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Historia-Biografía

By admin , 6 November 2023

Nuestra desgracia en relación al Iytihad de los Compañeros del Profeta que contradice los claros textos - “...Y entonces fui guiado"

“...Y entonces fui guiado”

Nuestra desgracia en relación al Iytihad de los Compañeros del Profeta que contradice los claros textos

 

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

A través de mi investigación deduje que la desgracia que sobrevino a la comunidad islámica se debió al Iytihad de los Compañeros, el cual contradecía los claros textos. De este modo fueron violadas las ordenanzas de Allah y destruida la Tradición del Profeta.

Los sabios y líderes religiosos llegan a hacer analogía del Iytihad que realizaron esos Compañeros y así contradicen a veces los textos proféticos cuando no están de acuerdo con lo que algunos de los Compañeros hicieron. Incluso contradicen los textos coránicos; y no estoy exagerando, pues ya mencioné anteriormente que, a pesar de la existencia del texto del “Taiammum” en el Libro de Allah, como así también en la Tradición confirmada del Mensajero, hicieron su propio Iytihad, y afirmaron que se debía dejar de hacer las oraciones si no había agua. ‘Abdullah ibn ‘Umar justificó esta interpretación de la manera en que ya indicamos en otra parte de esta investigación.

Uno de los primeros Compañeros en abrir la puerta del Iytihad fue el segundo Califa, quien utilizó sus propios puntos de vista contradiciendo los textos coránicos después de la muerte del Mensajero de Allah (BP) para despojar (del Zaqat) a los llamados Al-Mu’alifah Qulubuhum (aquéllos cuyos corazones fueron ganados al Islam por dádivas), para quienes Allah dispuso una parte del Zaqat. Él les dijo: “No tenemos necesidad de vosotros”.

En cuanto a sus interpretaciones de los textos proféticos, son numerosas, e hizo Iytihad muchas veces, aun en vida del Profeta mismo. Ya hemos indicado anteriormente su oposición durante el Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah, y cómo se opuso firmemente a la escritura de la última recomendación del Mensajero y dijo: “Nos es suficiente el Libro de Allah”.

Ocurrió otro incidente entre él y el Mensajero de Allah (BP) que nos muestra claramente la mentalidad de ‘Umar, quien se permitió a sí mismo discutir y oponerse al Poseedor del Mensaje (BP); el incidente fue en relación a las albricias del Paraíso.

El Mensajero de Allah envió a Abu Hurairah con la instrucción de que donde fuera que encontrase a un hombre cuyo corazón estuviera absolutamente convencido de “LA ILAHA ILLA ALLAH” (No hay divinidad sino Allah), le albriciara el Paraíso. Abu Hurairah salió a dar las buenas nuevas hasta que encontró a ‘Umar, quien le impidió continuar su misión y lo golpeó hasta el punto que cayó sentado en el suelo.

Abu Hurairah regresó llorando hacia el Mensajero de Allah y le narró su encuentro con ‘Umar; por lo cual el Mensajero le preguntó a ‘Umar: “¿Qué es lo que te hizo actuar así?”. ‘Umar respondió con otra pregunta: “¿Acaso lo enviaste tú para que albriciara el Paraíso a todo aquél que dijera: “LA ILAHA ILLA ALLAH” con absoluta certeza en su corazón?”. El Mensajero de Allah respondió: “Sí”. ‘Umar dijo entonces: “No hagas eso, pues temo que toda la gente se atenga sólo a (decir): “LA ILAHA ILLA ALLAH” (No hay divinidad sino Allah)”.

También tenemos a su hijo ‘Abdullah ibn ‘Umar, quien temió que la gente dependiera del Taiammum, por lo que ordenó, en ese caso (si no hay agua), no realizar las oraciones.

Desearía que hubieran dejado los textos tal como son y que no los hubieran cambiado con sus interpretaciones fútiles que solo tienden a erradicar las leyes islámicas, a mancillar las obligaciones sagradas dispuestas por Allah, a dividir a la comunidad en diferentes madhahib, y llevan al surgimiento de opiniones diversas y facciones enfrentadas.

Observando las diferentes actitudes que adoptó ‘Umar en relación al Mensajero de Allah y a su Tradición, podemos deducir que él nunca creyó en la infalibilidad del Mensajero y que lo consideraba como cualquier otro hombre que podía tanto equivocarse como acertar.

Es en base a esto que se formó la opinión adoptada por los sabios de la Sunnah y Al-Yama‘ah sobre que el Mensajero de Allah (BP) fue solo infalible con respecto a transmitir el Sagrado Corán, pero que aparte de eso, se equivocaba como cualquier otro ser humano, y como prueba de ello, dicen que ‘Umar corrigió en muchas oportunidades la opinión del Profeta (BP).

Algunas personas ignorantes afirman que el Mensajero de Allah (BP) aceptó las tentaciones del demonio en su casa. Dicen que una vez él estaba tendido de espaldas, rodeado por mujeres que tocaban sus tambores, y que el demonio jugaba alegremente junto a él, hasta que llegó ‘Umar ibn Al-Jattab; entonces el demonio huyó y rápidamente las mujeres escondieron sus tambores bajo sus asientos. El Profeta dijo a ‘Umar: “Tan pronto como el demonio te vio, escapó por un camino diferente al que tú venías”.

Por lo tanto, no es sorprendente que consideren que ‘Umar ibn Al-Jattab podía tener sus propias opiniones sobre la religión y permitirse a sí mismo oponerse al Mensajero de Allah (BP) en temas políticos, e igualmente en los religiosos, como explicamos anteriormente con respecto a las albricias del Paraíso para los creyentes.

A partir de la idea del Iytihad y la utilización de la opinión personal que contrariaba los textos, surgió, o más bien se formó, un grupo de Compañeros guiados por ‘Umar ibn Al-Jattab, a quienes vemos cómo en Iawm-ur Raziiah (El Día de la Desgracia) apoyaron el punto de vista de ‘Umar, contrariando así los claros textos.

También podemos deducir que fueron éstos mismos quienes no aceptaron las estipulaciones de “Al-Gadir” en las cuales el Profeta (BP) confirmó que Ali debía ser su Califa (sucesor) sobre todos los musulmanes, y que esperaron la oportunidad justa para rechazarlas cuando el Profeta murió. La reunión que tuvo lugar en As-Saqifah y la consiguiente elección de Abu Bakr, fueron el resultado de aquel Iytihad.

Cuando consolidaron su control sobre los asuntos, y la gente empezó a olvidar los textos del Profeta relacionados a la sucesión al Califato, comenzaron a interpretar todo. Incluso impugnaron el Libro de Allah, violaron las disposiciones y cambiaron los preceptos.

La tragedia de Fátima Az-Zahra (P) tuvo lugar después de la tragedia de su esposo en relación a la usurpación de su dignidad de Califa. Luego tuvo lugar la tragedia del asesinato de quienes se abstenían del pago del Zaqat. Todo eso a causa del Iytihad que contradecía los textos.

Luego vino el Califato de ‘Umar Ibn Al-Jattab que fue la inevitable consecuencia de ese (tipo de) Iytihad, pues Abu Bakr implementó su propia interpretación y lo designó como su sucesor, suprimiendo así el sistema de Shura (consulta) al cual él mismo se aferraba como argumento para justificar su califato. ‘Umar llegó e hizo que la situación empeorara, pues el mismo “protector de los asuntos de los musulmanes” permitía cosas que habían sido prohibidas por Allah y su Mensajero1 y prohibía lo que Allah y Su Mensajero habían permitido2.

Cuando ‘Uzman llegó al poder después de ‘Umar, dio un gran salto en lo que a Iytihad se refiere. Hizo más de lo que cualquiera de sus predecesores había hecho hasta entonces; tanto es así, que sus interpretaciones comenzaron a afectar la vida política y religiosa en general, dando como resultado la revolución. Pagó con su vida el precio de su Iytihad.

Cuando el Imam Ali (P) se hizo cargo de los asuntos de los musulmanes, se encontró con grandes dificultades para hacer retornar a la gente a la noble tradición profética y al Sagrado Corán, y trató esforzadamente de eliminar todas las innovaciones introducidas en la religión, pero algunas personas se empeñaban en gritar: “...¡Ah! ¡La Tradición de ‘Umar!”.

Estoy convencido de que aquéllos que combatieron y contradijeron al Imam Ali (P) hicieron eso porque él -que la paz de Allah sea sobre él- los forzaba a mantenerse en el camino y a referirse a las correctas estipulaciones. De este modo, erradicó todas las innovaciones e interpretaciones que habían sido añadidas a la religión a lo largo de un cuarto de siglo y a las que la gente se había acostumbrado, especialmente aquellos que estaban sujetos a sus caprichos y codicias mundanales, quienes tomaron de la riqueza de Allah y de la gente para sus propios fines, acumulando oro y plata, y privando a los oprimidos de los derechos básicos que prescribe el Islam.

Siempre encontramos que los arrogantes de todas las épocas tienden hacia el Iytihad y lo ponderan porque les brinda una amplia posibilidad para alcanzar sus fines de alguna manera. En cuanto a los textos, aparecen como barreras en sus caminos que les impiden lograr sus propósitos.

Es digno de mencionar aquí que el Iytihad puede tener sus seguidores en cualquier época y en cualquier lugar, incluso entre los mismos oprimidos, simplemente porque es fácil de implementar y no tiene firmes compromisos.

Debido a que el texto exige obligaciones y carece de libertad, los políticos tienden a llamarlo “norma teocrática”, o sea, norma de Allah; y debido a su libertad y falta de obligaciones, el Iytihad es a veces llamado “norma democrática”, o sea, la norma del pueblo.

Aquéllos que se reunieron en As-Saqifah después de la muerte del Profeta (BP) decidieron abolir el gobierno teocrático que fue establecido por el Mensajero de Allah sobre las bases de los textos coránicos, y lo transformaron en un gobierno democrático donde el pueblo eligió a quien le pareció adecuado para que lo dirigiera. Si bien esos Compañeros no conocían la palabra “democracia”, pues no es una palabra árabe, en cambio conocían el sistema de “Shura”3.

Aquéllos que en el presente no aceptan el texto relacionado a la sucesión al Califato, son los defensores de la “democracia”, quienes se enorgullecen de ello, afirmando que el Islam fue el primero en adoptar tal sistema. Ellos son los defensores del Iytihad y de las reformas, y hoy en día son los más próximos al sistema político occidental, razón por la cual los gobiernos del oeste los glorifican y los llaman musulmanes progresistas y tolerantes.

En cuanto a los Shi‘as, los defensores de la “teocracia” o el gobierno de Allah, rechazan el Iytihad que contradiga los textos, y diferencian entre la norma de Allah y el sistema de Shura. Ellos no encuentran ninguna relación entre Shura y los textos, sino que el Iytihad y el Shura sólo son posibles en aquello donde no hay textos.

Vemos que Allah -Alabado sea- eligió a Su Mensajero Muhammad y aun así Él dijo:

«...Y consúltales sobre el asunto...» (Sagrado Corán; 3:159)

En cuanto a la elección de líderes de la humanidad, Allah dice:

«Tu Señor crea y elige lo que quiere. El elegir no les incumbe» (Sagrado Corán; 28:68)

Cuando los Shi‘as defienden la sucesión del Imam Ali (P) al Califato después del Mensajero de Allah, ellos están, en realidad, aferrándose al texto (Nass); y cuando desacreditan a algunos de los Compañeros, sólo lo están haciendo con quienes reemplazaron el Nass con el Iytihad, de forma que descuidaron las normas de Allah y de Su Mensajero, abriendo una herida en el Islam, que todavía no ha cicatrizado.

Como consecuencia encontramos asimismo que los gobiernos occidentales y sus pensadores, desprecian a los Shi‘as y los llaman religiosos fanáticos y reaccionarios porque quieren regresar al Corán, el cual establece que se debe cortar las manos al ladrón, que el adúltero debe ser lapidado, y exhorta a la gente a luchar en el sendero de Allah. Para ellos todo eso es brutalidad y barbarismo.

A través de este estudio comprendí la razón por la que algunos de los líderes religiosos de la Sunnah wal Yama‘ah cerraron la puerta del Iytihad a partir del siglo II de la Hégira. Quizás fue así debido a lo que había acarreado ese Iytihad sobre la comunidad islámica, desde calamidades y desgracias, hasta guerras sangrientas y devastadoras. Es así como el Iytihad ha transformado a la mejor comunidad que ha surgido de entre la gente, en una comunidad de facciones enfrentadas que combaten entre sí, donde reina la anarquía, y que se aparta del Islam volviendo a la Yahiliiah (período pre-islámico).

La puerta del Iytihad permaneció abierta entre los Shi‘as, mientras que los textos perduran intactos y nadie pudo cambiarlos. Lo que los ayudó fue la presencia de los Doce Imames (P), quienes heredaron el conocimiento de su abuelo. Ellos solían decir que no hay cuestión sobre la cual Allah no se haya pronunciado, y que el Mensajero de Allah (BP) no haya aclarado.

También comprendemos que cuando la gente de la Sunnah wal Yama‘ah siguió a los Compañeros que hicieron Iytihad e impidieron que se materializara aquel escrito en la tradición profética, se vio obligada, debido a la ausencia de los textos, a hacer Iytihad en base a opiniones personales, Qiias (analogía) e Istis-hab (consideración del estado anterior de una disposición ante la duda de su cambio), así como también a cerrar la puerta de otros medios que no fueran éstos.

También comprendemos que los Shi‘as se reunieron alrededor del Imam Ali (P) quien es la Puerta de la Ciudad del Conocimiento, y quien solía decirles: “Preguntadme sobre cualquier cosa, pues el Mensajero de Allah me abrió mil puertas de conocimiento, cada una de las cuales abre mil puertas más”4.

Pero los que no eran Shi‘as se agolparon alrededor de Mu‘awiah ibn Abi Sufian, quien no conocía de la tradición profética sino muy poco.

Después de la muerte del Imam Ali, el líder de la facción opresora (Mu‘awiah) se transformó en “el Comandante de los Creyentes” y actuó sobre la religión de Allah implementando mucho más sus propias opiniones personales que aquéllos que le precedieron. Pero la gente de la Sunnah wal Yama‘ah dice que él fue “El Escriba de la Revelación”, y uno de los ‘Ulama destacados en la interpretación del Islam.

¿Cómo pueden considerar que hizo (un correcto) Iytihad, cuando fue el que envenenó y mató a Al-Hasan ibn Ali (P), el Señor de los Jóvenes del Paraíso? ¡Quizás dicen: “Eso también formó parte de su Iytihad, pero se equivocó”!

¿Cómo pueden considerar que hizo (un correcto) Iytihad, cuando tomó la Bai‘ah de la comunidad para sí mismo mediante la fuerza y la coerción, y luego para su hijo Iazid, cambiando así el sistema de Shura por uno monárquico y hereditario?

¿Cómo pueden considerar correcto su Iytihad y hacerlo merecedor de una recompensa, cuando forzó a la gente a maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait, la descendencia de Al-Mustafa (BP), desde los púlpitos de cada Mezquita, de tal modo que se transformó en una tradición mantenida durante sesenta años?

Y ¿cómo pueden llamarlo “El Escriba de la Revelación”, desde que ella descendió sobre el Mensajero de Allah (BP) a lo largo de veintitrés años, de los cuales los primeros once Mu‘awiah era politeísta y no se islamizó sino hasta después de Al-Fath (la conquista de La Meca por los musulmanes) y no hallamos ninguna referencia histórica que indique que él haya vivido en Medina, mientras que el Mensajero de Allah (BP) no vivió en La Meca después de Al-Fath? Por lo tanto, ¡¿cómo se las arregló Mu‘awiah para escribir la Revelación?!

fa la haula ua la quwata illa billahil ‘aliil ‘azim

(No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo, Majestuoso).

La pregunta retorna constantemente: ¿Qué grupo estaba en lo cierto y cuál estaba errado? O Ali y sus seguidores estaban equivocados, o bien Mu‘awiah y los suyos lo estaban.

El Mensajero de Allah dejó todo en claro, pero algunos de aquéllos que afirman seguir la Sunnah (tradición), la demandan sin derecho, pues se me hizo patente, a través de mi investigación y de la posición asumida en defensa de Mu‘awiah, que éstos -sus defensores- son seguidores suyos y de los Omeyas, y no de la Sunnah profética como afirman. Si observamos sus posiciones, encontramos que odian a los seguidores de Ali, celebran el Día de ‘Ashura como festivo, defienden a los Compañeros que hicieron sufrir al Mensajero de Allah durante su vida y después de su muerte, y consideran correctos sus errores y justifican sus acciones siempre.

¿Cómo pueden amar a Ali y Ahl-ul Bait (P), y al mismo tiempo estar complacidos con sus enemigos y asesinos?

¿Cómo pueden amar a Allah y a su Mensajero y al mismo tiempo defender a quien cambió las reglas de Allah y de Su Mensajero, hizo Iytihad e interpretó estas reglas según su propia opinión?

¿Cómo pueden respetar a quien no respetó al Mensajero de Allah y lo acusó de Hayr (delirar) y enfrentó su autoridad?

¿Cómo pueden seguir a líderes religiosos que fueron designados por los Omeyas o por los Abbasidas por razones políticas, y abandonar a los Imames, sobre quienes el Mensajero de Allah dejó estipulado su número5 y nombres6?

¿Cómo pueden seguir a alguien que no conocía realmente al Profeta y que dejó de lado a quien es “la Puerta de la Ciudad del Conocimiento”, cuya relación respecto al Mensajero era la misma que la de Harun en relación a Musa?

¿Quién fue el primero en usar el término “Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah” (La Gente de la Tradición y el Consenso)?

He buscado a través de los libros de historia y solamente encontré que concordaron en llamar al año en el cual Mu‘awiah tomó el poder, “el año de Al-Yama‘ah”. Fue llamado así debido a que la comunidad se había dividido en dos facciones después de la muerte de ‘Uzman: La Shi‘a de Ali, y los seguidores de Mu‘awiah. Cuando el Imam Ali (P) fue martirizado y Mu‘awiah tomó el poder, después del pacto (de paz) que firmó con el Imam Al-Hasan (P), se convirtió en el “Comandante de los Creyentes” y el año fue llamado entonces “Al-Yama‘ah”.

De ahí que el nombre de Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah indica el seguir la Sunnah de Mu‘awiah y el consenso para su autoridad, y no se refiere a los seguidores de la Sunnah del Mensajero de Allah.

Los Imames de la descendencia del Profeta, y Ahl-ul Bait en general, conocían y entendían más sobre la Sunnah de su abuelo, que los Tulaqa (árabes de La Meca que abrazaron el Islam a última hora, por conveniencia). La Gente de la Casa (Ahl-ul Bait) sabía más respecto a lo que había dentro de ella. La gente de La Meca conocía mejor que nadie su estirpe, pero nosotros nos separamos de los Doce Imames señalados (en sus dichos) por el Mensajero de Allah (BP) y seguimos a sus enemigos.

A pesar de que reconocemos el hadiz en el cual el Mensajero de Allah mencionó a los Doce Califas, siendo todos ellos de Quraish, siempre nos limitamos a los cuatro Califas. Quizás fue Mu‘awiah quien nos llamó Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah, refiriéndose al consenso para su Sunnah (tradición) en la cual hizo obligatorio maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait.

Esto continuó durante sesenta años, hasta que ‘Umar ibn ‘Abdul ‘Aziz -que Allah esté complacido con él- acabó con esto. Algunos historiadores nos narran que los Omeyas mismos conspiraron para asesinar a ‘Umar ibn ‘Abdul ‘Aziz, a pesar de que él era uno de ellos, pues acabó con su Sunnah, que era maldecir a Ali ibn Talib (P).

¡Oh mi familia y mi gente! Orientémonos -guiados por Allah, el Altísimo-, busquemos la verdad, y dejemos el fanatismo de lado, pues somos las víctimas de los Abbasidas, de la historia oscura y del estancamiento intelectual que impusieron nuestros predecesores. Indudablemente, somos las víctimas de las astucias y los ardides de personas como Mu‘awiah, Amr ibn Al-Aas, Al-Mughirah ibn Shu‘bah y otros similares. Indaguemos dentro de la historia del Islam a fin de alcanzar la verdad absoluta y así Allah “nos recompensará dos veces”.

Tal vez Allah unifique esta comunidad por vuestro medio, la cual fue afligida por la muerte de su Profeta y luego se dividió en setenta y tres facciones. Unamos esta comunidad bajo la bandera de La Ilaha Illa Allah, Muhammadar Rasulul-Lah (“No hay divinidad sino Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah”), y aferrémonos a Ahl-ul Bait An-Nabawi, la Gente de la Casa del Profeta, a quien el Mensajero de Allah (BP) nos ordenó seguir. Él dijo:

“No tratéis de adelantaros a ellos, ya que seríais aniquilados, ni seáis negligentes a su respecto, puesto que causaríais destrucción. No tratéis de enseñarles, pues son más sabios que vosotros”.7

Si lo hiciésemos, Allah disiparía Su ira de nosotros, transformaría nuestro temor en paz y tranquilidad, nos capacitaría para gobernar en la Tierra, y haría que Su Wali (amigo), el Imam Mahdi -que la paz sea con él- aparezca entre nosotros, ya que el Mensajero de Allah prometió su reaparición para llenar la Tierra de equidad y justicia, así como antes habrá sido llenada de injusticia y opresión...

De este modo, Allah extenderá Su Luz por su intermedio (P), en el mundo entero.

1. Como en el caso de “los tres divorcios consecutivos”. Sahih Muslim, Capítulo sobre “los tres divorcios consecutivos”. Sunan Abi Dawud. Vol. 1, p. 344.

2. Como en el caso de la prohibición de Mut‘at-ul Hayy y Mut‘at-un Nisa. Sahih Muslim, Capítulo sobre “Al-Hayy”. Sahih Al-Bujari, Sección sobre “Al-Hayy”. Capítulo sobre “At-Tamattu’”.

3. A pesar de que tal cosa no se consigue ni aun en este tipo de elección, pues aquéllos que son elegidos no llegan de ninguna manera (en la práctica) a representar a toda la comunidad.

4. Ta’rij Dimashq, por Ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 484. Maqtal-ul Husain, por Al-Joarizmi, Vol. 1, p. 38. Al-Gadir, por Al-Amini, Vol. 3, p. 120.

5. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 164. Sahih Muslim, P. 119.

6. Ianabi‘ Al-Mawaddah, por Al-Qunduzi Al-Hanafi.

7. Ad-Durr-ul Manzur, por As-Suiuti, Vol. 2, p. 60. Usud-ul Ghabah, Vol. 3, p. 137. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar, Pp. 148 y 226. Ianabi‘ Al-Mawaddah, Pp. 41 y 355. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 1, p. 168. Mayma‘-uz Zawa’id, Vol. 9, p. 163.

Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

Palabras claves
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Nuestra desgracia en relación al Iytihad de los Compañeros del Profeta que contradice los claros textos.pdf (366.16 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Historia-Biografía
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Mon, 6 Nov 2023 - 10:35
By admin , 6 November 2023

Los profetas en el Corán - III

La verdad sobre el Islam

Los profetas en el Corán - III

Por Abdun-Nabi Chaaban

12. ELÍAS (ILIÁS) (AS), ELISEO (AL YASÁ´A) (AS) Y DHUL KIFL (AS)

Estos tres profetas: Elías (AS), Eliseo (Al Yasá´a) (AS) y Dhul Kifl (AS), son nombrados en el Corán, en diferentes versículos, pero sin acompañar la mención por narración alguna. Por ello, se hará referencia a los versículos del Corán, donde se mencionan, sin narrar más allá de lo que el mismo Corán ha expuesto.

  • “Y recuerda a Ismael, Eliseo (Al-Yasah) y a Dhul Kifl, todos predilectos” (38:48).
  • “E Ismael, Idrís (Enoch) y Dhul Kifl, todos (eran) de los pacientes * Los pusimos bajo Nuestra misericordia; es cierto que eran de los justos” (21:85-86).
  • “Y Elías, que fue uno de los enviados * Cuando dijo a su gente: ¿Es que no tenéis temor? * ¿Invocáis a Baal (una estatua) abandonando al mejor de los creadores? * Dios es vuestro Señor y el Señor de vuestros primeros padres. * Lo tacharon de mentiroso y se les hará comparecer” (37:123-127).

13. SAMUEL (AS) Y DAVID (AS)

Cerca de 500 años después que los hijos de Israel (de Jacobo (AS)) entrasen a Palestina, conducidos por el profeta Josué (AS), ellos estaban siendo atacados por Goliat (Jalút), un guerrero gigante, y su ejército. En ese momento, había entre ellos un profeta, Samuel (AS), a quien le pidieron que designase para ellos un rey, con el fin de que éste les liderase para luchar en contra de Goliat y su ejército. El profeta Samuel (AS) –conociéndolos- les indicó que a la hora de la verdad, ellos se retractarían y no pelearían, tal como lo habían hecho en anteriores oportunidades, en la época del profeta Moisés (AS): “¿No has visto a aquellos nobles entre los hijos de Israel, después de Moisés, cuando dijeron a un profeta que tenían?: Nombra un rey entre nosotros para que luchemos en el camino de Dios; (El profeta Samuel) Dijo: Pudiera ser que si se os manda ir a luchar no lo hagáis; contestaron: ¿Cómo podríamos dejar de combatir en el camino de Dios cuando nos han expulsado de nuestros hogares y separado de nuestros hijos? Sin embargo, cuando se les ordenó combatir, todos, excepto unos pocos, se rehusaron; Dios conoce a los injustos” (2:246).

A pesar de ello, Samuel (AS) designó, como rey de los hijos de Israel, a Saúl (Talút), quien es descendiente de Benjamín, hijo de Jacobo (AS) y hermano de José (AS). Saúl era fuerte y valiente, pero era una persona pobre. Al resto de los hijos de Israel no les complació esta designación y la protestaron, por el simple hecho de que Saúl era una persona pobre. Samuel (AS) hizo caso omiso de la protesta y les indicó que esta designación ha sido la voluntad de Dios: “Su profeta (Samuel) les dijo: Dios os ha designado como rey a Talút (Saúl); Dijeron: ¿Cómo puede corresponderle a él reinar sobre nosotros, si tenemos más derecho que él y ni siquiera le ha sido dada una gran riqueza? (Su profeta) dijo: La verdad es que Dios lo ha elegido a él entre vosotros y le ha dado gran conocimiento y corpulencia; Dios concede Su soberanía a quien quiera; Dios es Espléndido y Conocedor” (2:247).

El profeta Samuel (AS) les indicó a los hijos de Israel que el signo que demostraría que el reinado de Talút (Saúl) es mandato divino, consiste en que reaparecería o sería devuelta una urna que los profetas Moisés (AS) y Aarón (AS) habían dejado con algunas pertenencias y la cual se había desaparecido o los enemigos de Israel la habían capturado. Se narra que esta urna es la misma que la madre de Moisés (AS) usó para ponerlo en las aguas del río Nilo cuando éste nació, para evitar que fuese sacrificado por el faraón. De hecho, después de esta profecía de Samuel (AS), la urna apareció, por lo que los hijos de Israel no tuvieron más remedio que aceptar el reinado de Saúl (o Talút): “Su profeta les dijo: La señal de su soberanía, será que os traerá la urna, en la que hay sosiego procedente de vuestro Señor y también una reliquia de la familia de Moisés y Aarón; realmente, ahí tenéis un signo si sois creyentes” (2:248).

Al ser designado rey de los hijos de Israel, Saúl (Talút) fue ordenado por el profeta Samuel (AS) a conducirlos para la lucha en contra de Goliat (Jalút). En la vía hacia el destino del encuentro, tenían que atravesar un río (Río Jordán). Al llegar al mismo, Dios quiso poner a prueba, otra vez más, a los hijos de Israel, ordenándoles que bebiesen de ese río, de una manera muy específica. Aquellos que siguieron el mandamiento de Dios, fueron muy pocos y fueron los únicos que lograron atravesar el río para emprender la lucha en contra de Goliat. Los demás, por su incredulidad y consecuente desobediencia, no lo lograron: “Y habiendo salido Talút (Saúl) de expedición con el ejército, dijo: Dios va a poneros a prueba con un río: el que beba de su agua no será de los míos excepto aquel que no la pruebe o tome sólo un poco con la mano; todos, a excepción de unos pocos, se saciaron; y cuando él y los que con él creían, lo hubieron atravesado (al río), (los remisos) dijeron: Hoy no podemos hacer nada ante Goliat (Jalút) y sus ejércitos; y dijeron los que tenían certeza del encuentro con Dios: ¡Cuántos grupos pequeños en número vencieron a ejércitos numerosos con la voluntad de Dios! Dios está con los pacientes” (2:249). Finalmente, sólo un grupo muy reducido se mantuvo -hasta el final- firme como para enfrentar a Goliat (Jalút). Entre ese grupo reducido de hombres, estaba David (AS), siendo todavía un joven de muy temprana edad. Al encontrarse ese grupo con el ejército de Goliat, la lucha debió comenzar con un llamado a duelo, como era la costumbre de la época. David (AS) -aún siendo muy joven- reta a Goliat a un duelo, ante lo cual el gigante Goliat no tuvo más remedio que aceptar, después de ponerse muy furioso ante el reto de ese pequeño joven. Aunque no presenta detalles en cuanto a cómo sucedió todo, el Corán expresa que David (AS) venció a Goliat, cuyo ejército se rindió ante el reducido ejército del rey Saúl: “Cuando aparecieron en el campo de batalla ante Jalút (Goliat) y su ejército, (los Creyentes de los hijos de Israel) dijeron: ¡Señor nuestro! Danos paciencia, afirma nuestros pasos y concédenos la victoria sobre los incrédulos * Y los derrotaron con la voluntad de Dios; David mató a Jalút (Goliat) y Dios le concedió el poder y la sabiduría, y le enseñó lo que quiso; si no fuera porque Dios hace que unos hombres impidan (la ocurrencia de) el mal a otros, la tierra se corrompería, pero Dios es Graciable con la humanidad” (2:250-251).

Saúl (Talút) había prometido que a aquella persona que venciese a Goliat la dejaría compartir su reinado con ella, y le ofrecería su hija en matrimonio. Así, David (AS) llegó a ser el yerno de Saúl (Talút) y copartícipe de su reinado. Al morirse Saúl, David (AS) se transformó en el rey único de los hijos de Israel.

El Corán nos narra como Dios favoreció a David (AS) con diversos beneficios:

  • La profecía, unida al reinado: “¡David! Te hemos hecho representante Nuestro en la Tierra; juzga pues entre los hombres con la verdad y no sigas los deseos, ya que te extraviarían del camino de Dios; cierto que aquéllos que se extravían del camino de Dios tendrán un severo castigo por haberse olvidado del Día del Juicio” (38:26). David (AS) fue el primero que Dios le favoreció en hacerlo conjuntamente profeta y rey.
  • La revelación de los Salmos, los cuales conforman conjuntos de: glorificaciones a Dios, súplicas a Dios, consejos, prédicas y sermones:
    • “….Y a David, al que le dimos los Salmos” (4:163)
    • “Tu Señor es Quien mejor conoce a cuantos están en los cielos y en la Tierra; Hemos dado preferencia a unos profetas sobre otros, y a David le dimos los Salmos” (17:55)
  • Le hizo subordinar las montañas, las aves y el hierro “Y así fue como dimos a David una gracia procedente de Nos: ¡Montañas, acompañad su glorificación, y las aves también! E hicimos blando el hierro para él” (34:10). David (AS) moldeaba el hierro, como si el mismo estuviera a altísimas temperaturas, para hacer escudos con él. Las montañas y los pájaros estaban a la orden de David (AS), para complacerle en lo que quisiese.
  • En otros versículos, se refuerza lo anterior, y se incluye la sabiduría, la elocuencia y el juicio correcto: “Ten paciencia con lo que dicen; y recuerda a Nuestro siervo David, el que había sido dotado de fortaleza; es cierto que él se volvía mucho a su Señor * Le subordinamos las montañas que con él glorificaban al anochecer y al amanecer * Y las aves reunidas, todas obedientes a él. * Fortalecimos su reino y le dimos sabiduría y un juicio certero” (38:17-20).

Como parte de ser profeta y mensajero, Dios le indicó a David (AS) que él es su delegado en la Tierra, para juzgar entre las personas, con justicia. Un elemento importante en la acción de juzgar consiste en escuchar a ambas partes querellantes, antes de emitir un juicio. Para enseñarle esta sabiduría a David (AS), Dios le hizo enfrentar una prueba, con dos personas querellantes (en algunas referencias, se dice que estas dos personas eran dos ángeles enviados por Dios con este propósito): “¿Te ha llegado el caso de los litigantes, cuando escalaron hasta lo más alto del templo? * Y se presentaron ante David, que sintió miedo de ellos; entonces dijeron: No temas, somos dos litigantes; uno de nosotros ha abusado del otro, así que juzga entre nosotros con la verdad, sin inclinarte por ninguno, y guíanos al camino medio. * Este es mi hermano, él tiene noventa y nueve ovejas y yo sólo tengo una; él me dijo: Déjala a mi cuidado y luego ha podido más que yo con sus argumentos. * (Moisés) Dijo: Él ha sido injusto contigo al pedirte tu oveja para juntarla a las suyas; realmente muchos de los que se asocian con otros cometen abusos, pero no así los que creen y practican las obras de bien; sin embargo éstos son pocos; entonces David se dio cuenta de que lo habíamos puesto a prueba y pidió perdón a su Señor, cayó postrado y se arrepintió. * Le perdonamos aquello y es cierto que goza de proximidad ante Nos y de un hermoso lugar de destino. * ¡David! Te hemos hecho representante Nuestro en la tierra, juzga pues entre los hombres con la verdad y no sigas los deseos, ya que te extraviarían del camino de Dios; cierto que aquéllos que se extravían del camino de Dios tendrán un violento castigo por haberse olvidado del Día del Juicio.” (38:21-26).

Según el profeta Muhammad (SAAWAWS), David (AS) se caracterizaba por una devoción sumamente sublime; él pasó su vida ayunando un día sí y otro no; igualmente, pasaba una buena parte de la noche realizando rezos.

14. SALOMÓN (SULEIMÁN) (AS)

Salomón (AS) es hijo del profeta David (AS) y heredó de su padre la profecía (el ser profeta) y la sabiduría, con la voluntad de Dios: “Es cierto que a David y a Salomón les dimos conocimiento y dijeron: Gracias a Dios, quien nos ha preferido sobre muchos de Sus siervos creyentes * Y Salomón fue el heredero de David….” (27:15-16).

Salomón (AS) le hizo una súplica muy particular a Dios: “Dijo: Señor mío, perdóname y concédeme un reino que nadie más después de mí pueda tener; realmente Tú eres el Otorgante” (38:35). Por ello, adicionalmente a la profecía y a la sabiduría, Salomón (AS) fue favorecido con varios dones especiales, los cuales constituyen signos de Dios:

  • Entender el lenguaje de los pájaros: “Y Salomón fue el heredero de David; dijo: ¡Oh gente! Se nos ha enseñado el lenguaje de las aves y se nos ha dado de todo, realmente esto es una merced evidente” (27:16).
  • Se le fue subordinado el viento:
    • “Y le subordinamos el viento que corría, bajo su mandato, dócilmente y a donde él quería” (38:36)
    • “Y a Salomón (le subordinamos) el viento, que en una mañana hacía el recorrido de un mes y en una tarde el de otro….” (34:12)
  • Se le fue subordinado un grupo de demonios: “Y (le subordinamos entre) los demonios, todos aquellos albañiles y buzos” (38:37).
  • Se le fue subordinado un grupo de los Genios: “…..Y había genios que trabajaban para él con permiso de su Señor….” (34:12).
  • Se le fue subordinado el cobre fundido: “…. E hicimos que manara para él un manantial de cobre fundido….” (34:12).

El ejército de Salomón (AS), que él conducía para luchar por predicar los mensajes y mandatos de Dios, estaba conformado por: hombres, Genios y pájaros: “Y se reunieron para Salomón sus ejércitos de genios, hombres y pájaros….” (27:17). En relación a este ejército y al entendimiento del lenguaje de los animales, incluyendo pájaros e insectos, por parte del profeta Salomón (AS), el Corán nos narra una anécdota ilustrativa: “Así cuando llegaron al valle de las hormigas, entonces dijo una de ellas: ¡Hormigas! Entrad en vuestras viviendas; no vaya a ser que Salomón y sus ejércitos os aplasten sin darse cuenta * Entonces sonrió risueño por sus palabras y dijo: ¡Señor! Muéveme a agradecerte la merced con la que me has favorecido a mí al igual que a mis padres, y a que actúe con una rectitud que sea de Tu beneplácito, e inclúyeme, mediante Tu misericordia, entre Tus siervos justos” (27:18-19).

En unos versículos del Corán, se narra, igualmente la historia de Belkis, reina de Sabá´a, en Yemen (aunque su nombre no está explícitamente especificado), y como la misma aceptó someterse a los mandatos de Dios, a raíz de una concatenación de hechos donde participaron aparte del profeta Salomón (AS), un pájaro y una persona cuyo nombre no se menciona. Los versículos presentan los detalles con suficiente elocuencia, por lo que se referirá a los mismos para transmitir la narración: “Y (Salomón) pasó revista a las aves, entonces dijo: ¿Qué ocurre que no veo a la abubilla?, ¿Acaso es una de los que están ausentes? * La castigaré duramente o la degollaré a menos que venga con una prueba evidente. * (Cuando llegó la abubilla) Permaneció no muy lejos y entonces dijo: Me he enterado de algo que tú no alcanzas a saber y he venido hasta ti desde Sabá´a con una noticia cierta. * He hallado a una mujer que reina sobre ellos y a la que se le ha dado de todo; posee un magnífico trono; * la encontré a ella y a su pueblo postrándose ante el sol en lugar de (postrarse) ante Dios; Satanás les ha embellecido sus acciones y les ha desviado del camino, y no tienen guía * ¿Por qué no se postran ante Dios, que es Quien hace salir lo que está escondido en los cielos y en la tierra y sabe lo que ocultan y lo que muestran? * Dios, no hay dios excepto Él, el Señor del Trono inmenso. * (Salomón) Dijo: Veremos si es verdad lo que dices o si eres de los que mienten. * Ve con este escrito mío y déjalo caer sobre ellos, luego retírate y espera su reacción * (Ella) Dijo: ¡Consejo de nobles! Me han arrojado un escrito noble * Es de Salomón y es en el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo: * No os levantéis contra mí, venid a mí sometidos (a Dios) * (Ella) Dijo: ¡Consejo de nobles! Dadme un dictamen sobre mi caso; no tomaré ninguna decisión hasta que no os pronunciéis. * Dijeron: Nosotros tenemos fuerza y una poderosa ofensiva, pero tuya es la decisión; mira pues lo que vas a ordenar * (Ella) Dijo: Cuando los reyes entran en una ciudad la trastornan por completo humillando a sus habitantes poderosos; así es como actúan. * Voy a enviarles un regalo y esperaré lo que traigan de vuelta los mensajeros. * Y cuando llegó (el regalo) a Salomón, dijo: ¿Me tentáis con riquezas cuando lo que Dios me ha dado es mejor de lo que os ha dado a vosotros y no obstante os contentáis con vuestros regalos? * Vuelve a ellos, que vamos a ir con ejércitos a los que no podrán enfrentarse, los expulsaremos de ella humillados y quedarán empequeñecidos * (Salomón) Dijo: ¡Mis nobles! ¿Cuál de vosotros me traerá su trono antes de que vengan a mí, sometidos (a Dios)? * Dijo uno de los Genios: Yo te lo traeré antes de que te levantes de tu asiento; yo tengo fuerza para ello y soy digno de confianza * Y dijo el que tenía conocimiento del Libro: Yo te lo traeré antes de que vuelva a ti tu mirada; y cuando lo vio instalado ante él, dijo: Esto es parte de la merced de mi Señor para probarme si soy agradecido o ingrato, y quien es agradecido sólo lo es para sí mismo, pero quien es ingrato, realmente mi Señor es Rico, Generoso (con él). * Dijo: Hacedle (a la reina, Belkis) irreconocible el trono para que comprobemos si tiene guía o si es de los que no tienen guía * Y cuando ella vino, le preguntaron: ¿Es así tu trono? Respondió: Pareciera él; pero nosotros habíamos recibido el conocimiento antes que ella y éramos sometidos (a Dios) * Mientras que a ella la había desviado lo que adoraba fuera de Dios, realmente pertenecía a un pueblo de incrédulos * Se le dijo: Entra en el palacio; y cuando lo vio creyó que era una superficie de agua y se descubrió las piernas; (Salomón le) dijo: Es un palacio de cristal pulido; (Ella) dijo: ¡Señor mío! He sido injusta conmigo misma pero me someto, junto con Salomón, a Dios, el Señor de todos los mundos” (27:20-44).

Como ya se mencionó, un grupo de los Genios o “Jinn” estaba subordinado a las órdenes de Salomón (AS) y trabajaba para él. Éstos Jinn presumían saber lo oculto y enterarse de los eventos antes de su ocurrencia. En el último año antes de su muerte, Salomón (AS) les ordenó la construcción de un templo, y ellos procedieron a realizar esta tarea. Un día, Salomón (AS) subió a lo alto de su palacio, para reflexionar y para contemplar la construcción del templo, y dio instrucciones de que nadie le molestara hasta que él bajara de aquel lugar. En ese momento, él tenía cerca de 53 años de edad, y usaba un bastón para apoyarse. Mientras estaba parado, apoyado en su bastón, apareció un individuo junto a él, a quien Salomón (AS) quiso amonestar por haber desobedecido su instrucción. Al preguntarle sobre quién era y quién le había dado permiso para entrar al lugar donde se encontraba, ese individuo le dijo: “yo no le temo a nadie, ni a los reyes, y el que me autorizó entrar hasta aquí es el verdadero dueño del palacio; yo soy el ángel de la muerte”. Salomón (AS) se percató que había llegado el momento de encontrarse con Dios, y le pidió al ángel que nadie se enterase de su muerte hasta que se completase la construcción del templo. Así, a pesar de que Salomón (AS) murió, se quedó en la posición en que se encontraba: parado, apoyado sobre su bastón, durante meses. Nadie podía molestarle, con base en sus propias instrucciones, siendo él el rey. La gente del palacio quedó asombrada en cuanto a cómo Salomón (AS) estaría allí tanto tiempo, sin recibir comida y sin hablar con nadie. Una vez que terminó la construcción del templo, Dios envió un comején para roer el bastón o el cetro de madera de Salomón (AS), a raíz de lo cual su cadáver se cayó al piso. En ese momento, se enteró la gente, así como los “Genios”, de su muerte. Este suceso fue importante para que todos se percataran que los “Genios” no tienen conocimiento de lo oculto ni de los sucesos futuros, tal como ellos mismos presumían: “Y cuando decretamos que muriera, lo único que les hizo darse cuenta de su muerte fue el comején que carcomió su cetro; así, cuando (su cadáver) cayó, se les hizo claro a los genios, que si hubieran conocido el más allá no habrían permanecido en el denigrante castigo” (34:14).

Aunque no está especificado en el Corán, se narra que el profeta Salomón (AS) completó la construcción de lo que se conoce hoy como la Mezquita Al Aqsa, la cual había comenzado su padre, el profeta David (AS), y construyó –igualmente- lo que se conoce hoy como la Iglesia de la Resurrección, o la Iglesia del Santo Sepulcro.

15. JONÁS (YÚNUS) (AS)

La profecía de Jonás (Yúnus) (AS) está confirmada en el siguiente versículo del Corán: “Y Jonás (Yúnus), ciertamente fue uno de los enviados” (37:139). Narraciones basadas en dichos del profeta Muhammad (SAAWAWS) nos transmiten que Jonás (AS) fue enviado, para predicar el mensaje y los mandatos de Dios a su gente, que habitaban en la localidad llamada antiguamente Ninawah y conocida actualmente como Mosul (en Irak), y que le rendían culto a los ídolos, en vez de adorar a Dios. Jonás (AS) se quedó más de 30 años predicando, sin obtener un resultado positivo o aceptación por parte de su gente de los mensajes de Dios, o –al menos- lograr que dejasen de adorar a los ídolos.

Después de décadas de predicación, Dios le hizo saber a Jonás (AS) que, en tres días, su pueblo iría a ser objeto de un fuerte castigo divino, si no rectifican su actitud idólatra. Jonás (AS) le advirtió a su gente lo que les iría a suceder, pero –aún así- tampoco le hicieron caso. Cuando se cumplió el tiempo anunciado para hacer caer el castigo, la gente avistó una gran nube negra y extraña acercándose hacia ellos. En ese momento, se dieron cuenta que el castigo ya venía, de una manera irremediable y comenzaron todos, sin excepción (se cuenta que pasaban las 100 mil personas), a pedirle perdón a Dios, mostrando un auténtico arrepentimiento. A raíz de sus súplicas, sabiendo Dios -por supuesto- su autenticidad, los salvó del castigo que les tenía advertido.

Mientras tanto, Jonás (AS) se alejaba de la localidad, muy molesto porque su gente –hasta unos momentos antes del anunciado castigo- no había creído en él. Luego, él llegó a una playa, donde abordó una embarcación que pasaba por el sitio: “Cuando escapó en la embarcación completamente cargada” (37:140). Después que la misma zarpó otra vez, llegó un momento en que hubo fuertes oleadas, representando peligro para la embarcación. A raíz de esto, se decidió que alguien tenía que abandonarla. Para ello, se echó a la suerte quien iba a ser la persona que tenía que ser lanzada al agua, para que los demás se salvaran. La primera vez, fue seleccionado –al azar- el nombre de Jonás (AS). Al momento de querer lanzarse al agua, apareció un tiburón gigante, por lo que Jonás (AS) tuvo miedo y se abstuvo de lanzarse. Sin embargo, la situación seguía siendo de peligro por las oleadas, y se echó a suerte por tres veces consecutivas, resultando siempre Jonás (AS) la persona seleccionada. A la tercera vez, Jonás (AS) fue lanzado al agua, donde –al rato- lo tragó el tiburón: “Y echaron a suerte y (Jonás) fue de los perdedores * (Después de lanzarlo en el agua) El tiburón se lo tragó y así fue reprendido” (37:141-142).

Jonás (AS) permaneció horas dentro del cuerpo del tiburón, sin que éste le haya hecho daño alguno. Estando en esta situación, Jonás (AS) no se olvidó de Dios, y comenzó a glorificarlo y alabarlo, mostrando arrepentimiento por haber dejado a su gente, por frustración, y no haber seguido tratando de guiarlos, hasta el último momento: “Y Dhun´Nun (apodo de Jonás, citado así en el Corán) cuando se marchó enfadado (por la negativa de su gente de creer en sus mensajes y en su predicación) sin pensar que lo íbamos a poner en aprietos; así clamó en las tinieblas: No hay dios sino Tú, Gloria a Ti; verdaderamente he sido de los injustos” (21:87). Las tinieblas a las que se refiere el versículo, en plural, representan las tres tinieblas o sitios oscuros: La oscuridad de la noche, la oscuridad del mar y la oscuridad del abdomen del tiburón. Jonás (AS) repitió esta glorificación y alabanza a Dios centenares de veces; finalmente, Dios lo salvó e hizo que el tiburón lo expulsara fuera de sí, en tierra firme: “Y le respondimos y lo libramos de la angustia; y así es como salvamos a los creyentes” (21:88). El sitio donde fue expulsado Jonás (AS), era desierto, sin vegetación, ni sombra ni frutales. Sin embargo, Dios hizo crecer, de inmediato una planta de calabaza, la cual fue usada como sombra y su fruto como alimento: “De no haber sido porque era de los que glorificaban, * habría permanecido en su estómago hasta el día en el que todos serán resucitados * Así lo arrojamos a una playa desierta, maltrecho * e hicimos que creciera sobre ella una planta de calabaza” (37:143-146).

Se narra que, después de esto, Jonás (AS) regresó a su ciudad y pasó el resto de su vida como el guía de su gente.

16. ZACARÍAS (AS), JUAN (AS) Y LA VIRGEN MARÍA (AS)

La historia de Jesucristo (AS) comienza, en el Corán, con un relato de la historia de la Familia de Imrán, los padres de la Virgen María (AS). Imrán es descendiente del profeta Salomón (AS) y, por ende, del profeta David (AS). Dios ha escogido la Familia de Imrán y la ha favorecido con la profecía, igual como lo había hecho antes con la Familia de Abraham (AS). De hecho, Imrán viene siendo descendiente de Abraham (AS): “Ciertamente Dios eligió a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la familia de Imrán entre la gente * una generación descendiente de otra; Dios es Omnioyente y Sapientísimo” (3:33-34).

La Familia de Imrán vivía en Palestina, en la época inmediatamente previa al cristianismo, estando Palestina bajo el gobierno romano.

Imrán tuvo primero una hija, la cual se casó con el profeta Zacarías (AS). Sin embargo, él (Imrán) no había tenido hijos varones. Tanto él como su esposa querían tener un hijo varón, para dedicarlo al servicio de Dios, en el templo (se dice que se trata de la Mezquita Al Aqsa). Ambos ya tenían una edad avanzada y todavía no habían tenido el deseado varón. Un día, la esposa de Imrán queda embarazada y, para que se cumpliera su sueño, le hace una súplica a Dios, acompañada de una promesa: “Cuando dijo la mujer de Imrán: ¡Señor mío! Hago la promesa de consagrarte (para que se dedique exclusivamente a tu servicio) lo que hay en mi vientre, libre (de las obligaciones del mundo); acéptalo de mi; verdaderamente Tú eres Omnioyente y Sapientísimo” (3:35). Cuando la esposa de Imrán da a luz, se percata que, otra vez, la criatura es una hembra. Aún así, ella tenía que cumplir su promesa y dedicar a su nueva hija al servicio de Dios, en el templo: “Y cuando lo concibió, dijo: ¡Señor mío! He dado a luz una hembra y bien sabía Dios lo que había concebido; y el varón no es lo mismo que la hembra; la he llamado María (Maryam): La amparo a ella y a su descendencia en Ti del maldito Satanás” (3:36). Según una narración transmitida vía un dicho del profeta Muhammad (SAAWAWS), toda persona, al nacer, es tocada por Satanás, excepto María (AS) y –luego- su hijo Jesús (AS).

Como el profeta Zacarías (AS) era el que se encargaba de cuidar el templo, y –al mismo tiempo- era el yerno de la esposa de Imrán, ésta le entregó a María (AS), desde muy pequeña, para que se criase en el templo y comenzase a aprender a servir en el mismo y a pasar su tiempo en actos de adoración a Dios. Así, María (AS) inició a vivir en ese templo, casi encerrada, dedicada de una manera exclusiva a servir en el mismo y a realizar oraciones y súplicas. Zacarías (AS), siendo su tutor y protector, tenía que encargarse de su manutención, llevándole su alimento. Pero ¡Cuál sorpresa! Cada vez que él entraba al templo y se dirigía al cuarto donde María (AS) permanecía, encontraba que ella disponía de comida; lo extraño y milagroso del caso, es que –muchas veces- se trataba de comida que no era de la época o de la estación. Zacarías (AS) le preguntaba a María (AS) sobre como disponía de ese alimento y de donde el mismo provenía, a lo que María (AS) le respondía que el mismo es proveído por Dios: “Su Señor la aceptó con buena acogida, hizo que se criara bien y la confió a Zacarías; cada vez que Zacarías la visitaba en su lugar de oración, la encontraba provista de alimento; (Zacarías) decía: ¡María! ¿Cómo es que tienes esto? (María) decía: esto procede de Dios; es cierto que Dios provee a quien quiere, sin condiciones” (3:37). Esto demuestra: (a) la devoción de María (AS) y (b) la consecuente gracia de Dios para con ella. Debido a la gran devoción de María (AS), Dios la favoreció con su gracia.

Al ver esa correspondencia de actos, Zacarías (AS), quien era ya un anciano -igual que su esposa, la hermana de María(AS) - y todavía no había tenido hijos, le suplicó a Dios para que le favoreciese con un hijo para dedicarlo –igualmente- al servicio de Dios. La súplica de Zacarías (AS) fue escuchada: “Entonces Zacarías suplicó a su Señor diciendo: ¡Señor mío! Concédeme una buena descendencia procedente de Ti; realmente Tú eres el que atiende las súplicas * Y los ángeles lo llamaron mientras permanecía rezando en el lugar de oración: Dios te anuncia la buena noticia (del nacimiento) de Juan (Yahya), que será confirmador de una palabra de Dios, señor noble, casto, y uno de los virtuosos profetas * (Zacarías) dijo: ¡Señor mío! ¿Cómo voy a tener un hijo si he alcanzado ya la vejez y mi mujer es estéril? (Dios) dijo: Así será; Dios hace lo que quiere” (3:38-40). La pregunta de Zacarías (AS) hacia Dios no fue en tono de incredulidad, sino en términos de mostrar su sorpresa. En otro capítulo del Corán, se hace igual referencia a la súplica de Zacarías: “Este es el relato de la misericordia de tu Señor con Su siervo Zacarías * Cuando invocó íntimamente a su Señor * Dijo: ¡Señor mío! Mis huesos se han debilitado y mi cabello ha encanecido y nunca, mi Señor, he sido decepcionado en mis súplicas a Ti * Temo por mis sucesores después que yo no esté, más siendo mi esposa estéril; agráciame de Tu parte con un sucesor * que me herede y herede a la familia de Jacobo y hazlo, Señor, que te sea complaciente” (19:2-6). En ambas referencias, se observa que Zacarías (AS) le suplica a Dios para que lo agracie con un hijo, aún siendo ya en la vejez, no para que su hijo cuide de él, ni para que le deje una importante herencia material; la súplica del profeta Zacarías (AS) emana del deseo de dejar un sucesor a quien le pueda transferir su profecía (que sea profeta), y que pueda seguir conduciendo a su pueblo después de su muerte (la de Zacarías (AS)).

Otros versículos narran también lo relacionado a esta súplica de Zacarías y a su asombro cuando Dios le anuncia la buena nueva: “¡Zacarías! Por cierto que te damos la buena noticia de (el nacimiento de) un hijo, cuyo nombre será Juan (Yahya); nadie antes de él ha tenido ese nombre” (19:7). Dios es El que le ha dado el nombre de Juan (Yahya) al hijo de Zacarías (AS). Éste responde, asombrado: “Dijo: ¡Señor! ¿Y cómo tendré un hijo siendo mi mujer estéril y habiendo llegado yo a la decrepitud?” (19:8). Obsérvese cómo Zacarías (AS) es respetuoso y considerado para con su mujer; el hecho de que ella era estéril, no fue razón para que él no compartiese con ella la causalidad del porqué no habían tenido hijos. Dios le respondió, mediante su Ángel: “Dijo: Así lo ha dicho tu Señor, eso es simple para Mi; igual que una vez te creé cuando no eras nada” (19:9). El asombro de Zacarías (AS) fue inmenso, que le pidió a Dios que le mostrase un signo o que le adelantara algún indicio: “Dijo: ¡Señor mío! Dame un signo; (Dios) dijo: Tu signo será que durante tres noches y sin que tengas ningún impedimento para ello, no podrás hablarle a la gente” (19:10). Así fue: Zacarías (AS) salió del templo y pasó tres días consecutivos comunicándose con su gente sólo con señas, ya que se vio imposibilitado de hablar. Todas sus comunicaciones consistían en pedirle a la gente que glorificasen a Dios, mañana y tarde.

