puedo yo decir sobre un Compañero que hizo todo eso, quien mató a Malik ibn Nuwairah, el honorable Compañero, líder de Bani Tamim y Bani Iarbu‘, famoso por su generosidad, nobleza y coraje?

Los historiadores nos narraron que Jalid asesinó a Malik y a sus seguidores por medio del engaño, después de que ellos dejaron sus armas y se situaron juntos para rezar; que fueron amarrados con cuerdas, y que junto a ellos estaba Leyla bint Al-Minhal, la esposa de Malik, quien era considerada una de las mujeres árabes más hermosas de su tiempo. Se dice que cuando Jalid la vio, quedó atrapado por su belleza.

Malik dijo: “Oh Jalid, envíanos hacia Abu Bakr y él será nuestro juez”. Y ‘Abdullah ibn ‘Umar junto con Abu Qutadah Al-Ansari intervinieron y le insistieron a Jalid que los enviara hacia Abu Bakr, pero él se rehusó y dijo: “Que Allah no me deje con vida si no lo mato”. Entonces Malik miró a su esposa Leyla y luego se volvió a Jalid y le dijo: “Ella es la causa de mi muerte (es decir, que la belleza de su esposa lo llevó a matarlo)”. Después de eso Jalid ordenó su ejecución, detuvo a su esposa Leyla y la tomó esa misma noche6.

¿Qué puedo yo decir sobre aquellos Compañeros que infringieron las prohibiciones de Allah? Asesinaron a musulmanes sólo por pasiones personales y violaron las disposiciones cometiendo ataques sexuales.

En el Islam, una viuda no puede ser tomada como esposa por otro hombre antes de que un período definido de tiempo (‘iddah) haya transcurrido, período de tiempo que ha sido especificado por Allah en Su Libro Glorioso. Sin embargo, Jalid tomó como divinidad a sus pasiones, renegando así (del Islam); y ¿qué le podía importar la ‘iddah después de que ya había asesinado a su esposo y a sus seguidores, a pesar del hecho de que eran musulmanes, según el testimonio de ‘Abdullah ibn ‘Umar y de Abu Qutadah?

Este último se enfadó tanto por el comportamiento de Jalid que regresó a Medina y juró que él nunca serviría en un ejército bajo el estandarte de Jalid ibn Walid7.

Como estamos hablando de este famoso incidente, es digno de observar lo que el Profesor Haikal escribió en su libro: As-Siddiq Abu Bakr, en un capítulo titulado: “La opinión de ‘Umar y su razonamiento sobre el tema en cuestión”:

“‘Umar, quien era un ejemplo ideal de justicia, vio que Jalid había tratado injustamente a otro musulmán y que había tomado a su viuda antes del fin de su ‘iddah, por lo que consideró que Jalid no podía permanecer en el comando del ejército, a fin de que ningún incidente semejante se repitiera nuevamente, y no se corrompieran los asuntos de los musulmanes y les diera un mal nombre entre los árabes. Él dijo: “No es correcto dejarlo sin castigo después de su comportamiento con Leyla”.

Aun cuando fuera correcto que Jalid interpretó (las leyes) y se equivocó en lo que referente a Malik -siendo esto lo que ‘Umar no aprobó-, con lo que hizo a su viuda solamente, merecía ser condenado. El hecho de que él fuese “la espada de Allah” y lo que se dice sobre que “el triunfo sólo se consigue teniendo a Jalid como comandante”, no lo eximía de ser condenado ni tampoco era un motivo para que todas las prohibiciones fueran lícitas para él, ya que si fuera así, las personas como Jalid abusarían de la ley. Peor todavía, serían malos ejemplos para todos los musulmanes y no respetarían el Libro de Allah.

De este modo, ‘Umar mantuvo la presión sobre Abu Bakr hasta que él convocó a Jalid y lo reprendió”8.

¿Podemos preguntar al Sr. Haikal y a aquellos de nuestros sabios que se le asemejan, quienes tienden a preservar el honor de los Compañeros, por qué Abu Bakr no aplicó a Jalid las sanciones dispuestas en el Corán? Y si ‘Umar fue un ejemplo ideal de justicia -como Haikal lo expresó-, ¿por qué sólo le era suficiente con la destitución de Jalid del comando del ejército y no la aplicación de las sanciones legales, a fin de que no constituyera un mal ejemplo para todos los musulmanes respecto a cómo respetar el Libro de Allah, según él mismo dijo? ¿Acaso respetaron ellos el Sagrado Corán y ejecutaron las leyes de Allah? ¡No! Sólo seguían las pautas de la política, aquella que altera las verdades y arroja los textos coránicos sobre la pared.

Algunos de nuestros sabios nos narraron en sus libros que cierta vez el Mensajero de Allah (BP) se enojó mucho cuando Usamah trató de interceder a favor de una mujer noble acusada de robo. El Mensajero (BP) dijo:

“¡Pobre de ti! ¿Intercedes sobre una de las penas dispuestas por Allah? ¡Por Allah, que si la misma Fátima, la hija de Muhammad, robara, yo cortaría su mano! Él (Allah) aniquiló a aquellos que os precedieron porque dejaban ir al ladrón si era de entre las personas nobles, pero si el que robaba era un pobre, le aplicaban todo el vigor de la ley”.

¿Cómo pudieron permanecer en silencio en relación a la muerte de musulmanes inocentes y la violación de sus viudas en la misma noche, con lo desgraciadas que se sentían por la trágica pérdida de sus esposos? ¡Si por lo menos hubieran permanecido en silencio! Pero en cambio, tratan de justificar el delito de Jalid inventando numerosas virtudes y buenos actos sobre él. Hasta lo llamaron “la espada desenvainada de Allah”.

Recuerdo que me causó estupor un amigo mío, conocido por hacer bromas y por jugar con el significado de las palabras cambiando la expresión, cuando yo estaba mencionando las virtudes de Jalid ibn Walid durante mis días de ignorancia y lo llamé “la espada desenvainada de Allah”. Él respondió: “Él es la espada desafilada del demonio”. Yo me indigné entonces, pero después de mi investigación, Allah abrió mis ojos y me ayudó a conocer el valor real de aquéllos que se apropiaron del Califato y cambiaron e infringieron las leyes de Allah.

Hay una famosa historia sobre Jalid que sucedió durante la vida del Profeta, quien lo envió en una misión a Bani Yudhaimah para invitarlos al Islam, sin que le hubiera ordenado combatirlos. Pero ellos no declararon muy bien su Islam; más bien dijeron: “Hemos dejado nuestra religión... Nos estamos convirtiendo...”

En consecuencia, Jalid comenzó a asesinarlos y a tomarlos prisioneros. Pero algunos de sus Compañeros se negaron a hacer lo que se les ordenaba cuando se dieron cuenta de que esas personas verdaderamente se estaban convirtiendo al Islam. Cuando regresaron contaron al Profeta (BP) lo sucedido. Él dijo (BP): “¡Oh Allah!, yo no soy responsable de los crímenes de Jalid Ibn Walid”. Y repitió esto dos veces9.

Luego envió a Ali ibn Abi Talib a Bani Yudhaimah con dinero para pagar el precio de sangre por las muertes y por la pérdida de su riqueza. Incluso se pagó el precio de un recipiente del cual solían beber agua los perros, que también había sido destruido.

Después de que el Imam (P) regresara, el Mensajero de Allah se puso de pie y se orientó hacia la Qiblah (dirección hacia la Ka‘bah), elevó sus manos hacia el cielo y dijo tres veces: “¡Oh Allah!, yo no soy responsable de la acción de Jalid ibn Walid”10.

¿Podemos preguntar dónde está la pretendida rectitud que se atribuye a todos los Compañeros, teniendo en cuenta (las acciones de) Jalid ibn Walid, quien es considerado uno de nuestros más grandes hombres, hasta el punto que lo apodamos: “La espada de Allah”? ¿Acaso Allah desenvainó su espada para matar a musulmanes inocentes y violar la integridad de la gente?

Hay una clara contradicción aquí, pues Allah prohibe el asesinato de seres humanos y el cometer actos viles, inmorales e injustos; pero Jalid parece haber desenvainado la espada de la injusticia para asesinar a musulmanes inocentes y derramar su sangre, y para confiscar su riqueza y hacer cautivas a sus mujeres e hijos. Esto pone de manifiesto una evidente mentira y falsedad.

¡Glorificado y Alabado seas, oh Señor nuestro!; Tú estás por encima de todo eso, Bendito y Elevado sobremanera... Glorificado seas; Tú no creaste los cielos y la tierra y lo que hay entre ellos en vano. ¡Ay de los incrédulos!, pues el Infierno los está esperando.

¿Cómo se permitió Abu Bakr, siendo el Califa de los Musulmanes, escuchar respecto a todos aquellos crímenes y guardar silencio? Incluso hasta pidió a ‘Umar que dejara de atacar con su lengua a Jalid, y se enojó con Abu Qutadah porque protestó firmemente por la acción de Jalid.

¿Acaso estaba él convencido de que Jalid había interpretado (las leyes) y se había equivocado? ¿Qué excusa puede darse a aquellos criminales corruptos que violaron la integridad humana y afirmaron haber interpretado (las leyes)? Yo no creo que Abu Bakr en verdad haya considerado así la acción de Jalid, a quien ‘Umar ibn Al-Jattab llamó “el enemigo de Allah”.

‘Umar opinó que Jalid debía ser ejecutado, pues había asesinado a musulmanes inocentes; o que debía ser lapidado con un infierno de piedras, pues había abusado sexualmente de la viuda de Malik. Pero nada de eso le sucedió a Jalid; al contrario, salió victorioso sobre ‘Umar porque contaba con el apoyo incondicional de Abu Bakr, aun cuando éste conocía la verdad absoluta sobre Jalid, más que nadie.

Los historiadores han registrado que después de este terrible delito, Abu Bakr envió a Jalid en una misión hacia Iamamah, de la cual salió victorioso; y como resultado, tomó como esposa a una muchacha de allí, de la misma manera que hizo con Leyla, antes de que la sangre de aquellos inocentes musulmanes y de que la sangre de los seguidores de Musailamah se hubiera secado. Más tarde, Abu Bakr le reprochó lo que había hecho y usó palabras más fuertes que las utilizadas por lo que le hizo a Leyla11.

Indudablemente, el esposo de aquella muchacha fue asesinado por Jalid, quien la tomó para sí, de la misma manera que obtuvo a Leyla, la viuda de Malik.

Si hubiera sido de otra manera, Abu Bakr no se lo habría reprochado usando palabras más fuertes que en el evento anterior. Los historiadores mencionan el texto de la carta que Abu Bakr envió a Jalid ibn Walid en la cual decía: “¡Oh Ibn Umm Jalid! ¡Por mi vida, tú no estás haciendo nada sino tener relaciones con mujeres, y en el patio de tu casa todavía está la sangre de mil doscientos musulmanes, que aún no se ha secado!”.12

Cuando Jalid leyó la carta, comentó: “Esto debe ser obra de Al-A‘sar (quien torna dificultosas las cosas)”, refiriéndose a ‘Umar ibn Al-Jattab.

Estos son algunos de los fuertes motivos que me hicieron sentir aversión por este tipo de Compañeros y por sus seguidores que se sienten complacidos con ellos y los defienden afanosamente, interpretan los diferentes textos, e inventan fantásticas narraciones para justificar los actos de Abu Bakr, ‘Umar, ‘Uzman, Jalid ibn Walid, Mu‘awiah, Amr ibn Al-Aas, y sus semejantes.

¡Oh Allah! Te pido perdón y ante ti me arrepiento. ¡Oh Allah! Yo no soy responsable de las acciones y dichos de aquellas personas que se opusieron a Tus normas, violaron Tus prohibiciones y traspasaron Tus límites. Yo no soy responsable y me desentiendo de sus seguidores y de lo que hicieron. Perdóname por mi previo apoyo hacia ellos, puesto que yo era ignorante, ya que Tu Mensajero dijo: “El ignorante no será reprendido por su ignorancia”.

¡Oh Allah! Nuestros líderes y maestros nos han desviado, nos ocultaron la verdad, nos presentaron cuadros distorsionados de aquellos Compañeros renegados, y nos llevaron a creer que ellos eran las mejores personas después de Tu Mensajero. No hay duda de que nuestros antepasados fueron víctimas del engaño y las intrigas de los Omeyas y más tarde de los Abbasidas.

