El artículo sostiene que la soberanía divina y la soberanía popular no son incompatibles en la teología chiita. Lejos de legitimizare el autoritarismo, la soberanía de Dios establece el fundamento ontológico de la dignidad humana y actúa como barrera contra toda tiranía terrenal. A través de conceptos como el principio de la libertad originaria (asalat adam al-wilayah), la legitimidad basada en el pacto y la anuencia pública (bay’a), el ámbito de legislación delegada al intelecto colectivo (mantiqat al-farag) y el control ético-político sobre el poder, el islam chiita demuestra una profunda convergencia con los valores democráticos y la protección de los derechos ciudadanos.