Así, nació Juan (Yahya) (AS) y el mismo fue agraciado por Dios, igual que su padre, con la profecía. Dios describe muy breve y elocuentemente a Juan (Yahya) (AS): “¡Juan! ¡Observa fervorosamente el Libro! Y le agraciamos desde la infancia con la sabiduría * así como con ternura procedente de Nosotros y pureza, y era temeroso (de su Señor) * y piadoso con sus padres, y jamás fue arrogante ni rebelde. * Paz sea sobre él el día en que nació, el día en que muera y el día en que sea resucitado” (19:12-15). Es importante resaltar que Juan (Yahya) (AS) viene siendo el primo de Jesús (AS), hijo de María (AS). Las madres de ambos son hermanas, siendo hijas de Imrán.

El Corán no menciona relato alguno acerca de la muerte de los profetas Zacarías (AS) y su hijo Juan (Yahya) (AS). Algunas narraciones transmitidas en libros sobre las biografías de los profetas informan que ambos, Zacarías (AS) y Juan (Yahya) (AS), fueron asesinados: Zacarías (AS) fue cortado en dos mitades por una sierra, y Juan (AS) fue decapitado por la espada. Aquí nos conformaremos con este comentario, ya que la idea es presentar la visión del Corán sobre los profetas, y no detalles e historias no mencionadas en el mismo.

17. JESUCRISTO (AS)

En cuanto a María (AS), ella no era profeta; sin embargo, Dios la favoreció con una posición excepcionalmente privilegiada: “Y cuando los ángeles dijeron: ¡María! Ciertamente Dios te ha elegido, te ha purificado y te ha escogido entre todas las mujeres del mundo * ¡María! Conságrate a tu Señor y póstrate e inclínate con los que se inclinan” (3:42-43).

Sin embargo, la mayor gracia con que Dios favoreció a María (AS) ha sido el milagro de la concepción de Jesús (AS), dentro de su vientre, creado por la palabra de Dios: “Cuando los ángeles dijeron: ¡María! Dios te anuncia una palabra procedente de Él cuyo nombre será el Mesías, Jesús Hijo de María; noble en esta vida y en la Última; y será de los bienaventurados * y hablará a la gente (estando todavía) en la cuna y (también) siendo maduro, y será de los virtuosos” (3:45-46). Los ángeles hablan con María (AS), siendo, junto a Sara la esposa de Abraham (AS), las únicas mujeres a lo largo de la historia de la humanidad con que los ángeles han tenido una conversación; únicamente los mensajeros han sido favorecidos con esta gracia de Dios. Los ángeles le hacen a María (AS), en este pequeño versículo, seis anuncios importantes: (1) Que tendrá un hijo, (2) que este hijo será creado por la palabra de Dios, sin tener la acción previa de un padre, (3) que su nombre será “Jesús Hijo de María” (AS), (4) que será apoyado con un –primer- signo de Dios, consistente en que hablará con la gente estando todavía un niño de cuna y (5) que será un profeta y (6) que –específicamente- se trata del Mesías. María (AS) pregunta, extrañada: “Dijo: ¿Cómo habría de tener un niño si ningún humano me ha tocado y jamás fui adúltera? * (El ángel) Dijo: Así lo ha dicho tu Señor: Eso es simple para Mí, para hacerlo un signo para los humanos y una misericordia de Nuestra parte; es un asunto decretado” (19:20-21).

De esta manera, María (AS) quedó embarazada, por la palabra de Dios, y tuvo que mantenerse durante su embarazo oculta en un lugar apartado, ya que no hallaba como explicarle de una manera razonable a la gente lo que le sucedió. Además, ella estaba segura que la gente no le iba a creer su explicación. Finalmente, llegó el momento del parto; María (AS) se sentó debajo de una palmera seca: “Así pues lo concibió y se retiró a un lugar apartado * Y le sobrevino el parto junto al tronco de una palmera; (María) dijo: ¡Ojalá y hubiese muerto antes de esto y que hubiese sido olvidada completamente!” (19:22-23). En este momento de desesperación, su hijo Jesús (AS), recién nacido, habla con ella, tratando de calmarla: “Y (su hijo, Jesús) la llamó de debajo de ella: No te entristezcas; tu Señor ha puesto un arroyo a tus pies * Sacude hacia ti el tronco de la palmera y caerán dátiles maduros y frescos * Come y bebe, y consuélate; y si ves a algún humano dile: Ciertamente, he hecho un voto de silencio al Misericordioso y hoy no hablaré con persona alguna” (19:24-26).

Luego, ya cuando podía caminar, María (AS) se fue de regreso a su pueblo, llevando a su hijo Jesús (AS) en sus brazos. Cuando la gente la vio en ese estado, le recriminaron, sorprendidos, lo que supuestamente había hecho, creyendo que había sido adúltera: “Y llegó a su gente llevándolo en sus brazos; dijeron: ¡Oh, María! Has hecho algo muy grave * ¡Hermana de Aarón! Tu padre no ha sido un hombre de mal ni tu madre una adúltera” (19:27-28). Ante este acoso, y habiendo hecho su voto de silencio, María (AS) se limitó a señalar al niño recién nacido, queriendo decirles que le preguntasen a él, por lo que la gente se asombró aún más: “Entonces hizo un gesto señalándolo; dijeron: ¿Cómo vamos a hablar con un niño (siendo aún) de cuna?” (19:29). Allí, el recién nacido Jesús (AS) habló con la gente, presentándose a sí mismo, e indicándoles el rol que él desempeñaría en este mundo: “(Jesús) Dijo: Ciertamente yo soy el siervo de Dios; Él me ha dado el Libro y me ha hecho profeta * Y me ha hecho bendito dondequiera que esté y me ha encomendado la Oración y la purificación (zakat o impuesto purificador) mientras viva * Y ser bondadoso con mi madre; y no me ha hecho ni insolente ni rebelde. * La paz fue conmigo el día en que nací, y será conmigo el día en que muera y el día en que sea resucitado. * Ese es Jesús, hijo de María; esto es la pura verdad de la que dudan” (19:30-34).

Así, Dios ha querido que María (AS) y su hijo Jesús (AS) fuesen sus signos, lo cual no tiene porqué asombrar a la gente ni hacer que la gente dude de ello, más cuando Dios ha creado tanto a Adán (AS) como a Eva sin padre ni madre:

  • “E hicimos del hijo de María y de su madre un signo….” (23:50)
  • “Por cierto que el ejemplo de Jesús, ante Dios, es como el de Adán; lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé! Y fue. * Tal es la verdad procedente de tu Señor; no seas pues de los que dudan” (3:59-60).

Dios le transmitió a Jesús (AS) sus mensajes y mandatos, los cuales confirman los mensajes y mandatos de la Torah, el Libro que Dios le reveló a Moisés: “Y tras los otros (profetas), enviamos a Jesús, hijo de María, confirmando aquello que ya estaba en la Torah; y le dimos el Evangelio en el que había guía, luz y una corroboración de lo que ya estaba en la Torah, así como guía y exhortación para los temerosos” (5:46).

En relación a la esencia de la profecía de Jesús (AS), Dios advierte en el Corán que Dios envió a Jesús (AS) como profeta, igual como envió a los demás profetas, y que el concepto de la trinidad y su aplicación a Jesús (AS) no es más que una distorsión de la verdad, que fue inventada por algunos para hacer extraviar a los creyentes: “Realmente son blasfemos quienes dicen: Dios es el Mesías, hijo de María, aún cuando fue el Mesías quien dijo a los hijos de Israel: ¡Adorad a Dios! Mi Señor y el vuestro; aquel quien asocie algo con Dios, Dios le vedará el Paraíso y su albergue será el Infierno; no hay quien auxilie a los inicuos. * Son blasfemos los que dicen: Dios es el tercero de tres, cuando no hay sino un Único Dios; si no desisten de cuanto dicen, ésos que han caído en la blasfemia les azotará un castigo doloroso.* ¿Es que no van a volverse hacia Dios y Le van a implorar perdón? Dios es Indulgentísimo, Misericordioso. * El Mesías, hijo de María, no es más que un mensajero antes del cual ya hubo otros mensajeros; su madre era una mujer creyente y ambos comían alimentos; observa cómo les dilucidamos los signos y observa cómo luego se desvían” (5:72-75). Como un elemento argumentativo, Dios le hace a Jesús (AS) una pregunta retórica acerca del comentario inverosímil y su propagación, para que sea el mismo Jesús (AS) -objeto de dicho comentario- el que niegue su veracidad: “Y cuando Dios dijo: ¡Jesús, hijo de María! ¿Has dicho tú a la gente: Tomadme a mí y a mi madre como divinidades en vez de Dios? (Jesús) Dijo: ¡Glorificado seas! No me pertenece decir aquello a lo que no tengo derecho; si lo hubiera dicho, Tú lo sabrías; Tú sabes lo que hay en mí, pero yo ignoro lo que hay en Ti; cierto es que Tú eres el Conocedor de lo más recóndito. * No les dije sino lo que me has ordenado: ¡Adorad a Dios, mi Señor y el vuestro! Y he sido testigo de ellos mientras permanecí en su compañía; y cuando me llevaste a Ti, Tú eras Quien los observaba, Tú eres Testigo de todas las cosas. * Si los castigas... Son Tus siervos; y si los perdonas... Tú eres ciertamente el Poderoso, el Sabio” (5:116-118).

Cuando el Corán aclara la posición de profeta de Jesús (AS), nos confirma -al mismo tiempo- los milagros con que Dios lo apoyó, como signos reforzadores para que la gente creyese en él: “Cuando Dios dijo a Jesús hijo de María: Recuerda Mi bendición sobre ti y sobre tu madre cuando te apoyé con el Espíritu Santo para que hablaras a la gente estando en la cuna, y en la madurez, y cuando te enseñé el Libro y la Sabiduría, la Torah y el Evangelio y cuando plasmas con barro (algo) en forma de pájaro y alientas en él y se transforma en pájaro (viviente) con Mi beneplácito, y cuando sanas al ciego de nacimiento y al leproso con Mi beneplácito, y cuando resucitas a los muertos con Mi beneplácito, y cuando contuve a los hijos de Israel cuando fuiste a ellos con las pruebas claras, y los incrédulos de ellos dijeron: Esto no es más que magia evidente” (5:110). Otros versículos muy similares a éste reconfirman los milagros con que Dios agració a Jesús (AS): “Y (será) un mensajero para los hijos de Israel (y les dirá): He venido a vosotros con un signo de vuestro Señor; voy a crear para vosotros, a partir del barro, algo con forma de ave; alentaré en ello y será un ave con el beneplácito de Dios; y sanaré al ciego de nacimiento y al leproso y resucitaré a los muertos con el beneplácito de Dios y os revelaré (sin verlo) lo que coméis y lo que guardáis en vuestras casas; por cierto que en ello hay un signo para vosotros, si sois creyentes * Y para confirmaros lo que había antes de mí en la Torah y para permitiros parte de lo que se os estaba prohibido; he venido a vosotros con un signo de vuestro Señor, así pues, temed a Dios y obedecedme” (3:49-50). A parte de la confirmación de los milagros o signos de Dios, se aclara también que: (1) Jesús (AS) fue enviado como mensajero para los hijos de Israel, (2) para confirmar los mensajes y mandatos de la Torah, (3) para permitir algunas de las cosas que estaban vedadas a los hijos de Israel y (4) para exhortarles a adorar y temer a Dios.

El Corán hace referencia también a los Apóstoles, a quienes Dios les inspiró que creyesen en Jesús (AS), y los mismos pidieron reforzar su fe con un signo de Dios que les involucrase directamente a ellos y que pudiesen usarlo para convencer a los demás a creer en Dios. Ellos pidieron que tal signo fuese específicamente que Dios les descendiese del cielo una mesa servida: “Y cuando inspiré a los Apóstoles a que creyeran en Mí y en Mi mensajero, dijeron: Creemos y atestiguamos que estamos sometidos (a Ti). * Y cuando los Apósteles dijeron: ¡Jesús, hijo de María! ¿Podría tu Señor descender del cielo una mesa servida para nosotros? Dijo: Temed a Dios si (realmente) sois creyentes. * Dijeron: Queremos comer de ella para que nuestros corazones se sosieguen, saber que nos has dicho la verdad y ser testigos de ello. * Jesús, hijo de María, dijo: ¡Dios, Señor nuestro! Envíanos una mesa servida procedente del cielo que sea para nosotros una conmemoración desde el primero hasta el último así como un signo procedente de Ti; y agrácianos, pues Tú eres el mejor de los que proveen. * Dios dijo: La haré descender para vosotros, pero al que después de esto reniegue, lo castigaré como jamás he castigado a nadie en el mundo” (5:111-115).

Es cierto que los enemigos de Jesús (AS) planificaban crucificarlo; sin embargo, Dios quiso protegerlo de este acto y le informó a su profeta lo que estaban maquinando en su contra: “Cuando Dios dijo: ¡Jesús! Voy a llevarte y a elevarte hacia Mí y voy a poner tu pureza a salvo de los incrédulos; y haré prevalecer a los que te hayan seguido por encima de los incrédulos, hasta el Día de la Resurrección; luego a Mí será vuestro retorno y entonces dirimiré vuestras diferencias” (3:55). En otro versículo, Dios confirma, otra vez, la salvación de Jesús (AS) de ser crucificado, y su elevación al cielo: “Y (les haré sufrir) por su blasfemia y haber dicho contra María una grave calumnia * Y por haber dicho: Nosotros matamos al Mesías, hijo de María, el mensajero de Dios, cuando en realidad no es cierto que le mataran, ni le crucificaran, sino que se les simuló; y los que discrepan sobre ello, (realmente) tienen duda de ello porque no tienen ningún conocimiento alguno (de lo que pasó), sino que siguen conjeturas; pues con toda certeza que no lo mataron * Sino que Dios lo elevó hacia Sí, Dios es Todopoderoso y Sabio * Y entre la gente del Libro no hay nadie que, antes de su muerte, no vaya a creer en él; y el Día de la Resurrección él dará testimonio de ellos” (4:156-159). Aquí Dios confirma, con una contundente afirmación, que Jesús (AS) no fue matado ni crucificado, sino que Él lo ascendió al cielo, salvándolo de los que estaban maquinando su asesinato. En relación a la simulación que se menciona en uno de los versículos anteriores, el Corán no da más detalles en cuanto a cómo posteriormente sucedió todo. Lo importante es darse cuenta que el último versículo referenciado nos dice que, antes de la muerte de Jesús (AS), no habrá nadie de la gente del Libro, es decir, judíos y cristianos, que no vaya a creer en Jesús (AS). Esto confirma algunos dichos del profeta Muhammad (SAAWAWS) que nos transmiten la idea de que Jesús (AS) está vivo, en el cielo, y que volverá a la Tierra, antes del Día de la Resurrección.

Extracto de “LA VERDAD SOBRE EL ISLAM” Desmitificando falsos paradigmasñ Por Abdun-Nabi Chaaban

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www.islamoriente.com, Fundación Cultural Oriente

Palabras claves
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Autor
Abdun-Nabi Chaaban
Tema
Corán-Hadiz-Dichos
Historia-Biografía
Publicado
Mon, 6 Nov 2023 - 09:13
By admin , 1 November 2023

Los profetas en el Corán - II

La verdad sobre el Islam

Los profetas en el Corán - II

Por Abdun-Nabi Chaaban

8. JACOBO (AS) Y JOSÉ (AS)

La historia del profeta José (AS) se presenta en el Corán en un sólo capítulo y con mucho detalle, a diferencia de las historias de otros profetas, las cuales se narran, con diversos pasajes, en diversos capítulos. Por esta razón, en este caso específico del profeta José (AS), no se incluirán las referencias a capítulos y versículos del Corán; se tendrá como referencia única el capítulo 12 del Corán titulado con el mismo nombre “Youssef” (José (AS)).

Jacobo (AS) fue uno de los hijos de Isaaq (AS), y fue apodado -durante su vida- por “Israel”; en el Corán se refiere a él por ese nombre en algunos versículos. La palabra Israel –en hebreo- está compuesta de dos palabras: “Isra” y “El”, donde la primera significa siervo o “adorador”, y “El” significa Dios; es decir, se le apodó el siervo o adorador de Dios, ya que Jacobo (AS) se esmeraba mucho en sus actos de adoración de Dios. “Israel” es equivalente a la palabra árabe: “Abdullah”.

Los eventos de la historia de los profetas Jacobo (AS) y de su hijo José (AS) (Youssef) se desarrollan entre dos zonas: el sur de Palestina y Egipto. La narración comienza con un sueño que tuvo José (AS), siendo todavía un niño. Él le cuenta a su padre el sueño, indicando que vio el sol, la luna y once planetas o astros postrados ante él (de José (AS)). La única respuesta de Jacobo (AS) a su hijo José (AS) consistió en advertirle que no les contase este sueño a sus hermanos, evitando que le hiciesen daño, por envidia o celos, respondiendo a susurros de Satanás.

Los hermanos de José (AS) sentían –de todos modos- ciertos celos hacia él porque ellos percibían un trato diferenciado de su padre hacia él. Estos celos hicieron que sus hermanos acordasen desaparecerlo, bien sea matándolo, o alejándolo mucho de la casa, de tal modo que no pueda volver más nunca a la misma. Un día, le pidieron a su padre que dejase que José (AS), con apenas unos 10 años de edad (o 12), les acompañase a jugar en las afueras del pueblo. Jacobo (AS) presentía alguna maldad en la intención de sus hijos, por lo que les respondió que él temía por la vida de José (AS) ya que era pequeño y pudiese ser atacado o devorado por algún lobo. Sus hijos insistieron en llevárselo, indicando que ellos son numerosos y que podían proteger a su pequeño hermano José (AS) de cualquier peligro, a lo que Jacobo (AS) accedió.

La intención de los hermanos de José (AS) era matarlo. Sin embargo, uno de ellos (algunas referencias afirman que es Benjamín) les sugirió y les convenció que no lo matasen sino que lo arrojasen en un pozo de agua para que algunos de los viajeros que pasan normalmente –en su vía- por el lugar lo encontrasen y lo llevasen con ellos.

Los hermanos de José (AS) volvieron a la casa, llorando, y llevaron en sus manos la camisa de José (AS) (¡Entera!) manchada con la sangre de un cordero (o algún animal similar) que ellos mismos mataron para tal fin, y le informaron a su padre que José (AS) fue devorado por un lobo. Jacobo (AS), queriendo hacerles ver a sus hijos que él sabía que estaban mintiendo, les comentó con ironía, pero llorando, que era muy extraño de ese lobo “tan hábil” que hubiese devorado a José (AS), sin siquiera hacer rasguño alguno en su camisa. Jacobo (AS) les indicó a sus hijos que –definitivamente- ellos le hicieron daño a su hermano, y le pidió a Dios que le diese paciencia ante lo sucedido.

Mientras tanto, algunos viajeros o mercaderes egipcios pasaron por el lugar donde se encuentra el pozo de agua donde fue arrojado José (AS). Al intentar extraer agua con un tobo, se dieron cuenta que un niño se había aferrado al mismo; rápidamente lo subieron y lo llevaron con ellos a Egipto. Al llegar, éstos entregaron a José (AS) a uno de los ministros del rey, a cambio de un poco de dinero, vendiéndolo como esclavo.

El ministro le pidió a su esposa que criara bien a José (AS), ya que les pudiese ser útil o inclusive pudiesen tomarlo como un hijo. Con los años, José (AS) fue creciendo y volviéndose un joven adolescente, y luego un hombre maduro. Tanto el Corán como los dichos del profeta Muhammad (SAAWAWS) nos narran que José (AS) es el hombre con el rostro más hermoso de la historia de la humanidad; es un rostro angelical.

Al pasar los años, la esposa del ministro se fue enamorando de él, o sintiendo una fuerte atracción hacia él. Un día, estando José (AS) ya cerca de los 40 años de edad, es decir, después de haber pasado casi 28 años en la casa del ministro, esta mujer aprovechó su posición –de poder- e intentó forzar a José(AS) a tener una relación con ella. José (AS) rechazó tal insinuación, indicándole que el ministro, o sea su esposo, lo había tratado bien, criándolo desde pequeño, como si fuera su hijo. Al evitar José (AS) insistentemente tal pedimento, quiso finalmente escapar de ella y salir de la habitación donde se encontraban. La mujer, aún así, corría detrás de él, persiguiéndolo, y logró romperle su camisa por la espalda. En ese momento, llega su esposo, el ministro, y abre la puerta, encontrándose con esta situación. Ante esta sorpresa, la primera reacción de la mujer fue acusar a José (AS), indicándole a su esposo que él (José (AS)) quiso abusar de ella y que debiera tener su castigo, enviándolo a la cárcel o torturándolo. Quizás, se apresuró pidiendo este castigo, antes de que su esposo decidiera –más bien- la ejecución de José (AS). Ante esta acusación, José (AS) la desmiente y le indica al ministro que ella era la que se le insinuaba y que él –más bien- estaba intentando escapar. Un familiar cercano que estuvo presente en la casa, le sugiere al ministro que si la camisa de José (AS) fue rasgada por su parte delantera, entonces José (AS) estaría mintiendo, mientras que si la misma fue rasgada por la parte trasera, entonces José (AS) estaría diciendo la verdad. Con esto, le quedó claro al ministro cual era la verdad de lo ocurrido y la inocencia de José (AS). Para evitar el escándalo, el ministro le pidió a José (AS) que no mencionara lo ocurrido ante persona alguna.

A pesar de esto, un grupo de mujeres de la ciudad se enteraron de lo sucedido y comenzaron a “chismear” acerca de ello. Al enterarse la esposa del ministro de estos chismes, llamó a estas mujeres a su casa. Al llegar a la casa del ministro, su esposa acomodó a las mujeres y, luego, les ofreció a cada una de ellas una fruta y un cuchillo. Cuando todas ya tenían el cuchillo en sus respectivas manos, la esposa del ministro le exige a José (AS) que apareciera en la sala donde estaban reunidas. Apenas las mujeres lo vieron, se quedaron deslumbradas y perplejas ante su belleza (de José (AS)) y, sin darse cuenta, se cortaron las manos con los cuchillos que estaban usando para cortar las frutas; al mismo tiempo, todas comentaron –asombradas- que esta persona que estaba ante sus ojos no podía ser humana, sino un noble ángel. Con esto, la esposa del ministro quiso hacerles ver a este grupo de mujeres que su actuación (la de la esposa del ministro), si bien no era moralmente válida, era –al menos- comprensible.

A pesar de todo lo ocurrido, la esposa del ministro siguió luego con sus intenciones, encontrando siempre la negativa de José (AS), hasta que finalmente le exigió a su esposo que lo encerrase en la cárcel, lo cual José (AS) prefirió, en vez de caer en un acto de inmoralidad y de desobediencia a Dios.

En la cárcel, José (AS) tuvo dos compañeros de celda. Un día, ambos le pidieron a José (AS) que les interpretara dos sueños que tuvieron. Uno había visto en su sueño que estaba produciendo vino, mientras que el otro vio que tenía un recipiente colocado sobre su cabeza y que las aves se acercaban y se comían del pan que estaba en dicho recipiente. José (AS) les indicó a los dos, que uno de ellos trabajaría sirviendo vino a su señor (o su rey), y el otro sería crucificado y las aves comerían de su cabeza. Después de explicarles la interpretación de los dos sueños, José (AS) pidió que aquella persona que sería salvada, le hablara al rey sobre él (sobre José (AS)).

Un tiempo después, se cumplió de una manera exacta lo que José (AS) había explicado como interpretación de los dos sueños. Sin embargo, la persona que se salvó y se había puesto a trabajar en el palacio del rey, sirviéndole a éste el vino, se olvidó de hablarle sobre la historia de José (AS) y de su habilidad o capacidad de interpretar los sueños, tal como José había solicitado.

Años más tarde –y permaneciendo José (AS) en la cárcel- el rey tuvo un sueño, en el que vio que siete vacas flacas estaban tragando siete vacas gordas; igualmente, vio siete espigas verdes y siete espigas agostadas. El rey quedó preocupado con este sueño y pidió públicamente que le ayudaran a interpretar el mismo. Mientras todos reconocieron su falta de habilidad para interpretar sueños, la persona que se quedó a salvo de los dos ex-compañeros de prisión, se acordó en ese entonces de la habilidad de José (AS) de interpretar sueños. Allí, él se lo hizo saber al rey y le pidió que le dejara ir a la cárcel para hablar con José (AS) sobre el sueño. Cuando esta persona, le narró a José (AS) el sueño del rey y le pidió su interpretación del mismo, José (AS) le comentó –como su interpretación- que durante los próximos siete años sembrarían como de costumbre, pero deberían consumir de esas cosechas sólo lo estrictamente necesario para comer, dejando las sobras en sus respectivas espigas, ya que los siete años siguientes serían muy difíciles y malos para la siembra, y en los que comerían las sobras de las cosechas que debieran ahorrar y salvaguardar durante los primeros siete años. Es importante observar que, adicionalmente a la mera interpretación del sueño, José (AS) dio un plan operativo para poder sobrellevar los siete años difíciles, el cual consiste en guardar el trigo en sus respectivas espigas, sin extraerlo; esto evitaría dañar el trigo.

Al escuchar el rey esta interpretación de José (AS) sobre su sueño, así como su aporte en relación a la idea para protegerse de las dificultades venideras, solicitó liberar a José (AS), con la intención de emplearlo como su ministro. Cuando la persona encargada de ejecutar esta orden se dirigió donde José (AS), que seguía encarcelado, y le indicó la intención del rey, José (AS) se negó a salir de la cárcel, sin antes se investigase bien su caso así como las causas de su encarcelamiento. Su intención era demostrar su inocencia, ya que esto para él era de capital importancia. El rey accedió a esta petición e interrogó primero a las mujeres que se habían cortado la mano y luego a la mujer del ministro sobre lo sucedido. En ese momento, todas reconocieron la honestidad y castidad de José (AS). Luego, la esposa del ministro confesó todo lo que había maquinado, y reconoció que ella fue la culpable y causante del encarcelamiento de José (AS) por éste habérsele negado a sus pretensiones e insinuaciones. Allí fue cuando José (AS) accedió a salir libre, ya que así no sólo estaría obteniendo su libertad física, sino su liberación de cualquier sospecha de inmoralidad o de desobediencia a Dios.

Así, una vez liberado y teniendo en cuenta que el mismo rey le ofreció a José (AS) que se encargase de un “ministerio”, José (AS) le pidió que lo designase como ministro responsable de manejar las arcas del reino de Egipto.

El sueño del rey comenzó a ser realidad, tal como José (AS) lo había interpretado. Durante los primeros siete años, José (AS) se encargaba de asegurar que todo el excedente de la siembra, después de consumir lo estrictamente necesario, fuese guardado en sus respectivas espigas. Con esto, después de estos siete años de bonanza, comenzó a surgir el problema con la siembra, no sólo en Egipto, sino en los territorios circundantes, tales como Palestina, donde residía la familia de José (AS). Como Egipto había tomado las precauciones necesarias, gracias a la gestión de José (AS), basada en el sueño del rey, hubo en ese país un superávit de trigo, mientras que en los países circundantes hubo escasez del mismo. José (AS) determinó que gente de estos países pudiesen venir a Egipto a intercambiar el trigo que necesitasen por mercancía diferente que trajesen consigo.

Así fue como llegaron los hermanos de José (AS) a Egipto en busca de intercambiar mercancía, traída consigo de Palestina, por trigo. Al llegar al sitio donde tenían que hacer dicho intercambio, José (AS) vio a sus hermanos, ya que era él mismo quien supervisaba esa actividad, pero ellos no lo reconocieron. José (AS) les preguntó sobre su familia, como un tema normal de conversación y se enteró que tenía otro hermano más pequeño que se había quedado en casa con su padre. Cuando se hizo el intercambio y los hermanos de José (AS) se aprestaron a volver a su tierra con sus provisiones, José (AS) les pidió que para el próximo viaje trajesen al pequeño hermano de ellos -que esta vez se había quedado en casa- como condición para efectuar el próximo intercambio. Al mismo tiempo, José (AS) instruyó a sus criados a colocar en las alforjas de sus hermanos la mercancía que habían traído, sin que éstos se dieran cuenta, ya que esto les motivaba a regresar otra vez, al tener mercancía con qué efectuar el próximo intercambio.

Cuando los hermanos de José (AS) volvieron a su casa, le contaron a su padre lo sucedido y le hicieron saber que tenían que llevarse consigo para el próximo intercambio a su pequeño hermano. Su padre, Jacobo (AS), les mostró su preocupación, ya que una vez les confió a un hermano pequeño y volvieron a casa sin él. Al percatarse que su mercancía se les había devuelto, insistieron más ante su padre para llevarse a su pequeño hermano, ya que tenían con qué efectuar otro intercambio. Jacobo (AS) accedió a su petición, luego de hacerles comprometer que –esta vez- tendrían sumo cuidado para proteger a su hermano y devolverlo sano a casa. Al mismo tiempo, él les pidió a sus hijos que, al llegar a su destino, entrasen por puertas diferentes el uno del otro. Esta petición responde a algún presentimiento que Jacobo (AS) tenía.

Al llegar otra vez donde José (AS), él apartó al pequeño, le reveló que él era su hermano y le indicó que no se preocupase por lo que iba a suceder. Cuando terminaron de efectuar el intercambio, José (AS) ordenó a sus criados a colocar –inadvertidamente- una copa de oro del rey en la alforja del pequeño hermano. Al aprestarse los hermanos de José a salir de regreso hacia su casa, uno de sus criados se dirigió a ellos y los acusó de ladrones, ya que la copa del rey se había extraviado, ante lo cual ellos quedaron perplejos porque estaban seguros que no habían hecho semejante fechoría. Por esa misma seguridad, ellos plantearon que al conseguir la copa robada dentro de la alforja de alguna persona, que esa misma persona reciba su merecido castigo. Así, al efectuar la búsqueda, se encontró la copa en la alforja del pequeño hermano, a quien ordenaron detener. En ese momento, sus hermanos le dijeron a José (AS) que si este pequeño hermano de ellos robó, es porque él había tenido a otro hermano (queriendo decir el mismo José (AS)) que también era ladrón. Seguidamente, le suplicaron a José (AS) a soltarlo y que detuviera –en sustitución- a otro hermano mayor, ya que su padre era un anciano y no iba a soportar la desaparición de su pequeño hijo. José (AS) no accedió a esta petición, indicándoles que él no podía ser injusto y que el castigo debe recibirlo la persona que –supuestamente- cometió el robo. Ante la negativa de José (AS), uno de los hermanos mayores decidió quedarse con el hermano menor, mientras los demás regresarían a casa, para darle la mala noticia a su padre Jacobo (AS).

Al recibir la noticia, Jacobo (AS) no les creyó a sus hijos, quienes insistieron en su inocencia y le pidieron a su padre que indagase con los otros caravaneros que venían del mismo sitio sobre la veracidad de lo dicho por ellos. Jacobo (AS) se entristeció, se acordó de José (AS) y se puso a llorar, hasta que se volvió ciego. Sin perder la esperanza, Jacobo (AS) les pidió a sus hijos que salieran en busca de José (AS) y de su pequeño hermano; él sabía, de alguna manera que José (AS) seguía vivo.

Los hijos de Jacobo (AS) volvieron a Egipto, con la excusa de efectuar otro intercambio, pero con la esperanza de que José (AS) soltara al pequeño hermano. Por supuesto, esta vez no tenían suficiente mercancía para canjearla por una ración completa de trigo. Aún así, le pidieron a José (AS) que les diese la ración completa, a pesar de la insuficiente mercancía que ellos traían. Allí, José (AS) les preguntó sobre lo que hicieron con José (AS) y con su hermano. En ese momento, lo reconocieron y gritaron todos: “¡Tú eres José!”. José (AS) les confirmó que estaban en lo cierto y que él era su hermano. Sus hermanos se pusieron a llorar, mostrando auténtico arrepentimiento por todo lo que habían hecho, cegados por los celos y la envidia. A pesar de todo lo sucedido, José no les reprochó; más bien, le suplicó a Dios que les perdonase y les tuviese misericordia.

Después de este feliz reencuentro, José (AS) les pidió a sus hermanos que regresaran a casa y trajeran a sus padres, para que todos vivieran en Egipto, junto a él. Antes de salir de regreso, José les dio su camisa para que se la pusieran en la cara de su padre y, con ello, recuperara su vista. Apenas la caravana de los hijos de Jacobo (AS) se estaba acercando al pueblo donde vivían, éste dijo que había en el ambiente un olor a José (AS). Cuando llegaron y pusieron la camisa de José (AS) en su cara, Jacobo recuperó la vista, y se llenó de alegría. Igualmente, él le suplicó a Dios perdonar la actuación de sus hijos.

Cuando todos llegaron a Egipto, junto con sus padres, entraron al palacio donde estaba José (AS). Al verlo, todos se postraron delante de él, como señal de agradecimiento a Dios: sus dos padres y sus once hermanos. Es muy importante resaltar aquí que la postración fue para Dios y no para José (AS). En ese momento, José (AS) le recordó a su padre que ésta era la interpretación de su sueño que había visto de niño, la cual acababa de cumplirse.

Finalmente, toda la familia de José (AS) (los hijos de “Israel”, o sea, de Jacobo (AS)) quedó viviendo con él, en Egipto.

9. JOB (AYOUB) (AS)

El profeta Job (Ayoub) (AS) vivía en Siria. Tenía muchos hijos y una muy buena posición económica, lo cual no le hizo alejarse de la obediencia y adoración de Dios. Job (AS) Jamás comía, sin estar acompañado por alguna persona huérfana o pobre. Él se caracterizaba por su honestidad, rectitud, devoción y paciencia.

Normalmente, Dios coloca a sus profetas en situaciones extremadamente difíciles, de pobreza, debilidad o enfermedad, con el fin de ilustrar a la gente que hasta los profetas se enfrentan a problemas en esta vida para que, de este modo, el común de la gente acepte sus propios problemas y los enfrente con paciencia.

Después de tantos años en los que gozaba de muy buena salud y gran bonanza –en hijos y dinero-, el profeta Job (AS) fue objeto de una fuerte enfermedad, que lo privó de su salud y consecuentemente de sus propiedades. Igual como Job (AS) le daba las gracias a Dios por cada una de sus bonanzas, le seguía dando las gracias por cada una de las desgracias en que iba cayendo, en un ejemplo de extrema fe; el agradecimiento a Dios es un deber, tanto en las buenas como en las malas.

Job (AS) estuvo con su enfermedad más de siete años (en algunas referencias, más de quince años) en los cuales había perdido toda su riqueza. Al estar enfermo, débil y pobre, la gente de su pueblo ya no lo tomaba en cuenta ni lo tenía en consideración, a diferencia de la situación anterior a su enfermedad. La única persona que se mantuvo a su lado, cuidándolo, fue su esposa “Rahmah”, hija (o nieta) del profeta José (AS). Una vez, su esposa le preguntó sobre por qué no le suplicaba a Dios por su curación, a lo que Job (AS) le respondió que no era justo suplicarle a Dios por una buena salud, después de sólo unos siete años de enfermedad, cuando Dios le había dado buena salud por más de setenta años.

Así, Job (AS) aceptaba su enfermedad con una infinita paciencia, como un dictamen de Dios que tenía que respetar y con el que tenía que conformarse. Sin embargo, cuando la gente comenzó a burlarse de él, indicándole que lo que le había pasado era causado por su hipocresía: seguramente, él mostraba –según ellos- su devoción hacia Dios pero en realidad era una persona hipócrita; en el fondo de su corazón y alma, él no creía en lo que predicaba, ya que era imposible que Dios lo hubiese tratado así si fuese un auténtico devoto. Esto le dolió a Job (AS) mucho más que su propia enfermedad, y allí fue cuando le suplicó a Dios por su curación: “Y Ayoub (Job) cuando imploró a su Señor: El mal me ha tocado pero Tú eres el más Misericordioso de los misericordiosos * Y le respondimos apartando de él el mal que tenía; y le devolvimos a su familia dándole además otro tanto, como misericordia de Nuestra parte y recuerdo para los adoradores” (21:83-84). En ese momento, después de que Job (AS) le suplicara, Dios le indicó que golpeara el suelo con su pie, para obtener agua la cual podía usar para lavarse y beber y con ello se sanaría: “Y recuerda a Nuestro siervo Ayoub (Job) cuando clamó a su Señor: ¡Satanás me ha tocado con enfermedad y padecimiento! * (Dios le dijo) Golpea el suelo con tus pies y tendrás agua fresca para lavarte y bebida * Y le concedimos que recuperara a su familia y otro tanto más con ellos, como misericordia procedente de Nos y recuerdo para los que saben reconocer lo esencial.” (38:41-43). Job (AS) hizo lo que Dios le ordenó, golpeó el suelo y salió agua, con la cual se lavó y de la cual bebió. Inmediatamente, Job (AS) se curó y hasta recuperó su juventud.

Job (AS) vivió 93 años, después de darle a la humanidad magníficos ejemplos de paciencia y de devoción.

10. JETRO (CHU´AYB) (AS)

El profeta Chu´ayb (AS) es descendiente de Madyan, padre fundador de la tribu que lleva su nombre y la cual vivía en el lado oeste del Sinaí.

Dios envió a Jetro (Chu´ayb) (AS) como profeta, para guiar a la tribu de Madyan, cuya gente, en ese momento, había dejado la adoración de Dios, se había volcado a adorar ídolos y ejercía prácticas no acordes con sus mandamientos: “Y (Dios envió) a los Madyan, su hermano Chu´ayb (Jetro), quien dijo: ¡Gente mía! Adorad a Dios; no tenéis otro dios que Él; os ha llegado una evidencia de vuestro Señor; así pues cumplid con la medida y el peso y no menoscabéis (los derechos de) los hombres en sus cosas ni corrompáis en la tierra después del orden que se ha puesto en ella; eso es un bien para vosotros si sois creyentes * Y no estéis esperando al acecho en cada camino para intimidar, ni desviéis del camino de Dios a quien cree en Él, deseando que sea tortuoso; recordad cuando erais pocos y Él os multiplicó, y mirad cómo han acabado los corruptores” (7:85-86). Dios resalta, en estos versículos, varias prácticas desviadas de la gente de Madyan: (a) engañar con la medida y el peso, en sus transacciones de venta, (b) Corromper la sociedad e (c) intimidar a la gente, con el fin hacerlos desviar del camino de Dios. Ante ese llamado de Chu´ayb (AS), la respuesta de su gente consistió en una negativa de acudir a su llamado y fue acompañada con amenazas de expulsarlo del pueblo:

  • “Dijeron: ¡Chu´ayb! No comprendemos mucho de lo que dices y realmente te vemos débil entre nosotros; de no haber sido por tu (descendencia de un reconocido) clan te habríamos apedreado; no eres importante para nosotros” (11:91)
  • “Dijeron los ricos y principales, aquéllos de su gente que se habían llenado de soberbia: ¡Chu´ayb! Te vamos a expulsar de esta ciudad a ti y a los que están contigo, a menos que volváis a nuestras creencias; (Chu´ayb) dijo: ¿Aunque sea en contra de nuestra voluntad?” (7:88).

A raíz de la persistencia de la gente de Madyan en sus actos descarriados, Dios los castigó con una fuerte sacudida (terremoto), igual como había castigado a otros pueblos con castigos similares, salvando a aquellos que creyeron en, y siguieron a, Chu´ayb (AS):

  • “Los alcanzó la gran sacudida y amanecieron en sus hogares caídos en cadáveres” (7:91)
  • “Y cuando Nuestra orden llegó, salvamos a Chu´ayb y a los que junto a él creían, gracias a una misericordia procedente de Nosotros, y el Grito sorprendió a los injustos, que amanecieron en sus hogares caídos en cadáveres” (11:94).

Después de la destrucción del pueblo de Madyan, Chu´ayb (AS) se trasladó a otro pueblo cercano, llamado Al Aykah, cuya gente tenía prácticas similares a la gente de Madyan. Chu´ayb (AS) intentó guiarlos al camino de Dios, dándoles similares consejos a aquellos que él le había dado a la gente de Madyan: “Los habitantes de Al-Aykah negaron lo que decían los enviados * Cuando Chu´ayb les dijo: ¿No vais a temer? * Yo soy para vosotros un mensajero fiel * Así pues, temed a Dios y obedecedme * No os pido ningún pago a cambio; mi recompensa sólo incumbe al Señor de los mundos * Sed justos al medir sin perjudicar a la gente en ello * Y pesad con la balanza equilibrada * Sin menguar a la gente sus cosas; y no cometáis maldades en la tierra como corruptores * Y temed a Aquél que os ha creado a vosotros y a las generaciones primeras” (26:176-184). La respuesta de la gente de Al Aykah fue similar a la de la gente de Madyan; además le retaron a Chu´ayb (AS) a que hiciera caer un castigo sobre ellos, con el fin de demostrarles que no es mentiroso: “Dijeron: No eres más que uno de esos hechizados * Tan sólo eres un ser humano como nosotros y no te consideramos sino como uno de los que mienten * Haz que caiga sobre nosotros un trozo de cielo si dices la verdad” (26:185-187). Dios respondió al reto, dirigido a su profeta, e hizo caer su castigo: “Y lo negaron y los sorprendió el castigo del día de (la nube que les dio) sombra, ciertamente fue el castigo de un día grave” (26:189). Se narra que el castigo comienza con un terremoto en el pueblo de Al Aykah, seguido de calor insoportable, a raíz de lo cual las personas salen desesperadamente, y se dirigen para agruparse debajo de una nube, buscando sombra y sitio fresco. Una vez debajo de la misma, Dios hizo caer de ella un fuego muy intenso, que los quemó y los pulverizó a todos.

Cuando se narra la historia del profeta Moisés (AS), nos daremos cuenta que Chu´ayb (AS) casa a su hija con Moisés, transformándose así en su suegro.

11. MOISÉS Y AARÓN (AS)

En la historia del profeta José (AS) se mencionó que toda su familia, padres y hermanos, emigraron a Egipto para vivir con él, ya que José (AS) en ese momento tenía una buena posición –de ministro- ante el rey o faraón de Egipto, quien confiaba en él y había creído en lo que José (AS) predicaba en relación al monoteísmo.

Después de la muerte de ese faraón, su sucesor no creyó en el monoteísmo, aunque el profeta José (AS), quien se murió durante su mandato, era también cercano a él. Durante las décadas y siglos siguientes, la descendencia de Jacobo (AS), o sea, hijos de Israel (recordemos que Israel era el apodo del profeta Jacobo (AS)), quienes ya estaban viviendo en Egipto, iban aumentando y multiplicándose, de generación en generación. Los faraones siguientes fueron mucho más tiranos y opresores que los primeros, hacia la descendencia de Jacobo (AS) (o Israel), a quienes habían transformado en esclavos, y los habían obligado a realizar trabajos muy forzados.

Las referencias narran que, un poco antes del nacimiento de Moisés (AS), el faraón de turno vio, en un sueño, que venía un intenso fuego desde las tierras de Palestina hacia Egipto, quemando todo y todos a su paso, excepto a la descendencia de Jacobo (AS) (o hijos de Israel). El faraón llamó a los astrólogos para que le indicasen la interpretación de ese sueño, que le preocupó muchísimo. Los astrólogos le indicaron al faraón -como su interpretación- que nacería una persona de la descendencia de Israel que destruiría su reinado. El faraón tuvo extrema preocupación por ese sueño –y más por su interpretación- hasta el extremo que ordenó sacrificar a toda criatura varón que recién naciera de la descendencia de Jacobo (AS). Esta narración aparece en las referencias biográficas de los profetas, pero la misma no aparece en el Corán.

La señora que –posteriormente- sería madre de Moisés (AS) quedó embarazada con él, precisamente durante el período en que estaba vigente la mencionada orden del faraón de matar a todos los varones que nacieran de la descendencia de Israel (o Jacobo (AS)). La madre de Moisés (AS) logró permanecer oculta durante su embarazo. Al nacer Moisés (AS), su madre logró, igualmente ocultarlo unos días, durante los cuales su preocupación ante la inminente suerte de Moisés (AS) de ser sacrificado por orden del faraón, estuvo en su máxima expresión. En uno de los momentos de angustia de la madre, Dios le inspiró que pusiera a su hijo en una pequeña caja y que pusiera la caja en las aguas del río Nilo. La madre obedeció la orden de Dios; ella puso a su hijo Moisés (AS) dentro de una caja y puso la caja en las aguas del Nilo. Ella había recibido una inspiración de Dios, que Él lo protegería y, algún día, se lo devolvería y haría de él un Mensajero, tal como reza el versículo: “E inspiramos a la madre de Moisés: Amamántalo y cuando temas por él, déjalo en el río, y no temas ni te entristezcas porque te lo devolveremos y haremos de él uno de los enviados” (28:7). Además, ella le pidió a su hija que siguiera el trayecto de la caja para saber donde ésta iba a parar.

La mencionada caja, con Moisés (AS) adentro, fue llevada por las aguas del Nilo hasta llegar al frente del palacio del faraón. Al ver la caja, éste la abrió. Al darse cuenta que la misma contenía a un niño recién nacido, tuvo una fuerte sospecha de que el mismo fuese un descendiente de Israel (Jacobo (AS)) y, por ello, ordenó que fuese sacrificado. Rápidamente, su esposa (llamada Asiah) le pidió que no lo sacrificara y que -más bien- lo dejara para que lo criaran como si fuese su hijo: “Y dijo la mujer del faraón: Será un consuelo para mis ojos y para los tuyos; no lo matéis; puede ser que nos beneficie o lo adoptemos como hijo sin que ellos (la gente) se den cuenta” (28:9).

Más rápido de lo que la misma madre de Moisés (AS) esperaba, Dios cumplió su promesa y puso a su hijo, muy pocos días después, de vuelta en sus manos. Moisés (AS) tenía que ser amamantado, pero ninguna mujer conocida o cercana al palacio del faraón, de las que podían amamantar, logró realizar tal tarea, ya que el bebé Moisés (AS) las rechazaba a todas. Su hermana, quien era una jovencita y que lo había visto todo cuando Moisés (AS) fue dejado en la caja y como fue recogido en el palacio, se enteró del problema de su hermano y le indicó a la gente del palacio que ella conocía a una señora que amamantaba y que podía realizar esta tarea. Es bueno resaltar que –antiguamente- las mujeres podían estar amamantando, aunque no tuviesen un hijo en edad para ello, ya que se acostumbraba amamantar –por largos períodos- a diversos hijos de otras madres. La gente del palacio, incluyendo la esposa del faraón, accedió a hacer el intento, con la misma madre de Moisés (AS), no teniendo conocimiento de ese parentesco. Así, ella volvió a tener a su hijo en brazos, dándole de comer y cuidándolo, cumpliéndose –más temprano que tarde- la promesa de Dios: “Hasta entonces no habíamos permitido que ninguna nodriza pudiera amamantarlo; entonces (la hermana de Moisés) dijo: ¿Queréis que os indique una familia que puede cuidarlo para vosotros criándolo bien? * Y así se lo devolvimos a su madre para consuelo de sus ojos y para que no se entristeciera y supiera que la promesa de Dios es verídica; sin embargo la mayoría de ellos no saben” (28:12-13). Una vez culminada esta tarea, meses después, Moisés (AS) fue devuelto al palacio para seguir allí con su crianza y educación.

Así, Moisés (AS) fue criado en el palacio del faraón, como si fuera un hijo para él y para su esposa. Este hecho se considera realmente el primer milagro relacionado con la historia de Moisés (AS): mientras todos los judíos varones recién nacidos eran sacrificados, Moisés (AS), no sólo fue salvado por Dios, sino que fue criado por el mismo faraón, quien había dictaminado el sacrificio de estos recién nacidos, sin darse cuenta que esta criatura era precisamente la que él temía y que algún día le destruiría su reinado.

Moisés (AS), ya de joven maduro, estaba caminando por la calle y se encontró con dos personas peleando, siendo uno de ellos de su gente (descendiente de Israel). En un intento por defender a la persona que era de su gente, Moisés (AS) logra darle a la otra persona, siendo egipcia, un golpe, el cual fue –sin intención- mortal. Después de esto, Moisés(AS) estuvo a la expectativa y con cierto temor.

Días después, Moisés (AS) vuelve a encontrar al mismo hombre que es de su gente, peleando con otro egipcio. Por estar buscando pleitos, Moisés (AS) lo reprendió y se acercó luego –a pesar de esto- para defenderlo. Ese hombre creyó que Moisés (AS) venía a pelear con él, después de haberlo recriminado, y le gritó que él quiere matarlo igual como mató al egipcio, hace unos días, y lo acusó de ser un tirano: “Y amaneció en la ciudad temeroso y vigilante; entonces el que el día anterior le había pedido ayuda le pidió socorro a voces; Moisés le dijo: Eres un perdido, sin ninguna duda * Y cuando se disponía a agredir al que era enemigo de ambos, éste dijo: ¡Moisés! ¿Acaso quieres matarme como mataste a otro, días antes? ¿Es que únicamente deseas ser un tirano en la tierra en vez de ser de los virtuosos?” (28:18-19). Después de este evento, Moisés (AS) pensó que la noticia se propagaría rápidamente, por lo que se ocultó para prevenir que los egipcios lo mataran por venganza.

Al mismo tiempo, el faraón se enteró de lo sucedido y se percató que Moisés (AS) –definitivamente- se consideraba a sí mismo más como uno de los hijos de Israel que como egipcio, a pesar de ser prácticamente su hijo adoptado. Entonces, el faraón envió a un grupo de hombres para que lo matasen, como castigo por lo que había cometido y por su ingratitud. Sin embargo, una persona egipcia, pero creyente, se adelantó buscando a Moisés (AS) hasta que lo encontró y le informó lo que ya se estaba tramando en su contra, aconsejándole que escapara de Egipto: “Y vino un hombre corriendo desde la parte más alejada de la ciudad, y dijo: ¡Moisés! La gente está conspirando contra ti para matarte; escápate pues, yo soy para ti un consejero * Y salió de ella temeroso y alerta; dijo: ¡Señor mío! Sálvame de la gente injusta” (28:20-21).

Así, Moisés (AS) salió de Egipto, en dirección hacia Palestina, queriendo atravesar el desierto del Sinaí, escapando del faraón y de los egipcios, quienes habían ya dictaminado su muerte. Él estaba confiado en que Dios lo iba a guiar a un sitio seguro, donde podía permanecer sin que lo alcanzase la tiranía del faraón y la venganza de los egipcios. Después de varios días, soportando la inclemencia del desierto, el hambre, la sed y el calor del sol, llegó a la entrada del pueblo de Madyan, donde vivía el profeta Jetro (Chu´ayb) “Y mientras iba en la dirección de los Madyan, dijo: Puede que mi Señor me guíe al camino recto” (28:22).

Allí se encontró con dos mujeres jóvenes que estaban cerca de un pozo, donde había varios hombres dándoles a beber a sus respectivos animales. Moisés (AS) se les acercó a las dos jóvenes y les preguntó porqué tenían un largo rato allí, simplemente esperando. Las jóvenes le explicaron que los hombres, aprovechándose de su condición de más fuertes, no respetaban su turno y se les adelantaban a ellas; las mismas estaban solas, ya que su padre era un anciano y no podía venir a realizar este necesario quehacer: “Y cuando llegó a la aguada de los Madyan encontró a un grupo de gente abrevando a sus rebaños y apartadas de ellos a dos mujeres que mantenían a su ganado alejado; (Moisés) les dijo: ¿Qué os pasa? Dijeron: No podremos abrevar hasta que no se vayan los pastores, nuestro padre es muy anciano” (28:23). Entonces Moisés (AS) las ayudó, abriendo camino entre los hombres y extrajo el agua necesaria para darle de beber a las ovejas de las dos jóvenes. Las mismas le agradecieron su buen gesto. Al voltearse para dirigirse hacia su casa, las jóvenes escucharon a Moisés (AS), suplicándole a Dios por algo de comer: “Entonces abrevó para ellas y luego se retiró a la sombra y dijo: ¡Señor mío! Realmente me hallo en necesidad de que me hagas descender algún bien” (28:24).

Al llegar a su casa, las dos jóvenes hermanas le contaron a su padre (el profeta Jetro, o Chu´ayb (AS)) lo que había sucedido. Entonces Jetro (Chu´ayb (AS)) le pidió a una de sus hijas que fuese donde habían dejado a Moisés (AS), para invitarle a su casa, como agradecimiento por su ayuda. Moisés (AS) aceptó la invitación y acompañó a la joven a su casa. Estando allí, él le narró a Jetro (Chu´ayb (AS)) lo que le había sucedido en Egipto. Chu´ayb (AS) lo tranquilizó y le dijo que había hecho bien al escapar de la tiranía del faraón y de los egipcios: “Y vino a él una de las dos, caminando con pudor, dijo: Mi padre te invita para compensarte que hayas abrevado para nosotras; y cuando (Moisés) llegó a su presencia y le contó (a Jetro o Chu´ayb) su historia, (éste) dijo: No temas, estás a salvo de la gente injusta” (28:25).

Moisés (AS) se quedó un tiempo viviendo en la casa de Jetro (Chu´ayb) (AS) y trabajando para él, cuidando de su rebaño. Un día, Jetro (Chu´ayb) (AS) le ofrece a Moisés (AS) a una de sus hijas en matrimonio, con la condición de que trabajase para él entre unos ocho y diez años. Este ofrecimiento fue aceptado por Moisés (AS), casándose así con la hija del profeta Jetro (Chu´ayb) (AS) “(Jetro o Chu´ayb) Dijo: Quiero casarte con una de mis hijas a cambio de que trabajes para mí durante ocho años, aunque si culminas hasta diez será cosa tuya, no quiero hacértelo difícil; si Dios quiere, te darás cuenta que soy justo” (28:27). Es importante resaltar que el Corán, al narrar la historia de Moisés (AS), no menciona el nombre de Jetro (Chu´ayb) (AS). Sin embargo, narraciones transmitidas del profeta Muhammad (SAAWAWS), indican que el profeta Moisés (AS) se casó con la hija del profeta Jetro (Chu´ayb) (AS). Además, el Corán sí menciona que el pueblo donde llegó Moisés (AS) después de escapar de Egipto es el de Madyan, siendo este pueblo el mismo donde vivió el profeta Jetro (Chu´ayb) (AS), según su historia narrada en el Corán y expuesta en un punto anterior de este capítulo.

Al término del período acordado, Moisés (AS) emprende su mudanza, con su familia. Al alejarse de la casa de su suegro y del pueblo de Madyan, Moisés (AS) observó que había fuego en la ladera de la montaña. Ya era de noche y hacía frío. Entonces, él pidió a su familia que esperasen en el sitio donde estaban, para que él averiguase sobre ese fuego y les trajese algún tizón que les sirviese para calentarse y protegerse del frío: “Y habiendo Moisés concluido el plazo y partido con su familia, distinguió en la ladera del Monte un fuego y dijo a su familia: ¡Esperad! He visto un fuego y quizás pueda volver con alguna noticia o con algún tizón con el que podáis calentaros” (28:29).