¡Oh Allah! Perdónalos y perdónanos, pues Tú conoces los secretos y lo que ocultan los corazones. Ellos sólo amaron y respetaron a aquellos Compañeros con buena intención, pues los consideraban como auxiliares de Tu Mensajero -que Tus bendiciones y paz sean sobre él y sobre aquellos que los aman-. Tú conoces, mi Señor, su amor y el nuestro por la Purificada Descendencia de Tu Mensajero (BP), los Imames de Ahl-ul Bait, de quienes alejaste la impureza y purificaste sobremanera; y por el primero de ellos, el señor de todos los musulmanes, el Comandante de los Creyentes, el jefe de los más iluminados, Imam de todos aquéllos que temen a Allah, nuestro señor Ali ibn Abi Talib (P).

¡Oh Allah! Conviérteme en uno de sus seguidores, de aquéllos que se aferran al cordel de su lealtad y que siguen su senda. Permíteme estar en su arca y ser de los que se aferran a su asidero, que es el más firme. Permíteme entrar por sus puertas y ser de los dedicados a su amor y amistad, de esos que realizan todo ello tanto en palabras como en acciones y que agradecen sus virtudes y legados.

¡Oh Allah! Resucítame junto a ellos, pues Tu Profeta (BP) dijo: “El hombre será resucitado (en el Día del Juicio) junto con aquéllos que ama”.

2) El hadiz del Arca

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

“Por cierto que el ejemplo de Ahl-ul Bait (la Gente de mi Casa) es como el del Arca de Noé; todo el que se embarque en ella se salvará y todo el que la abandone se ahogará”13.

Y también dijo (BP):

“El ejemplo de Ahl-ul Bait entre vosotros es como el de la Puerta del Arrepentimiento de los hijos de Israel; todo el que entre por ella será perdonado”14.

Ibn Hayar citó el hadiz antes mencionado en su libro As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, e hizo el siguiente comentario:

“Su objetivo al compararlos con el Arca fue decir que quien los ame y los honre como un signo de su gratitud por sus gracias, y tome la guía de sus ‘Ulama, será salvado de la oscuridad de las contradicciones; y quien se aparte de ellos se ahogará en el mar de la ingratitud y será aniquilado en el desierto de la tiranía.

La razón de comparar a Ahl-ul Bait con la Puerta del Arrepentimiento es que Allah -el Altísimo- hizo que el entrar por la Puerta del Arrepentimiento (la Puerta de Jericó o de Bait-ul Muqaddas -Jerusalén-) con humildad e implorando el perdón, sea un medio para lograr Su Indulgencia. Similarmente, el medio para esta comunidad es Ahl-ul Bait”.

Desearía poder preguntarle a Ibn Hayar si él fue uno de aquéllos que subió a bordo del arca, entró por la puerta y fue guiado por los ‘Ulama, o si acaso fue uno de esos que no practican lo que dicen y que contradicen su propia creencia. Existen muchas de estas personas inicuas que cuando les pregunto o debato con ellas, dicen: “¡Nosotros tenemos prioridad respecto a Ahl-ul Bait y al Imam Ali; nosotros respetamos y apreciamos a Ahl-ul Bait, y nadie puede negar sus gracias y sus virtudes!”.

Así es; ellos dicen con sus lenguas lo que no está en sus corazones, o en todo caso, los respetan y aprecian, pero siguen e imitan a sus enemigos quienes los combatieron y contradijeron; o bien, la mayoría de las veces no saben lo que representa Ahl-ul Bait, y si les preguntas quién es Ahl-ul Bait, responden inmediatamente: “Son las esposas del Profeta, de quienes Allah alejó la impureza y purificó sobremanera”.

Fue uno de ellos el que me hizo “resolver el enigma” cuando le pregunté y me respondió diciendo: “Toda la gente Sunni sigue a Ahl-ul Bait”. Me sorprendí y dije: “¿Cómo puede ser eso?”. Él respondió: “El Mensajero de Allah (BP) dijo que debemos tomar la mitad de nuestra religión de Humairah (refiriéndose a ‘Aishah), por lo tanto, tomamos la mitad de la religión de Ahl-ul Bait”.

Es sobre esas bases que se puede entender sus palabras de respeto y apreciación por Ahl-ul Bait, pero si les preguntamos sobre los Doce Imames, sólo conocen de entre ellos a Ali, a Al-Hasan y a Al-Husain (con ellos sea la paz), y sin aceptar el Imamato de estos dos últimos (P), en tanto que respetan a Mu‘awiah ibn Abi Sufian, quien envenenó a Al-Hasan (P) y lo asesinó (ellos llaman a Mu‘awiah “El Escriba de la Revelación”), y a Amr ibn Al-Aas, de la misma manera que respetan a Ali (P).

Esto es lo que se llama contradicción, confusión y encubrir la verdad con la falsedad y la luz con la oscuridad.
¿Cómo puede el corazón del creyente contener el amor a Allah y al diablo al mismo tiempo? Allah dice en Su Libro Glorioso:

«No encontrarás pueblo alguno que crea en Allah y en el Último Día, que intime con quienes contrarían a Allah y a Su Mensajero, aunque sean sus padres, hijos, hermanos o parientes. A estos Allah grabó la fe en sus corazones y les fortaleció con su espíritu y les introducirá en jardines bajo los cuales fluyen ríos, donde morarán eternamente. Allah está complacido con ellos y ellos lo están con Él. Éstos constituyen el partido de Allah. Y ¿acaso no son los partidarios de Allah los que prosperan?» (Sagrado Corán; 58:22)

Allah también dice:

«¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a quienes son Mis enemigos y los vuestros, dándoles muestras de afecto, siendo que renegaron de la Verdad que os ha llegado!» (Sagrado Corán; 60:1)

3) El Hadiz: “El que desea vivir como yo”

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

 “Todo el que desee vivir según mi vida, morir según mi muerte y habitar en el Jardín del Edén que ha dispuesto mi Señor, debe aceptar a Ali como su señor después de mí, amar a quienes lo amen, y seguir a Ahl-ul Bait después de mí, pues ellos son mi descendencia, han sido creados del mismo barro del que yo lo fui y fueron agraciados con el mismo conocimiento y comprensión que yo poseo. ¡Ay! de aquellos de mi comunidad que nieguen a Ahl-ul Bait sus virtudes y pasen por alto su relación y afinidad conmigo. Allah nunca les otorgará el beneficio de mi intercesión”15.

Como podemos ver, este hadiz forma parte de esos hadices claros que no requieren ninguna interpretación, ni deja ninguna oportunidad a los musulmanes para elegir; más bien, elimina cualquier excusa. El que no acepte a Ali como su señor y no siga a Ahl-ul Bait, la descendencia del Profeta, será privado de la mediación de su abuelo, el Mensajero de Allah (BP).

Es digno de mencionar aquí, que a través de la investigación que realicé, llegué a dudar de la autenticidad de este hadiz, pues me di cuenta de que él trae aparejado una amenaza terrible hacia aquellos que están en oposición a Ali y Ahl-ul Bait, especialmente cuando el hadiz no deja ninguna oportunidad para la interpretación. Se me facilitaron las cosas cuando leí en el libro Al-Isabah lo que Ibn Hayar Al-Asqalani afirma después de citar el hadiz. Dice:

“...En relación a su cadena de transmisión (del hadiz), debo decir que es débil la de Iahia ibn Ia‘la Al-Muharibi”.

De esa forma, Ibn Hayar hizo desaparecer algunas ambigüedades que permanecían en mi mente y pensé que Iahia ibn Al-Muharibi fabricó el hadiz, por lo que no era confiable... Pero Allah -Glorificado y Elevado sea- quiso mostrarme la verdad en su forma completa, brindándome un día la oportunidad de leer un libro titulado: Discusiones ideológicas sobre los escritos de Ibrahim Al-Yabhan16.

Este libro me hizo asumir una correcta posición, pues me clarificó que Iahia ibn Ia‘la Al-Muharibi sí era uno de aquellos transmisores veraces en los cuales los dos Shaij, Muslim y Al-Bujari, confiaron. Yo mismo seguí el caso y encontré que Al-Bujari citó varios hadices transmitidos por él con respecto a la expedición de Al-Hudaibiiah, en el Vol. 3, Pág. 31.

Asimismo, Muslim lo cita en su Sahih, Vol. 5, en un capítulo titulado: “Las Penas dispuestas por Allah”, Pág. 119. Incluso el mismo Adh-Dhalabi, con todo lo inflexible que era, lo consideró un transmisor confiable junto con los Imames de Al-Yarh y At-Ta‘dil (especialistas dedicados a discernir entre el transmisor confiable de hadices del que no lo es), y por supuesto, los dos Shaij, (Muslim y Al-Bujari) lo usaron como una referencia confiable.

Así que, ¿por qué toda esta intriga, falsificación, manipulación de las realidades y calumnias contra un hombre que fue considerado un transmisor confiable por los autores de los Sihah? ¿Es acaso porque él dijo la verdad con respecto a la necesidad de seguir a Ahl-ul Bait, lo que lo llevó a ser catalogado por Ibn Hayar como ineficaz y débil?

Parece que Ibn Hayar no se percató del hecho de que estos escritos serían analizados por algunos ‘Ulama sumamente críticos que considerarían tanto lo grande como lo insignificante y que descubrirían su partidismo e ignorancia, pues fueron iluminados por la luz de la profecía y dirigidos por la guía de Ahl-ul Bait.

Fue después de eso que me di cuenta de que algunos de los ‘Ulama tratan esforzadamente de encubrir la verdad, de modo que no salgan a la luz los asuntos de los Compañeros y de los Califas, quienes fueron su guías y líderes. Los encontramos tratando de interpretar los correctos y confirmados hadices según sus puntos de vista, otorgándoles significados diferentes; o bien negando aquellos que contradicen su madhhab, aunque estén mencionados en sus propios Sihah y Masanid. A veces, incluso eliminan la mitad o un tercio del hadiz para reemplazarlo por algo distinto. O bien arrojan dudas sobre los narradores confiables (del hadiz) porque éstos plantean temas que no satisfacen sus intereses, y en algunas ocasiones los publican en la primera edición (de un libro), pero los eliminan de las ediciones subsecuentes, sin dar ninguna justificación del por qué de dicha supresión. ¡A pesar de que muchos estudiosos se darían cuenta de la causa de ello!

Me percaté de todo eso después de la investigación que realicé... y tengo pruebas contundentes de lo que estoy diciendo. Desearía que ellos dejaran de dar pretextos tan insensatos para justificar las acciones de aquellos Compañeros que se volvieron sobre sus pasos, pues sus puntos de vista se contradicen entre sí y contradicen los hechos históricos. Desearía que siguieran la verdad aunque fuera amarga. Sólo entonces estarían tranquilos y dejarían en paz a los demás. Desearía que fueran la causa para la unión de esta comunidad dispersada y enfrentada solo por apoyar o desmentir sus palabras.

Ellos afirman que algunos de los primeros Compañeros no fueron transmisores confiables de los hadices del Profeta, por lo tanto declararon falso lo que no estaba de acuerdo a sus caprichos, especialmente si estos hadices incluían algunas de las últimas instrucciones del Mensajero de Allah (BP) antes de su muerte.

Al-Bujari y Muslim, ambos escriben sobre el hecho de que el Mensajero de Allah aconsejó tres cosas en su lecho de muerte:

- “Expulsad a los idólatras de la Península Arábiga;

- Retribuid al ejército de la misma manera en que yo lo hice”.

Y el narrador luego dice: “Olvidé la tercera”17.

¡¿Es posible que aquellos Compañeros que estuvieron presentes en su lecho de muerte y que oyeron las tres instrucciones, olvidaran la tercera, cuando nosotros sabemos que solían aprender de memoria una epopeya completa con sólo escucharla una vez?! No. Fue la política la que los forzó a olvidarla y a no mencionarla nuevamente. Ésta es mas bien otra de aquellas comedias organizadas por los Compañeros, pues no hay duda de que la primera instrucción del Mensajero de Allah fue para designar a Ali (P) como su sucesor; aunque el narrador no la citó.

La persona que investigue este tema, inevitablemente intuirá aquí la existencia de la recomendación de Ali (P) para la sucesión, a pesar de todos los intentos por encubrirla y eliminarla. Al-Bujari la citó en su Sihah, en un capítulo titulado: “Al-Wasaiah” (Los Legados o Última Voluntad). Muslim también la citó en su Sahih, en el capítulo “Al-Wasiah” y dijo que el Profeta recomendó a Ali (P) para la sucesión en presencia de ‘Aishah18. Observen cómo Allah muestra Su Luz aun cuando los opresores tratan de extinguirla.

