El siglo XX fue la época en que la humanidad vio con asombro y pavor el surgimiento de nuevas potencias mundiales. Estos países en el transcurso de los años amasaron tanto capital económico y militar que esto, en corto tiempo se vio representado en un capital político tan avasallador e irresistible que no había rincón del mundo de interés relativo a los que sus embajadores no osaran aterrizar blandiendo la terrible espada del miedo y amenazando descaradamente con descargarla sobre toda osada cabeza que de buena manera no se dejase sojuzgar.