Al llegar al sitio del fuego, Moisés (AS) escuchó una voz que le estaba hablando, pero no podía ver quien le hablaba, lo cual le asustó mucho, hasta que finalmente escuchó con claridad: Yo soy Dios, el Señor de los mundos: “Y cuando llegó a él, una voz lo llamó desde el margen derecho del valle en el lugar bendito donde está el árbol: ¡Moisés, Yo soy Dios el Señor de los mundos!” (28:30). Moisés (AS), perplejo del susto, se muestra con mucha confusión; ¡No podía creer lo que estaba sucediendo! Enseguida, Dios le ordena a Moisés (AS) que quitara sus sandalias, al encontrarse en un sitio bendito y sagrado: “Yo soy tu Señor, quítate las sandalias pues estás en el sagrado valle de Tuwa” (20:12). Después de esta introducción, lo primero que le resalta Dios a Moisés (AS), después de indicarle que lo ha elegido como Mensajero, es la importancia de practicar la oración o rezo, y de creer en el Día de la Resurrección: “Te he elegido, así pues pon atención a lo que se te inspira: * Yo soy Dios; no hay dios excepto Yo; adórame y establece la Oración para recordarme. * La Hora vendrá con toda seguridad, y casi la tengo oculta, para compensarle a cada quien con base en lo que haya hecho * Que no te aparte de ella aquél que no cree en ella y que sigue sus pasiones, pues te perderías” (20:13-16). Entonces, para darle un signo a Moisés (AS), Dios le indica que tire el bastón que tiene en la mano; inmediatamente Moisés (AS) obedeció. Más sorpresa y espanto tuvo cuando vio que su bastón se transformó en una víbora viviente, que le hizo correr, tratando de prevenir que le hiciera daño:

  • “¡Tira tu bastón! Y al verlo reptar como una víbora (Moisés) se apartó espantado sin volverse atrás; (entonces Dios le dijo): “¡Moisés! Ven y no tema; tú eres de los que están a salvo” (28:31)
  • “(Dios) Dijo: Tómalo y no temas, lo devolveremos a su forma original” (20:21)

Luego, Dios le pide que introduzca su mano dentro de su bolsillo y la vuelva a sacar. Al hacerlo, Moisés (AS) vio que su mano se había vuelto de color blanco, pero sin daño alguno: “Desliza tu mano por el escote y saldrá blanca sin que tenga mal alguno; y apriétate el pecho con la mano para vencer el miedo; estas son las dos pruebas de tu Señor para el faraón y su corte; realmente son gente corrupta” (28:32).

Lo expresado al final del versículo (28:32), es una orden de Dios, indicándole a Moisés (AS) que regrese a Egipto, y le muestre estos mismos dos signos al faraón y a su corte, con la esperanza de que reflexionen y dejen de seguir cometiendo actos de tiranía y de injusticia. Moisés (AS) le dijo a Dios que él tenía cierto temor, por dos razones: (a) él había escapado de Egipto, por haber matado a uno de sus ciudadanos, y (b) él no tenía una soltura verbal comunicándose con los demás. Por estas razones, y teniendo toda la intención de obedecerle, Moisés (AS) le pidió que sumara a su hermano Aarón (AS) (Haroun) con él en esta misión, solicitud favorecida con el beneplácito de Dios: “Dijo: ¡Señor! Maté a uno de ellos y temo que me maten * Y mi hermano Aarón se expresa con más soltura y claridad que yo; envíalo conmigo como ayudante que confirme mis palabras, pues realmente temo que me desmientan * (Dios) Dijo: Te fortaleceremos con tu hermano y os daremos autoridad de manera, que gracias a Nuestros signos, no podrán haceros daño; vosotros y quien os siga seréis los vencedores” (28:33-35). Dios tranquiliza a Moisés (AS) y le da seguridad, prometiéndole que el faraón no le haría daño alguno ni a él ni a su hermano y que tanto él como su hermano, así como aquellos que les seguirían, vencerían –al final- al faraón y a su gente.

Así, Moisés (AS), junto a su familia, emprendió su viaje de regreso hacia Egipto. Una vez allí, lo primero que hace es dirigirse a la casa de sus padres, contarles lo sucedido e indicarle a su hermano Aarón (AS) que Dios lo había seleccionado para acompañarlo (a Moisés (AS)) en la misión encomendada. La misma consiste, adicionalmente a solicitarle al faraón que reflexione y que siga los mandamientos de Dios, en el sentido de creer en Él y dejar las prácticas de injusticia y tiranía, en liberar a los hijos de Israel de la esclavitud y dejarlos volver hacia Palestina, desde donde el profeta Jacobo (AS) salió con su familia en la época de su hijo, el profeta José (AS): “¡Id a él! (al faraón) y decidle: Somos mensajeros de tu Señor, deja ir con nosotros a los hijos de Israel y no los castigues, hemos venido a ti con un signo de tu Señor; y que la paz sea con quien siga la guía correcta” (20:47).

Siguiendo el mandato de Dios, y para cumplir con su misión, Moisés (AS) y su hermano Aarón (AS) se dirigieron al palacio del faraón. Al llegar, ellos le transmitieron el mensaje de Dios, quien les había ordenado iniciar la conversación con el faraón con un llamado a la recapacitación, con un tono moderado: “Y habladle de manera suave, tal vez recapacite y se vuelva temeroso” (20:44). Al solicitarle al faraón que libere a los hijos de Israel (de Jacobo (AS)) y que los deje ir hacia Palestina, el faraón le reprochó a Moisés (AS) el hecho de que él (el faraón) y su esposa lo habían favorecido y criado hasta su juventud, y que había escapado, sin castigo, después de matar a uno de los egipcios: “(el faraón) Dijo: ¿Acaso no te criamos con nosotros cuando eras niño y permaneciste entre nosotros años de tu vida * e hiciste lo que hiciste convirtiéndote en un renegado?” (26:18-19), a lo que Moisés (AS) respondió: “Dijo: Cuando lo hice estaba entre los extraviados * Y al sentir miedo huí de vosotros; entonces mi Señor me concedió juicio y me hizo uno de los enviados * ¿Y éste es el favor que tú me hiciste: esclavizar a los hijos de Israel?” (26:20-22). El faraón, en ese momento cambia la conversación y le pregunta a Moisés (AS):

  • “Dijo el Faraón: ¿Y quién es el Señor de los mundos?” (26:23), a lo que Moisés respondió: “Dijo: El Señor de los cielos y de la tierra y de lo que hay entre ambos, si quisieras tener certeza” (26:24)
  • “Dijo: Es vuestro Señor y el Señor de vuestros primeros padres” (26:26)
  • “Dijo: El Señor del oriente y del occidente y de lo que hay entre ambos, si comprendierais” (26:28)

El faraón, quien por su arrogancia y el poder que ejercía se creía el ser supremo, le dijo a Moisés (AS), en tono de advertencia: “Dijo: Si tomas otro dios que no sea yo, te dejaré entre los prisioneros” (26:29). En reacción a ello, Moisés (AS) le dijo: “Dijo: ¿Incluso si te muestro una evidencia?” (26:30). Allí el faraón le retó: “Dijo: Muéstralo, si eres de los que dicen la verdad” (26:31). En ese momento, Moisés (AS) le mostró al faraón los dos signos que Dios le dio (a Moisés (AS)) cuando éste estaba en el valle bendito: transformación del bastón en una serpiente y el cambio del color de su mano al ponerla en su bolsillo y volver a extraerla. El faraón, por temor a que la gente presente creyera en Moisés (AS) y en su predicación, comentó ante todos que esto era una simple magia y, para demostrar y contrarrestar la misma, decidió traer a los mejores magos de Egipto y reunirlos con Moisés (AS), en una competencia de magia, con el fin, o con la esperanza, de que estos magos hagan descubrir la falsedad de la predicación de Moisés (AS) y de sus “supuestos signos”.

Cuando llegó el día acordado, se reunieron todos, en presencia de las multitudes, y comenzó la competencia de magia entre Moisés (AS) y los magos del faraón. Estos comenzaron lanzando sus respectivos bastones, los cuales, por efecto de su magia, son vistos por la multitud como serpientes. Moisés (AS) fue el último en lanzar su bastón, el cual se transformó en una gigante y real serpiente, la cual se tragó a todas las demás “supuestas” serpientes. Al ver lo sucedido, y conscientes sobre la realidad de los hechos y de las limitaciones de la magia, los mismos magos se postraron ante Moisés (AS) (no para Moisés (AS)), como señal de creencia en Moisés (AS) y en su mensaje; ellos sabían que lo sucedido es un fenómeno sobrenatural que va mucho más allá que cualquier simple efecto de magia y que esto confirmaba la existencia de Dios, de quien Moisés (AS) hablaba: “Entonces cayeron los magos postrados * Dijeron: Creemos en el Señor de los mundos * el Señor de Moisés y de Aarón” (26:46-48). El faraón, muy molesto con este acto de arrepentimiento de los magos y su creencia en lo predicado por Moisés (AS), los amenazó fuertemente: “Dijo: ¿Creéis en él sin mi permiso? Él es, en verdad, vuestro cabecilla, el que os ha enseñado la magia, pero vais a saber: Os cortaré la mano y el pie cruzados (la mano derecha y el pie izquierdo, o viceversa) y os crucificaré a todos” (26:49). Los magos hicieron caso omiso a las amenazas del faraón, quien –posteriormente- los castigó, tal como les había advertido.

Por supuesto, el faraón no les permitió a los descendientes de Jacobo (AS) salir de Egipto, en compañía de Moisés (AS) y de Aarón (AS); más bien él encarceló a aquellos que creyeron en Moisés (AS) y en su predicación, y comenzó a torturar y matar a muchos otros, a pesar de los signos que le fueron mostrados. Los descendientes de Israel (de Jacobo (AS)) comenzaron a quejarse ante Moisés (AS), diciéndole que su retorno no les ha salvado y que su situación con el faraón seguía igual o peor. Moisés (AS), les exhortaba a tener paciencia y que –al final- ellos serían salvados, tal como Dios lo prometió: “Dijeron: Hemos sufrido antes de que tú vinieras a nosotros y también después; (Moisés) dijo: Puede que vuestro Señor destruya a vuestros enemigos y haga que les sucedáis en la tierra para ver cómo actuáis” (7:129).

El faraón se mantuvo con su negativa, a pesar de seguir presenciando muchos otros sucesivos signos que Dios mostraba para hacerlo reflexionar. Sin embargo, estos otros signos no eran –como los primeros- simples actos inofensivos, sino que lastimaban al faraón y a Egipto. Estos signos fueron: (1) Una fuerte y prolongada sequía, que afectaba la siembra, (2) un diluvio que dañó las casas y las propiedades, (3) langostas que se comían todas las siembras, (4) piojos, (5) ranas que invadían las casas, (6) transformación de las aguas del Nilo en sangre, cuando éstas se ponían en manos de los egipcios, por lo que ya no podían beber de las mismas.

El milagro en estos signos consiste en: (a) que todas estas manifestaciones le hacían daño únicamente a los egipcios, más no a los hijos de Israel, y (b) que toda vez que ocurría una de estas manifestaciones, el faraón le pedía a Moisés (AS) que le suplicara a “su” Dios para que la misma cesase, con la promesa (del faraón) de que dejaría libres a los hijos de Israel y los dejaría salir hacia Palestina; cada vez que Moisés (AS) solicitaba a Dios que la manifestación cesase, la misma cesaba.

Sin embargo, el faraón no cumplía su promesa; esto se repitió una vez tras otra, excepto la última manifestación o el último signo:

  • “Y castigamos a la familia del faraón con los años de sequía y esterilidad y la falta de frutos para que tal vez recapacitaran” (7:130)
  • “Y enviamos contra ellos el diluvio, las langostas, los piojos, las ranas y la sangre como signos claros, pero se llenaron de soberbia y fueron gente de mal * Pero cuando hubo caído sobre ellos el castigo, dijeron: ¡Moisés!: Ruega por nosotros a tu Señor según lo que acordó contigo; si apartas de nosotros este castigo, te creeremos y dejaremos ir contigo a los hijos de Israel * Pero cuando los libramos del castigo durante un tiempo fijado y al cumplirse el plazo, ellos no cumplieron” (7:133-135)

A pesar de todos estos signos, el faraón quería demostrarle a su gente que el dios de Moisés (AS) (Dios) no existía, y que él era el único dios de los egipcios. Para ello, él le pidió a uno de sus ministros más allegados, llamado “Hamán”, que le construyera una torre altísima, para ver si logra ver a Dios. Por su incredulidad, él sabía que no iba a ver a Dios; sin embargo, esto fue con toda la intención de mostrarle a su gente –como, por supuesto, no iba a ver a Dios- que Dios de quien Moisés (AS) predica, no existe: “Y el faraón dijo: ¡Consejo de nobles! No sé que tengáis otro dios que yo, así pues, Hamán, cuece barro para mí y hazme una torre para que pueda subir hasta el dios de Moisés, pues realmente lo tengo (a Moisés) por mentiroso” (28:38). Después de esto, el faraón fue mucho más lejos en su intento de engañar y descarriar a los egipcios, a quienes él quería convencer que él era su –único- dios:

  • “Y el faraón llamó a su gente, dijo: ¡Gente mía! ¿Acaso no me pertenece la soberanía de Egipto y estos ríos que corren a mis pies? ¿Es que no lo veis? * ¿Acaso no soy yo mejor que éste (Moisés), que es insignificante y apenas puede explicarse? * ¿Cómo es que no ha recibido ningún brazalete de oro o han venido con él los ángeles en grupo? * (el faraón) Buscó el punto débil de su pueblo y le obedecieron, realmente era gente descarriada” (43:51-54)
  • “Pero negó la realidad y desobedeció * luego se desentendió y siguió con lo suyo * Y convocó y proclamó * diciendo: Yo soy vuestro señor supremo” (79:21-24)

Después del último signo, el faraón no tuvo más duda alguna en cuanto a que todo lo que estaba sucediendo en Egipto, era motivado –de alguna manera- por Moisés (AS). Con el fin de terminar con esta cadena de catástrofes o desgracias que agobiaban a su pueblo, el faraón accedió a liberar a los hijos de Israel y dejarlos salir de Egipto. Sin embargo, cuando estos ya estaban cerca del mar (el Mar Rojo), el faraón decide, otra vez, incumplir su promesa y se preparó a salir con su ejército tras ellos para obligarlos a volver a Egipto, o para aniquilarlos. Al avistar desde lejos que el ejército del faraón venía persiguiéndolos, los hijos de Israel tuvieron un enorme temor por sus vidas, ya que conocían la tiranía del faraón, y en ese momento ellos estaban frente al mar, sin contar con medios que les permitiesen avanzar. Ante esta situación de desespero y de extremo miedo de los hijos de Israel, Moisés (AS) le suplica a Dios para que ayude a su pueblo. Finalmente, Dios le inspira a Moisés (AS) que golpee las aguas del mar con su bastón. Al hacerlo, el mar se abrió, formándose una senda de tierra, la cual usaron los hijos de Israel para seguir avanzando y escapar del ejército que venía hacia ellos. Algunas referencias mencionan que el mar se abrió en doce sendas, un número igual a los hijos directos de Jacobo (AS). Al llegar este ejército, junto con el faraón, tomaron la senda de tierra que se había formado entre las aguas del mar con el poder de Dios. Cuando todo el ejército ya estaba en la mencionada senda, la misma comenzó a inundarse con las aguas del mar, que volvieron a tomar su cauce original, pero sólo en el trayecto que los descendientes de Israel (Jacobo (AS)) iban dejando detrás de ellos. Finalmente, todos ellos llegaron a la otra orilla del mar, a salvo, mientras que el ejército del faraón fue totalmente ahogado. El único que quedó con vida de todo el ejército fue el mismo faraón, quien finalmente –estando a punto de ahogarse- le pidió a Dios que lo salvara, después de expresar su arrepentimiento. Sin embargo, Dios no le aceptó este arrepentimiento, ya que el mismo fue expresado justo al momento de enfrentarse con la muerte. A pesar de esto, Dios lo salvó en cuerpo, más no en alma, sólo para que fuese otro signo más para el resto de la humanidad: “Hicimos que los hijos de Israel cruzaran el mar y el faraón y sus ejércitos los persiguieron con hostilidad e injusticia, hasta que al ver que las aguas lo ahogaban, dijo (el faraón): Creo que no hay otro dios sino Aquél en el que creen los hijos de Israel y soy de los que se someten (a Dios) * (Dios le dijo) ¿Ahora?, ¿cuando antes desobedecías y eras de los corruptores? * Hoy arrojaremos tu cuerpo a tierra firme con el fin de que sea un signo para los que vengan después de ti; pero es cierto que muchos de los hombres son indiferentes a Nuestros signos” (10:90-92).

Es justo resaltar que, a pesar de que el faraón era un tirano y no creía en Dios, su esposa Asiah era una mujer creyente en Dios, y creía en lo que Moisés (AS) predicaba. El Corán nos da una constancia de ello: “Y Dios les pone un ejemplo a los que creen: La mujer del faraón cuando dijo: ¡Señor mío! Haz para mí una casa, junto a Ti, en el Paraíso, y sálvame del faraón y de sus actos; y sálvame de la gente injusta” (66:11).

Los signos de Dios siguieron manifestándose después de la salvación de los hijos de Israel del faraón. Al cruzar el mar y llegar al otro lado, sanos y salvos, los descendientes de Israel (Jacobo (AS)) se encontraron a sí mismos en un desierto, sin agua, sin comida, sin casas, y con mucho calor. Como respuesta a las súplicas de Moisés (AS), Dios siguió manifestando sus signos, esta vez para salvarlos de la inclemencia del desierto, del hambre, de la sed y del calor:

  • “Y os cubrimos con la sombra de la nube e hicimos que bajaran el maná y las codornices: ¡Comed de las cosas buenas con las que os sustentamos!....” (2:57)
  • “Y los dividimos en doce tribus; y cuando Moisés pidió dar de beber a su gente, le inspiramos: ¡Golpea la piedra con tu vara! Y brotaron de ella doce fuentes; cada uno supo de dónde debía beber; y extendimos sobre ellos la sombra de la nube y les bajamos el maná y las codornices: ¡Comed de lo bueno que os proveemos!....” (7:160)

Cabe resaltar que no todos los descendientes de Israel (Jacobo (AS)) habían creído en lo que predicaba Moisés (AS); sólo pocas personas eran los creyentes. Esto es sumamente notorio, más después de que ellos habían presenciado y vivido en Egipto los nueve signos que Dios puso de manifiesto, para apoyar a su profeta Moisés (AS), y los cuales fueron decisivos para su salvación del faraón y de la vida de servidumbre a la que estaban sometidos. A pesar de esto y a pesar de la manifestación de más signos, estando ya a salvo en el Sinaí, los cuales fueron decisivos para su supervivencia, los descendientes de Jacobo (AS), al pasar por un pequeño pueblo, donde vieron que su gente le rendía culto a las estatuas, le pidieron a Moisés (AS) que les hiciera una estatua especial para ellos, con el fin de venerarla y rendirle culto: “E hicimos que los hijos de Israel cruzaran el mar, hasta que llegaron a una gente entregada a la devoción de unos ídolos que tenían; dijeron: ¡Moisés! Queremos que nos busques un dios, igual que ellos tienen dioses; (Moisés) Dijo: Realmente sois gente ignorante * La verdad es que aquello a lo que están dedicados es perecedero y es inútil lo que hacen * Dijo: ¿Deseáis tener otra divinidad que Dios cuando Él os ha preferido sobre los demás? * ¿Y cuando os salvó de la gente del faraón que os atormentaba con el peor de los castigos al matar a vuestros hijos y dejar con vida a vuestras mujeres? Ahí sí que teníais una gran prueba que vuestro Señor os ponía” (7:138-141).

Cuando Moisés (AS) y su gente se acercaron al sitio donde recibió la revelación por primera vez, Dios le ordenó a Moisés (AS) que se fuera -otra vez- al mismo sitio, y que se preparara para quedarse allí unos 40 días. Moisés (AS) obedeció la orden de Dios, después de delegar en su hermano Aarón (AS) el cuidado y la guía de su gente durante su ausencia: “Emplazamos a Moisés durante treinta noches que completamos con diez más, de manera que el tiempo que determinó su Señor fueron cuarenta noches; dijo Moisés a su hermano Aarón: Ocupa mi lugar entre mi gente, pon orden y no sigas el camino de los corruptores” (7:142).

Una vez en el sitio de la primera revelación, Moisés (AS) le pidió a Dios que Lo dejara ver. Esta petición no fue concedida, ya que Dios no puede ser visto por los ojos, ni por la imaginación de las personas; su “descriptibilidad” es imposible, ya que va mucho más allá de lo que los sentidos del ser humano puedan palpar y de lo que su mente pueda comprender: “Y cuando Moisés vino a Nuestra cita y su Señor le habló, dijo: ¡Señor mío! Muéstrate ante mí para que pueda verte; dijo: No Me verás, pero mira el monte y si permanece en su sitio entonces Me verás; y cuando su Señor se manifestó al monte lo pulverizó y Moisés cayó fulminado; al volver en sí, (Moisés) dijo: ¡Gloria a Ti! A Ti me vuelvo y soy el primero de los creyentes” (7:143).

Después de esto, Moisés (AS) comenzó a recibir los mandamientos de Dios: “Y escribimos para él (Para Moisés), en las Tablas, toda clase de exhortación y dilucidación de todas las cosas; recíbelas, pues, con fervor, y encomienda a tu pueblo que observe lo esencial de ellas; pronto os mostraré la morada de los pervertidos” (7:145). El compendio de los mensajes, mandamientos y leyes recibidos por Moisés (AS), conforma el libro sagrado “la Torah”. Aquí se observa que el que recibía las revelaciones y mensajes de Dios era Moisés (AS) y no Aarón (AS). Esto es un ejemplo de la diferencia entre un Mensajero y un Profeta (SAAWAWS). Moisés (AS), siendo profeta, es también Mensajero, mientras que Aarón (AS) es sólo Profeta. Algunas referencias indican que lo recibido por Moisés (AS) en ese encuentro con Dios, durante los 40 días son “Hojas”, mientras que el libro sagrado “la Torah” fue recibido por Moisés (AS), después de ese encuentro, de una manera sucesiva, hasta su muerte.

Al completarse los 40 días del encuentro de Moisés (AS) con Dios, Él le hace saber que su pueblo había sido descarriado en apenas estos 40 días, porque ha dejado llevarse por una persona cuyo apodo es el “Samaritano”. “(Dios) Dijo: Es cierto que, en tu ausencia, hemos puesto a prueba a tu gente y el Samaritano los ha extraviado” (20:85). Moisés (AS), apenado, vuelve al sitio donde dejó a su pueblo antes de irse al encuentro con Dios, y les reprocha, por su descarrío: “Entonces Moisés regresó a su gente enojado y dolido, y dijo: ¡Gente mía! ¿Acaso no os hizo vuestro Señor una digna promesa? ¿El tiempo os pareció largo o es que quisisteis que el enojo de vuestro Señor caiga sobre vosotros? Habéis incumplido lo que me prometisteis” (20:86). Su gente le respondió con una vulgar excusa: “Dijeron: No hemos faltado a la promesa que te hicimos por iniciativa propia sino que nos hicieron cargar con el peso de las alhajas de la gente y las arrojamos (al fuego) como hizo el Samaritano * Y les hizo la figura de un becerro que mugía; luego dijeron: Este es vuestro dios y el dios que Moisés olvidó” (20:87-88). Moisés (AS) les reprochó el hecho de que no hayan reflexionado: “¿Es que no veían que no les contestaba, ni tenía el poder de perjudicarles o beneficiarles?” (20:89). Luego se dirigió a su hermano Aarón (AS), a quien había dejado para cuidar de ellos y servirles de guía, durante su ausencia, y le recriminó por lo sucedido: “Dijo: ¡Aarón! ¿Qué te impidió, al ver que se extraviaban * Seguirme?; ¿Es que desobedeciste mi orden?” (20:92-93). Aarón (AS) le respondió a su hermano Moisés (AS): “Dijo: ¡Hijo de mi madre! No me agarres por la barba ni por la cabeza (o sea, no me recrimines); de verdad que temí que dijeras: Has creado separación entre los hijos de Israel y no has esperado mi palabra” (20:94). De hecho, Aarón (AS) le había advertido a su pueblo que estaban siendo descarriados, y se estaban desviando de las órdenes de Moisés (AS): “Aarón ya les había advertido: ¡Gente mía! Con esto sólo se os está poniendo a prueba; realmente vuestro Señor es Misericordioso, seguidme y obedeced lo que os mandó * Dijeron: No vamos a cesar de estar dedicados a su culto hasta que no regrese Moisés a nosotros” (20:90-91). Luego, Moisés (AS) se dirigió al Samaritano para, también, recriminarlo por lo que había hecho: “Dijo: Y tú Samaritano, ¿Cuál era tu intención? * (El Samaritano) Dijo: Sabía lo que ellos ignoraban, así que he tomado un puñado (de la tierra) en la que el mensajero dejó sus huellas y lo he arrojado; esto es lo que me ha sugerido mi alma * (Moisés) Dijo: ¡Vete! Durante toda tu vida tendrás que decir: ¡No me toquéis! Y tienes una cita a la que no faltarás; mira a tu dios (el becerro), ése al que te entregaste; lo quemaremos y esparciremos sus cenizas por el mar” (20:95-97). Lo dicho por Moisés (AS) al Samaritano que tendrá que decir durante toda su vida “no me toquen”, se refiere a que el Samaritano sería castigado, por Dios, con una enfermedad, con la cual él no podría soportar que nadie lo tocara; la misma duraría toda su vida.

Después de este evento, Moisés (AS) le suplicó a Dios que le perdonara a él y a su hermano. En cuanto a su pueblo, especialmente aquéllos que tomaron al becerro como un objeto de adoración, éstos mostraron arrepentimiento por lo que hicieron; sin embargo, para aceptar dicho arrepentimiento, Dios ordenó que fuesen matados, por aquéllos que se mantuvieron fieles a la adoración de Dios, castigándoles así en la vida temporal, y aceptando su arrepentimiento para la vida eterna: “Cuando Moisés dijo a su gente: ¡Pueblo mío! Habéis sido injustos con vosotros mismos habiendo tomado el becerro (como dios); volveos a vuestro Creador y que unos den muerte a los otros; eso es lo mejor para vosotros ante vuestro Creador; Él os ha aceptado de nuevo, porque Él es el que se vuelve en favor de Sus siervos, el Compasivo” (2:54).

Moisés (AS) iba con cierta frecuencia a dirigirse a Dios, en el mismo sitio donde recibió la primera revelación. Una vez, varias personas le dijeron a Moisés (AS) que ellos querían escuchar directamente a Dios, tal como él Lo escucha. Moisés (AS) seleccionó a unas setenta personas, entre su pueblo, para acompañarle al sitio mencionado. Allí, Dios hizo que todos ellos escuchasen Su voz cuando le hablaba a Moisés (AS). A pesar de su perplejidad, esto no les fue suficiente para reforzar su creencia o fe, por lo que le dijeron a Moisés (AS) que ellos querían ver a Dios, para terminar de eliminar cualquier duda en torno a su fe y creencia en Dios. Moisés (AS) les indicó que Dios no puede ser visto; sin embargo, ellos insistieron con su pedimento. Como respuesta a esto, Dios hizo que todos ellos se muriesen en el acto. Moisés (AS) le suplicó a Dios que los perdonase y que los reviviese. Dios accedió a la petición de Moisés (AS) y los revivió, después de perdonarlos: “Y cuando dijisteis: ¡Moisés! No creeremos en ti hasta que no veamos a Dios abiertamente, el rayo os fulminó mientras mirabais * Luego, después de muertos, os devolvimos a la vida para que pudierais agradecer” (2:55-56).

Moisés (AS) había recibido de Dios la instrucción, no sólo de salvar a su pueblo del faraón y sacarlos de Egipto, sino también de llevarlos hacia la Tierra Santa, en Palestina. Llegado el momento, Moisés le informó a su pueblo que ya era tiempo de seguir el viaje, hasta llegar a Tierra Santa: “Y cuando Moisés dijo a su gente: ¡Pueblo mío! Recordad las bendiciones que Dios os dio cuando hizo surgir entre vosotros profetas, os hizo reyes y os dio lo que a nadie en los mundos le había dado * ¡Pueblo mío! Entrad en la Tierra Santa que Dios ha destinado para vosotros y no retrocedáis, porque entonces seríais desventurados” (5:20-21). Los descendientes de Israel (o sea, de Jacobo (AS)) se negaron a seguir la instrucción de Dios, comunicada a ellos por Moisés (AS), ya que se habían enterado que en Tierra Santa había personas de tamaño gigante y eran guerreros. A pesar de que un par de personas creyentes, de mucha fe, intentaron animar al resto diciéndoles que una vez que entrasen, ellos serían los vencedores, los descendientes de Jacobo (AS), temiendo por sus vidas, por lo frágil de su fe, le respondieron a Moisés (AS) con una rotunda negativa: “Dijeron: ¡Moisés! En ella hay un pueblo de gigantes y no vamos a entrar hasta que no salgan de allí; y sólo cuando hayan salido entraremos * Dos hombres de los que temían a Dios y a los que Él había favorecido, dijeron: Apareced ante ellos por la puerta, y cuando hayáis entrado por ella, seréis vencedores, y encomendaos a Dios si sois creyentes * Dijeron: ¡Moisés! Nosotros no vamos a entrar mientras ellos sigan ahí, así que id tú y tu Señor y luchad vosotros, que nosotros nos quedamos aquí * (Moisés) Dijo: ¡Señor mío! Yo sólo tengo autoridad sobre mi propia persona y la de mi hermano; apártanos de la gente depravada” (5:22-25). A causa de esta negativa del pueblo de Moisés (AS), de seguir la instrucción de Dios, Él le informó a su profeta que, como castigo a su pueblo por su débil -o casi inexistente- fe, la Tierra Santa les sería prohibida por cuarenta años, durante los cuales estarían vagando por el desierto, con el norte perdido: “(Dios) Dijo: Estará vedada para ellos, y durante cuarenta años vagarán por la tierra; no te entristezcas por la gente descarriada” (5:26).

Durante esa vagancia del pueblo de Moisés (AS), descendientes de Israel (de Jacobo (AS)), se murió Aarón (AS) y luego se murió Moisés (AS), quien –antes- le había transferido a “Josué” (Yushá´a) (AS) la responsabilidad de cuidar a su pueblo. Este creyó en todo lo que Moisés (AS) había predicado y es –igual que Aarón (AS)- un profeta de Dios. Al cumplirse los 40 años, que conforman el período del castigo que Dios les advirtió, los hijos de Israel (de Jacobo (AS)), con una o dos generaciones siguientes, fueron conducidos por Josué (AS) hacia Palestina. En aquellos momentos, los hijos de Israel (de Jacobo (AS)) ascendían a más de 600 mil personas (según referencias históricas), cuando unos 400 años antes, cuando emigraron con Jacobo (AS) a Egipto, en la época del profeta José (AS), no pasaban de las 90 personas.

La primera ciudad a la que entrarían sería Jericó (Aríha), la cual está ubicada a la orilla occidental del Río Jordán, a unos 16 kilómetros al norte del Mar Muerto. Esto fue después de varias luchas entre los habitantes de dicha ciudad y los hijos de Israel, conducidos éstos por el profeta Josué (AS). Dios les pidió que entrasen a la misma, de una manera muy particular (postrados) y repitiendo unas palabras muy específicas (de arrepentimiento). Sin embargo, muchos de ellos desobedecieron este mandato, por lo que Dios les castigó fuertemente con una peste, a raíz de la cual -se narra que- más de cien mil personas se murieron, antes de entrar a la mencionada ciudad: “Y cuando se les dijo: Habitad esta ciudad y comed de (lo que haya en) ella donde queráis, y rogad: ¡Alivio (o Remisión para vuestras faltas)! Y entrad por la puerta en postración, que así vuestras faltas se os perdonarán; y a los que hagan el bien les daremos aún más * Pero los que de ellos eran injustos dijeron otras palabras (diferentes) de las que se les había ordenado decir y les mandamos un castigo del cielo a causa de la injusticia que habían cometido” (7:161-162). Así fue la entrada de los hijos de Israel (de Jacobo (AS)) a Palestina, después de su retorno de Egipto. Se observa que ni Moisés (AS) ni Aarón (AS) lograron entrar a Palestina, ya que se murieron durante el período en que Dios le había impuesto a su pueblo (de Moisés (AS)) la vagancia o la pérdida en el Sinaí.

El Corán nos narra –adicionalmente- algunas historias relacionadas con Moisés (AS), las cuales no aparecen dentro de la sucesión cronológica de los otros eventos ya mencionados. A continuación, se presentarán dos de estas historias.

 Moisés (AS) y la historia de la vaca

Entre los hijos de Israel (Jacobo (AS)) hubo una persona muerta por asesinato y no se lograba saber quien fue el asesino. Había varias personas sospechosas o acusadas de haber cometido el crimen. Finalmente, le pidieron al profeta Moisés (AS) que les ayudase a dilucidar este tema y sugerir como se tendría que descubrir el asesino, con el fin de darle su castigo: “Y cuando matasteis a uno y disputabais acerca de ello; Dios puso al descubierto lo que ocultabais” (2:72). Entonces Moisés (AS) les indicó, después de que Dios le inspiró, que tenían que sacrificar una vaca: “Cuando Moisés dijo a su pueblo: Dios os manda que sacrifiquéis una vaca; respondieron: ¿Te burlas de nosotros? Dijo: Que Dios me libre de estar entre los ignorantes” (2:67). La gente se sorprendió de la indicación de Moisés (AS), ya que no veían el porqué de sacrificar una vaca para descubrir a un asesino, y creyeron que Moisés (AS) se estaba burlando de ellos. A raíz de ello, en un intento de no seguir la instrucción de su profeta, le exigieron a Moisés (AS) que les indicase como sería esa vaca que tenían que sacrificar, ya que todas las vacas son muy parecidas. A continuación, se muestra la concatenación de las preguntas de la gente y las respuestas del profeta Moisés (AS): “Dijeron: Pídele a tu Señor por nosotros que nos aclare cómo ha de ser; respondió: Dice que sea una vaca que ni esté entrada en años ni sea prematura, sino intermedia; ¡Haced lo que se os ordena! * Dijeron: Pídele a tu Señor por nosotros que nos aclare de qué color ha de ser; y respondió: Dice que sea una vaca de color azafranado intenso, que alegre a quien la vea * Dijeron: Pídele a tu Señor por nosotros que nos diga cómo ha de ser, pues todas las vacas nos parecen semejantes y de verdad que, si Dios quiere, encontraremos el camino * Respondió: Dice que sea una vaca que no haya sido subyugada ni para arar la tierra ni para regar el campo, intacta y sin ninguna marca; dijeron: Ahora has traído la certeza, y la sacrificaron, aunque poco faltó para que no lo hicieran” (2:68-71). Una sola vaca tenía todas estas características que Moisés (AS) les indicó. La misma era propiedad de un joven, quien pidió una suma exorbitante, como compensación por tener que entregarle a ellos su vaca para ser sacrificada, siendo única en sus características. La gente reunió la suma solicitada, adquirieron la vaca, y la misma fue sacrificada. Entonces, Moisés (AS) les indicó que tomaran una parte de la vaca ya sacrificada, para golpear con dicha parte al cuerpo de la persona muerta. Una vez hecho lo indicado, el muerto resucitó y el misma hizo descubrir quien lo había asesinado: “Dijimos: Tocadlo con un miembro de ella; así es como Dios hace vivir lo muerto y muestra Sus signos para que podáis comprender * Luego, y a pesar de esto, sus corazones se endurecieron y se volvieron como las piedras o aún más duros, pues hay piedras de las que nacen ríos, piedras que se quebrajan y mana de ellas agua, y piedras que se derrumban por temor a Dios; Dios no está desatento a cuanto hacéis” (2:73-74). Esta historia es una muestra más de cuanto el pueblo de Moisés (AS) ha presenciado y vivido signos de Dios, los cuales son rápidamente olvidados u obviados, ya que su fe había sido sumamente frágil y volátil.

Moisés (AS) y la historia del profeta “Al Khodr” (AS)

Se trata de una corta narración sobre el encuentro de Moisés (AS) con uno de los siervos de Dios, a quien Dios lo había favorecido con un saber especial. Aunque no está mencionado en el Corán, las narraciones nos dicen que este siervo de Dios es llamado “Al Khodr” (AS) y algunas referencias afirman que es un profeta (SAAWAWS). Esta historia está contenida en unos 18 versículos consecutivos del Corán, por lo que vale la pena presentarla aquí tal como aparece en el mismo: “Y se encontraron (Moisés y Josué) con uno de Nuestros siervos al que le habíamos agraciado con nuestra misericordia y al que habíamos enseñado un conocimiento de Nuestra parte * Moisés le dijo: ¿Puedo seguirte para que me instruyas en la verdad que te fue revelada? * Dijo: Realmente eres demasiado impaciente para estar conmigo * ¿Cómo podrías tener paciencia con algo de lo que no puedes comprender lo que esconde? * Dijo: Si Dios quiere me hallarás paciente y no te desobedeceré en nada * Dijo: Si me sigues no me preguntes por nada hasta que yo te haga mención de ello * Así partieron hasta que cuando habían abordado una embarcación, le hizo un agujero; entonces (Moisés) dijo: ¿Lo has hecho para ahogar a los que van en ella? Realmente has cometido algo insólito * Dijo: ¿No te dije que eras demasiado impaciente para estar conmigo? * (Moisés) Dijo: No tomes en cuenta mi olvido ni me impongas algo difícil * Y se pusieron a andar hasta que dieron con un muchacho al que mató; (Moisés) dijo: ¿Has matado a un ser puro sin que él haya matado a otro? Realmente has cometido un hecho reprobable * Dijo: ¿No te dije que eras demasiado impaciente para estar conmigo? * (Moisés) Dijo: Si en lo sucesivo vuelvo a pedirte explicaciones no dejes que te acompañe más, mis excusas ante ti se han agotado * Y así partieron hasta que llegaron a la gente de una ciudad a las que pidieron algo de comer pero ellos se negaron a darles hospitalidad; allí encontraron un muro que estaba a punto de derrumbarse y lo restauró; (Moisés) dijo: Si hubieses querido habrías podido exigir un pago por ello * Dijo: Aquí tú y yo nos separamos; voy a decirte la interpretación de aquello con lo que no has podido tener paciencia: * En cuanto a la embarcación, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar y quise estropearla porque los perseguía un rey que se apropiaba a la fuerza de todas las embarcaciones * El muchacho tenía padres creyentes y temíamos que les obligase al descarrío y a la incredulidad * Y quisimos que su Señor les diera a cambio uno mejor que él, más puro y más afectuoso * Y en cuanto al muro, era de dos muchachos de la ciudad que eran huérfanos y debajo del mismo había un tesoro que les pertenecía; su padre había sido de los justos y tu Señor quiso que llegasen a la madurez y pudiesen sacar su tesoro con el beneplácito de tu Señor; no lo hice por mi propia voluntad; ésta es la interpretación de lo que tú eres impaciente para ello” (18:65-82).

El nombre de Moisés (AS) fue mencionado en el Corán 166 veces, y partes de su historia fueron narradas en 34 capítulos del mismo.

Extracto de “LA VERDAD SOBRE EL ISLAM” Desmitificando falsos paradigmasñ Por Abdun-Nabi Chaaban

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Palabras claves
PROFETAS EN EL CORÁN,JACOBO,JOSÉ,JOB,JETRO,MOISÉS Y AARÓN,Al Khodr
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Autor
Abdun-Nabi Chaaban
Tema
Corán-Hadiz-Dichos
Historia-Biografía
Publicado
Wed, 1 Nov 2023 - 10:05
By admin , 31 October 2023

Gaza: “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros”

Gaza: “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros”

Roberto Chambi Calle[1]

Más de 8000 palestinos muertos de los cuales 3000 son niños, sumado al corte casi total de energía, agua, telecomunicaciones; así como la ayuda humanitaria bloqueada por Israel, han hecho que el IV Convenio de Ginebra — Derecho Internacional Humanitario —, la Carta de San Francisco de NN.UU y todas las leyes cuyos fines son allanar la paz y evitar la guerra y sus males, han sido yuxtapuestas por los deseos fallidos de Israel y EEUU, agravadas por la obsecuencia del Consejo de Seguridad hacia Tel Aviv; al parecer EEUU nuevamente tendrá otro Vietnam en Gaza frente al “Eje de la Resistencia.

Una de las peores derrotas militares de EEUU fue en Vietnam (1955-75), una humillación que ya se la está viviendo en la Franja de Gaza, en donde su socio no ha podido hasta el momento doblegar a la Resistencia Islámica, que ha demostrado que el poderío y la invencibilidad de Israel solo es un celofán que brilla gracias a los medios de comunicación pro israelíes, quienes muestran una falsa victoria frente a la Resistencia Palestina.

Pero; lo que no comprenden el Sr. Netanyahu, Biden y sus "cúpulas de hierro", es que los grupos que combaten en la defensa de la soberanía de su territorio, no sólo son soldados regulares como sus ejércitos, sino ellos tienen una raigambre espiritual tan profunda que en sus epifanías está entregar hasta la última gota de su sangre para defender su hogar (Gaza), su familia, su fe, frente al opresor. El Corán —libro sagrado de los musulmanes— es claro cuando imperativamente les ordena: “Preparad contra ellos toda la fuerza y toda la caballería que podáis para con ello atemorizar al enemigo de Dios y vuestro y a otros que no conocéis, pero que Dios conoce” (Corán, azora VIII, aleya 60).

La tan publicitada y sonada incursión por tierra de las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza no ha podido hasta el presente pulverizar a los combatientes de HAMAS y la Yihad Islámica, ni tampoco alzarse con la victoria en un escenario donde las escaladas podrían durar semanas o meses.

El fracaso de Israel es contundente frente a los grupos de la Resistencia Islámica, pese a que aún estos no están siendo asistidos en su totalidad por el “Eje de la Resistencia”; pues si bien esta "guerra" unilateral —a la luz de los Convenios de Ginebra— es desproporcional e inhumana contra un pueblo que se defiende con el corazón y las piedras, su victoria prácticamente está dada, ya que el décimo octavo ejército más poderoso del mundo en 23 días —al momento de la redacción de estas líneas—no pudo pulverizar a los “Terroristas”.

La entidad ocupacionista siempre dijo que estos grupos de resistencia son “Terroristas”, cuando ni siquiera el Derecho Internacional Humanitario ha establecido una definición de terrorismo, más sí ha prohibido los actos cometidos en conflictos armados que comúnmente se consideran “Terroristas”, a tal fin, el uso mismo de la palabra es ambivalente, así por ejemplo a los combatientes ucranianos frente a Rusia se los considera patriotas y héroes porque defienden su nación; pero a los combatientes palestinos los tachan de “Terroristas” por defender a su pueblo y su autodeterminación; ¿Cuál es la diferencia?.

El fracaso de Israel y EEUU ha demostrado que HAMAS y la Yihad Islámica no son los de antes, su capacidad y su experiencia militar han mejorado abruptamente en estos últimos años, en donde siempre ha estado presente su fe, sus creencias y su espiritualidad a diferencia de la mayoría de los soldados ucranianos de tendencia nazi; ya que un combatiente de la Resistencia Islámica es consciente y acepta plenamente el combate cuando se trata de la defensa de su tierra, más aún cuando en medio de ello está involucrado el 3er. lugar más sagrado de los musulmanes que es Jerusalén, por lo cual su libro sagrado les dice: “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden” (Corán, azora, 2 aleya 190).

Desde el punto de vista del Derecho Internacional esta aleya se refiere claramente a la legítima defensa, por lo tanto, el combate y defensa de HAMAS y la Yihad Islámica no solo obedece a una cuestión nacional o política, sino espiritual, por ello el ejército israelí bajo la capa de EEUU y la Unión Europea cometen un craso error al pensar que podrán derrotarlos.

La defensa de sus tierras y su fe no tienen límites en HAMAS o la Yihad Islámica; sino esta involucra a cada uno de los palestinos, a cada uno de los musulmanes en el mundo quienes mediante el Eje de la Resistencia sin duda responderán; pues  cada combatiente musulmán, Iraní (Brigadas Al Quds), Sirio (Ejército árabe Sirio), Yemení (Ansorollah), Iraquí (Hashed Al-Shaabi) o Libanés (Hezbollah) está dispuesto a entregar hasta la última gota de su sangre, de su vida, ya que saben que la recompensa  no tiene parangón porque Allah (Dios) les dice: “Y no penséis que quienes han caído por Dios hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor.” (Corán, azora 3, aleya 169).

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[1] Jurista, teólogo y analista en RRII, Director del Centro de Estudios en Geopolítica y Civilización Islámica “Ayatolá Jomeini”. (CEGICI)

Palabras claves
Gaza,Palestina,cisjordania,Israel,Hamas,tormenta Alaqsa,Al Aqsa,Qods,Al Ghods
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Gaza, Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros.pdf (171.79 KB)
Autor
Roberto Chambi C.
Tema
Política-Economía
Historia-Biografía
Publicado
Tue, 31 Oct 2023 - 08:04
By admin , 29 October 2023

Los Mitos Fundacionales del Estado de ISRAEL

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Los Mitos Fundacionales del Estado de ISRAEL

Por Roger Garaudy

PARTE PRIMERA

¿POR QUÉ ESTE LIBRO?

Los integrismos, generadores de guerra y violencia, son la enfermedad mortal de nuestro tiempo. Este libro forma parte de una trilogía que he dedicado a combatirlos: Grandeza y decadencia del Islam, en la que denuncio el epicentro del integrismo musulmán: Arabia Saudita.... Dos obras dedicadas al integrismo católico romano que, pretendiendo defender la vida, diserta sobre el embrión, pero se calla cuando 13 millones y medio de niños mueren cada año de desnutrición y de hambre víctimas del monoteísmo del mercado impuesto por la dominación americana, cuyos títulos son: ¿Tenemos necesidad de Dios? y ¿Hacia una guerra de religión?. La tercera obra del tríptico: Los mitos fundacionales del Estado de Israel, denuncia la herejía del sionismo político que consiste en sustituir al Dios de Israel por el Estado de Israel, portaaviones nuclear e insumergible de los maestros provisionales del mundo: los Estados Unidos, que pretenden apoderarse del petróleo de Oriente Medio, nervio del desarrollo occidental. (Modelo de crecimiento que, por mediación del Fondo Monetario Internacional (F.M.I.), le cuesta al Tercer Mundo el equivalente en muertos a los de Hiroshima cada dos días). Desde Lord Balfour, quien declaraba, al tiempo que entregaba a los sionistas un país que no les pertenecía: Poco importa el sistema que adoptemos para conservar el petróleo de Oriente Medio. Es fundamental que este petróleo permanezca accesible (1), hasta el Secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull quien opinaba: Es preciso comprender bien que el petróleo de Arabia Saudita constituye una de las más poderosas palancas del mundo(2), una idéntica política asigna la misma misión a los dirigentes sionistas israelíes. Joseph Luns, antiguo Secretario General de la O.T.A.N. la ha definido así: Israel ha sido el mercenario menos costoso de nuestra época moderna (3). Un mercenario sin embargo bien retribuido puesto que, por ejemplo, de 1951 a 1959, 2 millones de israelíes recibieron, por cabeza, cien veces más que 2 millones de habitantes del Tercer Mundo. Es además un mercenario bien protegido, ya que de 1972 a 1996, los Estados Unidos han ejercido treinta veces su derecho de veto en las Naciones Unidas a cualquier condena a Israel, al mismo tiempo que sus dirigentes aplicaban su programa de desintegración  a todos los Estados de Oriente Medio. Programa publicado por la revista Kivounim (Orientaciones) en su n· 4, de febrero de 1982, páginas 50 a 59, durante la época de la invasión del Líbano. Esta política descansa, gracias al apoyo incondicional de los Estados Unidos, en la consigna de que la ley internacional es un papel mojado (Ben Gourion) y que por ejemplo, las resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas, que exigen que Israel se retire de Cisjordania y de los altos del Golán, están  destinadas a quedar en letra muerta, lo mismo que la condena unánime por la anexión de Jerusalén, condena que los Estados Unidos votaron, aunque excluyendo cualquier sanción.

Una política tan inconfesable en su fondo exige el desenmascarar el disfraz que mi libro trata de desvelar. En primer lugar, una pretendida justificación teológica de las agresiones debido a una lectura integrista de los textos revelados, transformando así el mito en historia. El grandioso símbolo de la sumisión incondicional de Abraham a la voluntad de Dios y su bendición a todas las familias de la tierra, se transforma en lo contrario, la tierra conquistada se convierte en tierra prometida, como pasa en todos los pueblos de Oriente Medio,desde Mesopotamía a los Hititas hasta llegar a Egipto. Lo mismo puede decirse del Éxodo, ese símbolo eterno de la liberación de los pueblos contra la opresión y la tiranía, invocados tanto por el Corán como por los actuales teólogos de la liberación. Al tiempo que esta consigna es válida para todos los pueblos fieles a la voluntad de un Dios Universal, en este caso concreto se transforma en milagro único y en el privilegio otorgado por un Dios partidista y parcial a un pueblo elegido. Lo mismo sucede en todas las religiones tribales y todos los nacionalismos, que pretenden ser el pueblo elegido, cuya misión sería cumplir la voluntad de Dios. Así es Gesta Dei per Francos, para los franceses, Gott mit uns, para los alemanes y In God we trust para los americanos, blasfemia inscrita en cada dólar, dios todopoderoso del monoteísmo del dinero y del mercado. Y por último una mitología más moderna: la del Estado de Israel que sería la respuesta de Dios al Holocausto, como si Israel fuera el único refugio de las víctimas de la barbarie de Hitler, cuando el propio Isaac Shamir (quien ofreció su alianza a Hitler hasta su detención por los ingleses, por colaboración con el enemigo y por terrorismo) escribe: Al contrario de la opinión común, la mayor parte de los inmigrantes israelíes no son los restos supervivientes del Holocausto, sino judíos de países árabes, indígenas de la región (4). Era necesario inflar las cifras de las víctimas. Por ejemplo, la placa conmemorativa del monumento de Auschwitz decía, en diecinueve lenguas, hasta 1994: 4 millones de víctimas. Las nuevas lápidas proclaman hoy: alrededor de un millón y medio. Era preciso hacer creer, con el mito de los 6 millones, que la Humanidad había asistido allí al mayor genocidio de la historia, olvidando a los 60 millones de indios de América, a los 100 millones de negros, olvidando incluso Hiroshima y Nagasaki y los 50 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos 17 millones de eslavos; como si el hitlerismo no hubiese sido más que un vasto programa y no un crimen contra toda la humanidad. ¿Se es antisemita por decir que los judíos han sido muy duramente golpeados, pero que no fueron los únicos, cuando la televisión no habla más que de aquellas víctimas pero no recuerda a las demás? Además, para completar el camuflaje, se hacía imprescindible poner un nombre teológico: Holocausto; así se da un carácter de sacrificio a estas matanzas reales, y se pueden incluir de alguna manera, dentro de un plan divino, como por ejemplo, la crucifixión de Jesús. Mi libro no tiene más objeto que el de denunciar el camuflaje ideológico de una política, que impida que se la confunda con la gran tradición de los profetas de Israel. Junto a mi amigo Bernard Lecache, fundador de la L. I. C. A. (que más tarde se convirtió en L.I.C.R.A. ), deportado en el mismo campo de concentración que yo, enseñábamos en los cursos nocturnos, a nuestros compañeros, la grandeza, el universalismo y la potencia liberadora de estos profetas judíos. Nunca dejé de ser fiel a este mensaje profético, ni siquiera durante mis treinta y cinco años de militancia en el Partido Comunista, donde llegué a ser miembro de su Comité Central político y de donde fui excluido, en 1970, por haber dicho, que: la Unión Soviética no es un país socialista. Al igual que digo hoy: la teología de la dominación de la Curia romana no es fiel a Cristo; el Islamismo traiciona al Islam, y el sionismo político se halla en las antípodas del gran profetismo judío. Ya en tiempos de la guerra del Líbano, en 1982, el Padre Lelong, el Pastor Matthiot, Jacques Fauvet y yo fuimos llevados a los tribunales por la L.I.C.R.A., por haber dicho, en Le Monde del 17 de junio de 1982, con El beneplácito de su director, que la invasión del Líbano estaba dentro de la lógica del sionismo político. El Tribunal de París, en el juicio celebrado el 24 de marzo de 1983, confirmada ya la sentencia en la apelación y posteriormente en el Tribunal de Casación, decía que considerando que se trata de la crítica lícita de la política de un Estado y de la ideología que le inspira, y no de una provocación racial se desestiman todas las peticiones (de la L.I.C.R.A.) y se la condena con expresa imposición de costas. El presente libro es estrictamente fiel a nuestra crítica política e ideológica de entonces, a pesar de que la perversa ley del comunista Gayssot haya querido reforzar, desde entonces  la represión contra la libertad de expresión haciendo del Juicio de Nuremberg el criterio de la verdad histórica e instituyendo un delito de opinión. A este proyecto de ley se opuso, en la Asamblea Nacional de entonces, el actual Ministro de Justicia. Pensamos aportar una contribución a la lucha por una paz verdadera, basada en el respeto a la verdad y en la ley internacional. Valerosamente, en el propio Israel, quedan judíos fieles a sus profetas, los nuevos historiadores de la Universidad Hebraica de Jerusalén y los partidarios israelíes de una paz justa que tras la revelación de su malignidad se interrogan preocupados por la política del Estado de Israel y por la paz del mundo sobre los mitos del sionismo político que han llevado a los asesinatos cometidos por Baruch Goldstein en Hebrón y por Ygal Amir contra el Primer Ministro Ytzhak Rabin. El terrorismo intelectual de un lobby ya denunciado por el General De Gaulle por su excesiva influencia sobre la información me ha obligado en Francia a realizar una prepublicación de este texto en un número especial fuera del circuito comercial, reservado a los abonados de una revista. Este hecho, expresión de la situación en el país vecino, parece haber llamado mucho más la atención de los comentaristas que el propio contenido de mi texto.

Lo publiqué yo mismo, bajo mi única responsabilidad, en forma de Samizdat, en el sentido estricto del término que en ruso significa: editado por el autor.Este libro ha sido ya traducido y está en curso de publicarse en Estados Unidos, Italia, Líbano, Turquía y Brasil. Al texto francés se puede acceder a través de la red telemática Internet. Contra las mitologías descarriadas, ésta será una nueva contribución a la historia crítica del mundo contemporáneo.  

Roger Garaudy

INTRODUCCIÓN

Este libro es la historia de una herejía. Esta consiste, sobre la base de una lectura literal y selectiva de la palabra revelada, en hacer de la religión el instrumento sacralizado de una determinada política. Es una enfermedad mortal de este fin de siglo que ya he definido como Integrismos. He intentado combatirlos en los libros citados antes de esta introducción. En ellos dije cosas que no gustaron como: El islamismo es una enfermedad del Islam (Grandeur et décadences de l’lslam) o El Cristo de Pablo no es Jesús (Vers une guerre de religion). Los combato hoy entre los judíos con este libro, con el riesgo de atraerme las iras de los israelí-sionistas a quienes tampoco les agradó que el Rabino Hirsh les recordara que: El sionismo quiere definir al pueblo judío como una entidad nacional. Esto es una herejía (5).

¿Qué es el sionismo al que denuncio en mi libro (y no a la fe judía)? Se define frecuentemente por sí mismo:

1· Es una doctrina política (Desde 1896, sionismo se refiere al movimiento político fundado por Théodore Herzl (6).