Insisto en lo que dije antes: Si aquellos Compañeros no fueron lo suficientemente confiables como para transmitir las recomendaciones del Mensajero de Allah, entonces no podemos culpar a los Tabi‘in (seguidores de los Compañeros), ni a los que precedieron a estos últimos.

Si ‘Aishah, la Madre de los Creyentes, no podía soportar que se mencionara el nombre de Ali, y no podía desearle ningún bien -como Ibn Sa‘d escribe en su Tabaqat19 y Al-Bujari en su Sihah, en el capítulo titulado “La Enfermedad y Muerte del Profeta”-, y si ella se prosternó para agradecer a Allah cuando escuchó las noticias de la muerte de Ali (P), entonces ¿cómo vamos a esperar que relate la recomendación en favor de Ali (P), cuando era conocida, tanto pública como privadamente, por su animosidad y odio hacia Ali y sus hijos (P), y hacia toda la Familia del Mustafa (BP)?

Ua la haula ua la quwata illa billahil ‘aliil ‘azim

No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo, Majestuoso.

  • 1. Sahih Muslim, Capítulo sobre “Las Virtudes de Ali”, Vol. 5, p. 122. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 5, p. 328. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 148. Musnad Al-Imam Ahmad ibn Hanbal, Vol. 3, p. 17.
  • 2. El dicho es citado por Muslim en su Sahih, y por An-Nisa’i, At-Tirmidhi, Ibn Mayah y Abu Dawud en sus Sunan.
  • 3. La expresión “El Libro de Allah y mi Descendencia” es aceptada en forma unánime como atribuida al Mensajero de Allah (BP). En cambio el hadiz que contiene el término “mi Sunnah” no aparece en ninguno de los seis Sihah (de los Sunnis): El hadiz es citado con esa expresión en Al-Muwatta, de Malik ibn Anas, quien lo transmitió como “Mursal” (hadiz cuya transmisión solo tiene garantía hasta la segunda generación después del Profeta) y no como “Musnad” (hadiz de autenticidad verificada). Aparte de él, sólo lo mencionan algunos como At-Tabari e Ibn Hisham, quienes lo citaron como “Mursal”, del mismo Malik.
  • 4. Sahih Muslim, Vol. 8, p. 151. Sección de “La fe”.
  • 5. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 280. Ta’rij Abul Fida’, Vol. 1, p. 158. Ta’rij Al-Ia‘qubi, Vol. 2, p. 110. Al-Isabah fi Ma‘rifat-is Sahabah, Vol. 3, p. 336.
  • 6. Ta’rij Abul Fida’, Vol. 1, p. 158. Ta’rij Al-Ia‘qubi, Vol. 2, p. 110. Ta’rij Ibn As-Sihnah, Vol. 11, p. 114 (en el comentario en forma de notas de Al-Kamil). Wafaiat-ul A‘ian, Vol. 6, p. 14.
  • 7. Ta’rij Al-Tabari, Vol. 3, p. 280. Ta’rij Al-Ia‘qubi, Vol. 2, p.110. Ta’rij Abul Fida’ Al-Isabah, Vol. 3, p. 336.
  • 8. As-Siddiq Abu Bakr, por el profesor Haikal. P. 151.
  • 9. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 171. Capítulo “Cuando el Juez juzga una tiranía y la rechaza”.
  • 10. Sirah Ibn Hisham, Vol. 4, p. 53. Tabaqat Ibn Sa‘d, por Asad Al-Ghabah, Vol. 3, p. 102.
  • 11. Haikal, en su libro: As-Siddiq Abu Bakr, P. 151 en adelante.
  • 12. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 254. Ta’rij Al-Jamis, Vol. 3, p. 343.
  • 13. Al-Mustadrak, por Al-Hakim, Vol. 3, p.151. Ianabi‘ Al-Mawaddah, Pp. 30 y 370. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar, Pp. 184 y 234. Ta’rij Al-Julafa y Yami‘ As-Saguir, por As-Suiuti, e Is‘af-ar Raguibin.
  • 14. Mayma‘uz Zaua‘id, por Al-Haizami, Vol. 9, p. 168.
  • 15. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 128. Al-Yami‘ul Kabir, por At-Tabarani. Al-‘Isabah, por Ibn Hayar Al-‘Askalani. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 6, p. 155. Al-Manaqib, por Al-Joarizmi, P. 34. Ianabi‘ Al-Mawaddah, P. 149. Hiliat-ul Awlia, Vol. 1, p. 86. Ta’rij Ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 95.
  • 16. Munaqashat ‘Aqa’idiiah fi Maqalat Ibrahim Al-Yabhan, P. 29.
  • 17. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 121. Sahih Muslim, Vol. 5, p. 75.
  • 18. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 68 (Capítulo: “Enfermedad y Muerte del Profeta”). Sahih Muslim, Vol. 2, p. 14.
  • 19. Tabaqat Ibn Sa‘d, Parte 2, p. 29.

 Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

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Los hadices correctos que indican el hecho de que es obligatorio seguir a Ahlul-Bait - “...Y entonces fui guiado.pdf (497.88 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Mon, 23 Oct 2023 - 10:45
By admin , 23 October 2023

La Visita a Nayaf y un encuentro con los ‘Ulama - “...Y entonces fui guiado”

“...Y entonces fui guiado”

La Visita a Nayaf y un encuentro con los ‘Ulama

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

Una noche mi amigo me dijo que el próximo día iríamos, si Allah así lo quería, a Nayaf. Le pregunté: “¿Qué es Nayaf?”. Dijo: “Es una ciudad de conocimiento; además, en ella se encuentra la tumba de Ali ibn Abi Talib”.

Yo me sorprendí, puesto que, ¿cómo es que es conocida la tumba del Imam Ali?, pues todos nuestros Shaij dicen que no se sabe dónde se encuentra la tumba de nuestro maestro Ali.

Tomamos un ómnibus hacia Kufa y allí nos detuvimos para visitar la Mezquita de Kufa, que es uno de los monumentos islámicos más famosos. Mi amigo me mostró todos los lugares históricos, me llevó al Santuario de Muslim ibn ‘Aqil y de Hani ibn Urwa, y me contó brevemente cómo fueron martirizados. Me llevó al mihrab (nicho en dirección a la qiblah), donde el Imam Ali fue martirizado; luego visitamos la casa donde el Imam vivía con sus dos hijos, nuestros maestros Al-Hasan y Al-Husain. En la casa todavía estaba el aljibe del cual ellos bebían y realizaban con su agua la ablución.

Viví algunos momentos espirituales que me hicieron olvidar del mundo y sus deleites, e imaginé el ascetismo y la humildad que tenía el Imam, a pesar del hecho de que era el Comandante de los Creyentes y el cuarto de los Califas Correctamente Guiados.

No debo olvidar mencionar la hospitalidad y modestia de la gente de Kufa, ya que por donde fuera que pasábamos, un grupo de gente se detenía y nos saludaba, como si mi amigo conociera a la mayoría de ellos. Uno de aquellos a los que encontramos era el director del Instituto de Kufa, quien nos invitó a su casa, donde conocimos a sus hijos y pasamos una noche agradable. Sentí como si estuviera entre mi familia y amigos.

Cuando me hablaban sobre los Sunnis siempre decían: “Nuestros hermanos de la Sunnah”, por lo tanto, me cautivaban sus conversaciones y les hacía algunas preguntas para probar su sinceridad.

Continuamos nuestro viaje hacia Nayaf, a unos diez kilómetros de Kufa, y apenas llegamos allí recordé la Mezquita Al-Kazimiiah, en Bagdad, puesto que había minaretes de oro circundando una cúpula construida de oro puro. Entramos al Mausoleo del Imam después de haber leído una súplica especial: un permiso para entrar al lugar, que es costumbre entre los visitantes Shi‘as.

Dentro del Mausoleo vi cosas más sorprendentes que en la Mezquita de Musa Al-Kazim, y como de costumbre, me puse de pie y leí Al-Fatihah, dudando si esa tumba en realidad contenía el cuerpo del Imam Ali, teniendo en cuenta la sencillez que había visto en la casa en la que vivía en Kufa, y que me había impresionado muchísimo. Me dije a mí mismo: “Lejos estaría el Imam Ali de estar complacido con toda esta decoración de oro y plata, cuando hay muchos musulmanes muriendo de hambre en todo el mundo”, especialmente cuando vi mucha gente pobre en las calles extendiendo su mano a los transeúntes pidiendo limosna.

Luego me dije interiormente: “¡Oh Shi‘as! Ustedes están equivocados. Al menos deberían admitir este error, ya que el Imam Ali fue enviado por el Mensajero de Allah a demoler los santuarios, por lo tanto, ¿qué son todas estas tumbas de oro y plata? Si esto no es politeísmo, entonces debe ser al menos un error que el Islam no perdona”.

Mi amigo me preguntó, mientras me extendía un pedazo de arcilla seca, si yo deseaba rezar. Le respondí en un tono fuerte: “Nosotros no rezamos alrededor de las tumbas”. Dijo: “Entonces espérame un momento hasta que rece dos rak‘ah (ciclos de oración)”. Mientras lo esperaba, leí la placa que estaba pegada en la tumba; además, miré dentro de ella, a través del enrejado de grabados de oro, y vi que estaba repleta de todo tipo de billetes, desde dirhames y riales hasta dinares y liras, arrojados por los visitantes como contribuciones para las organizaciones y obras benéficas que dependen del Santuario.

Pensé que todo eso debía haber estado allí por meses, pero mi amigo me dijo que las autoridades responsables de limpiar el lugar recolectaban el dinero cada día después de la oración de la noche (‘isha).

Salí tras mi amigo, asombrado por lo que acababa de ver y deseé que me tocara una parte de ese dinero, o que lo distribuyeran entre los pobres e indigentes que tantos había por allí. Miré hacia todos lados dentro de la gran valla que protege al Santuario, donde muchos grupos de gente estaban rezando aquí y allá, mientras otros se encontraban escuchando a disertantes situados sobre los púlpitos. Me pareció escuchar algunos llantos con voz temblorosa.

Vi a un grupo de gente llorando y golpeando sus pechos, y cuando quise preguntarle a mi amigo por qué aquellas personas se comportaban de esa manera, un cortejo fúnebre pasó junto a nosotros y observé que algunos hombres ponían un mármol en medio del patio, para colocar allí al fallecido. Por lo tanto, pensé que esas personas estaban llorando por un muerto muy querido por ellos.

Mi amigo me llevó a una mezquita, junto al Santuario, donde los pisos estaban cubiertos de alfombras y alrededor de sus mihrab había algunas aleyas coránicas grabadas con hermosa caligrafía. Vi que algunos jóvenes con turbantes estaban sentados cerca del mihrab estudiando, y cada uno de ellos tenía un libro en sus manos.

Quedé impresionado por esa agradable escena, ya que nunca antes había visto religiosos de esa edad, pues rondaban entre los trece y dieciséis años. Lo que los hacía más elegantes eran sus vestimentas.

Mi amigo les preguntó por el “Saiid”, y le dijeron que estaba rezando con la gente la oración comunitaria. No comprendí quién era el “Saiid” y pensé que debía ser uno de los ‘Ulama. Sólo después supe que era Saiid Al-Jo’i, uno de los líderes de las escuelas religiosas de la comunidad Shi‘a.

Es digno de mencionar aquí que el título “Saiid” en la Shi‘a es dado a aquellos que son los descendientes de la familia del Profeta (BP). El “Saiid”, ya sea él un sabio o un estudiante de ciencias religiosas, usa un turbante negro, y el resto de los ‘Ulama usa turbantes blancos y son llamados “Shaij”. Hay otros nobles de la descendencia del Profeta que no son ‘Ulama y usan un turbante verde.

Mi amigo les preguntó si yo podía sentarme con ellos mientras él iba a ver al Saiid. Me dieron la bienvenida y se sentaron alrededor mío en un semicírculo. Miré sus rostros y tuve la sensación de poder ver su inocencia y la pureza de sus pensamientos, y me vino a la mente el dicho del Profeta (BP): “El hombre nace en la fitrah (pureza original) y son sus padres los que lo hacen judío, cristiano o zoroastriano”. Me dije a mí mismo: “¡¡O lo hacen Shi‘a!!”.

