“Cuando los mercenarios de Yazíd trasladaban a los miembros de Ahl ul-Bayt (a.s.) hacia Damasco, Umm Kulzúm (a.s.) pidió hablar con Shimr y le dijo: “Tengo que pedirte algo.”
Shimr dijo: “¿Qué cosa es?”
Ella dijo: “Allí está la ciudad de Damasco. Haznos entrar por una de las puertas de la ciudad que menos tránsito tenga para que nos vea el menor número posible de personas y haz que las cabezas cortadas de nuestros mártires vayan delante de nosotras para que las gentes, mirando sus rostros luminosos, no se preocupen de mirarnos a nosotras.” Pero Shimr, contrariando los deseos de la hija de Amir al-Muminín (a.s.), dio la orden de hacer entrar a los miembros de Ahl ul-Bayt (a.s.) por la puerta de las horas, que era la más concurrida de todas, y llevar las cabezas cortadas sobre las lanzas a los lados de los palanquines. Así fueron conducidos hasta llegar junto a la mezquita mayor, lugar destinado para albergar a los prisioneros.