2· Es una doctrina nacionalista que no ha nacido del judaísmo sino del nacionalismo  europeo del siglo XIX. El fundador del sionismo político, Herzl, no apelaba a la religión: No obedezco a un impulso religioso (7), Soy un agnóstico. Lo que le interesa, no es particularmente la tierra santa; acepta de buen grado, para sus objetivos nacionalistas, Uganda o Libia, Chipre o Argentina, Mozambique o el Congo (8). Pero ante la oposición de sus amigos de fe judía, toma conciencia de la importancia de la poderosa leyenda (mighty legend) como él dice (9) que constituye una llamada de reunión de una irresistible fuerza (10).

Es un slogan movilizador que este eminente político realista no podía ignorar. De esta manera proclama, transformando la poderosa leyenda del retorno en realidad histórica: Palestina es nuestra inolvidable patria histórica este solo nombre sería un grito de reunión poderoso para nuestro pueblo (11). La cuestión judía no es para mí ni una cuestión social, ni una cuestión religiosa, es una cuestión nacional.

3· Es una doctrina colonial. A este respecto el lúcido Théodore Herzl no   oculta sus objetivos: como primera etapa, realizar una Compañía a la carta, bajo la Protección de Inglaterra o de cualquier otra potencia, a la espera de hacer el Estado judío. Por ello se dirige a quien se había revelado como el maestro en este tipo de operaciones: el traficante colonial Cecil Rhodes, que, de su Compañía a la carta, supo hacer una Africa del Sur, dando a una de las tierras integrantes su propio nombre: Rhodesia. Herzl le escribió, el 11 de enero de 1902: Le ruego que me envíe un texto en el que diga que ha examinado mi plan y que lo aprueba. Si se pregunta por qué me dirijo a Vd., Sr. Rhodes, le diré que es porque mi programa es un plan colonial (12). Doctrina política, nacionalista y colonial, tales son las tres características que definen al sionismo político tal y como triunfó en el Congreso de Basilea, en agosto de 1897.

Théodore Herzl, su genial fundador, pudo decir, con justa razón al término de este Congreso: He fundado el Estado judío (13). Medio siglo más tarde es en efecto esta política la que aplicarán escrupulosamente sus discípulos al crear, según sus métodos y siguiendo su línea política, el Estado de Israel (inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial). Pero esta empresa política, nacionalista y colonial, no tenía nada de la proyección de la fe y la espiritualidad judías. Al tiempo del Congreso de Basilea que no pudo celebrarse en Munich (como lo había previsto Herzl) por la oposición de la comunidad judía alemana, se celebraba en América la Conferencia de Montreal (1897) donde, a propuesta del Rabino Isaac Meyer Wise, la personalidad judía más representativa de la América de entonces, se votó una moción que se oponía radicalmente a dos lecturas de la Biblia, la lectura política y tribal del sionismo y la lectura espiritual y universalista de los Profetas. Desaprobamos completamente cualquier iniciativa tendente a la creación de un Estado judío. Tentativas de este género ponen en evidencia una concepción errónea de la misión de Israel que los Profetas judíos fueron los primeros en proclamar. Afirmamos que el objetivo del judaísmo no es ni político, ni nacional, sino espiritual. Apunta hacia una época mesiánica en la que todos los hombres reconocerán pertenecer a una sola gran comunidad para el  establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra (14).

Esta fue la primera reacción de las organizaciones judías desde La Asociación de los rabinos de Alemania, hasta la Alianza Israelita Universal de Francia, la Israelitische Allianz de Austria, al igual que las Asociaciones judías de Londres. Esta oposición al sionismo político, inspirado por el vínculo a la espiritualidad de la fe judía, no ha cesado de expresarse. A continuación de la Segunda Guerra Mundial, se aprovechó en la ONU, la rivalidad entre las naciones, y sobre todo el apoyo incondicional de los Estados Unidos, para que el sionismo israelí se impusiera como fuerza dominante y, gracias a sus lobbies, invirtió la tendencia e hizo triunfar la política israelí-sionista de poder, contra la admirable tradición profética. Sin embargo no logró acallar la crítica de los grandes místicos. Martin Buber, una de las más grandes voces judías de este siglo, no cesó, hasta su muerte en Israel, de denunciar la degeneración e incluso la conversión del sionismo religioso en sionismo político. Martin Buber declaraba en Nueva York: El sentimiento que me embargaba, hace [17] sesenta años, cuando entré en el movimiento sionista, es esencialmente el que siento hoy. Esperaba que este nacionalismo no siguiera el camino de otros que comienzan por una gran esperanza y se degradan posteriormente hasta convertirse en un egoísmo sagrado, que osa incluso, como el de Mussolini, proclamarse como sacro egoísmo, como si el egoísmo colectivo pudiera ser más sagrado que el egoísmo individual. Cuando regresamos a Palestina, la cuestión era: ¿Quiere Vd. venir aquí como un amigo, un hermano, un miembro de la comunidad de pueblos de Oriente Próximo, o como el representante del colonialismo y del imperialismo? La contradicción entre el fin y los medios a alcanzar ha dividido a los sionistas: unos querían recibir de las Grandes Potencias privilegios políticos particulares, otros, sobre todo los jóvenes querían solamente que se les permitiera trabajar en Palestina con sus vecinos, para Palestina y para el porvenir. No siempre fueron perfectas nuestras relaciones con los árabes, pero existía, en términos generales, una buena vecindad entre el pueblo judío y el pueblo árabe. Esta fase orgánica del establecimiento en Palestina perduró hasta la época de Hitler. Fue Hitler quien empujó a las masas de judíos a venir a Palestina. De esta forma, a un desarrollo orgánico selectivo se sucedió una inmigración de masas con la necesidad de encontrar una fuerza política para su seguridad. La mayoría de los judíos prefirió aprender de Hitler que de nosotros, Hitler ha enseñado que la historia no sigue el camino del espíritu, sino el del poder y que cuando un pueblo es lo suficientemente fuerte, puede matar con impunidad. Esta es la situación que nosotros teníamos que combatir. En el Ihud propusimos que judíos y árabes no se contentaran con coexistir sino en cooperar.Ello haría posible un desarrollo económico de Oriente Próximo, gracias al cual Oriente Medio podría aportar una gran y esencial contribución al futuro de la humanidad (15). Dirigiéndose al XII Congreso Sionista celebrado en Karlsbad, el 5 de septiembre de 1921, decía: Nosotros hablamos del espíritu de Israel y creemos que no es parecido al de las demás naciones Pero si el espíritu de Israel no es más que la síntesis de nuestra identidad nacional, nada más que una bella justificación de nuestro egoísmo colectivo transformado en ídolo, nosotros, que hemos rehusado aceptar cualquier otro príncipe que no sea el Señor del Universo, entonces somos como el resto de las naciones y bebemos con ellos en la copa que les embriaga. La nación no es el valor supremo. Los judíos son más que una nación: son los miembros de una comunidad de fe. La religión judía ha sido desarraigada, y ésta es la esencia de la enfermedad cuyo síntoma fue el nacimiento del nacionalismo judío a mediados del siglo XIX. Esta forma nueva del deseo de la tierra es el trasfondo que marca lo que el judaísmo nacional moderno ha tomado en préstamo del nacionalismo moderno de Occidente ¿Qué tiene que ver en todo esto la idea de la elección de Israel? La elección no designa un sentimiento de superioridad sino un sentido de destino. Este sentimiento no nace de una comparación con los demás, sino de una vocación y de una responsabilidad de cumplir la tarea que los Profetas no han cesado de recordarnos: Si os vanagloriáis de ser los escogidos en lugar de vivir en la obediencia a Dios, cometéis una felonía.

NOTAS

1. Kim he John, Palestine et Israël. Ed. Albin Michel. 1973, p. 27.

2. Kimhe John, Palestine et Israël. Ed. Albin Michel. 1973, p. 240.

3. Nadav Shragai, Haaretz, 13 de marzo de 1992.

4. Isaac Shamir, Looking back, looking ahead. 198, p. 574.

5. Washington Post, 3 de octubre de 1978.

6. Encyclopaedia of zionism and Israel. Herzl Press. Nueva York, volumen II, p. 1262.

7. Herzl: Diaries. Ed. Victor Gollanz. 1958.

8. Herzl, Diaries. (passim).

9. Herzl, Diaries. 1, p. 56.

10. Herzl, L’Etat juif, p. 45.

11. Herzl, L’Etat juif, p. 209.

12. Herzl, Tagebuch. Vol. III, p. 105.

13. Herzl, Diaries, p. 224.

14. Conferencia central de Rabinos americanos. Yearbook VII, 1987, p. XII

15. Jewish Newsletter, 2 de junio de 1958.

PARTE SEGUNDA

Evocando esta crisis nacionalista del sionismo político que es una perversión de la espiritualidad del judaísmo, concluía: Esperamos salvar al nacionalismo judío del error de hacer de un pueblo un ídolo. Si no lo logramos habremos fracasado (16). El profesor Judas Magner, Presidente de la Universidad Hebraica de Jerusalén desde 1926, consideraba que el Programa de Biltmore de 1942, que exigía la creación de un Estado Judío en Palestina conduciría a la guerra contra los árabes (17). Al pronunciar, en la reapertura de 1946, el discurso inaugural de esta Universidad Hebraica de Jerusalén que presidía desde hacía veinte años, decía: La nueva voz judía habla por la boca de los fusiles. Así es la nueva Thora de la tierra de Israel. El mundo ha sido encadenado a la locura de la fuerza física. El cielo nos proteja de encadenar ahora al judaísmo y al pueblo de Israel a esta locura. Es un judaísmo pagano el que ha conquistado una gran parte de la poderosa Diáspora. Nosotros habíamos pensado, en los tiempos del sionismo romántico, que Sión debía ser redimido por la rectitud. Todos los judíos de América llevan consigo la responsabilidad de esta falta, de esta mutación incluso aquellos que no están de acuerdo con las artimañas de la dirección pagana, pero que permanecen sentados, con los brazos cruzados. La anestesia del sentido moral conduce a su atrofia (18). En América desde la Declaración de Biltmore, los dirigentes sionistas tendrán en lo sucesivo a Estados Unidos como su más poderoso protector. La Organización sionista mundial barrió la oposición de los judíos fieles a las tradiciones espirituales de los Profetas de Israel, y exigió la creación, no ya de un hogar nacional judío en Palestina, según los términos de la Declaración Balfour de la guerra precedente, sino la creación de un Estado judío de Palestina. En 1938 Albert Einstein condenó esta orientación: Sería más razonable alcanzar un acuerdo con los árabes sobre la base de una vida común pacífica que crear un Estado judío. La conciencia que tengo de la naturaleza esencial del judaísmo tropieza con la idea de un Estado judío dotado de fronteras, con un ejército, y con un proyecto de poder temporal, por modesto que sea. Temo los perjuicios internos que el judaísmo sufrirá en razón del desarrollo en nuestras filas, de un nacionalismo estrecho. Nosotros no somos ya los judíos de la época de los Macabeos. Volver a ser una nación, en el sentido político del término, equivaldría a apartarse de la espiritualidad de nuestra comunidad que hemos recibido del genio de nuestros Profetas (19). En cada violación del Derecho Internacional por Israel, no han dejado de oírse las protestas. Citaremos dos ejemplos en donde se dijo en voz alta lo que millones de judíos piensan (aunque sin poder decirlo públicamente por estar bajo la inquisición intelectual de los lobbies israelí-sionistas). En 1960, durante el juicio de Eichmann en Jerusalén el American Council for Judaism declaraba: El Consejo americano del Judaísmo dirigió ayer lunes una carta a M. Christian Herter para denegar al Gobierno de Israel el derecho de hablar en nombre de todos los judíos. El Consejo [19] Declara que el Judaísmo es una cuestión de religión y no de nacionalidad (20).El 8 de junio de 19S2, el Profesor Benjamín Cohen, de la Universidad de TelAviv, durante la sangrienta invasión de los Israelíes al Líbano, escribió a P. Vidal-Naquet: Le escribo escuchando el transistor de radio que acaba de anunciar que nosotros estamos a punto de alcanzar nuestro objetivo en el Líbano: asegurar la paz a los habitantes de Galilea. Estas mentiras dignas de Goebbels me vuelven loco. Está claro que esta guerra salvaje, más bárbara que todas las precedentes, no tiene nada que ver, ni con el atentado de Londres, ni con la seguridad en Galilea. A aquellos judíos, hijos de Abraham, aquellos judíos víctimas de tantas atrocidades, ¿han podido volverse crueles hasta tal extremo? El mayor éxito del sionismo es, así pues, éste: la desjudeización de los judíos. Haced, queridos amigos, todo lo que esté en vuestras manos para que los Beghin y los Sharon no logren su doble objetivo: la liquidación final  (expresión de moda aquí estos días) de los Palestinos como pueblo y de los israelíes como seres humanos (21). Esto es lo que está en juego en la lucha entre la fe profética judía y el nacionalismo sionista, fundado, como todo nacionalismo, en el rechazo del otro y la sacralización del yo. Todo nacionalismo tiene necesidad de sacralizar  sus pretensiones, tras la dispersión de la cristiandad, los Estados-nación han tenido la pretensión de recoger el legado de lo sagrado y de haber recibido la investidura de Dios: Francia, es la Hija mayor de la Iglesia, por medio de la cual se cumple la acción de Dios (Gesta Dei per Francos). Alemania está por encima de todos porque Dios está con ella (Gott mit uns). Eva Perón proclamaba que la Misión de Argentina es la de anunciar a Dios al mundo, y en 1972, el Primer Ministro de África del Sur, Vorster, célebre por el racismo salvaje del apartheid, vaticina a su vez: no debemos olvidar que somos el pueblo de Dios, investido de una misión. El nacionalismo sionista comparte esta embriaguez de todos los nacionalismos.

Incluso los más preclaros se dejan tentar por esta borrachera. Hasta un hombre como el Profesor André Neher, en su magnífico libro: L ‘Essence du prophétisme (22) tras haber evocado el sentido universal de la Alianza: alianza de Dios con el hombre, llega a escribir que Israel es: el signo, por excelencia, de la historia divina en el mundo. Israel es el eje del mundo y en él está el nervio, el centro, el coraón (23). Tales frases evocan  esagradablemente el mito ario en cuya ideología se basó el pangermanismo y el hitlerismo. En esta vía se está en las antípodas de las enseñanzas de los Profetas y del admirable Je et Tu de Martín Buber. El exclusivismo no permite el diálogo: no se puede dialogar ni con Hitler, ni con Beghin, puesto que su superioridad racial y su alianza exclusiva con lo divino no les permite en absoluto escuchar al prójimo. Tenemos conciencia de que en nuestra época no existe más alternativa que el diálogo o la guerra, y que el diálogo exige, como no nos cansaremos de repetir, que cada cual sea consciente de lo que le falta a su propia fe, y que tiene necesidad de los demás para cubrir ese vacío. Nuestro libro se sitúa en la prolongación de los esfuerzos de aquellos judíos que han intentado defender un judaísmo profético contra un sionismo tribal. Lo que alimenta el antisemitismo, no es la crítica de la política de agresión, es el mantenimiento incondicional de esta política que no proviene de las grandes tradiciones del judaísmo, que podían justificarse por una interpretación literal, es la política que eleva por encima de cualquier ley internacional la sacralización de los mitos de ayer y hoy.

I.- LOS MITOS TEOLÓGICOS

1. El mito de la promesa:

¿Tierra prometida o Tierra conquistada? «A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eúfrates» Génesis (XV, 18). La lectura integrista del sionismo político: Quien tiene la Biblia, y se considera perteneciente a su pueblo, debería poseer todas las tierras bíblicas (24). El 25 de febrero de 1994, el Dr. Baruch Goldstein masacra a los árabes mientras oraban en la Mezquita de la Tumba de los Patriarcas. El 4 de noviembre de 1995, Ygal Amir asesina a Ytzhak Rabin, por mandato de Dios, y de su grupo de guerreros de Israel, que ordena ejecutar a todo aquel que ceda a los árabes la tierra prometida de Judea y de Samaria (la actual Cisjordania). A) En la exégesis cristiana. Albert de Pury, profesor de Antiguo Testamento en la Facultad de Teología protestante de Ginebra, resumió así su tesis doctoral: «Promesa divina y leyenda cultural en el ciclo de Jacob» (25) en la que integra, discute y prolonga las investigaciones de los mayores  historiadores y exégetas contemporáneos Albrecht Alt y Martín Noth (26): El tema bíblico de la donación del país tiene su origen en la promesa patriarcal, es decir en aquella promesa divina dirigida, según la tradición del Génesis, al Patriarca Abraham. Los versículos del Génesis nos recuerdan en diferentes ocasiones, y bajo diversas formas, que Dios prometió a los Patriarcas y a sus descendientes la posesión de la tierra en la que estaban a punto de establecerse. Pronunciada en Sichem (27), en Béthel (28) y en Manré cerca de Hebrón (29), es decir en los principales santuarios de Samaria y de Judea, esta promesa parece aplicarse sobre todo a las regiones de la actual Cisjordania. Los narradores bíblicos nos presentan la historia de los orígenes de Israel como una continuación de épocas bien definidas. Todos los recuerdos, historias, leyendas, cuentos o poemas que les llegaron, trasmitidos por la tradición oral, se insertan en un cuadro genealógico y cronológico preciso. Como convienen casi todos los exegetas modernos, este esquema histórico es ampliamente ficticio. Los trabajos de Albrecht Alt y Martín Noth han demostrado en concreto que la división en épocas sucesivas (Patriarcas-esclavitud en Egipto-conquista de Canaán) es artificial (30). De acuerdo con esta tesis de Albert de Pury y los trabajos de exégesis contemporánea, la Sra. Françoise Smyth, Decana de la Facultad de Teología protestante de París, escribe: La investigación histórica reciente ha reducido al estado de ficción las representaciones clásicas del éxodo de la salida de Egipto, de la conquista de Canaán, de la unidad nacional israelita antes del exilio y de las fronteras precisas. La historiografía bíblica no informa sobre lo que cuenta sino sobre los que la elaboraron (31). Realizó además una rigurosa puesta a punto sobre el mito de la promesa en su libro Les Mythes illégitimes. Essai sur la terre promise (32). Albert de Pury prosigue: La mayoría de los exégetas han tomado y toman la promesa patriarcal en su expresión clásica (33) como una legitimación post eventum de la conquista israelita de Palestina o, más concretamente todavía, de la extensión de la soberanía israelita bajo el reinado de David. En otras palabras, la palabra promesa habría sido introducida en los relatos patriarcales para hacer de esta epopeya ancestral un preludio y un anuncio de la edad de oro davídica y salomónica. Podemos ahora circunscribirnos, sumariamente, a los orígenes de la promesa patriarcal:

1. La promesa de la tierra, entendida como una promesa de sedentarización,  fue dirigida primeramente a los grupos nómadas que estaban sometidos al régimen de transhumancia y que aspiraban a asentarse en algún lugar de las regiones habitables. Bajo este aspecto, la promesa pudo formar parte del patrimonio religioso y narrativo de varios grupos tribales diferentes (34).

2. La promesa nómada tenía por objeto, no la conquista política y militar de una región o de todo un país, sino la sedentarización en un territorio limitado.

3. Al principio, la promesa patriarcal de la que nos habla el Génesis, no fue otorgada por Yahvé (el dios que entró en Palestina con el grupo del Éxodo), sino por el dios cananeo EL en una de sus hipóstasis locales. Sólo el dios local, poseedor del territorio, podía ofrecer a los nómadas la  sedentarización en sus tierras.

4. Más tarde, cuando los clanes nómadas sedentarizados se reagruparon con otras tribus para formar el pueblo de Israel, las antiguas promesas tomaron una nueva dimensión. La sedentarización era un objetivo alcanzado y la promesa tomaba en lo sucesivo un alcance político, militar y nacional. Reinterpretada de esta manera, la promesa fue entendida como la prefiguración de la conquista definitiva de Palestina, como el anuncio y la legitimación del imperio davídico. El contenido de la promesa patriarcal así como la promesa nómada, tendente a la sedentarización de un clan gregario, se remonta, sin duda, a un origen ante eventum, no ocurre lo mismo con la promesa ampliada a las dimensiones nacionales. Ha sido probado que las tribus israelitas no se unieron más que después de su instalación en Palestina, la reinterpretación de la promesa nómada en una promesa de soberanía política debe haber sido efectuada post eventum. De esta forma, la promesa del Gen 15/18-21, que contempla la soberanía del pueblo elegido sobre todas las regiones situadas entre el Torrente de Egipto (el wadi ‘Arish) y el Gran Río, (el río  Eúfrates) y sobre todos los pueblos que allí habitan es manifiestamente un vaticinium ex eventum que se inspira en las conquistas davídicas. Las investigaciones exégeticas han permitido establecer que la extensión de la promesa nómada en una promesa nacional debió hacerse antes de la primera puesta por escrito de los relatos patriarcales. El Yahvista, que puede ser considerado como el primer gran narrador (o más bien, el editor de los relatos) del Antiguo Testamento, vivió en la época de Salomón. Fue él por consiguiente, contemporáneo y el testigo de algunos de estos decenios en los que la promesa patriarcal, reinterpretada a la luz de David, parecía haberse realizado más allá de todas las esperanzas. El pasaje del Gen 12/3b es uno de los textos claves para la comprensión de la obra del Yahvista. Según este texto, la bendición de Israel debe tener por corolario la bendición de todos los clanes de la tierra (‘adámâh). Los clanes de la tierra son, en primer lugar, todas las poblaciones que compartían con Israel, Palestina y TransJordania. De esta forma no  estamos en condiciones de poder afirmar que en tal o  cual momento de la historia, Dios se presentara ante un personaje histórico llamado Abraham y que le confiriera los títulos legales para la posesión del país de Canaán. Desde el punto de vista jurídico, no tenemos en nuestras manos tampoco ninguna escritura de donación firmada por Dios, ni tampoco nos asisten buenas razones para pensar que la escena del Gen 12/1-8; 13/14-18, por ejemplo, no sea el reflejo de un acontecimiento histórico. Si tenemos en cuenta todo esto, ¿es posible actualizar la promesa patriarcal? Si actualizar la promesa significa servirse de ella como un título de propiedad o ponerla al servicio de una reivindicación política, entonces  evidentemente no. Ninguna política tiene el derecho de reivindicar para sí la caución de la promesa. Uno entonces no sabría si vincular también de alguna manera a aquellos cristianos que consideran las promesas del Antiguo Testamento como una legitimación de las reivindicaciones territoriales actuales del Estado de Israel (35).  B) En la exégesis profética judía (Conferencia del rabino Elmer Berger, antiguo Presidente de la Liga para el judaísmo en los Estados Unidos) Es inadmisible para nadie pretender que la implantación actual del Estado de Israel es el cumplimento de una profecía bíblica y, en consecuencia, que todas las acciones acometidas por los israelíes para instaurar su Estado y para mantenerlo están previamente ratificadas por Dios. La política actual de Israel ha destruido o, al menos, oscurecido la significación espiritual de Israel. Me propongo examinar dos elementos fundamentales de la tradición profética. a - En primer lugar, cuando los Profetas evocaron la restauración de Sión, no era la tierra la que tenía por sí misma un carácter sagrado. El criterio absoluto e indiscutible de la concepción profética de la Redención era la restauración de la Alianza con Dios, cuando esta Alianza fue rota por el Rey y por su pueblo. Michée lo dice con toda claridad: Escuchad, jefes de la casa de Jacob, y dirigentes de la Casa de Israel, vosotros que aborrecéis el bien y amáis el mal, que habéis erigido a Sión en la Sangre y Jerusalén en el Crimen (Michée III, 1-12). Sión será labrado como un campo, Jerusalén llegará a ser un montón de ruinas, y la montaña del Templo un elevado lugar de idolatría. Sión no es   santa más que si la ley de Dios reina sobre él. Y esto no significa que toda Ley promulgada en Jerusalén sea una Ley santa. b- No es sólo la tierra de la que depende la observancia y la fidelidad a la Alianza: El pueblo reinstalado en Sión tiene las mismas exigencias de justicia, de rectitud y de fidelidad a la Alianza de Dios. Sión no podría alcanzar una restauración de un pueblo apoyándose en tratados, en alianzas, en informes militares de fuerza, o en una jerarquía militar que pretenda establecer su superioridad sobre los vecinos de Israel. La tradición profética muestra claramente que la santidad de la tierra no depende de su suelo, ni de su pueblo por su sola presencia sobre aquel territorio. Sólo es sagrada, y digna de Sión, la Alianza divina que se expresa a través del comportamiento de su pueblo. Ahora bien el actual Estado de Israel no tiene ningún derecho a reclamar para sí el cumplimiento de un proyecto divino para una era mesiánica. Ni el pueblo ni la tierra son sagrados ni merecen ningún privilegio espiritual del mundo. El totalitarismo sionista que pretende integrar a todo el pueblo judío, por medio de la fuerza y la violencia, lo convierte en un hecho entre los demás y como los demás (36). Ygal Amir, el asesino de Ytzhak Rabin, no es ni un granuja ni un loco, sino el producto puro de la educación sionista. Hijo de rabino y excelente estudiante de la Universidad rabínica de Bar Ilan cerca de Tel-Aviv, alimentado por las enseñanzas de las escuelas talmúdicas, fue soldado de élite en el Golán, y contaba en su biblioteca con un ejemplar de la biografía de Baruch Goldstein. Recordemos que Goldstein fue aquel que asesinó, en He-brón, a 27 árabes que se encontraban orando en la Mezquita de la Tumba de los Patriarcas.

Amir vio en la televisión pública de Israel, el gran reportaje sobre el grupo Eyal (Los guerreros de Israel) jurando, sobre la tumba del fundador del sionismo político Théodore Herzl, ejecutar a cualquiera que ceda a los árabes la tierra prometida de Judea y de Samaria (la actual Cisjordania). El asesinato del Presidente Rabin, como el de Goldstein, se inscribe en la estricta lógica de la mitología de los integristas sionistas. La orden de matar, dice Ygal Amir, viene de Dios, como en los tiempos de Josué (37). Amir no era un caso marginal en la sociedad israelí: el día de la muerte de Ytzhak Rabin, los colonos de Kiryat Arba y de Hebrón bailaban de alegría recitando Salmos de David alrededor del mausoleo levantado a la memoria de Baruch Goldstein (38). Ytzhak Rabin fue un blanco simbólico, pero no como Bill Clinton lo ensalzó en sus exequias, diciendo que combatió toda su vida por la paz sino que comprendió (como los americanos en VietNam o los franceses en Argelia) que ninguna solución militar definitiva es posible mientras un ejército se enfrente, no a otro cuerpo de ejército, sino a todo un pueblo. Hay que recordar que el que combatió toda su vida por la paz cuando comandaba las tropas de ocupación al principio de la Intifada, dio la orden de romper los huesos de los brazos a los niños de la tierra palestina que no tenían más que piedras para defender la tierra de sus antepasados. Se había empeñado, junto a Yasser Arafat, en la vía de un compromiso. Concedieron autonomía administrativa a una parte de los territorios cuya ocupación por Israel había sido condenada por las Naciones Unidas. Viviendo bajo la protección militar israelí las colonias robadas a los autóctonos y convertidas, como Hebrón, se convirtieron en seminarios de odio. Esto ya era demasiado para los integristas beneficiarios de este colonialismo: crearon, contra Rabin, a quien consideraban como un traidor, el clima que llevó a la infamia de su asesinato. Ytzhak Rabin ha sido víctima, junto a millones de Palestinos, del mito de la tierra prometida, pretexto milenario de los sangrientos colonialismos. Este asesinato fanático demuestra, una vez más, que una paz verdadera entre un Estado de Israel en seguridad en las fronteras fijadas por la partición de 1947 y un Estado Palestino totalmente independiente, requiere la eliminación radical del colonialismo actual, es decir, de todas las colonias que constituyen, en el interior del futuro Estado palestino, incesantes focos de provocación a la vez que detonantes para las guerras futuras.

2. El mito del pueblo elegido

El Señor ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Éxodo IV, 22. La lectura integrista del sionismo político. Los habitantes del mundo pueden ser repartidos entre Israel y las demás naciones consideradas en bloque. Israel es el pueblo elegido: dogma capital (Rabbin Cohen, en su libro, El Talmud, Ed. Payot, París 1986, p. 104).  Este mito es la creencia, sin fundamento histórico, según la cual el monoteísmo habría nacido con el Antiguo Testamento. Resulta ser lo contrario de la propia Biblia, puesto que sus dos principales redactores, el Yahvista y el Elohista, no eran, ni el uno ni el otro, monoteístas. Ellos proclamaban solamente la superioridad del Dios hebreo sobre los demás dioses. El Dios de Moab: Kamosh, es reconocido (39) como uno de los otros dioses (40). La Traducción Ecuménica de la Biblia (T. E. B.) subraya en una nota: Durante mucho tiempo en Israel se creyó en la existencia y en el poder de los dioses extranjeros (41). No es sino después del exilio, y especialmente entre los Profetas, cuando el monoteísmo se afirmará. Se reclamará la obediencia a Yahvé No andaréis en pos de dioses ajenos (42) y se proclamará Yo soy Dios y no hay más (43). Esta afirmación indiscutible del monoteísmo data de la segunda mitad del siglo VI (entre el año 550 y el 539). El monoteísmo es el fruto de una larga maduración de las grandes culturas de Oriente Medio, Mesopotamia y Egipto. Desde el siglo XIII, el Faraón Akhenatón había ordenado borrar de todos los templos el plural de la palabra Dios. Su Himno al sol se parafrasea casi literalmente en el Salmo 104. La religión babilónica se encamina hacia el monoteísmo, al evocar al Dios Marduk, el historiador Albright marca las etapas de esta transformación: Cuando se reconoció que las numerosas divinidades no eran más que las manifestaciones de un solo Dios. No quedaba más que un paso para alcanzar un cierto monoteísmo (44). El Poema babilónico de la Creación (que data del siglo XI antes de nuestra era) aporta el testimonio de estos últimos pasos: Los humanos se dividen en cuanto a los dioses, nosotros, aunque le designemos con muchos nombres sabemos que Él, es nuestro Dios. Esta religión alcanzó un grado de interioridad en el que aparece ya la imagen del Justo doliente: Quiero alabar al Señor de la sabiduría Mi Dios me ha abandonado Presumiré como un Señor y demoleré las murallas Cada día gimo como una paloma y las lágrimas queman mis mejillas. Y por consiguiente la plegaria era para mí sabiduría, y el sacrificio mi ley. Creo estar al servicio de Dios, pero los designios divinos, en el fondo de los abismos ¿quién puede comprenderlos? ¿Quién si no Marduk, es el maestro de la resurrección? El es quien modeló la arcilla original. Cantad la gloria de Marduk (45). Esta imagen de Job le precede en varios siglos. Una imagen parecida del justo sacrificado, la de Daniel (no el de la Biblia hebrea) castigado por Dios y devuelto por Él de nuevo a la tierra, la encontramos en los textos agáricos de Ras Shamra, en la que se ha dado llamar la Biblia cananea anterior a la de los hebreos puesto que Ezequiel cita a Daniel al lado de Job (46). Se encuentran aquí palabras cuya significación espiritual no depende para nada de la verificación histórica. Es el caso, por ejemplo, de aquella maravillosa parábola de la resistencia a la opresión y de la liberación que se encuentra en el relato del Éxodo. Poco importa que el paso del mar Rojo no pueda ser considerado como un acontecimiento histórico, escribía Mircea Eliade (47) y no concierna al conjunto de los Hebreos sino a algunos grupos de fugitivos. Es por el contrario significativo que la salida de Egipto, en esta grandiosa versión, haya sido relacionada con la celebración de las Pascuas revalorizada e integrada en la historia santa del Yahvismo (48).

A partir del 621 antes de J. C. la celebración del Éxodo toma, en efecto, el lugar de un rito agrario cananeo de la Pascua en primavera: la fiesta de la resurrección de Adonis. El Éxodo se convierte, de esta manera, en el acto fundacional del renacimiento de un pueblo liberado de la esclavitud por su dios. La experiencia divina de este desarraigo del hombre de sus antiguas servidumbres se encuentra entre los más diversos pueblos. La hallamos en la larga deambulación, en el siglo XIII, de la tribu azteca Mexica que tras más de un siglo de pruebas llega al valle guiada por su dios que les abre un paso allí donde ninguna ruta existía previamente trazada hasta entonces. El mismo significado tienen los viajes iniciáticos hacia la libertad del Kadaïra africano. La fijación a la tierra de las tribus nómadas está unida en todos los pueblos - en particular en Oriente Medio a la donación de la tierra prometida por un dios. Los mitos jalonan el camino de la humanización y de la divinización del hombre.  El del Diluvio, por el cual Dios castiga los pecados de los hombres  y reinicia su creación, se encuentra en todas las civilizaciones desde el Gilgamesh mesopotámico hasta el Popol Vuh de los Mayas. Los himnos de alabanza a Dios nacen en todas las religiones como los salmos en honor de Pachamama, la diosa madre o del Dios de los Incas.

Wiraqocha, raíz del ser,  Dios siempre cercano

quien crea diciendo:

¡Hágase el hombre!

¡Hágase la mujer!

Wiraqocha, Señor luminoso,

Dios que da la vida y la muerte

Tú que renuevas la creación

Protege a tu criatura

por largos días

para que pueda perfeccionarse

marchando por la recta vía.

Ya hemos hablado aquí de las religiones del Oriente Próximo, en el seno de las cuales ha germinado el monoteísmo y en ellas se han formado los hebreos. En otras culturas, no occidentales, la marcha hacia el monoteísmo es todavía más antigua. Por ejemplo en la India entre los Vedas. Los sabios dan al Ser Único más de un nombre (49) Vrihaspati: Es nuestro Padre, quien contiene a todos los dioses (50). Aquel que es nuestro Padre, ha engendrado y contiene a todos los seres. Dios único, El crea a los otros dioses. Todo lo que existe le reconoce por Maestro Conoced a quien todo lo ha creado; es el mismo que está entre vosotros (51).Sus nombres son múltiples pero Él es Uno. Estos textos sagrados se escalonan entre los siglos XVI y el VI antes de Jesucristo y el Padre Monchanin (S. J.) en su esfuerzo intuitivo para situarse en el interior de los Vedas lo designaba como «El poema litúrgico absoluto» (52).

3. El mito de Josué:

La limpieza étnica «De Lachis pasó Josué y todo Israel con él a Eglón; y pusieron sitio contra ella, y la combatieron. Y la tomaron el mismo día, y pasáronla a cuchillo y aquel día mató a todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Lachis. Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y combatiéronla» Libro de Josué X, 34. La lectura integrista del sionismo político. El 9 de abril de 1948, Menahem Beghin, con sus tropas del Irgún; masacró a los 254 habitantes del pueblo de Deir Yassin, a hombres, mujeres y niños. No estudiaremos este pasaje de la fosilización del mito en historia y de las pretensiones de este bricolaje histórico en la justificación de una política que en este caso particular ha instrumentalizado sus relatos bíblicos. Estos no han dejado de desempeñar un papel determinante en el futuro de Occidente cubriendo sus acciones más sangrientas y convirtiendo al pueblo judío en uno de los más perseguidos de la historia. Fueron  perseguidos por los Romanos, después, por las Cruzadas, por la Inquisición, por las Santas Alianzas, por las dominaciones coloniales ejercidas por los pueblos elegidos y hasta por las exacciones del Estado de Israel no sólo por su política de expansión en Oriente Medio sino por las presiones de sus lobbies en el que el más importante, Estados Unidos, ha jugado un papel de primer orden en la política de dominación y agresión mundial. La Biblia narra, junto al relato de las matanzas ordenadas por un Dios de los ejércitos; el gran profetismo de Amós, el de Ezequiel, de Isaías y de Job, y la Anunciación de una nueva alianza con Israel. Esta nueva alianza (este nuevo Testamento) marcará, a la vez, la mayor mutación en la historia de los hombres y los dioses, con la elevación de Jesús, en la cual, como dicen los Padres de la Iglesia Oriental: Dios creó al hombre para que este pudiese llegar a ser Dios. Después vino el regreso con San Pablo, a la visión tradicional del Dios soberano y todopoderoso, dirigiendo desde fuera y desde lo alto, la vida de los hombres y de las comunidades, no ya por la ley judía, sino por una gracia cristiana. No trataremos de la Biblia en general, sino sólo de la parte en la que pretende inspirarse hoy el régimen  teocrático israelí y el movimiento sionista:

La Thora (que los cristianos denominan el Pentateuco, es decir los cinco primeros libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) y sus anexos llamados históricos, los libros de Josué, los Jueces, los Reyes y Samuel. De la Thora judía no forma parte la  grandiosa crítica profética recordando constantemente que la alianza de Dios con los hombres es universal y unida a la observancia de la ley divina y abierta a todos los pueblos y a todos los hombres. La Thora (el Pentateuco) y los libros históricos (como desde hace más de un siglo han demostrado los exegetas) son una compilación escrita de tradiciones orales que fueron hechas por cronistas del siglo IX y por los escribas de Salomón que tenían, como preocupación central, la de legitimar, magnificándolas, las conquistas de David y de su imperio, del que no existe por otra parte ninguna posibilidad de  comprobación histórica, ni por vestigios arqueológicos, ni por otros documentos que no sean los relatos bíblicos. El primer acontecimiento confirmado por la historia externa concierne a Salomón, del cual se encuentran vestigios en los archivos asirios. Hasta el presente, no existe ninguna fuente exterior a los relatos de la Biblia para controlar su historicidad. Por ejemplo, los restos arqueológicos de Ur, en Irak, no nos proporcionan más información sobre Abraham, que la que nos puedan aportar las excavaciones de las ruinas de Troya sobre Héctor o Príamo. En el libro de los Números (53) se nos relatan las proezas de los hijos de Israel que, vencedores de los Madianitas, como Jehová lo mandó a Moisés, mataron a todo varón, hicieron prisioneras a las mujeres e incendiaron todas las ciudades. Cuando se volvieron hacia Moisés, Moisés se enojó. ¡Quién os ha dicho que dejarais con vida a las mujeres! Pues bien, matad ahora a todos los varones entre los niños y matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente y a todas las niñas, entre las mujeres que no hayan conocido carnalmente a varón, os las quedáis para vosotros (54). El sucesor de Moisés, Josué, prosiguió después de la conquista de Canaán, de forma sistemática, esta política de limpieza étnica mandada por el Dios de los ejércitos. En aquel mismo día se apoderó Josué de Maqqeda y la pasó a cuchillo, mató a su rey; y a todo lo que en ella tenía vida, sin quedar nada: más con el rey de Maqqeda hizo como había hecho con el rey de Jericó. Y de Maqqeda pasó Josué y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna. Y Jehová entregó también a ella y a su rey, a manos de Israel; y pasó  por el filo de la espada a todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada; más con su rey hizo lo mismo que había hecho con el rey de Jericó. Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Lachis, y puso sitio contra ella, y combatióla. Jehová entregó a Lachis en manos de Israel, y la tomó al día siguiente, y la pasó a cuchillo, con todo lo que en allí había vivo, como había hecho en Libna. Entonces Horan, rey de Gezer, subió en ayuda de Lachis; más a él y a su pueblo hirió Josué, hasta no quedar ninguno de ellos. De Lachis pasó Josué, y todo Israel con él, a Egión; y pusieron sitio contra ella, y combatiéronla: Y la tomaron el mismo día y la pasaron a cuchillo; y aquel día mató a todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Lachis. Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y combatiéronla (55). La letanía continúa enumerando los exterminios sagrados perpetrados en Cisjordania. Debemos, ante estos relatos, plantearnos dos cuestiones [31] fundamentales: la de su verdad histórica y la de las consecuencias de una imitación literal de esta exaltación de una política de exterminio.

A) Sobre el primer punto topamos aquí con la arqueología ya que las excavaciones parecen haber demostrado que los israelitas, llega-do el final del siglo XIII antes de J.C., no pudieron tomar Jericó porque en esa fecha Jericó ya estaba deshabitada. La ciudad, en la Edad del Bronce Medio, fue destruida hacia el 1550 e inmediatamente después abandonada. Durante el siglo XIV volvió a poblarse pobremente: se han  encontrado vasijas de este período en tumbas de la Época del Bronce Medio que fueron reutilizadas, y una casa donde se hallaron restos de loza de mediados del siglo XIV. Nada hay que se pueda atribuir al siglo XIII, no quedan restos de fortificaciones de la Nueva Edad de Bronce. La conclusión de la señora K. M. Kenyon es que resulta imposible asociar la destrucción de Jericó con una entrada de los israelitas a finales del siglo XIII antes de J.C. (56). Lo mismo se puede decir sobre la toma de ‘Ay: De todos los relatos de la conquista, éste que es el más detallado y que no aporta ningún elemento milagroso y aparece como el más verosímil, ha  ido desgraciadamente desmentido por la arqueología. El lugar ha sido excavado por dos expediciones diferentes. Los resultados son concordantes: Et-Tell era en la antigua Edad del Bronce una gran ciudad de la que no sabemos su nombre y que fue destruida en el curso del Tercer Periodo de la Edad antigua del Bronce, hacia el 2400 antes de J.C. Quedó desierta hasta después del 1200 cuando una mínima población, no fortificada, se instaló sobre parte de las ruinas. Esta no subsistió más que hasta los inicios del siglo X antes de Cristo a más tardar; después el lugar fue definitivamente abandonado. En el momento de la llegada de los israelitas no existía ya ciudad alguna en ‘Ay, ni había rey de ‘Ay. No quedaban allí más que unas viejas ruinas del año 1200 (57).

B) Sobre el segundo punto En consecuencia, ¿por qué, un judío piadoso e integrista (es decir que tome la Biblia al pie de la letra) no puede seguir el ejemplo de personajes tan prestigiosos como Moisés o Josué? ¿No se dice en Números, cuando se inicia la conquista de Palestina (Canaán): Y Jehová escuchó la voz de Israel y entregó al cananeo, destruyendo a ellos y a sus ciudades (58), y más adelante refiriéndose a los Amuritas y a su rey: E hirieron a él y a su gente, sin que quedara uno, y poseyeron su tierra? (59). El Deuteronomio repite, no exigiendo solamente la expoliación de la tierra y la expulsión de los autóctonos, sino incluso su matanza: Cuando Jehová tu Dios te hubiera introducido en la Tierra en la cual tú has de entrar para poseerla y los hubiera arrojado delante de ti, y los derrotes los destruirás del todo (60) los arrasarás (61). Desde Sharon al Rabino Meïr Kahane, ésta es la prefiguración en que los sionistas se comportan al respecto con los palestinos. ¿No fue la senda de Josué la que siguió Menahem Beghin cuando, el 9 de abril de 1948, los 254 habitantes del pueblo de Deir Yassin, hombres, mujeres y niños, fueron masacrados por sus tropas del Irgún, para tratar de que huyeran, aterrorizados los árabes? (62) Invitaba a los Judíos no sólo a repeler a los árabes sino a adueñarse de toda Palestina. ¿No fue la senda de Josué la que trazaba Moshé Dayan cuando decía: Si tenemos la Biblia y nos consideramos como el pueblo de la Biblia, deberíamos también poseer las tierras bíblicas (63). ¿No era la senda de Josué la que marcaba Yoram Ben Porath en el gran rotativo israelí Yediot Aharonoth, el 14 de julio de 1972 al escribir: No hay sionismo y colonización del estado judío sin el des-pojo a los árabes y la expropiación de sus tierras? En cuanto a los medios para la desposesión de estas tierras fueron fijados por Rabin cuando era General en jefe de los territorios ocupados: romper los huesos a los que lanzan las piedras de la Intifada. ¿Cuál ha sido la reacción de las escuelas talmúdicas de Israel? Colocar en el poder a uno de los responsables más directos de Sabra y Chatila: al general Rafael Eytan que exige el refuerzo de las colonias judías existentes. Animado por las mismas convicciones, el Dr. Baruch Goldstein, colono de origen americano, de Kiryat Arba (Cisjordania), causó 27 muertos y más de 50 heridos víctimas del ametrallamiento de Palestinos cuando se encontraban rezando en la Mezquita de la Tumba de los Patriarcas. Miembro de un grupo integrista fundado bajo el patrocinio de Ariel Sharon (bajo cuya protección fueron perpetradas las matanzas de Sabra y Chatila), más tarde fue recompensado por sus crímenes con una promoción. Se le nombró Ministro de la Vivienda encargado de desarrollar la implantación de las colonias en los territorios ocupados. Baruch Goldstein es hoy objeto de un verdadero culto por parte de los integristas que acuden a llevar flores y besar su sepultura, pues fue rigurosamente fiel a la tradición de Josué exterminando a todos los pueblos de Canaán para apropiarse de sus tierras.

Esta limpieza étnica que ha llegado a ser sistemática en el Estado de Israel de hoy, deriva del principio de la pureza étnica que prohíbe la mezcla de sangre judía con la sangre impura de todos los demás. En las líneas siguientes la orden de Dios de exterminar a las poblaciones que Él les entrega, se amplía cuando el Señor recomienda a Moisés que su pueblo no se mezcle con las mujeres de esos pueblos (64). En el Deuteronomio, el pueblo elegido (65) no debe mezclarse con los demás: no emparentarás con ellos: no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo (66). Este apartheid es la única forma de impedir la mácula de la raza escogida por Dios, la fe que le une a Él. Esta separación del prójimo ha permanecido como ley: en su libro sobre el Talmud (67) el rabino Cohen  escribe: Los habitantes que pueblan la tierra se dividen en: Israel y las demás naciones consideradas en bloque. Israel es el pueblo elegido: dogma capital. A su regreso del Exilio, Esdrás y Nehemías se preocupan por el restablecimiento de este apartheid. Esdrás llora porque la simiente santa (sic) ha sido mezclada [33] con las gentes de estas tierras (68) Pinhas es empalado por haber contraído un matrimonio mixto. Esdrás ordena la selección racial y la exclusión de: todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras y cuyas mujeres hubieran parido hijos  (69). Nehemías dice de los judíos: Les limpié de todo elemento extranjero (70).Esta mixofobia y este rechazo al prójimo exceden de la dimensión racial. Si se rehúsa la sangre del otro para el matrimonio mixto, se rehúsa también su religión, su cultura y su manera de ser. De esta forma Yahvé fulmina a los que se apartan de su verdad, cualquiera que sea. Sofonías lucha contra las formas de vestir extranjeras; Nehemías contra las lenguas extranjeras: Vi asimismo en aquellos días a Judíos que habían tomado mujeres de Azoto, Ammonitas y Moabitas y sus hijos la mitad hablaban azoteo o la lengua de éste o el otro pueblo; y no sabían hablar judaico. Y reñí con ellos, y les maldije, y herí a alguno de ellos y les arranque los cabellos (71) Los infractores son juzgados duramente. Rebeca, mujer de Isaac y madre de Jacob, afirma: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Heth. Si Jacob toma mujer de las hijas de Heth, de las hijas de esta tierra ¿para qué quiero la vida? (72) Los padres de Sansón que, crispados por el matrimonio de su hijo con una Filistea, exclaman: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo mi pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los Filisteos incircuncisos? (73) Haïm Cohen, que fue juzgado por el Tribunal Supremo de Israel, constata: La amarga ironía del destino ha querido que las mismas tesis biológicas y racistas propagadas por los nazis y que inspiraron las infamantes leyes de Nuremberg, sirvan de base para la definición de la judaicidad en el seno del Estado de Israel (74). Durante el proceso contra los criminales de guerra de Nuremberg, en el curso del interrogatorio al teórico de la raza, Julius Streicher, le formularon la siguiente pregunta: En 1935 en el Congreso del Partido en Nuremberg fueron promulgadas las leyes raciales. Durante la preparación de este proyecto de ley ¿fue llamado a consultas y participó de alguna manera en la elaboración de estas leyes? Acusado Streicher: Si, creo haber participado en el sentido de, que desde hacía años, venía escribiendo que sería necesario impedir en el futuro toda mezcla de sangre alemana y de sangre judía. Escribí artículos en este sentido y siempre repetí que debíamos tomar a la raza judía o al pueblo judío, como modelo. He repetido siempre en mis artículos que los judíos debían estar considerados como un modelo para las otras razas, pues ellos se dieron una ley racial, la ley de Moisés que dice: Si vais a un país extranjero, no debéis tomar mujeres extranjeras. Y esto, Señores, es de una importancia extraordinaria para juzgar las Leyes de Nuremberg. Fueron estas leyes judías las que se tomaron como modelo. Cuando siglos más tarde el legislador judío Esdrás constata que, a pesar de ello, muchos judíos se habían casado con mujeres no judías, estas uniones fueron deshechas. Este fue el origen de la judería que, gracias a sus leyes raciales, ha sub-sistido durante siglos, mientras que las demás razas, y todas las otras civilizaciones, han sido aniquiladas (75).Fue así como los juristas, consejeros del Ministerio del Interior nazi,[34] elaboraron las Leyes de  Nuremberg, del derecho de la población del Reich y de la protección de la sangre alemana y del honor alemán. Estos juristas consejeros, Bernard Losener y Friedrich Knost, comentan así el texto, en el libro Las Leyes de Nuremberg: Conforme a la voluntad del Führer, las Leyes de Nuremberg no implican verdaderamente medidas tendentes a acentuar el odio racial o a perpetuarlo; por el contrario, tales medidas significan el principio de una pacificación en las relaciones entre el pueblo judío y el pueblo alemán. Si los judíos tuvieran ya su propio Estado, en el que se sintieran en su casa, la cuestión judía podría ser considerada resuelta, tanto para los judíos como para los alemanes. Es por esta razón por la que los sionistas más conspicuos no han manifestado la menor oposición contra el espíritu de las leyes de Nuremberg. Este racismo, modelo de todos los demás racismos, es una ideología que sirve para justificar el dominio de diferentes pueblos. La literalidad conduce a la perpetración de las mismas matanzas que las cometidas por Josué. Los colonos puritanos de América, en su caza al indio para apoderarse de sus tierras, invocaban a Josué y los exterminios sagrados de los Amalecitas y de los Filisteos (76). Intermediaria entre la shoah cananea y la mixofobia existe en la actualidad la ideología de la deportación de  oblaciones, que apoyan la mayor parte de los rabinos de Judea-Samaria. Esta política se funda en una lectura integrista de los textos sagrados. La letra del Levítico prescribe a los judíos no practicar la mezcla de especies (77) y les ordena diferenciar al puro del impuro (78) como se distingue a Israel de los demás pueblos (79), para operar una discriminación racial. Estableceré distinción entre mi pueblo y tu pueblo (80). De esta manera, en 1993, el gran Rabino Sitruk pudo decir sin  temor de ser llamado al orden por cualquier instancia: Quisiera que los jóvenes judíos no se casasen nunca más que con muchachas judías. Así Israel que será santo (81) no se debe mancillar (82) por el contacto con las demás naciones a las que Dios ha tomado asco (83). La prohibición fue millones de veces repetida. No emparentarás con ellos (las naciones cananeas); no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo (84). Porque si os apartáis de Él y os ligáis con los restos de estas gentes que han quedado entre vosotros, y concertáis con ellos matrimonios, y os mezcláis con ellas, y ellas con vosotros sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas gentes delante de vosotros; sino que serán un lazo, y una trampa, azote en vuestros costados, y espinas para vuestros ojos, hasta tanto que desaparezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado (85). El 10 de noviembre de 1975, en sesión plenaria, la ONU consideró que el sionismo era una forma de racismo y de discriminación racial. Después de la fragmentación de la URSS, los Estados Unidos han actuado bajo cuerda en la ONU y obtuvieron el 16 de diciembre de 1991 la abolición de la justa resolución de 1975. En lo que respecta a los hechos, nada ha cambiado desde 1975, o mejor dicho: la represión, el genocidio lento del pueblo palestino y la colonización han tomado una amplitud sin precedente.