Me preguntaron de qué país venía; yo respondí: “De Túnez”. Preguntaron: “¿Tienen ustedes escuelas religiosas?”. Respondí: “Tenemos universidades y escuelas”. Fui bombardeado con preguntas desde todos lados, y todas eran perspicaces y embarazosas. ¿Qué podía decirles a aquellos inocentes muchachos que a lo mejor pensaban que el mundo islámico estaba repleto de escuelas religiosas donde se enseñaba jurisprudencia, principios del Islam, ley islámica e interpretación del Corán? Ellos no sabían que en el mundo islámico y en nuestros países, que evolucionaron y se desarrollaron, hemos transformado las escuelas de Corán en jardines de infantes supervisados por monjas cristianas; por lo tanto, ¿debía decirles que continuaban siendo “atrasados” en relación a nosotros?

Uno de ellos me preguntó: “¿Qué madhhab (escuela religiosa) se sigue en Túnez?”. Dije: “La madhhab Maliki”. Y vi que algunos de ellos se sonrieron pero no les presté mucha atención. Me preguntó: “¿Conocen la madhhab Ya‘fari?”. Le dije: “¿Qué nuevo nombre es ese? No. Nosotros sólo conocemos las cuatro madhahib1, y aparte de ellas no hay otra dentro del Islam”.

El sonrió diciendo: “Perdón señor. La madhhab Ya‘fari es la esencia del Islam. ¿No sabes tú que el Imam Abu Hanifah estudió con el Imam Ya‘far As-Sadiq, y que por eso Abu Hanifah dijo: “Si no fuera por aquellos dos años (refiriéndose a los dos años en que fue alumno de Imam As-Sadiq (P), An-Numan Abu Hanifah habría perecido?”.

Permanecí en silencio sin que surgiera de mí una respuesta. Acababa de escuchar un nombre que nunca antes había oído, pero agradecí a Allah que él, es decir, el Imam Ya‘far As-Sadiq, no haya sido maestro del Imam Malik, y dije que nosotros éramos Maliki, no Hanafi.

Él dijo: “Las cuatro madhahib aprendieron cada una de la otra; Ahmad ibn Hanbal aprendió de Ash-Shafi‘i; Ash-Shafi‘i de Malik; Malik de Abu Hanifah, y Abu Hanifah aprendió de Ya‘far As-Sadiq (P). Por eso todos ellos fueron alumnos de Ya‘far ibn Muhammad, quien fue el primero en abrir una Universidad Islámica, en la mezquita de su abuelo, el Mensajero de Allah (BP), y con él estudiaron no menos de cuatro mil jurisprudentes y especialistas en Hadiz (Tradiciones Proféticas)”.

Yo estaba sorprendido por la inteligencia de aquel joven muchacho que parecía saber lo que estaba diciendo, de la misma manera en que uno de nosotros conoce una Surah del Corán. Quedé mucho más asombrado aún cuando comenzó a darme algunas referencias históricas de las que podía decirme el número de libros, tomos y capítulos en que se encontraban, y continuó conversando conmigo como si fuera un profesor enseñándole a su alumno.

En realidad me sentí impotente ante él y deseé haberme ido con mi amigo y no haberme quedado, pues fui incapaz de responder a cada pregunta relacionada con la jurisprudencia o la historia que cualquiera de ellos me hacía.

Me preguntó a cuál de los Imames yo seguía. Dije: “A Imam Malik”. Dijo: “¿Cómo sigues a un hombre que murió hace catorce siglos? Si desearas hacerle una pregunta sobre temas recientes, ¿él te respondería?”. Yo pensé un poco y dije: “¡Y tú, qué! Tu Ya‘far también murió hace catorce siglos atrás, ¿así que a quién sigues?”. Él y otros muchachos me respondieron rápidamente: “Nosotros seguimos al Saiid Al-Jo’i”.

Yo no entendía. ¿Acaso era Al-Jo’i más sabio que Ya‘far As-Sadiq? Intenté cambiar de tema, por lo tanto me mantuve haciéndoles preguntas. Por ejemplo, les preguntaba cuál era la población de Nayaf, a qué distancia está Nayaf de Bagdad, y si conocían otros países aparte de Irak... Y cada vez que respondían, yo preparaba otra pregunta para evitar que ellos me hicieran a una mí, ya que me sentía incapaz e impotente. Pero lejos estaba yo de admitirlo, a pesar del hecho de que en mis adentros bien lo sabía.

Los sentimientos de gloria y de grandeza, y la supuesta sapiencia que me habían hecho sentir en Egipto, se habían disuelto y esfumado allí, especialmente después de encontrarme con aquellos jóvenes, y sólo entonces me di cuenta de la sabiduría de las siguientes palabras:

“Dile al que pretende tener conocimiento de Filosofía: Has aprendido una cosa, pero siguen ocultas muchas otras para ti”.

Llegué a creer que las mentes de aquellos jóvenes muchachos eran más grandes que las mentes de aquellos profesores que yo había conocido en Al-Azhar y que las de nuestros sabios de Túnez.

As-Saiid Al-Jo’i entró al lugar, y lo acompañaba un grupo de ‘Ulama; en ellos había modestia y dignidad. Todos los muchachos se pusieron de pie y yo con ellos; luego cada uno se acercó al Saiid para besar su mano y yo permanecí quieto en mi lugar. El Saiid no se sentó hasta que todos se sentaron, entonces comenzó a saludarlos diciendo: “Buenas Noches”, e hizo así con cada uno de ellos, quienes le contestaron de la misma manera, hasta que llegó mi turno, por lo tanto respondí de la misma forma en que había escuchado.

Después mi amigo, que había estado hablando en voz baja con el Saiid, me indicó que me aproximara al Saiid, quien me hizo sentar a su derecha. Tras los saludos mi amigo me dijo: “Dile al Saiid las cosas que escuchan en Túnez sobre la Shi‘a”. Yo dije: “Hermano, olvidemos las historias que escuchamos de aquí y allá; yo quiero saber por mí mismo lo que dice la Shi‘a, por lo tanto, quiero respuestas sinceras a algunas preguntas que quiero hacer”.

Mi amigo insistió en que yo debía relatar al Saiid lo que nosotros pensábamos de la Shi‘a. Dije: “Consideramos que los Shi‘as están más lejos del Islam que los judíos y los cristianos, pues ellos adoran a Allah y creen en el mensaje de Musa y de Jesús -la paz sea con ellos-, mientras que oímos que los Shi‘as adoran a Ali y lo consideran sagrado, y hay una secta de entre ellos que adora a Allah pero ponen a Ali en el mismo nivel que el Mensajero de Allah”. Además, narré la historia sobre cómo el ángel Gabriel habría traicionado la confianza puesta en él -según ellos dicen- y en lugar de darle el mensaje a Ali, se lo dio a Muhammad (BP).

El Saiid permaneció en silencio por un momento, cabizbajo, y luego me miró y dijo: “Nosotros creemos que no hay divinidad sino Allah, que Muhammad (BP) es el Mensajero de Allah, y que Ali fue solamente un siervo de Allah”. Él se dirigió a su audiencia y dijo señalándome: “Observen cómo esta gente inocente ha sido engañada por los falsos rumores, y esto no es sorprendente, pues yo he escuchado cosas peores de otras personas; por lo tanto digamos: No hay poder o fuerza salvo en Allah, el Altísimo y Majestuoso”.

Luego se volvió hacia mí y dijo: “¿Has leído el Corán?”. Respondí: “Podía recitar la mitad de él de memoria antes de cumplir los diez años”. Dijo: “¿Sabes que todos los grupos islámicos y sus diferentes escuelas concuerdan en el Sagrado Corán, y que el Corán que nosotros tenemos es el mismo que el de ustedes?”. Dije: “Sí, yo sé eso”. Dijo: “Entonces, ¿acaso no has leído las palabras de Allah, Alabado y Glorificado sea:

«Muhammad no es sino un Enviado, antes del cual han pasado otros enviados...» (Sagrado Corán; 3:144)

«Muhammad es el Enviado de Allah. Quienes están con él son severos con los infieles...» (Sagrado Corán; 43:29)

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros varones, sino el Enviado de Allah y el sello de los profetas...» (Sagrado Corán; 33:40)

Dije: “Sí, conozco todas esas aleyas coránicas”. Él dijo: “Entonces, ¿dónde está Ali? Si nuestro Corán dice que Muhammad (BP) es el Mensajero de Allah, entonces, ¿de dónde salió esa calumnia?”.

Permanecí en silencio y no puede encontrar una respuesta. Añadió: “En cuanto a la traición de Gabriel, lejos está él de cometer una acción como esa; esto es peor que lo anterior, porque cuando Allah envió a Gabriel (P) hacia Muhammad (BP), éste tenía entonces cuarenta años y Ali no era más que un niño de seis o siete años, así que ¿cómo podría pretender Gabriel simular un error y no diferenciar entre Muhammad (BP), el hombre, y Ali (P), el niño?”.

Luego permaneció en silencio por un largo tiempo en el cual comencé a reflexionar y a analizar minuciosamente lo que él había dicho, pues me pareció un razonamiento lógico que penetró hasta el fondo de mi alma y quitó el velo de mis ojos. Me pregunté a mí mismo, ¿por qué nosotros no basamos nuestro análisis en razonamientos tan lógicos?

El Saiid Al-Jo’i añadió: “Además, te informo que la Shi‘a es el único grupo, entre todos los grupos islámicos, que cree en la infalibilidad de los Profetas y de los Imames; por lo tanto, si nuestros Imames -con ellos sea la paz- son infalibles y son seres humanos como nosotros, entonces, imagínate Gabriel, que es un ángel cercano a Allah, al que el Señor de la Grandeza llamó “el espíritu fiel”.

Pregunté: “¿De dónde salieron todos estos rumores?”. Respondió: “De los enemigos del Islam, que quieren dividir a los musulmanes en grupos que luchen entre sí, a pesar de que los musulmanes son hermanos, ya sean Shi‘as o Sunnis, pues todos adoran a Allah solamente, y no le asocian ninguna otra divinidad; su Corán es el mismo, su Profeta es el mismo y su qiblah (dirección a la cual se orientan los musulmanes en las oraciones), es la misma. Los Shi‘as y los Sunnis sólo difieren en temas de jurisprudencia, de la misma manera en que difieren las escuelas sunnis entre sí, pues Malik discrepa con Abu Hanifah y éste con Ash-Shafi‘i... etc.”

Dije: “¿Entonces todas las cosas que se han dicho sobre ustedes son sólo mentiras?”. Respondió: “Tú, gracias a Dios, eres un hombre inteligente y entiendes las cosas; además, has visto el país de los Shi‘as y caminaste en medio de ellos. ¿Acaso viste o escuchaste alguna cosa relacionada a estas mentiras?”. Dije: “No, no he visto ni oído sino cosas buenas, y agradezco a Allah por haberme dado la oportunidad de encontrarme con el profesor Mun’im en el buque, ya que es gracias a él que vine a Irak y he aprendido muchas cosas que ignoraba”.

Mi amigo Mun’im dijo, con una sonrisa: “Incluyendo la existencia de la tumba del Imam Ali (P)”. Le guiñé un ojo y dije: “Incluso he aprendido cosas nuevas hasta de aquellos jóvenes”. Y acoté: “Y desearía haber tenido la oportunidad de aprender como ellos en esta Escuela Religiosa”.

El Saiid dijo: “Bienvenido. Si quieres estudiar aquí, la escuela está a tu disposición y nosotros a tu servicio...” A los presentes les pareció muy buena esta sugerencia, especialmente a mi amigo Mun’im cuyo rostro expresaba gran alegría.

Le dije: “Soy un hombre casado y tengo dos hijos”. Respondió: “Nosotros nos hacemos cargo de todas las necesidades de vivienda y sustento y de todo lo que necesiten, pero lo importante es aprender”.

Pensé un poco y me dije a mí mismo: “No me parece lógico convertirme en un estudiante después de haber pasado cinco años practicando la docencia y educando jóvenes. No es fácil tomar una decisión tan rápido”.

Le agradecí al Saiid al-Jo’i su oferta y le dije que pensaría sobre el asunto seriamente después de que regresara de la ‘Umrah, con la anuencia de Allah, pero que necesitaba algunos libros. El Saiid dijo: “Dénle los libros”. Un grupo de personas sabias se puso de pie y fue a su gabinete de libros, y después de unos pocos minutos, había ante mí más de setenta, pues cada uno volvió con varios libros. Y dijo el Saiid: “Esto es regalo mío”.

Me di cuenta de que no podría llevar todos estos libros conmigo, especialmente porque me dirigía a Arabia Saudita, donde las autoridades prohiben la entrada de cualquier libro a su país, pues temen que se extiendan algunas creencias que no concuerden con las suyas.

