¡Hermano! Tú eres entre todos, el más amado y el más querido para mí y yo tengo la responsabilidad de decirte lo que considero que es beneficioso para ti. Y creo que, por ahora, no debes instalarte en ningún lugar en forma permanente, sino que tú y tus hijos deben permanecer lejos de Îazîd y de esta ciudad y, desde allí, envía representantes hacia la gente y atrae su apoyo. De modo que, si te juran fidelidad, alabas a Dios y si juran a otro, no recibes ningún o. Pero si entras en una de estas ciudades temo que ello produzca discrepancia entre la gente y que un grupo te apoye y otro se levante contra ti; y que todo termine en una masacre en la que tú recibas alguna aflicción y en ese momento es que la sangre de la mejor gente de esta comunidad será derramada vanamente y su familia será humillada.