II. LOS MITOS DEL SIGLO XX

1. El mito del antifascismo sionista

En 1941, Itzac Shamir cometió un crimen imperdonable desde el punto de vista moral: recomendar una alianza con Hitler, con la Alemania nazi contra la Gran Bretaña (Bar Zohar, Ben Gurión, El Profeta armado, Paris, 1966, p. 99) Cuando comenzó la guerra contra Hitler, la casi totalidad de las organizaciones judías se pusieron al lado de los aliados e incluso algunos de sus más destacados dirigentes, como Weizmann, tomaron posición en favor de los aliados, pero el grupo sionista alemán, que en aquella época era muy  minoritario, adoptó una actitud inversa y de 1933 a 1941 estuvo vinculado a una política de compromiso e incluso de colaboración con Hitler. Las autoridades nazis al principio, al mismo tiempo que perseguían a los judíos, arrojándoles, por ejemplo, de la función pública, dialogaban con los dirigentes sionistas alemanes y establecían un trato de favor  distinguiéndoles de los judíos integracionistas a quienes se perseguía. La acusación de colusión con las autoridades hitlerianas no se dirigía a la inmensa mayoría de los judíos, algunos de los cuales ni siquiera esperó a la guerra para luchar contra el fascismo. Lo hicieron en las Brigadas Internacionales en la guerra civil española entre 1936 y 1939 (86). Otros, hasta en el ghetto de Varsovia, crearían un Comité judío de lucha y supieron morir combatiendo. Pero esta acusación es aplicable a la minoría fuertemente organizada de los dirigentes sionistas cuya única preocupación era la de crear un Estado judío poderoso. Su preocupación exclusiva de crear un Estado judío poderoso e incluso su visión racista del mundo, les hacían mucho más antiingleses que antinazis. Tras la guerra Menahem Beghin o Itzac Shamir llegaron a ser dirigentes de primer rango en el Estado de Israel. Con fecha de 5 de septiembre de 1939 dos días después de la declaración de guerra de Inglaterra y Francia contra Alemania Chaim Weizmannn, Presidente de la Agencia Judía, escribía a M. Chamberlain, Primer Ministro de su majestad el Rey de Inglaterra, una carta en la que le informaba de que nosotros los judíos, estamos al lado de Gran Bretaña y combatiremos por la Democracia, precisando que los mandatarios judíos estaban dispuestos a firmar inmediatamente un acuerdo para permitir la utilización de todas sus fuerzas en hombres, de sus técnicas, de su ayuda material y de todas sus capacidades. Reproducida en el Jewish Chronicle del 8 de septiembre de 1939, esta carta constituía una auténtica declaración de guerra del mundo judío contra Alemania. Exponía el problema del internamiento de todos los judíos alemanes en campos de concentración como súbditos de un pueblo en estado de guerra con Alemania, al igual que lo hicieran los americanos con sus propios súbditos de origen japonés a los que internaron mientras duró la guerra contra Japón. Los dirigentes sionistas dieron pruebas, en la época del fascismo hitleriano y mussoliniano, de un comportamiento equívoco que iba del sabotaje de la lucha antifascista a la tentativa de colaboración. El objetivo esencial de los sionistas no era el de salvar vidas judías sino el de crear un Estado judío en Palestina. El primer dirigente del Estado de Israel, Ben Gurión, proclamaba sin ambages, el 7 de diciembre de 1938, ante los dirigentes sionistas del Labour: Si supiera que era posible salvar a todos los niños de Alemania trayéndoles a Inglaterra, y solamente la mitad de ellos transportarlos a Eretz Israel, escogería la segunda solución. Ya que debemos tener en cuenta no sólo la vida de estos niños, sino también la historia del pueblo de Israel (87). El salvamento de los judíos en Europa no figuraba al principio de la lista de las prioridades de la clase dirigente. Era la fundación del Estado lo que era primordial ante sus ojos (88). ¿Debemos ayudar a todos los que tengan necesidad sin tener en cuenta las características de cada cual? ¿No deberíamos dar a esta acción un carácter nacional sionista e intentar salvar prioritariamente a los que puedan ser útiles a la Tierra de Israel y al judaísmo? Sé que puede parecer cruel exponer la cuestión de esta manera, pero desgraciadamente debemos establecer claramente si somos capaces de salvar a 10.000 personas entre las 50.000 que pudieran contribuir a la construcción del país y al renacimiento nacional o bien a un millón de judíos que pudieran llegar a ser para nosotros un fardo o mejor dicho un peso muerto. En este caso nos limitaríamos a salvar a los 10.000 que pudieran ser salvados a pesar de las acusaciones y los llamamientos del millón abandonados a su suerte (89). Este fanatismo inspira, por ejemplo, la actitud de la delegación sionista en la Conferencia de Evian, en julio de 1938, en la que 31 naciones se reunieron para discutir la absorción de los refugiados de la Alemania nazi. La delegación sionista exigió, como única solución posible, la de admitir a 200.000 judíos en Palestina. El Estado judío era más importante para ellos que la vida de los judíos. El enemigo principal, para los dirigentes sionistas era la asimilación. Centraban en esto la preocupación fundamental de todo racismo, incluido el hitleriano: la pureza de la sangre. Es por ello por lo que, en función misma del antisemitismo sistemático que les animaba hasta perseguir el propósito monstruoso de dar caza a todos los judíos de Alemania y después a los de Europa cuando llegara la hora, los nazis consideraban a los sionistas como interlocutores válidos puesto que también ellos servían a este propósito. De esta colusión existen pruebas evidentes. La Federación Sionista de Alemania dirigía al Partido nazi el 21 de junio de 1933 un memorándum en el que expresamente se declaraba: En la fundación del Nuevo Estado, que ha proclamado el principio de la raza, deseamos adaptar nuestra comunidad a las nuevas estructuras nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía nos permite establecer relaciones claras y sinceras con el pueblo alemán y sus realidades nacionales y raciales. Precisamente porque nosotros no queremos subestimar estos principios fundamentales, es por lo que también nos pronunciamos contra los matrimonios mixtos y en favor del mantenimiento de la pureza del grupo judío Los judíos conscientes de su identidad, en el nombre de los cuales hablamos, pueden encontrar sitio en la estructura del Estado alemán, pues están libres del resentimiento que los judíos asimilados deben experimentar; creemos en la posibilidad de relaciones leales entre los judíos conscientes de su comunidad y el Estado alemán. Para alcanzar sus objetivos prácticos, el sionismo espera ser capaz de colaborar incluso con un gobierno fundamentalmente hostil a los judíos. La realización del sionismo no está molesta más que por el resentimiento de los judíos en el exterior, contra la orientación alemana actual. La propaganda para el boycot actualmente dirigida contra Alemania es por definición, no sionista (90). El Memorándum añadía: en el caso de que los alemanes aceptaran esta cooperación, los sionistas se esforzarían en convencer a los judíos del extranjero a que renunciaran a participar en el boycot contra Alemania (91). Los dirigentes hitlerianos acogieron favorablemente la orientación de los mandatarios sionistas que, por su preocupación exclusiva por constituir su Estado en Palestina, aunaban sus esfuerzos para desentenderse de los judíos. El principal teórico nazi, Alfred Rosenberg, escribe: El sionismo debe ser vigorosamente sostenido a fin de que un contingente anual de judíos alemanes sean llevados a Palestina (92). Reinhardt Heydrich, que fue más tarde el Protector en Checoslovaquia, escribía en 1935, durante el tiempo en que era jefe de los Servicios de Seguridad de las S.S. en el Das Schwarze Korps, órgano oficial de los S.S., un artículo sobre el enemigo vis ible en el que se establecían distinciones entre los judíos: Nosotros debemos dividir a los judíos en dos categorías: los sionistas y los partidarios de la asimilación. Los sionistas profesan una concepción estrictamente racial, y, para la emigración en Palestina, ayudan a edificar su propio Estado judío nuestros mejores votos y nuestra buena voluntad oficial para ellos (93). El Betar alemán recibió un nuevo nombre: Herzlia. Las actividades del movimiento en Alemania debían obtener a buen seguro la aprobación de la Gestapo; en realidad, Herzlia actuaba bajo la protección de esta última. Un día, un grupo de las S.S. atacó un campamento de verano del Betar. El jefe del movimiento se quejó entonces a la Gestapo y, algunos días más tarde, la policía secreta le comunicó que los S. S. en cuestión habían sido castigados. 

NOTAS

1. Mayîd: Qaf wal Qurânil Mayîd. - Qaf juro por el Corán glorioso.

2. Karîm: innahû la Qurânun Karîm – que es una Recitación Noble

3. Hakîm: Ya Sin wal Qurânil Hakîm – Ya, Sin ¡Por el Corán Sabio!

4. ‘Adzîm: wa laqad ataînâka sab’an minul mazânî wal Qurânal ‘Adzîm – Sin duda que te  hemos agraciado con las siete aleyas reiterativas, así como también el Grandioso Corán.

5. ‘Azîz: …wa innahu la Kitâban ‘Azîz la îatîhil bâtil... - ¡No obstante ser el Libro por Excelencia, Inalterable e Irrefutable;…!

6. Mubârak: hadha dhikrun Mubârakun – Y este es un mensaje Bendito que hemos revelado.

7. Mubîn: tilka ayutul kitâbi wa Qurânin Mubîn – He aquí las aleyas del Libro que son las del Corán lúcido.

8. Mutishâbih: Al.lahu nazzala ahsanal hadîz kitâban Mutashâbihan… Dios reveló el más bello Mensaje: un Libro Homogéneo (en estilo y elocuencia).

9. Mazzânî: Al.lahu nazzala ahsanal hadîz kitâban Mutashâbiham Mazzâniîa… – Dios reveló el más bello Mensaje: un Libro Homogéneo (en estilo y elocuencia) cuyas aleyas son Reiterativas.

10. ‘Arabî: inna anzalnahu Qurânan ‘Arabîan la’al.lakum taqilun lo hemos revelado en lenguaje Arábigo para que lo comprendáis.

11. Gaîra dhî ‘ivayil: Qurânan ‘Arabîan Gaîra Dhî ‘Ivayil la’al.lahum ia’ttaqun es un Corán Arábigo Intachable para que teman los timoratos.

12. Dhîdh Dhikr: Sâd wal Qurâni Dhîdh Dhikr – Sâd ¡Por el Corán que contiene la Amonestación!…

13. Bashîr: Kitâbun fussilata Âîatuhu.... Bashîran – un libro cuyas aleyas Albriciador

14. Nadhîr: Kitâbun fussilata Âîatuhu... Bashîran wa nadhîran – Un libro cuyas aleyas Albriciador y Amonestador.

15. Qaîîm: Alhamulil.lahi ladhî anzala ‘alâ ‘abdihil Kitâbî... Qaîîman – Alabado sea Dios, que revelo el Libro del cual gozaran

16. Martin Buber, Israel and the World, Ed. Schocken, Nueva York, 1948, p. 263.

17. Norman Bentwich. For Sion Sake. Biografía de Judas Magnes. Philadelphia. Jewish  Publication Society of America. 1954, p. 352.

18. Norman Bentwich. For Sion Sake. Biografía de Judas Magnes. Philadelphia. Jewish  Publication Society of America. 1954, p. 131.

19. Rabbin Moshé Menuhin, The Decadence of judaism in our time, 1969, p. 324.

20. Le Monde, 21 de junio de 1960.

21. Carta publicada en Le Monde del día 19 de junio de 1982, p. 9.

22. Ed. Calmann-Levy. 1972, p. 311.

23. Ed. Calmann-Levy. 1972, p. 311.

24. General Mosé Dayán. Jerusalem Post, 10 de agosto de 1967.

25. Ed. Gabalda, 2 vol. París, 1975.

26. Ver: Histoire d’lsraël, de M. Noth, traducción francesa, casa Payot 1954, Théologie de l’Ancien Testament, 1971. Ed. Labor et Fides, Ginebra, por Von Rad, El Padre R. de Vaux: Histoire ancienne d’lsraël (2 volúmenes), París 1971.

27. Génesis 12/7.

28. Génesis 13/14-16; 28/13-15, 35/11-12.

29. Génesis 15/18-21, 17/4-8.

30. Cf. A. Alt, Der Gott der Väter (1929), in A. Alt, Kleine Schriften zur Geschichte des Volkes Israel, I, Munich, 1953 (= 1963), p. 1-78 (Tr. ingl. En Essays on old Testament History and Religion, Oxford, Blackwell, 1966, p. 1-77; Die Landnahme der Israeliten in Palästina (1925), in Kleine Schriften, I, p. 89- 125 (Tr. ingl. idem, p. 133-169).

31. Françoise Smyth. Les Protestants, la Bible et lsraël depuis 1948. En La Lettre de noviembre de 1984, n·313, p. 23.

32. Ed. Labor et Fides. Ginebra 1994.

33. Cf. por ejemplo Génesis 13/14-17 o Gen 15/18-21.

34. La lectura de los textos sagrados del Oriente Medio nos enseña que todos los pueblos en aquel lugar han recibido promesas similares de su dios que les prometía la tierra, desde Mesopotamia a Egipto, pasando por los Hititas. En Egipto, sobre la estela de Karnak, mandada erigir por Tutmosis III (entre el 1480 y 1475 a. de C.) para celebrar las victorias que había cosechado en el camino de Gaza, Megido, Qadesh, y hasta Karkemish (en el Eúfrates), dios le dice: Te asigno, por decreto, esta tierra a lo ancho y a lo largo. He venido para darte la orden de que arrases la tierra de Occidente. En la otra punta del creciente fértil, en Mesopotamia, en la 6ta tablilla del Poema babilónico de la creación, el dios Marduk, fija a cada cual su lote (versículo 46), y para sellar la Alianza ordena reconstruir Babilonia y su templo (a) Entre ambos, los Hititas cantan a Arinna, la diosa solar: Tú velas por la seguridad de los cielos y la tierra Tú estableces las fronteras  de la tierra (b) Si los hebreos no hubieran recibido una promesa de este género, ¡sí que hubieran sido la excepción! (c) (a) - Les religions du Proche-Orient de René Labet, Ed. Fayard, 1970, p 60 (b) - Ibidem p. 557 (c) - Ver sobre la promesa, la tesis del Padre Landouzies, en el Instituto Católico de París, en lo referente a La Donación de la Tierra de Palestina (1974), pp. 10-15

35. Extractos de la conferencia pronunciada el día 10 de febrero de 1975 en Cret-Berard (Suiza) durante un coloquio sobre las interpretaciones teológicas del conflicto árabe israelí, publicado en la revista Etudes théologiques et religieuses, n· 3, 1976 (Montpellier)

36. Rabbin Elmer Berger: Prophecy, Zionism and the state of Israel. Ed.

American Jewish Alternatives to Zionism. Conferencia pronunciada en la Universidad de Leiden (Países Bajos) el 20 de marzo de 1968.

37. Le Monde, (A. F. P. ) del 8 de noviembre de 1995.

38. El País (España), del 9 de noviembre de 1995, p. 4.

39. Jueces XI, 24 y Reyes 11, 27.

40. I. Samuel XXVII, 19.

41. Traducción Ecuménica de la Biblia, p. 680, nota d. (en la edición francesa)

42. Deuteronomio VI, 14.

43. Isaías XLV, 22.

44. Albright, Les Religions dans le Moyen-Orient, p. 159.

45. Poema babilónico de la Creación.Op. cit. p. 329 a 341.

46. Ezequiel, XIV, 14 y 20.

47. Mircea Eliade. Histoire des croyances et des idées religieuses, p. 190.

48. Mircea Eliade. Histoire des croyances et des idées religieuses, p. 191.

49. Himno del Rig Veda 1;II, 7.

50. Himno del Rig Veda III, 18.

51. Himno del Rig Veda CXI, 11.

52. Jules Monchanin: Mystique de l’Inde, mystère chrétien, p. 231-229

53. Números XXXI, 7-8.

54. Números XXXI,14-18.

55. Libro deJosué X, 34 a X, 36.

56. K. M. Kenyon, Digging up Jericho, Londres 1957,p. 256-265. Jericho, en Archaelogy and Old Testament Study, Ed. D. Winton, Oxford 1967, esp. p. 272-274. H. J. Franken Tell es- Sultan and Old Testament Jericho, en OTS, 14(1965) p.189-200. M. Weippert, Die Landnahme der israelitischen Stämme, p. 54-55.

57. Père de Vaux (O. P.), Histoire ancienne d’lsraël, Ed. Lecoffre et Gabalda. París 1971, TI, p.565. Ver: en 1933-35 por Judith Marquet-Krause, Les Fouilles de ‘Ay, (Et-Tell) París 1949. Después por J. A. Callawy a partir de 1964, Cf. J. A. Callaway, Basor 178 (apr.  965) p. I3-40; RB, 72(1965) p. 409-415; K. Schoonover, RB 75 (1968), p.243-247; 76(1969) p. 423-426; J. A. Callaway, Basor, 196 (dic. 1969), p. 2-16.

58. Números XXI, 3.

59. Números XXI, 35.

60. Deuteronomio VII, 1-2.

61. Deuteronomio VII, 24.

62. Menahem Beghin, La révolte: Histoire de l’lrgoun, p. 200. Ed. Albatros, 1978.

63. Jerusalem Post, 10 de agosto de 1977.

64. Exodo XXXIV, 16.

65. Deuteronomio VII, 6.

66. Deuteronomio VII, 3.

67. París, Payot, 1986, p. 104.

68. Esdrás6. 9, 2.

69. Esdrás. 10, 44.

70. Nehemias 13, 30.

71. Nehemias 13, 23-25.

72. Génesis 27, 46.

73. Jueces 14, 3.

74. Ver Joseph Badi, Fundamental Laws of the State of Israel, Nueva York, 1960, p. 156.

75. Proceso de los grandes criminales de guerra ante el Tribunal militar internacional

(Nuremberg 14 de noviembre de 1945. 1· de octubre de 1946. Texto oficial en lengua francesa. Sesiones del 26 de abril de 1946, Tomo XII. D. 321)

76. Thomas Nelson, ThePuritans of Massachusets», Judaísmo, Vol. XVI, n· 2, 1967.

77. Levítico 19,19.

78. Levítico 20,25.

79. Levítico 20,24.

80. Exodo 8,19.

81. Levítico 20,26.

82. Esd. 9,11.

83. Levítico 20,23.

84. Deuteronomio 7, 3-4.

85. Josué 23,12-13.

86. Más del 30 % de los americanos de la Brigada Abraham Lincoln eran judíos, a los que denunciaba la prensa sionista, porque combatían en España, en lugar de ir a Palestina. En la Brigada Dombrovski, de 5.000 polacos, 2.250 eran judíos. A estos heroicos judíos que lucharon en todos los frentes del mundo con las fuerzas antifascistas, los dirigentes   sionistas, en un artículo de su representante en Londres, titulado: ¿Deben participar los judíos en los movimientos antifascistas? respondía: ¡No!... y fijaban el único objetivo: La construcción de la tierra de Israel (Jewish Life, abril 1938, p.11).

87.Yvon Gelbner, Zionist policy and the fate of European Jewery», en Yad Vashem studies. Jerusalén. vol. XII, p. 199.

88. Tom Segev. Le Septième Million. Ed. Liana Levi, París 1933, p. 539.

89. Memorandum del Comité de Salvación de la Agencia Judá. 1943. Citado por Tom Segev. (op. cit).

90. Lucy Dawidowicz, A Holocaust reader, p. 155.

91. Lucy Dawidowicz, The war against Jews (1933-1945) Ed. Penguin books, 1977, p. 23 1232.

92. A. Rosenberg: Die Spur des Juden im Wandel der Zeiten, Munich 1937, p. 153.

93. Hohne. Order of the Death’s Head, p. 333.

Palabras claves
Mito Holocausto,Mitos Fundacionales del Estado de ISRAEL,Théodore Herzl,mito de la promesa,pueblo elegido,Josué
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Autor
Roger Garaudy
Tema
Política-Economía
Historia-Biografía
Publicado
Sun, 29 Oct 2023 - 09:11
By admin , 26 October 2023

Los profetas en el Corán - I

La verdad sobre el Islam

Los profetas en el Corán - I

Por Abdun-Nabi Chaaban

LOS PROFETAS EN EL CORÁN

En el primer capítulo [del libro La verdad sobre el Islam], se mencionó que la creencia en todos los profetas de Dios es uno de los pilares del Islam. También se comentó la diferencia existente entre un profeta y un mensajero, la cantidad de profetas y mensajeros, así como el rol que tiene un profeta o un mensajero.

En este capítulo, se presentarán algunos pasajes de la vida de cada uno de los profetas o mensajeros mencionados en el Corán, teniendo en cuenta que hay muchos otros no nombrados por Dios en el mismo “Hay mensajeros de los que te hemos referido y mensajeros de los que no te hemos contado nada….” (4:164). En estas narraciones, se limitará, en lo posible, a lo presentado en el texto del Corán, recurriendo, en algunos casos, a completar o aclarar algunos aspectos, con base en dichos del Profeta Muhammad (SAAWAWS), cuando el caso lo amerite.

La presentación de estos pasajes biográficos tiene una importancia trascendental, ya que la actuación de los profetas representa el mejor modelo a emular y seguir por las personas, en sus acciones diarias. La creencia de Noé (AS) en el pre-anuncio de Dios sobre el diluvio y su perseverancia en la construcción del arca de salvación, así como su paciencia ante el maltrato de que había sido objeto por parte de su gente, la destrucción de Abraham (AS) de los ídolos de piedra construidos por los idólatras, a sabiendas del peligro inminente de ser lanzado al fuego como consecuencia de esa actuación, la obediencia incondicional de Abraham (AS) hacia Dios cuando Él le ordenó que sacrificara a su hijo, la infinita paciencia de Job (Ayoub) (AS) ante su duradera e incómoda enfermedad, la firmeza de José (AS), hijo de Jacobo (AS), ante la tentación de la mujer del ministro, siendo José (AS) su esclavo, y prefiriendo la cárcel antes que caer en la tentación, el desafío de Moisés (AS) al enfrentarse a la fuerza opresora y tirana del Faraón, son sólo una muestra de los dignos ejemplos a seguir por cada uno de nosotros. El mismo Corán refuerza esta idea, mediante varios versículos:

  • “En su historia hay una lección para los que saben reconocer lo esencial, y no es un relato inventado, sino una confirmación de lo que ya tenían, una aclaración precisa de cada cosa y una guía y una misericordia para gente que cree” (12:111)
  • “Todo esto te lo contamos como parte de las noticias de los mensajeros para con ello afirmar tu corazón; con ellas te ha llegado la verdad, una prédica y un recordatorio para los creyentes” (11:120)
  • “Esos son a los que Dios ha guiado: ¡Déjate llevar por su guía! Di: No os pido ningún pago por ello, no es sino un recordatorio para la gente” (6:90)
  • “No mandamos a los enviados sino como anunciadores de buenas noticias y advertidores....” (6:48)

1. ADÁN (ADAM) (AS)

El siguiente versículo del Corán nos narra el anuncio que hiciera Dios a los ángeles sobre su voluntad de crear a Adán (AS): “Y cuando tu Señor dijo a los ángeles: Voy a poner en la Tierra a un sucesor; dijeron: ¿Vas a poner en ella a quien extienda la depravación y derrame sangre mientras que nosotros Te glorificamos con la alabanza que Te es debida y declaramos Tu absoluta pureza? Dijo: Yo sé lo que vosotros no sabéis” (2:30). La pregunta de los ángeles hacia Dios no tiene la más mínima intención de cuestionar a Dios. Los ángeles querían saber el secreto de ese nuevo ser y su posición ante Dios, que está siendo creado después de que los seres vivientes anteriores (los “Genios” o “Jinn”) mostraron extrema depravación y derramamiento de sangre.

Los eruditos han concluido, mediante la interpretación de este versículo y apoyándose en varios dichos del Profeta (SAAWAWS), que antes de la creación de Adán (AS), había seres vivientes en la Tierra, específicamente los “Genios” (“Jinn”), quienes estaban sumidos en la corrupción, depravación y derramamiento de sangre. Entre estos, se encontraba Satanás que guardaba un comportamiento ejemplar y estaba sumido en la adoración de Dios, por lo que Dios lo salvó y lo elevó de la Tierra. En otras palabras, Satanás no es un ángel, sino un “Genio” o “Jinn”, hecho de fuego, mientras que los ángeles están hechos de luz.

La creación de Adán (AS) fue realizada por Dios en cinco pasos, según se concluye de estos versículos del Corán:

  1. El comienzo de la creación de Adán fue con el uso de tierra: “Verdaderamente el ejemplo de Jesús, ante Dios, es como el ejemplo de Adán; lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé! Y fue” (3:59). La tierra fue seleccionada en diversas y diferentes zonas de la Tierra; de allí los diversos colores de los seres humanos. El hecho de que el ser humano haya sido hecho de tierra, debe llamarle a la reflexión y a la humildad.
  2. La tierra fue transformada en barro, al añadirle agua: “Cuando dijo tu Señor a los ángeles: Voy a crear un ser humano a partir del barro” (38:71). El agua, así como la tierra, son símbolos de pureza.
  3. El barro fue hecho consistente y moldeable: “Pregúntales: ¿Han sido ellos más difíciles de crear que quienes hemos creado? En realidad los hemos creado de barro viscoso” (37:11).
  4. El barro fue dejado hasta secarse: “Hemos creado al hombre de barro seco sacado de un barro negro moldeable” (15:26); y “Creó al hombre de barro seco cual cerámica” (55:14).
  5. Dios le sopló de Su Espíritu a la figura para transformarla en un ser viviente: “Cuando lo haya completado y le haya insuflado parte de Mi espíritu, caeréis postrados ante él” (15:29).

Una vez Dios culminó el acto de la creación de Adán (AS), ordenó a los ángeles a postrarse ante él (ante Adán (AS)), tal como nos narra este versículo: “Y cuando dijimos a los ángeles: ¡Postraos ante Adán! Se postraron todos menos Satanás que se negó, se llenó de soberbia y fue de los rebeldes” (2:34). Esto fue solicitado como un acto de respecto y homenaje a Adán (AS), más no un acto de adoración hacia su persona.

Esta orden fue cumplida por los ángeles, pero Satanás se negó y se rebeló frente a esta orden de Dios. Aunque Satanás no era un ángel sino un “Genio” o “Jinn”, la orden de Dios lo incluyó, ya que –a raíz de esta desobediencia- Dios le castigó; si no se hubiera contemplado en esa orden, Dios no le hubiese castigado. Además, Dios nos confirma esto en otro versículo: “Y cuando dijimos a los ángeles: Postraos ante Adán y se postraron, excepto Satanás que era de los Genios y no quiso obedecer la orden de su Señor….” (18:50).

Este acto de desobediencia de Satanás fue argumentado –por él- con base en el uso de la analogía. Ya se vio en un capítulo anterior como el Imam Jáafar Assádek advertía en contra de recurrir al uso de la analogía para extraer conclusiones de jurisprudencia, ya que se llegaría a conclusiones erróneas; El Imam Assádek comentó que Satanás –precisamente- fue el primero en usar la analogía, lo cual le llevó, gracias a su soberbia, a un acto de desobediencia que mereció el castigo de Dios. Veamos cómo Satanás usó –erróneamente- la analogía, leyendo el siguiente versículo: “Dijo: ¿Qué te impide postrarte habiéndotelo ordenado? Contestó: Yo soy mejor que él; a mí me creaste de fuego, mientras que a él lo has creado de barro” (7:12).

Con esto se concluye que el primer pecado cometido, a partir de la creación de Adán (AS), fue la soberbia, y su base argumentativa fue el uso de la analogía.

A raíz de esta desobediencia, Satanás fue maldito y expulsado del Paraíso. Sin embargo, él le pidió a Dios que lo dejase intentar extraviar a los humanos, hasta el Día de la Resurrección; dicha solicitud fue concedida por Dios: “(Dios) Dijo: ¡Sal de ella (del Paraíso) entonces! Estás maldito * La maldición caerá sobre ti hasta el Día de la Rendición de cuentas * (Satanás) Dijo: ¡Mi Señor! Dame tiempo hasta el día en que serán resucitados * (Dios) Dijo: Tienes un plazo de espera * Hasta el día cuyo momento es conocido (por Mí) * (Satanás) Dijo: ¡Mi Señor! Puesto que me hiciste perder, los seduciré en la Tierra y los extraviaré a todos * a excepción de aquellos siervos Tuyos que sean sinceros" (15:34-40). Aunque no está narrado en el Corán, los eruditos afirman que esta concesión de Dios hacia Satanás, a pesar de haberle desobedecido, fue un acto de justicia por parte de Dios, como compensación por actos extremos de adoración a Dios realizados anteriormente por Satanás.

Posteriormente, Dios creó a Eva: “¡Oh Hombres! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de una sola alma, creando de ella a su pareja y generando a partir de ambos muchos hombres y mujeres, y temed a Dios, por Quien os pedís unos a otros, y respetad los lazos de sangre; realmente Dios os está observando” (4:1). Unos eruditos interpretan “a partir de una sola persona”, de una manera literal, detallando que esa creación fue a partir del hombro de Adán (AS). Otros eruditos, entre ellos los Imams de Ahlul Bayt (Shi´itas), niegan la posibilidad de que Dios haya creado a Eva a partir del hombro de Adán (AS), ya que su posterior matrimonio sería un acto de incesto. Estos eruditos afirman, con base en conocimiento transmitido a ellos por el mismo Profeta (SAAWAWS), que Eva fue creada –posteriormente- de la misma masa de barro de la cual Adán (AS) fue creado.

Adán (AS) y Eva habitaron –inicialmente- el Paraíso (se dice que no es el Paraíso de la Eternidad), donde podían disfrutar de todo cuanto había allí, menos acercarse a un árbol específico, por advertencia expresa de Dios: “¡Oh Adán! Habitad tú y tu pareja el Paraíso y comed de donde queráis, pero no os acerquéis a este árbol pues seréis de los injustos” (7:19). Al mismo tiempo, Dios les advirtió sobre la enemistad de Satanás hacia ellos: “Y dijimos: ¡Oh Adán! Realmente él (Satanás) es un enemigo para ti y para tu pareja, que no os saque del Paraíso pues conocerías la desdicha” (20:117). Sin embargo, Satanás encontró en esto una oportunidad para comenzar a realizar lo que había prometido, en el sentido de intentar extraviar a los humanos y no tardó en iniciar su acción: “Satanás les susurró (a Adán y a Eva), para que se les hiciese manifiesto lo que estaba oculto de sus vergüenzas, diciéndoles: Vuestro Señor os ha prohibido este árbol sólo para evitar que seáis ángeles o que tengáis una vida eterna * Les aseguró jurándoles: Realmente soy un consejero para vosotros * Y los sedujo con engaños, y una vez hubieron probado del árbol, se les hicieron manifiestas sus vergüenzas y comenzaron a cubrirlas con hojas del Paraíso; entonces su Señor les llamó: ¿No os había prohibido ese árbol y os había dicho que Satanás era para vosotros un enemigo declarado? * (Adán y Eva) Dijeron: ¡Señor nuestro! Hemos sido injustos con nosotros mismos y si no nos perdonas y no tienes misericordia de nosotros, estaremos entre los perdidos * (Dios) Dijo: Descended todos; seréis mutuos enemigos; tendréis morada en la tierra y posesiones en disfrute por un tiempo * (Dios) Dijo: En ella viviréis, en ella moriréis y de ella se os hará salir” (7:20-25). Así, Adán (AS) y Eva desobedecieron a Dios y fueron castigados, sacándolos del Paraíso y enviándolos a la Tierra, donde tendrían -a diferencia de su estadía en el Paraíso- necesidades y sufrimientos de todo tipo. A diferencia de Satanás, Adán (AS) y Eva manifestaron su arrepentimiento y pidieron el perdón de Dios, el cual fue concedido. De hecho, Dios les prometió a Adán (AS) y a Eva el Paraíso, después de su vida en la Tierra.

Dos puntos importantes deben ser resaltados, en relación a este acto de desobediencia de Adán (AS) y de Eva:

  1. Aún sabiendo que Satanás es su enemigo, por advertencia expresa de Dios, ellos le creyeron lo que les susurró, ya que les juró por Dios. Para ellos, era inconcebible que alguien jurara por Dios en vano o con una mentira; por ello, no creyeron que Satanás, en este acto específico, les estuviese engañando. Jurar por Dios en falso es el segundo pecado cometido, después de la creación de Adán y de Eva.
  2. A pesar de que se ha extendido la errónea idea de que fue Eva la que obedeció a Satanás y tentó a Adán (AS) para que se acercara al árbol prohibido, el Islam –a través del Corán- no presenta el suceso de esta manera, ya que siempre se expresa en plural. Los versículos anteriores nos indican que los dos, tanto Adán (AS) como Eva, escucharon el susurro de Satanás, los dos desobedecieron la prohibición de Dios y los dos se arrepintieron y pidieron la misericordia de Dios. Esto es una demostración de que el Islam no trata, en modo alguno, de culpar a Eva de lo sucedido, manteniendo a Adán (AS) en una posición de “víctima inocente”. El Islam, más bien, iguala las acciones de ambos frente a lo sucedido. Los versículos (7:20-25) son una demostración de esta afirmación.

Una vez en la Tierra, comienza la reproducción del género humano. En cuanto a la descendencia de Adán (AS) y Eva, existen dos versiones diferentes. La versión común nos narra que Eva quedaba embarazada con una pareja: un varón y una hembra. Luego se casaba el varón de un embarazo con la hembra de otro embarazo, siendo su hermana. Sin embargo, el Imam Assádek niega la veracidad de esta versión, afirmando que la misma no es narrada en Libro Divino alguno; de hecho, el Corán no presenta estos detalles. El Imam Assádek presenta otra versión en la que se afirma que primero nació Caín, quien se casó con una descendiente de los “Genios”; Dios la hizo aparecer en forma humana y le instruyó a Adán (AS) que casara a Caín con la misma. Luego, nació Abel, quien se casó con una ninfa del Paraíso –igualmente- por instrucción de Dios, después de aparecer en forma humana. Vale resaltar que los nombres de estos dos hijos de Adán (AS) no están expresamente mencionados en el Corán; sólo se mencionan como el hijo de Adán (AS) y su hermano. Todos los hijos directos de Adán (AS) se fueron casando de esta manera, algunos con descendientes de los “Genios” y otros con ninfas. Estas ascendían al cielo después de engendrar. Así, según esta versión, la descendencia humana provendría de estos matrimonios, y no de matrimonios entre hermanos según la narración comúnmente conocida. Dado que ninguna de las dos narraciones aparece en el Corán, es más lógico aceptar la versión que rechaza matrimonio entre hermanos, ya que -aunque sean de embarazos diferentes- son hermanos al fin.

Cuando Abel, hijo de Adán (AS), creció y alcanzó la madurez, Dios ordenó a Adán (AS) que le transfiriese su saber, especialmente las “Hojas” (equivalentes a un Libro Sagrado). Frente a este acto, Caín protestó ante su padre, por ser él (Caín) el hijo mayor, por lo que él debería tener la responsabilidad de recibir y guardar las “Hojas”, hasta su posterior transmisión a la persona que sería su reemplazo. Después que Adán (AS) le explicó a su hijo Caín que esto fue por instrucción de Dios, le solicitó a los dos ofrecer sendas ofrendas a Dios; de aquél de quién se aceptase la ofrenda, sería el receptor de las “Hojas”. La ofrenda aceptada sería aquella a ser quemada por un fuego celestial. Caín ofrendó un poco de espigas secas y dañadas, mientras que Abel ofrendó un cordero grande. El resultado fue que el fuego quemó el cordero y no tocó las espigas, por lo que Abel sería el favorecido. Esto molestó e irritó mucho a Caín quien, siguiendo los susurros embusteros de Satanás, no tardó en matar a su hermano Abel, convirtiéndose esto en el primer crimen en la historia de la humanidad. En los momentos siguientes al crimen, Dios envió a dos cuervos, quienes pelearon ante la vista de Caín y uno de ellos se murió. El cuervo que quedó vivo, abrió un pequeño hueco en la tierra y enterró al cuervo muerto. De allí, Caín aprendió como enterrar a su hermano muerto.

Después de la muerte de Abel, nació otro hijo de Adán (AS), llamado “Set”, quien no está nombrado en el Corán, pero se narra que el mismo recibió de su padre las 21 “Hojas” y la responsabilidad de reemplazarlo en la predicación de los mandatos de Dios. Igualmente, “Set” recibió de Dios la cantidad de 29 “Hojas”. Vale mencionar que todos los demás profetas fueron descendencia del profeta “Set”; es decir, ningún otro hijo de Adán (AS) tuvo en su descendencia a profeta alguno.

Los eruditos cuentan, con base en narraciones transmitidas desde la época del Profeta Muhammad (SAAWAWS), que Adán (AS) fue descendido a la Tierra en una montaña isleña de la India, y Eva a la zona conocida como Jiddah, una actual ciudad de Arabia Saudita, cercana a La Meca. Luego, Adán (AS) se fue hacia La Meca, por instrucciones y guía de Dios. Allí, los dos se encontraron y vivieron el resto de sus vidas. Se narra, igualmente, que La Káabah fue construida inicialmente por el ángel Gabriel, antes de descender Adán (AS) y Eva a la Tierra, mientras que otros afirman que la misma fue construida por el mismo Adán (AS).

Adán (AS) vivió unos 930 años (otros dicen 940 años), y fue enterrado inicialmente en una montaña cercana a La Meca. Luego Noé (AS) trasladó su cadáver, por instrucciones de Dios, a Kufah, en el actual Irak, donde fueron enterrados, en épocas posteriores, el profeta Noé (AS) y el Imam Alí Ibn Abi Táleb. Eva vivió sólo un año después de la muerte de Adán (AS). A sus muertes, sus hijos y la descendencia de éstos ascendían a cerca de 40.000 personas.

2. ENOCH (IDRIS) (AS)

La única mención que se hace en el Corán del profeta Idrís o Enoch se encuentra en dos versículos pequeños del capítulo de María (Mariam) (AS): “Y recuerda en el Libro a Idrís, él fue veraz y profeta * Lo elevamos a una alta posición” (19:56-57). Los libros biográficos de las historias de los profetas narran que Idrís recibió de Dios 30 “Hojas”, adicionales a las 50 “Hojas” que habían recibido “Adán” (AS) y “Set” (AS). Existen diferentes versiones acerca del lugar de su nacimiento; la más común afirma que nació en Egipto. En otras versiones, se narra que nació en Babel en Irak, y en otras que nació en Yemen. Se dice que Idrís fue el primer ser humano en usar la escritura (la pluma). Idrís vivió cerca de 365 años. Algunos historiadores comentan que “Idrís” (AS) no es el mismo “Enoch” (AS).

3. NOÉ (NUH) (AS)

El profeta Noé (AS) nació en el mismo año en que murió Adán (AS). Él fue designado profeta a la edad de 400 años según unas referencias y a la edad de 850 años según otras. Noé (AS) no recibió revelaciones nuevas, como es el caso de Adán (AS), Set (AS) y Enoch (AS), sino que predicaba las enseñanzas heredadas de sus tres abuelos mencionados. En su época, la gente ya estaba adorando a estatuas; es decir, eran idólatras. “Dijeron: No abandonéis a nuestros dioses, no abandonéis a Wudd ni a Suwá´a ni a Yaghúz ni a Ya´úq ni a Nasr” (71:23). Estos son nombres de cinco estatuas que la gente de Noé (AS) adoraba.

Noé (AS) se quedó cerca de 950 años predicando el monoteísmo a su gente, y las enseñanzas (“Hojas”) reveladas con anterioridad: “Enviamos a Noé a su gente: ¡Advierte a tu gente antes de que les llegue un doloroso castigo!” (71:1), y “Y he aquí que enviamos a Noé a su gente y estuvo con ellos mil años menos cincuenta….” (29:14). Sin embargo, él no recibía sino su desprecio y su maltrato. La gente incrédula agredía a Noé (AS), a veces hasta que éste sangrara o se desmayara. A pesar de esto, él siempre pedía el perdón de Dios para ellos y seguía predicando, con extrema paciencia y perseverancia, día y noche, abiertamente y en secreto, durante siglos. Finalmente, Dios le reveló a Noé (AS) que –por más que hiciese- ya nadie más de su gente iba a sumarse a la fila de los Creyentes, conformada por apenas unas cuantas decenas de personas: “Y le fue inspirado a Noé que excepto los que habían creído, nadie más de su gente creería;¡No te entristezcas por lo que hacen!” (11:36). Entonces Noé (AS) comenzó a pedirle a Dios la exterminación de los incrédulos, no por venganza o porque le hayan maltratado, sino para evitar que siguiesen influenciando negativamente a las pocas personas que todavía mantenían su fe.

Frente a esta situación, Dios le ordena a Noé (AS), quien era carpintero, a construir una enorme arca, que lo salvaría a él, a los pocos creyentes que se mantenían con su fe, así como a diversas parejas de animales, de un gran diluvio. Noé (AS) se abocó a la construcción de dicha arca, con la guía de Dios y ayudado por el ángel Gabriel: “¡Construye la nave bajo Nuestros ojos e inspiración y no me hables de los que han sido injustos pues realmente ellos van a ser ahogados!” (11:37). Unas referencias afirman que Noé (AS) tardó unos 200 años para completar esa construcción, y otras hablan de 40 años. Aunque mucha gente le ayudó en la construcción del arca, estos se burlaban de él, por construir un arca lejos de cualquier costa, y por creer que iba a haber un diluvio.

Cuando llegó el momento del diluvio, el arca ya estaba lista, y Noé (AS) reunió en ella a las pocas personas creyentes, a las parejas de animales y algo de siembra. Uno de sus hijos era incrédulo y no quiso embarcarse en el arca. Noé (AS) le suplicó a Dios para que lo salvase; sin embargo, Dios le indicó a Noé (AS) que su hijo no era “de su gente”, es decir, no era Creyente, por lo que tenía que recibir su merecido igual que los demás incrédulos: “Y Noé llamó a su Señor y dijo: ¡Señor mío! Mi hijo es parte de mi familia; Tu promesa es verdadera y Tú eres el más justo de los jueces. * Dijo: ¡Noé! Él no es de tu familia y sus obras no son rectas; no me preguntes por aquello de lo que no tienes conocimiento; Te exhorto a que no estés entre los ignorantes” (11:45-46). Igualmente, Noé (AS) tenía dos esposas, una Creyente y la otra, incrédula. Esta última tampoco quiso embarcarse en el arca, por lo que no fue salvada.

Según algunas referencias, el diluvio duró unos 40 días, y el arca estuvo moviéndose con la voluntad y guía de Dios entre olas que parecían montañas, por su magnitud: “Y navegaba con ellos entre olas como montañas…” (11:42), hasta que finalmente todo se calmó. Existen diferentes versiones acerca del lugar donde el arca terminó anclando: (a) en una montaña en el Mosul, en Irak, (b) cerca de Damasco o (c) en la península, entre El Tigris y el Eúfrates, cerca de Kufah.

Entre las personas salvadas en el arca de Noé (AS), se encuentran sus otros tres hijos: “Sem”, quien posteriormente habitó el Medio Oriente, “Hem”, quien habitó África y “Yafeth”, quien habitó Europa. Estos datos no están mencionados en el Corán; los mismos aparecen en diversas referencias.

Si se considera que Noé (AS) comenzó a predicar a la edad de 850 años, que quedó predicando unos 950 años, que estuvo 200 años construyendo el arca, y que –según las referencias- estuvo con vida durante unos 500 años después del diluvio, se puede concluir que Noé (AS) vivió cerca de 2.500 años. Sin embargo, las referencias tienen –entre sí- muchas divergencias en los datos y algunas narran que Noé (AS) vivió unos 950 años.

Cuando el ángel de la muerte se le apareció a Noé (AS), éste estaba debajo del sol. Después de intercambiar los saludos y al enterarse Noé (AS) que el ángel venía por su alma, le pidió –como profeta que es- que lo dejara primero ponerse en la sombra. Al moverse, Noé (AS) le comentó al ángel que su vida entera había sido como este pequeño e insignificante paso de la zona soleada hacia la sombra. Algunas referencias afirman que Noé (AS) fue enterrado en Kufah.

4. HEBER (HUD) (AS)

Inmediatamente después del diluvio, los sobrevivientes eran -por lógica- de los Creyentes; es decir, eran monoteístas que adoraban a Dios, ya que ellos son los que creyeron en Noé (AS) y en su condición de Profeta (SAAWAWS). Después de varias generaciones, comenzó otra vez la desviación de la gente, manifestándose en la idolatría.

Al sur de la Península Arábiga (zona llamada actualmente Al Rubh Al Kháli), al norte de Hadramut, en una zona montañosa, se había desarrollado una pequeña ciudad, usando elementos de extremo lujo: “¡No has visto lo que hizo tu Señor con la gente de Ad * Iram, la de las columnas * Como la que no se creó otra igual en la tierra!” (89:6-8). Sus habitantes se caracterizaban por ser sumamente fuertes, y de tamaño enorme: “¿Os sorprende que os haya llegado un recuerdo de vuestro Señor a través de uno de vosotros para advertiros? Recordad cuando os hizo sucesores de las gentes de Noé y os dio una complexión y una fuerza superiores; recordad los dones de Dios para que así podáis tener éxito” (7:69). Los habitantes de esta ciudad, llamados “gente de Ad”, una tribu árabe, eran sumamente arrogantes y se habían convertido en idólatras. Para conducirlos al camino recto, Dios les envío el profeta Hud (AS) para llamarlos al monoteísmo y al buen obrar:

  • “Y a la gente de Ad, (enviamos) su hermano Hud que les dijo: ¡Gente mía! ¡Adorad a Dios! Fuera de Él no tenéis otro dios; ¿No os guardaréis?” (7:65)
  • “Cuando su hermano Hud les dijo: ¿No vais a temer? * Yo soy para vosotros un mensajero fiel * Así pues temed a Dios y obedecedme * No os pido por ello ningún pago; mi recompensa sólo incumbe al Señor de los mundos * ¿Cómo es que edificáis señales en los lugares elevados de cada camino por capricho? * ¿Y os construís fortalezas como si fuerais a ser inmortales? * ¿Y cuando atacáis, os comportáis como tiranos? * ¡Temed a Dios y obedecedme!” (26:124-131).

Sin embargo, lo que recibió el profeta Hud (AS) como respuesta fueron oídos sordos, desprecio e insultos:

  • “Los Ad fueron soberbios en la tierra sin razón; dijeron: ¿Quién tiene más poderío que nosotros? ¿Es que no veían que Dios, que los había creado, tenía más fuerza y poder que ellos? Negaron sistemáticamente Nuestros signos” (41:15)
  • “Dijeron: ¡Hud! No nos has traído ninguna prueba clara y no vamos a abandonar a nuestros dioses por lo que tú digas, ni te creemos * Lo que decimos es que alguno de nuestros dioses te ha trastornado; (Hud) dijo: Pongo a Dios como testigo y sedlo vosotros, de que soy inocente de lo que asociáis aparte de Él” (11:53-54)
  • “Dijeron los ricos y principales de su gente, que no creían: Te vemos en una insensatez y te tenemos por uno de los mentirosos” (7:66)
  • “Dijeron: Nos da igual que nos exhortes o que te quedes sin exhortarnos * Esto no es sino la manera de ser de los antiguos * Y no vamos a ser castigados” (26:136-138).

Entonces Hud (AS) les retó a todos, estando en una posición de debilidad física frente a ellos, pero con una enorme fuerza de fe: “Así pues tramad contra mí todos sin más espera * Verdaderamente yo me apoyo en Dios, mi Señor y el vuestro….” (11:55-56). Finalmente, Dios les castigó por su negativa y por su arrogancia, en dos pasos:

  1. Un enorme grito que destruyó todo cuanto había en la ciudad de Ad: “El grito de la verdad los agarró y los dejamos convertidos en despojos; ¡Fuera con la gente injusta” (23:41), y
  2. Un viento extremadamente fuerte y frío que los exterminó a todos ellos:
    • “Y los Ad fueron destruidos por un viento gélido y tempestuoso * Lo hizo soplar contra ellos siete noches y ocho días consecutivos, durante los cuales veías a la gente caída como troncos huecos de palmera * ¿Y ves que haya quedado algo de ellos?” (69:6-8)
    • “Y los Ad, cuando mandamos contra ellos el viento aciago * Nada de lo que alcanzó quedó sin estar marchito” (51:41-42).

El viento, que duró 8 días, levantaba cada una de las personas de la ciudad, aún con su tamaño enorme, y luego lo hacía caer al piso, matándolo. Con esto, toda la ciudad fue transformada en instantes a polvo y arena, y se ha mantenido así hasta nuestros días, como una especie de arenas movedizas, como uno de los signos de Dios. Por supuesto, Hud (AS) y los Creyentes fueron salvados por Dios: “Y lo salvamos junto a los que con él estaban, por una misericordia Nuestra, exterminando a los que habían negado la verdad de Nuestros signos y no eran creyentes” (7:72).

Al morirse, Hud (AS) fue enterrado en Kufah, aunque algunas referencias afirman que fue enterrado en Hadramut

5. SALÉ (SALEH) (AS)

Saleh (AS) fue un profeta enviado a una tribu árabe llamada Thamud, que vivía en una localidad llamada antiguamente como “Al Hijr” y su nombre actual es “Madá´in Saleh”, ubicada a 380 kilómetros al noroeste de Madinah. La pequeña localidad donde habitaban se caracterizaba por grandes palacios construidos con piedras: “Y los Thamud que socavaban las rocas en el valle” (89:9). Las personas de esta tribu adoraban a cerca de unos setenta ídolos o estatuas. El profeta Saleh (AS) intentó por más de cien años de que su tribu dejase de adorar a las estatuas y de que se convirtiese en monoteísta, adorando sólo a Dios: “Y a los Thamud, (enviamos) a su hermano Saleh que les dijo: ¡Gente mía! Adorad a Dios, fuera de Él no tenéis otro dios….” (7:73). Este llamado del profeta Saleh (AS) no tuvo eco por parte de los idólatras: “Y a los Thamud les dimos la guía, pero ellos prefirieron la ceguera a la guía y los sorprendimos con un castigo fulminante e infame a causa de lo que se habían buscado” (41:17).

La tribu vivía en una zona muy fértil, con jardines y ríos, tal como lo era toda la Península Arábiga. Saleh (AS) le advirtió a la tribu que cuando no se siguen los mandatos de Dios y se asocia a Dios con otros dioses, o sencillamente no se adora a Dios sino a ídolos y estatuas hechas por el mismo hombre, entonces Dios lo destruye todo y lo transforma en polvo, como castigo y para que quede como signo para los demás: “¿Acaso vais a ser dejados a salvo en lo que tenéis? * ¿En jardines y manantiales * Cereales y palmeras de tiernos brotes? ” (26:146-148).

Después de tanto tiempo con la negativa de su tribu, Saleh (AS) les planteó un trato: él les hacía un pedimento a los ídolos, y si éstos le escuchan y le conceden el pedimento en el acto, los dejaría tranquilos a todos; por otro lado, ellos harían el pedimento que quisiesen a Dios (el dios de Saleh (AS)), y si su pedimento es concedido en el acto, entonces ellos dejarían de ser idólatras y adorarían a Dios. Este trato fue aceptado por la tribu. Desde un principio, los líderes de la tribu fueron los que solicitaron un “signo” a Saleh (AS), para que les demostrase que él es realmente un profeta: “No eres más que un ser humano como nosotros, trae una señal si eres de los que dicen la verdad” (26:154). Este pedimento fue más como un desprecio y una burla hacia el Profeta (SAAWAWS), ya que ellos estaban absolutamente convencidos que Saleh (AS) iba a fracasar en cualquier demostración.

En el día que le tocó a Saleh (AS) realizar su pedimento, lo hizo frente a los ídolos, pidiéndoles a éstos, uno por uno, que le contestaran o le hablaran y –por supuesto- ninguno le respondió.

En el día que le tocó al resto de las personas de la tribu, estos solicitaron reunirse frente a una montaña, que tenía una roca gigante. Setenta personas fueron al lugar indicado y allí, le solicitaron a Saleh (AS) pedirle a Dios que, en el acto, salga una camella de la montaña o de la roca, con una descripción muy específica, ¡¡Y de paso, embarazada!! Inmediatamente, y con el poder de Dios, la roca explotó, se abrió y salió de la misma una camella con una descripción idéntica a la solicitada. Los presentes quedaron perplejos ante lo ocurrido y se aprestaron a regresar a la localidad de la tribu. En el camino, 65 personas se dispersaron, con apatía o indiferencia frente a lo que había sucedido y sólo cinco personas siguieron, con fe, después de haber visto el signo de Dios.

Una vez de vuelta en la tribu, los jefes y líderes de la misma no quisieron aceptar lo sucedido como un signo de Dios y se retractaron de su promesa: “Los Thamud no tomaron en serio las advertencias” (54:23). Además, ellos afirmaron que esto fue un acto de magia, y no un Signo de Dios. En ese momento, Dios instruyó a Saleh (AS), por inspiración divina, que le indicase a la tribu que esta camella se iba a quedar entre ellos y que no le hiciesen daño:

  • “…. Os ha llegado una evidencia de vuestro Señor: La camella de Dios que es un señal para vosotros; dejadla que coma en la tierra de Dios y no la toquéis con ningún daño; porque si lo hicierais, os alcanzaría un doloroso castigo” (7:73)
  • “¡Gente mía! Aquí tenéis a la camella de Dios que es un signo para vosotros; dejadla que coma en la tierra de Dios y no le hagáis daño alguno para que no os sorprenda un castigo próximo” (11:64).

Además, les indicó que la misma bebería agua del bebedero de la tribu por un día completo, en el que los demás no deberían beber del mismo, mientras que al día siguiente la tribu bebería y la camella no lo haría: “Y el Mensajero de Dios les dijo: ¡La camella de Dios y su turno de bebida!” (91:13).

Esta petición, o advertencia, fue inicialmente cumplida por la tribu. Mientras tanto, la camella proporcionaba leche a toda la tribu, y la misma no hacía daño ni a personas ni a la siembra del lugar.

Un día, los líderes de la tribu no quisieron seguir más con esta situación, y decidieron matar a la camella, lo cual fue materializado a manos de una de las personas de esa tribu: “Pero lo negaron y la desjarretaron, y su Señor los aniquiló, por su atrocidad, arrasándolos” (91:14). A raíz de esto, y por inspiración divina, Saleh (AS) le informó a la tribu sobre un inminente castigo por parte de Dios, del cual serían objeto, en el lapso de tres días, si antes no se arrepienten de lo que hicieron. Como demostración previa de la veracidad de este “ultimátum”, Saleh (AS) les informó que el primer día sus caras se volverían amarillas, el segundo día se volverían rojas y el tercer día se volverían negras, y posteriormente tendrían el castigo advertido. Se observa que estas señales, que sucederían de una manera sucesiva durante tres días consecutivos, les deberían hacerles reflexionar y reaccionar a los idólatras, ya que se estaría cumpliendo, por pasos, el castigo advertido. De hecho, cada día iba sucediendo lo que el profeta Saleh (AS) les había pre-anunciado y, a pesar de ello, los líderes de la tribu no dejaban que el resto se arrepintiesen y dejasen la idolatría. Finalmente, después de suceder la señal del tercer día, al caer la medianoche, el ángel Gabriel produjo un grito sumamente intenso, el cual hizo que todas las personas cayeran muertas, a excepción de los muy pocos Creyentes que habían confiado en el profeta Saleh (AS):

  • “Pero la desjarretaron; (Saleh) dijo: Disfrutad en vuestro hogar durante tres días; ésta es una promesa sin engaño * Y cuando Nuestro mandato llegó, salvamos a Saleh y a los que junto a él creían gracias a una misericordia de Nuestra parte, librándolos de la humillación de aquel día; es cierto que tu Señor es el Fuerte, el Irresistible” (11:65-66)
  • “Mira cómo terminó su plan, en verdad los exterminamos a ellos y a sus familias, a todos * Ahí quedaron sus casas vacías por haber sido injustos; es cierto que en eso hay un signo para gente que reflexione” (27:51-52).

6. ABRAHAM (AS), ISMAEL (AS) E ISAAQ (AS)

En las cercanías de la actual Kufah, en Irak, había una ciudad llamada Babilonia, cuyos habitantes adoraban a los ídolos. El rey de la ciudad era el tirano Nemrud. Un astrólogo le informó que nacería un hombre en esta ciudad y en este tiempo, que extinguirá esta religión (la idolatría) y predicará una nueva y diferente religión. Entonces Nemrud ordenó la separación entre los hombres y las mujeres, para evitar dicho nacimiento. Las mujeres que ya estaban embarazadas, se escondían hasta mucho más allá de dar a luz, ya que cuando el rey Nemrud se enteraba del embarazo de una mujer, ordenaba su observación hasta dar a luz. Si la criatura era varón, ya estaría ordenada su muerte, y si era hembra se salvaría. Entre éstas, se encuentra la madre de Abraham (AS) que, pese a que su embarazo no se hacía notar, se escondió hasta mucho después de haber nacido su hijo.

Abraham (AS) fue escondido en una cueva segura, casi durante trece años. Su madre, cuando salía, cerraba la entrada de la cueva con piedras hasta su regreso. Finalmente, él mismo decidió salir de su ocultamiento, a pesar del ruego de su madre, quien lo llevó a casa de su tío Azar, ya que su padre Tareh se había muerto durante su ocultamiento.

Las referencias difieren en cuanto al padre de Abraham (AS). Algunos afirman que Tareh es el mismo Azar, siendo éste su apodo, mientras que otros niegan que Azar sea el padre de Abraham (AS), sino su tío, a pesar de que un versículo del Corán menciona a Azar, como padre de Abraham (AS) (si se toma la palabra de una manera literal): “Cuando Abraham dijo a su padre Azar: ¿Tomas a unos ídolos por divinidades? En verdad que te veo a ti y a los tuyos en un claro extravío” (6:74). Los que –a pesar de esto- afirman que Azar no es padre de Abraham (AS), no ven con esto una contradicción con el texto del Corán, ya que, a veces, al tío se le llama padre. El mismo Corán recurre a esto, en otro versículo: “¿Acaso estabais allí presentes cuando le vino la muerte a Jacobo? Cuando dijo a sus hijos: ¿Qué adoraréis cuando yo ya no esté? Dijeron: Adoraremos a tu Dios y al Dios de tus padres: Abraham, Ismael e Isaaq, que es un Dios Único; y a Él estaremos sometidos” (2:133). En este caso, Dios usó la palabra padre para designar la relación de Ismael (AS) con Jacobo (AS), siendo Ismael (AS) su tío. Por otro lado, el racional detrás de la negación de la posibilidad de que Azar sea el padre de Abraham (AS) es que Azar fue idólatra y –además- construía los ídolos o estatuas para venderlas a Nemrud, el rey, quien los colocaba en las calles para ser adorados por la gente. Para algunos eruditos, es inconcebible o impensable que en la línea de ascendencia de los profetas –desde Adán (AS) hasta Muhammad (SAAWAWS)- pueda existir una sola persona idólatra, politeísta o atea.