Pero yo no quería perder la oportunidad de tener todos esos libros a los que nunca había visto en toda mi vida. Le dije a mi amigo y al resto de los presentes que me esperaba un largo viaje por delante; que pasaría por Damasco, Jordania y desde allí a Arabia Saudita, y en el camino de regreso, mi itinerario sería aún más largo, ya que viajaría a través de Egipto y Libia hasta llegar a Túnez, y que los libros pesaban mucho, además de que la mayoría de los países prohiben la entrada de esos libros a sus territorios.

El Saiid dijo: “Déjanos tu dirección, pues nosotros nos encargaremos de enviártelos”. Me agradó esta idea y le di mi tarjeta personal con mi dirección en Túnez. Además, le agradecí por su generosidad y cuando me despedí y me levantaba para salir, se puso de pie junto conmigo y me dijo: “Ruego Allah que te salvaguarde, y si te detienes junto a la tumba de mi abuelo, el Mensajero de Allah, por favor dale mis saludos”.

Todos, incluyéndome a mí, nos emocionamos por lo que el Saiid había dicho, y vi que sus ojos lagrimaban, entonces me dije a mí mismo: “Dios no permita que tal hombre pudiera estar equivocado o que fuera un mentiroso; su dignidad, su grandeza y su modestia manifiestan que él verdaderamente es de una descendencia noble”. No pude sino tomar su mano y besarla, a pesar de su resistencia.

Todos se pusieron de pie cuando yo lo hice, y algunos de los jóvenes con los que polemicé, me siguieron y me pidieron mi dirección para futuras correspondencias, la cual les di.

Regresamos a Kufa después de una invitación de un amigo de Mun’im que se encontraba en la reunión con Saiid Al-Jo’i, cuyo nombre era Abu Shubbar, y permanecimos en su casa donde pasamos la noche entera con un grupo de jóvenes intelectuales. Entre aquellas personas había algunos alumnos de Saiid Muhammad Baquir As-Sadr, que me sugirieron que debería encontrarme con él, y prometieron que arreglarían una entrevista al día siguiente.

A mi amigo Mun’im le agradó la idea pero lamentó no poder estar presente en el encuentro porque debía ocuparse de un asunto en Bagdad donde su presencia era indispensable. Estuvimos de acuerdo en que yo permanecería en la casa de Abu Shubbar por tres o cuatro días hasta que Mun’im regresara.

Mun’im nos dejó poco después de las oraciones del alba y fuimos a dormir. Saqué mucho provecho de estos estudiantes con quienes estuve toda la noche. Estaba sorprendido por la variedad de temas que estudian en la Escuela Religiosa, ya que, además de los estudios islámicos que incluyen Jurisprudencia, Shari‘ah (Ley Islámica), Teología, etc., también estudian Ciencias Sociales y Políticas, Historia, Idiomas, Astronomía, y muchas otras materias.

  • 1. Se refiere a las cuatro madhahib de los Sunnis, que son: la Hanafi, la Maliki, la Shafi‘i y la Hanbali.

 Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

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La Visita a Nayaf,encuentro con los ‘Ulama,Y entonces fui guiado,Tijani,Tiyani,Shia y sunna,Chiismo,Islam Chia
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La Visita a Nayaf y un encuentro con los ‘Ulama - “...Y entonces fui guiado”.pdf (277.41 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Historia-Biografía
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Mon, 23 Oct 2023 - 09:35
By admin , 18 October 2023

El Imam Mahdí (que Dios apresure su llegada), la promesa divina y el gobierno mundial - Enseñanza de la doctrina islámica

Enseñanza de la Doctrina Islámica

El Imam Mahdí (que Dios apresure su llegada), la promesa divina y el gobierno mundial

Por Aiatollah M. T. Misbah

Introducción

En las lecciones anteriores mencionamos algunos hadices (narraciones) que aludían a los nombres de los doce Imames, pero hay muchas otras narraciones del noble profeta (BPD), transmitidas tanto de fuentes sunnitas como shi’itas en las que en algunas solo se alude al número de los Imames y en otras se agrega que todos ellos pertenecen a la tribu de Quraish. En otras narraciones se menciona que su número es igual al de las tribus de los Hijos de Israel y en otras se dice que nueve de ellos son descendientes del Imam Husein (P). Finalmente en algunas de las narraciones sunnitas y narraciones mutawâtir (seguras por ser abundantes fuentes independientes y remontarse a alguno de los infalibles) de parte de las vías shi’itas, se registra el nombre de cada uno de ellos.[1] También hay abundantes narraciones transmitidas por vías shi’as sobre el Imamato de cada uno de los Imames, la paz sea con ellos, que por razones de espacio no podemos citar acá.[2] Por este motivo, en la última lección de esta parte, nos referiremos específicamente a la doceavo de los Imames, al Dueño del Tiempo, que Dios apresure su noble venida y para ser breves nos referiremos solamente a los puntos más sobresalientes con respeto a su persona.

El gobierno divino mundial

Vimos que el objetivo fundamental y primario del envío de los profetas era el de perfeccionar las condiciones para el crecimiento y la perfección libre de los seres humanos que se concretó mediante la colocación de la revelación al alcance de la gente. También hubo otros objetivos como el proporcionar la ayuda para un desarrollo intelectual y la educación del alma y la espiritualidad de las personas capacitadas para aprovechar esas enseñanzas. Por último, los grandes Profetas (Idhâm), la paz sea con ellos, buscaron generar la sociedad ideal basados en la adoración de Dios y los valores divinos, la propagación de la justicia en toda la tierra. Cada uno en la medida de las posibilidades dio unos pasos en este sentido y pudieron en una geografía y un tiempo limitado establecer un gobierno divino, pero ninguno de ellos tuvo la oportunidad de establecer un gobierno mundial.

Por supuesto, el hecho de que no se hayan dado esas condiciones no implica una imperfección en las enseñanzas y los programas de parte de los profetas o una falta de capacidad para gobernar o liderar o una fracaso en los objetivos divinos del envío de los mismos. Tal como fue señalado, el objetivo divino era el ir creando las condiciones y el terreno para el movimiento libre de los seres humanos: “Para que no tengan los hombres una excusa ante Dios luego de los mensajeros” [3], y no obligar a los hombres a aceptar forzadamente la religión verdadera y obedecer a los líderes divinos y este objetivo fue cumplido.

De todas maneras, Dios Altísimo en las Escrituras Celestiales prometió la concreción de un gobierno divino en toda la tierra que se puede comprender como una profecía con respecto a la preparación del terreno para la aceptación de la religión verdadera en una extensa superficie de la sociedad humana. Mediante el uso de personas y grupos muy distinguidos y las ayudas divinas ocultas (de carácter metafísico) irá removiendo los obstáculos para conformar un gobierno universal que establezca la justicia a las masas oprimidas por los abusos de los poderes inescrupulosos, desilusionadas con todas las ideologías y los regímenes. Este gobierno divino de carácter universal puede considerarse el objetivo último del envío del sello de los profetas (BPD) y el din o religión universal e imperecedera. Puesto que dice el Sagrado Corán acerca del Islam: “Para que prevalezca sobre toda otra religión”. [4]

Atendiendo al hecho de que el Imamato completa a la profecía y permite la concreción de la filosofía de la culminación de la profecía se puede concluir que este objetivo tendrá lugar con el último Imam y este es el tema que vemos en numerosísimas tradiciones mutawatir (abundantes e independientes originadas en al mellos uno de los infalibles) transmitidas y enfatizadas acerca del Imam Mahdi, sean para él sacrificadas nuestras almas.

Aquí, en primer lugar, señalaremos algunos versículos del Noble Corán en donde se albricia con la materialización del gobierno divino y luego aludiremos a algunas narraciones al respecto.

La promesa divina

 Dios Altísimo afirma en el Noble Corán que: “En la Torah y en los Salmos (de David), escribimos que los virtuosos heredarán la Tierra”. [5] En otro versículo se narra algo semejante de boca del profeta Moisés, la paz sea con él[6]. Sin dudas un día esta promesa divina se cumplirá.

En otra parte, luego de referirse a la historia del Faraón que oprimía al pueblo, afirma: “Y queremos agraciar a quienes fueron oprimidos en la tierra y designamos Imames (guías, líderes de parte de Dios) y los hacemos herederos (de la tierra)”.[7] Este versículo, si bien se refiere en primera instancia a los Hijos de Israel y a su libertad de las garras del Faraón y el acceso de ellos al poder, también la expresión árabe ua nuridu, “y queremos”, alude a una voluntad permanente (pues está en tiempo presente, no en pasado como suele traducirse al español en forma errónea en las traducciones vigentes del sagrado Corán. NT). Por ello, en muchas narraciones se alude con este versículo a la venida del Imam al Mahdi, que Dios apresure su honorable venida.[8]

En otra parte, refiriéndose a los musulmanes, el Sagrado Corán afirma: “Quienes de vosotros posean fe verdadera y acciones virtuosas los haremos sucesores, como hemos hecho sucesores a quienes os precedieron y daremos poder a su religión, que les satisface y cambiaremos su temor en seguridad, me adorarán y no me asociarán nada y quien descrea luego de ello, ciertamente esos serán de los corruptos”.[9] En las narraciones leemos que el ejemplo perfecto de este versículo se concretará en la época de la aparición del Imam Mahdi, que Dios apresure su honorable venida.[10] Hay otras tradiciones explicando otros tantos versículos [11]que descendieron sobre el Imam Mahdi, que Dios apresure su venida, que evitaremos citarlos para abreviar nuestro trabajo. [12]

Ejemplos de narraciones

Las narraciones que han transmitido tanto shi’as como sunnas del noble profeta (BPD) acerca del Imam Mahdi, que Dios apresure su noble venida, están por encima del nivel de tawâtur y solamente las narraciones que los sabios sunnitas han transmitido alcanzan por sí solas el nivel de tawâtur[13] Algunos de los sabios sunnitas han considerado a la creencia en el Imam Mahdi (P), común a todas las escuelas islámicas[14] . Otra serie de sabios sunnitas escribieron libros sobre el Imam Mahdi (P) y los signos de su aparición[15]Veamos un ejemplo entre las tantas narraciones del noble profeta de parte de los sabios sunnitas: “Si quedase nada más que un solo día de vida del mundo, Dios Altísimo alargaría ese día hasta que un hombre de mi Familia y que posee mi mismo nombre ejerza el gobierno (y llene la Tierra de justicia así como estaba llena de opresión y tiranía). [16]

De parte de Ummu Salma narraron que el Mensajero de Dios (BPD) dijo: “El Imam Mahdi es de mi Familia y es de los hijos (la Descendencia) de Fátima”. [17]

Narraron de Ibn ‘Abbas que el noble profeta (BPD) dijo: “Ciertamente ‘Ali es el Imam (líder religioso político de parte de Dios ), de la Comunidad (de los musulmanes, Ummah), luego de mí, y el Restaurador Esperado será de su descendencia, y cuando aparezca llenará la Tierra de justicia luego de que estuviese repleta de injusticia y tiranía.[18]

El ocultamiento y su secreto

De las características especiales del doceavo Imam, que Dios apresure su noble venida, que ha sido enfatizado en las narraciones provenientes de la Familia del profeta, la paz sea con ello, es el de su ocultamiento. Por ejemplo, ‘abdul ‘Azim Hasani narró del Imam Muhammad Taqi narró de su padre y éste del Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, que dijo: “Nuestro Restaurador (literalmente, Quien se levanta), tendrá un largo ocultamiento y es como si viese a los shi’as en el tiempo de su ocultación como animales hambrientos en búsqueda de pastizales pero no lo encuentran. Sepan que quien de ellos se mantenga firme en su religión y no se le endurezca el corazón producto de lo extenso de la ocultación de su Imam, en el día del juicio estará conmigo en el mismo grado que yo. Luego dijo: “Cuando nuestro Restaurador se levante no hará un pacto de obediencia con nadie (y ningún gobernante opresor tendrá poder sobre él), es por eso que nacerá en forma oculta y se ocultará de la mirada de la gente”.

