La oscuridad de la noche ya había abarcado los horizontes e imperaba por doquier indicando el momento en que la naturaleza y los seres vivos se retiran a descansar; renovando sus fuerzas para seguir el ciclo incesante de la vida a la mañana siguiente. El Profeta (B.P.) no esta exento de esta ley natural y quiso irse a dormir esa noche luego de sus oraciones. De pronto llegó a sus oídos una voz conocida, la voz de Gabriel (P.), el ángel de la Revelación, fiel transmisor del Mensaje divino. Le dijo: “Esta noche realizarás un viaje extraordinario y soy el encargado de acompañarte. Recorrerás los cielos en una montura extraordinaria llamada Buraq.”