Lo importante de la historia es que la gente del pueblo donde nació Abraham (AS) adoraba a los ídolos, y Abraham (AS) jamás vio esto con buenos ojos, aún siendo un joven de temprana edad. Él consideraba que unas estatuas, hechas por el mismo hombre, que no oyen, no ven, no hablan, no escuchan las súplicas, ni son de utilidad alguna, no pueden ser dioses ni deben ser adoradas:

  • “Es verdad que anteriormente le dimos a Abraham la dirección correcta para él; y ya lo conocíamos * Cuando le dijo a su padre y a su gente: ¿Qué son estas estatuas a las que dedicáis vuestra adoración?” (21:51-52)
  • “Cuéntales la historia de Abraham* Cuando le dijo a su padre y a su gente: ¿Qué es lo que adoráis? * Dijeron: Adoramos ídolos a cuyo culto estamos dedicados * Dijo: ¿Acaso os escuchan cuando los invocáis? * ¿U os benefician u os perjudican? * Dijeron: Sin embargo encontramos a nuestros padres que así hacían” (26:69-74).

Abraham (AS) trató, de una manera especial, de guiar a Azar y salvarlo de esta práctica que -de perdurar- le haría merecer el castigo de Dios: “Y recuerda en el Libro a Abraham; él fue realmente sincero y profeta * Cuando dijo a su padre: ¡Padre mío! ¿Por qué adoras lo que ni oye ni ve ni te sirve de nada? * ¡Padre! Me ha llegado un conocimiento que no te ha llegado a ti; sígueme y te guiaré por un camino llano * ¡Padre! No adores a Satanás, pues ciertamente Satanás es rebelde con el Misericordioso * ¡Padre! Temo de verdad que te llegue un castigo del Misericordioso y seas de los que acompañen a Satanás” (19:41-45), a lo que Azar le respondió: “Dijo: ¿Acaso desprecias a mis dioses, Abraham? Si no dejas de hacerlo te lapidaré; aléjate de mí durante mucho tiempo” (19:46). Entonces, Abraham (AS) le respondió con todo respeto y educación: “Dijo: Paz sea contigo; pediré perdón por ti a mi Señor, es cierto que Él es Complaciente conmigo” (19:47).

En un día festivo, Nemrud y toda su gente salieron de la ciudad para realizar la celebración en las afueras de la misma. La única persona que no salió con ellos fue Abraham (AS), cuya edad en aquel entonces no llegaba a los 16 años. Estando solo, Abraham (AS) trajo un poco de comida y se dirigió a todas las estatuas, de una manera irónica, pidiéndoles -una por una- que comieran y que hablaran con él. Al no recibir respuesta ni reacción alguna, Abraham (AS) destruía la estatua: “Se fue para sus dioses y dijo: ¿Es que no coméis? * ¿Qué os pasa que no habláis? * Entonces fue sigilosamente hacia ellos golpeándolos con fuerza” (37:91-93). Esto fue repetido con todas las estatuas, excepto la última, que es la más grande y que Abraham (AS) dejó intacta.

Al regreso, Nemrud, al darse cuenta de la destrucción de las estatuas, le preguntó a Abraham (AS) sobre quien lo había hecho, a lo cual le respondió que le preguntara al ídolo más grande: “Dijeron: ¿Eres tú el que has hecho esto con nuestros dioses, Abraham? * Dijo: No; ha sido éste, el mayor de ellos; preguntadle, si es que puede hablar” (21: 62-63). Por un momento, la gente reflexionó; sin embargo, rápidamente volvieron a su estado inicial.

Al darse cuenta Nemrud que esto fue obra de Abraham (AS), y –por su edad- que el mismo habría nacido y se habría criado de una manera oculta, se acordó del vaticinio del astrólogo y quiso hacer desaparecer a Abraham (AS). Entonces, ordenó su encarcelamiento y que se preparara una fogata inmensa, para quemarlo en la misma. Cuando llegó el día de la ejecución y prepararon la fogata, la misma era tan grande, que su alta temperatura se extendía en todos los alrededores, por lo que nadie podía acercársele. Para poder lanzar a Abraham (AS) en la misma, tuvieron que recurrir al uso de una catapulta. Una vez en la catapulta, el ángel Gabriel le aparece a Abraham (AS) y le pregunta si necesita algo de él, a lo que Abraham (AS) le responde: “de ti, no; de Dios sí; el hecho que Él sabe lo que me está pasando, es suficiente; Él sabe mi pedimento”. Al ser lanzado, Dios le ordenó al fuego que fuese frío y paz (inofensivo) para Abraham (AS): “Dijimos: Fuego, sé frío e inofensivo para Abraham” (21: 69). Así, Nemrud, quien estaba sentado en una parte alta y lejos del fuego, observando lo que sucedía, se percató que el fuego no le estaba provocando daño alguno a Abraham (AS), ordenó apagar el fuego y traer a Abraham (AS) ante él. Entonces, le preguntó sobre su Dios, a lo que Abraham (AS) le respondió que Dios es el que crea y quita las vidas. Nemrud le dijo que él también da y quita las vidas. Al indagar Abraham (AS), irónicamente, cómo él hacía esto, Nemrud dijo: “si hay dos hombres castigados a quienes se haya dictaminado la muerte, yo perdono a uno, dándole así la vida, y no perdono al otro, quitándole así la vida”. Entonces Abraham (AS) le dijo: “Si lo que estás diciendo tiene sentido, entonces revive al hombre que mataste”. Luego Abraham (AS) le dijo: “mi Dios hace levantar el sol por el este; si tú eres como te crees, pues haz que el sol se levante por el oeste”. Un versículo del Corán nos muestra esta conversación: “¿No has visto a aquél que, porque Dios le había dado soberanía, desafió a Abraham discutiéndole a su Señor? Dijo Abraham: Mi Señor da la vida y da la muerte; dijo él: Yo doy la vida y doy la muerte; dijo Abraham: Dios trae el sol desde el este, tráelo tú desde el oeste; y quedó confundido el que se negaba a creer; Dios no guía a los que son injustos” (2:258). Así, Nemrud quedó perplejo, sorprendido, confundido y con un sentido de fracasado. Ante lo sucedido, y viendo la inteligencia, persistencia y fuerza de los argumentos de Abraham (AS), Nemrud decidió expulsarlo de Babilonia.

Abraham (AS) se casó con su prima Sarah, quien era –al mismo tiempo- hermana de Lot (AS) (de otra madre). Según una narración del Profeta Muhammad (SAAWAWS) a sus compañeros, Sarah es –después de Eva- la mujer más bella en la historia de la humanidad. Lot (AS) –además de Sarah- creyó en Abraham (AS): “Y Lot creyó en él y dijo: He de emigrar por mi Señor, es cierto que Él es el Inigualable, el Sabio” (29:26). Ambos emigraron con Abraham (AS) de Babilonia. La dirección hacia la cual Abraham (AS) y sus acompañantes se estaban dirigiendo –sin saberlo- fue la de las tierras de “Ash´Sham” (Ese nombre se da históricamente a: Siria, Palestina y Jordania). Abraham (AS) tenía fe en que Dios lo guiará, de acuerdo a Su voluntad: “Y (Abraham) dijo: Me voy hacia mi Señor, Él me guiará” (37:99).

En su trayecto, llegaron a una localidad llamada “Harrán”, al sureste de Turquía, y en la cual la gente adoraba las estrellas y los planetas. Abraham (AS) sabía que tenía una misión que cumplir, consistente en transformar a los politeístas e idólatras en monoteístas, para que adorasen al único y verdadero Dios, el Creador de todos. En este caso, Abraham (AS) usó –igualmente- una manera inteligente y amena para hacer reflexionar a esta gente que adoraba a las estrellas. En vez de llamarles a la reflexión de una manera brusca, Abraham (AS) comenzó a sentarse con ellos en las noches, cuando ellos se ponían a contemplar a las estrellas, sus supuestos dioses. En un momento, Abraham (AS) gritó, con una voz muy alta como para llamar intencionalmente la atención: Aquella estrella grande es mi dios: “Y cuando cayó sobre él la noche, vio un astro y dijo: Este es mi Señor, pero cuando desapareció, dijo: No amo lo que se desvanece” (6:76). Sin embargo, cuando la estrella se desvaneció, Abraham (AS) dijo –igualmente gritando- que aquélla no puede ser su dios, ya que un dios no se desvanece. En la noche siguiente, Abraham (AS) seleccionó la luna y gritó ante los demás que éste sería su dios, ya que es mucho más grande y más luminosa que el resto de las estrellas: “Y cuando vio que salía la luna, dijo: Este es mi Señor; pero al ver que desaparecía, dijo: Si mi Señor no me guía seré de los extraviados” (6:77). Al desaparecer la luna, Abraham (AS) dijo que éste tampoco sería su dios, ya que, igualmente, desapareció. Además, se hizo ver ante los demás como confundido y extraviado y que el único que lo guiaría hacia la verdad sería Dios. Todo esto, lo hacía Abraham (AS) para hacer a la gente reflexionar y reaccionar. Después de estos dos intentos, Abraham (AS) le dijo a la gente que en las noches no había logrado encontrar a su dios y que sería interesante buscarlo durante el día. ¿Por qué no? ¿Porqué sólo de noche?... Este es otro llamado a la reflexión. Apenas salió el sol, mucho más grande y mucho más luminoso que la luna, Abraham (AS) les decía a los demás que éste sí sería su dios; es lo máximo entre todo lo que habían contemplado: “Y cuando vio el sol naciente, dijo: Este es mi Señor pues es mayor; pero cuando se ocultó, dijo: ¡Gente mía, soy inocente de lo que asociáis (con Dios)!” (6:78). Después de esto, al ver el sol también ocultándose, Abraham (AS) les dijo a todos que, definitivamente, todas estas estrellas, la luna y el sol, no pueden ser dioses, ya que todos desaparecen, lo cual no puede ser una cualidad del verdadero Dios. Allí, Abraham (AS) les manifestó que él no podía adorar, como ellos, a algo que se demostró no poder ser un dios, ya que al hacerlo, estaría asociando a alguien o a algo con el verdadero Dios: “Dirijo mi rostro, como auténtico monoteísta, a Quien ha creado los cielos y la tierra y no soy de los que asocian” (6:79). Después de esto, y al ver que aquella gente persistía en sus ideas de politeísmo y asociación, Abraham (AS) los dejó y siguió con su emigración.

Esta vez, Abraham (AS) siguió una ruta hacia el suroeste. Lot (AS) se quedó en los pueblos de “Ash´Sham”, mientras que Abraham (AS) continuó con su esposa Sarah, hasta llegar a las tierras de Egipto. En la vía, se encontraron con un recolector de impuestos (diezmo) para un rey Copta que gobernaba Egipto. El recolector quería examinar todo lo que las personas llevaban consigo, para cobrar el diezmo, o sea, la décima parte de las pertenencias. Sin embargo, Abraham (AS) se negó fuertemente a mostrarle el “cuarto móvil” que llevaba, donde estaba Sarah, por temor a que el recolector le hiciese daño, hasta que al final se vio forzado a abrirlo. El recolector indagó sobre la relación de la mujer con Abraham (AS), quien le indicó que era su esposa y su prima. A raíz de lo sucedido, el recolector insistió en llevarlos a todos ante el rey. Una vez allí, y después de que el recolector le contó la historia al rey, éste obligó a Abraham (AS) que le mostrara a Sarah. Una vez la vio, el rey tendió su mano para tocarla (a Sarah), pero en el acto su mano fue paralizada, por una súplica que le hizo Abraham (AS) a Dios. Entonces, el rey le rogó a Abraham (AS) que suplicase otra vez, pero para que le sanara la mano, a lo cual accedió. Sin embargo, una vez sanada su mano, la tendió otra vez para intentar tocar a Sarah, repitiendo Abraham (AS) la misma súplica, y paralizándose otra vez la mano del rey. El rey le pidió por segunda vez a Abraham (AS) que suplicara a su Dios para que le sanara la mano, comprometiéndose no volver a lo mismo. Entonces Abraham (AS) suplicó a Dios que, si el rey estaba diciendo la verdad, que le sanara su mano, lo cual se cumplió. Esta historia se cuenta de maneras diferentes en las referencias, y sus detalles no han sido narrados en el Corán. Sin embargo, estas diferencias son irrelevantes ante la importancia del resultado final y el mensaje. Maravillado el rey por lo sucedido, quiso honrar a Abraham (AS) y le ofreció, en obsequio, una bella mujer copta, para que ayudara a Sarah con los quehaceres del hogar. Esta mujer es Hajar (Agar), quien más adelante sería la madre del profeta Ismael (AS). Después de esto, el rey despidió, con todo respeto y consideración, a Abraham (AS) y sus acompañantes, quienes se dirigieron hacia Palestina: “Y a él y a Lot los pusimos a salvo en la tierra que habíamos hecho bendita para todos los mundos” (21:71).

Abraham (AS) se estaba volviendo de edad avanzada (mayor de 80 años), lo mismo que Sarah, y todavía no habían logrado tener hijos. Un día, la misma Sarah, quien tenía la potestad sobre Hájar, le planteó a Abraham (AS) que podría casarse con ella (con Sarah) con el fin de tener un hijo; y así fue. De ello nació Ismael (AS).

Al crecer Ismael (AS), Abraham (AS) recibió instrucciones de Dios de llevar a Hajar y a su hijo Ismael (AS) a un sitio lejano, hacia el cual Él le guiaría. Abraham (AS) se llevó a Hajar y su hijo Ismael en un largo viaje hacia el desierto, hasta llegar a un lugar donde no había ni agua ni árboles frutales, y allí los dejó, a pesar de que a lo largo del trayecto, desde su casa, habían pasado por innumerables sitios fértiles y con agua. Ese lugar es el que más adelante se convirtió en La Meca. Abraham (AS) daba todos sus pasos por inspiración divina, y estaba infinitamente confiado que Dios cuidaría de Hajar y de su hijo: “¡Señor nuestro! He hecho habitar a parte de mi descendencia en un valle en el que no hay siembra, junto a tu Casa Sagrada, para que, Señor, establezcan la Oración; así pues haz que los corazones de la gente se vuelquen hacia ellos y provéeles de frutos para que puedan agradecer” (14:37).

Abraham (AS) regresó allí mismo, y Hajar se quedó sola con su hijo. Ya durante el día siguiente, al elevarse el sol, el niño comenzó a sentir una fuerte sed, por lo que su madre fue a buscar desesperadamente agua. Al llegar a un sitio desde donde ya no podía ver a su hijo, ascendió a una pequeña montaña para ver si lograba verlo. Desde la cima de la montaña, creyó haber visto agua en el lado opuesto donde había otra pequeña montaña. Entonces bajó rápidamente y fue hacia el otro lado, y se dio cuenta que lo que había visto era espejismo. Allí dejó de ver otra vez a su hijo, por lo que subió a la otra montaña para lograr verlo y le pasó lo mismo, creyendo que había visto agua. Esto le sucedió siete veces. Estas dos pequeña montañas, cercanas una de la otra, no son más que el “Safá” y el “Marwá”, entre las cuales cada peregrino musulmán debe hacer siete caminatas, como uno de los rituales de la peregrinación. Después de la séptima caminata, y desde el Marwá, Hajar miró a su hijo y avistó que el pequeño estaba jugando con agua abundante que manaba entre sus pies. Allí, ella se dirigió hacia su hijo muy rápidamente, y al percatarse que esta vez sí era agua de verdad, hizo un cerco grande de arena para acumularla.

Al permanecer el agua en ese lugar, empezaron las aves a sobrevolar el mismo. Esto ayudó a la gente de una tribu que estaba viviendo en un lugar cercano -llamado actualmente Arafat, otro de los lugares visitados en los rituales de la peregrinación- que se percatasen que en el lugar que las aves sobrevolaban, había agua, por lo que se dirigieron al mismo, encontrando allí a Hajar y a su hijo Ismael (AS). A partir de ese momento, todos quedaron viviendo allí, junto a Hajar y su hijo, a quienes trataron como miembros de su tribu y de sus familias. De esta manera, la súplica que le hizo Abraham (AS) a Dios, fue escuchada y cumplida (ver versículo (14:37), arriba).

Abraham (AS) venía a visitar, cada cierto tiempo, a su hijo Ismael (AS) y su madre Hajar. En una de estas visitas, Abraham (AS) tuvo una visión donde Dios le ordena sacrificar a su único hijo. En ese entonces Ismael (AS) era el único hijo de Abraham (AS). Isaaq (AS) no había nacido todavía. Además, Isaaq (AS) jamás pudo ser hijo único, ya que siempre tuvo a su hermano Ismael (hermano por parte de padre). El Corán dice en uno de sus versículos: “Y cuando éste (el hijo de Abraham) alcanzó la edad de acompañarle (a Abraham) en sus tareas, (Abraham) le dijo: ¡Hijo mío! He visto en sueños que te sacrificaba; dime cuál es tu parecer; (el hijo) dijo: ¡Padre! Haz lo que se te ordena y si Dios quiere, me encontrarás entre los pacientes” (37:102). Realmente el Corán no menciona el nombre del hijo de Abraham (AS) objeto del sacrifico. Con base en la sucesión de los eventos y las circunstancias asociadas, así como en dichos del profeta Muhammad (SAAWAWS), se concluye que el hijo de Abraham (AS), objeto del sacrificio ordenado por Dios, es Ismael (AS). Quienquiera que sea, su hijo le manifiesta infinita e incondicional obediencia a Abraham (AS), sabiendo que se trata de una orden divina, sin siquiera preguntar del porqué, ni hacer el más mínimo cuestionamiento de esa instrucción o voluntad de Dios.

En su camino hacia el sitio de la ejecución del sacrificio, Abraham (AS) escucha un susurro de un hombre, intentando convencerlo desistir de ejecutar ese acto de sacrificio. Abraham (AS) se percata que ese alguien no es más que Satanás, y le lanza siete piedras para que cesase de intentar convencerlo. Esto se repite tres veces; de allí que el lanzamiento de piedras forma –también- parte de los rituales de la peregrinación, como símbolo de la voluntad de no obedecer a Satanás, ni de escuchar sus susurros.

Llegado el momento de ejecutar el sacrificio, Abraham (AS), ya con el cuchillo en la mano y levantado para iniciar la acción, Dios le ordena detenerse en el acto, y le envía un cordero para que sea sacrificado en lugar de Ismael (AS). Dios le indica a Abraham (AS) que ésta había sido una prueba de obediencia y sumisión incondicionales hacia Él, la cual pasó con éxito: “Y cuando ambos lo habían aceptado con sumisión, y lo había puesto boca abajo * Le gritamos: ¡Abraham! * Ya has confirmado la visión que tuviste; realmente así es como recompensamos a los que hacen el bien * Esta es, de verdad, la prueba evidente * Y lo rescatamos poniendo en su lugar una magnífica ofrenda * Y dejamos su memoria para la posteridad * Paz para Abraham* Así es como recompensamos a los que hacen el bien * Él fue uno de Nuestros siervos creyentes” (37:103-111).

El profeta Muhammad (SAAWAWS) comenta en uno de sus dichos, que él es el hijo de los dos “candidatos al sacrificio”: (1) uno sería Ismael (AS), del cual desciende –en decenas de generaciones- el profeta Muhammad (SAAWAWS), y (2) el otro sería Abdullah Ibn Abdul Muttalib, padre del Profeta (SAAWAWS), quien iba a ser sacrificado por su padre Abdul Muttalib, por haber hecho un voto si re-encontraba el pozo de agua que manó ante los pies de Ismael (AS), cuyo lugar se había perdido.

¿Dónde está la Káabah?... Se había mencionado que Adán (AS) había construido –por instrucciones de Dios- en las tierras que más adelante se conocerían como La Meca, una “casa”, para que fuese un sitio simbólico para realizar actos o rituales de adoración a Dios. Aquí, en este capítulo, se mencionó que Abraham (AS) dejó a Hajar y a su hijo Ismael (AS) en la zona desértica, que más adelante se convirtió en La Meca. Entonces, ¡¡Allí debería estar la Káabah!! Resulta que la misma se había perdido o casi se había destruido, debido al diluvio. Sólo había quedado una parte de sus bases. Cuando Ismael (AS) creció y se convirtió en un hombre, Dios instruye a Abraham (AS) que reconstruyera la Káabah y, por supuesto, le indica su lugar: “Y cuando Abraham e Ismael erigieron los fundamentos de la Casa: ¡Señor, acéptanoslo! Tu eres Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe” (2:127). Una vez culminada la reconstrucción, Abraham (AS) e Ismael (AS) le piden a Dios que les enseñe los rituales que deben realizar en la Káabah, como demostración de devoción y adoración: “¡Señor nuestro! Haz que estemos sometidos a Ti y haz de nuestra descendencia una comunidad sometida a Ti; enséñanos a cumplir nuestros ritos de adoración y perdónanos; realmente Tú eres el Indulgente, el Compasivo” (2:128). Así, después de culminar la reconstrucción de la Káabah, a manos de los profetas Abraham (AS) e Ismael (AS) , Dios les enseña los rituales que deben efectuar, y le pide a Abraham (AS) que anuncie el mandato de Dios de la peregrinación, misión que Abraham (AS) cumple, desde el Monte Arafat, donde grita el anuncio del mandato de peregrinación: “Y cuando preparamos para Abraham el lugar de la Casa (la Káabah): No asocies nada conmigo, purifica Mi Casa para los que dan vueltas alrededor de ella y los que rezan de pie, inclinados y postrados * Y llama a la gente a la Peregrinación, que vengan a ti a pie o sobre cualquier montura, que vengan desde cualquier remoto camino” (22:26-27). Con esto, queda claro que la peregrinación a La Meca, alrededor de la Káabah, y otros rituales, algunos de los cuales ya fueron mencionados, es un mandato de Dios dictaminado desde la época de los profetas Abraham (AS) e Ismael (AS). De hecho, La Meca se mantuvo como centro de peregrinación desde aquella época hasta la del profeta Muhammad (SAAWAWS), quien renovó el llamado a la peregrinación, por mandato de Dios.

Es relevante mencionar que Ismael (AS) fue también un profeta, según reza el Corán: “Y recuerda en el Libro a Ismael, él fue cumplidor de la promesa y fue mensajero y profeta” (19:54).

La presentación de la biografía de Abraham (AS) no termina sin antes mencionar a otro evento importante, tanto para la familia del profeta Abraham (AS) como para la humanidad; se trata que cuando Sarah ya cumplió casi 80 años de edad y Abraham (AS) ya había sobrepasado los 100 años, unos ángeles vienen a darle una buena noticia a la pareja: “Y fueron Nuestros mensajeros a Abraham a llevarle las buenas noticias y dijeron: Paz, contestó: Paz; y no tardó en venir con un becerro asado * Pero al ver que no tendían sus manos hacia él, le pareció extraño y sintió miedo de ellos; dijeron: No temas, hemos sido enviados a la gente de Lot * Y su mujer, que estaba de pie, se rió y le anunciamos a Isaaq y después de Isaaq a Jacobo * (Sarah) Dijo: ¡Ay de mí! ¿Cómo voy a concebir si soy vieja y éste, mi marido, es un anciano? ¡Realmente esto es algo asombroso! * Dijeron: ¿Te asombras del mandato de Dios? ¡Que la misericordia de Dios y Su bendición sean con vosotros, gente de la casa! Ciertamente que Él es Digno de alabanza, Glorioso” (11:69-73).

Así, el nacimiento de Isaaq (AS) fue otro signo de Dios, por dos razones: (1) la gente en la época de Abraham (AS) ya no vivía tanto tiempo como en épocas anteriores como las de Adán(AS) y Noé, y (2) la pareja que no logró hijos en su juventud y madurez (porque Sarah estaba estéril), tuvo un hijo siendo ambos ancianos. Tanto Isaaq (AS) como su hijo Jacobo (AS) fueron –igualmente- profetas: “Y cuando los dejó junto a todo lo que adoraban fuera de Dios, le concedimos a Isaaq y a Jacobo y a ambos los hicimos profetas * Les concedimos parte de Nuestra misericordia y les dimos una lengua de veracidad, sublime” (19:49-50).

El profeta Isaaq (AS) nació unos 15 años después del nacimiento de su hermano, el profeta Ismael (AS), aunque las referencias hablan de diversas fechas.

Isaaq (AS) tuvo dos hijos morochos, casi a la edad de 60 años, siendo uno de ellos el profeta Jacobo (AS).

Isaaq (AS) se murió a la edad de 180 o 186 años, y fue enterrado en Hebrón, en Palestina. Realmente, el Corán no narra detalles acerca de la vida del profeta Isaaq.

Hacia el final de su vida, Abraham (AS) es complacido por Dios, otra vez más, cuando le pide que le muestre como resucita a los muertos: “Y cuando Abraham dijo: ¡Señor mío! Déjame ver cómo resucitas lo que está muerto; (Dios) dijo: ¿Acaso no crees? (Abraham) Dijo: Por supuesto que sí, pero es para que mi corazón se tranquilice; (Dios) dijo: Toma, entonces, cuatro pájaros distintos, córtalos en pedazos y, a continuación, pon un pedazo en cada monte y luego llámalos; vendrán a ti en el acto; y sepas que Dios es Todopoderoso, Sapientísimo” (2:260). Abraham (AS) hizo lo que Dios le indicó y todo se cumplió, tal como Dios le prometió.

Abraham (AS) tenía una posición muy privilegiada ante Dios, quien nos informa que esta posición es similar a la que emana de una relación entre dos amigos íntimos: “¿Y quién es mejor en su práctica de adoración que aquel que ha sometido su rostro a Dios, hace el bien y sigue la religión de Abraham como monoteísta? Y Dios tomó a Abraham como amigo privilegiado” (4:125). Además, Abraham (AS) es considerado, por Dios, como uno de los cinco profetas “decididos”, o sea, que han sido muy pacientes y perseverantes ante todo lo que han enfrentado de parte de su gente: “Y cuando hicimos que los profetas aceptaran su compromiso; el tuyo (el de Muhammad), el de Noé, el de Abraham, el de Moisés y el de Jesús, hijo de María; les hicimos aceptar un compromiso muy recio” (33:7).

Igualmente, Abraham (AS) hizo dos súplicas importantes, orientadas a futuro, las cuales han sido cumplidas, miles de años después: (a) “¡Señor nuestro! Envíales un mensajero que sea uno de ellos, para que les recite Tus signos, les enseñe el Libro, la Sabiduría y los purifique; es cierto que Tú eres el Poderoso, el Sabio” (2:129), promesa cumplida con el envío del profeta y mensajero Muhammad (SAAWAWS), miles de años después, y (b) “Y cuando Abraham dijo: ¡Señor mío! Haz esta tierra segura y apártanos a mí y a mis hijos de la adoración de los ídolos” (14:35), refiriéndose por “esta tierra”, a La Meca, la cual ha sido segura y protegida por Dios, a lo largo de miles de años.

Abraham (AS) ha sido nombrado en el Corán 69 veces, en 25 capítulos.

Abraham (AS) se considera uno de los cinco profetas “decididos”; él ha enfrentado con obediencia, paciencia y éxito diversas situaciones extremas que cualquier ser humano cedería ante cualquiera de ellas. Recapitulando, éstas son:

  • Destrucción de las estatuas, a sabiendas que se enfrentaría al rey opresor y tirano, Nemrud
  • Su lanzamiento al fuego, por su perseverancia en el monoteísmo
  • Su enfrentamiento al rey copta
  • “Abandono” de Hajar y de su hijo Ismael (AS) en un sitio remoto en el desierto, sin gente, sin agua y sin siembra alguna, teniendo plena confianza en que Dios los protegería
  • Obediencia de la orden de Dios, de sacrificar a su –único- hijo, ya crecido, de unos trece años

Es muy importante aclarar que –antes del profeta Moisés (AS)- no había religiones “etiquetadas”, como las hubo posteriormente. Se sabe que las tres religiones monoteístas son: la judía, la cristiana y la musulmana, en orden de aparición. Esto no significa que antes de la religión judía, cuyo profeta predicador es Moisés (AS), no había religiones. De hecho, existieron muchos profetas antes de Moisés (AS). Sin embargo, las predicaciones y enseñanzas de éstos, no fueron “etiquetadas” con algún nombre específico. De allí, se concluye que Abraham (AS) no fue un profeta judío o de la religión judía, ya que la religión judía no existió como tal, con ese calificativo, sino a partir de la época de Moisés (AS), descendiente del profeta Abraham (AS), es decir, siglos después. Lo que sí se puede asegurar es que todas las predicaciones y enseñanzas de todos los profetas anteriores a Moisés (AS), las cuales son consistentes entre sí, se consideran el centro, el corazón o la médula de lo que podría denominarse la “religión auténticamente monoteísta”. Igualmente, a nivel doctrinario o principios de fe, no debería haber diferencia alguna entre las tres religiones mencionadas (entre sí) ni con la “religión auténticamente monoteísta”. (Ver capítulo I). Además, Dios nos dice en el Corán: “Abraham no era ni judío ni cristiano, sino auténtico monoteísta (en árabe: haníf) y musulmán (sometido a Dios); y nunca fue uno de los politeístas” (3:67).

Abraham (AS) murió a la edad de 175 años (en otras referencias, 185 años). Él fue enterrado en Hebrón, en el mismo sitio donde posteriormente fue enterrado Isaaq (AS).

7. LOT (AS)

Ya se mencionó que Lot (AS) salió con su tío Abraham (AS) de Babilonia, cuando éste fue expulsado por el rey Nemrud, a raíz de la destrucción de las estatuas: “Y Lot creyó en él (en Abraham) y dijo: He de emigrar por mi Señor, es cierto que Él es el Inigualable, el Sabio” (29:26). En su camino hacia Palestina, Lot (AS) se quedó en un pueblo pequeño, llamado “Sodoma” ubicado en la actual Jordania, circundado por otros pueblitos, donde el más cercano se llamaba “Gomorra”, con el fin de permanecer allí predicando el monoteísmo.

La gente de estos pueblos, especialmente de Sodoma y Gomorra, eran personas moralmente perversas y depravadas, a pesar de estar Lot (AS) con ellos, predicando las enseñanzas de Dios, durante más de veinte años. Su depravación llegó al límite de practicar la homosexualidad (entre hombres), de una manera tan abierta, inclusive delante de otras personas y de sus propias esposas. Para ello, buscaban a sus víctimas entre hombres ajenos al pueblo, en su paso por éste, a quienes les asaltaban, golpeaban y luego violaban:

  • “Y Lot, cuando dijo a su gente: Estáis cometiendo una indecencia que ninguna criatura ha cometido antes * ¿Cómo podéis buscar a los hombres, asaltar los caminos y hacer cosas reprobables en vuestras reuniones? Pero la única respuesta de su gente fueron las palabras: Tráenos el castigo de Dios si es verdad lo que dices * (Lot) Dijo: ¡Señor mío! Ayúdame contra la gente corruptora” (29:28-30)
  • “Y Lot, cuando dijo a su gente: ¿Estáis cometiendo la indecencia que nadie antes entre los humanos ha cometido? * ¿Veis a los hombres con deseo, en vez de a las mujeres? Realmente sois una gente desmesurada * Pero la única respuesta de su gente fue: ¡Expulsadlos de vuestra ciudad, son gente que se tienen por puros!” (7:80-82).

Después de tantos años de predicación, Lot (AS) se dio cuenta que estas personas persistían con su perversidad y depravación y que no había manera de hacerles reflexionar y salir de su descarrío y desviación moral. Entonces él le suplicó a Dios que les castigara por sus actos. Esta súplica fue atendida por Dos, quien envió a unos ángeles para ejecutar el merecido castigo. Antes de ir a Sodoma y Gomorra, estos ángeles pasaron a darle a Abraham (AS) las dos noticias: (1) que él y su esposa tendrían un hijo (Isaaq (AS)), a pesar de ser ya ancianos y siendo su esposa estéril, y (2) que ellos (los ángeles) venían a ejecutar un fuerte castigo para con la gente de Sodoma y Gomorra, donde Lot (AS) habitaba. Abraham (AS) mostró preocupación por su sobrino Lot (AS) y por alguna que otra persona que pudiesen ser inocentes de los actos de depravación; sin embargo, los ángeles le tranquilizaron informándole que ellos saben qué hay en el pueblo de Lot (AS) y, por supuesto, salvarían a quienes merecían salvación: “Y cuando llegaron Nuestros emisarios a Abraham llevando la buena noticia, dijeron: Vamos a destruir a los habitantes de esta ciudad puesto que sus habitantes son injustos * (Abraham) Dijo: Lot está en ella; (los ángeles) dijeron: Nosotros sabemos mejor quién está en ella; a él y a su familia los salvaremos con la excepción de su mujer, que será una de los que se queden atrás” (29:31-32).

Vale mencionar que la esposa de Lot (AS) no creía en él como profeta y era una mala mujer, ya que consentía las actuaciones de los depravados del pueblo, y siempre les informaba sobre la presencia de extraños en el pueblo, prendiendo fuego cerca de su casa como una señal de ello.

Al llegar los ángeles al pueblo de Lot (AS) (Sodoma), se presentaron en su casa, donde les recibió con la pregunta obvia de quiénes eran. Al ellos responder que eran gente que pasaban por el pueblo y que querían su hospitalidad, por esa noche, Lot (AS) se preocupó enormemente, ya que sabía la costumbre de la gente perversa del pueblo, que si se enteraban de la presencia de estos “hombres” extraños en el pueblo, iban a intentar hacer con ellos lo de su costumbre: asaltar, agredir y violar. Lo primero que hizo fue decirle a su mujer que no le informara a la gente del pueblo sobre la presencia de estos hombres extraños en su casa. Seguidamente, Lot (AS) le informó a sus “huéspedes” (los ángeles) sobre su preocupación y sobre lo que pasaba en este pueblo. Sin embargo, ellos insistieron en hospedarse en su casa, ya que era de noche y no podían emprender su viaje de salida del pueblo.

La esposa de Lot (AS), sin mucho pensar, le desobedeció y no tardó en informar a los hombres del pueblo de la presencia de los huéspedes en su casa. De inmediato, estos perversos y depravados aparecieron en la casa de Lot (AS), con la intención de hacer su fechoría. Con un intento para frenarlos, Lot (AS) trató de que recapacitaran y les recordó que era más casto y puro tener sus relaciones con sus esposas (de la gente del pueblo), ante lo cual reaccionaron con oídos sordos y absoluta indiferencia, y siguieron con su intento de hacer la fechoría: “Su gente, que antes había estado cometiendo maldades, acudió a él apresuradamente; (Lot) dijo: ¡Gente mía! Aquí tenéis a mis hijas (Las hijas de mi pueblo, o sea, las mujeres del pueblo), ellas son más puras para vosotros, así pues temed a Dios y no me causéis tristeza con mis huéspedes; ¿Es que no hay entre vosotros ni un sólo hombre rectamente guiado? * (Los depravados) Dijeron: Ya sabes que no tenemos ninguna necesidad de tus hijas (Las hijas de tu pueblo, o sea, las mujeres del pueblo) y sabes lo que realmente queremos” (11:78-79).

Ante su respuesta, Lot (AS) se sintió con impotencia para evitar lo que –seguramente- iba a suceder y dijo: “(Lot) Dijo: Ojalá tuviera fuerza contra vosotros o un fuerte apoyo al que recurrir” (11:80). En ese momento, los ángeles le informaron a Lot (AS) sobre su identidad real y sobre la misión que vinieron a ejecutar, dándole –al mismo tiempo- las instrucciones que tenía que seguir él y su familia, para ser salvados: “Dijeron: ¡Lot! Somos mensajeros de tu Señor y no podrán acceder a ti; sal con tu familia en el seno de la noche y que ninguno de vosotros se voltee a mirar; sólo lo hará tu mujer, pues a ella le va a suceder lo que a ellos; y su cita es el alba; ¿Acaso no está el alba cercana?” (11:81). Mientras tanto y, ante la intención de los perversos que insistían en realizar su fechoría, los ángeles los cegaron en el acto por lo que no pudieron hacerle daño a nadie.

Antes del alba, como estaba prometido, Lot salió con su familia del pueblo y, al ellos alejarse, Dios envió al pueblo su merecido castigo, volteándolo por completo y haciendo caer sobre los perversos una fuerte lluvia de piedras de arcilla: “Cuando llegó Nuestro mandato pusimos lo de arriba abajo e hicimos llover sobre ellos piedras de arcilla estibada” (11:82). De todo el pueblo, sólo fueron salvados Lot (AS) y su familia, excepto su mujer, tal como los ángeles le habían anunciado a Lot (AS): “Y lo salvamos a él y a su familia con la excepción de su mujer, que fue de los que se quedaron atrás” (7:84).

Lot (AS) ha sido mencionado en el Corán en catorce capítulos.

Extracto de “LA VERDAD SOBRE EL ISLAM” Desmitificando falsos paradigmasñ Por Abdun-Nabi Chaaban

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Autor
Abdun-Nabi Chaaban
Tema
Historia-Biografía
Corán-Hadiz-Dichos
Publicado
Thu, 26 Oct 2023 - 12:46
By admin , 25 October 2023

La lucha de Palestina hasta su liberación

La lucha de Palestina hasta su liberación

"¡Oh Señor! Si nos permites alcanzar la victoria sobre nuestros enemigos, entonces, mantennos apartados de la vanidad y el falso orgullo y mantennos firmes en el recto camino de Tu Religión. Y si, ¡Oh Señor!, les das victoria sobre nosotros, concédenos el honor del martirio” Imam Ali

Sdenka Saavedra Alfaro

Periodista, Profesora Universitaria e Investigadora Boliviana

Son más de siete décadas que el pueblo de Palestina soporta el apartheid, la limpieza étnica, la expansión de asentamientos ilegales, el robo de tierras que Israel continúa llevando a cabo desde 1948, los crímenes de guerra y todo vejamen que comete a la luz de la comunidad internacional desoyendo toda ley y convención; ya que goza de una eterna impunidad avalada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea (UE) y toda entidad servil a la hipocresía del Gobierno de los Estados Unidos, que hasta ahora no ha cortado el suministro de armas y no ha congelado los miles de millones de dólares que se le entrega como “asistencia militar” al régimen sionista.

Son más de 75 años ante los ojos de la comunidad internacional, quienes implícitamente se han convertido en cómplices de esta injusticia, al seguir socapando la impunidad a Israel, al que no sancionan, ni bloquean, ni censuran, ante la catástrofe del pueblo palestino, arrestos, ejecuciones sumarias, el genocidio, el infanticidio, la violación constante al Derecho Internacional, la matanza diaria a sangre fría de niños, mujeres, gente civil como la reciente masacre realizada en la Franja de Gaza, la cárcel al aire libre más grande del mundo que desde 2007 sigue bloqueada por todos lados, en donde ya fueron asesinados al momento de escribir estas líneas más de 5.850 personas –entre ellas 1.500 niños y 900 mujeres–, y más de 9 mil palestinos heridos, según el nuevo balance del Ministerio de Salud palestino.

Las agresiones israelíes continúan, no solo cortando el suministro de agua, y de luz a la Franja de Gaza, sino ya se han destruido edificios, casas, automóviles, parques, plazas, escuelas, hospitales, hogares e instalaciones esenciales que han resultado dañadas o destruidas como consecuencia de los ataques aéreos de Israel, lo que ha exacerbado la crisis humanitaria en el asediado enclave costero. Así también ha destruido la oficina de la cadena de noticias Al-Alam en Gaza, en un intento de impedir la cobertura de la agresión sionista, pues también 10 periodistas palestinos han sido asesinados en la nueva espiral de violencia.

Ese siempre es el propósito del régimen sionista israelí, que bajo la capa de los Estados Unidos, los países europeos y sus gendarmes que le apoyan, no solo con la financiación para el envío de armas, sino en su encubrimiento respecto a las leyes violadas y el armamento mediático, pues el control de las grandes multinacionales de comunicación es también sionista, de acuerdo con Jesús González Pazos en su libro Medios de comunicación, ¿al servicio de quién?

Este lobby sionista hace que los medios hegemónicos no cubran las masacres y los asesinatos también a periodistas palestinos, evidenciando la impunidad que tiene Israel en callar la realidad del pueblo palestino, ya que son más de 40 periodistas asesinados desde 2002, según el informe del Comité para la Protección de los Periodistas, al cumplirse un año de la muerte de la periodista palestina de Al Jazeera, Shireen Abu Akleh, por un disparo en la cara de un soldado israelí mientras ella cubría, con equipo de protección e identificada como prensa, una redada del Ejército en Yenín, Cisjordania ocupada.

Una catástrofe continua, por más de 75 años, la cual quiere borrar del mapa a un Estado que tiene derecho a su autodefensa. En ese sentido, el  movimiento histórico y de sorpresa lanzado desde el 7 de octubre de 2023, denominado “Tormenta de Al-Aqsa”, por los combatientes palestinos del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), las Brigadas Al-Qassam y la Yihad Islámica Palestina, con el disparo de varios millares de cohetes desde Gaza hacia los asentamientos y ciudades israelíes, que, en paralelo, inició la infiltración por aire, mar y tierra de decenas de combatientes palestinos en zonas pobladas por israelíes, puso de relieve el inminente colapso de Israel y destruyó el mito de invencibilidad del régimen.

Hoy Palestina vuelve a escribir en la historia una página muy especial, la de la dignidad y el coraje de quienes no quieren vivir de rodillas y están dispuestos a luchar por ello, pues la Resistencia Palestina continuará más firme que nunca, en su objetivo por la liberación de Palestina, ante lo que se avecine.

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Autor
S. Saavedra Alfaro
Tema
Política-Economía
Historia-Biografía
Publicado
Wed, 25 Oct 2023 - 20:36
By admin , 23 October 2023

La Visita a Nayaf y un encuentro con los ‘Ulama - “...Y entonces fui guiado”

“...Y entonces fui guiado”

La Visita a Nayaf y un encuentro con los ‘Ulama

Por Muhammad At-Tiyani As-Samawi

Una noche mi amigo me dijo que el próximo día iríamos, si Allah así lo quería, a Nayaf. Le pregunté: “¿Qué es Nayaf?”. Dijo: “Es una ciudad de conocimiento; además, en ella se encuentra la tumba de Ali ibn Abi Talib”.

Yo me sorprendí, puesto que, ¿cómo es que es conocida la tumba del Imam Ali?, pues todos nuestros Shaij dicen que no se sabe dónde se encuentra la tumba de nuestro maestro Ali.

Tomamos un ómnibus hacia Kufa y allí nos detuvimos para visitar la Mezquita de Kufa, que es uno de los monumentos islámicos más famosos. Mi amigo me mostró todos los lugares históricos, me llevó al Santuario de Muslim ibn ‘Aqil y de Hani ibn Urwa, y me contó brevemente cómo fueron martirizados. Me llevó al mihrab (nicho en dirección a la qiblah), donde el Imam Ali fue martirizado; luego visitamos la casa donde el Imam vivía con sus dos hijos, nuestros maestros Al-Hasan y Al-Husain. En la casa todavía estaba el aljibe del cual ellos bebían y realizaban con su agua la ablución.

Viví algunos momentos espirituales que me hicieron olvidar del mundo y sus deleites, e imaginé el ascetismo y la humildad que tenía el Imam, a pesar del hecho de que era el Comandante de los Creyentes y el cuarto de los Califas Correctamente Guiados.

No debo olvidar mencionar la hospitalidad y modestia de la gente de Kufa, ya que por donde fuera que pasábamos, un grupo de gente se detenía y nos saludaba, como si mi amigo conociera a la mayoría de ellos. Uno de aquellos a los que encontramos era el director del Instituto de Kufa, quien nos invitó a su casa, donde conocimos a sus hijos y pasamos una noche agradable. Sentí como si estuviera entre mi familia y amigos.

Cuando me hablaban sobre los Sunnis siempre decían: “Nuestros hermanos de la Sunnah”, por lo tanto, me cautivaban sus conversaciones y les hacía algunas preguntas para probar su sinceridad.

Continuamos nuestro viaje hacia Nayaf, a unos diez kilómetros de Kufa, y apenas llegamos allí recordé la Mezquita Al-Kazimiiah, en Bagdad, puesto que había minaretes de oro circundando una cúpula construida de oro puro. Entramos al Mausoleo del Imam después de haber leído una súplica especial: un permiso para entrar al lugar, que es costumbre entre los visitantes Shi‘as.

Dentro del Mausoleo vi cosas más sorprendentes que en la Mezquita de Musa Al-Kazim, y como de costumbre, me puse de pie y leí Al-Fatihah, dudando si esa tumba en realidad contenía el cuerpo del Imam Ali, teniendo en cuenta la sencillez que había visto en la casa en la que vivía en Kufa, y que me había impresionado muchísimo. Me dije a mí mismo: “Lejos estaría el Imam Ali de estar complacido con toda esta decoración de oro y plata, cuando hay muchos musulmanes muriendo de hambre en todo el mundo”, especialmente cuando vi mucha gente pobre en las calles extendiendo su mano a los transeúntes pidiendo limosna.

Luego me dije interiormente: “¡Oh Shi‘as! Ustedes están equivocados. Al menos deberían admitir este error, ya que el Imam Ali fue enviado por el Mensajero de Allah a demoler los santuarios, por lo tanto, ¿qué son todas estas tumbas de oro y plata? Si esto no es politeísmo, entonces debe ser al menos un error que el Islam no perdona”.

Mi amigo me preguntó, mientras me extendía un pedazo de arcilla seca, si yo deseaba rezar. Le respondí en un tono fuerte: “Nosotros no rezamos alrededor de las tumbas”. Dijo: “Entonces espérame un momento hasta que rece dos rak‘ah (ciclos de oración)”. Mientras lo esperaba, leí la placa que estaba pegada en la tumba; además, miré dentro de ella, a través del enrejado de grabados de oro, y vi que estaba repleta de todo tipo de billetes, desde dirhames y riales hasta dinares y liras, arrojados por los visitantes como contribuciones para las organizaciones y obras benéficas que dependen del Santuario.

Pensé que todo eso debía haber estado allí por meses, pero mi amigo me dijo que las autoridades responsables de limpiar el lugar recolectaban el dinero cada día después de la oración de la noche (‘isha).

Salí tras mi amigo, asombrado por lo que acababa de ver y deseé que me tocara una parte de ese dinero, o que lo distribuyeran entre los pobres e indigentes que tantos había por allí. Miré hacia todos lados dentro de la gran valla que protege al Santuario, donde muchos grupos de gente estaban rezando aquí y allá, mientras otros se encontraban escuchando a disertantes situados sobre los púlpitos. Me pareció escuchar algunos llantos con voz temblorosa.

Vi a un grupo de gente llorando y golpeando sus pechos, y cuando quise preguntarle a mi amigo por qué aquellas personas se comportaban de esa manera, un cortejo fúnebre pasó junto a nosotros y observé que algunos hombres ponían un mármol en medio del patio, para colocar allí al fallecido. Por lo tanto, pensé que esas personas estaban llorando por un muerto muy querido por ellos.

Mi amigo me llevó a una mezquita, junto al Santuario, donde los pisos estaban cubiertos de alfombras y alrededor de sus mihrab había algunas aleyas coránicas grabadas con hermosa caligrafía. Vi que algunos jóvenes con turbantes estaban sentados cerca del mihrab estudiando, y cada uno de ellos tenía un libro en sus manos.

Quedé impresionado por esa agradable escena, ya que nunca antes había visto religiosos de esa edad, pues rondaban entre los trece y dieciséis años. Lo que los hacía más elegantes eran sus vestimentas.

Mi amigo les preguntó por el “Saiid”, y le dijeron que estaba rezando con la gente la oración comunitaria. No comprendí quién era el “Saiid” y pensé que debía ser uno de los ‘Ulama. Sólo después supe que era Saiid Al-Jo’i, uno de los líderes de las escuelas religiosas de la comunidad Shi‘a.

Es digno de mencionar aquí que el título “Saiid” en la Shi‘a es dado a aquellos que son los descendientes de la familia del Profeta (BP). El “Saiid”, ya sea él un sabio o un estudiante de ciencias religiosas, usa un turbante negro, y el resto de los ‘Ulama usa turbantes blancos y son llamados “Shaij”. Hay otros nobles de la descendencia del Profeta que no son ‘Ulama y usan un turbante verde.

Mi amigo les preguntó si yo podía sentarme con ellos mientras él iba a ver al Saiid. Me dieron la bienvenida y se sentaron alrededor mío en un semicírculo. Miré sus rostros y tuve la sensación de poder ver su inocencia y la pureza de sus pensamientos, y me vino a la mente el dicho del Profeta (BP): “El hombre nace en la fitrah (pureza original) y son sus padres los que lo hacen judío, cristiano o zoroastriano”. Me dije a mí mismo: “¡¡O lo hacen Shi‘a!!”.

Me preguntaron de qué país venía; yo respondí: “De Túnez”. Preguntaron: “¿Tienen ustedes escuelas religiosas?”. Respondí: “Tenemos universidades y escuelas”. Fui bombardeado con preguntas desde todos lados, y todas eran perspicaces y embarazosas. ¿Qué podía decirles a aquellos inocentes muchachos que a lo mejor pensaban que el mundo islámico estaba repleto de escuelas religiosas donde se enseñaba jurisprudencia, principios del Islam, ley islámica e interpretación del Corán? Ellos no sabían que en el mundo islámico y en nuestros países, que evolucionaron y se desarrollaron, hemos transformado las escuelas de Corán en jardines de infantes supervisados por monjas cristianas; por lo tanto, ¿debía decirles que continuaban siendo “atrasados” en relación a nosotros?

Uno de ellos me preguntó: “¿Qué madhhab (escuela religiosa) se sigue en Túnez?”. Dije: “La madhhab Maliki”. Y vi que algunos de ellos se sonrieron pero no les presté mucha atención. Me preguntó: “¿Conocen la madhhab Ya‘fari?”. Le dije: “¿Qué nuevo nombre es ese? No. Nosotros sólo conocemos las cuatro madhahib1, y aparte de ellas no hay otra dentro del Islam”.

El sonrió diciendo: “Perdón señor. La madhhab Ya‘fari es la esencia del Islam. ¿No sabes tú que el Imam Abu Hanifah estudió con el Imam Ya‘far As-Sadiq, y que por eso Abu Hanifah dijo: “Si no fuera por aquellos dos años (refiriéndose a los dos años en que fue alumno de Imam As-Sadiq (P), An-Numan Abu Hanifah habría perecido?”.

Permanecí en silencio sin que surgiera de mí una respuesta. Acababa de escuchar un nombre que nunca antes había oído, pero agradecí a Allah que él, es decir, el Imam Ya‘far As-Sadiq, no haya sido maestro del Imam Malik, y dije que nosotros éramos Maliki, no Hanafi.

Él dijo: “Las cuatro madhahib aprendieron cada una de la otra; Ahmad ibn Hanbal aprendió de Ash-Shafi‘i; Ash-Shafi‘i de Malik; Malik de Abu Hanifah, y Abu Hanifah aprendió de Ya‘far As-Sadiq (P). Por eso todos ellos fueron alumnos de Ya‘far ibn Muhammad, quien fue el primero en abrir una Universidad Islámica, en la mezquita de su abuelo, el Mensajero de Allah (BP), y con él estudiaron no menos de cuatro mil jurisprudentes y especialistas en Hadiz (Tradiciones Proféticas)”.

Yo estaba sorprendido por la inteligencia de aquel joven muchacho que parecía saber lo que estaba diciendo, de la misma manera en que uno de nosotros conoce una Surah del Corán. Quedé mucho más asombrado aún cuando comenzó a darme algunas referencias históricas de las que podía decirme el número de libros, tomos y capítulos en que se encontraban, y continuó conversando conmigo como si fuera un profesor enseñándole a su alumno.

En realidad me sentí impotente ante él y deseé haberme ido con mi amigo y no haberme quedado, pues fui incapaz de responder a cada pregunta relacionada con la jurisprudencia o la historia que cualquiera de ellos me hacía.

Me preguntó a cuál de los Imames yo seguía. Dije: “A Imam Malik”. Dijo: “¿Cómo sigues a un hombre que murió hace catorce siglos? Si desearas hacerle una pregunta sobre temas recientes, ¿él te respondería?”. Yo pensé un poco y dije: “¡Y tú, qué! Tu Ya‘far también murió hace catorce siglos atrás, ¿así que a quién sigues?”. Él y otros muchachos me respondieron rápidamente: “Nosotros seguimos al Saiid Al-Jo’i”.

Yo no entendía. ¿Acaso era Al-Jo’i más sabio que Ya‘far As-Sadiq? Intenté cambiar de tema, por lo tanto me mantuve haciéndoles preguntas. Por ejemplo, les preguntaba cuál era la población de Nayaf, a qué distancia está Nayaf de Bagdad, y si conocían otros países aparte de Irak... Y cada vez que respondían, yo preparaba otra pregunta para evitar que ellos me hicieran a una mí, ya que me sentía incapaz e impotente. Pero lejos estaba yo de admitirlo, a pesar del hecho de que en mis adentros bien lo sabía.

Los sentimientos de gloria y de grandeza, y la supuesta sapiencia que me habían hecho sentir en Egipto, se habían disuelto y esfumado allí, especialmente después de encontrarme con aquellos jóvenes, y sólo entonces me di cuenta de la sabiduría de las siguientes palabras:

“Dile al que pretende tener conocimiento de Filosofía: Has aprendido una cosa, pero siguen ocultas muchas otras para ti”.

Llegué a creer que las mentes de aquellos jóvenes muchachos eran más grandes que las mentes de aquellos profesores que yo había conocido en Al-Azhar y que las de nuestros sabios de Túnez.

As-Saiid Al-Jo’i entró al lugar, y lo acompañaba un grupo de ‘Ulama; en ellos había modestia y dignidad. Todos los muchachos se pusieron de pie y yo con ellos; luego cada uno se acercó al Saiid para besar su mano y yo permanecí quieto en mi lugar. El Saiid no se sentó hasta que todos se sentaron, entonces comenzó a saludarlos diciendo: “Buenas Noches”, e hizo así con cada uno de ellos, quienes le contestaron de la misma manera, hasta que llegó mi turno, por lo tanto respondí de la misma forma en que había escuchado.

Después mi amigo, que había estado hablando en voz baja con el Saiid, me indicó que me aproximara al Saiid, quien me hizo sentar a su derecha. Tras los saludos mi amigo me dijo: “Dile al Saiid las cosas que escuchan en Túnez sobre la Shi‘a”. Yo dije: “Hermano, olvidemos las historias que escuchamos de aquí y allá; yo quiero saber por mí mismo lo que dice la Shi‘a, por lo tanto, quiero respuestas sinceras a algunas preguntas que quiero hacer”.

Mi amigo insistió en que yo debía relatar al Saiid lo que nosotros pensábamos de la Shi‘a. Dije: “Consideramos que los Shi‘as están más lejos del Islam que los judíos y los cristianos, pues ellos adoran a Allah y creen en el mensaje de Musa y de Jesús -la paz sea con ellos-, mientras que oímos que los Shi‘as adoran a Ali y lo consideran sagrado, y hay una secta de entre ellos que adora a Allah pero ponen a Ali en el mismo nivel que el Mensajero de Allah”. Además, narré la historia sobre cómo el ángel Gabriel habría traicionado la confianza puesta en él -según ellos dicen- y en lugar de darle el mensaje a Ali, se lo dio a Muhammad (BP).