Se narró del Imam Sayyâd, la paz sea con él, (el cuarto Imam), de su padre y éste del Príncipe de los Creyentes, la paz sea con ellos, que dijo: “Nuestro Restaurador tendrá dos ocultamientos, una más larga que la otra y solamente quienes posean una certeza fuerte y un conocimiento correcto se mantendrán firmes bajo su liderazgo”. [19]

Para aclarar el secreto del ocultamiento debemos echar una mirada al destino de los Imames, la paz sea con ellos. Como sabemos, después del mensajero de Dios (BPD), la mayoría de la gente juró fidelidad a Abu Bakr como califa, luego a Omar y luego a ‘Uzman que al final del período de su mandato - debido a numerosos desórdenes producto de sus discriminaciones -, se produjo una rebelión, lo asesinaron y juraron fidelidad a ‘Ali, la paz sea con él. Esta eminencia que era califa por parte de la designación de Dios Altísimo y su mensajero (BPD), durante todo el período del gobierno de los tres primeros califas se mantuvo en (relativo) silencio para observar el interés de una sociedad islámica recién fundada y no habló sino para completar su prueba (sobre los demás) y al mismo tiempo, no dejó de emprender toda acción que fuera favorable al Islam y a los musulmanes.

Pero durante el período de unos pocos años de su gobierno tuvo que ocuparse de las guerras de “El Camello”, de Muawia en Siffin y con los Jauâriy en Nahravân y luego fue martirizado por uno de los Jauariy.

El Imam Hasan al Muytabâ (la paz sea con él) fue envenenado por orden de Muawia. Luego de éste, su hijo Iazid que no observaba ni la apariencia del Islam (en su conducta, sus palabras y gobierno) se recostó en el poderío Omeya (para ejercer ilegítimamente el califato). Así continuaba el camino descendente hasta intentar hacer desaparecer todo rastro y nombre del Islam. Por ello, el Imam Husein (P) no vio más remedio que levantarse y despertar hasta un cierto punto a los musulmanes y salvar al Islam de su desaparición. Pero no se dieron las condiciones sociales para establecer el gobierno islámico justo y por esa razón, el resto de los puros Imames (P), se dedicaron a fortalecer las bases doctrinales y difundir las ciencias y las leyes del Islam, a educar y purificar a las almas calificadas y dentro de los límites que las condiciones permitían invitaban a la gente en forma secreta a luchar con los opresores y tiranos y les albriciaban la implantación de un gobierno divino mundial. Finalmente, uno después del otro, fueron martirizados.

De todas maneras, los puros Imames, la paz sea con ellos, pudieron explicar el Islam a la gente durante el período de dos siglos y medio, sobrellevando dificultades y presiones extraordinarias. Parte de esa tarea la hicieron en público y parte en forma privada para sus seguidores (los shi’as) y sus compañeros especiales. De esa manera esparcieron los conocimientos islámicos en sus distintas dimensiones a lo largo de la sociedad musulmana, garantizando la permanencia de la shari’a (jurisprudencia) del profeta Muhammad, la bendición y la paz de Dios sean con él y con su Purificada Descendencia. Mientras tanto, en los distintos rincones del mundo islámico formaron grupos para luchar contra los gobernantes opresores y al menos pudieron en parte, poner límites a las opresiones y las fantasías egolátricas de los arrogantes.

Pero lo que provocó el terror y la intranquilidad de los gobernantes tiránicos era la promesa de la aparición del Imam Mahdi, que Dios apresure su llegada, que amenazaba sus existencias. Por ello, los gobernantes contemporáneos del Imam Hasan al Askari, la paz sea con él, el padre del Imam Mahdi (P), vigilaron severamente al Imam de modo de matar al primer hijo varón que pudiese llegar a tener o martirizarlo a temprana edad. Pero la Voluntad de Dios dispuso que nazca y sea conservado para la salvación de la humanidad y por ello en la época de la vida de su padre, hasta la edad de treinta y cinco años, salvo los compañeros más íntimos de los shi’as, nadie lo visitaba. Luego del martirio de su gran padre, el contacto del Imam con la gente se dio a través de cuatro representantes[20]. Estos cuatro representantes asumieron honrosamente esa representación particular, uno después del otro (durante unos setenta años, la llamada “Pequeña Ocultación”.), y luego dio comienzo por un tiempo no determinado la llamada “Gran Ocultación”, hasta el día que la sociedad humana, esté lista para aceptar el gobierno divino mundial y aparezca por orden de Dios .

Por lo tanto, el secreto principal del ocultamiento del Imam es que esté a salvo del daño de los opresores y tiranos arrogantes. En algunas narraciones se mencionan otras razones, entre las cuales podemos citar un examen para la gente que ver hasta qué punto permanecen firmes mientras se completa la prueba de Dios para la gente (es decir, la prueba de que los hombres, -luego de que no han aprovechado el envío de los Imames previos por parte de Dios -, por sí solos, sin la ayuda de Dios y el líder designado por él no pueden edificar una sociedad justa plenamente y quedan a merced de la injusticia y los tiranos).

Por supuesto en la época de la ocultación la gente no queda privada completamente de todos los beneficios y de acuerdo a un dicho del profeta, sus beneficios se comparan con el beneficio del sol tras las nubes[21], por lo que algo de su luz (y calor) llega al mundo, así como un número incontable de gente acceden a visitarle aunque de modo desconocido y se benefician del Imam para superar dificultades materiales y espirituales.

Fundamentalmente, la vida del Imam es un importante agente para el apoyo y la esperanza de la gente para que se reformen a sí mismos y se preparen para su venida.

Fuente: Enseñanza de La Doctrina Islámica, Editorial Elhame Shargh

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[1] Muntajaabu al azaar fii al Imami az Zani ‘ashar, tomo 3, pág. 10 a 14.

[2] Biharu al Anuaar; Gaiaatu al Maraam; izbaatu al Huda, y otras compilaciones de narraciones.

[3] Sagrado Corán: cap.4, vers.165.

[4] Idem. Cap: 9, vers. 33; cap: 48, vers. 28; cap: 61, vers. 9. Bihaarul Anuaar, tomo 51, pág. 50, tomo 22, pág. 60, tomo 58 , 59.

[5] Sagrado Corán: cap.4, vers. 105.

[6] Idem: cap: 7, vers.128.

[7] Idem. Cap: 28: vers. 5.

[8] Bihaaru al Anuaar, tomo 51, pág. 54; tomo. 35, pág. 63,64.

[9] Idem. Capítulo Nur, vers. 55.

[10] Bihaaaru al Anuar, tomo 51: pág. 58; tomo 50, pág. 54; tomos: 34 y 64.

[11] Como el versículo que dice: “Y sea la religión toda para Dios”, o “El remanente de Dios es mejor para vosotros si sois creyentes”.

[12] Bihaaru al Anuaar, tomo 51, pág. 44, 64.

[13] Saua’iqu ibn Hayar: pág. 99; Nauar al Absar de Shablanyi, pág. 155; As’afu Ragibiin: pág. 140; Futuhatul Islamia: tomo 2, pág .211.

[14] Sharh ibn ‘Abi al Hadid del Nahyul Balagah: tomo 2, pág. 535; Saba’iku ad-dahab Sauidi, pág. 87; Gaiaatul Ma´mul: tomo .5, pág. 362.

[15] Como el libro: Al Baian fi ajbari Sahibu Zaman, escrito por Hafiz Muhammad ibn Yusuf Ganyi Shafi’i , que vivió en el siglo séptimo; y el libro Al Burhan fi ‘alamati Mahdi ajiru Zaman, escrito por Mutaqqi Hindi que vivió en el siglo décimo.

[16] Sahihu Tirmidi, tomo 2, pág. 46; sahihu Abu Dawud: tomo 2, pág. 207; Masnad ibn Hanbal: tomo 1, pág. 378; Ianabii’u al- Mawaddat: pág. 186, 258, 440, 488, 490.

[17] As’af Ragibiin, pág. 124, narrado de Sahihu al Muslim, Abu Dawud, Nisai, Ibn Maya y Baihaqi.

[18] Ianabii’u al- Mawaddat, pág. 294).

[19] Muntajabu al Azar, pág. 2519.

[20] ‘Uzman ibn Sa’id; Muhammad ibn ‘Uzman ibn Sa’id, Husein ibn Ruh y ‘Ali ibn Muhammad Samarri.

[21] Biharu al Anuar, tomo 52, pág. 92.

Palabras claves
El Imam Mahdí,la promesa divina,el gobierno mundial,doctrina islámica,islam chia,Islam Shia
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El Imam Mahdí (que Dios apresure su llegada), la promesa divina y el gobierno mundial - Enseñanza de la Doctrina Islámica.pdf (140.4 KB)
Autor
Ayatola M. T. Misbah Iazdi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Wed, 18 Oct 2023 - 09:32
By admin , 17 October 2023

La infalibilidad y el conocimiento del Imam - Enseñanza de la Doctrina Islámica

Enseñanza de la Doctrina Islámica

La infalibilidad y el conocimiento del Imam

Por Aiatollah M. T. Misbah

Introducción

Como hemos señalado, la diferencia entre shi’itas y sunnitas en relación con el tema del Imamato, abarca tres temas: el primero es que el Imam debe ser designado por parte de Dios, el segundo es que debe poseer el hábito de la infalibilidad y el tercero es que debe poseer el conocimiento dado por Dios. En la lección treinta y siete demostramos estos tres temas con un argumento racional y en la lección treinta y ocho hicimos referencia a algunas de las tradiciones transmitidas a modo de prueba (por transmisión de la tradición) acerca de la designación divina de los Puros Imames, la paz sea con ellos. En esta lección nos ocuparemos de ver los temas de la infalibilidad y el conocimiento divino de ellos.

La infalibilidad del Imam

Luego de demostrar que el Imamato es un rango otorgado por Dios que le concedió a ‘Ali ibn Abi Talib y a sus hijos (y a algunos descendientes de éstos), la paz sea con ellos, podemos deducir la infalibilidad de ellos de este versículo coránico: “No alcanza mi pacto a los opresores”[1], en donde vemos que Dios no otorga este rango a quienes están manchados por el pecado. También el versículo Ulul Amr, Quienes detentan la autoridad entre vosotros[2], que exhorta a la obligación de una obediencia incondicional a ellos y de cómo se la une a la obediencia al mensajero de Dios (BPD) (que también es incondicional y unida a la obediencia a Dios. N.T.). La obediencia a ellos no se opone nunca a la obediencia a Dios Altísimo, por lo que la orden de obedecerlos incondicionalmente constituye por sí la garantía de su infalibilidad.

De la misma manera, la infalibilidad de la Familia del Profeta, la paz sea con ellos, puede demostrarse con el versículo de la purificación: “Ciertamente ha querido Dios apartar de vosotros la impureza, familia del profeta y purificaros completamente”. [3]. La obligación legal divina (tashri’i) de parte de los siervos para purificarse no se limita a persona alguna (todos están llamados a purificarse de los pecados, no solamente la familia del profeta. N.T.), por lo que esta voluntad divina específica para la familia del profeta, la paz sea con ellos, es una voluntad existencial divina que no admite negativa u oposición, tal como dice el Sagrado Corán cuando afirma: “Únicamente Su orden cuando desea algo es que le dice Sea y es.”[4] (Sagrado Corán: cap. 36, vers. 82). La purificación total y el apartar cualquier tipo de impureza es la infalibilidad.

Sabemos que ningún grupo de musulmanes sostiene la infalibilidad de los allegados en parentesco al profeta (BPD), salvo los shi’as que consideran infalibles únicamente (entre todos los numerosos parientes del profeta) a Fátima Zahrá, la hija del profeta y a los doce Imames, la paz sea con ellos.

Es necesario recordar que más de setenta narraciones cuya mayoría son transmitidas por parte de los hermanos de la escuela sunnita muestran que ese versículo (el de la purificación total), descendió sobre los cinco purificados (el Mensajero de Dios, Fátima, ‘Ali, al Hasan y al Husein, la bendición y la paz de Dios sea con ellos)[5].

El sheij Saduq narra del Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, que el Mensajero de Dios dijo: “¡Oh ‘Ali!, este versículo descendió sobre ti, al Hasan, al Husein y los Imames de tu descendencia”.

Pregunté: ¿Los imames luego de ti cuántos son? Dijo: Tú, oh ‘Ali, y luego Hasan, luego, Husein, y luego de él, su hijo ‘Ali, luego su hijo Muhammad, luego su hijo Ya’far, luego su hijo Musa, luego su hijo ‘Ali, luego su hijo Muhammad, luego su hijo ‘Ali, luego su hijo Hasan y luego su hijo Huuyat (la Prueba de Dios que es Al Mahdi).

Luego agregó: Ciertamente sus nombres están inscriptos en el pie del trono divino y yo pregunté de Dios Altísimo de quién son estos nombres. Me dijo: ¡Oh Muhammad!, ellos son los Imames luego de ti que han sido purificados y son infalibles. Sus enemigos serán maldecidos por mí.[6].