El Saiid permaneció en silencio por un momento, cabizbajo, y luego me miró y dijo: “Nosotros creemos que no hay divinidad sino Allah, que Muhammad (BP) es el Mensajero de Allah, y que Ali fue solamente un siervo de Allah”. Él se dirigió a su audiencia y dijo señalándome: “Observen cómo esta gente inocente ha sido engañada por los falsos rumores, y esto no es sorprendente, pues yo he escuchado cosas peores de otras personas; por lo tanto digamos: No hay poder o fuerza salvo en Allah, el Altísimo y Majestuoso”.

Luego se volvió hacia mí y dijo: “¿Has leído el Corán?”. Respondí: “Podía recitar la mitad de él de memoria antes de cumplir los diez años”. Dijo: “¿Sabes que todos los grupos islámicos y sus diferentes escuelas concuerdan en el Sagrado Corán, y que el Corán que nosotros tenemos es el mismo que el de ustedes?”. Dije: “Sí, yo sé eso”. Dijo: “Entonces, ¿acaso no has leído las palabras de Allah, Alabado y Glorificado sea:

«Muhammad no es sino un Enviado, antes del cual han pasado otros enviados...» (Sagrado Corán; 3:144)

«Muhammad es el Enviado de Allah. Quienes están con él son severos con los infieles...» (Sagrado Corán; 43:29)

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros varones, sino el Enviado de Allah y el sello de los profetas...» (Sagrado Corán; 33:40)

Dije: “Sí, conozco todas esas aleyas coránicas”. Él dijo: “Entonces, ¿dónde está Ali? Si nuestro Corán dice que Muhammad (BP) es el Mensajero de Allah, entonces, ¿de dónde salió esa calumnia?”.

Permanecí en silencio y no puede encontrar una respuesta. Añadió: “En cuanto a la traición de Gabriel, lejos está él de cometer una acción como esa; esto es peor que lo anterior, porque cuando Allah envió a Gabriel (P) hacia Muhammad (BP), éste tenía entonces cuarenta años y Ali no era más que un niño de seis o siete años, así que ¿cómo podría pretender Gabriel simular un error y no diferenciar entre Muhammad (BP), el hombre, y Ali (P), el niño?”.

Luego permaneció en silencio por un largo tiempo en el cual comencé a reflexionar y a analizar minuciosamente lo que él había dicho, pues me pareció un razonamiento lógico que penetró hasta el fondo de mi alma y quitó el velo de mis ojos. Me pregunté a mí mismo, ¿por qué nosotros no basamos nuestro análisis en razonamientos tan lógicos?

El Saiid Al-Jo’i añadió: “Además, te informo que la Shi‘a es el único grupo, entre todos los grupos islámicos, que cree en la infalibilidad de los Profetas y de los Imames; por lo tanto, si nuestros Imames -con ellos sea la paz- son infalibles y son seres humanos como nosotros, entonces, imagínate Gabriel, que es un ángel cercano a Allah, al que el Señor de la Grandeza llamó “el espíritu fiel”.

Pregunté: “¿De dónde salieron todos estos rumores?”. Respondió: “De los enemigos del Islam, que quieren dividir a los musulmanes en grupos que luchen entre sí, a pesar de que los musulmanes son hermanos, ya sean Shi‘as o Sunnis, pues todos adoran a Allah solamente, y no le asocian ninguna otra divinidad; su Corán es el mismo, su Profeta es el mismo y su qiblah (dirección a la cual se orientan los musulmanes en las oraciones), es la misma. Los Shi‘as y los Sunnis sólo difieren en temas de jurisprudencia, de la misma manera en que difieren las escuelas sunnis entre sí, pues Malik discrepa con Abu Hanifah y éste con Ash-Shafi‘i... etc.”

Dije: “¿Entonces todas las cosas que se han dicho sobre ustedes son sólo mentiras?”. Respondió: “Tú, gracias a Dios, eres un hombre inteligente y entiendes las cosas; además, has visto el país de los Shi‘as y caminaste en medio de ellos. ¿Acaso viste o escuchaste alguna cosa relacionada a estas mentiras?”. Dije: “No, no he visto ni oído sino cosas buenas, y agradezco a Allah por haberme dado la oportunidad de encontrarme con el profesor Mun’im en el buque, ya que es gracias a él que vine a Irak y he aprendido muchas cosas que ignoraba”.

Mi amigo Mun’im dijo, con una sonrisa: “Incluyendo la existencia de la tumba del Imam Ali (P)”. Le guiñé un ojo y dije: “Incluso he aprendido cosas nuevas hasta de aquellos jóvenes”. Y acoté: “Y desearía haber tenido la oportunidad de aprender como ellos en esta Escuela Religiosa”.

El Saiid dijo: “Bienvenido. Si quieres estudiar aquí, la escuela está a tu disposición y nosotros a tu servicio...” A los presentes les pareció muy buena esta sugerencia, especialmente a mi amigo Mun’im cuyo rostro expresaba gran alegría.

Le dije: “Soy un hombre casado y tengo dos hijos”. Respondió: “Nosotros nos hacemos cargo de todas las necesidades de vivienda y sustento y de todo lo que necesiten, pero lo importante es aprender”.

Pensé un poco y me dije a mí mismo: “No me parece lógico convertirme en un estudiante después de haber pasado cinco años practicando la docencia y educando jóvenes. No es fácil tomar una decisión tan rápido”.

Le agradecí al Saiid al-Jo’i su oferta y le dije que pensaría sobre el asunto seriamente después de que regresara de la ‘Umrah, con la anuencia de Allah, pero que necesitaba algunos libros. El Saiid dijo: “Dénle los libros”. Un grupo de personas sabias se puso de pie y fue a su gabinete de libros, y después de unos pocos minutos, había ante mí más de setenta, pues cada uno volvió con varios libros. Y dijo el Saiid: “Esto es regalo mío”.

Me di cuenta de que no podría llevar todos estos libros conmigo, especialmente porque me dirigía a Arabia Saudita, donde las autoridades prohiben la entrada de cualquier libro a su país, pues temen que se extiendan algunas creencias que no concuerden con las suyas.

Pero yo no quería perder la oportunidad de tener todos esos libros a los que nunca había visto en toda mi vida. Le dije a mi amigo y al resto de los presentes que me esperaba un largo viaje por delante; que pasaría por Damasco, Jordania y desde allí a Arabia Saudita, y en el camino de regreso, mi itinerario sería aún más largo, ya que viajaría a través de Egipto y Libia hasta llegar a Túnez, y que los libros pesaban mucho, además de que la mayoría de los países prohiben la entrada de esos libros a sus territorios.

El Saiid dijo: “Déjanos tu dirección, pues nosotros nos encargaremos de enviártelos”. Me agradó esta idea y le di mi tarjeta personal con mi dirección en Túnez. Además, le agradecí por su generosidad y cuando me despedí y me levantaba para salir, se puso de pie junto conmigo y me dijo: “Ruego Allah que te salvaguarde, y si te detienes junto a la tumba de mi abuelo, el Mensajero de Allah, por favor dale mis saludos”.

Todos, incluyéndome a mí, nos emocionamos por lo que el Saiid había dicho, y vi que sus ojos lagrimaban, entonces me dije a mí mismo: “Dios no permita que tal hombre pudiera estar equivocado o que fuera un mentiroso; su dignidad, su grandeza y su modestia manifiestan que él verdaderamente es de una descendencia noble”. No pude sino tomar su mano y besarla, a pesar de su resistencia.

Todos se pusieron de pie cuando yo lo hice, y algunos de los jóvenes con los que polemicé, me siguieron y me pidieron mi dirección para futuras correspondencias, la cual les di.

Regresamos a Kufa después de una invitación de un amigo de Mun’im que se encontraba en la reunión con Saiid Al-Jo’i, cuyo nombre era Abu Shubbar, y permanecimos en su casa donde pasamos la noche entera con un grupo de jóvenes intelectuales. Entre aquellas personas había algunos alumnos de Saiid Muhammad Baquir As-Sadr, que me sugirieron que debería encontrarme con él, y prometieron que arreglarían una entrevista al día siguiente.

A mi amigo Mun’im le agradó la idea pero lamentó no poder estar presente en el encuentro porque debía ocuparse de un asunto en Bagdad donde su presencia era indispensable. Estuvimos de acuerdo en que yo permanecería en la casa de Abu Shubbar por tres o cuatro días hasta que Mun’im regresara.

Mun’im nos dejó poco después de las oraciones del alba y fuimos a dormir. Saqué mucho provecho de estos estudiantes con quienes estuve toda la noche. Estaba sorprendido por la variedad de temas que estudian en la Escuela Religiosa, ya que, además de los estudios islámicos que incluyen Jurisprudencia, Shari‘ah (Ley Islámica), Teología, etc., también estudian Ciencias Sociales y Políticas, Historia, Idiomas, Astronomía, y muchas otras materias.

  • 1. Se refiere a las cuatro madhahib de los Sunnis, que son: la Hanafi, la Maliki, la Shafi‘i y la Hanbali.

 Fuente: Libro “...Y entonces fui guiado”; Escrito por Muhammad At-Tiyani As-Samawi; Traductora: Lic. Sumeya Younes

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La Visita a Nayaf y un encuentro con los ‘Ulama - “...Y entonces fui guiado”.pdf (277.41 KB)
Autor
M. At-Tiyani As-Samawi
Tema
Historia-Biografía
Doctrina Islámica-Shiismo
Publicado
Mon, 23 Oct 2023 - 09:35
By admin , 17 October 2023

Historia del Islam en el VII año de la hégira - El profeta del Islam notifica su misión universal

Historia del Islam en el VII año de la hégira - El profeta del Islam notifica su misión universal

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

EL PROFETA NOTIFICA SU MISION UNIVERSAL

El pacto de Hudhaibiiah amainó el cúmulo de preocupaciones que debía enfrentar el Profeta, y asimismo, como consecuencia de la libre difusión del Islam que hizo posible, varios jefes y tribus árabes se islamizaron. En esos momentos fue que el gran líder de los musulmanes aprovechó para comunicarse con los grandes reyes de su época, con los jefes de diversas tribus y con los líderes religiosos cristianos de ese momento, para presentar a todos los pueblos su mensaje, que trascendía así los límites de una sencilla religión para proponer un sistema de vida completo, que reuniera a toda la humanidad bajo los principios de la Unidad divina y revolucionarias enseñanzas sociales y morales. Ese fue el primer gran paso que pudo dar el Profeta tras 19 años de disputas con la contumaz tribu de Quraish. Y de no haber sido por las sangrientas guerras y persecuciones a que los incrédulos lo obligaron, con toda seguridad que mucho antes habría expandido el marco de su convocatoria por todo el mundo conocido. Una parte importante del tiempo de la misión se había consumido en la defensa de la integridad del naciente Islam contra la iniquidad.

Las cartas que el Profeta (B.P.) envió a las grandes personalidades de su época son una muestra acabada de su sabia táctica para la invitación al Islam. Los narradores de tradiciones y los historiadores se han encargado de recopilarlas. Todas ellas revelan que el método del Profeta era hacer llegar el Islam a través de la razón y no por la lucha.

El día en que el Profeta estuvo seguro de que Quraish ya no lo atacaría decidió enviar estas misivas a los diferentes lugares del mundo. Su texto, sus consejos, su delicadeza y humildad son un vivo testimonio que refuta las arteras opiniones de muchos historiadores occidentales y orientalistas que tratan de cubrir el verdadero rostro del Islam con sus mentiras. Nosotros esperamos algún día poder publicar la traducción de todas estas cartas en diferentes idiomas para que se conozca y aclare la táctica utilizada por el Islam para difundirse entre todas las razas y rincones de la tierra.

LA MISION DEL PROFETA ERA UNIVERSAL

Existe un grupo ignorante de estudiosos occidentales que observa la universal misión del Profeta Muhammad (B.P.) con duda e incertidumbre. Siguen en esta actitud de duda a las obras de autores mercenarios. El jefe de este grupo es un orientalista inglés llamado Sir William Muier, quien dice: “El tema de la universalidad de la misión de Muhammad surgió luego de su muerte, ya que desde su nacimiento hasta su fallecimiento sólo se preocupó por exhortar a los árabes y nunca conoció otro sitio que Arabia”. Es manifiesto que este autor sigue la táctica de sus predecesores ingleses que, pese a la multitud de versículos coránicos que aseguran que el Profeta convocó a todos los hombres hacia el Islam y la Unidad divina, aseguran, tratando de tapar la verdad, que “él sólo convocaba a los árabes”. En lo que sigue damos una lista de las aleyas coránicas que son prueba de la universalidad de su mensaje (obsérvese -que las exhortaciones iniciales no dicen” ¡Oh árabes!”, sino” ¡Oh humanos!

“Dí: “! Oh humanos!, por cierto que soy el Mensajero de Dios para vosotros, de Aquel de quien es el Reino de los cielos y de la tierra”.” (7:158)

“Y no te enviamos sino como universal Mensajero, albriciador y amonestador para los humanos, pero la mayoría de la gente lo ignora” (34:28)

“A pesar de que este Corán no es más que un mensaje para todo el universo”. (68:52)

“Lo que te revelamos no es sino un mensaje y un Corán lúcido. Para amonestar al sensato y acreditar el castigo sobre los incrédulos”. (36:69/70)

“El fue quien envió a Su Mensajero con la guía y la verdadera religión para hacerla prevalecer sobre todas las religiones, aunque ello disguste a los idólatras”. (9:33)

Ante estas evidencias directamente extraídas del Corán, le preguntamos al autor inglés: ¿cómo puede afirmar que el tema de la universalidad del Islam surgió después de la muerte del Profeta, si el Corán refleja en sus aleyas una verdadera convocatoria universal? ¿Acaso estas aleyas y otras tantas, más los viajes de los compañeros del Profeta a los territorios más alejados de Arabia, y los textos de las cartas enviadas por Muhammad y que guardan los registros de la historia no son suficientes pruebas de la universalidad del mensaje? ¿Puede haber dudas de esto? Digamos, por si alguien todavía duda, que incluso se conservan en algunos grandes museos del mundo cartas manuscritas del Profeta (B.P.) a este respecto.

Este desvergonzado ignorante escribe: “Muhammad no conoció mas que Arabia (el Hiyaz)”, a pesar de que es bien sabido y aceptado que a los 16 años viajó a Sham (Damasco, Siria, sede de una milenaria cultura), y que también lo hizo en su juventud, cuando manejaba los viajes mercantiles de Jadiya.

A propósito de esta empecinación en negar la universalidad del Profeta, acotemos que cuando leemos en la historia de un joven griego de nombre Alejandro Magno, que anhelaba ser el emperador del universo, o bien de Napoleón Bonaparte, que tenía la misma intención, no nos sorprendemos ni nos resulta difícil de comprender. Pero este grupo de orientalistas, cuando lee que el Profeta del Islam invitó a su religión, por orden de Dios, a los dos grandes imperios de su época (con los cuales, por otra parte mantenía relaciones comerciales), lo consideran imposible e irreal.

LOS MENSAJES DEL PROFETA A LEJANAS TIERRAS

El Profeta del Islam planteó en una reunión de la shura (consejo de consulta conformado por los principales creyentes) el tema de la convocatoria universal, de la misma forma en que lo hacía cuando debía abordar temas importantes. Dijo un día a sus discípulos: “Mañana preséntense ante mí, quiero comunicarles un asunto de importancia”. A la mañana siguiente, tras realizar la oración del alba, exclamó: “Aconsejen a los siervos de Dios. A quien está a cargo de multitudes y no procura orientadas ni guiarlas, Dios le ha prohibido el Paraíso. ¡Levántense!, sean los mensajeros (del Islam) en el extranjero y hagan llegar a todos los hombres la voz del Tauhid (el monoteísmo). ¡Jamás se me opongan (en ésto), como se opusieron los discípulos de Jesús!”. Los compañeros entonces le preguntaron: “¿Qué fue lo que ellos hicieron?” Respondió el Profeta (B.P.): “El (Jesús) como yo ordenó a un grupo la transmisión del Mensaje divino. Los que debían viajar a sitios cercanos a sus moradas obedecieron, pero los que debían dirigirse a lugares alejados de las mismas desobedecieron.” Luego de este relato el Profeta envió a seis hombres hábiles y experimentados a los distintos puntos del mundo civilizado: Persia, Roma, Habashe (Etiopía), Egipto, Yemen, Bahrein y Jordania. Más adelante veremos algunos detalles de las cartas enviadas.

Cuando se dio fin a la escritura de las misivas, los que conocían las costumbres de las cortes de aquellos días indicaron al Enviado de Dios que las cartas debían ser selladas pues de lo contrario los reyes no las recibirían (el sello equivalía a nuestra firma actual). Según una orden del Profeta se mandó a hacer un anillo de sello de plata con la inscripción “Muhammad Rasulu-l-láh” (Muhammad, el Mensajero de Dios). La palabra Dios abarcaba la parte superior del anillo, debajo se encontraba la palabra “rasul” (mensajero), y por último la palabra “Muhammad”. Esta forma especial de inscripción se utilizó para evitar cualquier intentó de falsificación de misivas del Profeta. Una vez terminadas fueron envueltas, cerradas y selladas (con lacre, y la marca del anillo mencionado).

La situación del mundo en el momento del arribo de las cartas.

En aquellos días dos grandes imperios se disputaban el dominio universal, Y una larga historia de rivalidad y conflictos los separaba. La disputa entre Persia y Bizancio, el imperio romano de oriente, comenzó en la época de los Aqueménidas Y terminó en la de los Sasánidas. Oriente se encontraba bajo la hegemonía del imperio Persa. Las regiones del Irak, Yemen y parte del Asia menor constituían colonias persas. En cuanto al imperio romano estaba divido en dos bloques, uno oriental y otro occidental, por la división que en el 395 DC hiciera Teodoro el Grande, partiendo el imperio entre sus dos hijos. En el 476 DC. el imperio romano occidental fue desmembrado por las invasiones bárbaras del norte de Europa. En cambio el imperio romano oriental, cuya capital era Constantinopla, permanecía unido y tenía bajo su poder los territorios de Siria y Egipto. En el año 1453 Constantinopla fue tomada por el Sultán Muhammad II.

Arabia en la época del Profeta era un enclave entre ambos imperios, pero como no presentaba tierras fértiles y sus habitantes eran nómades incivilizados ninguno de ambos bloques tenía intenciones de dominada. Su soberbia, los conflictos que los enfrentaban y las continuas batallas que libraban, les impidieron darse cuenta de la gran transformación y revolución que estaba sufriendo Arabia. Jamás imaginaron que un pueblo como ese, lejano a la civilización, terminaría con ellos conducido por una nueva fe que, radiante como el sol, terminaría por iluminar sus propios territorios, oscurecidos por la opresión de siglos.

Si se hubieran percatado de la fuerza de semejante transformación, la habrían con seguridad eliminado desde un principio.

EL MENSAJE DEL ISLAM A LA ROMA ORIENTAL

El César, emperador del imperio romano de oriente, con sede en Bizancio, había hecho por entonces una promesa de que si su estado triunfaba sobre los persas, peregrinaría a pie hacia la sagrada tierra de Jerusalem. Una vez obtenido el éxito se dispuso a cumplir su promesa y partió a la tierra santa.

Por su parte Dahiah Kalbi fue designado por el Profeta para llevar el mensaje al César. Este hombre ya había realizado antes varios viajes a Siria y Damasco, y conocía bien el territorio. Su bello rostro y su buen carácter y educación lo hacían la persona apropiada para tal tarea. Antes de abandonar Siria para dirigirse a Constantinopla, más precisamente en Busra (centro de la provincia de Huran, una colonia bizantina), supo que el emperador había partido hacia Jerusalem. Dahia se contactó entonces con el gobernador de Busra y lo puso al tanto de su misión. El autor del libro Tabaqat (tomo 1, Pág. 259) escribe: “El Profeta (B.P.) había ordenado entregar la carta al gobernador romano de Busra para que él mismo se encargara de hacerla llegar al César, esto debido a que, o bien Muhammad sabía de su viaje (del César), o porque consideraba lo difícil de la travesía (hasta Constantinopla)”. Finalmente Dahia se entrevistó con el gobernador y éste encargó a Adi Ibn Hatam acompañar al mensajero del Profeta hasta donde estaba el César. En la ciudad de Homs se encontraron con el emperador. Cuando Dahia se disponía a entrar en la corte le fue indicado que debería prosternarse ante el César, pues de lo contrario, su carta no sería recibida. Dijo entonces: “He soportado las peripecias del viaje precisamente para erradicar estas falsas costumbres. Vengo de parte de un profeta llamado Muhammad para comunicarle al César que la adoración a los seres humanos debe ser eliminada y que sólo se debe adorar al Único Dios. ¿Acaso poseyendo tal creencia puedo prosternarme ante quien no es Dios?” La poderosa y firme lógica del mensajero los sorprendió. Un bondadoso cortesano le aconsejó entonces: “Puedes colocar la carta sobre la mesa del César, nadie más que él tiene acceso a las cartas. Cuando la lea solicitará tu presencia”. Dahia le agradeció el consejo y lo llevó a cabo. El César abrió luego la carta y le sorprendió mucho el encabezamiento que decía “Bismi-l-láh” (En el Nombre de Dios). Dijo: “No sé de otras personas que hayan encabezado de este modo más que el rey Salomón”. Luego pidió a su traductor que le leyera el contenido de la misma, y éste le leyó: “De Muhammad hijo de Abdullah a Harqul, Emperador de Roma. La Paz de Dios sea con los que siguen la verdadera senda. Te invito al Islam, islamízate para tu salvación y Dios duplicará tu recompensa (*). Si rechazas el Islam los pecados de los “arisi” (**) recaerán sobre ti. “Diles: ¡Adeptos del Libro!, venid y comprometámonos formalmente que no adoraremos sino a Dios, que no le atribuiremos nada y que no nos tomaremos, unos a otros, por amos en vez de Dios. Pero si rehusaran, decidles: ¡Reconoced que somos musulmanes!” (3:64)

El César pide informes sobre Muhammad.

El sagaz emperador vio la posibilidad de que el autor de la misiva fuera el Profeta anunciado por el Antiguo y Nuevo Testamento. Por tal motivo quiso recabar informaciones precisas acerca de su vida y prédica. Inmediatamente encargó a alguien que se dirigiera a Sham (Damasco) e hiciera averiguaciones a través de algún pariente o de alguien informado sobre Muhammad. Casualmente en esos días Abu Sufián y un grupo de quraishitas habían viajado a Sham por asuntos comerciales. El emisario del César se puso en contacto con ellos y los llevo al Palacio en que estaba el emperador en Jerusalem. Preguntó entonces Harqul, el emperador del imperio romano oriental: “¿Alguno de ustedes es pariente de Muhammad?” Abu Sufián respondió: “Yo soy su pariente”. Entonces el César le ordenó situarse frente a él, y al resto le pidió que se colocaran detrás, indicándoles que le avisaran cuando el jefe quraishita dijera alguna mentira. Luego le formuló a Abu Sufián las siguientes preguntas: “¿Cuál es la genealogía de Muhammad?”. “Sus ancestros fueron grandes y nobles”, respondió Abu Sufián. “¿Entre sus ancestros hubo alguien que dominara a los pueblos?”. “No, jamás”, fue la contestación. “¿Por ventura antes de comunicar su mensaje se cuidaba de la mentira?”. “Sí, era un hombre veraz”, respondió. “¿Qué clase de gente lo secunda y sigue?”. “La aristocracia se le opone, y los humildes y la clase media lo apoyan”, contestó. “¿Crece o decrece el número de sus adeptos con el correr de los días?”. “Su número crece día a día”, afirmó Abu Sufián. “¿Algunos de sus adeptos renegaron luego de haber creído?”. “No”, fue su respuesta. “¿Triunfa o fracasa en sus luchas contra el enemigo?”. “Unas veces triunfa y otras fracasa”, contestó.

El César dejó entonces de preguntar e indicó a su traductor que comunicara a Abu Sufián y a sus acompañantes que si lo que dijeron era cierto, se encontraban frente al último profeta anunciado por la Biblia. Y agregó: “Yo sabía que ese profeta iba a aparecer, pero no creí que pertenecería a la tribu de Quraish. Estoy dispuesto a humillarme ante él y a obedecerlo. Hasta sería capaz de lavarle los pies. Muy pronto su poder y su soberanía se extenderán sobre todo el imperio romano”. Un sobrino suyo entonces interrumpió para decir: “En la carta Muhammad anticipó su nombre al tuyo, querido tío”. Pero reprochándole el César le dijo: “Quien es visitado por el Ángel del Mensaje es más merecedor de que se anticipe su nombre”.

Narró Abu Sufián: “El inminente apoyo del César a Muhammad produjo desorden en la corte. Yo estaba enfurecido. No podía aceptar que la superioridad de Muhammad fuera tal que llegase a ser aceptada por los romanos. A pesar de que yo menosprecié a Muhammad antes de que el César comenzara el interrogatorio, diciéndole: ‘Muhammad es menos importante de lo que tú crees’, él no atendió a mis palabras y me sugirió que me limitara a responder a lo que él me preguntara”.

El efecto del mensaje en la persona del césar.

El César no se conformó con la información facilitada por Abu Sufián. Por eso comunicó el asunto a un sabio cristiano de Roma. Este sabio le aseguró que Muhammad era el mismo profeta que el universo estaba esperando. Más tarde, y con el propósito de conocer la opinión de los grandes del imperio, el César reunió a todos ellos en un templo.

Luego de leer el mensaje del Profeta les preguntó: “¿Están dispuestos a adherirse a su religión?”. En ese instante la reunión se convirtió en un caos. El César temió por su vida. De inmediato se puso de pie y a pesar de su sincera fe en el Islam, les dijo: “Mi propuesta la hice para probaros. Vuestra firmeza en el cristianismo es asombrosa, y al mismo tiempo admirable”. Luego envió por Dahia y le entregó una carta en la que reflejaba su gran fe y su sinceridad para con el Profeta, y además le envió un obsequio.

EL MENSAJE DEL PROFETA A LA CORTE DE PERSIA

En la época en que el Profeta envió sus misivas Persia estaba bajo la égida de Josrou Parviz. Era el segundo rey luego de Anu Shiravan. Asumió el trono 32 años antes de la Hégira. Durante todos esos años debió enfrentarse con acontecimientos gratos y desgraciados. Era un tiempo en que el poder de Persia estaba en desequilibrio. La influencia persa había llegado a abarcar el Asia menor y se extendió hasta Constantinopla. La cruz en la que según los cristianos había muerto Jesús y que tenía un carácter de reliquia sagrada para ellos, fue trasladada a Tisfún (Mada'en). El emperador de la Roma oriental sugirió la paz a Persia y envió un mensajero con el fin de establecer un acuerdo. El expansionismo sasánida había llegado a los mismos límites que el de la monarquía aqueménida. Posteriormente sin embargo, y a raíz de la arrogancia y el desenfreno de su gobernante, Persia quedó al borde del abismo. Los territorios que había dominado fueron librándose uno tras otro de su influencia. El ejército enemigo se adelantó hasta casi el corazón mismo del territorio persa, y por temor a los romanos Josrou Parviz huyó. Su vergonzoso proceder encolerizó al pueblo. Finalmente fue asesinado por su hijo Shiruieh. Los historiadores atribuyen la declinación del poder persa a la arrogancia, la soberbia y la vida licenciosa a que se entregó su rey y su corte. Si Josrou Parviz hubiera aceptado en cambio la propuesta del mensajero romano se habría preservado la influencia y el poder del país. Si la carta del Profeta, como veremos, no afectó en nada a Josrou Parviz, la causa no radicaba en la misiva ni en su portador o autor, sino en el mal carácter y bestial soberbia de este soberano que no le permitieron sopesar la invitación que le hacía el Mensajero de Dios. Las crónicas históricas nos narran que pese a que el traductor no había terminado de leer la misiva, a los alaridos Josrou Parviz la tomó y la hizo pedazos. Veamos los detalles del acontecimiento:

A principios del VII año de la Hégira el Profeta (B.P.) encomendó a uno de sus comandantes, Abdullah Ibn Hudhafa AI-Sahmí, hacer llegar su mensaje al rey de Persia. La traducción de la carta enviada es la siguiente: “En el Nombre de Dios, el Graciabilísimo, el Misericordiosísimo. De Muhammad el Enviado de Dios, a Kisra (Josrou), rey de Persia. La Paz de Dios sea con quienes buscan la verdad y creen en Dios y en su Enviado, y atestiguan que no hay dios sino Dios, que no tiene a El asociado, y cree que Muhammad es Su siervo y Enviado. Te convoco hacia Dios por una orden Suya. El es Quien me envió para orientar a la humanidad, para que la amoneste sobre Su ira, y para acabar con las excusas de los incrédulos. ¡Islamízate por tu salvación! Si te rehúsas, el pecado del pueblo zoroastriano recaerá sobre ti”.

Un elocuente poeta persa compuso la siguiente poesía inspirándose en la carta anterior y lo ocurrido:

“¡Incapaz que te llamas Josrou!

No seas egoísta porque el egoísta no ve.

Ten fe en Dios, el egoísmo no es ningún arte.

Atestigua que este universo tiene un Dios,

El mismo Dios que privilegió al ser humano sobre otras criaturas,

y mandó un amonestador para la humanidad.”

Cuando el mensajero del Profeta ingresó en la corte se le pidió que entregara la misiva que llevaba, pero éste manifestó que debía entregarla personalmente y así lo hizo. De inmediato Josrou solicitó un traductor y éste se presentó y leyó: “Es una carta de Muhammad, el Enviado de Dios a Kisra (Josrou), el rey de Persia”. Al escuchar esta frase el rey se enfureció y antes de que el traductor terminara su lectura la tomó y la rompió exclamando: “¡Miren lo que hizo ese hombre! ¡Poner su nombre antes que el mío!”, y de inmediato ordenó expulsar a Abdullah del palacio. El mensajero salió y se dispuso a partir hacia Medina. Cuando llegó le informó al Profeta de lo acontecido. Entristecido por su falta de respeto y soberbia el Profeta (B.P.) suplicó a Dios: “ ¡Dios mío! Derroca su reinado”.

La opinión de la ‘qubt'.

Ibn Uazih AI-Ajbarí, más conocido como Ia’qubí, expresa en su obra la siguiente opinión, que es contraria a las otras versiones en este asunto: “Josrou Parviz escuchó la lectura de la carta y muy respetuosamente envió al Profeta (B.P.) sedas y almizcle. Muhammad (B.P.) repartió el almizcle entre sus discípulos y agregó: ‘Las sedas no son lícitas para los hombres’. Luego acotó: ‘El Islam entrará a su tierra’.” (*) Sin embargo ninguna de las versiones del resto de los historiadores concuerda con este relato de Ia'qubi, salvo con lo escrito por Ahmad Ibn Hanbal, quien dice: “Josrou Parviz envió obsequios al Profeta”. (**)

La orden de Josrou Parviz al gobernador del Yemen.

El Yemen es un fértil territorio ubicado al sur de la Meca. Sus gobernadores fueron siempre designados por los reyes sasánidas. En aquella época lo gobernaba Bazán. Acicateado por su soberbia el rey sasánida envió al Yemen una carta que decía: “Me informaron que un hombre de la tribu de Quraish se hace llamar Profeta. Envía dos comandantes para que lo arresten y me lo traigan”. Y según lo relatado por Ibn Hayar en su libro “AI-Isabat”, Bazán ordenó a los comandantes obligar a Muhammad a volver a profesar el credo de sus ancestros, que si no lo hacía debían cortar su cabeza y enviársela. Obviamente esta orden muestra la escasa información que manejaba ese gobernador, pues ignoraba que desde hacía seis años el Profeta había emigrado de la Meca a Medina, y además que no era posible que sólo dos comandantes pudieran arrestar a una persona que aseguraba tener tal misión y que buscaba expandirla por todo el mundo.

Munidos de la orden, los dos comandantes de nombres Firuz y Jarjasré partieron rumbo al Hiyaz. Al llegar a Taif se pusieron en contacto con un quraishita que les informó que el hombre que buscaban residía ahora en Medina. Se dirigieron entonces a Medina y al llegar allí entregaron la carta de Bazán al Profeta (B.P.) diciéndole: “Por orden de la corte, somos encargados de llevarte con nosotros. Bazán informará de esto a Josrou Parviz y ello le dará satisfacción. De lo contrario la guerra se desatará entre vosotros y nosotros y el poder de Persia los aniquilará”. El Profeta (B.P.) escuchó sus palabras con tranquilidad y antes de responderles los invitó al Islam. La tolerancia y el porte majestuoso del Profeta los sorprendieron y atemorizaron. Cuando fueron invitados al Islam sus cuerpos comenzaron a temblar. Luego les dijo el Profeta (B.P.): “Hoy pueden irse... Mañana les daré una respuesta”. En ese preciso momento el ángel de la revelación informó al Profeta del asesinato de Josrou Parviz. Al día siguiente cuando se volvió a entrevistar con los mensajeros les dijo: “El Creador del universo me ha informado que anoche el rey de Persia fue asesinado por su hijo Shiruieh, y que éste asumió el gobierno”. Esa noche fue la del lunes 9 de Yumada Al-Ula (año VII de la Hégira).

Al escuchar esta noticia los comandantes se horrorizaron y sorprendieron y no atinaron sino a decir: “La responsabilidad de estas palabras tuyas es mayor que la de atribuirse la profecía que encolerizó al rey”. Y luego continuaron: “Estamos obligados a comunicarle a Bazán lo que acabas de decimos, él mismo se encargará de informarle al rey”.

El Profeta (B.P.) les dijo: “Me parece bien que se lo informen. Y díganle que mi religión y mi poder llegarán a los sitios a los que lleguen los más veloces vehículos, y que si adhiere al Islam su gobierno permanecerá intacto”. Luego, y para estimularlos y mostrarles su buena disposición y generosidad les obsequió bellos cinturones trabajados en oro y plata que le habían sido regalados a su vez por los jefes de algunas tribus. Partieron ambos mensajeros del gobernador del Yemen hacia su país y al llegar informaron a Bazán de lo dicho por Muhammad. Enterado dijo: “Si es verdad lo que dice de seguro es un profeta divino y debemos seguirlo”. No mucho después llegó una carta de Shiruieh al Yemen que decía: “Entérate que maté a Josrou Parviz. La ira de mi pueblo fue lo que me instó a ello. Había asesinado a la nobleza de Persia y enemistado entre sí a los poderosos. Cuando mi carta llegue a tus manos pide al pueblo que le otorgue su consentimiento. Y jamás maltrates al hombre que se llama profeta y al cual mi padre repudió, hasta tanto no te llegue una orden de mi parte”. La carta de Shiruieh preparó el terreno para la islamización de Bazán (y luego del Yemen). Al tiempo éste notificó a la corte de Persia su conversión al Islam y la de sus funcionarios.

EL MENSAJE DEL ISLAM A EGIPTO

El territorio egipcio, cuna de antiguas civilizaciones, tierra de los imperios faraónicos y asiento más reciente de los coptos cristianos, había perdido su independencia en la época en que surgió el Islam en el Hiyaz. Muqauqas había aceptado del emperador romano de Constantinopla la responsabilidad de administrar el gobierno egipcio a cambio de 19 millones de dinares anuales.

Hátib Ibn Abi Balta'a, un fuerte y hábil caballero que protagonizaría luego un conocido suceso de la historia del Islam que luego veremos, fue uno de los seis mensajeros designados por el Enviado de Dios, precisamente el encargado de dirigirse a Egipto. La traducción de la misiva que portaba para Muqauqas, gobernador de Egipto, es la siguiente: “En el Nombre de Dios, Graciabilísimo, Misericordiosísimo. De Muhammad, hijo de Abdullah, a Muqauqas, jefe de los coptos: La Paz de Dios sea con los que siguen la verdadera senda. Te invito al Islam, acéptale, por tu salvación! (de la cólera divina). Islamízate para que Dios te conceda doble recompensa. Si rehusaras los pecados de los coptos recaerán sobre ti. “Diles: ¡Adeptos del Libro!, venid y comprometámonos formalmente que no adoraremos sino a Dios, que no Le atribuiremos nada y que no nos tomaremos, unos a otros, por amos en vez de Dios. Pero si rehusaran, decidles: ¡Reconoced que somos musulmanes! (3:64)”.

Hatib partió rumbo a Egipto. Cuando llegó se le informó que el gobernador permanecía en un palacio ubicado en un muelle en Alejandría. Se dirigió allí y procurándose un bote pudo llegar hasta el palacio. El gobernador lo recibió, abrió la carta y la leyó. Luego de meditar un rato levantó su rostro e interrogó: “Si Muhammad es verdaderamente un Enviado de Dios, ¿por qué sus opositores pudieron expulsarlo del lugar donde nació y debió alojarse en Medina? ¿Por qué no los maldice para que su Señor los aniquile?” El inteligente mensajero musulmán respondió: “Jesús también fue un profeta de Dios, tú aceptas su mensaje. Sin embargo cuando los hijos de Israel tramaron su muerte, ¿por qué Jesús no los maldijo para que su Señor los aniquilase?”

El gobernador, que no esperaba semejante respuesta, se rindió ante esta sabia lógica y admirado dijo: “Excelente. Eres un sabio que vino de parte de un sabio”. Hatib comenzó a hablarle del Islam diciendo: “Antes de vosotros este país estuvo dominado por el Faraón que se consideraba un dios, pero Dios lo derrotó para que su vida sirviera de ejemplo para vosotros. Por todo eso debéis tratar de que no ocurra lo mismo con vosotros. Nuestro Profeta nos convocó hacia una religión inmaculada. La tribu de Quraish luchó encarnizadamente contra él y el pueblo judío se alzó con peculiar rencor. Los más cercanos a él son sin embargo los cristianos. ¡Juro por mi vida que del mismo modo que Moisés anunció la profecía de Jesús, Jesús albrició la profecía de Muhammad! Os exhortamos a uniros a la divina religión del Islam y al Sagrado Corán, del mismo modo que vosotros exhortasteis a la gente de la Torá hacia la Biblia... Los pueblos que oyen la convocatoria de un profeta tienen la obligación de seguirlo. Yo he traído el mensaje de este profeta a tu tierra, y tú y tu pueblo deben seguir sus pasos. No os exhorto de ninguna manera a abandonar el cristianismo, más bien os aconsejo seguir el din del Islam que constituye la continuación y corroboración de la prédica de Jesús.”

La entrevista terminó sin que el gobernador diera una respuesta definitiva. Hatib debió aguardar unos días, y finalmente Muqauqas solicitó hablarle a solas para que le diera detalles sobre el Islam. El mensajero explicó: “Muhammad convoca a los hombres a adorar a un Unico Dios, les ordena orar cinco veces al día, ayunar en el mes de Ramadán, visitar la Casa de Dios, cumplir las promesas, abstenerse de consumir carroña, sangre...”Y continuó dándole detalles de la vida del Profeta. Entonces el gobernador dijo: “Lo que me acabas de decir demuestra la veracidad del mensaje. Yo sabía que el sello de los Profetas aún no había aparecido, pero siempre creí que surgiría en Sham (Siria y Palestina), la tierra de aparición de los profetas, y no en el Hiyaz. ¡Mensajero de Muhammad! Ten certeza de que si acepto vuestra doctrina el pueblo de los coptos no me acompañará. Espero no obstante que algún día el poder del Profeta se extienda hasta las tierras de Egipto, y que sus fieles se afinquen en nuestra tierra, que se apoderen de los poderes locales y que derroten a las creencias paganas. Te ruego que mantengas en secreto esta conversación que acabamos de tener: que ninguno de los coptos se entere de esto.”

Muqauqas escribe una carta al Profeta (B.P.).

El gobernador de Egipto ordenó a un traductor escribir en árabe la siguiente carta al Profeta (B.P.): “Esta es una carta destinada a Muhammad, hijo de Abdullah, de parte de Muqauqas, el grande de Qubt. La paz sea contigo. He leído tu mensaje, comprendido tu intención y descubierto la veracidad de tu invitación. Sabía que un Profeta aparecería pero creí que lo haría en Sham. He venerado la llegada de tu emisario.” Luego menciona los obsequios que le envía y culmina repitiendo la frase que dice: “La paz sea contigo”.

El respeto de Muqauqas para con el Profeta, el que hiciera preceder el nombre de éste al suyo propio en la carta, y la deferencia con que trató a su emisario, demuestran que en su interior él había aceptado la exhortación. No obstante el amor por el poder le impidieron manifestar su fe y ponerla en práctica.

Hatib ingresó a Sham acompañado y protegido por un grupo de soldados de Muqauqas. Más tarde se despidió de ellos y se dirigió a Medina en una caravana. Al serle entregada la carta el Enviado de Dios dijo: “El teme perder su poder y por eso no aceptó el Islam. Pronto sin embargo ese poder se le desvanecerá”.

Mugairat Ibn Shu'bat en la corte de Egipto.

Este hombre, que posteriormente adquiriría notoriedad en los acontecimientos políticos de Arabia, conocido por su habilidad, su inteligencia y experiencia, partió hacia Egipto junto a un grupo de los miembros de la tribu de Zaqif. El gobernador egipcio al recibirlos les preguntó: “¿Cómo lograron llegar a Egipto si el camino está ocupado por las fuerzas del Islam?” Respondieron: “Vinimos por el mar”.

“¿Cómo respondió la tribu de Zaqif a la exhortación de Muhammad?”, interrogó Muqauqas. “Ninguno de nosotros ha aceptado su religión”, le respondieron. “¿Y que hay de la propia tribu de Muhammad?”, inquirió el gobernador. “Los jóvenes de Quraish han sido cautivados por su palabra y su doctrina, pero los mayores han rehusado aceptarlo”, respondieron los viajeros. “¿Pueden relatarme brevemente algo de su religión?”, pidió. Mugaira explicó entonces: “Nos invita a adorar un Dios Único, y rechazar a nuestros grandes ídolos. Ordena orar, pagar el diezmo, ser bondadoso con los parientes, ser fieles a los pactos, alejarse del adulterio, el alcohol y la usura...”

Entonces afirmó Muqquqas: “Sepan, gente de Zaqif, que Muhammad es un profeta que vino de parte de Dios para orientar a la humanidad. Si su mensaje llega a territorio de coptos y romanos, sus habitantes lo seguirán. Jesús fue quien ordenó seguirlo. Lo que vosotros me relatáis de la enseñanza de Muhammad no es ni más ni menos que la prédica de los profetas que le precedieron. Al final el poder estará en sus manos y nadie se atreverá a enfrentarlo”. Las palabras del gobernador enfurecieron a Mugaira y sus acompañantes y con total soberbia y desvergüenza dijeron: “No lo aceptaremos aunque toda la humanidad decidiera aceptarlo”. Acotó entonces el gobernador: “No razonáis sino como niños”.

Una objeción a lo recién trascripto.

El suceso que acabamos de mencionar no concuerda con el resto de los documentos históricos en un punto, pues si tenemos en cuenta que la convocatoria del Profeta a los reyes tuvo lugar en el VII año de la Hégira y que Mugaira se había islamizado en la batalla de los confederados, teniendo el honor de acompañar luego a los musulmanes en Hudhaibiiah, llegaremos a una contradicción. Inclusive hay referencias que dicen que mantuvo una discusión con Uruat Ibn Masud., representante de Quraish, delante del Profeta, justamente durante las gestiones sobre el acuerdo de Hudhaibiiah. En el caso de que el relato anterior fuese verdadero, deberíamos omitir de él la participación de Mugaira.

Una versión errónea de la carta a Egipto.

Uaquidí ha transmitido un texto diferente de la carta a Egipto que el que traducimos más arriba, pero no se asienta en una base correcta pues asegura que en ella el Profeta amenazó a Muqauqas diciéndole: “Dios me ha ordenado difundir Su religión, y si no la aceptas, lucharé contra vosotros”. (*) Esta frase no tiene fundamento ya que los recursos de los musulmanes en aquellos días eran tan escasos que ni siquiera podían enfrentarse contra los mequinenses, ¿cómo habrían de hacerlo contra Egipto? Por otra parte el modo de expresarse no coincide con el del Profeta y su exhortación tolerante, ni con las otras misivas.

EL MENSAJE DEL PROFETA A ETIOPIA

Etiopía se halla ubicada en el Africa oriental, siendo su capital actual Adis Abeba. Era una región ya conocida por los árabes antes del Islam por más de un siglo, debido tanto al ataque de Persia durante el reinado de Anu Shiravan como por la posterior emigración de los musulmanes de la Meca. Ámru Ibn Umaiiah AI-Dhamri fue el encargado de llevar el mensaje del Profeta (B.P.) al Negus, rey de Etiopía. Esta misiva no obstante no era la primera que le remitía el Profeta, pues como ya vimos, anteriormente le había escrito para hablarle de los emigrados a esas tierras y pidiéndole su apoyo para ellos.

El día en que este mensajero al rey de Etiopía partió todavía permanecían algunos emigrados musulmanes en esas tierras, otro grupo en cambio había retornado estableciéndose en Medina, pero guardaban dulces recuerdos de aquel justo monarca. La tierra de Etiopía estaba llena de recuerdos para los musulmanes que allí se habían refugiado y su rey era considerado un líder veraz y justiciero. Si en la carta del Profeta (B.P.) descubrimos un trato especialmente amable y delicado es porque ya conocía su personalidad. En las misivas a otros reyes el Profeta los amenazaba con el castigo divino recordándoles que si no creían los pecados de sus pueblos pesarían sobre ellos. Pero en cambio en esta carta al Negus no encontramos signos de amenaza. Esta es la traducción: “En el Nombre de Dios, Graciabilísimo, Misericordiosísimo. Esta es una carta de Muhammad, el Enviado de Dios, a Nayyashí (Negus), rey de Etiopía. La paz sea contigo. Creo en el Dios que no tiene asociados a El. El Dios que es Rey, Santísimo, Salvador, Protector, Celador: Atestiguo que Jesús, hijo de María, es el Espíritu y la Palabra de Dios con que agració a María; la pura, la inmaculada. Con el mismo poder que creó a Adán, Dios creó a Jesús en el vientre de su madre, él no tuvo padre. Te exhorto a creer en un Dios Único, sin asociados. Te pido que obedezcas e intentes seguir mi credo. Cree en el Dios que me envió con el Mensaje. ¡Rey de Etiopía!, ten por seguro que soy el Enviado de Dios. Te convoco a ti y a tus huestes a aceptar al Dios Único, Majestuosísimo. A través de esta carta cumplo con mi obligación. La paz sea con quienes siguen la guía.”

Como podemos observar el Profeta comienza su carta saludando al Negus, en otras en cambio lo hace de manera general. Esa actitud muestra el especial respeto que le tenía. Muhammad habla en la misiva de algunos Atributos divinos, y luego rechaza la idea de Jesús como dios, que es un engendro de los viles intereses de la iglesia. También compara el nacimiento de Jesús con la creación de Adán y afirma que si no tener padre significa ser hijo de Dios o Dios mismo, también Adán debería serlo. Sin embargo no existe semejante idea respecto del primer hombre. Finalmente el Profeta (B.P.) pone a la carta un epílogo con consejos, y de esta forma evita ubicarse a sí mismo como alguien superior (lo que podría interpretarse como soberbia).

La entrevista del mensajero del Profeta con el Negus.

El mensajero del Profeta (B.P.) visitó al rey y le dijo: “Soy responsable de hacerte llegar una carta de mi líder. Sé que tu bondad te permitirá atenderme, ¡Oh rey justiciero! Tu ayuda y tu preocupación por los inmigrantes musulmanes perseguidos son inolvidables. Tu proceder nos satisfizo de tal forma, que te consideramos de los nuestros y confiamos en ti como si fuésemos tus compañeros. El Libro divino en el cual crees, la Biblia, es testigo firme e indubitable. Es como un juez justo que no oprime y que atestigua con énfasis la profecía de nuestro Enviado. Si lo siguen, sepan que alcanzarán una gran felicidad, pero si no lo siguen, sepan que su ejemplo será el mismo ejemplo de los judíos, que no aceptaron el cristianismo porque abrogaba al judaísmo. El Islam, al igual que el cristianismo, es abrogante, o mejor: es complemento (que corrobora y lleva a su exaltación a) las religiones anteriores”. El rey dijo entonces: “Atestiguo que Muhammad es el mismo Profeta que aguarda la gente del Libro. Creo que así como Moisés anunció la venida de Jesús, Jesús también dio los signos del sello de los Profetas. Estoy dispuesto a predicar esta profecía en todo mi pueblo, pero como aún el terreno no está preparado y mi poder no es grande, debemos esperar a que los corazones se vuelquen al Islam masivamente. Si me fuese posible me apresuraría a visitar al Profeta”. Y más tarde escribió la siguiente carta para el Enviado de Dios (B.P.): “En el Nombre de Dios, Graciabilísimo, Misericordiosísimo. Esta es una carta dirigida a Muhammad de parte de Nayyashí. La paz del Dios que no tiene asociados y que me orientó hacia el Islam sea contigo. Leí tu carta que hablaba de la profecía y de la igualdad de Jesús con el resto de los Profetas. Juró por Dios, Creador de los cielos y de la tierra, que lo que dices es la pura verdad, y no existe objeción alguna que pueda refutar tu afirmación, y si la hubiera no la compartiría. Me di cuenta de la veracidad de tu religión y por ello accedí a lo que me pidieron vuestros emigrados. A través de esta carta atestiguo que eres el Enviado de Dios, y el veraz que corrobora los libros sagrados. Te hago saber que pronuncié mi testimonio frente a tu primo (Ÿa‘far Ibn Abi Talib). Envío a mi hijo Rarha para que te haga llegar éste mi mensaje. Debes saber que no me hago responsable de la islamización del resto de mi gente. Iré hacia ti si es que me lo ordenas. La paz sea contigo, Enviado de Dios.” El Negus le envió con la misiva bellos obsequios. Al tiempo Muhammad le escribió dos veces más.

CARTAS DE MUHAMMAD A SHAM Y IAMAMAH

Quizás desde el punto de vista de los pensadores y políticos de aquellos días la convocatoria del Profeta a poderosos reyes y gobernantes constituía una actitud insólita. Sin embargo el transcurso del tiempo y los acontecimientos confirmaron el valor de esa obligación que el Profeta debió llevar a cabo.

Mal que les pese a los orientalistas, el envío de estos seis mensajeros hacia diferentes lugares del- mundo conocido cerró el camino de la duda a los detractores del futuro. Considerando este acontecimiento ya nadie puede dudar de la universalidad del Islam. Luego de las aleyas que explícitamente declaran la universalidad del Mensaje islámico, el envío de estos mensajeros constituye sin duda la principal prueba en este sentido.

En segundo lugar debemos decir que la mayoría de los destinatarios, excepto Josrou Parviz que era un déspota arrogante, se impresionaron por las cartas y recibieron a los emisarios con gran respeto. A partir de entonces la aparición del Profeta árabe se transformó en el eje de las conversaciones y discusiones en reuniones religiosas. Las cartas tuvieron el efecto de despertar del letargo y la somnolencia espiritual a muchos, de sacudir a los desatentos y aumentar la curiosidad por conocer más de aquél que era anunciado en la Torá y el Evangelio.

Los sabios de otras religiones, los sacerdotes y los rabinos sinceros se comunicaron con el Profeta de distintos modos. A raíz de estas misivas y la difusión e interés que provocaron gran cantidad de delegaciones religiosas se dirigieron a Medina en los últimos años de la vida del Profeta, e incluso tras su fallecimiento. Todo con el fin de analizar de cerca los signos de esta nueva doctrina y revelación divina. En los parágrafos anteriores nos hemos referido a los efectos causados por las cartas en la persona de los reyes; veamos ahora las consecuencias que tuvo la misiva al rey de Etiopía.

Tras la partida del mensajero de Muhammad, el Negus envió 30 sacerdotes a Medina con el propósito de hacerles conocer la veracidad del Islam; y la humilde y sencilla vida que llevaba el Profeta (B.P.). Con este proceder procuraba evitar que imaginaran que el Enviado de Dios vivía en palacios como si fuese un rey. La delegación visitó al Profeta y le pidió su opinión acerca de Jesús. Muhammad recitó una de las aleyas de la sura La mesa servida (5) que dice: “Y de cuando Dios diga: ‘!Jesús, hijo de Maria, acuérdate de mis mercedes para contigo y para con tu madre; cuando te conforté con el espíritu de la santidad; cuando hablabas con la gente, tanto en la infancia como en la madurez; cuando te enseñé la escritura y la sabiduría, la Biblia y el Evangelio, y de cuando con mi beneplácito plasmaste con barro algo semejante a un pájaro, y alentando en él se transformó, con mi anuencia, en un pájaro viviente. Cuando con mi beneplácito curaste al ciego de nacimiento y al leproso. Cuando con mi beneplácito resucitaste los muertos; cuanto contuve a los israelíes cuando les presentaste las evidencias y, los incrédulos de entre ellos decían: ‘Esto no es más que pura magia’.” (5:110)

Mientras oían la recitación, los ojos de los sacerdotes se llenaban de lágrimas. Tras completar una prolija investigación respecto de la exhortación del Profeta (B.P.) los sacerdotes regresaron a Etiopía y relataron lo ocurrido a su rey. Al igual que ellos el Negus comenzó a llorar cuando escuchó la lectura de la aleya coránica citada.

Ibn Azir relata este viaje de distinto modo. Dice: “Los integrantes de aquella delegación se ahogaron en el mar. El Profeta le escribió a Nayyashí una carta en la que le manifestaba sus condolencias”. No obstante el texto de la carta que este autor menciona no contiene ningún tipo de manifestación de dolor o condolencias (Cfr. Asadul Qabah, tomo 11, página 62).

LA CARTA AL JEFE DE GASSAN

Gassan era una rama de la tribu de Azud, a su vez perteneciente a la tribu de Gaftán, que permaneciera durante mucho tiempo en tierras del Yemen. Sus cultivos eran regados por el dique Ma'rab, pero luego de su destrucción esta tribu se vio obligada a salir de allí para dirigirse a Sham. Su gran influencia había impresionado a los nativos de aquellas tierras (Sham). Finalmente lograron constituir el gobierno de los gassaniiah, que se encontraba bajo la égida de los césares orientales. Cuando el Islam los destituyó, 32 hombres habían ya gobernado en las regiones de Youlan, larmuk y Damasco. Shuya' Ibn Vahb Al-Asadi fue uno de los seis mensajeros y el encargado de llevar la misiva a Haris Ibn Abi Shamr, rey de Gassán en Sham (Siria).

Al llegar a destino el mensajero supo que el gobernante se disponía a recibir al César, quien en cumplimiento de una promesa se dirigía a tierra santa. El enviado debió aguardar unos días hasta que el gobernante le concediera audiencia. Durante ese lapso entabló amistad con el jefe de ceremonias de la corte. Le habló de la vida del Profeta y su inmaculada enseñanza lo que produjo una extraordinaria revolución espiritual en esta persona. Sin advertirlo al hombre le brotaban lágrimas de los ojos. Decía: “Leí la Biblia en profundidad y también de las virtudes del último Profeta. Ahora creo en él, pero temo que Haris me mate pues teme al César. Aún cuando creyera en tus palabras no podría manifestar su fe pues él y todos sus predecesores han sido siempre súbditos del emperador”. El mensajero fue finalmente recibido por el rey vasallo quien estaba sentado en su trono y llevaba sobre su cabeza una corona. Shuya' le entregó la carta que decía: “En el Nombre de Dios, Graciabilísimo, Misericordiosísimo. Esta es una carta de Muhammad el Enviado de Dios a Haris Ibn Abi Shemr. La paz de Dios sea sobre quienes siguen la guía, que es orientación para los creyentes. ¡Haris! te exhorto a creer en un Dios Único sin asociados a El. Si te islamizas tu poder prevalecerá”. Esta última frase enfureció a Haris y exclamó:

“Nadie puede privarme del poder. Voy a apresar a ese profeta recién aparecido”. Posteriormente y con el propósito de atemorizar al mensajero alardeando con su poder militar, ordenó a su ejército desfilar ante él. Más tarde escribió al César una carta muy ostentosa en la que se refería al Profeta. Casualmente la misma llegó a destino cuando el César se encontraba frente a otro de los emisarios del Profeta, y cuando, procuraba conocer más acerca de la nueva religión. El César se irritó por el modo desconsiderado con que Haris había tratado al mensajero y le escribió: “¡Retráctate y visítame en Día! (Jerusalem)” Y siguiendo el refrán que dice “un pueblo cree en la religión de su rey”, Haris cambió de actitud para con Shuya', le hizo algunos obsequios y le comunicó: “Envíale mis saludos al Profeta y dile que soy uno más de sus reales servidores”.

Muhammad (B.P.) no dio mayor importancia a la diplomática respuesta de aquel hombre y advirtió: “En un futuro no muy lejano los eslabones de su poder se desligarán”. Un año más tarde Haris murió.

EL MENSAJERO A IAMAMAH

El último mensajero arribó al lamamah, región situada entre Nayd y Bahrein, y entregó el mensaje a su gobernante, Huzat Ibn Ali AI-Hanafí. El texto decía: “En el Nombre de Dios, Graciabilísimo, Misericordiosísimo. La paz de Dios sea sobre quienes siguen la guía. Sabe que mi din (religión y doctrina) se extenderá hasta los sitios a los cuales lleguen los más veloces vehículos. Llegará a oriente y a occidente. Islamízate por tu salvación y para que tu poder prevalezca”.

Dado que el gobernante de lamamah era cristiano el emisario elegido para la misión fue un musulmán que había vivido largo tiempo en Etiopía y que conocía por lo tanto el pensamiento y las diferentes sectas del cristianismo. Su nombre era Salit Ibn Amru, y había emigrado a Etiopía en la época en que los idólatras perseguían en la Meca a los musulmanes. Las enseñanzas del Islam y su contacto con los diferentes estratos de la sociedad lo habían convertido en un hombre sabio y valiente. Sorprendió e impresionó al gobernante de lamamah cuando dijo: “Grande es aquel que percibe el deleite de la fe y la devoción. Esfuérzate para que tu pueblo obtenga la felicidad durante tu gobierno. Te convoco a lo mejor y te exhorto a que te abstengas de lo ilícito, a adorar a un Único Dios y a no adorar a Satanás ni a tus pasiones. El resultado de mis dos primeras exhortaciones es el Paraíso, y el de las dos últimas, el Fuego infernal. Si no sigues mi exhortación espera entonces que el velo sea descubierto y aparezca el rostro de la verdad.” La expresión reflexiva del gobernante demostraba que las palabras del emisario estaban surtiendo efecto en su alma. Pidió luego un plazo para reflexionar en el mensaje. Afortunadamente en esos días uno de los obispos de Roma arribó a lamamah. El gobernador se comunicó con él y le habló del asunto. El obispo le preguntó: “¿Por qué te rehusaste a confirmarlo?”. “Porque temo la finalización de mi poder”, fue la respuesta. “Es conveniente que sigas sus pasos”, aseveró el sacerdote. “Este es el mismo profeta árabe anunciado por Jesús. En la Biblia está escrito que Muhammad es el Enviado de Dios”. Esta sugerencia del religioso fortaleció la decisión del gobernador. Muy pronto mandó por el emisario y le escribió al Profeta (B.P.) una carta que decía: “Me has convocado al más bello de los credos. Soy poeta y locutor de mi pueblo. Poseo una buena reputación entre los árabes, y estoy dispuesto a seguirte con la condición de que me hagas participar con algún nombramiento”. Envió también una delegación presidida por Mayahat Ibn Mararah con un comunicado que decía que si luego de su muerte (la del Profeta) el poder pasaba a sus manos, estaría dispuesto a adherir al Islam y a secundario. En caso contrario estaba decidido a entrar por la puerta de la lucha. La delegación visitó al Profeta y sus integrantes dieron testimonio de fe sin imponer ninguna condición. El Profeta (B.P.) dijo entonces respondiendo al mensaje de aquel gobernante: “Si su fe es condicionada no merece gobiernos ni jefaturas. Dios nos pondrá a salvo de su maldad”.

Otras cartas del Profeta (B.P.)

Las cartas que el Profeta (B.P.) envió a reyes, gobernadores y otras personalidades de su época fueron muchas más que las que aquí hemos mencionado. Actualmente los investigadores han llegado a reunir en sus obras 29 de ellas, pero en atención a la brevedad creemos suficiente lo que ya hemos expuesto.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

Todos derechos reservados. Se permite copiar citando la referencia.

www.islamoriente.com , Fundación Cultural Oriente


* Es decir: te dará la tuya y la de quienes se islamicen bajo tu poder.

** Los historiadores discrepan sobre el significado de esta palabra. Unos dicen que significa “grupo de cortesanos”, otros “agricultores o campesinos”, ya que la mayoría de. los habitantes del imperio por entonces se dedicaban a la agricultura; y una tercera opinión afirma que esa era la denominación de una tribu en especial.

* “Historia de Ia'qubí”, tomo n, página 62.

** “Al-Musnad”, de Ahmad Ibn Hanbal, página 96.

* “Futuhu-sh-sham”, tomo 11, Pág. 23.

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Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Tue, 17 Oct 2023 - 10:53
By admin , 16 October 2023

Historia del Islam en el VII año de la hégira - El desmoronamiento de las trincheras judías y la conquista de la fortaleza Jaibar

Historia del Islam en el VII año de la hégira - El desmoronamiento de las trincheras judías y la conquista de la fortaleza Jaibar

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

UN PELIGRO LATENTE

Desde el día en que la luminosa estrella del Islam comenzó a brillar sobre Medina el pueblo judío se embanderó entre sus enemigos, con más encarnizamiento aún que los propios quraishitas. A partir de ese momento se empeñaron en destruir a los musulmanes pergeñando diversas maquinaciones. Estos judíos habitantes de Medina vieron sin embargo frustrados sus planes y sufrieron una humillante derrota. Algunos fueron ejecutados y el resto, como las tribus de Banu Qanuqa y Banu Nadir fueron expatriados, emigrando a Jaibar, Uadiul-Qura y Azra-At Sham. En cuanto a Jaibar, era un valle extenso y fértil, situado al norte de Medina, aproximadamente a 180 Km. Ya antes de la misión profética de Muharnmad (B.P.) el pueblo judío había construido allí siete fortalezas. El fértil terreno los hizo prosperar y adquirieron gran experiencia en agricultura, así como poder, riqueza y armas. Antiguos censos hablan de unos 20.000 habitantes en la zona, entre los cuales había un buen porcentaje de experimentados soldados.

Desde allí el pueblo judío instigaba a las tribus árabes con sus intrigas para tratar de erradicar al Islam de Arabia. En su momento, como vimos, patrocinaron al ejército árabe en la guerra de los confederados. Esta traición y el peligro latente de otras nuevas hizo que el Profeta (B.P.) decidiera desarmarlos y acabar con su poder e influencia en la zona. Todo hacía prever que de lo contrario, en la primera oportunidad volverían a instigar y patrocinar el ataque de los idólatras, repitiéndose los difíciles acontecimientos de la guerra del foso. Y esto porque el fanatismo y la rivalidad judía era mayor aún que el interés de los quraishitas en la idolatría. Estos últimos como muchos árabes idólatras, pese a su ceguera e ignorancia, se habían islamizado por miles, pero ni un solo judío estaba dispuesto a abandonar su religión.

Otro factor que movió al Profeta (B.P.) a quebrar definitivamente el poder de Jaibar fueron los mensajes que envió a Cosroes, al César y a otros reyes. Enterados estos poderosos de la existencia del Islam y disconformes con él decidieran perjudicarlo aprovechando la aversión y rivalidad del pueblo judío, máxime si se tiene en cuenta que a menudo los judíos colaboraban con esos imperios y reinos cuando se libraban guerras. Por otra parte también era probable que los mismos judíos instigaran, mediante intrigas, a esos poderosos reyes a luchar contra el Islam como ya lo habían hecho con los idólatras árabes.

Todo lo expuesto hizo que el Profeta (B.P.) considerara indispensable destruir ese peligro latente. Y ese era el mejor momento para hacerlo, pues el Islam estaba seguro, merced al pacto de Hudhaibiiah, de posibles ataques desde el sur (de la Meca y Quraish), y también de que, por el mismo tratado, los judíos no recibirían auxilio de los idólatras. En cuanto a evitar el auxilio que podía recibir Jaibar de las tribus del norte, como la rama de Gatfán (que colaboró con los judíos en la guerra de los confederados), el Profeta urdió un plan al que nos referiremos más adelante.

El Enviado de Dios (B.P.) ofreció en consecuencia los preparativos para tomar los últimos centros judíos en Arabia, y destacó: “Sólo podrán tener el honor de participar en esta guerra quienes hayan participado en el pacto de Hudhaibiiah. El resto podrá sumarse voluntariamente pero no recibirá los trofeos” Antes- de partir el Profeta nombró su representante en Medina a Guila Laisí y entregó una bandera blanca a Alí; finalmente se puso en marcha el ejército. Para que la expedición acelerara el ritmo de marcha Amr Ibn Akua', el cuidador de la camella del Profeta, recitaba los siguientes versos: “Por Dios que si no hubiera sido por los favores divinos, nosotros seguiríamos extraviados. No daríamos limosna ni oraríamos. Somos un pueblo que no se somete a la opresión. ¡Dios nuestro! Danos paciencia y tolerancia y afirma nuestros pasos”. Esta poesía motivaba lógicamente a los expedicionarios, y sus versos agradaron al Profeta quien suplicó por Amr. Este luego alcanzaría el martirio en esa lucha.

Durante el transcurso del viaje Muhammad (B.P.) trató de ocultar su objetivo para poder sitiar las fortalezas por sorpresa, antes de que el enemigo pudiera adoptar cualquier tipo de medida, y para que sus aliados creyeran que serían ellos los atacados, y de ese modo permanecieran, a modo de prevención, dentro de sus propias fortalezas. Tal vez un grupo creyó que el propósito del Profeta era atacar las tribus de Gatfán y Fazzara, aliadas de los judíos en la guerra de los confederados. Pero cuando el Profeta (B.P.) al mando de sus hombres alcanzó el desierto de Rayi‘ se desvió por la ruta que lo llevaría a Jaibar. Esta misma ruta separaba a los judíos de las tribus árabes aliadas antes mencionadas. Al ocuparla el ejército musulmán impedía de esa forma cualquier tipo de contacto entre ambas partes. Al frente de 1600 hombres, 200 de los cuales iban montados, el Enviado de Dios avanzó firmemente hacia Jaibar. Al llegar realizó una súplica que demuestra la pureza de su intención: “¡Dios! Tú eres el Creador de los cielos y de todo lo que se encuentra bajo su sombra. Eres el Dios de la tierra y de todo lo que hay en ella. Te suplico bienestar para esta tierra y sus habitantes y me refugio en ti de su maldad”. Esta súplica que fue proferida con gran sumisión y humildad frente a los 1600 hombres enfervorizados por la lucha nos demuestra que Muhammad no tenía la intención de acrecentar su dominio, o expandir su territorio ni tomar venganza, sino que anhelaba destruir el peligro que significaba ese enclave enemigo que en cualquier momento podía convertirse en una base militar para los enemigos idólatras. Como veremos luego de tomar las fortalezas y desarmar a los judíos, el Profeta les dejó sus bienes y sólo les exigió el pago de yazia (*).

OCUPACION NOCTURNA DE PUNTOS ESTRA TEGICOS

Cada una de las fortalezas de Jaibar recibía un nombre especial: Na‘im  , Qamus, Katiba, Nastat, Shaq, Uatih y Salalem. A veces también se las llamaba por el nombre de sus jefes, vgr. “fortaleza de Marhab”, etc. Para controlar lo que acontecía fuera de las mismas los judíos habían construido una torre de vigilancia. Los guardianes allí apostados debían informar a los que vivían dentro de las ciudades de cualquier novedad o peligro. La situación y envergadura de esta torre era tal que se podía obtener una clara visión de las afueras de la fortaleza. Podían atacar de esta forma por medio de catapultas y otros medios mecánicos Entre los 20.000 habitantes del lugar había unos 2000 expertos combatientes a quienes no preocupaba el sitio por las provisiones por que tenían almacenados gran cantidad de alimentos. Eran fortalezas tan poderosas que era imposible abrirles una brecha, y quienes se acercaran frontalmente acababan heridos o muertos. Eran la más fuerte trinchera del pueblo judío.

Los musulmanes, para poder enfrentar a un enemigo tan fuerte y preparado, tomaron las medidas estratégicas y tácticas mas convenientes. La primera medida fue la ocupación nocturna de todas las rutas y puntos estratégicos. Esto se realizó con tanta rapidez y sigilo que ni siguiera los guardianes de las torres se dieron cuenta de ello. A la mañana siguiente, cuando los campesinos de Jaibar salieron de sus ciudadelas portando sus elementos de trabajo se encontraron con que los soldados del Islam habían sitiado las ciudadelas y cerrado todas las rutas. No pudieron seguir porque comprendieron que serían tomados prisioneros, por lo que retrocedieron y avisaron a sus correligionarios: “Muhammad está aquí con sus soldados”. Se aseguraron inmediatamente las puertas de las fortalezas y se llamó a un consejo para discutir la situación. Se decidió en esta reunión albergar a las mujeres y a los niños en una de las fortalezas y a las provisiones en otra, y también que se hostigara a los musulmanes arrojando flechas desde las terrazas, y que de tanto en tanto salieran grupos a combatir cuerpo a cuerpo contra los combatientes del Islam. Los judíos se atuvieron al plan trazado en este consejo hasta el fin de la disputa, resistiéndose durante un mes al fuerte ejército islámico. A los musulmanes les resultaba muy difícil tomar las fortalezas, llegando en algún caso a presionar con gran esfuerzo durante 10 días sin obtener resultados.

EL DESMORONAMIENTO DE LAS TRINCHERAS JUDIAS

Desde el punto de vista de la táctica militar el sitio en que se habían dispuesto las huestes musulmanas no era conveniente, pues no brindaba seguridad y los soldados judíos tenían el pleno control del lugar. Por otra parte en ese lugar no existían obstáculos en el terreno que impidieran a los vigías judíos la detección de los musulmanes. En esta situación un hábil e inteligente musulmán llamado Habab Ibn Munzar se entrevistó con el Profeta (B.P.) y le dijo: “Si elegiste este lugar por una orden divina, no tengo ninguna objeción que hacer, pues la orden de Dios es superior a la opinión y el conocimiento de los hombres. Pero si no es así debo decirte que en este sitio nos encontramos a la vista del enemigo. Estamos cerca de la fortaleza de Nastat y sus arqueros nos pueden sorprender con facilidad”. El Profeta (B.P.), basándose en un principio que es fundamental en el Islam (la consulta con los hermanos en la fe, y la aceptación y dación del buen consejo y su respeto), le dijo: “Si conoces un sitio mejor que este acamparemos allí”. Y tras realizar un prolijo análisis de los territorios circundantes Habab determinó que lo más conveniente era dirigirse a un lugar que estaba ubicado detrás de unos palmares. No mucho después el ejército islámico se trasladó allí. A lo largo de todo el tiempo del sitio el Profeta y su ejército se dirigían durante el día hacia las fortalezas, y por la noche regresaban a sus campamentos. No podemos reflejar con precisión el detalle de los acontecimientos, pero basándonos en los libros que nos legaron podemos suponer que los soldados del Islam sitiaban las fortalezas unas tras otras, y que intentaban cortar todo tipo de comunicación entre las asediadas y las que no lo eran. Apenas tomaban una de ellas volcaban sus fuerzas hacia otra. Y es cierto también que la toma de aquellas ciudadelas en las que existían túneles de comunicación con otras y en las que los hombres se defendían arduamente era muy paulatina. Sin embargo a los fuertes, a los que se aislaba efectivamente de los demás y cuyos jefes eran ganados por el miedo, se los podía tomar con mayor facilidad sin gran derramamiento de sangre.

Según la opinión de un grupo de historiadores la primera fortaleza que se logró conquistar después de soportar muchas dificultades fue la de Na‘im.  Su control se produjo a costa del martirio de un grande entre los creyentes: Mahmud Ibn Maslama Al-Ansari y de otros 50 combatientes que resultaron heridos. Mahmud Ibn Maslama encontró el martirio debido a una piedra que le arrojaron desde una azotea, y su muerte fue instantánea. Otra versión, más precisamente la que transmite Ibn Azir en su obra Asadul Qabah, afirma que el martirio lo halló tres días después de haber recibido el golpe. Los 50 soldados que resultaron heridos fueron trasladados al campamento. Un grupo de mujeres pertenecientes a la tribu de Banu Gaffar (tras una autorización expedida por el Profeta), llegó a Jaibar. Este grupo realizó grandes sacrificios para ayudar a los musulmanes, curar sus heridas y efectuar otros servicios que les estaban permitidos. Luego de tomar la fortaleza de Na‘im  el consejo de consulta de los musulmanes aprobó el inicio del asalto a la ciudadela de Qamus, cuyos jefes eran los hijos de Abul Huqaiq. Este objetivo también se obtuvo merced a grandes sacrificios de los combatientes. En esta oportunidad además se tomó prisionera a Safiiah, la hija de Huií Ibn Ajtab, que posteriormente contraería matrimonio con el Enviado de Dios. Ambos triunfos fortalecieron el espíritu de lucha de los musulmanes y a su vez infundieron miedo en el ánimo de los judíos. Durante el asedio la situación se había tornado difícil para los musulmanes ya que escaseaban los alimentos. Muchas veces debían recurrir a carnes desaconsejables para el consumo a fin de saciar el hambre que los agobiaba. La fortaleza en que estaban almacenadas grandes cantidades de alimentos aún no había sido tomada.

Devoción en tiempos de tribulación.

Mientras la hambruna azotaba a los musulmanes un pastor de color que se encargaba de cuidar los ganados de los judíos visitó al Profeta y le solicitó que le enseñara el Islam. El Profeta (B.P.) le habló y sus palabras lograron convertirlo. Dijo entonces el pastor: “Me han sido confiados los ganados de los judíos. Ahora las relaciones entre ellos y yo se han interrumpido. ¿Cuál es mi deber?” El Profeta (B.P.) le respondió frente a los ojos de 700 soldados hambrientos: “En el Islam es un grave delito traicionar a aquellos que confían en nosotros. Es preciso que los devuelvas a sus dueños”. El hombre obedeció la orden del Profeta y al regresar se sumó a la lucha. Finalmente fue martirizado en el camino del Islam.

Así es, no sólo durante su juventud mereció Muhammad el apodo de Al-Amín (el confiable y digno de fe), sino también en todas las demás etapas de su vida. A pesar de que a lo largo del bloqueo los ganados estaban en libertad por los campos, a ninguno de los musulmanes se les ocurrió hurtar ni siquiera una oveja, puesto que las exaltadas enseñanzas de su líder los habían educado en la lealtad y la fidelidad. Solamente un día en que el hambre agobiaba en demasía a sus soldados, el Profeta ordenó tomar dos ovejas. Lo hizo para salvar la vida de los creyentes, de otro modo jamás se hubiera procedido de tal forma. Cada vez que oía las quejas por el hambre alzaba sus manos Y suplicaba: “¡Dios mío!, hazlos triunfar sobre la fortaleza que alberga las provisiones”. Jamás permitió el saqueo. Sólo permitía tomar los bienes ajenos luego de luchar y obtener el triunfo. Todos estos hechos históricos que se encuentran narrados en las obras sobre la materia, dejan a la vista la mala intención de cierto grupo de orientalistas contemporáneos que, con el propósito de desvalorizar los objetivos del Islam, intentan sugerir que as batallas libradas por los musulmanes sólo perseguían el saqueo y la obtención de botín. Además tratan de hacer creer que los musulmanes no aplicaban la justicia. Creemos que la anécdota recién citada y otras tantas semejantes son testimonio evidente que desmiente sus falsedades.

LA CAÍDA CONSECUTIVA DE LAS OTRAS FORTALEZAS

Después de conquistar las dos fortalezas antes mencionadas el ejército islámico atacó a las de Uatih y Salalem, pero sin esperarlo se enfrentó con una encarnizada resistencia de parte de los judíos que estaban fuera de ellas. Luego de grandes sacrificios y muchas bajas el triunfo no se logró. Los musulmanes lucharon durante diez días consecutivos y cada noche regresaban al campamento sin resultados. Un día se le encomendó a Abu Bakr la comandancia de un grupo de ataque. Se dirigió con su bandera a las cercanías de una de las fortalezas pero no mucho después regresó sin siquiera haber enfrentado a los judíos. Todos los que habían participado en esta misión se culpaban unos a otros. Al día siguiente el Profeta le confió la comandancia a Umar y la situación del día anterior se volvió a repetir, y según un relato de Tabari, al regresar Umar describió atemorizado la valentía de Marhab, jefe de los judíos. La situación enfureció al Enviado de Dios ya sus comandantes. El Profeta (B.P.) los reunió a todos y les dijo: “Por cierto que mañana entregaré esta bandera alguien que ama a Dios y a Su Profeta, y a quien Dios y Su Profeta aman. La victoria estará en sus manos, y es aquel que jamás da la espalda al enemigo y que jamás huye de la batalla”. Esta afirmación mostraba la gran virtud, superioridad espiritual y valentía del comandante en cuyas manos estaría el triunfo, y produjo una ola de euforia, desconcierto y también algo de temor en los corazones de los creyentes. Cada uno de ellos imaginaba y soñaba ser quien recibiría la bandera y la gloria del triunfo. Pasó la noche y a la mañana siguiente, cuando ya el sol había quebrado el horizonte, los comandantes rodearon al Profeta, los que habían fracasado de ellos con la vista baja, esperando todos la elección. El silencio fue roto por una pregunta del Profeta (B.P.): “¿Dónde está Alí?” “A Alí le duelen los ojos, y está descansando “, fue la contestación de alguien. De inmediato el Enviado de Dios envió por él y lo llevaron a la reunión. Relata Tabari: “Subieron a Alí a su camello y lo llevaron hasta el Profeta. Esto demuestra que su enfermedad lo había agotado. Muhammad entonces colocó sus manos sobre los ojos de Alí y suplicó por su curación. Muy pronto se sanó y nunca más en su vida padeció de problemas en los ojos. Luego el Enviado de Dios (B.P.) le ordenó avanzar, además de recordarle que antes de comenzar la lucha enviara hacia las fortalezas a representantes que convocaran al pueblo judío a aceptar el Islam. Dijo también el Profeta: ‘Si ellos no aceptan les comunicarás que podrán vivir bajo el gobierno islámico pero supeditados a dos condiciones: entregar sus armas y pagar el yaziah. Y si no aceptan las condiciones deberás luchar’. “ Y la siguiente frase fue la última recomendación que el Profeta le hizo a Alí: “Si a través tuyo Dios ilumina a uno solo de sus hombres, será mejor que si poseyeras hermosos camellos rojizos para el combate en la causa de Dios”. Como se ve, en el momento más crucial de la guerra, el gran Profeta del Islam pensaba primero en la importancia de encaminar a los pueblos, y eso muestra una vez más el principal y real objetivo de todas sus luchas: el anhelo de orientar a la humanidad.

EL GRAN TRIUNFO DE JAIBAR

Cuando a Alí Amir Al-Mu'minín le fue encomendado tomar las fortalezas de Uatih y Salalem, que habían resistido a los comandos anteriormente enviados contra ellas, se colocó la armadura y tomando la espada Dhul Fiqar partió con la fe puesta en Dios. En Jaibar Alí instaló la bandera del Islam, y en ese preciso momento la puerta de la ciudadela se abrió y los judíos se abalanzaron. En primer lugar se acercó Hares, hermano de Marhab. Dio un grito tan aterrador que los soldados que se encontraban detrás de Alí, sorprendidos, dieron un paso hacia atrás. No obstante el Príncipe de los creyentes permaneció en su mismo sitio, firme como una montaña. Pocos minutos después el cadáver de Hares yacía en el suelo. Su muerte contristó a Marhab, quien se dirigió al encuentro de Alí, por supuesto con el propósito de vengarse. Llevaba diversas armas y se ceñía con una armadura yemenita y un casco realizado con piedras, recubierto por otro de metal. De pronto comenzó a improvisar versos que decían: “Las paredes y todo Jaibar atestiguan que soy Marhab, hábil guerrero con todo tipo de armas. Siempre saldré triunfante, y quien conmigo se enfrente terminará pintado con su sangre”. En respuesta a sus versos dijo Alí: “Yo soy aquel cuya madre llamó Haidar (hombre fuerte, león de la selva). Mis músculos son muy fuertes y en el campo de batalla mi aspecto infunde temor como el león en la selva”. Y a este intercambio de palabras siguió el choque de las espadas de ambos caballeros ante la mirada expectante de los otros soldados. De pronto la filosa espada del comandante del Islam dio en la cabeza de Marhab. El golpe fue tan potente que los que se encontraban detrás suyo huyeron de miedo tratando de refugiarse en la fortaleza. Los que no huyeron continuaran luchando y fueron muertos. Alí persiguió a los fugitivos hasta la entrada de la fortaleza y en un combate cuerpo a cuerpo un judío lo golpeó e hizo que perdiera su escudo. De repente arrancó la puerta de la fortaleza y la usó como escudo, para luego arrojarla al suelo. Es sabido que esta puerta no podía ser levantada sino por varias personas a la vez, pues luego ocho musulmanes intentaron darla vuelta y no pudieron. Finalmente aquella fortaleza cayó en poder de los musulmanes tras diez días de duro y difícil asedio. Escribe Ia'qubi (tomo 11, Pág. 46): “La puerta de la fortaleza era de piedra. Su longitud era de cuatro brazadas Y su amplitud de dos”. El Sheij Al Mufid, en su obra Kitab AI-Irshad relata lo mismo pero de boca del propio protagonista, es decir Alí el Príncipe de los creyentes: “Arranqué la puerta de Jaibar y la usé como escudo. Cuando la batalla terminó la coloqué como puente sobre una zanja cavada por los judíos. Más tarde la arrojé en la misma”. Un hombre me preguntó: “¿No sentiste su terrible peso?” Le respondí: Sentí el mismo peso de mi escudo”. Los historiadores relatan hechos sorprendentes que se refieren a este suceso y transmiten la gran valentía del Imam Alí durante la batalla. Tales eventos no se pueden atribuir a los poderes humanos, y el Príncipe de los creyentes lo ha aclarado para eliminar cualquier tipo de dudas al respecto: “No la arranqué con la fuerza humana; lo hice por el poder divino y con el alma sosegada por la esperanza de contemplar a mi Señor”.

La tergiversación de la verdad.

Si queremos ser justos debemos decir que Ibn Hisham y Abu Ya 'far Tabari han relatado detalladamente la lucha de Alí en Jaibar, pero también debemos indicar que hacia el final ellos transmiten una posibilidad imaginaria y desacertada. Dice la versión: “Algunos creen que Marhab fue muerto por Muhammad Ibn Maslama, según una orden del Profeta que tenía como propósito vengar al hermano de éste último, martirizado durante la toma de la fortaleza de Na‘im”. Esta versión no tiene asidero ni concuerda con la verdadera historia en sus otros detalles. Se le pueden hacer las siguientes objeciones:

1) Tabari e Ibn Hisham han relatado esta versión como proviniendo de un gran discípulo y compañero del Profeta (B.P.), Yabir Ibn Abdullah, pero sin advertir que éste tuvo el honor de acompañar al Profeta en todas sus batallas, excepto precisamente en la de Jaibar.

2) Muhammad Ibn Maslama no era tan valiente ni fuerte como para ser de los héroes de Jaibar, y además su vida no nos brinda ningún otro ejemplo de valentía. Solo sabemos que fue el encargado de ejecutar a Ka‘b Ibn Ashraf en el tercer año de la Hégira. Ka‘b era aquel judío que tras la batalla de Badr incitaba a los inicuos a librar otra contienda contra los musulmanes. Por el temor que sentía se ha narrado que Ibn Maslama no probó bocado en los tres días previos a la ejecución. El Profeta (B.P.) se vio obligado a hacerle algunas objeciones, y aquél dijo: “No sé si podré tener éxito o no”. Entonces el Enviado de Dios (B. P.) decidió enviar con él a cuatro personas más. Siguiendo un plan trazado previamente dieron muerte al peligroso impío durante la noche, y durante los hechos, obnubilado por el terror, Ibn Maslamah hirió por error a uno de sus compañeros. Demás está decir que alguien de tan poco temple no pudo ser el que hiciera desistir a los principales guerreros de Jaibar.

3) Quien triunfó sobre Jaibar no sólo luchó contra Marhab y lo mató, sino que tras la muerte de éste, se encaró con seis hombres que permanecieron en el lugar, sin fugarse como el resto, y que eran Daud Ibn Qabus, Rabi‘ Ibn Abil Haqiq, Abul Baa'it, Marrat Ibn Maruan, Iaser Jaibarí, Y Zayiy Jaibarí. Todos estos eran valientes y fuertes soldados que significaban el principal obstáculo para avanzar a tomar la fortaleza. Cantaban pidiendo rival y todos fueron finalmente muertos por el comandante Alí Ibn Abi Talib.

Teniendo a la vista todo lo expuesto tal cual se encuentra en las obras de historia, el lector mismo podrá sacar sus conclusiones. Si Muhammad Ibn Maslama hubiese sido el matador de Marhab no habría podido regresar de inmediato al campamento desentendiéndose de los que se encontraban secundando al jefe judío. Su deber hubiera sido luchar al menos con alguno de ellos. Pero todos los historiadores coinciden en afirmar que todos ellos fueron muertos por Alí. Esta versión por otra parte se opone al dicho del Profeta antes narrado que dice: “Daré esta bandera a aquel que tiene el triunfo en sus manos”, que todos relatan por igual. En efecto, si tenemos en cuenta que uno de los principales obstáculos para alcanzar el triunfo era la presencia de Marhab, cuya osadía ya había hecho retroceder a dos comandantes musulmanes anteriormente, si su matador hubiera sidó Ibn Maslamah seguramente el Profeta, al pronunciar aquella frase, se habría referido a él (como principal promotor de la victoria al ultimar al jefe enemigo), lo cual no es así como sabemos. Escribe el famoso historiador Halabí: “No hay duda que Marhab fue muerto por Alí” y también dice Ibn Azir: “Los historiadores y los transmisores de hadices (dichos) afirman que Alí fue quien lo mató (a Marhab)”.

Tanto Tabari como Ibn Hisham relatan en sus obras el regreso frustrado de los dos comandantes que trataron de tomar la ciudadela antes que Alí, pero ello no encaja con la frase del Profeta respecto a Alí: “El es un comandante que jamás huye”. El significado de esta frase alude claramente a la fuga de los dos comandantes anteriores. Pero no obstante ambos autores (que citan la frase y las circunstancias) no lo advierten y dicen que tanto uno como otro cumplieron con las misiones y regresaron, aunque no tuvieron éxito.

Tres puntos brillantes en la vida de Alí

Con la mención de estas tres virtudes de Alí damos por concluido el tema. Cierto día Mu‘auiah  le objetó a Saad Ibn Uaqas el hecho de que nunca quería ofender a Alí, y aquél le respondió: “Cuando recuerdo los tres méritos de Alí, anhelo poseer al menos uno de ellos: 1) El día en que Muhammad lo nombró su sucesor en Medina cuando debía partir a la batalla de Tabuk, le dijo: ‘Tú ocupas el mismo lugar que ocupaba Aaron para con Moisés, con la diferencia que después de mí no habrá profetas’. 2) El día de Jaibar el Profeta dijo: ‘Mañana haré entrega de la bandera a aquel a quien Dios y el Profeta aman’. Todos los creyentes ansiaban recibirla. Al siguiente día Muhammad llamó a Alí y se la entregó. Dios nos concedió el triunfo a través de él. 3) El día de la Mubahala (la imprecación del castigo y maldición divina sobre aquel que mintiera) el Profeta llevó consigo a Alí, Fátima, Hasan y Husain, y exclamó: ¡Dios! ellos son mi familia.”

LOS FACTORES DEL TRIUNFO

Las fortalezas de Jaibar fueron conquistadas y los judíos se rindieron bajo específicas condiciones. Se hace necesario analizar ahora los factores que hicieron posible este triunfo, y que son sintéticamente tres: 1) La organización y la táctica militar, 2) la inteligencia militar, dirigida a la búsqueda de información y conocimiento sobre el enemigo, y 3) el gran sacrificio realizado por el Príncipe de los creyentes. Veamos los puntos más detalladamente.

1) El ejército islámico había acampado en un sitio que imposibilitaba todo tipo de contacto y comunicación entre los judíos de Jaibar y sus aliados, la tribu de Gatfán. Esta tribu contaba con fuertes espadachines. Si hubiesen secundado al pueblo judío de Jaibar el triunfo habría sido imposible. Cuando esta tribu se enteró de la partida del ejército islámico decidió partir con abundante armamento y pertrechos con la finalidad de secundar a sus aliados. Cuando aún no habían recorrido un gran trecho les llegó la noticia de que Muhammad se dirigía a sus propias tierras por una ruta inusual. Esta noticia hizo que regresaran inmediatamente a sus territorios y que no se movieran de allí hasta la finalización de la batalla de Jaibar. Los historiadores creen que esta noticia que llegó a oídos de Gatfán fue un milagro divino. No obstante no es de extrañar que la noticia la hayan tramado los propios musulmanes de esa misma tribu, a los que el Profeta había ordenado vivir allí simulando todavía la incredulidad. Fueron tan hábiles que impidieron que el ejército de esta tribu siguiera su marcha. Este hecho tiene un precedente en la batalla de los confederados, y fue cuando a raíz de una noticia falsa divulgada por Nu'im Ibn Mas'ud (de la tribu de Gaftán), el ejército incrédulo se dividió y dejó de apoyar a los judíos.

2) En todas las batallas el Profeta daba la mayor importancia al hecho de recabar información en terreno enemigo. Por lo tanto, previo al sitio de Jaibar envió allí a un grupo de 20 personas comandado por Ibad Ibn Bashir. El grupo se encontró con un judío cerca de la fortaleza de Jaibar. Luego de conversar con él, Ibad descubrió que era un espía, e inmediatamente ordenó que lo detuvieran y lo llevaran ante el Profeta (B.P.). Una vez allí y amenazado de muerte reveló los datos que conocÍa. En resumen se supo que los de Jaibar estaban desanimados tras el comunicado del jefe de los hipócritas Abdullah Ibn Salul y además porque aún no habían recibido ayuda de parte de Gaftán.

Otro caso de búsqueda de información de inteligencia se dio en la sexta noche del sitio en que los guardias del ejército islámico arrestaron a un judío. Lo llevaron ante el Profeta (B.P.) y éste lo interrogó obre la situación en que se encontraba su pueblo. “Si me prometes la inmunidad te informaré”, dijo el prisionero. La misma le fue concedida y entonces habló: “Esta noche los hombres más fuertes de Jaibar se trasladarán desde la fortaleza de Nastat hasta la de Shaq. ¡Abul Qasim!, mañana abrirás las puertas de Nastat -el Profeta acotó: Si Dios quiere-. En sus sótanos hay gran cantidad de catapultas, carros bélicos, armaduras y espadas. Puedes apedrear la fortaleza de Shaq utilizando esos medios”. El Profeta no utilizó estos medios destructivos pero sí la importante información que definió el blanco del ataque al día siguiente, pues supo que Nastat no requeriría de grandes esfuerzos (para ser tomada), y sí en cambio que debía ser más prevenido en el asalto a la fortaleza de Shaq.

Veamos un último ejemplo. Durante la toma de una de las fortalezas y tras tres días de lucha un judío visitó al Profeta -tal vez a fin de salvar su vida-, y le dijo: “Aunque te detengas aquí durante un mes no podrás conquistar las fortalezas. Te indicaré el sitio donde se encuentra la corriente de agua que los abastece. Tú podrás así privarlos de ella”. El Profeta (B.P.) no estuvo de acuerdo con su proposición y le dijo que jamás privaría a nadie del agua para que muriera de sed. No obstante los privó de ella durante un pequeño lapso con el propósito de que se debilitaran anímicamente. La situación atemorizó tanto a los judíos que se rindieron tras una breve lucha.

 3) Hemos hablado ya antes de los esfuerzos y sacrificios del Imam Alí (P.). Aquí sólo agregaremos un relato suyo: “...nos enfrentamos con el gran ejército judío y sus fortalezas de hierro. Cada nuevo día sus más fuertes caballeros salían de las mismas y solicitaban rival matando a unos cuantos. En aquellos momentos el Profeta me ordenó atacar una de las fortalezas. Me enfrenté con sus grandes campeones en la guerra, di muerte a unos e hice desistir a otros. Estos últimos se refugiaron en su ciudadela y cerraron la puerta de la misma, pero yo la saqué y entré. Nadie me pudo resistir. No recibí más ayuda que la de Dios.”

El sentimiento y el afecto en el campo de batalla.

Cuando la fortaleza de Qamus fue tomada, Safiiah, la hija de Huii Ibn Ajtab y otra mujer fueron tomadas prisioneras. Bilal las trasladó por el mismo camino en el que yacían sus muertos, para llegar al sitio en que se hallaba el Profeta. Cuando Muhammad supo de lo acontecido colocó un manto sobre la cabeza de Safiiah y luego le consiguió un lugar para que descansara. Más tarde preguntó a Bilal: “¿Acaso es que el afecto y los sentimientos han abandonado tu corazón, que trasladaste a esas mujeres frente a los cadáveres de sus seres queridos?"

Muhammad (B.P.) primeramente otorgó una especial preferencia a Safiiah con el fin de compensar la desgracia que ella había enfrentado. Los sentimientos del Profeta (B.P.) surtieron un efecto benéfico en su ser. Posteriormente se casó con él y se contó entre sus más fieles y cariñosas esposas. Cuando el Profeta falleció fue la que más lágrimas derramó por él.

La ejecución de Kanana Ibn Rabi‘.

Desde el día en que los judíos de Bani Nadir fueron expulsados de Medina y se albergaron (algunos) en Jaibar, se estableció allí una alcancía de cooperación destinada a solventar asuntos generales, el patrocinio de las guerras y la indemnización por las muertes. Algunas informaciones que llegaron al Profeta afirmaban que la misma (esos fondos) estaban a cargo de Kanana, el esposo de Safiiah. Mandó entonces a buscarlo y le pidió que le revelara el escondite en el que se hallaba aquella alcancía. El hombre se negó rotundamente a facilitar tal información; “Nada tengo que ver con ese asunto”, dijo. Los musulmanes decidieron investigar al respecto y por fin alguien dijo: “Creo saber donde se encuentra el dinero, pues durante la batalla y después de ella vi a Kanana concurrir a un sitio determinado”. Una vez más el Profeta (B.P.) se entrevistó con él y le dijo: “Dicen que la alcancía está en tal lugar. Si es verdad serás ejecutado”. De todos modos Kanana negó toda clase de relación con la misma.

Por órdenes del Profeta se excavó en el lugar señalado y aparecieron los fondos de Banu Nadir. A continuación Kanana debía ser castigado, no sólo por ocultar el escondite, sino también por haber muerto cobardemente a un comandante musulmán, Mahmud Ibn Maslama, a quien le arrojó una piedra sobre la cabeza cuando estaba distraído. A fin de vengar a Mahmud y reprender al conjunto de los judíos para que no volviesen a incurrir en el camino del engaño, la traición y la mentira, el Profeta lo entregó al hermano del comandante asesinado. El fue el encargado de ejecutarlo. Kanana fue la última persona ejecutada con dos cargos en su contra.

LA REPARTICION DE LOS TROFEOS

Tras el triunfo y el desarme general de los judíos el Profeta ordenó que se recolectaran los trofeos. Un hombre de los soldados exclamó: “Es necesario que cada soldado entregue los trofeos que obtuvo al tesoro público, aún cuando consistieran sólo en hilo y una aguja, pues la traición y la no entrega de ellos se convertirá en fuego el Día del Juicio Final”.

Los verdaderos líderes del Islam dieron siempre suma importancia a la lealtad y consideraban parte de la fe la devolución de lo confiado. Por eso, cuando observaba (el Profeta) entre los bienes de un soldado mártir algo que debía de habérsele entregado, no oraba en su memoria. He aquí un relato al respecto: El día en que los musulmanes iban a partir de. Jaibar hacia Medina una flecha cayó sobre el cuerpo de un joven camellero. La muerte le sobrevino de inmediato. Los musulmanes investigaron la causa pero no obtuvieron resultados. Todos decían: “El Paraíso le será bendito”. Pero el Profeta Muhammad acotó: “No estoy de acuerdo con vosotros, pues la capa que llevaba puesta es parte de los trofeos y él la utilizó sin estar autorizado para ello. El Día del Juicio Final la misma se convertirá en fuego y lo rodeará”. Uno de los compañeros exclamó entonces: “¡Yo tomé dos cordones de zapatos”. El Enviado de Dios (B.P.) le aconsejó entonces: “¡Devuélvelos!, pues de lo contrario se convertirán en fuego”.

Esta actitud y disciplina para con el botín de guerra es un nuevo ejemplo que rechaza la mentira de los orientalistas que pretenden que las batallas del Islam se emprendían por el saqueo, negando sus objetivos espirituales. Claramente tal actitud y disciplina son imposibles de imponer a un grupo saqueador. Y a los saqueadores muy difícilmente se les puede ordenar la restitución de lo confiado, ni llegar a educarlos como para que no defrauden ni en un par de cordones de zapatos al trofeo común.

LLEGA UN GRUPO DE LA TIERRA DE LOS DULCES RECUERDOS

Antes de partir para Jaibar el Profeta había enviado a Amr Ibn Umaiia a la corte del Negus de Abisinia. El propósito que llevaba era hacerle llegar un mensaje en el cual le pedía que preparase los medios necesarios para el regreso a Medina de los musulmanes radicados en su país. El rey preparó dos barcos que no mucho después anclaron cerca de Medina. Los musulmanes recientemente llegados se informaron de que el Profeta se encontraba en Jaibar. Sin demora partieron hacia allí, y arribaron justo cuando sus hermanos en la fe habían tomado la totalidad de las fortalezas. El Enviado de Dios se adelantó para recibirlos, se acercó a Ÿa‘far, le besó la frente y le dijo: “No sé por cual de ambos eventos me contento más, si por verte después de tanto tiempo, o porque Dios nos abrió las fortalezas de los judíos a través de tu hermano Alí”. Luego agregó: “Hoy quiero regalarte algo”. La mayoría creyó que el obsequio sería un bien material, como oro, plata o algo similar, pero de pronto el Profeta (B.P.) rompiendo el silencio le enseñó a Ÿa‘far una oración especial, la oración que se llamaría desde entonces de “Ÿa‘far Taiiár”. Taiiár significa volador, y se utilizó esta palabra en honor de Ÿa‘far, quien se martirizaria faltándole ambos brazos. El Profeta había predicho que él sería agraciado con dos alas en el Paraíso.

El saldo de bajas musulmanas en esta batalla no superó las 20, pero las del enemigo fueron mucho mayores. Noventa y tres de los nombres de sus muertos quedaron registrados en los libros de historia.

LA INDULGENCIA DEL PROFETA LUEGO DEL TRIUNFO

Cuando los hombres vinculados a Dios obtienen la victoria se comportan con amabilidad y afecto con el enemigo débil y desguarnecido. Incluso lo protegen con su perdón e indulgencia, haciendo a un lado, a partir del momento en que el enemigo se rinde, toda clase de venganza y rencor.

Así actuó el Profeta (B.P.) del Islam, con gran indulgencia y tolerancia, con los habitantes judíos de Jaibar, aceptando sus condiciones que consistían en seguir viviendo en el lugar, continuar siendo los propietarios de los campos y en abonar la mitad de lo dispuesto al patrimonio público. Según lo narrado por Ibn Hisham fue el propio Profeta (B P.) quien sugirió la idea, permitiéndoles además trabajar libremente, y ello no obstante ese pueblo había conspirado contra el Islam con grandes sumas de dinero, instigando a sus enemigos, lo cual puso a Medina al borde del abismo en la guerra de los confederados. Si el Profeta lo hubiese deseado podría haber derramado su sangre, expulsarlos de Jaibar u obligados aceptar el Islam. Sin embargo, y contrariamente al ejemplo que quisieran poseer esos orientalistas que afirman que el Islam es la religión de la fuerza y la intolerancia, que se impuso por la espada, jamás hizo nada parecido el Profeta, sino que por el contrario les dio libertad de propiedad, de trabajo y de culto.

Si el Islam luchó contra Jaibar fue porque sus recursos en armamentos y fortalezas y los antecedentes de sus intrigas e instigaciones la convertían en una probable peligrosa base de operaciones contra la nueva religión. No tuvo más remedio entonces el Profeta (B.P.) que atacarlos  y desarmarlos, pero los dejó luego de hacer esto seguir trabajando y practicando su religión en libertad bajo un gobierno islámico.

En cuanto al impuesto que se les impuso anualmente, correspondía por cuanto ellos gozaban de la seguridad que les brindaba el gobierno islámico, protegiendo sus bienes y sus vidas, lo cual estaba exclusivamente a cargo de los musulmanes (los judíos y cristianos no integraban el ejército islámico). Y por otra parte, según algunos cálculos precisos, la cantidad de impuestos a su riqueza que abonaba cada musulmán era mayor que la que correspondía a los judíos, pues aquellos pagaban el zakat (diezmo) y el quinto (jumus), solventando incluso a menudo las necesidades del gobierno islámico. Por todo esto el impuesto anual aplicado a los protegidos (de la gente del Libro) en territorio del Islam no puede considerarse una extorsión. El representante del Profeta que cada año se presentaba para determinar el impuesto era una persona justa, valerosa y cuya justicia sorprendía a los judíos. Su nombre era Abdullab Ibn Rauaba, quien hallara el martirio en la batalla de Muta. Hubo oportunidades en que los judíos creían que él se había equivocado en el reparto, y cuando se lo comunicaban él les decía: “De acuerdo, si es así, que la parte que destiné a los musulmanes sea para ustedes y la vuestra sea para ellos”. Cuando esto sucedía exclamaban los judíos: “¡Por esta justicia es que se han elevado los cielos y la tierra!”.

Durante la recolección de los trofeos de la lucha de Jaibar se encontró una parte de la Torá. Los judíos solicitaron al Profeta que les fuera devuelta y él ordenó que así se hiciera.

LA OBSTINACION DE LOS JUDIOS

A pesar de este trato benévolo y afectuoso los judíos no abandonaron obstinadamente su inclinación a la traición. Acechaban al Profeta y a sus compañeros continuamente. He aquí dos ejemplos:

1) Un grupo judío engañó a una mujer de la aristocracia judía llamada Zainab utilizándola de medio para envenenar al Profeta. La mujer envió a alguien a preguntar al Enviado de Dios cuál de las partes de la oveja le gustaba más. El mandó responder que la que más le agradaba era la pierna-. Más tarde se la obsequió. Al primer bocado Muhammad descubrió que la carne estaba envenenada. De inmediato salivó. Pero su acompañante, Bashir Ibn Bara Marur, que ya había consumido algunos bocados, falleció luego de unos días.

El Profeta (B.P.) ordenó que trajeran a Zainab y le preguntó: “¿Por qué has cometido semejante injusticia?” Ella recurrió entonces a una infantil excusa alegando: “Tú has cambiado la situación de nuestra tribu. Pensé: que si sólo eras un comandante morirías al consumir la carne envenenada, pero que si realmente eras el Enviado de Dios te darías cuenta y no la comerías”. El Profeta (B.P.) la perdonó y no persiguió a los que la habían instigado. No cabe duda que si esto le hubiera ocurrido a otro que el Profeta (B.P.), fuera un rey, un gobernador o un comandante militar, habría derramado su sangre y la de sus instigadores.(*)

El atentado llevado a cabo por la mujer judía hizo que la mayoría de los creyentes temieran de Safiiab, la esposa del Profeta que había profesado el judaísmo, y comenzaron a pensar que quizás ella podía dañarlo. Por esta causa Abu Aiiub Al-Ansari protegió a Muhammad tanto en Jaibar como en Medina. El Profeta (B.P.) no sabía de la gran fidelidad de sus compañeros. Una mañana salió de su tienda y vio a Abu Aiiub que vigilaba la misma con su espada en la mano. El hombre le dijo: “Aún los efectos del fanatismo no se han desarraigado de esa mujer (Safiiah). No estoy seguro de su proceder. Por eso pasé aquí la noche: quise proteger tu vida”. El Profeta se alegró por los sentimientos de su antiguo amigo y suplicó a Dios por él.

2) Cierta vez Abdullab Ibn Sable, el encargado de trasladar la cosecha desde Jaibar a Medina, en el momento en que cumplía con su misión fue atacado por un grupo judío no identificado. Fue herido gravemente en el cuello y murió. El grupo agresor arrojó entonces el cadáver a una fuente de agua. Los jefes judíos informaron entonces al Profeta de la misteriosa muerte de su representante. El hermano de la víctima, Abdurrahmán Ibn Sahle, visitó al Profeta junto a sus primos. Durante la entrevista Abdurrahmán quiso hablar, pero como era menor que sus acompañantes el Profeta, por la cortesía habitual, le sugirió que permitiera hablar a sus mayores. Finalmente les dijo: “Si conocen al asesino de Abdullah, yo mismo lo pondré a vuestra disposición”. A pesar de que los familiares del mártir estaban enfurecidos no faltaron a la verdad y dijeron: “Realmente no sabemos quién fue el asesino”. El Profeta (B.P.) preguntó: “¿Estarían dispuestos a creer en el juramento de los judíos, si aseguran que no son los responsables del crimen y no conocen al asesino?” Respondieron: “Ni el pacto ni el juramento del pueblo judío es válido para nosotros”. De inmediato el Enviado de Dios escribió una carta en la que se dirigía a los jefes judíos. La misma decía: “El cadáver de un musulmán ha sido hallado en vuestras tierras, y por ello deberán pagar la indemnización”. Los judíos respondieron a su mensaje jurando no haber sido los responsables del hecho. El Enviado de Dios se encontró entonces en un callejón sin salida y para evitar más derramamiento de sangre, se hizo cargo del pago de la indemnización. De este modo, y una vez más, le demostró al pueblo judío que no era ni un aventurero ni un opresor. De haber sido simplemente un político ávido de poder, hubiera aprovechado el homicidio de Abdullah como excusa para aniquilar a los judíos. Bien dice el Sagrado Corán: “y no te hemos enviado sino como misericordia para los universos”.

Una mentira piadosa.

Un comerciante llamado Huyyay Ibn Alat, que vivía en Jaibar, mantenía relaciones comerciales con los mequinenses. La grandeza del Islam y el tolerante trato del Profeta para con el impertinente pueblo judío iluminaron su corazón. Visitó al Enviado de Dios y dio ante él el testimonio de fe. Más tarde, y con el fin de que los mequinenses le pagaran lo que le debían (antes que se enteraran de su conversión), ideó un plan muy astuto. Entró en la Meca y descubrió que los quraishitas estaban ansiosos por conocer lo ocurrido en Jaibar. Todos rodearon su camello y comenzaron a preguntarle con impaciencia acerca de la situación de Muhammad. Dijo entonces: “Muhammad fracasó de un modo que ustedes jamás han oído. Sus seguidores han muerto o han sido tomados cautivos, y él mismo lo está. Los jefes judíos han decidido traerlo a la Meca y ejecutarlo ante los ojos de Quraish”. La mentira de Huyyay los alegró muchísimo. El hombre entonces en seguida les propuso: “Por esta buena noticia que les he traído, les ruego me paguen sus deudas lo más pronto posible, pues deseo comprar a los prisioneros musulmanes antes de que lo hagan otros judíos”. Y los ingenuos, engañados, le saldaron sus deudas de inmediato. La noticia falsa se difundió por la ciudad y Abbás, el tío del Profeta, muy apenado, decidió entrevistarse con Huyyay para recabar mayor información. Este último, mediante señas, le hizo entender que hablaría con él luego. Posteriormente se reunió secretamente con Abbás en sus últimos minutos de estancia en la Meca y le contó: “He adherido al Islam y este plan lo urdí para que mis deudas me fueran saldadas. Lo que realmente sucedió es que el día que salí de Jaibar todas las fortalezas ya habían sido conquistadas por los musulmanes, y Safiiah, la hija de su jefe, fue tomada cautiva. Ahora se cuenta entre las esposas del Profeta. Divulga esta verdad tres días después de mi partida”. En cumplimiento a su pedido a los tres días Abbás vistió su mejor ropa, se acicaló con los más ricos perfumes, y tomando su báculo entró al recinto del Templo y realizó la circunvalción a la Ka‘aba. Los quraishitas se sorprendieron al notar la alegría de Abbás, pues el infortunio que conocían había afectado a su sobrino, debiera haberse vestido de luto. Pero Abbás teminó con su sorpresa cuando les dijo: “Lo que Huyyay les informó fue un astuto plan que urdió a fin de que fueran saldadas sus deudas. El se islamizó y partió de Jaibar precisamente en el momento en que Muhammad obtenía su mayor triunfo: Derrotó a los judíos, los desarmó, ejecutó a un grupo y tomó cautivo a otro”. Al escuchar esta noticia los jefes de Quraish se irritaron, pero no pasó mucho tiempo que otras fuentes confirmaron con sus noticias el relato de Abbás.

LA TOMA DE UADIU-L-QURA

El Enviado de Dios (B.P.) no consideró suficiente la conquista de Jaibar para aventar definitivamente las actividades anti-islámicas de los judíos, sino que creyó conveniente también dirigirse a Uadiu-l-Qura, punto de apoyo de este pueblo. Bloqueó sus fortalezas durante unos días y tras obtener la victoria estableció con sus habitantes el mismo pacto que antes había realizado con los de Jaibar. El Profeta (B.P.) terminó así de purificar al Hiyaz de la maldad de los judíos sediciosos desarmándolos y sometiéndolos al gobierno islámico.

Extraído del libro La Historia de Mahoma (PB); Vida del Profeta Muhammad (PB) e historia de los orígenes del Islam

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www.islamoriente.com , Fundación Cultural Oriente

 

* Este es un impuesto anual que pagan los habitantes de un territorio islámico no musulmanes por la protección que reciben de ese gobierno, y en compensación porque no están obligados a participar, como los musulmanes, en la guerra.

* Es conocido entre los musulmanes que el Profeta, durante la enfermedad previa a su muerte, decía: “Esta enfermedad se debe a la comida envenenada que aquella mujer judía me ofreció tras la victoria”, Aunque el Profeta salivó aquel bocado, parte del. mortal veneno se mezcló con su saliva y surtió lentamente efec­to en su organismo.

Palabras claves
Historia del Islam,VII año de la hégira,trincheras judías ,conquista de la fortaleza Jaibar
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Historia del Islam en el VII año de la hégira - El desmoronamiento de las trincheras judías y la conquista de Jaibar.pdf (335.65 KB)
Autor
Ayatola Yafar Sobhani
Tema
Historia-Biografía
Publicado
Mon, 16 Oct 2023 - 09:41

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