De la misma manera, la narración de Az Zaqalain (los dos tesoros valiosísimos) en la que el noble profeta (BPD) equipara al Generoso Corán con su Familia y enfatizó que nunca se separarán entre sí, es una prueba clara sobre la infalibilidad de la Familia del Profeta porque la realización de un pecado por más pequeño que sea implica una separación con el Sagrado Corán (que está libre de todo error o alteración).

El conocimiento del Imam

Sin dudas, la Familia del Profeta (BPD) se beneficiaban más que los demás del conocimiento profético, por eso el profeta dijo: “No les enseñen puesto que son más sabios que vosotros”[7]. Especialmente la persona de Amirul Mu’minin, la paz sea con él, que desde niño fue criado por el mensajero de Dios y hasta el final de la vida del profeta estuvo junto a él, obediente y aprendiendo de su ciencia. El profeta dijo: “Yo soy la ciudad de la sabiduría y ‘Ali es su puerta”[8] .

Del mismo Príncipe de los Creyentes, la paz sea con él, se narró que dijo: “Ciertamente el mensajero de Dios, la bendición y la paz de Dios sean con él y su Familia Purificada, me enseñó mil puertas de la sabiduría y cada una de estas puertas abría mil puertas, por lo tanto eran un millón de puertas, hasta que me enseñó lo que aconteció y lo que sucederá hasta el Día del Juicio. Aprendí la ciencia de las muertes, las aflicciones y el juicio correcto” (de los litigios de acuerdo a la verdad. N.T.)[9].

Pero las ciencias de la Familia del Profeta, (P), no se limitaba a lo que habían recibido directamente o indirectamente del noble profeta (BPD), sino que también gozaban de un conocimiento extraordinario en la forma de inspiraciones o palabras otorgadas por Dios [10] . Semejantes a las inspiraciones que le eran dadas a Jidr o Dhul Qarnain[11] , o la Virgen María o la madre de Moisés, la paz sea con ellas[12]. Luego en el Sagrado Corán se habla de revelación que por supuesto no posee el significado de la revelación de la profecía. Era un tipo de conocimiento de acuerdo al cual algunos de los Puros Imames (P), cuando asumían el Imamato siendo niños conocían todas las cosas y no necesitaban de aprender de otros.

Este asunto se desprende de una cantidad de narraciones de parte de los propios Imames, la paz sea con ellos, y teniendo en cuenta su infalibilidad, su carácter de prueba concluyente (huyyah) queda demostrada. Antes de dedicarnos a citar algunos ejemplos, queremos señalar un versículo del Sagrado Corán que habla de una persona o de unas personas con las siguientes características: Quien posee el conocimiento del libro (todo el libro)[13], y presenta a esa persona como testigo de la veracidad del noble profeta (BPD). El versículo completo es como sigue: Di (¡Oh Profeta!): es suficiente Dios como testigo entre yo y vosotros y quien posee el del libro.[14]

Sin lugar a dudas, la persona cuyo testimonio se lo une al de Dios Altísimo y la posesión del conocimiento de todo el libro (revelado) le valió la elevadísima condición de su testimonio, poseía un rango y jerarquía sublimes.

En otro versículo se hace referencia a este testigo y se lo considera seguidor inseparable del mensajero de Dios (BPD): ¿Acaso quien se basa en una evidencia de parte de su Señor , recitada por un testigo de él… (Del mensajero)[15]. El término de él, significa que este testigo es de los parientes del mensajero de Dios (BPD) y de su Familia o Gente de su Casa (los infalibles no cualquier pariente). Abundantes narraciones, tanto de la Shia como de la Sunna muestran que este testigo es ‘Ali ibn abi Tâlib, la paz sea con él.

Por ejemplo, uno de los sabios sunnitas que testimonian lo que decimos es Ibn Magazali Shafei, quien narró de ‘Abdullah ibn ‘Ata que un día estaba en presencia del Imam Baqir, (P), en donde el hijo de ‘Abdullah ibn Salam, uno de los sabios del Libro (Cristianos o Judíos) que en tiempos del mensajero de Dios (BPD) se islamizó, pasó cerca de nosotros. Pregunté al Imam, ¿acaso el significado del versículo: Quien posee el conocimiento del libro, se refiere a él? Me dijo, no, se refiere a ‘Ali ibn Abi Tâlib (P) y también el versículo que dice: y recitada por un testigo de él, y el versículo: Únicamente son vuestra autoridad, Dios, Su mensajero y quienes creen…[16], fueron revelados en referencia a ‘Ali. Además fueron narradas en ambas escuelas el significado de “testigo de él”, en el capítulo de Hud (número 10 del Sagrado Corán), es ‘Ali ibn Abi Tâlib (P).[17]. De acuerdo a lo mencionado en relación a la preposición unida al pronombre (“de él”), no se puede referir sino al Príncipe de los creyentes (P).

La importancia de poseer “el conocimiento del libro”, queda evidenciada cuando vemos la alusión coránica a la historia del profeta Salomón (P) y su pedido para que le traigan el trono de Bilqis (la reina de Saba en Yemen). Al respecto el Sagrado Corán dice: Y dijo quien poseía una parte del conocimiento del libro (revelado): Yo te lo traeré (al trono de Bilqis) antes de que parpadees.[18]

De este versículo se comprende que si el conocimiento que poseía Âsif ibn Barjiá -el auxiliar y sucesor del profeta Salomón (P)-, del libro revelado tenía semejante extraordinario efecto como el de poder traer el trono de Bilqis antes de un parpadeo, pues entonces, cuánto más extraordinario efecto habrá de tener el poseer todo el conocimiento del libro. Este punto fue referido por el Imam as-Sâdiq (P) en una narración transmitida por Sudair donde éste dice: “Yo, Abu Basir, Iahaia ibn Bazzâz y Dawud ibn Kazir, estábamos en una reunión pública con el Imam as-Sâdiq (P) cuando lo vimos entrar enojado y luego de sentarse dijo: Me sorprende la gente que piensa que nosotros tenemos el conocimiento de lo oculto, cuando salvo Dios Altísimo nadie posee el conocimiento de lo oculto. Yo quise reprender a mi sirvienta pero se escapó y no supe a cuál habitación fue.[19]

Sudair dice que cuando el Imam se levantó para dirigirse a sus aposentos interiores, Abu Basir, Maizam y yo lo seguimos y le dijimos: “Seamos sacrificados por ti, ¡Oh Imam! Hemos escuchado lo que dijiste acerca de esa sirvienta y creemos que poseéis abundantes conocimientos, pero no pretendemos que tengáis conocimiento de lo oculto”. El Imam dijo: ¡Oh Sudair!, ¿acaso no has leído el Corán? Dije: si. Dijo el Imam, leíste este versículo: “Dijo quien poseía una parte del conocimiento del libro (sagrado), yo te lo traeré (al trono de Bilqis) antes de que parpadees.”. Dije: sea sacrificado por ti, lo he leído. Dijo el Imam: ¿Sabes esta persona qué cantidad del libro conocía? Dije, dime. Dijo: la medida de una gota de agua de un inmenso mar. Luego dijo, ¿acaso leíste este versículo?: “Di, es suficiente con Dios como testigo entre mí y vosotros y quien posee (todo) el conocimiento del libro.” Dije, sí. Dijo el Imam: ¿Quién es más sabio, quien tiene el conocimiento de una parte del libro o quien posee el conocimiento de todo el libro? Dije, quien posee el conocimiento de todo el libro. El Imam, entonces, señaló su pecho y dijo: Juro por Dios, el conocimiento de todo el libro está junto a nosotros, por Dios el conocimiento de todo el libro está junto a nosotros[20].

A continuación, señalaremos otras de las narraciones en relación con el conocimiento de Ahlul Bait (P). El Imam Ridâ (P), en un dicho muy extenso sobre el Imamato dijo: “Cuando Dios Altísimo elige a alguien como Imam para la gente, le otorga una alma amplia, tolerante, generosa e indulgente y abre en su corazón las fuentes de la sabiduría, le inspira conocimiento para que no quede sin poder responder ninguna pregunta y no quede perdido con respecto a reconocer la verdad. Es infalible y avalado, y Dios le confiere éxito y firmeza, quedando a salvo de los errores y pecados. Dios Altísimo le otorga estas cualidades para que sea una prueba para los siervos y sea testigo sobre las criaturas. Este es un don de Dios que confiere a quien El quiere.”

Luego agregó: ¡¿Acaso la gente puede conocer a alguien así y elegirlo!? ¡¿Acaso los que ellos eligen tienen estas cualidades?! [21]

De parte de Hasan ibn Iahia Madâini se narra que le preguntaron al Imam as-Sâdiq (P): ¿Cuándo le preguntan algo a un Imam, cómo responde, con qué conocimiento? Dijo, se le inspira, o a veces escucha de un ángel y a veces ambas.[22]

En otra tradición se narra que el Imam as-Sâdiq (P) dijo: “el Imam que no sepa qué aflicción le alcanza y en qué termina su acción, no será una prueba de Dios para Sus siervos”.[23]

Y también se han narrado otras tradiciones de este Imam que dijo: “Cada vez que un Imam quiere saber algo, Dios lo hace consciente de ello”.[24]

En otras numerosas narraciones se transmitió del Imam as-Sâdiq (P) que dijo: “El Espíritu (Ruh) es una criatura más majestuosa que el ángel Gabriel (P) y Miguel (P) que estaba con el Mensajero de Dios (BPD), luego de él está con los Imames y los apoya” [25]

Fuente: Enseñanza de La Doctrina Islámica, Editorial Elhame Shargh

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com  Fundación Cultural Oriente

 

[1] Sagrado Corán: cap. 2, vers. 124.

[2] Idem: cap: 4, vers. 59.

[3] Idem. Cap.: 33, vers. 33.

[4] Para más información sobre este versículo, ver el libro de exégesis coránica, al-Mizan y el libro al Imamatu ual Uilaiat fi al Qurán al Karim.

[5] Gaiaatul Maraam, pág. 287-293.

[6] Gaiaatu al Maraam (ed. Antigua), pág. 293, tomo 6.

[7] Gaiaatul Maraam, pág. 265, Usuul al-Kafi, tomo 1, pág. 294.

[8] Mustadrak Hakim, tomo 2, pág. 226. Es interesante que un sabio sunnita escribió un libro titulado, “Fathul Mulk”, en relación a la corrección de este hadiz sobre ‘Ali, que ya hace unos ochenta años fuera publicado en el Cairo.

[9] Ianabi’ul Mauaddah, pág. 88, Usul al-Kafi, tomo 1, pág. 296.

[10] Usul al-Kafi, el libro de la Prueba, pág. 264 y 270.

[11] Usul al-Kafi, tomo 1, pág. 268.

[12] Sagrado Corán, cap: 18, vers. 65 a 98; cap: 3, vers. 42; cap: 19: 17 a 21; cap: 20, vers. 38; cap: 28, vers. 7.

[13] Idem. Cap: 13, vers. 43.

[14] Idem.

[15] Idem: Cap.: 11: vers. 17.

[16] Sagrado Corán: cap. 5, vers. 55.

[17] Gaiaatul Maraam ed antigua, pág. 359-361.

[18] Idem. Cap. 28, vers. 40.

[19] La continuación de la narración muestra que en la reunión había gente que no era de confianza y debe saberse que el conocimiento de lo oculto que es exclusividad de Dios es el conocimiento que no necesita ser enseñado (entre los hombres), tal como el Príncipe de los creyentes (P) en respuesta a quien preguntó: ¿Acaso usted posee el conocimiento de lo oculto?, respondió: Únicamente se aprende (el conocimiento de lo oculto), de quien es el Dueño del conocimiento. Sabemos que todos los profetas y muchos de los aulia - santos allegados a Dios - , poseían conocimientos ocultos provenientes de las revelaciones recibidas y de las inspiraciones. Unos de los ejemplos que está fuera de toda duda, es el ejemplo coránico de la madre del profeta Moisés (P) a quien Dios le inspiró: “Ciertamente te lo devolveremos y lo estableceremos entre los mensajeros”. (Sagrado Corán: cap. 28, vers.7.

[20] Usul al-Kafi: tomo1, pág. 257.

[21] Idem: tomo 1, pág. 198-203.

[22] Biharul Anuaar, tomo 26, pág. 58.

[23] Usuu al- Kafi, tomo 1, pág. 258.

[24] Idem: tomo 1; pág. 258.

[25] Idem. Tomo 1, pág. 273.

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La infalibilidad del imam,conocimiento del Imam,Doctrina Islámica,Islam Chia,Islam shia
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Autor
Ayatola M. T. Misbah Iazdi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Tue, 17 Oct 2023 - 13:32
By admin , 14 October 2023

La designación del Imam - Enseñanza de la Doctrina Islámica

Enseñanza de la Doctrina Islámica

La designación del Imam

Por Aiatollah M. T. Misbah

La designación del Imam

En la lección anterior explicamos que la culminación de la profecía sin la designación del Imam infalible se oponía a la sabiduría divina y la perfección de la religión universal e imperecedera del Islam depende de que luego del noble profeta (BPD) se designe un sucesor adecuado para él, de modo que salvo el rango de la profecía y la recepción del mensaje posea todos los rangos y jerarquías divinas que él ostenta.

Este asunto se desprende de los versículos del generoso Corán y de abundantes narraciones proféticas que tanto shi’as como sunnas han transmitido en relación con la exégesis de esos versículos.

Por ejemplo, en el tercer versículo del capítulo quinto (La Mesa Servida), el Sagrado Corán afirma: “Hoy os he completado vuestra religión, he consumado mis bendiciones sobre vosotros y me complace el Islam como vuestra religión”.

Este versículo de acuerdo a los intérpretes fue revelada en la Peregrinación de la Despedida (del Profeta, que anunció su futuro fallecimiento con respecto al siguiente año) y que ocurrió unos meses antes de la muerte del noble profeta (BPD), luego de señalar la desesperanza de los incrédulos con respecto a poder vencer al Islam: “Hoy desesperan los incrédulos respecto a vuestra religión”, enfatiza que en ese día completó su religión (la de los musulmanes) y consumó sus bendiciones sobre ellos. De acuerdo a numerosas narraciones sobre el momento del descenso de este versículo queda totalmente claro que esta completitud y culminación - que está ligada a la desesperanza de los incrédulos (los enemigos del Islam) de poder destruir al Islam - se concretó con la designación de un sucesor de parte de Dios Altísimo para el noble profeta (BPD), puesto que los enemigos del Islam esperaban que luego de la muerte del mensajero de Dios (BPD), especialmente teniendo en cuenta que no tenía hijos varones, el Islam quedase sin un líder y por lo tanto quedase expuesto a la debilidad y extinción. Pero con la designación del sucesor para él, la religión del Islam alcanzó su completitud y la bendición divina llegó a su máxima plenitud, barriendo con ello todas esperanza de los incrédulos[1].

El modo en que tuvo lugar ese acontecimiento fue que al regreso de la Peregrinación de la Despedida, el noble profeta (BPD) reunió a los peregrinos en un lugar llamado Gadir Jum y llevó a cabo una disertación pormenorizada, les preguntó: ¿Acaso no tengo supremacía sobre ustedes? [2] ¿Acaso no poseo sobre vosotros de parte de Dios Altísimo una supremacía? Todos respondieron afirmativamente al unísono. En ese momento agarró la mano de ‘Ali, la paz sea con él y la alzó a la vista de la gente y dijo: “De quien yo soy su autoridad, éste, ‘Ali es su autoridad”, y de este modo anunció su autoridad divina por sobre el resto. Luego, todos los presentes le juraron fidelidad (de obediencia y ayuda), entre los cuales el segundo califa, cuando le estrechó la mano al Príncipe de los Creyentes, ‘Ali, en señal de reconocimiento y fidelidad, le dijo felicitándolo: Bah bah, felicitaciones, ¡oh ‘Ali!, te has convertido en mi soberano y soberano de todo creyente y toda creyente[3].

En este día fue que descendió este noble versículo: Hoy os he completado vuestra religión, os he consumado mis bendiciones y me satisface el Islam como vuestra religión. El noble profeta (BPD) engrandeció a Dios con la fórmula: ¡Dios es el más Grande! Y dijo: Toda mi profecía y toda la religión de Dios está en la autoridad de ‘Ali después de mí.

En las narraciones que algunos de los sabios sunnitas (Hamuini), se transmitió que Abu Bakr y ‘Umar se levantaron y preguntaron, ¿Acaso esta autoridad es especial de ‘Ali?, el profeta respondió: Es especial de ‘Ali y mis sucesores hasta el día del Juicio Final. Preguntaron: ¿Quiénes son tus sucesores? Respondió: ‘Ali, mi hermano, mi ayudante, mi heredero, mi testaferro y mi sucesor en mi comunidad y autoridad de todo creyentes después de mí. Luego, mi hijo, al Hasan, luego mi hijo al Husein, luego nueve de los hijos de mi hijo, al Husein, uno después del otro. El Corán está con ellos y ellos con el Corán, no se separarán de él y no se separará de ellos hasta que vengan a mí en la fuente de la entrada del Paraíso[4].

De acuerdo a lo que se desprende de muchas narraciones, el noble profeta (BPD), había sido ordenado difundir oficialmente el imamato (el liderazgo) del Príncipe de los Creyentes, ‘Ali ibn Abi Tâlib, la paz sea con él, con anterioridad, pero temía que la gente piense que esta designación podía ser una opinión personal y no la aceptasen, por ello estaba a la espera de un momento apropiado donde se diesen las condiciones, hasta que descendió el siguiente versículo: ¡Oh Mensajero!, difunde lo que te ha sido revelado por tu Señor y si no lo haces, no habrás difundido Su mensaje y Dios te protegerá de la gente.[5] Además de enfatizar la necesidad de difundir este comunicado divino que está en armonía con todos los otros mensajes y equiparar su no difusión con la no difusión de la totalidad del mensaje divino, Dios promete al mensajero que lo protegerá de todos los efectos negativos que pudiera acarrear este versículo revelado. El mensajero de Dios vio que había llegado el momento apropiado y no convenía retrasarlo más, por eso lo llevó a cabo en Gadir Jum (estratégico lugar donde se separan las caravanas que retornan de la peregrinación hacia los distintos lugares de Arabia) [6].

Por supuesto, lo que se refiere a este día particular tiene que ver con la anunciación oficial y el tomar el pacto de obediencia y fidelidad de la gente porque el profeta todo a lo largo de su misión, en diferentes ocasiones, había anunciado la sucesión de el Príncipe de los Creyentes, ‘Ali ibn Abi Tâlib (P). Ya desde los primeros años del comienzo de la misión profética, cuando descendió el versículo: Y amonesta a tus parientes cercanos[7] , frente a todos sus parientes, dijo: quien primero acepte mi invitación será mi sucesor y de acuerdo a ambas escuelas, shi‘a y sunna, quien primero respondió afirmativamente fue ‘Ali ibn Abi Tâlib (P)[8].

También en el momento que descendió el siguiente versículo: Oh vosotros que creéis, obedeced a Dios, obedeced al mensajero y a quienes detentan la autoridad entre vosotros[9] . Con respecto a quienes detentan el poder entre vosotros y que al igual que Dios y Su mensajero deben ser obedecidos incondicionalmente, Yâbir ibn ‘Abdullah al Ansâri, le preguntó al profeta: ¿Esta autoridades cuya obediencia fue unida a la tuya quiénes son? Respondió: “Ellos son mis sucesores, ¡Oh Yâbir! Y son los líderes de los musulmanes luego de mí. El primero de ellos es ‘Ali ibn Abi Tâlib, luego el Hasan, luego, el Husein, luego ‘Ali ibn al Husein, luego Muhammad ibn ‘Ali, conocido en la Torá como el enjundioso en las ciencias (Bâqir al ‘ulum), lo verás ¡Oh Yâbir!, cuando lo encuentres dale mis saludos, luego As-Sâdiq Ya’far ibn Muhammad, luego Musa ibn Ya’far, luego ‘Ali ibn Musa, luego Muhammad ibn ‘Ali, luego ‘Ali ibn Muhammad, luego al Hasan ibn ‘Ali, luego quien posee mi nombre y mi alcurnia, la prueba de Dios en Su tierra y el remanente de Dios para Sus siervos, ibn al Hasan ibn ‘Ali…[10] . De acuerdo a la profecía del noble profeta (BPD), Yâbir vivió hasta la época del Imamato del Imam Bâqir (P), y le dio los saludos del profeta.

En otra narración, se narra de Abu Basir que dijo: Le pregunté al Imam Sâdiq (P), sobre el versículo de “quienes detentan la autoridad entre vosotros” y me respondió: este versículo descendió por ‘Ali ibn Abi Tâlib, Hasan y Husein. Pregunté, la gente se pregunta por qué el Sagrado Corán no menciona a ‘Ali y a su Familia (P). Me dijo, diles: cuando descendió el versículo de la oración, ¿acaso especificó cuántos ciclos, si tres o cuatro?, y fue el mensajero de Dios (BPD) quien lo explicó a la gente. Lo mismo, los versículos del zakat (impuesto religioso), la peregrinación y otras cuestiones (importantes del Islam). Este versículo también debía ser explicado por el noble profeta (BPD) a la gente y él dijo: “De quien yo soy su autoridad, éste ‘Ali es su autoridad” y también dijo: “Os recomiendo el libro de Dios y mi familia, pues le pedí a Dios, Glorioso y Majestuoso que no los separe a ambos hasta que vengan a mí en la fuente del Kauzar” (Paraíso). También dijo: “No pretendan enseñarles puesto que son más sabios que ustedes, ellos no os extraerán de la puerta de la guía y no os introducirán en la puerta de la desviación”[11].

Además, muchas veces, incluyendo el momento previo a su muerte, el profeta dijo: “Ciertamente os dejo entre ustedes después de mi dos cosas valiosísimas, el libro de Dios y a mi Familia, ambas no se separarán hasta venir a mí junto a la fuente”[12].

Otros dichos del profeta narran que afirmó: “Sed conscientes que ciertamente el ejemplo mi familia entre vosotros es como el ejemplo de la barca de Noé, quien asciende a ella se salva y quien se aparta de ella se ahoga”[13] .

Muchas veces dirigiéndose a ‘Ali (P), dijo: “Tú eres el Uali, el líder de todo creyente después de mí”.[14] Y tantos otros hadices que no podemos hacer referencia a todos ellos aquí.

Fuente: Enseñanza de La Doctrina Islámica, Editorial Elhame Shargh

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[1] Para una explicación más detallada de este versículo referirse a la Exégesis Al Mizan de ‘Allamah Tabatabai.

[2] Hace referencia a un versículo coránico, el número 6 del capítulo 33 que afirma: “El profeta tiene supremacía por sobre los creyentes”.

[3] Para corroborar la autoridad de las fuentes de esta narración se puede recurrir a los libros ‘Abaqatu al anuar y Al Gadir.

[4] Gaaidu Imram, cap. 58, hadiz 4, narrado por Hamuini.

[5] Sagrado Corán: cap. 5: vers. 67. Para una mayor explicación acerca de este versículo ver, la exégesis al Mizan.

[6] Este asunto fue narrado por los sunnitas a través de siete grandes compañeros del mensajero de Dios (BPD): Zaid ibn Arqam, Abu Sa’id Judri, Ibn ‘Abbas, Yâbir ibn ‘Abdi Llah Ansaari, Bara ibn ‘Azib, Abu Huraira e Ibn Mas’ud. Al Gadir.

[7] Sagrado Corán: cap. 26, vers. 213.

[8] ‘Iqabul Anuar, Al Gadir, Al Muraye’at, carta 20.

[9] Sagrado Corán: cap. 4, pág. 59.

[10] Gaiatul Maram, ed, antigua, pág. 267, tomo 10; Izbatul Huda, tomo 3, pág. 123; Ianaabi’ul Mauaddah, pág, 494.

[11] Gaiatu al Maram, ed antigua, pág. 265, tomo 3.

[12] Esta tradición es también una narración mutawater, que consta de fuentes abundantes e independientes que se remontan también a los infalibles. Los grandes sabios sunnitas, como Tirmidi; Nisa‘i y Hakim Mustadrak ‘ala as-Sahihaiin transmitieron del mensajero de Dios de fuentes diversas.

[13] Mustadrak Hakim, tomo 3, pág. 151

[14] Idem, tomo 3, pág. 111, 144; Sauaiqul Muhriqah, Ibn Hayar, pág. 103; Musnad ibn Hanbal, tomo 1, 331, tomo 4, pág. 438…

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Autor
Ayatola M. T. Misbah Iazdi
Tema
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Sat, 14 Oct 2023 - 11:33

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